Un investigador estadounidense publicó un estudio exhaustivo sobre la figura que influyó en la última emperatriz de Rusia, donde analizó archivos policiales y testimonios directos para reconstruir su ascenso y asesinato.
El historiador estadounidense Douglas Smith publicó en su reciente obra Rasputin: Faith, Power, and the Twilight of the Romanovs una investigación que desarticuló las leyendas sobre el místico siberiano en la Rusia de principios del siglo XX. El autor utilizó archivos de la policía secreta zarista y diarios personales para demostrar que la imagen del “monje loco” fue una construcción política de sus enemigos.
El diario británico Daily Mail rescató los hallazgos de Smith, quien afirmó que gran parte de la reputación de Grigori Rasputín como depravado sexual careció de pruebas documentales sólidas en la época. El texto confirmó que su llegada a San Petersburgo ocurrió en 1903, cuando el campesino ya gozaba de fama como sanador en los montes Urales.
La relación con la familia imperial comenzó por la salud del zarévich Alexéi Nikoláyevich, quien padeció hemofilia, una enfermedad que los médicos de la corte no lograron tratar con éxito. Rasputín consiguió detener las hemorragias del heredero mediante técnicas de hipnosis y la interrupción del uso de aspirina, que agravaba los cuadros médicos.
La emperatriz Alejandra Fiódorovna Románova creyó ciegamente en las capacidades del místico y lo consideró un enviado de Dios para salvar a la monarquía. Smith sostuvo que esta devoción religiosa de la zarina fue el motor principal que permitió al siberiano acceder a los círculos más íntimos del poder político.
A diferencia de la creencia popular, el autor destacó que Rasputín no fue un monje ordenado por la Iglesia Ortodoxa, sino un “strannik” o peregrino errante que predicaba una fe personal. Su doctrina proponía que para alcanzar el arrepentimiento verdadero era necesario “experimentar el pecado en carne propia” antes de buscar la redención divina.
El crecimiento de su influencia coincidió con el inicio de la Primera Guerra Mundial, período en el cual el zar Nicolás II abandonó la capital para comandar las tropas en el frente. En ese vacío de poder, la emperatriz consultó a su asesor espiritual sobre nombramientos ministeriales y estrategias militares de alto rango.
Los informes de la Ojrana, la policía secreta rusa, lo vigilaron durante las 24 horas del día por orden de los sectores aristocráticos que buscaron desprestigiarlo. Sin embargo, las actas policiales no registraron las orgías multitudinarias que la prensa amarillista de la época le atribuyó para socavar la autoridad de la corona.
“No fue el demonio que pintaron sus asesinos”, escribió Smith al evaluar cómo la propaganda de guerra alemana y los opositores internos alimentaron el mito del monje negro. La investigación detalló que las fotos y panfletos pornográficos que circularon en 1916 fueron fotomontajes burdos diseñados para humillar a la zarina.
¿Cuál fue el verdadero impacto político de Rasputín en Rusia?
El místico se opuso fervientemente a la participación de Rusia en la Gran Guerra porque anticipó que el conflicto traería la destrucción del campesinado y el fin del imperio. Sus consejos buscaron evitar la movilización militar, lo que le valió el odio de los sectores nacionalistas y de la inteligencia británica en el país.
La tensión política derivó en el complot para su asesinato el 16 de diciembre de 1916, liderado por el príncipe Félix Yusúpov y el gran duque Dmitri Pávlovich. Los conspiradores lo atrajeron al palacio Moika con la excusa de una reunión social para ejecutar el plan que terminaría con su vida esa misma noche.
Smith refutó la versión legendaria de Yusúpov, quien aseguró que Rasputín sobrevivió al veneno de cianuro, a varios disparos y a un intento de ahogamiento en el río Nevá. Las autopsias originales indicaron que la causa real de muerte fue un disparo directo en la frente realizado a corta distancia.
El cadáver apareció en las aguas congeladas tres días después del ataque, pero los exámenes médicos no hallaron restos de veneno en su estómago ni agua en sus pulmones. Esto demostró que el místico murió casi instantáneamente tras el ataque armado y que las historias sobre su resistencia sobrenatural fueron exageraciones de sus ejecutores.
La caída del régimen zarista ocurrió apenas diez semanas después del entierro de Rasputín en los jardines de Tsárskoye Seló. Tras la Revolución de Febrero, un grupo de soldados revolucionarios exhumó el cuerpo y lo quemó en un bosque cercano para evitar que su tumba se convirtiera en un sitio de culto.
El libro subrayó que la figura de Rasputín sirvió como un pararrayos para el descontento social que ya existía contra la autocracia rusa por razones económicas y sociales. La presencia del siberiano en palacio solo aceleró un proceso de descomposición institucional que el zarismo no supo frenar a tiempo.
¿Qué revelan los nuevos archivos sobre su vida privada?
Douglas Smith encontró testimonios de la hija del místico, María Rasputín, quien describió a su padre como un hombre de familia sencillo que nunca buscó acumular riquezas materiales. A pesar de su acceso al tesoro imperial, el siberiano murió con apenas unas pocas pertenencias y sin cuentas bancarias a su nombre.
La investigación concluyó que el mito sobrevivió por la necesidad de la cultura popular de encontrar un villano tangible para la caída de los Románov. “La realidad es mucho más mundana y trágica”, sentenció el biógrafo al cerrar el análisis sobre el hombre que pasó de la miseria rural al centro del poder mundial.
Las claves de esta historia
- ¿Quién fue Grigori Rasputín? Fue un místico y sanador campesino siberiano que se convirtió en asesor de confianza de la familia imperial rusa (los Románov) a principios del siglo XX.
- ¿Por qué fue importante? Ganó influencia sobre la emperatriz Alejandra al tratar la hemofilia de su hijo, el zarévich Alexéi. Su presencia en la corte desacreditó a la monarquía y fue utilizada por la oposición para debilitar al zar Nicolás II.
- ¿Qué descubrió la nueva biografía? El historiador Douglas Smith reveló que los mitos sobre sus excesos sexuales y su supuesta invulnerabilidad a la muerte fueron exageraciones o invenciones de sus enemigos y asesinos para justificar su ejecución y el fin del régimen.
