El 19 de abril de 1956, la boda del siglo no fue ningún cuento de hadas. Fue una operación política, una puesta en escena milimétrica y el comienzo de una vida que la actriz no había pedido.
Historias y noticias de la realeza
El 19 de abril de 1956, la boda del siglo no fue ningún cuento de hadas. Fue una operación política, una puesta en escena milimétrica y el comienzo de una vida que la actriz no había pedido.
El biógrafo Robert Hardman reveló los documentos encontrados en el maletín rojo de la Reina tras su muerte en el Castillo de Balmoral.
El esposo de Isabel II pasó sus jornadas finales en el Castillo de Windsor disfrutando del clima primaveral. El príncipe de Edimburgo cumplió su deseo de fallecer en su propia habitación y no en una clínica londinense.
A los 94 años, la hermana mayor del rey Harald representa el último eslabón de una monarquía que le exigió sacrificar su derecho al trono y su libertad afectiva por normas que hoy parecen prehistóricas.
El historiador Douglas Smith documentó la vida del místico ruso para separar los mitos sexuales y conspirativos de la realidad política en la corte del zar Nicolás II.
A 160 años del nacimiento de la ahijada de la reina Victoria que desafió al Imperio británico desde el activismo radical.
La tercera esposa del rey Hussein nunca necesitó el título de reina para mandar. Desde las sombras del palacio, la madre inglesa de Abdallah II tejió una red de influencia técnica y afectiva que hoy sostiene la corona jordana.
La emperatriz Isabel I de Rusia no solo coleccionó miles de vestidos, sino que desafió las normas de su tiempo al institucionalizar el travestismo como el protocolo supremo de sus exclusivas “Fiestas de Metamorfosis”.
La restauración de la monarquía inglesa en 1660 no solo devolvió el trono a los Estuardo, sino que transformó la moda en una herramienta de propaganda política y control social tras años de austeridad. Cuando el rey Carlos II de Inglaterra (1630-1685) desembarcó en Dover en mayo de 1660, no solo traía consigo un séquito …
En la iconografía del siglo XVI, ningún accesorio masculino encapsuló con tanta audacia la intersección entre la política, la herencia y la potencia sexual como la bragueta, transformando una pieza funcional en un símbolo de dominio absoluto.