Olga de Yugoslavia
Secretos Cortesanos

La increíble vida de Olga de Yugoslavia, la princesa que comió con Hitler

La princesa Olga de Grecia y Dinamarca, conocida tras su matrimonio como princesa Olga de Yugoslavia, fue una figura destacada en la realeza europea del siglo XX, cuya vida estuvo marcada por el glamour, el deber, el exilio y un controvertido encuentro con Adolf Hitler. Nacida el 11 de junio de 1903 en Tatoi, Grecia, como hija del príncipe Nicolás de Grecia y la gran duquesa Elena Vladimirovna de Rusia, Olga creció en un entorno privilegiado pero no exento de dificultades. Su historia, como señala el historiador Neil Balfour en Princess Olga of Yugoslavia: Her Life and Times (2021), es la de una mujer que navegó con resiliencia los turbulentos cambios políticos y sociales de su época.

La infancia y juventud de Olga de Grecia, una belleza en el exilio

Olga, descrita por sus contemporáneos como una mujer de gran belleza, fue educada junto a sus hermanas, Isabel y Marina, por una niñera inglesa, Kate Fox, en un ambiente que combinaba la tradición real con una relativa austeridad. Era devota de sus padres, aunque su carácter fue moldeado más por su poderosa y piadosa madre imperial rusa que por su padre artístico, relajado y más liberal. De hecho, era ingenua, casi infantil en su sencillez y devoción, pero mostraba un exterior severo e intransigente. 

Según Balfour, la familia de Olga enfrentó el exilio tras el derrocamiento de la monarquía griega en 1917, lo que llevó a la joven princesa a vivir en París y otras ciudades europeas, adaptándose a una vida menos opulenta de lo esperado para una nieta del rey Jorge I de Grecia. Desde entonces, gran parte de la vida de la princesa estuvo dominada por la situación política increíblemente complicada en los Balcanes antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1922, Olga estuvo brevemente comprometida con el príncipe heredero Federico de Dinamarca, pero el enlace no prosperó. Un año después, en 1923, su destino cambió al conocer al príncipe Pablo de Yugoslavia, nieto de Alejandro Karađorđević, en un baile organizado por su prima, Lady Zia Wernher. A pesar de la inicial indiferencia de Olga, Pablo, descrito por el biógrafo Robert Prentice en Yugoslavia’s Last Regent (2019), logró conquistarla con su persistencia. La boda, celebrada el 22 de octubre de 1923 en Belgrado, contó con la presencia del entonces duque de York (futuro Jorge VI) como padrino, consolidando la unión como un evento de relevancia internacional.

Olga de Yugoslavia
Durante la Segunda Guerra Mundial, enfrentó el exilio junto a su familia en Grecia, Egipto, Kenia y Sudáfrica, tras ser arrestados por el ejército yugoslavo debido a los pactos de su esposo con las potencias del Eje.

Tras su matrimonio, Olga se convirtió en la princesa Pablo de Yugoslavia, asumiendo un papel central en la corte yugoslava. La pareja tuvo tres hijos: Alejandro (1924-2016), Nicolás (1928-1954) y Elisabeth (1936). Aunque aprendió serbocroata rápidamente, Olga, según Balfour, nunca se sintió del todo cómoda en el entorno provincial de Belgrado, añorando la sofisticación de las cortes europeas. Su vida transcurría entre el Palacio Blanco, un chalet en el valle de Bohinj y una villa en Rumunska Ulica, beneficiándose de la fortuna heredada por Pablo.

El asesinato del rey Alejandro I en 1934 elevó a Pablo al rol de regente en nombre del joven rey Pedro II, y Olga asumió funciones de primera dama. Prentice destaca que Olga se convirtió en una figura clave en la representación diplomática, acompañando a su esposo en visitas oficiales a líderes europeos, incluidos los dictadores Benito Mussolini y Adolf Hitler. Estas visitas, particularmente la de 1939 a Berlín, marcaron un punto de inflexión en su vida pública.

En junio de 1939, Olga y Pablo viajaron a Berlín para reunirse con Adolf Hitler, en un contexto de crecientes tensiones en Europa. Según el historiador John Van der Kiste en Kings in Exile (2015), esta visita fue parte de los esfuerzos de Pablo por mantener a Yugoslavia neutral en un continente al borde de la guerra. Olga, descrita como una figura anglófila, se sintió incómoda en la compañía de Hitler, cuya ideología chocaba con sus valores. Balfour señala que la presencia de su primo, el príncipe Felipe de Hesse, un nazi convencido, añadió una capa de complejidad personal a la reunión. 

Olga de Yugoslavia
Tras la guerra, se estableció en París, donde vivió hasta su muerte en 1997, marcada por el Alzheimer, y mantuvo una vida activa en eventos reales, como la boda de los reyes Juan Carlos y Sofía de España.

Aunque Olga no expresó públicamente su opinión sobre Hitler, fuentes citadas por Prentice indican que la experiencia la dejó profundamente inquieta, consciente del peligro que representaba el régimen nazi. El encuentro, aunque diplomático, tuvo consecuencias políticas. La inclinación de Pablo hacia una alianza con las potencias del Eje, influenciada en parte por lazos familiares con la aristocracia alemana, generó críticas. Olga, sin embargo, mantuvo un perfil discreto, enfocándose en su rol de apoyo a su esposo y en sus deberes como madre.

La firma del Pacto Tripartito por parte de Pablo en marzo de 1941, que alineaba a Yugoslavia con el Eje, desencadenó un golpe de estado militar. Olga, Pablo y sus hijos fueron arrestados y entregados a los británicos, quienes los deportaron primero a Grecia, luego a Egipto y finalmente a Kenia, donde llegaron el 28 de abril de 1941. Van der Kiste describe las condiciones en Kenia como difíciles, con la familia bajo arresto domiciliario en una finca remota. 

Olga, según Balfour, mostró una notable fortaleza, manteniendo unida a su familia en medio de la incertidumbre. Viviendo en la casa en ruinas del recientemente asesinado Lord Errol, el príncipe Paul había perdido la esperanza. Se puso a trabajar en sus diarios y en la casa con valentía y humildad. “Si tan solo la casa fuera menos deprimente, una debería estar agradecida por un techo y comida en comparación con la miseria de los demás“.

Tras la guerra, con Yugoslavia bajo el régimen comunista de Tito, la familia no pudo regresar. En 1948, se establecieron en Suiza y luego en París, con frecuentes visitas a Londres y Florencia. La tragedia marcó esta etapa: su hijo Nicolás murió en un accidente automovilístico en 1954, y su madre, Elena, falleció en 1957. Viuda tras la muerte de Pablo en 1976, Olga se trasladó a Londres, viviendo en Clarence House con la reina madre de Inglaterra y en el Palacio de Kensington en un departamento que compartió con la princesa Alicia de Gloucester. Olga murió el 16 de octubre de 1997 en París. Conservó su belleza y dignidad (y su severo exterior) hasta el final. Balfour describe a la princesa como una mujer que, a pesar de las adversidades del exilio y la guerra, mantuvo su dignidad y compromiso con su familia. 

(Artículo original de Monarquias.blog)