Gran Bretaña

Apertura del Parlamento británico: la princesa Ana cumplió un rol clave a pedido de Carlos III

El rey Carlos III concedió a su hermana, la princesa Ana, un papel clave como su “guardaespaldas” personal en la ceremonia de su primer discurso de apertura estatal del Parlamento británico, que se celebró este martes 7 de noviembre. Se trató, según una persona cercana a la familia real de “una incorporación fantástica por parte del rey” que “consolida aún más el papel de la Princesa Real como su lugarteniente más confiable”.

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En honor a sus años de lealtad inquebrantable, la Princesa Real participó de la procesión que llevó al rey del Palacio al Parlamento.

Llena de pompa y ceremonia, la Apertura Estatal del Parlamento marca el inicio del año parlamentario, mientras que el Discurso del Rey establece la agenda del Gobierno y describe las políticas propuestas. Este fue el primer discurso de apertura parlamentaria que Carlos pronunció como rey, aunque en mayo de 2022 lo había hecho en representación de su madre, Isabel II.

En honor a sus años de lealtad inquebrantable, la Princesa Real participó de la procesión que condujo al rey y a la reina Camilla desde el Palacio de Buckingham hasta el parlamento con el prestigioso rol de “Gold-Stick-in-Waiting”, un cargo creado por la corte de los Estuardo en 1678.

Se trata un puesto históricamente otorgado a una persona a la que se confía la seguridad personal de la monarca británico. De esta forma, Ana, que montó a caballo como guardaespaldas personal del rey en su coronación, viajó en un carruaje (el State Landau) inmediatamente detrás del carruaje que conducía al rey, mientras la procesión se dirigió al palacio de Westminster para el discurso.

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A los 73 años, la Princesa Real tiene la reputación de ser el miembro más diligente y trabajador de la Casa de Windsor.

Conocida por su fuerte carácter y por el discreto cumplimiento de sus funciones monárquicas, la princesa Ana acompañó a su madre en numerosas ceremonias de la inauguración del Parlamento en su juventud -lo hizo por primera vez en 1968-, pero en esta ocasión escoltó al rey hasta que tomó asiento en el trono la Cámara de los Lores.

A los 73 años, la Princesa Real tiene la reputación de ser el miembro más diligente y trabajador de la Casa de Windsor, compaginando una carrera de jinete que la llevó a los Juegos Olímpicos con una vida de más de 200 compromisos públicos anuales con un ritmo sostenido pero discreto, lejos de los escándalos en los últimos años.

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Con la misma franqueza que caracterizó a su padre, el príncipe Felipe, ella mismo dijo que su carácter “no correspondía a la imagen que todo el mundo se hace de una princesa de cuento de hadas”. “Se aprende por las malas”, dijo. “No hay escuela para la realeza”, agregó.

La princesa, que escribe sus propios discursos, hizo camino en el sistema real de sus padres, pero eligió una vida más moderna para sus hijos, para quienes rechazó títulos de nobleza. También se ha ganado el respeto por respaldar más de 300 obras de caridad, organizaciones benéficas y regimientos militares.

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