Carlos Eduardo de Albany era un príncipe británico por derecho propio: era nieto de la reina Victoria, cuando nació ocupaba los primeros puestos en la sucesión al trono y estaba destinado a heredar el ducado de su padre. Pero su vida cambió cuando, en la adolescencia, fue enviado a Alemania para gobernar sobre el pequeño feudo de Sajonia-Coburgo-Gotha, hogar de sus ancestros. Allí, décadas después, abrazó al nazismo y murió sin un centavo, despojado de sus títulos y honores ingleses.
Nacido en Claremont House – Surrey- en 1884, el príncipe Carlos Eduardo era el único hijo varón del príncipe Leopoldo, duque de Albany, y de la princesa alemana Helena de Waldeck-Pyrmont. Su hermana mayor era la princesa Alicia, futura esposa del conde de Athlone. Como nieto de la reina Victoria (se dijo que era el favorito), estaba muy bien conectado con las cortes de Europa: era primo hermano del futuro rey Jorge V, del káiser Guillermo II de Alemania y del zar Nicolás II de Rusia. Otros de sus primos reinarían en Grecia, Rumania o España.
Su padre fue el menos conocido, el más inteligente y el más desventurado de los cuatro hijos varones de la reina Victoria. Víctima de la hemofilia, murió en marzo de 1884, dejando a su esposa con una hija de dos años y embarazada del segundo. En 1901, Carlos Eduardo apenas tenía 16 años cuando fue enviado a Sajonia-Coburgo-Gotha, para tomar las riendas de ese ducado que había dejado vacante uno de sus tíos. Adoptó el nombre alemán Karl-Eduard.
Como duque de Sajonia-Coburgo-Gotha (la tierra de la que era su abuelo, el príncipe consorte Alberto), Carlos Eduardo tenía el control de 13 castillos en Alemania y Austria, pabellones de caza, una central eléctrica y miles de hectáreas de tierras de cultivo. Su hermana, la princesa Alicia, escribió en sus memorias: “Para mi madre fue un gran dolor que mi hermano tuviera que suceder en Coburgo”. “Siempre he intentado educar a Charlie como un buen inglés y ahora tengo que convertirlo en un buen alemán”, había lamentado la duquesa.
El káiser Guillermo II organizó el matrimonio de Carlos Eduardo con su sobrina, la princesa Victoria Adelaida de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg. El segundo paso de su germanización lo dio al inscribirse en la principal academia militar de Alemania. De esta forma, cuando en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial en 1914, el ex príncipe británico se encontró luchando por Alemania. Tres años después, fue víctima de la purga real cuando su primo Jorge V, bajo presión política, abandonó el apellido alemán Sajonia-Coburgo-Gotha y lo reemplazó por el de Windsor, lo que significaba que el duque ya no era parte de la familia.
Después de la derrota de Alemania en la guerra en 1918, Jorge V le quitó a su primo todos los títulos británicos (príncipe del Reino Unido, duque de Albany, conde de Clarence y barón Arklow), además de su estatus de Alteza Real. Acto seguido, Carlos Eduardo fue declarado un “traidor” al Reino Unido y su estandarte fue retirado de la capilla del Castillo de Windsor. Con el káiser obligado a abdicar y el comunismo en ascenso en Alemania, Carlos Eduardo decidió aliarse con los cada vez más populares nazis.
Cuando Adolf Hitler se convirtió en Canciller de Alemania, Carlos Eduardo ya era un ferviente partidario y seguidor del Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores: su feudo había elegido al primer parlamentario alemán nazi. Cuando el rey Jorge V murió en 1936, Carlos Eduardo regresó a Londres para participa del funeral de su primo, pero, como le habían despojado del derecho a usar uniforme militar británico, se puso un traje militar alemán, incluido un casco de soldado de asalto.
Como presidente de la recién formada Comunidad Anglo-Alemana, Carlos Eduardo intentó maquinar tratos personales entre su sobrino, el rey Eduardo VIII, y Adolf Hitler. Y aunque la abdicación de Eduardo, en diciembre de 1936, para casarse con la divorciada Wallis Simpson arruinó sus padres, se dice que el duque de Sajonia-Coburgo prosiguió sus intentos de urdir alianzas y ayudó a que Eduardo, ya ex rey, visitara a Hitler en 1937.
Los vínculos de Carlos Eduardo con el nazismo se profundizaron cuando Hitler lo nombró presidente de la Cruz Roja Alemana, cargo que lo llevó a presidir un horrible programa de eutanasia forzada: los nazis asesinaron a 100.000 personas, en su mayoría discapacitadas, incluidos niños, porque las consideraban indignas de vivir. En la Segunda Guerra Mundial, los tres hijos de Carlos Eduardo lucharon por Alemania y uno de ellos, el príncipe Hubertus, murió en el Frente Oriental.
Se cree que Carlos Eduardo cooperó con los alemanes para llevar a cabo sus bombardeos sobre Londres en 1940, proporcionando datos sobre el Palacio de Buckingham que solo un miembro de la familia real podía conocer. Cuando la guerra estaba llegando a su fin, el duque fue tomado como prisionero por los estadounidenses.
Su hermana Alicia, que era el único apoyo de la familia que le quedaba, voló a Alemania y lo encontró hambriento en un campo de prisioneros de guerra, “hurgando en un vertedero de basura en busca de una lata para comer”, según escribió. Ella suplicó a los estadounidenses que lo liberaran, pero no logró. El duque, juzgado en un tribunal de desnazificación, fue acusado de criminal nazi, aunque él afirmó no haber tenido conocimiento de ninguno de los crímenes cometidos por Hitler. Pero el tribunal concluyó que era un “nazi importante” y confiscó sus casas y propiedades.
Fue el final de la Casa de Sajonia-Coburgo-Gotha: el antiguo feudo familiar fue dividido por los aliados, después de la guerra, y el Ejército soviético confiscó una gran parte de la propiedad familiar en su zona de ocupación. Casi arruinado económicamente por las millonarias multas que también le impusieron, a Carlos Eduardo se le permitió vivir en una cabaña en los establos de una de sus antiguas propiedades.
A mediados de 1946, el duque fue internado en un hospital militar después de que le fuera diagnosticado un cáncer en el rostro. Su abogado informó a la princesa Alicia: “El estado de su salud es muy grave… Si el duque todavía no es liberado pronto, hay que estar preparado para lo peor”. La princesa Alice escribió: “El destino ha sido cruel con él, pero soy plenamente consciente de su gran locura al involucrarse profundamente en el Partido Nazi como presidente de la Cruz Roja Alemana y de la organización motora. Por supuesto, esto lo ha llevado a su situación actual. Pero es absurdo considerarlo un infiltrado nazi”.
Al no poder regresar nunca a Gran Bretaña, obtuvo un último consuelo cuando fue al cine público a ver una película sobre la coronación de la reina Isabel II en junio de 1953. En 2007, su nieta Victoria de Sajonia-Coburgo dijo que él “habría llorado” al ver la ceremonia, sabiendo que él también podría haber estado allí: “Creo que ese debe haber sido el peor momento”, dijo. Un año más tarde el último duque de Sajonia-Coburgo-Gotha murió a la edad de 69 años, con el rostro totalmente desfigurado debido a un cáncer. Falleció en la cama que, a los 16 años, había llevado desde su casa familiar de Claremont House como recuerdo de Inglaterra.
Darío Silva D’Andrea / Monarquías.com