Fue una víctima toda su vida: utilizada como instrumento político de su padre para posicionar a la monarquía belga en el mapa europeo, fue despreciada por su esposo y su familia política en la corte de Viena. Tras la misteriosa muerte del consorte, perdió toda esperanza de ser emperatriz.
Las inesperadas vidas de Luisa, Estefanía y Clementina, hijas de Leopoldo II de Bélgica
Esposo y amante se batieron a duelo por el amor de una; la otra sufrió el espanto de casarse con el heredero del trono de Austria; la menor no pudo desafiar la autoridad paterna para casarse con el hombre que amaba.