Un acontecimiento enormemente pomposo y atrajo una gran cantidad de dolientes pero fue empañado por una serie de absurdos incidentes.
Hace 60 años: la boda de Astrid de Noruega, la princesa que no pudo renunciar al amor
El 12 de enero de 1962 Astrid siguió los pasos de su hermana mayor, la princesa Ragnhild, quien se casó con un plebeyo en 1953, pero su camino no fue fácil.
La muerte de Alberto Víctor, el príncipe que estaba destinado a ser rey en el siglo XX
A la reina Victoria de Gran Bretaña, ya mayor, viuda y amargada, no le gustó nada cuando su hijo, el príncipe de Gales, bautizó a su primer hijo con los nombres de Alberto Víctor en 1864. Aquel niño, nacido en enero de ese año, estaba destinado a rey en el prometedor siglo XX.
María de Médicis se llevó dos grande sorpresas el día de su boda con el rey de Francia
Un 17 de diciembre, de 1600, el rey Enrique IV de Francia se casó con la riquísima noble florentina María de Médicis.
El 13 de diciembre de 1474 la joven princesa Isabel se convirtió en reina de Castilla
El 13 de diciembre de 1474 la joven princesa Isabel se convirtió en reina de Castilla. Su medio hermano, el rey Enrique IV, había muerto dos días antes a los cincuenta años, y ante los peligros de que el trono fuera usurpado por la presunta hija del rey, doña Juana “la Beltraneja”, Isabel decidió celebrar su entronización cuanto antes.
La princesa, apenas una joven de trece años, había sido nombrada heredera por el moribundo Enrique, pero después este se había retratado, lo que abrió las puertas a los seguidores de la Beltraneja.
Tras asistir al funeral de su hermano, Enrique IV, la princesa trocó sus ropas de luto por un lujoso vestido blanco para convertirse en la primera mujer del linaje Trastámara que gobernaba su reino.
Nobles, cortesanos, religiosos, comerciantes y artesanos se reunieron a presenciar la jura en el atrio de la antigua iglesia de San Miguel en la Plaza Mayor de Segovia, como podemos ver en esta pintura. Hoy un muro de piedras permanece en pie con la inscripción que recuerda el acompañamiento.
La ceremonia, en la cual Isabel cabalgó majestuosamente y bajo un dosel, culminó con el grito del heraldo: “¡Castilla, Castilla, para nuestra Reina y Señora, la reina Doña Isabel, y para el rey Don Fernando, su legítimo esposo!”