El rey Mswati III de Eswatini
África

Mswati III: el príncipe que cazó un león para convertirse en rey cumple 40 años de reinado

El último monarca absoluto de África celebra cuatro décadas en el trono con festejos oficiales y aclamación clerical, pero su reinado sigue dividido entre la preservación cultural y un historial de represión, escándalos y pobreza persistente.

En abril de 1985, príncipe Makhosetive, un adolescente de dieciséis años interrumpió sus estudios en el internado inglés de Sherborne, en Dorset, viajó a su pequeño reino enclavado entre Sudáfrica y Mozambique, y cumplió uno de los rituales más exigentes del mundo monárquico: matar a un león. No era un ejercicio ceremonial vacío. La tradición exigía que el joven príncipe heredero atravesara un león con una lanza, lo que probaría no solo su valentía sino su aptitud para ser coronado ngwenyama, uno de los múltiples títulos reales swazis cuya traducción literal es “el León”.

El animal debió ser importado desde un parque natural sudafricano —ya no existían leones salvajes en Swazilandia— y lo mismo ocurrió con el elefante que se sirvió en el banquete ceremonial posterior. Era, en cierto modo, una metáfora exacta de lo que vendría: una monarquía absolutamente antigua que se las arregla para sostener sus rituales en un mundo que ya no le provee los insumos naturales para hacerlo.

El 25 de abril de 2026, ese joven —hoy conocido como el rey Mswati III, de 57 años— cumplirá cuarenta años ininterrumpidos en el trono de lo que hoy se llama Eswatini. El palacio ya prepara las celebraciones oficiales del “Jubileo de Rubí”. Líderes religiosos de todo el país ya comenzaron a proclamar halala —”larga vida”— al monarca, describiendo su reinado como guiado por la fe y la gracia de Dios, mientras la reina madre instó a los pastores a intensificar las oraciones de cara al festejo histórico.

Lo que esas celebraciones no van a mostrar es la otra cara del reinado: la represión, los escándalos y la pobreza persistente que dividen a Eswatini tanto como la unen bajo una misma corona.

El padre: el rey que reinó 82 años y fecundó un problema dinástico

Mswati III de Eswatini
Mswati III de Eswatini

Para entender a Mswati III hay que entender primero a su padre, el rey Sobhuza II, que es probablemente el monarca con el reinado más largo de la historia registrada de cualquier país. Sobhuza murió en 1982 al cabo de un reinado de 61 años, dejando un problema de sucesión de proporciones bíblicas: se le atribuyen estimativamente 500 hijos varones, producto de sus más de cien esposas. Entre esa multitud de príncipes, el Liqoqo —el Gran Consejo de Estado, organismo tradicional swazi— debía elegir uno como próximo rey.

Mswati III nació el 19 de abril de 1968 en Manzini, hijo de Sobhuza II y de una de sus esposas más jóvenes, Ntombi Tfwala. Su nombre de nacimiento, Makhosetive, significa en siswati “Rey de las Naciones”. Era uno de más de sesenta hijos varones que Sobhuza tenía en ese momento. Su madre, Ntombi, era una mujer joven sin el peso político de las esposas mayores del rey. Nada predestinaba a Makhosetive a reinar.

Cuando Sobhuza murió el 21 de agosto de 1982, el Liqoqo seleccionó al príncipe Makhosetive, de 14 años, como próximo rey. Durante los cuatro años siguientes, dos esposas de Sobhuza ejercieron como regentes: primero la reina Dzeliwe Shongwe, entre 1982 y 1983, y luego la propia madre de Makhosetive, la reina Ntfombi Tfwala, entre 1983 y 1986, mientras el joven príncipe continuaba su educación en el Reino Unido.

Sus compañeros en el internado inglés lo llamaban “Mac”. Era un alumno regular, más conocido en Sherborne por su carácter tranquilo que por ninguna cualidad académica particular. La coronación lo esperaba, pero antes debía terminar los exámenes.

La coronación de Mswati III: secretos, plumas de flamenco y el rey más joven del mundo

El 25 de abril de 1986, Makhosetive se convirtió en el rey Mswati III en una ceremonia que empezó con ritos secretos que duraron todo el día en la residencia real de Elusaseni, y culminó con la aparición pública del nuevo monarca al frente de un batallón de guerreros para saludar a jefes de Estado, dignatarios y delegados de más de treinta naciones. El rey, ceñido con una corona de tres plumas blancas entre plumas rojas, no pronunció ninguna discurso público pero reconoció los saludos con un gesto de cabeza.

Mswati fue coronado con plumas de flamenco rosa. Tomó el nombre del fundador de la nación, Mswati, y así se convirtió en el sexto rey de una dinastía con al menos trescientos años de historia. Tenía dieciocho años y seis días. Era, en ese momento, el monarca reinante más joven del mundo.

El día mismo de la coronación, según la tradición swazi, contrajo sus primeras nupcias con LaMatsebula. La ceremonia incluyó ritos secretos de consagración espiritual e invocación de los ancestros, restringidos a un grupo selecto de asesores reales y tradicionalistas. Después del banquete de Estado, el joven rey volvió a Sherborne para rendir los exámenes finales, tal como su rector había anunciado a la prensa que esperaba que hiciera.

El comienzo del reinado: cómo un adolescente disolvió el consejo que lo eligió rey

A pesar de su juventud —o quizás a causa de ella, y del instinto que genera crecer en el entorno de la política palaciana— Mswati fue rápido en consolidar su poder. En el transcurso de un mes desde su coronación, disolvió el Liqoqo, el consejo tradicional que había sido el organismo más poderoso del país durante la regencia, y que por eso mismo representaba una amenaza para su autoridad. Designó un nuevo primer ministro y reorganizó el gabinete, asignando carteras importantes a dos de sus hermanos.

El gesto marcó el tono del reinado que vendría: un monarca joven, formado en Inglaterra, poseedor de cierta sofisticación cultural adquirida en el exterior, pero firme en preservar el poder absoluto que heredó. Los primeros años del reinado estuvieron marcados por el autoritarismo y el exceso. Su predilección por un estilo de vida lujoso, que se fue intensificando a medida que crecía el número de esposas e hijos, se hizo infame y se convirtió en fuente de malestar público.

¿Cómo funciona la monarquía dual de Eswatini?

Mswati III de Eswatini y su madre, la reina Nfombi.
Mswati III de Eswatini y su madre, la reina Nfombi.

La monarquía swazi opera sobre una arquitectura institucional que no tiene equivalente en el mundo contemporáneo. Eswatini es una monarquía absolutamente absoluta: el rey tiene poder de veto sobre todas las ramas del gobierno, inmunidad constitucional frente a cualquier proceso judicial, y la prerrogativa de nombrar al primer ministro, a los senadores y a los jefes locales.

Pero Mswati no reina solo. Cogoverna junto a su madre, la reina madre Ntfombi Tfwala, cuyo título es Indlovukati —la Gran Elefanta— en un sistema de monarquía dual singular en África. La figura de la reina madre no es decorativa: tiene autoridad real y su posición es estructural dentro del sistema político swazi. Juntos representan, según el propio aparato estatal, el equilibrio entre el poder guerrero y el poder espiritual de la nación.

La tradición swazi se resume en una expresión: Inkhosi, yinkhosi ngenina, que puede traducirse como “un rey es rey a través de su madre“. Esta máxima no es solo poética: define el sistema de sucesión, como se verá más adelante.

El Parlamento existe y funciona, pero es de facto un organismo complementario del poder real, en el cual los partidos políticos están prohibidos desde 1973, cuando el propio Sobhuza II declaró el estado de emergencia que continúa en vigencia hasta hoy.

El escándalo de las esposas: el rapto de Zena Mahlangu

Mswati III de Eswatini
Mswati III de Eswatini

El reinado de Mswati III tiene dos dimensiones que coexisten con una tensión que ningún comunicado oficial puede disolver. Una es la dimensión cultural: el rey como guardián de la identidad swazi, organizador del Umhlanga —la Danza de las Cañas anual, en la que miles de mujeres jóvenes participan en un ritual de afirmación de la feminidad y la virginidad—, mecenas de las tradiciones y arquitecto de la decisión de renombrar el país.

El 19 de abril de 2018, Mswati cambió oficialmente el nombre del país de Swaziland a Eswatini, el nombre original precolonial, como gesto de ruptura con la nomenclatura impuesta por la colonización británica.

La otra dimensión es más oscura. En 2001, el rey invocó el rito tradicional del umcwasho, que ordenaba a todas las jóvenes swazis abstenerse de relaciones sexuales durante cinco años como medida para frenar la epidemia de VIH que asolaba el país. Apenas dos meses después de imponer la prohibición, la violó al elegir como decimotercera esposa a una joven de diecisiete años. El rey pagó la multa tradicional de una vaca —equivalente aproximado a 152 dólares— y procedió con la elección.

El caso que generó escándalo internacional fue el de Zena Mahlangu. El 9 de octubre de 2002, Zena, una estudiante secundaria de dieciocho años, desapareció de su escuela. Su madre, Lindiwe Dlamini, descubrió que su hija había sido sustraída por dos agentes del rey, Qethuka Sgombeni Dlamini y Tulujani Sikhondze, y trasladada a la residencia real de Ludzidzini para ser preparada como futura esposa del monarca.

Lomcebo Dlamini, coordinadora de la organización Mujeres en el Derecho para el África Austral, fue contundente al calificar lo ocurrido: “Esto es secuestro en el sentido penal puro.” La madre llevó el caso a los tribunales en una maniobra sin precedentes. La Sociedad de Abogados de Suazilandia emitió un comunicado señalando que la conducta de la familia real “socava flagrantemente la independencia del poder judicial e interfiere directamente en la correcta administración de justicia”.

Vulindlela Msibi, presidente de la Asociación de Derechos Humanos de Suazilandia, escribió una carta al rey diciendo: “Semejante práctica, Vuestra Majestad, es degradante, deshumanizante y traumatizante para la dignidad y la persona de las mujeres.”

El proceso fue bloqueado sistemáticamente. El fiscal general del Estado, designado por palacio, se presentó como representante de los agentes reales, impidiendo toda posibilidad de reparación judicial. La madre terminó resignada: “Cuando me di cuenta de que Zena no iba a ser liberada, supe que no tenía sentido preguntarle si lo amaba o no. No habría sido justo. Creo que todas las chicas, cuando el rey las elige por primera vez, no pueden saber cómo se sienten. No hay elección aquí.” Zena Mahlangu se convirtió formalmente en la décima esposa del rey en 2010.

El lujo frente a la pobreza: el abismo en cifras

Mswati III de Eswatini
Mswati III de Eswatini

Mswati III posee residencias privadas, un avión personal y un Airbus A340, una colección de vehículos de lujo, y al menos quince esposas y más de cuarenta y cinco hijos. En contraste, cerca de dos tercios de la población de Eswatini, que ronda el millón doscientas mil personas, vive en la pobreza, y aproximadamente un cuarto de los adultos tiene VIH.

En 2002, el Parlamento rechazó por 25 votos contra 16 la intención del rey de comprar un avión de lujo por 50 millones de dólares. En 2004, el rey buscó construir un palacio para cada una de sus esposas. Un año después, compró un BMW para cada una de ellas. Todo en un país donde, durante esos años, la expectativa de vida había caído a menos de cuarenta años por el impacto combinado del sida y la pobreza extrema.

Las protestas de 2021: la represión más brutal del reinado

En junio de 2021, Eswatini vivió las protestas más masivas de su historia independiente. Lo que comenzó con la muerte en circunstancias dudosas de Thabani Nkomonye, un estudiante de derecho de veinticinco años, derivó en semanas de movilizaciones que se extendieron por todo el país, incluyendo zonas rurales que históricamente habían permanecido ajenas a cualquier agitación política.

Las protestas, que comenzaron en junio y degeneraron en tres semanas de saqueos e incendios, demostraron cuán arraigada está la monarquía, exponiendo la vulnerabilidad de la oposición antes que la del propio palacio. La respuesta del gobierno fue enviar tropas a las calles que, junto con la policía, mataron oficialmente a 27 personas, aunque organizaciones de derechos humanos señalan que el número podría acercarse a 100.

El 15 de julio de 2024, los diputados Mduduzi Bacede Mabuza y Mthandeni Dube fueron condenados a 25 y 18 años de prisión respectivamente bajo la Ley de Supresión del Terrorismo por su participación en las protestas de 2021 que reclamaban reformas políticas. Sus casos se convirtieron en símbolo de la represión del gobierno contra la disidencia política.

Frente a las demandas de diálogo, el rey eligió la dureza. Mswati III, que instituyó una prohibición nacional de manifestaciones, calificó las protestas prodemocracia de “satánicas” y se refirió a los manifestantes como “fumadores de dagga” y “borrachos”.

Un analista político de Eswatini, que pidió no ser identificado, lo explicó al The New Humanitarian con una claridad que el propio palacio nunca admitiría: “Cuando Mswati se vaya, será reemplazado por la familia real con el próximo ‘último monarca absoluto de África’. Si alguien va a sacar a Mswati, serán sus parientes, y simplemente pondrán a otro de los suyos a cargo para hacer los mandados de la familia.”

¿Cómo se elige el próximo rey de Eswatini?

Mswati III de Eswatini
Mswati III de Eswatini

Esta es una de las preguntas más pertinentes del reinado de Mswati, y también una de las más incómodas para la estabilidad del sistema. En Eswatini, ningún rey puede designar a su sucesor, ni existe una línea de sucesión establecida. Tras la muerte del monarca, el Liqoqo decide cuál de sus esposas asumirá el título de “Gran Esposa” e Indlovukati —la Reina Madre—. El hijo de esa mujer designada se convierte automáticamente en el próximo rey.

Las dos primeras esposas del rey son elegidas por el consejo real, y sus hijos nunca pueden aspirar al trono. La primera esposa debe ser del clan Matsebula y la segunda del clan Motsa. Las esposas posteriores son elegidas por el propio rey. La Gran Esposa que dará origen al próximo rey también debe ser del clan Matsebula. El proceso es deliberadamente opaco y ocurre después de la muerte del monarca, lo que significa que no hay príncipe heredero designado en ningún momento.

El próximo rey debe ser soltero al momento de la coronación. Si es menor de edad, el trono se mantiene bajo tutela hasta que alcance la mayoría. Lo ocurrido con Mswati mismo ilustra el sistema: su madre Ntfombi no era la esposa más poderosa de Sobhuza, pero el Liqoqo la eligió a ella y con ella a su hijo, el joven Makhosetive, entonces de catorce años.

Con quince esposas activas y un número de hijos que se estima entre cuarenta y cinco y cincuenta, el abanico de candidatos es inmenso. La futura reina madre debe ser de buen carácter, no puede llevar el apellido Nkhosi-Dlamini —que es el nombre de la casa real— y no puede ser ninguna de las dos esposas rituales. Ninguno de esos criterios se hace público con anticipación. Todo se decide tras bambalinas, dentro de un organismo cuyas deliberaciones son completamente secretas, una vez que el rey haya muerto.

El sistema funcionó con relativa fluidez en el pasado, pero la escala del harén real de Mswati —incomparablemente mayor que la de cualquier monarca swazi reciente— multiplica las variables y los intereses en juego. Cuando Mswati III muera o abdique, el Liqoqo deberá decidir no solo quién es la próxima reina madre sino también gestionar las ambiciones de decenas de madres, cada una con razones para creer que su hijo es el elegido.

El “Jubileo de Rubí” que celebra Eswatini este mes de abril de 2026 es, entre otras cosas, una celebración de que esa decisión todavía no llegó. El último monarca absoluto de África sigue siendo el mismo hombre que en 1985 mató a un león de importación para probar que podía reinar. Cuarenta años después, la pregunta ya no es si puede reinar, sino qué ocurrirá el día en que ya no lo haga.

Fuentes