El futuro de la dinastía alauí reposa sobre los hombros de un joven que combina la disciplina militar con una formación diplomática de élite. Moulay Hassan, el príncipe que pronto cumplirá veintitrés años, consolidó su imagen como el “rey en espera”, asumiendo funciones de Estado que su padre, Mohammed VI, delegó debido a sus recurrentes problemas de salud.
Sin embargo, en la corte de Rabat la pregunta no es solo cuándo reinará, sino quién ocupará el lugar de consorte en una corte que arrastra siglos de tradiciones herméticas y una reciente apertura hacia la monogamia.
Las reglas de la corona marroquí respecto a las esposas vivieron una transformación histórica en el último cambio de siglo. Tradicionalmente, la esposa del monarca carecía de existencia pública; era la “Madre de los Príncipes Reales”, una figura confinada a la esfera privada del palacio.
Mohammed VI rompió este tabú al casarse con Lalla Salma, a quien otorgó el título de Princesa y una agenda oficial propia. No obstante, tras el misterioso divorcio y la desaparición de Salma de la vida pública en 2018, la posición de consorte volvió a un limbo que Moulay Hassan deberá definir con su propio matrimonio.
El contraste con el pasado es radical si se observa el reinado de su abuelo, Hassan II (1961-1999). El anterior monarca mantuvo la estructura del harén tradicional, una institución que funcionaba bajo reglas medievales en pleno siglo XX. En el Palacio Real de Rabat, decenas de mujeres vivían en un sistema de jerarquías estrictas. No eran esposas en el sentido occidental, sino concubinas que residían en pabellones privados, alejadas del contacto con el mundo exterior y bajo la supervisión de la “Gualida” (la madre del Rey).
La vida en el harén de Hassan II estuvo marcada por el aislamiento y el lujo, pero también por una anulación total de la identidad pública. Aquellas mujeres solo existían para el soberano y, de esta forma, muy pocos marroquíes conocieron el rostro de la madre del actual rey, Lalla Latifa Hanoum. Esta estructura desapareció oficialmente con la llegada de Mohammed VI, quien se presentó ante el mundo como el primer rey monógamo de Marruecos. Este gesto fue interpretado como un mensaje de modernización hacia Occidente, aunque el hermetismo que rodeó el fin de su matrimonio con Lalla Salma demostró que las tradiciones de la dinastía alauí conservan un peso difícil de ignorar.
¿Quién será la próxima Madre de los Príncipes Reales?
Moulay Hassan, educado en la Universidad Politécnica de Ben Guerir y con una formación castrense impecable, representa una síntesis de estos dos mundos. Su atractivo físico y su perfil atlético lo convirtieron en uno de los solteros más codiciados de la realeza global, pero sus perspectivas matrimoniales están sujetas a una razón de Estado ineludible. La futura reina de Marruecos deberá ser una mujer capaz de navegar entre la modernidad que exige la juventud marroquí y el conservadurismo de los sectores religiosos que ven en el Rey al “Comendador de los Creyentes”.
A diferencia de las monarquías europeas, donde la elección de pareja goza de cierta libertad romántica, en Marruecos el matrimonio del heredero es un acto político de primer orden. La consorte de Hassan tendrá la misión de devolver la estabilidad a la imagen familiar de la corona, fracturada tras la ausencia de una figura femenina de referencia en los últimos ocho años. El príncipe sabe que su elección determinará si Marruecos profundiza el modelo de visibilidad de Lalla Salma o si regresa a la discreción absoluta de las épocas anteriores.
El protagonismo del príncipe es hoy total. Sustituyó a su padre en cumbres de la Liga Árabe y en recepciones de jefes de Estado, demostrando una madurez que lo aleja de los escándalos habituales de otros herederos. Su estilo es el de un tecnócrata con sangre real: eficiente, serio y consciente de que cada gesto suyo es analizado por los servicios de inteligencia de medio mundo. La futura esposa deberá compartir este rigor, aceptando un rol que oscila entre el prestigio y el sacrificio de la privacidad.
La gran incógnita reside en si Moulay Hassan optará por una unión con alguna de las grandes familias del makhzen (la élite gobernante y económica de Marruecos) o si, al igual que su padre, buscará una mujer fuera de los círculos tradicionales para enviar una señal de renovación social. Lo que es seguro es que el harén pertenece definitivamente al pasado; el próximo reinado será el de una pareja que deberá mostrar una imagen de unidad ante los desafíos de un Magreb en constante tensión.
La soledad de Mohammed VI en los actos oficiales, rodeado solo por sus hermanas y su hijo, reforzó la idea de que la corona necesita una presencia femenina para completar su representación institucional. Moulay Hassan tiene la oportunidad de definir un nuevo modelo de consorte que no desaparezca tras un divorcio o una crisis interna. La futura reina será, probablemente, una profesional con formación académica superior, capaz de hablar varios idiomas y de representar a la mujer marroquí del siglo XXI sin romper el vínculo sagrado con la tradición.
Mientras el rey pasa cada vez más tiempo en Francia, emite sus discursos desde la distancia y sólo realiza breves apariciones en territorio marroquí, el príncipe heredero Moulay Hassan ocupa el centro del escenario alaouita. Su matrimonio marcará el inicio de su propia era, una que promete ser la más moderna de la historia de la dinastía, pero que siempre guardará en su memoria el silencio de los muros que, no hace tanto tiempo, resguardaron el último harén de África.
ARTÍCULO ORIGINAL DE MONARQUIAS.BLOG









