El protocolo de la visita de Trump al Reino Unido, una cita clave del reinado de Carlos III

En septiembre de 2025, el presidente estadounidense Donald Trump realizará una visita de Estado sin precedentes al Reino Unido, la segunda en su carrera política, invitado por el rey Carlos III. El evento se llevará a cabo del 17 al 19 de septiembre en el Castillo de Windsor, rompiendo con la tradición de utilizar el Palacio de Buckingham, que está siendo sometido a renovaciones. La visita, cargada de simbolismo diplomático y ceremonial, refleja la importancia de la “relación especial” entre el Reino Unido y Estados Unidos, pero también promete ser un espectáculo de pompa real cuidadosamente orquestado. 

La invitación a Trump, entregada personalmente por el primer ministro Keir Starmer en el Despacho Oval el 27 de febrero de 2025, marcó un hito. Carlos III propuso en su carta, firmada a mano, un encuentro previo en Escocia, en Dumfries House o el Castillo de Balmoral, para planificar la visita. Este gesto, descrito como “sin precedentes” por Starmer, subraya la excepción de otorgar una segunda visita de Estado a un presidente estadounidense, ya que los presidentes en segundo mandato suelen ser invitados a un té o almuerzo en Windsor, como ocurrió con George W. Bush y Barack Obama. Trump aceptó de inmediato, declarando que era un “gran honor” y que esperaba “honrar al rey y al país”.

El protocolo de la invitación, conocida como “Manu Regia”, siguió la tradición británica, con el rey actuando a instancias del Gobierno. La carta, que Trump mostró a las cámaras, enfatizaba la oportunidad de “fortalecer la relación especial” entre ambos países.

El ceremonial de la recepción al presidente Donald Trump en Windsor

El ceremonial de la recepción al presidente Donald Trump en Windsor

El ceremonial de la visita se centrará en el Castillo de Windsor, un cambio significativo respecto a las visitas de Estado tradicionales en el Palacio de Buckingham. La elección de Windsor responde a las renovaciones en curso en el palacio londinense, pero también permite un entorno más controlado, evitando el riesgo de protestas masivas como las de 2018 y 2019, que movilizaron a decenas de miles en Londres y costaron 14 millones de libras en seguridad.

El programa incluirá una bienvenida ceremonial en el Cuadrángulo de Windsor, con una Guardia de Honor que Trump y Carlos III inspeccionarán juntos. Este acto estará acompañado por el despliegue de banderas y honores militares, siguiendo el modelo de la reciente visita del presidente francés Emmanuel Macron. Sin embargo, a diferencia de la visita de Macron, no habrá un desfile en carruaje por Windsor, una decisión que la prensa británica atribuye a preocupaciones de seguridad del Servicio Secreto estadounidense, que teme riesgos como francotiradores en ventanas altas.

El punto culminante será un banquete de Estado en el Salón de San Jorge, un evento descrito por la BBC como un despliegue de “pompa y circunstancia” con discursos, vajilla de plata y la presencia de altos miembros de la familia real, incluidos probablemente el príncipe Guillermo y la princesa Catalina. La reina Camilla también desempeñará un papel clave, recibiendo a la primera dama Melania Trump, quien acompañará al presidente. Este banquete, con su estricta etiqueta —que incluye vestimenta de gala y el posible uso de tiaras por parte de las royals—, busca proyectar la “diplomacia blanda” británica, según The Guardian.

El protocolo de esta visita estará marcado por las lecciones de los encuentros previos de Trump con la realeza británica. Durante su visita de Estado en 2019, como invitado de la reina Isabel II, Trump generó controversia al incumplir el protocolo al caminar delante de la reina durante una inspección de la Guardia de Honor. Este incidente, junto con su negativa a hacer una reverencia en 2018, fue ampliamente criticado. Los medios sugieren que el Palacio de Buckingham diseñó un itinerario más estructurado para evitar errores similares. La elección de Windsor, un lugar menos expuesto que Londres, y la exclusión de un discurso en el Parlamento —imposible durante el receso por las conferencias de los partidos— reflejan un enfoque cauteloso.

La visita de Trump también incluye reuniones con líderes políticos, como Starmer, y posibles visitas a sitios de interés, aunque el itinerario final aún está en negociación. La presencia de Trump en Escocia, donde posee campos de golf, podría incluir un encuentro informal con Starmer durante la apertura de un nuevo resort en Aberdeenshire, aunque no con el rey Carlos, debido a restricciones protocolarias que prohíben reuniones privadas antes de una visita de Estado.

La visita, aunque ceremonial, no está exenta de tensiones. El diario The Guardian destacó que la decisión de programarla durante el receso parlamentario evita un discurso de Trump ante el Parlamento, una perspectiva que algunos diputados habían instado a rechazar. Además, la relación de Trump con la familia real, aunque cálida —describió a Carlos III como un “hombre maravilloso”—, se ve matizada por su historial de comentarios polémicos, como su ataque al alcalde de Londres, Sadiq Khan, en 2019, al que llamó “perdedor absoluto”. Las protestas, que en visitas anteriores incluyeron un globo gigante de Trump como bebé, podrían reaparecer, aunque el entorno de Windsor las hace menos probables.

Artículo original de Monarquias.com