La princesa Ana, hija de la difunta reina Isabel II y hermana del rey Carlos III, se acerca a su 75 cumpleaños este viernes con una vitalidad que muchos envidiarían. Según un detallado artículo de Rebecca English publicado en The Daily Mail, la princesa real, considerada por algunos británicos como “la mejor reina que nunca tuvimos”, mantiene una serie de secretos y rutinas que definen su carácter pragmático, disciplinado y alejado de los focos innecesarios.
Su ética laboral es legendaria: Ana es la royal más trabajadora de la familia, con 474 compromisos públicos el año pasado. Rebecca English destaca que se niega a permitir periodistas en sus eventos a menos que haya una buena razón, lo que explica su bajo perfil mediático. Recientemente, organizó un evento en el Palacio de Buckingham para sus organizaciones benéficas, representando a 400 entidades con las que ha colaborado durante décadas.
Aunque hay indicios de que podría reducir su carga en los próximos cinco a diez años, English cita a un cortesano que asegura: “Ella no cree en la jubilación total para los royals“. La princesa Ana viaja incansablemente desde Gatcombe Park, realizando hasta cinco o más compromisos al día, y aún cabe en uniformes militares de hace 40 años, un detalle del que se enorgullece discretamente.
Una aversión a la vanidad y un peinado “a prueba de bombas”

Uno de los detalles más curiosos que revela English es la estricta disciplina de la princesa respecto a su apariencia. Contraria a la tendencia popular, la princesa Ana nunca se broncea. Según la periodista, su aversión a tomar el sol se debe a una preocupación práctica por el envejecimiento de la piel, prefiriendo la palidez natural a los posibles daños del sol.
Otro rasgo distintivo de su imagen es su peinado inalterable. El artículo de The Daily Mail desmiente la idea de que su peinado es sencillo; en realidad, se trata de una compleja estructura meticulosamente montada por un estilista de confianza. La princesa, famosa por su pragmatismo, utiliza un método para “armar y desarmar” el peinado que le permite mantenerlo impecable durante sus incesantes viajes y compromisos, asegurando que su aspecto permanezca constante sin importar las circunstancias.
Sus hábitos cotidianos son igual de reveladores. La princesa peina sola su característico moño para eventos oficiales, sin necesidad de espejo, y solo usa maquillaje mínimo: un toque de lápiz labial y, ocasionalmente, sombra de ojos para banquetes estatales. Es la “reina del reciclaje” en moda, evita estilistas y prefiere prendas británicas; es improbable que compre un traje nuevo para la próxima boda de su hijo Peter Phillips.
La ética de trabajo más incansable de la monarquía

El artículo de English dedica un espacio considerable a la implacable ética de trabajo de la Princesa Real. A diferencia de otros miembros de la realeza, la princesa Ana se ha ganado la reputación de ser una de las más trabajadoras, si no la que más. Su agenda está repleta de cientos de compromisos anuales, dedicando una atención minuciosa a cada organización benéfica y evento que apoya. No hay lugar para la frivolidad en su calendario; cada aparición tiene un propósito claro y está ligada a sus responsabilidades.
Este compromiso se extiende a su vida personal. El artículo la describe como una mujer de gustos sencillos y sin pretensiones. A pesar de su estatus, evita los lujos excesivos y prefiere la funcionalidad. English sugiere que esta practicidad es un reflejo de su carácter, una persona que prefiere centrarse en el trabajo y el servicio público.
Rebecca English revela que Ana prefiere actividades intensas como montar a caballo o navegar en su yate. Para celebrar su cumpleaños 75, planea navegar con su esposo, el vicealmirante Sir Tim Laurence, en su yate Ballochbuie de 42 pies, sin asistentes ni seguridad, reflejando su amor por la privacidad.
La princesa real no sigue regímenes de belleza estrictos ni dietas de moda, sino que controla su peso de forma instintiva gracias a su pasado como atleta profesional y amazona. “Ella nunca para a almorzar, al igual que el rey Carlos”, detalla English, subrayando un estilo de vida que prioriza la acción sobre la vanidad.
En cuanto a su salud, la princesa sufrió un grave accidente en junio del año pasado en su finca de Gatcombe Park, donde una caída y un golpe de caballo le provocaron lesiones en la cabeza y una conmoción cerebral. Sin recuerdos del incidente, fue hospitalizada en cuidados intensivos, lo que preocupó profundamente a su hermano, el rey Carlos. A pesar de ello, Ana ha prometido “tomar cada día como venga”, aunque su ritmo diario no ha disminuido notablemente.

En el ámbito familiar, Ana ha reunido a su clan en Gatcombe Park, incluyendo a sus hijos Peter Phillips y Zara Tindall, y a sus nietos, formando lo que English describe como una “Brady Bunch aristocrática”. Es una abuela práctica y cariñosa, mostrando un lado inesperado. Su matrimonio con Sir Tim, contraído en 1992 tras divorciarse de su primer esposo, el capitán Mark Phillips, surgió de un encuentro en 1986 cuando él era escudero de la reina Isabel II.
English lo pinta como un hombre calmado y divertido, ideal para ella. A pesar de ser la “hermana en la sombra” (no heredera principal), Ana no muestra simpatía por su sobrino, el príncipe Harry, aunque fue la única familiar que lo saludó en Balmoral tras la muerte de la reina en septiembre de 2022.
El artículo de Rebecca English concluye sugiriendo que la princesa Ana ha sido una figura fundamental en la modernización de la monarquía, demostrando que el servicio puede ser más valioso que la popularidad efímera. Al profundizar en los “secretos” de su vida, el texto nos presenta a una mujer de principios sólidos, una trabajadora incansable y una persona que, con su pragmatismo y dedicación, ha consolidado su lugar como una de las figuras más respetadas y queridas de la familia real británica.
Artículo original de Monarquias.com