La infanta Paz de Borbón: una vida de escritos, pacifismo y amor

En el Palacio Real de Madrid, el 23 de junio de 1862, nació María de la Paz de Borbón y Borbón, una infanta de España cuya vida estaría marcada por el exilio, el amor y un compromiso inquebrantable con la paz y la cultura. Hija de la reina Isabel II y, según rumores, del político Miguel Tenorio de Castilla, Paz creció en un mundo de intrigas palaciegas y convulsiones políticas. Su historia, tejida con hilos de resiliencia y creatividad, se narra a través de sus propias memorias y crónicas de la época, como las publicadas en ABC y Hola.

Apenas un día después de su nacimiento, Paz fue bautizada con urgencia por el arzobispo de Toledo, un reflejo de la fragilidad de la vida en la realeza del siglo XIX, donde varios de sus hermanos no sobrevivieron la infancia. A los seis años, la Revolución Gloriosa de 1868 destronó a su madre, forzando a la familia a huir a Francia. En su diario, Paz recordaría aquellos días en San Sebastián: “Nos llevaron al exilio con prisas, cruzando la frontera como si fuéramos sombras“. En París, se educó en el colegio del Sagrado Corazón, donde desarrolló su amor por la pintura, la música y la literatura, intereses que la acompañarían toda su vida.

Paz de Borbón: “He visto caer imperios y nacer esperanzas, pero siempre creí en la bondad humana”

La infanta Paz de Borbón
La infanta Paz de Borbón, nacida en 1862, hija de Isabel II, vivió dedicada a la familia, el arte y la caridad, destacándose por su sensibilidad y compromiso social.

De regreso a España tras la restauración de su hermano Alfonso XII en 1876, Paz enfrentó la pérdida de su hermana Pilar en 1879, un golpe que marcó su juventud. “Pilar era mi confidente, mi refugio”, escribió en De mi vida. Impresiones (1909). Decidida a no aceptar un matrimonio de conveniencia, como el de su hermana Isabel, Paz encontró en su primo Luis Fernando de Baviera un alma gemela. En 1883, se casaron en Madrid, un matrimonio por amor, algo raro en su círculo. “Prometí hacer feliz a mi esposo, y él a mí, sin importar los títulos“, anotó Paz en sus memorias.

La pareja se instaló en el palacio de Nymphenburg, en Múnich, donde Paz se convirtió en princesa de Baviera. Allí, su vida se llenó de proyectos culturales y caritativos. Fundó el Pedagogium, una escuela para niños españoles desfavorecidos, y promovió a artistas como Richard Strauss, quien le dedicó su poema sinfónico Don Quijote de la Mancha. Su pasión por la escritura la llevó a publicar en el diario madrileño ABC desde 1914, con artículos como De mi vida. Impresiones, y libros como Roma Eterna (1922) y Cuatro revoluciones e intermedios (1935). En este último, reflexionó: “He visto caer imperios y nacer esperanzas, pero siempre creí en la bondad humana”.

La infanta Paz de Borbón
Casada con Luis Fernando de Baviera, Paz de Borbón residió en Múnich, donde fomentó la cultura, apoyó obras benéficas y mantuvo fuertes lazos con España hasta su muerte en 1946.

Paz de Borbón: “La verdadera nobleza está en el corazón, no en la corona”

Paz no solo fue una escritora prolífica, sino también una ferviente pacifista. Junto a su hija Pilar, participó en congresos internacionales por la paz, como los de París (1921) y Londres (1924). Konstanze Hallgarten, en sus memorias de 1954, la describió como “una princesa de pura sangre española, pero con un corazón universal, una auténtica pacifista“. Su activismo la puso en la mira de la Gestapo durante el auge del nazismo, que restringió su correspondencia con España, salvo con su sobrino Alfonso XIII. En 1945, tras la ocupación de Múnich por los estadounidenses, Paz enfrentó un robo a mano armada en su hogar. Con calma, relató su nieto Constantino: “Entregó sus joyas y dijo en inglés: ‘Qué curioso, siempre creí que las de mi madre eran auténticas’“.

A pesar de las turbulencias, Paz mantuvo su serenidad. Coleccionista de monedas antiguas y aficionada a la arqueología, dejó un álbum de dibujos en la Biblioteca Nacional de España. Su vida terminó trágicamente en 1946, tras una caída en las escaleras de Nymphenburg. Murió a los 84 años, rodeada del cariño de los republicanos exiliados en Múnich, quienes llevaron su féretro a hombros, desafiando a las autoridades. La infanta hoy es recordada como puente entre España y Baviera, una defensora de la paz y una narradora de su tiempo. Su legado, como escribió en Cuatro revoluciones, es un testimonio de que “la verdadera nobleza está en el corazón, no en la corona”.

La infanta Paz de Borbón
Como autora de memorias y poesías, Paz de Borbón reflejó su vida cortesana y exilio, dejando un legado de fortaleza, devoción familiar y amor por la literatura española.

Artículo original de Monarquias.com

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