El drama de Fadila de Egipto, una reina sin corona

Cuando se casó con el exiliado último rey egipcio la joven francesa Dominique sabía que jamás tendría una corona para lucir. Pero tampoco esperaba que su vida posterior, como la reina Fadila de Egipto, estuviera tan alejada del lujo, las comodidades, los privilegios y el esplendor de la realeza. 

Nacida como Dominique France Loeb-Picard, era una estudiante de literatura francesa en La Sorbona cuando conoció al exiliado rey Fuad II de Egipto en un hotel suizo. El joven no recordaba haber sido rey: era un bebé de cinco meses de edad cuando su padre, el rey Farouk I, fue derrocado en 1952 por un grupo de oficiales del ejército republicano del presidente Gamal Abdel Nasser.

Fuad II quedó como rey de Egipto durante poco más de un año y finalmente fue exiliado a mediados de 1953. Su padre pasó sus últimos cuatro años apostando, consumiendo prostitutas y comiendo por Europa a tal ritmo que era conocido como “La Locomotora”. En 1965, cuando su hijo tenía 13 años, Farouk cayó muerto en un restaurante de Roma.

Del esplendor a la ruina: la vida de Fadila, última reina de Egipto

Dispuesta a entregarse a una vida de opulencia real, Dominique se convirtió al Islam, cambió su nombre y se se casó con el rey Fuad en el palacio real de Mónaco en 1977, uniendose desde entonces a los exiliados reales y a las estrellas del espectáculo que pululaban en los principales destinos de lujo europeos.

La pareja se instaló en un lujoso apartamento de la Avenida Foch de París, aunque pasaron gran parte de su tiempo viajando. Fuad I y Fadila tuvieron tres hijos y mantuvieron vínculos con otras dinastías árabes, en particular las de Arabia Saudita, Marruecos y Libia.

En 1999, el rey Fuad se refugió en Suiza, cerca de sus hermanas, alegando estar arruinado financieramente y dejando a sus tres hijos y a su esposa, según ella, sin medios de sustento. La experiencia fue profundamente dolorosa para el rey sin corona, que estuvo separado de sus hijos durante varios años y enfermó y se deprimió.

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Tras el divorcio, la reina Fadila, que fue despojada de su título real contra su voluntad, acusó a su marido de ignorar una orden judicial suiza de pagarle una asignación de 750 libras esterlinas al mes. 

Durante años, la reina aseguró que su ex marido tenía “una fortuna secreta” y rechazó públicamente que el ex rey sufriera de “depresión severa” a causa de su despilfarro. “Me acusó de ser vaga y derrochadora, pero eso no es cierto”, dijo Fadila. 

Los últimos años vieron la ruina de la última reina de Egipto, que rara vez aparece en público y en 2008 fue desalojada de su apartamento parisino. “No tengo dinero en absoluto”, se lamentó una vez en una entrevista con el Journal du Dimanche. “Mi único ingreso son las dádivas de los príncipes y reyes sauditas y marroquíes”.

Algunos egipcios creen que Fadila tiene derecho a ser llamada nada más que princesa, pero ella siempre ha preferido llamarse reina. 

La familia real de Egipto. Nacido en 1952 y rey de Egipto desde julio de ese año hasta junio de 1952, Fuad II es el hijo del rey Farouk II y la reina Narriman. Tuvo tres hermanas mayores, nacidas del primer matrimonio de su padre: las princesas Feryal, Fawzia y Fathia. Casado en 1977 con Dominique Loeb-Picard, tuvo tres hijos, de los cuales el mayor es Muhammad Alí, príncipe de Said (1979), seguido de la princesa Fawzia Latifa (1982) y el príncipe Fakhr-Eddin (1987). Fuad II y su esposa se divorciaron en 1996. El príncipe de Said contrajo matrimonio con la princesa Noal Zaher, nieta del último rey de Afganistán, y tiene dos hijos gemelos que continúan el linaje de la Dinastía Alí: el príncipe Fuad Zaher y la princesa Farah Noor (2017).

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