El terremoto de Marruecos expuso la vida de lujo de Mohammed VI en el extranjero

El estremecedor terremoto sufrido por la ciudad turística de Marrakech, que dejó hasta el momento más de 2.700 muertos, 2.500 heridos y cientos de desaparecidos, expuso una vez más el estilo de vida lujoso y en apariencia desinteresado de los asuntos de Estado del rey Mohammed VI de Marruecos.

El terremoto es el más grave en el reino desde más de seis y devastó el viernes por la noche pueblos enteros en la región situada al suroeste de la turística ciudad. Los equipos de rescate marroquíes, apoyados por refuerzos extranjeros, siguen realizando esfuerzos para encontrar supervivientes y asistir a los cientos de personas cuyas casas quedaron arrasadas, pero la respuesta del gobierno llegó solo cuando el rey regresó a toda prisa al país.

El rey, de 60 años, se encontraba en Francia cuando el terremoto azotó su país el viernes 8 de septiembre por la tarde, tras haber llegado a París el 1 de septiembre, donde posee una mansión en el Campo de Marte, cerca de la Torre Eiffel. “La catástrofe lo sorprendió mientras estaba fuera, y todo Marruecos pareció vacilar durante las primeras horas después de la tragedia”, develó el diario francés Le Monde. “El rey estaba ausente y el terremoto parecía haber sumido a los líderes del país en un silencio misterioso”.

Durante las primeras horas transcurridas después del terremoto del viernes, el monarca conservó el hermetismo que ya venía manteniendo. En los últimos meses, Mohammed VI redujo al mínimo sus apariciones públicas y aumentó en cambio sus estancias privadas en otros países como Francia, donde le sorprendió el desastre natural. También son frecuentes en estos años sus escapadas a Gabón, país que recientemente sufrió un golpe de Estado que derrocó al régimen de Ali Bongo, estrecho aliado de Mohammed VI.

En Marruecos el rey goza de amplios poderes políticos -tiene la última palabra en política exterior- y el Gobierno debe rendirle cuentas, lo que derivó en un silencio oficial que solo se rompió el sábado, pasadas 18 horas desde el terremoto, cuando Mohammed VI retornó al país y reapareció en una reunión de trabajo con altos funcionarios en Rabat.

A su lado, y también en la cabecera de la mesa, su hijo y heredero, el príncipe Mulay Hasán, una presencia constante en las contadas apariciones públicas del rey. En los últimos meses fueron constantes las especulaciones en torno al estado de salud del rey y las especulaciones de que abdicará al trono en favor del hijo.

Solo después de esta reunión, por vía de un comunicado de la Casa Real, el gobierno marroquí dio cuenta de las “medidas de emergencia” que estaban tomando las autoridades para atender a los miles de damnificados. También en esta nota se anunciaron tres días de luto en todo el país, junto a una imagen en la que el monarca aparece acompañado de otras altas autoridades.

Las ausencias del rey

Las prolongadas estancias de Mohammed VI fuera de Marruecos generan preocupación en el país desde hace muchos meses. Especialmente reina la incertidumbre entre el “Majzén”, como se conoce al poder en la sombra que ejerce el entorno del rey, habida cuenta de los vastos poderes de que goza el soberano en un momento en que el país atraviesa unas condiciones económicas nada favorecedoras.

“Vamos en un avión sin piloto”, dijo recientemente un antiguo alto cargo en declaraciones al semanario The Economist, que indicó que solo en 2022 el monarca pasó unos 200 días fuera de Marruecos. En 2023 estuvo tres meses en Gabón, donde dispone de una residencia en Pointe Denis, su agenda pública del rey se mantuvo prácticamente vacía, más allá de citas ineludibles en su agenda, como la “Fiesta del Trono” a finales de agosto.

Tras acceder al trono a la muerte de su padre en 1999, Mohammed VI imprimió algunos cambios modernizadores en el reino, alejándose de su padre y cesando a muchos de quienes componían entonces su ‘corte’ para nombrar a amigos y personas de su confianza, que completó en 2011 sofocando así antes de que pudiera producirse una ‘Primavera Árabe’ en Marruecos.

Sin embargo, pronto dejó claro que sus intereses eran más mundanos, relacionándose en particular con personajes del mundo musical. “Cuánto más mayor se hacer más joven se comporta”, admitió un amigo de la infancia en la entrevista con The Economist. La vida cada vez más disoluta del soberano también le estaba empezando a pasar factura en el plano físico, ya que ganó bastante peso y era frecuente verle con gafas de sol.

Las fuentes consultadas por The Economist indicaban que el rey se estaba volviendo más irascible a medida que aumentaba su aislamiento. Mohammed VI es el jefe de las fuerzas armadas, la máxima autoridad judicial del país y tiene la potestad para cesar al Parlamento por decreto. Pese a que el país es una monarquía parlamentaria, el monarca tiene la última palabra en los grandes asuntos, lo que incluye su política exterior.

La vida de Mohammed VI en el extranjero

Mohammed VI compró en 2020 la mansión en el elegante distrito 7 de París al príncipe Khalid bin Sultan Al Saud, miembro de la familia real saudí y ex viceministro de Defensa. El precio nunca se hizo público, pero la propiedad había sido valorada en 80 millones de euros y la directora de la agencia inmobiliaria Belles demeures de France dijo en ese momento al diario Le Figaro que es posible que se haya vendido por más dinero. La mansión del rey en París, que fue construida en 1912, tiene diez habitaciones, piscina, sala de juegos, spa, peluquería, sala de conferencias, un jardín de 300 m² y una amplia terraza con una vista impresionante de París.

Mohammed VI también es propietario del Château de Betz, a unos 55 kilómetros de París, que heredó de su padre el rey Hassan II y cuenta con un parque amurallado y jardines catalogados entre los más bellos de Francia. Allí el rey se dedica a la cría de purasangres. Según el diario británico The Times, Mohammed VI visita el castillo con frecuencia, a veces varias veces al año y, aunque los vecinos rara vez ven al rey, su nutrida comitiva de asistentes y guardaespaldas nunca pasan desapercibidos.

Mohammed VI ascendió al trono en 1999, al fallecer su padre Hassan II. Al monarca se le atribuye el mérito de mantener efectivamente la estabilidad en una región volátil -en parte mediante la supresión de las críticas-, así como de modernizar la economía y aplicar una diplomacia asertiva. Pero los esfuerzos del rey no fueron suficientes para abordar las profundas desigualdades que siguen plagando a la sociedad marroquí.

Desde su coronación, el monarca mantuvo un firme control de la política económica, los asuntos exteriores y la defensa y la seguridad en su nación norteafricana. Además, lideró importantes proyectos de infraestructura y negocios a lo largo de los años. “Si bien su padre estuvo muy presente en la escena política, el estilo de Mohammed VI es diferente. Prefiere dirigir el barco en silencio mientras controla las palancas del poder“, afirmó el analista político Mohamed Chiker.

Pero si bien logró victorias diplomáticas, Mohammed VI, que alguna vez se ganó el apodo de “el rey de los pobres”, abordó las desigualdades sociales en su país a un ritmo lento: las brechas entre ricos y pobres, así como entre zonas urbanas y rurales, continúan ampliándose. Un informe encargado en 2019 por Mohammed VI para encontrar un “nuevo modelo de desarrollo” constató “desigualdades” crecientes, un “ritmo lento de reformas” y una “resistencia al cambio”. “El 10% superior de los marroquíes más ricos todavía posee 11 veces más riqueza que el 10% inferior”, dice el informe.

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