La reina madre Ratna, reliquia de un pasado monárquico que ya no existe en Nepal

El 11 de junio de 2008, mientras Katmandú, todavía envuelta en la oscuridad, aún no salía del shock que habían supuesto las violentas protestas antimonárquicas, el rey Gyanendra abandonó el Palacio Real de Narayanhiti para vivir como un ciudadano común en un pabellón de caza construido en un denso bosque a las afueras de la ciudad. No hubo ceremonia de despedida, ni disparos de cañones, ni guardia de honor para marcar la retirada de la que había sido una de las dinastías reales más notables del subcontinente.

El Reino de Nepal fue declarado república en mayo de 2008 después de elecciones en las que los ex rebeldes comunistas del país obtuvieron la mayor cantidad de escaños en una asamblea especial encargada de reescribir la constitución. El rey Gyanendra aceptó la decisión, lo que marcó el fin de la dinastía Shah, fundada en el siglo XVIII. A continuación, entregó a las nuevas autoridades de la república la histórica corona de plumas de pavo real, pelo de yak y las joyas reales, junto con el cetro que había recibido en 2001.

El gobierno de la flamante república tomó el control del palacio Narayanhiti, que había sido el hogar de Gyanendra desde que se convirtió en rey en 2001 después de una masacre en la que un hombre armado, supuestamente el príncipe heredero Dipendra, asesinó al rey Birendra, a la reina Aishwarya y a gran parte de la familia real antes de suicidarse. Pero se otorgó una pequeña y amable concesión al permitir a dos mujeres ancianas permanecer en el palacio porque no tenían familia ni otro lugar adonde ir: la reina madre Ratna y la ex amante de otro rey.

La ex reina madre Ratna Rajya Laxmi, que tiene actualmente 95 años, es la madrastra del difunto rey Birendra y del ex rey Gyandendra y viuda de su padre, el rey Mahendra, que reinó hasta su muerte en 1972. Tras la revolución que derrocó la monarquía, a petición de Gyanendra, se permitió que la reina siguiera viviendo en Mahendra Manzil, una cabaña ubicada en los terrenos del palacio Narayanhiti de Katmandú. Las autoridades de la nueva república permitieron además que la nonagenaria Sarala Gorkhali, la amante del padre de Mahendra, el rey Tribhuvan, fallecido en 1950. Se dice que cuando Gyanendra recibió el aviso de su derrocamiento, quedó horrorizado al saber que su familia se negaba a alojar a las dos ancianas en sus viviendas.

La ex reina madre Ratna fue una figura olvidada durante las tumultuosas últimas décadas de la monarquía en Nepal. Era la hermana menor de la primera esposa del difunto rey Mahendra, Indra Rajya Laxmi (madre de Gyanendra), quien murió en el nacimiento de su sexto hijo, Dhirendra, en 1950. El ex primer ministro nepalí Koirala reveló en su autobiografía que cuando el príncipe Mahendra expresó su deseo de casarse con Ratna, el rey Tribhuvan se puso furioso e incluso amenazó con eliminar el nombre de su hijo del orden de sucesión. Mahendra estaba dispuesto a renunciar al trono y el gobierno tuvo que intervenir y advertir a Tribhuvan de no interferir en la vida personal de su hijo. El matrimonio se llevó a cabo, pero la relación entre Mahendra y Tribhuvan, quien tenía al menos una docena de amantes, siguió siendo tensa. 

Quién es la reina Ratna de Nepal

Nacida en 1928, Ratna Rajya Lakshmi Devi Shah se casó con el príncipe Mahendra en 1953, dos años después de que la princesa real Indra falleciera por complicaciones durante el nacimiento de su sexto hijo. La joven princesa Ratna se convirtió así en la madre sustituta de los seis hijos de su hermana, el mayor de los cuales, el futuro rey Birendra, tenía 10 años en ese momento.

Mahendra se convirtió en 1955 en el séptimo ‘maharajadhiraja’ o monarca de la dinastía Shah, fundada en 1768 por el gobernador gurkha Prithivi Narayan Shah. Por entonces, los reyes nepalíes vivían en virtual arresto domiciliario, reducidos a figuras decorativas, desde mediados del siglo anterior. La llamada masacre de Kot, en 1846, que costó la vida al entonces hombre fuerte del reino, Gagan Singh, al primer ministro Fateh Jang Chautaria y a buen número de aristócratas de las familias Pande y Thapa, dejó al general de origen indio Jang Bahadur Rana el camino libre para proclamarse primer ministro y convertirse en el nuevo gobernante absoluto tras obligar al rey Rajendra a abdicar en su hijo, Surendra, quien terminó siendo un mero peón en las manos del antiguo militar.

Bahadur Rana fundó una dinastía ministerial paralela a la de los reyes Shah, que continuaron como jefes nominales del Estado aunque eran los Rana, primeros ministros por derecho de herencia familiar, los verdaderos detentadores del poder absoluto. Desde entonces, los Rana proporcionaron consortes a los reyes Shah. Por lo demás, la oligarquía de los Rana se amoldó cooperativamente al protectorado de hecho instalado por Gran Bretaña en 1816 y que duró hasta 1923, cuando el país vio reconocida su soberanía.

En 1950, el rey Tribhuván Bir Bikram, hastiado tras cuatro décadas desempeñando un papel de títere medio secuestrado en el palacio real de Katmandú, se fugó a India junto con Mahendra y otros miembros de la familia real, y desde allí, con la ayuda del Gobierno de Nehru, se puso al frente de un poderoso movimiento opositor contra la familia Rana. En respuesta, Tribhuván fue desposeído del trono y su nieto Gyanendra, de tres años, fue coronado rey. Pero los Rana, odiados por el pueblo, no pudieron sostener su dictadura y un año más tarde se resignaron a devolver a Tribhuván el reconocimiento como rey.

Testigo mudo de la trágica historia de la dinastía Shah

El 18 de febrero de 1950 Tribhuvan retornó triunfalmente a Katmandú y proclamó el comienzo de una era de democracia. En marzo de 1955, tras la inesperada muerte del rey, que todavía no había cumplido cincuenta años, su hijo Mahendra, un aristócrata cosmopolita, familiarizado con las costumbres de Occidente y aficionado a las composiciones poéticas, se convirtió en rey para adquirir prestigio como liberalizador del régimen: alumbró la primera Constitución nacional y permitió la celebración ese mismo año de elecciones a una Cámara de Representantes.

La reina Ratna, que nunca tuvo hijos, quedó viuda en 1972, cuando tenía 43 años y asistió a la coronación de su hijastro Birendra, manteniendo desde entonces un segundo plano discreto aunque, en el ámbito privado, continuó ejerciendo una férrea influencia en los asuntos familiares. En junio de 2001 le tocó presenciar de cerca la masacre en el palacio, cuando al menos 10 miembros de su familia y familiares cercanos fueron asesinados a tiros. Fue casi la única persona que se salvó del tiroteo, ya que se había retirado a su mansión minutos antes de que comenzara. Siete años después, vio cumplida una maldición dinástica del siglo XVII con el abrupto final de la monarquía, de 240 años de historia. Desde su casa, vio en silencio cómo su hijo Gyanendra abandonaba el palacio y la corona.

Su actitud tranquila y sus sacrificios le hicieron ganar a la reina Ratna mucho respeto entre la gente común, un sentimiento que sobrevivió a la caída de la monarquía Shah. La única vez que personas de su entorno vieron signos de indignación en ella fue cuando visitó el Hospital Militar el 2 de junio de 2001, donde la mayoría de las víctimas de la masacre de palacio fueron ingresadas. Se negó a visitar la cama del agonizante príncipe Dipendra, su nieto, quien había abierto fuego en una reunión familiar, deseando que muriera.

“Recuerdo que el primer ministro Girija Prasad Koirala vino al hospital de Chhauni al día siguiente y él estaba sentado en el suelo junto a la reina madre Ratna y le preguntó Sarkar, ¿qué debo decirle a la gente?”, contó una sobrina y sobreviviente de la masacre. “La Reina Madre respondió: Esto no es algo que deba esconderse de la gente. Puede empañar a nuestra familia, podemos vivir con eso. Pero ocultar los hechos verdaderos dañará a la nación’ (…) Si el primer ministro hubiera seguido el consejo de la reina madre, tal vez las cosas hubieran sido muy diferentes para el país”.

Actualmente, la anciana reina, bajo tratamiento médico constante, pasa la mayor parte de vida en oración y meditación encerrada en la casa que la república le otorgó de gracia y favor y rodeada de los recuerdos familiares. Raras veces se la ha visto salir de la mansión Mahendra Manzil, que había sido construida para ella por su esposo casi cinco décadas antes. En 2016, se desataron violentas protestas en Katmandú tras saberse que el gobierno cortó el suministro eléctrico de la casa porque acumubaba una deuda de varios millones de rupias.

La indignación desatada en las redes sociales se tradujo a una protesta multitudinaria en el parque Ratna, que lleva el nombre de la reina madre, y la quema pública de una estatua del ministro de Energía. Al palpar el estado de ánimo del público, el gobierno dio marcha atrás rápidamente, y veinticuatro horas más tarde restauró el suministro eléctrico a la residencia real. Durante sus horas en la oscuridad, la exreina no hizo nada excepto pedirle a su secretaria que le informara sobre el corte de energía al ex rey Gyanendra, y le pidiera prestado combustible para los generadores.

Gyanendra y su familia suelen visitar a la reina Ratna al menos una vez por semana, pero durante los últimos quince años ella ha evitado tener que encontrarse con otros parientes y simpatizantes. Rara vez habló en sus últimos años, pero cuando lo ha hecho sus palabras tuvieron el peso de un decreto para sus antiguos súbditos, hoy ciudadanos de la República. Persona estricta y obstinada, rechaza vivir en el esplendor, uno de los factores que desencadenaron la crítica hacia el rey Gyanendra: siempre se negó a pasar una noche fuera de su casa o a comer en un restaurante, lo cual le granjeó el respeto de buena parte de un país signado por la pobreza.

Darío Silva D’Andrea, editor de Monarquias.com