Guerra entre esposa y amante

Coronado rey de Francia, Enrique II (1519-1559) fue un adúltero apasionado y llenó de diamantes y perlas a su amante favorita, Diana de Poitiers, una bella e influyente mujer que tenía edad para ser su madre. Paralelamente, Enrique despreciaba a su esposa, la reina Catalina de Médici, pero Diana intentaba mantener buenas relaciones con aquella e incluso persuadía al rey de pasar las noches con su es¬posa para que ambos pudieran tener hijos. De hecho, los reyes tuvieron once hijos.

Catalina supo que Enrique amaba desesperadamente a Diana el mismo día de su boda, el 28 de octubre de 1533, y ambos procuraron mantener la paz en palacio, paz que, sin embargo, se rompía de vez en cuando, como aquella vez en que Catalina le dijo a la cortesana que comprendía perfectamente cuál era su papel en la Corte: “He leído la historia de este Reino y he averiguado que, siempre, en todas las épocas, ha habido alguna pu## que se ha metido en los asuntos reales”.

Cuando Enrique II murió trágicamente, la excepcional Catalina, a la que los franceses llamaban “Madame Serpiente”, consolidó su poder y se convirtió en regente de sus tres hijos. Una vez que se libró de su marido, Catalina también se libró de Diana. La poderosa amante fue obligada a devolver todas las joyas que su suegro y su marido le había regalado y fue confinada para siempre en el campo, lejos de la corte. “He sido hospitalaria con ella”, dijo; “ella era para el rey; y aún así, le hice saber que eso me hacía sufrir, pues ninguna mujer aprecia a la pu## de su marido; y aunque ésta sea una palabra fea, no existe otro nombre que se le pueda dar”.