Japón busca príncipes: ¿los hijos adoptivos podrían evitar la crisis de sucesión imperial?

La crisis sucesoria aumenta en la monarquía japonesa y cada vez son más las voces que apoyan un plan inaudito para hacer frente a la oferta cada vez menor de posibles herederos varones al Trono del Crisantemo y, de esta forma, salvar a la familia imperial de la extinción. Entre las reformas que se plantean se encuentra una que aparentemente permitiría a los miembros actuales de la familia adoptar hombres de antiguas familias aristocráticas japonesas, aumentando así la oferta de príncipes.

Según los cambios previstos por los más conservadores, a los príncipes se les debería permitir adoptar a descendientes de las antiguas ramas colaterales de la familia imperial, es decir, descendientes de antiguos emperadores por línea masculina, cuyos estatus y títulos fueron abolidos por las fuerzas de ocupación estadounidenses en 1947. La idea es que los descendientes de estas 11 familias, que compartieron un ancestro común con la actual familia imperial hace 600 años, suministrarán los hombres que el emperador y su familia no han podido criar por sí mismos.

El propósito de las ramas colaterales –miyake– era asegurar que el linaje imperial se perpetuara en el tiempo. Si no había un sucesor directo dentro de la familia imperial, el nuevo emperador podía ser elegido entre los príncipes de una rama colateral de la familia, empezando por los más cercanos al emperador fallecido. Por el contrario, si las ramas colaterales no tuvieran sucesores, podrían pasar el título a un príncipe imperial y, de esta forma, los dos sistemas se salvaguardaron mutuamente durante siglos.

Los hombres nacidos en ramas colaterales del linaje imperial tenían que ser adoptados especialmente para formar parte de la Familia Imperial, ya que los definidos como príncipes imperiales -o “shinnō”- eran hermanos o hijos del emperador. Entre los que no se unían a la familia imperial, muchos de los hijos de esas ramas dinásticas encontraron empleo como militares del ejército japonés o sacerdotes principales en los principales templos budistas, pero la principal ocupación de estos príncipes era proporcionar posibles herederos al trono.

La familia del emperador Hirohito

Por qué se abolieron las ramas colaterales de la familia imperial

Al final del reinado del emperador Meiji (1868-1912), existían en Japón 13 ramas colaterales de la dinastía imperial, entre las cuales la más numerosa era la rama del príncipe Kuniie Fushimi, que tuvo más de 50 hijos. En general, el aumento en el número total de ramas dinásticas colaterales podría haber sido causado por las preocupaciones del emperador Meiji sobre la sucesión debido al mal estado de salud de su hijo, el príncipe heredero y futuro emperador Yoshihito (Taisho).

Sin embargo, la derrota en la Segunda Guerra Mundial y la ocupación estadounidense llevaron cambios importantes a la familia imperial, incluida una gran reducción de tamaño: de esta forma, se eliminó el estatus imperial de las 11 ramas colaterales sobrevivientes (Yamashina, Kaya, Kuni, Nashimoto, Asaka, Higashikuni, Takeda, Kitashirakawa, Fushimi, Kan’in e Higashifumi) compuestas de 51 miembros en total, entre ellos 26 hombres en la línea de sucesión al trono. 

El entonces primer ministro Katayama Tetsu señaló que no había necesidad de preocuparse por la sucesión al trono en ese momento ya que el emperador Hirohito tenía dos jóvenes hijos, el futuro emperador Akihito y el príncipe Hitachi, sus tres hermanos menores -los príncipes Chichibu, Takamatsu y Mikasa- y un sobrino, el príncipe Tomohito de Mikasa. En los siguientes años nacieron los príncipes Katsura y Takamado, sobrinos del emperador.

De las 51 personas que abandonaron la familia, 40 recibieron indemnizaciones, excluyendo a aquellos con antecedentes militares. Y aunque unos días después, en una comida con quienes dejaban la familia imperial, el emperador Hirohito expresó su deseo de que se mantuvieran lazos familiares, ya que nada había cambiado en sus relaciones, muchos de los ex príncipes pronto afrontaron tiempos difíciles en la situación desconocida de los ciudadanos comunes y corrientes. Muchos de ellos perdieron sus bienes por su inexperiencia en los negocios o por haber sido engañados por delincuentes.

“Tuvimos que pagar una cantidad de impuestos enorme y sin precedentes, y la suma única que recibimos se decidió unilateralmente y pronto desapareció”, dijo el ex príncipe Fushimi Hiroaki, que tenía 15 años cuando le quitaron el estatus imperial en 1947 y ahora tiene 91 años. El ex príncipe, que si no se hubiera modificado la ley a partir de 2019 habría sido el cuarto en la línea de sucesión al trono, relató que muchos de sus parientes tuvieron que vender sus palacios para sobrevivir y otros pasaron momentos muy dramáticos.

El emperador Naruhito, la emperatiz Masako y su única hija, la princesaAiko.

Adoptar príncipes para salvar a la monarquía japonesa de la extinción

La restauración de las antiguas ramas para garantizar que la familia imperial tenga suficientes miembros para asegurar la sucesión y desempeñar deberes oficiales es una de las ideas que se debaten frecuentemente en Japón, donde los nacionalistas conservadores coinciden en que sería lo más sabio. La mayoría de ellos desestima cambiar la ley para permitir que las princesas imperiales, así como sus hermanos, reinen como Emperatrices. 

Según la Ley de la Casa Imperial de Japón, sólo un hijo varón descendiente de un emperador varón puede acceder al Trono de Crisantemo. Los tradicionalistas creen que esta regla preserva algo precioso: una línea de sucesión masculina ininterrumpida durante 2.000 años, que en la mitología se remonta a Jimmu, el primer emperador. El problema es que la familia de Naruhito, de 63 años, que accedió al trono en mayo de 2019 tras la abdicación de su padre, se está quedando sin varones.

La emperatriz Masako se sometió a un tratamiento de fertilidad con la esperanza de tener un heredero y dio a luz a su única hija, la princesa Aiko, que cumplirá 22 años. La esposa del hermano menor de Naruhito, el príncipe heredero Fumihito, tuvo dos hijas y un hijo, el príncipe Hisahito, que cumplió 17 años. Aparte de ellos, el único miembro de la línea sucesoria es el príncipe Hitachi, segundo hijo del difunto emperador Hirohito, y hermano del emperador emérito Akihito, que abdicó en 2019.

El príncipe heredero Fumihito tiene solo un hijo varón, Hisahito, segundo en la sucesión al trono.

Los tradicionalistas creen que, con un emperador y un príncipe heredero de mediana edad saludable y un príncipe adolescente en la línea sucesoria, tienen al menos una generación para encontrar una solución alternativa al problema. Se oponen estoicamente a la idea de permitir que sus hijos se unan a la línea sucesoria, porque no portarían el cromosoma Y masculino heredado del mítico Jimmu, descendiente de la diosa del Sol, Amaterasu, según la mitología imperial.

Han pasado 77 años desde que las ramas colaterales de la familia imperial perdieron su estatus dentro de la corte. Si bien algunos de sus miembros tienen edad avanzada, los descendientes de aquellos hombres fueron criados como ciudadanos comunes desde su nacimiento y muchos creen que no se puede esperar que se conviertan instantáneamente en parte de la familia imperial.“Si su majestad imperial me ordenara regresar con la familia, o el Estado me lo pidiera, creo que tendría que hacerlo”, dijo el ex príncipe Fushimi Hiroaki. Sin embargo, también dijo que no sería posible convertirse de repente en un príncipe.

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