
La primera “montaña rusa” de la historia fue construida en la segunda mitad del siglo XVIII por encargo de la zarina Catalina II de Rusia, en su residencia de verano Oranienbaum, en San Petersburgo. Con una altura de 33 metros, era de madera y fue diseñada por el arquitecto italiano Antonio Rinaldi. Los aristócratas disfrutaban de ella en verano, deslizándose hacia abajo en carros especiales.
Aunque la propia Catalina II no se atrevió a subir invitaba activamente a los embajadores e invitados extranjeros a probarla. Madame de Stael escribió en su libro de memorias: “Organizaron algo parecido a un paseo de invierno en trineos con la rapidez que divierte tanto a los rusos: bajamos de una alta montaña de madera en barcos a la velocidad del rayo”.
(Infografía: Pictoline.com)
