Murieron de formas trágicas o llevaron vidas desastrosas: estos son algunos Pedros de las monarquías europeas que no la pasaron nada bien.
Algunos creen que el nombre de Pedro es de mala suerte para muchos reyes. En Rusia, el zar Pedro I “el Grande”, cometió muchos censurable excesos, como encarcelar a su esposa, ejecutar a su amante y participar en la condena a muerte de su propio hijo. Su otro hijo, Pedro II, murió de viruela a los quince años de edad, y Pedro III murió a causa de una embolia aunque la versión extraoficial indica que fue destronado y asesinado a golpes por conspiradores leales a su esposa, Catalina II “la Grande”.
En Portugal, Pedro I se hizo famoso por sus desgracias, especialmente en lo que se refiere a su amor hacia Inés de Castro, atrozmente asesinada con el probable consentimiento de su padre. Don Pedro IV de Portugal murió cuando solo tenía 35 años de edad, a causa de la tuberculosis y después de un turbulento reinado. Pedro I, emperador de Brasil, se vio obligado a abdicar después de un reinado lleno de dificultades, y su hijo Pedro II fue derrocado por una revolución militar.
Pedro I de Castilla, apodado “el Cruel”, fue asesinado por su hermano, mientras Pedro II de Aragón murió mientras combatía en la batalla de Muret. Pedro I de Serbia se libró de la tragedia, pero vivió rodeado de sangre: tanto su antecesor como su sucesor fueron asesinados. Tan asustado estaba que, antes de volver a su país, se detuvo a comprar un revolver. Su nieto, Pedro II (cuya foto ilustra esta nota), fue el último rey de Yugoslavia, fue derrocado por los soviéticos y tuvo una errante vida en el exilio, jalonada por la miseria económica, el alcoholismo y la depresión.








