El “Beso de la Muerte”: la inexplicable tragedia que sacudió a la realeza hace 145 años

Hace 145 años, el 16 de noviembre de 1878, la pequeña princesa María de Hesse murió a los cuatro años de edad. La muerte de la niña cayó como un rayo, no solo en su familia más cercana, reinante en el gran ducado de Hesse-Darmstadt, sino también entre todas las familias reales europeas que emparentaban con ellos. Por entonces, la capital del Gran Ducado alemán, Darmstadt, estaba siendo azotada por una gran epidemia de difteria que cambiaría para siempre el curso de la historia.

La hija mayor de los grandes duques, Victoria, fue la primera en enfermar tras haberse quejado de un dolor de garganta en la noche del 5 de noviembre. Le fue diagnosticada difteria la mañana siguiente y la enfermedad se extendió rápidamente a otros cuatro príncipes: Alejandra, María, Irene y Ernesto. Solo la princesa Isabel (“Ella”) no se enfermó y fue enviada al palacio de la abuela para evitar el contagio.​ La pequeña princesa María estaba muy grave el 15 de noviembre y su madre, la princesa Alicia, la encontró muerta cuando se dirigió a su cuarto.

La princesa Alicia, hija de la reina Victoria

La princesa Alicia era la tercera hija de la reina Victoria de Inglaterra y el príncipe Alberto. Amable y compasiva por naturaleza, la princesa había desarrollado un apasionado interés por la enfermería desde una edad temprana. A los 11 años, visitaba hospitales de Londres para conocer a los soldados heridos en la guerra de Crimea y se convirtió en una devota de la pionera de la enfermería Florence Nightingale.

Cuando su padre Alberto enfermó de fiebre tifoidea en diciembre de 1861, fue la princesa Alicia quien lo cuidó en las últimas semanas de su vida. Seis meses después de la muerte de su padre, Alicia se casó con el príncipe alemán Luis de Hesse, heredero del gran ducado de Hesse, en una boda revestida de luto. Establecida con su marido en Darmstadt, a Alicia le resultó muy difícil adaptarse a su nueva vida: la corte de Hesse era indigente al lado de la británica.

Pero desarrolló su papel a la perfección. La princesa Alicia tuvo siete hijos a la par de su trabajo de incógnito, para tratar de mejorar las vidas de los pobres y los enfermos. Fue una pionera de la realeza en una época en que las princesas todavía no se dedicaban a la beneficencia. Alicia visitó a los soldados heridos en guerra y creó el ‘Gremio de Mujeres Princesa Alicia’, que dirigía hospitales militares y formaba enfermeras.

Alicia cuidó también con mucho amor a su hijo Federico (“Frittie”), quien era hemofílico y murió poco antes de cumplir tres años, al caer desde una ventana del tercer piso de su casa en 1873. Probablemente el niño habría sobrevivido a la caída, pero la hemofilia le provocó una hemorragia interna grave y murió. La tragedia fue horrible para su abuela la reina Victoria, que se sentía culpable por haber legado genéticamente esta enfermedad. La muerte de Frittie fue la primera tragedia en una larga lista de dramas que azotaron a la familia de Alicia y sus descendientes.

“El beso de la muerte”

Después llegaría la epidemia de difteria. La princesa Alicia cuidó a la familia las 24 horas del día, teniendo cuidado de no contagiarse y siguiendo los consejos de su amiga Florence Nightingale sobre cómo reducir la propagación de la infección. La princesa María murió dramáticamente aquel 16 de noviembre de 1878 y su madre ocultó la noticia durante varias semanas a sus hermanos. Finalmente, le contó a verdad al príncipe Ernesto, a principios de diciembre. El niño, que también estaba muy enfermo, quedó desolado. Se dice que Alicia besó y abrazó a su hijo para consolarlo y se contagió de inmediato.

Fue, a decir de la reina Victoria, “el beso de la muerte”. La princesa Alicia enfermó gravemente. “No le quedaron fuerzas para resistir la enfermedad, completamente agotada como estaba por cuidarnos a todos”, escribió su hija, la princesa Victoria. El 14 de diciembre su estado era muy grave y sus últimas palabras, antes de quedar inconsciente, fueron “Querido papá”. La princesa, de 35 años, murió a las 8:30 de esa misma mañana, justo cuando se cumplían 27 años de la muerte de su padre, el príncipe consorte Alberto.

“Mi querida hija, que estuvo a mi lado y me animó hace diecisiete años se fue el mismo día y por una enfermedad tan horrible y espantosa (…) Ella tenía la personalidad de su querido papá y mucho de su carácter abnegado y sin miedo y esa dedicación completa al deber”, describió la reina Victoria. Su nieta Victoria, hija de Alicia, escribió en sus memorias: “La muerte de mi madre fue una pérdida irreparable para todos nosotros y dejó un gran vacío en nuestras vidas. De hecho, había sido la dueña de la casa, una esposa y madre sabia y amorosa, a quien respetábamos tanto como la amábamos… Mi infancia terminó con su muerte, porque me convertí en la mayor y la responsable de sus hijos huérfanos”.

La muerte de Alicia impactó a Gran Bretaña, su país natal, y dejó desconsolada a su madre, la reina Victoria, y al resto de la familia real. “Ojalá hubiera muerto yo en lugar de ella”, lamentó la princesa de Gales. El diario The Times escribió: “Las personas más humildes se sentían afines a la princesa, que era un modelo de virtud familiar como hija, hermana, esposa y madre (…) Su abundante compasión buscó fuentes de ayuda para el gran desperdicio desconocido del sufrimiento humano”. Por su parte, el​ Illustrated London News escribió que “la lección de vida de la princesa fallecida es tan noble como obvia. El valor moral es más importante que una posición de privilegio”.

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