El príncipe Alberto II y la princesa Charlene de Mónaco reunieron a toda su familia este 19 de noviembre para celebrar el Día Nacional del principado después de meses de enfrentar rumores de crisis matrimonial. La pareja real asistió a una misa en la catedra, en compañía de las princesas Carolina y Estefanía con sus respectivas familias, y posteriormente apareció en el balcón del Palacio Principesco con sus dos hijos, el príncipe heredero Jacques y la princesa Gabriella.
En vísperas del Día Nacional, los príncipes concedieron por primera vez una entrevista conjunta en la que hablaron de ampliamente sobre su familia y sobre la educación de sus hijos. En declaraciones al diario local Monaco-Matin, se refirieron a Jacques y Gabriella como el “futuro del Principado” y que, en ese contexto, los están preparando para su futuro papel pero que no desempeñarán mayores obligaciones debido a su corta edad.
Los niños, de 8 años, “ya hicieron hecho numerosas apariciones oficiales junto a nosotros. No hay una edad concreta para empezar, veremos cuando se presenten las oportunidades”, dijo Alberto II. “Tenemos especial cuidado en llevarlos a estas obligaciones poco a poco, para no exponerlos demasiado cuando son demasiado jóvenes”.

“Cuando sean mayores, por supuesto, se involucrarán más en diferentes actividades, eventos y ceremonias. Es importante hacer las cosas poco a poco, sin forzar”, dijo el príncipe. Su esposa, su parte, dijo que como padres están tratando de “hacerles entender por qué contamos con una protección constante, que nos permite sentirnos seguros dondequiera que estemos”.
“No sé si muchos niños de su edad han visitado alguna vez tantos países. Pero es parte de su educación”, dijo el soberano sobre gemelos Jacques y Gabriella, nacidos en diciembre de 2014. “También iremos a finales de año a la Antártida, en un viaje organizado por el Museo Oceanográfico y Robert Calcagno, que creo que será una maravillosa aventura para todos nosotros, pero para ellos en particular”, agregó.
La princesa consorte relató: “Tuvimos la oportunidad de traerlos a Sudáfrica varias veces y disfrutaron inmensamente de estos viajes. Cada vez fue un momento especial para mí mostrarles este entorno en el que crecí. Y muchas veces me dicen que quieren volver allí para ver animales, visitar granjas. También los llevamos a diferentes países del mundo. Es un privilegio poder hacerlo, mostrarles una diversidad de culturas, religiones, diferencias…”

El soberano agregó que sus hijos son “conscientes de lo que pasa en el mundo” porque “a veces ven las noticias y hablan de ello en la escuela”. “Pero sólo tienen nueve años y no creo que lo entiendan todo”, dijo. “Les hemos estado exponiendo desde que eran muy pequeños a la importancia de la conservación y la preservación de la naturaleza. Ya hicimos jardinería juntos, aprendieron a bucear en la escuela de Pierre Frolla para conocer el fondo marino. Y los llevo cada año al Día Mundial de la Limpieza, para limpiar las calles del Principado”.
Los príncipes, que ocupan el primero y segundo lugar en la sucesión al trono, “están abiertos a la forma en que está cambiando el medio ambiente y a las formas de preservarlo”, explicó Charlene. “Se vuelve natural para ellos. Cuando ven una botella de plástico, tienen el reflejo de saber qué hacer para reciclarla”.
En los últimos años, la pareja real enfrentó rumores sobre su matrimonio en ruinas. Este verano se informó de que la pareja vivía vidas separadas y Charlene pasaba gran parte de su tiempo en Suiza, mientras el periódico alemán “Voici” informó que los príncipes estaban criando juntos a sus gemelos pero que su matrimonio en sí era “sólo para las apariencias” y que eran una “pareja ceremonial”.
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