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  • La Reina Madre de Inglaterra durante la guerra: la mujer más peligrosa de Europa

    En la tarde del 3 de septiembre de 1939, mientras las sirenas de guerra comenzaban a sonar en Londres, el rey Jorge VI se enfrentaba a uno de los momentos más sombríos de su reinado. Desde los micrófonos de la BBC, con su voz marcada por un tartamudeo que había luchado por superar, anunció al pueblo británico y al Imperio que el Reino Unido estaba, por segunda vez en una generación, en guerra. A su lado, invisible pero omnipresente, estaba su esposa, Elizabeth Bowes-Lyon (1900-2002), quien pronto sería conocida como la Reina Madre. Su papel durante la Segunda Guerra Mundial no fue solo el de una figura decorativa: se convirtió en un símbolo de resistencia, un faro de esperanza para un pueblo asediado por los bombardeos nazis. Como lo expresó el historiador británico William Shawcross en su biografía oficial, Queen Elizabeth the Queen Mother: The Official Biography, “ella encarnó el espíritu del Blitz, esa mezcla de coraje, resiliencia y solidaridad que definió a Gran Bretaña en su hora más oscura”

    Cuando estalló el conflicto, la posibilidad de que la familia real fuera evacuada a Canadá fue planteada por asesores y políticos. La mera idea de que las bombas de la Luftwaffe pudieran alcanzar a los monarcas era aterradora. Sin embargo, Isabel, entonces de 39 años, respondió con una determinación que resonaría en la historia. Ella declaró a quienes intentaron convencerla de escapar: “Las niñas no se irán sin mi. Yo no me iré sin el rey, y el rey nunca se irá”. Esta postura no solo mantuvo a la familia real en Londres, sino que también envió un mensaje poderoso: los monarcas compartirían el destino de su pueblo. El editor del Sunday Graphic, Reginald Simpson, escribió en 1940: “Cuando termine esta guerra, el que el rey Jorge y la reina Isabel hayan compartido el riesgo con su pueblo será un recuerdo preciado y una inspiración por años”.

    La Reina Madre: su negativa a abandonar Londres durante el Blitz, un claro desafío a Hitler

    Isabel, reina madre de Inglaterra
    Isabel, reina madre de Inglaterra

    El 13 de septiembre de 1940, el Palacio de Buckingham fue alcanzado por cinco bombas alemanas. El ataque, lejos de doblegar a la Reina, fortaleció su conexión con los londinenses, especialmente con los del East End, el área más castigada por el Blitz. La reina Isabel afirmó: “Me alegro de que nos hayan bombardeado. Ahora puedo mirar al East End a los ojos”. Esta frase, repetida en numerosos titulares de la época, capturó su empatía y su capacidad para transformar una tragedia personal en un símbolo de unidad. El historiador británico Robert Lacey, en su libro Monarch: The Life and Reign of Elizabeth II, destaca que “Isabel entendió instintivamente el poder de la empatía. Su presencia en hospitales, refugios y zonas bombardeadas no era solo protocolaria; era un acto de liderazgo moral”.

    La reina no se limitó a permanecer en Londres. Recorrió incansablemente el país, visitando tropas, hospitales y fábricas. Según un reportaje de The Daily Telegraph publicado en 1941, ella y Jorge VI viajaron miles de kilómetros para apoyar a las comunidades afectadas, desde Coventry hasta Plymouth. En una ocasión, mientras visitaba un hospital en el East End, una mujer herida le dijo: “Usted nos da fuerza, señora”. Isabel, con su característica calidez, respondió: “No, son ustedes quienes me dan fuerza a mí”. Esta anécdota, relatada por el periodista británica Vera Brittain en su libro England’s Hour, ilustra cómo la reina se convirtió en un pilar emocional para la nación.

    Isabel, reina madre de Inglaterra
    Isabel, reina madre de Inglaterra

    Su papel no pasó desapercibido para el enemigo. Adolf Hitler, según documentos citados por la prensa en años recientes, la describió como “la mujer más peligrosa de Europa” debido a su capacidad para mantener alta la moral británica. Esta percepción no era exagerada. Como señala el historiador Philip Ziegler “Isabel fue una maestra de la propaganda positiva. Su negativa a abandonar Londres y su disposición a compartir los peligros del Blitz galvanizaron a la población”. Su presencia en los medios, ya fuera en fotos sonriendo junto a soldados o en discursos radiales, reforzó la narrativa de un Reino Unido unido y resistente. Un editorial de The Observer de 1940 lo resumió así: “La Reina no solo representa a la Corona; ella es el corazón de la nación en guerra”.

    Además de su labor pública, Isabel desempeñó un papel crucial en la esfera privada, apoyando a su esposo, cuya salud y confianza se veían constantemente puestas a prueba. Shawcross relata cómo ella ayudó a Jorge VI a superar su tartamudez para sus discursos radiales, un esfuerzo inmortalizado en la película The King’s Speech. “Sin el apoyo de Isabel, Jorge VI no habría sido el rey que fue durante la guerra”, escribe Shawcross, citando cartas personales de la reina que revelan su dedicación a fortalecer la moral de su esposo.

    Isabel, reina madre de Inglaterra
    Isabel, reina madre de Inglaterra

    El Día de la Victoria, el 8 de mayo de 1945, marcó el clímax de su esfuerzo. Desde el balcón del Palacio de Buckingham, junto al rey, las princesas Isabel y Margarita, y Winston Churchill, saludó a las multitudes que abarrotaban Londres. The Times describió la escena como “un momento de comunión entre la Corona y el pueblo, forjado en los años de sacrificio compartido”. La reina simbolizó la resistencia que había llevado a Gran Bretaña a la victoria. Como afirma el historiador británico Andrew Roberts en The Storm of War, “su valentía y empatía no solo sostuvieron a la monarquía en un momento de crisis, sino que redefinieron su papel como un símbolo de unidad nacional”. Para los británicos, ella fue más que una reina consorte: fue la encarnación de su espíritu indomable, una mujer que, en palabras del Daily Mail, “se mantuvo firme cuando el mundo parecía desmoronarse”.

    Artículo original de Monarquias.com. Fuentes utilizadas: BBC News, The Guardian, The Daily Mail, the Times, The Daily Telegraph, William Shawcross (Queen Elizabeth the Queen Mother: The Official Biography); Robert Lacey (Monarch: The Life and Reign of Elizabeth II), Philip Ziegler (King George VI), Andrew Roberts (The Storm of War), Vera Brittain (England’s Hour)

  • La noche que la reina Isabel II intentó contactar con el espíritu de su padre con ayuda de una falsa médium

    La muerte del rey Jorge VI, la noche del 6 de febrero de 1952, hace 72 años, cayó como un rayo en la familia real británica. El monarca era relativamente joven, tenía 56 años, y aunque había padecido problemas cardíacos y un cáncer de pulmón, no se esperaba que falleciera de repente, mientras dormía en la finca real de Sandringham.

    La inesperada muerte del rey Jorge VI llevó al trono a su hija mayor, la reina Isabel II, una joven madre de 25 años que se encontraba de viaje en Kenia. La nueva monarca tuvo que suspender la gira africana y regresar a Londres apresuradamente para ser coronada. La reina, su madre la reina madre Isabel y su hermana, la princesa Margarita, quedaron devastadas.

    El rey Jorge VI murió el 6 de febrero de 1952 en Sandringham a los 56 años.
    El rey Jorge VI murió el 6 de febrero de 1952 en Sandringham a los 56 años.

    En busca de respuestas ante la tragedia, la reina madre Isabel intentó comunicarse con su difunto marido con la ayuda de una “médium” llamada Lilian Bailey, quien afirmaba que su espíritu guía era un hombre llamado William Hedley Wootton, un capitán de la Guardia de Granaderos muerto en la Primera Guerra Mundial.

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    “Sus mensajes desde ‘el otro lado’ ocuparon un lugar destacado en una larga carrera que convirtió a la señora Bailey en una mujer rica. Sin embargo, la verdad es que nunca existió tal soldado”, escribió el historiador Christopher Wilson. La medium “no era más que una mentirosa y un fraude: una manipuladora cínica que se había abierto paso con engaños hasta llegar al círculo real más íntimo”.

    La reina Isabel II y su madre tras el funeral del rey Jorge VI en febrero de 1952.
    La reina Isabel II y su madre tras el funeral del rey Jorge VI en febrero de 1952.

    Gracias a sus conexiones, Lilian Bailey consiguió llegar hasta Lionel Logue, el logopeda australiano que ayudó a curar de su tartamudez crónica al rey Jorge VI. El médico le dio acceso exclusivo al rey y a su esposa, que cuando se convirtió en viuda acudió en su ayuda para contactar con su marido. 

    La sesión espiritista en la que la reina Isabel II y su madre intentaron hablar con el espíritu del rey

    En 1953, la falsa médium organizó una sesión espiritista a la que asistieron la reina madre, la reina Isabel II y el príncipe Felipe. Junto a ellos estaba Marina, duquesa de Kent, quien todavía lloraba la muerte de su marido, el príncipe Jorge, fallecido en un accidente de aviación en 1942. Acudió en compañía de su hija la princesa Alejandra.

    En 1953, la reina madre Isabel intentó comunicarse con su difunto marido con la ayuda de una “médium” llamada Lilian Bailey.
    En 1953, la reina madre Isabel intentó comunicarse con su difunto marido con la ayuda de una “médium” llamada Lilian Bailey.

    Según Wilson, la reina madre estaba “especialmente ansiosa por establecer una conexión con su marido” mientras que la duquesa Marina “estaba igualmente interesada en ponerse en contacto con su propio marido” y por eso acudieron a los servicios de Lilian Bailey, elogiada por las clases altas por sus “poderes psíquicos”.

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    Según el historiador, no era la primera vez que los miembros de la familia real británica acudían a las sesiones de espiritismo en busca de ayuda o consuelo. “Muchos miembros de la Familia Real habían incursionado en el espiritismo en tiempos recientes y afirmaban haber sentido sus beneficios”, relató.

    El príncipe Jorge y la princesa Marina, duques de Kent
    Marina, duquesa viuda de Kent, intentó contactar con el espíritu de su difunto marido, el príncipe Jorge, duque de Kent. El hermano del rey Jorge VI murió en un accidente de aviación en 1942.

    Wilson contó los casos de la princesa María Luisa (nieta de la reina Victoria), que recibía ayuda del sanador espiritual Harry Edwards, y de Lady Zia Wernher, emparentada con el príncipe Felipe, quien “acudió a un curandero para que la ayudara a desterrar sus ‘ruidos en la cabeza’”

    Antes la reina Isabel II, el príncipe Felipe y los otros miembros de la familia, Lilian Bailey entró en trance para convocar seres del mundo de los espíritus. Nadie sabe el contenido de los mensajes que recibió del Más Allá, pero la extraordinaria sesión le proporcionó instantáneamente un sello de aprobación real que ayudó a apuntalar su lucrativa carrera.

    Según Wilson, “si bien la sesión sin duda tuvo un efecto terapéutico en quienes buscaban consuelo en circunstancias tan infelices, todo se basó en una invención cínica”.

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    “La ambición desmesurada, la capacidad de mentir y engañar (más ese sello de aprobación real) habían cambiado su vida sin medida. Al evocar el espíritu de un rey muerto, Lilian Bailey diría que sólo estaba prestando un valioso servicio”, escribió.

    La reina madre quedó tan cautivada con lo que escuchó esa noche que organizó más reuniones con la médium. El asunto fue tan grave que incluso el primer ministro Winston Churchill se refirió al apego de la viuda con la espiritista. 

    Monarquias.com

  • ¿Dónde estaba la reina Isabel II a la hora que murió su padre, el rey Jorge VI?

    La reina Isabel II de Inglaterra, ahora la monarca más longeva del planeta, tenía tan solo 25 años cuando ascendió al trono tras la muerte de su padre, el rey Jorge VI. Cuando este evento desafortunado tuvo lugar, la joven princesa no estaba en su país natal, sino a miles de kilómetros de distancia y sin contacto directo con Londres.

    El 6 de febrero de 1952, el rey Jorge VI murió repentinamente en la finca real de Sandringham en Norfolk. En el momento de su muerte, el rey solo tenía 56 años. Un criado encontró al rey muerto por la mañana; se determinó que la causa había sido una trombosis coronaria que le bloqueó el flujo de la sangre al corazón debido a un coágulo en una arteria.

    En el momento de la muerte del rey Jorge VI, la nueva reina y su esposo Felipe, duque de Edimburgo, se encontraban en Kenia. La pareja estaba haciendo un viaje oficial por la Mancomunidad Británica de Naciones en nombre de su padre que no se sentía muy bien, aunque la gravedad del estado real de su salud se desconocía. La noche antes de que Isabel se enterara de la trágica noticia, ella y su marido habían pasado la noche en el hotel “Treetops”, construido sobre la copa de un enorme árbol en el parque nacional Aberdare de Kenia.

    Se trataba de un asombroso edificio construido encima de un árbol enorme que domina una especie de laguna a la que acuden a beber los animales de la selva. Isabel II se convirtió en reina sentada en lo alto de un árbol viendo a los rinocerontes tomando agua del estanque. Los restos de ese árbol siguen en pie y una placa recuerda lo que sucedió allí. Del mismo modo, otra placa fue colocada en el gran árbol mgugu, en cuya cima estaba Isabel II al momento de convertirse en reina.

    La noticia llegó a Kenia mediante un periodista llamado Granville Roberts, del diario East African Standard, que estaba cubriendo la visita real. Sus colegas desde Europa le dijeron que la agencia Reuters había enviado un cable diciendo simplemente: “El rey ha muerto”. Roberts pidió inmediatamente a una recepcionista a buscar el teniente coronel Charteris para informarle de la noticia. Consultado sobre si el mensaje es correcto, simplemente respondió: “Muy seguro”.

    Roberts llamó por teléfono a Michael Parker, secretario privado de Felipe, para darle la noticia, que fue confirmada más tarde por la radio cuando Parker sintonizó la BBC. Los asesores de la princesa necesitaron seis horas para confirmar las noticias que habían legado incompletas por telégrafo. Parker regresó al hotel, donde comunicó la noticia a Lady Pamela Mountbatten (dama de honor de Isabel), quien, por su parte, informa al duque. “Fue como si se le hubiera caído la mitad del mundo encima”, dijo Parker.

    Muchos años más tarde, Charteris describió así la reacción de la nueva reina: “Me acuerdo de haberla visto poco después de convertirse en reina; muy poco, no llegaría a la hora. No lloraba. Estaba ahí, muy erguida, un poco más roja que de costumbre. Esperando su destino… Con Felipe fue muy distinto. Se sentó a leer el Times con mala cara. Era lo último que quería. Su vida iba a sufrir un cambio radical”.

    QUIÉN ERA JORGE VI. El padre de Isabel II fue un monarca muy popular. Ascendió al trono tras la abdicación de su hermano mayor el rey Eduardo VIII en 1936. Eduardo renunció a su derecho a regir para casarse con la divorciada mujer estadounidense de origen no aristocrático Wallis Simpson, un matrimonio que no contaba con la aprobación de la Iglesia ni tampoco de gran parte del público de la época. Pese al amor y respeto de que Jorge VI gozaba en su país, su reinado solo duró 16 años. El monarca había luchado contra varios problemas de salud en los meses anteriores a su muerte en 1952. Había sido diagnosticado con un cáncer de pulmón que le llevó a una cirugía para extraer parte del órgano en 1951 y del que nunca se recuperó.

  • Isabel II alcanza los 69 años de reinado: un aniversario trastornado por el Covid

    A los 94 años y confinada en Windsor, la reina británica estará lejos de Sandringham, el lugar donde su padre, el rey Jorge VI, murió el 6 de febrero de 1952.

    Por primera vez en muchos años, la reina Isabel II de Gran Bretaña no estará en Sandringham House (Norfolk) en el aniversario de su reinado. Sandringham, ubicada a unos 170 kilómetros de Londres, es el lugar donde su padre, el rey Jorge VI, murió el 6 de febrero de 1952, hace 69 años, por lo que el lugar siempre fue aprovechado en estas fechas para el recuerdo de su antecesor.

    La reina Isabel II, de 94 años, se encuentra confinada desde marzo en el Castillo de Windsor, en compañía de su esposo el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, de 99 años. Aunque ambos tuvieron breves estadías en las residencias de Balmoral y Sandringham a lo largo de la primavera y el verano pasados, Windsor se convirtió en su residencia oficial por la pandemia.

    El rey Jorge VI murió mientras dormía de una trombosis coronaria en 1952, con solo 56 años

    Jorge VI, padre de la reina Isabel II, murió el 6 de febrero de 1952.

    La entonces princesa Isabel tenía 25 años cuando murió su padre y tuvo que regresar apresuradamente desde Kenia, donde realizaba un viaje oficial con su marido, hasta Londres. Recibida por Winston Churchill en el aeropuerto, la princesa se dirigió de inmediato a Sandringham para despedirse de Jorge VI, quien había fallecido mientras dormía a causa de una trombosis coronaria.

    El 7 de febrero, la princesa viajó a Londres para prestar el juramento y el discurso de Ascenso al trono en el Palacio de St. James, tras lo cual volvió a Sandringham para acompañar a su madre y a su hermana, que velaban al rey. El cuerpo embalsamado del monarca, muerto a los 56 años, yacía en una pequeña capilla cercana en un ataúd de madera construido por los carpinteros de la zona. Su funeral se realizó el 15 de febrero.

    Desde entonces, la residencia privada de Sandringham fue el refugio de Isabel II en cada aniversario de su ascenso al trono, fecha en la que nunca se realizan celebraciones oficiales. El aniversario es marcado solemnemente cañonazos de honor en distintos puntos. Entre las formas en que tiene que honrar la memoria de su padre, se cree que la reina deja las luces y la decoración navideña hasta el 6 de febrero.

    Este 6 de febrero Isabel II cumplirá 69 años de reinado

    La comentarista real Rebecca English dijo que la reina es dolorosamente consciente de que solo pudo lograr este récord después de la prematura muerte de su padre, el rey Jorge VI.

    “El día de la adhesión es el día en que la reina perdió tristemente a su amado padre, el rey Jorge VI, y normalmente lo recuerda en silencio en Sandringham. Obviamente, debido al confinamiento, estará en Windsor este año con el duque de Edimburgo. Pero claramente, no obstante, será conmovedor para ella”, dijo.

    “Esa es realmente la razón por la que nunca se ha mostrado masivamente a favor de celebrar su propia longevidad en el trono, porque para lograrlo murió alguien muy cercano a ella”, dijo English, quien remarcó que el 6 de febrero “es un día muy conmovedor” para Isabel II.

    Hace 69 años, tras la muerte del rey, la joven monarca dio una idea poco común de sus emociones y sentimientos privados en una carta que le escribió a su secretaria privada: “Todo parece tan increíble todavía que mi padre ya no está aquí y es solo después de que ha pasado un tiempo uno comienza a darse cuenta de cuánto lo extrañan”.

    En 2022, Isabel II celebrará su Jubileo de Platino

    La reina se convirtió en la soberana británica con más años en el trono el 9 de septiembre de 2015, cuando superó el reinado de su tatarabuela, la reina Victoria. Hasta la fecha, la Reina ha servido en el trono durante 68 años y 364 días, mientras Victoria, que ascendió al trono en junio de 1837 y retuvo el poder hasta su muerte en 1901, reinó durante 63 años y 216 días.

    Si bien Isabel II no conmemora el día de su acceso al trono, el próximo año celebrará públicamente su Jubileo de Platino (70 años de reinado), un hito histórico y extraordinario para el Reino Unido. Para conmemorarlo, el Gobierno creó un feriado extraordinario de cuatro días y se espera que haya grandes celebraciones en las que los británicos podrán agradecer sus siete décadas de servicio fiel.

  • La reina de “Bridgerton”: 7 datos muy interesantes sobre Carlota de Inglaterra

    La popular serie de Netflix “Bridgerton”, ambientada durante la Regencia de Inglaterra a principios del siglo XIX, trajo a la actualidad la formidable figura de la reina Carlota, consorte de Jorge III. Te contamos la verdadera historia de la monarca que inspiró el personaje.

    1. Afirman que tenía rasgos africanos

    Carlota de Mecklemburgo-Strelitz nació el 19 de mayo de 1744 como hija del duque Carlos Luis Federico de Mecklemburg-Mirow y la princesa Isabel Albertina de Sajonia-Hildburghausen. Carlota podría haber sido mestiza, según afirma el historiador Mario de Valdes y Cocom, experto en la historia de la diáspora africana. Dice que la monarca podría haber sido descendiente de Madragana Ben Aloandro, amante mora del rey portugués Alfonso III (1210-1279).

    “Alfonso III de Portugal conquistó a los moros una pequeña ciudad llamada Faro. Exigió a la hija del gobernador como amante. Tuvo tres hijos con ella”, señaló. En cuanto a la reina Carlota, esposa del rey de Inglaterra Jorge III, descendía directamente de Margarita de Castro y Sousa, de la supuesta “rama negra” de la casa real portuguesa. Las conclusiones del investigador se basan en parte en una investigación dedicada a la representación de personas de color en las pinturas flamencas del siglo XV.

    2. Fue amor a primera vista

    La reina Carlota llegó a Londres para convertirse en la futura reina con solo 17 años y no hablaba inglés. Su viaje por mar desde su ducado nativo alemán había sido tan tempestuoso, y la princesa tan enferma, que su vestido de novia, muy tachonado de diamantes, ya no le quedaba, su capa de terciopelo púrpura incluso se le caía de los hombros, de modo que los espectadores “conocieron gran parte de su mitad superior como el propio rey ”, señaló Horace Walpole con ironía. Sin embargo, se casó con el rey Jorge III apenas seis horas después de conocerlo por primera vez el 8 de septiembre de 1761, en una ceremonia en la Capilla Real del Palacio de St. James.

    3. ¡Tuvo 15 hijos!

    A pesar de su boda fue arreglada apresuradamente, la unión de Jorge III y Carlota resultó notablemente feliz durante al menos 25 años: la reina tuvo 15 hijos, 14 de los cuales nacieron en el Palacio de Buckingham. Los monarcas sufrieron mucho por las muertes del príncipe Octavius ​y el príncipe Alfred, murieron a los cuatro y dos años respectivamente, y de la princesa Amelia, fallecida a los 21 años. La familia cambió la residencia real en Londres del Palacio de St James al Palacio de Buckingham, comprado por Jorge III en 1762, así como Frogmore House en Windsor Park, en 1792. Después de que la enfermedad del rey le impidiera gobernar en sus últimos años, Carlota también pasó mucho tiempo con él en el Palacio de Kew, donde se sometió a innumerables sanguijuelas y baños medicinales.

    4. Era una gran aficionada a la música

    Carlota adoraba la música, contratando a Johann Christian Bach, el hijo del legendario Johann Sebastian Bach, como su profesor de música. Jorge III fue el fundador de la Royal Academy of the Arts , y él y la reina se unieron por su pasión compartida por la música, y a menudo realizaba dúos musicales con su esposo en la flauta y el clavicémbalo. The Royal Collection Trust dice que en 1764, Wolfgang Amadeus Mozart, de 8 años, actuó para la reina durante una visita a Inglaterra, mientras que la biografía de Olwen Hedley sobre la reina confirma que ella cantaba mientras el joven genio musical tocaba el órgano. Un año después Mozart dedicó su Opus 3 a Carlota y le dedicaría seis sonatas.

    5. Adoraba los chismes de la nobleza

    La descripción de Bridgerton de la reina Carlota como muy involucrada en la temporada de emparejamiento es de hecho correcta. Jorge III en realidad estableció el primer baile de debutantes en 1780 en honor al cumpleaños de su esposa, con el llamado Queen Carlota’s Ball que se celebraba en el Palacio de Buckingham cada año hasta que la reina Isabel II lo canceló en los años ‘50. Incluso después de que su marido quedó incapacitado mentalmente, la reina le escribía cartas contando los chismes de la aristocracia, muchos de los cuales se pueden leer en los Archivos Reales.

    6. Sentía mucho amor por los perros

    La reina Carlota tenía predilección por los pomeranos, y se llevó a dos de ellos cuando se mudó desde el ducado de Mecklemburg a Inglaterra. Llamados Phoebe y Mercury, esta pareja original fue capturada más tarde por Thomas Gainsborough en un retrato real. En años posteriores, la reina frecuentemente regalaba perros a sus cortesanos favoritos, manteniendo a sus propios pomeranos a su alrededor en su alcoba y en los actos cortesanos más esplendorosos. Su hijo, el rey Jorge IV, y su hija, la reina Victoria, heredaron su amor por la especie, y esta última incluso comenzó un programa de cría dedicado.

    7. Era adicta al tabaco

    Como se destaca en Bridgerton, la reina Carlota tenía, de hecho, una adicción al tabaco, manteniendo una habitación dedicada llena de tabaco molido en el Castillo de Windsor y acumulando no menos de 90 cajas de rapé en el momento de su muerte en 1818. Según la Royal Collection Trust, la reina utilizó el tabaco como medio para curar sus frecuentes dolores de cabeza, contando entre sus mezclas favoritas una “mezcla de rapee en polvo, almendras amargas, ámbar gris y attarju, que aumentaba con una cucharada de té verde cada mañana”.