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  • El destino de la cabeza de Carlos I, el único rey ejecutado de Inglaterra

    Las profundidades de la Capilla de San Jorge, en el corazón del Castillo de Windsor, conservan los cuerpos embalsamados de un enorme número de personajes de la monarquía británica. Hay decenas de ataúdes de reyes, reinas, príncipes y princesas, pero pocos conocen cómo es realmente cómo luce la cripta real. Y uno de los restos que más intrigas despierta es la cabeza de Carlos I, el único rey decapitado de Inglaterra, que fue enterrada durante una tormenta de nieve, con gran prisa y sin pompas reales, semanas después de su ejecución.

    Carlos I, el rey impopular que desató una inédita Guerra Civil y terminó decapitado

    Carlos I de Inglaterra
    Dibujo de 1888 que muestra el ataúd de Carlos I (izquierda) junto a los de Enrique VIII y su esposa Jane Seymour.

    El rey Carlos I nació en Fife, Escocia, en 1600 y se convirtió en rey en 1625 tras la muerte de su hermano mayor Enrique. El nuevo rey favoreció el retorno de Inglaterra al catolicismo y su esposa, Enriqueta María de Francia, era católica. Después de su sucesión, Carlos I se peleó con el Parlamento, que pretendía limitar sus prerrogativas reales

    El rey creía en el derecho divino de los reyes y pensaba que podía gobernar según su propia conciencia. Muchos de sus súbditos se opusieron a sus políticas, en particular a la recaudación de impuestos sin el consentimiento parlamentario, y percibieron sus acciones como las de un monarca tiránico. Disolvió el parlamento tres veces entre 1625 y 1629 y decidió gobernar solo.

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    Estas antipáticas medidas significaron que Carlos I tuviera que intentar recaudar fondos por medios no parlamentarios, lo que lo hizo impopular entre el público británico. También intentó imponer un nuevo libro de oraciones católico en el país y en enero de 1642 intentó arrestar a cinco diputados por traición. 

    Los parlamentarios huyeron, Carlos I declaró “todos mis pájaros han volado” y se retiró para convertirse en el último monarca en entrar en la Cámara de los Comunes. El resultado fue el estallido de la guerra civil después -la primera en Inglaterra en más de 150 años-, en la que los realistas fueron derrotados. Carlos I posteriormente se rindió a los escoceses y un año después escapó a la Isla de Wight.

    La ejecución de Carlos I, el único rey decapitado en la historia de Inglaterra

    Carlos I de Inglaterra
    El funeral de Carlos I de Inglaterra

    Carlos I fue juzgado por traición por varios parlamentarios, incluido el general parlamentario Oliver Cromwell, que más tarde se convertiría en el regente del país. El rey fue declarado culpable y posteriormente ejecutado frente a Banqueting House, una lujosa edificación que formó parte del palacio real de Whitehall en Londres.   

    El día de su ejecución, el 30 de enero de 1649, Carlos fue trasladado desde su prisión en la Torre de Londres a un andamio improvisado que se había erigido frente a la Banqueting House acompañado por la reina Enriqueta María, y sus dos hijos, ambos menores de edad en ese momento.

    Carlos I apareció ante la multitud con una capa blanca y un sombrero de terciopelo negro, y pronunció un breve discurso en el que expresó su fe en Dios y su creencia de que sería reivindicado en el más allá. Luego se arrodilló y fue decapitado por un verdugo parlamentario llamado William Hewling.

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    La ejecución de Carlos I marcó el fin de la monarquía inglesa tal como se la conoció durante siglos. Su hijo, Carlos II, volvería más tarde al trono tras la Restauración inglesa, pero el panorama político y constitucional de Inglaterra había sido alterado fundamentalmente por los acontecimientos de la Guerra Civil y la ejecución del rey.

    El funeral de Carlos I se celebró inmediatamente después. Una procesión fúnebre llevó el cuerpo envuelto en terciopelo negro desde Whitehall hacia Westminster Hall, donde fue exhibido al público. El servicio estuvo dirigido por el obispo de Gloucester, quien pronunció un panegírico en el que elogió las virtudes del rey y condenó a sus enemigos.

    Carlos I de Inglaterra
    Sátira del momento del hallazgo de los cuerpos de Carlos I y Enrique VIII a principios del siglo XIX.

    El destino de la cabeza de Carlos I

    Una semana más tarde, el cuerpo y la cabeza de Carlos I fueron llevados al Castillo de Windsor en medio de una feroz tormenta de nieve por un pequeño grupo de leales que lo introdujeron en la cripta de la Capilla de San Jorge, a metros de la tumba de la reina Isabel II, fallecida en 2022, y su esposo el príncipe Felipe, enterrado allí en 2021.

    “Cuando entraron en ella para elegir sitio de sepultura”, escribió el historiador Clarendon, “encontraron la capilla tan alterada por las profanaciones y los derribos de los soldados revolucionarios que no pudieron descubrir el sitio donde era costumbre dar sepultura a los monarcas”. A duras penas pudieron encontrar a un vecino de Windsor, el cual les indicó una bóveda donde yacían los cuerpos de Enrique VIII y de su esposa Jane Seymour.

    Lo más cerca posible de esa tumba, depositaron el féretro sin ceremonia ni honores reales. Sobre el féretro colocaron una plancha de lata con las palabras «KING CHARLES. 1649». Como no había ningún monumento que señalara el sitio de sepultura, no fue sino hasta 1813 , por decisión del entonces príncipe regente -Jorge IV- que se encontró el féretro y se exhumó su cuerpo.

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    Después de desprender el lienzo empapado en materia resinosa que sujetaba la cabeza al cuerpo, ésta fue separada y expuesta a la vista de los pocos espectadores de aquella escena. Los músculos y la piel estaban completos; la nariz y uno de los ojos se habían caído mientras el otro ojo se conservaba bien. La barba acabada en punta, el cabello, la cara alargada en forma de óvalo recordaban vivamente a los retratos de aquel desafortunado rey Carlos I. El corte limpio de las vértebras cervicales y los músculos contraídos no dejaron lugar a dudas acerca de la identidad de esos restos.

    De los 42 monarcas que tuvo en Inglaterra desde la conquista de los normandos, en el año 1066, solo dieciséis descansan perpetuamente en la Abadía de Westminster. Otros 10 están en la capilla real de San Jorge, en Windsor, y los demás se hallan dispersos por varias ciudades de Inglaterra. Se dio el caso curioso de que el cuerpo de Ricardo III fue hallado hace una década debajo del estacionamiento de un supermercado.