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  • Así será el gran banquete que ofrecerá el rey Carlos III a Donald Trump en Windsor

    El Castillo de Windsor será el escenario de un evento diplomático sin precedentes del 17 al 19 de septiembre de 2025. El rey Carlos III, acompañado por la reina consorte Camilla, el príncipe de Gales, Guillermo, y la princesa de Gales, Kate, recibirá al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y a la primera dama, Melania Trump, en una segunda visita de estado, un honor nunca antes otorgado a un mandatario estadounidense.

    El banquete, que se celebrará en el imponente Salón de San Jorge, es una demostración de la “relación especial” entre el Reino Unido y Estados Unidos, cuidadosamente orquestada para combinar pompa real con diplomacia moderna. Los preparativos, que comenzaron meses atrás, reflejan el meticuloso protocolo de la Casa de Windsor, adaptado a las circunstancias actuales, ya que el Palacio de Buckingham permanece en renovación hasta 2027.

    Banquete de Estado en Windsor
    El último banquete estatal ofrecido por Carlos III fue en julio, al presidente francés Emmanuel Macron, en el castillo de Windsor.
    Banquete de Estado en Windsor
    El último banquete estatal ofrecido por Carlos III fue en julio, al presidente francés Emmanuel Macron, en el castillo de Windsor.

    Los banquetes de estado son una tradición centenaria, diseñada para impresionar a los invitados con la grandeza de la monarquía. Para esta ocasión, el Palacio de Buckingham ha confirmado que el equipo de protocolo ha estado trabajando en cada detalle, desde la disposición de la mesa hasta el menú, supervisado personalmente por el rey y la reina consorte, Camilla.

    La planificación comenzó tras la invitación formal entregada por el primer ministro Keir Starmer a Trump en febrero de 2025, durante una reunión en la Casa Blanca, donde una carta de Carlos III proponía un encuentro previo en Escocia para afinar detalles. Este gesto, que incluye la posibilidad de una recepción informal en Balmoral o Dumfries House, subraya la importancia que el monarca otorga a esta visita.

    El Salón de San Jorge, con capacidad para 160 invitados, será el epicentro del banquete. Inspirándose en eventos anteriores, como el ofrecido al presidente sudafricano Cyril Ramaphosa en 2022, se espera que la mesa se extienda a lo largo de 50 metros, decorada con el Gran Servicio de Jorge IV, una colección de plata dorada del siglo XIX que incluye 14 soperas, 20 salseras, 140 fuentes, 288 platos llanos, 12 hieleras, 58 puestos de postres y 107 candelabros. Cada comensal dispondrá de 45 centímetros de espacio, con cubiertos y cristalería —seis copas por persona— dispuestos con precisión milimétrica, medidos por el equipo de protocolo. Más de 2.000 piezas de cubertería de plata serán utilizadas, un estándar establecido en la visita de Trump en 2019 al Palacio de Buckingham.

    El menú, aún no revelado, seguirá la tradición de Carlos III de priorizar ingredientes orgánicos y de temporada, reflejando su compromiso con la sostenibilidad. En el banquete de 2022 para Ramaphosa, se sirvió rémol a la parrilla con champiñones silvestres, faisán de Windsor relleno y un postre inspirado en la flor nacional sudafricana. En 2024, para los emperadores de Japón, el chef real ofreció langostinos escoceses, rodaballo de Cornualles, huevos de codorniz y una bomba de helado con sorbete de melocotón, acompañada de petit fours para fomentar la conversación entre invitados.

    Banquete de Estado en Windsor
    Banquete de Estado en Windsor
    Banquete de Estado en Windsor
    Banquete de Estado en Windsor

    Para Trump, se espera un guiño a la cultura estadounidense, posiblemente con carnes de alta calidad o postres como un pastel inspirado en sabores americanos, aunque evitando frutas exóticas como la piña, que Carlos III ha eliminado de sus banquetes para reducir la huella de carbono. La carta de vinos incluirá selecciones exclusivas, como el Domaine Evremond o un Corton-Charlemagne Grand Cru, similares a los servidos en el banquete para Emmanuel Macron en 2025.

    El protocolo es riguroso. Los caballeros deberán usar frac con pajarita blanca, mientras que las damas, incluidas Melania Trump y la princesa de Gales, lucirán vestidos de gala y tiaras, siguiendo la tradición de eventos como el de 2019, donde Melania destacó con un vestido blanco de Dior. La disposición de los asientos será estratégica: Carlos III presidirá la mesa, con Trump a su derecha como invitado de honor, y Melania junto a la reina Camilla. Un equipo de 80 empleados, organizado en 20 grupos de cuatro (un paje, un lacayo, un mayordomo y un mayordomo de vinos), atenderá a los invitados, una práctica estándar en los banquetes de estado. Una orquesta de cuerda tocará durante la cena, y una banda de gaiteros cerrará la velada, como ocurrió en recepciones previas.

    La decoración será un espectáculo en sí misma. En lugar de las piñas que caracterizaban los banquetes de Isabel II, Carlos III optará por flores de los jardines de Windsor y Buckingham, como rosas, peonías y guisantes de olor, dispuestas en jarrones y cuencos junto a candelabros de plata. En 2024, para los emperadores japoneses, se incluyeron arces japoneses como guiño cultural, y para Trump podría haber un arreglo que evoque la bandera estadounidense o símbolos de la alianza transatlántica. La construcción de la mesa comenzará cinco días antes, con la reina Camilla supervisando los detalles finales, una práctica que Isabel II también seguía.

    El protocolo de interacción será estricto, especialmente tras los faux pas de Trump en visitas anteriores. En 2018, caminó delante de Isabel II durante una inspección de la guardia en Windsor, y en 2019 tocó su espalda durante el banquete, gestos que violaron la norma de no tocar a la monarca a menos que ella lo inicie. Para evitar incidentes, Trump recibirá instrucciones claras: no hablar durante el himno británico, mantener discursos breves y evitar gestos físicos no iniciados por el rey.

    ¿Por qué es importante? Este banquete no es solo un despliegue de lujo, sino un acto de diplomacia estratégica. Refuerza la alianza entre el Reino Unido y Estados Unidos en un momento de tensiones geopolíticas, promoviendo acuerdos comerciales y de seguridad post-Brexit. La elección de Windsor, la participación de la princesa de Gales y el énfasis en la sostenibilidad reflejan la evolución de la monarquía bajo Carlos III, equilibrando tradición con modernidad. Para Trump, esta visita consolida su estatura global, mientras que para la Casa de Windsor, es una oportunidad para proyectar influencia y unidad en un mundo polarizado.

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • La historia casi desconocida de “Toria” de Inglaterra, la princesa “desgraciada en amores”

    “Había en la familia real inglesa una princesa soltera de la que se decía, con esa popular frase de la época eduardiana, que había sido ‘desgraciada en amores’. Así es que se convirtió en la clásica tía soltera, y con el tiempo adquirió los atributos de toda solterona clásica, sea princesa o no. Adoraba a la gente joven, los compromisos matrimoniales y las bodas, así como el chisme de cualquier tipo y, sobre todo, el meterse en la vida de los demás”.

    Así presentó en sus memorias el príncipe Cristóbal de Grecia a su prima hermana, la princesa Victoria de Inglaterra, la segunda hija del rey Eduardo VII y la reina Alejandra de Gran Bretaña. La princesa, bautizada como Victoria Alejandra Olga María, nació el 6 de julio de 1868 y, para diferenciarla de su abuela y de su tía, la princesa heredera Victoria de Prusia, fue apodada “Toria”, y así fue llamada durante toda su vida. Sus padrinos de bautizo fueron once, entre los que se encontraba la reina Victoria, el zar de Rusia y la reina Olga de Grecia.

    Toria y sus hermanas, Luisa y Maud pasaron su niñez y adolescencia entre mucha diversión alternada con las visitas a sus primos daneses y griegos y sus tareas escolares, en la finca real de Sandringham, a unos 190 kilómetros de Londres, recibiendo una educación no demasiado buena a cargo de distintos tutores.

    “Madre querida”

    En aquella época, aún no era normal que las niñas estudiaran, y la costumbre popular, dentro de la realeza incluso, era que las mujeres aprendieran a realizar las labores del hogar y se casaran. Sin embargo eso no sucedió con la princesa Toria, que permaneció en el hogar tanto tiempo, en el papel de confidente, acompañante y secretaria de su madre, y nunca vivió, como sus hermanas, los rigores de la vida social.

    Divertida y de humor picante, Toria se hallaba muy sorprendida ante su cuñada May (esposa del futuro rey Jorge V), a quien consideraba enormemente aburrida, pero solía tomarla en broma: “Ahora, trata de hablar con May durante la cena”, le dijo a un invitado con peculiar malicia; y después agregó: “Aunque ya sabe que es terriblemente tediosa”.

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    Toria, joven de cara alargada, delgada e inteligente pero que no había heredado el encanto de su madre, Alix, no tuvo la fortuna de sus hermanas de casarse y tener hijos, lo que sí sucedió con sus hermanas, que se casaron por amor. La princesa no encontró un marido adecuado, y, cumplidos los treinta años, estaba dotada de cierta amargura y tenía tendencia a la crítica, pero la alegría de su madre la había contagiado a ella. Aunque era una princesa, Toria se convirtió en la más simple y sencilla de las hijas de Eduardo VII.

    A medida que sus hermanos fueron casándose y yéndose del hogar real, el control que la posesiva “Madre querida” Alejandra ejerció Toria se volvió aún más estricto, a tal punto que la reina Victoria se quejó: “Si alguien tiene derecho a ofenderse, esa persona soy yo: Victoria y Maud nunca tienen permiso para visitarme, cuando todos mis otros nietos vienen y se quedan conmigo. Creo que es algo muy cruel y, sobre todo, muy egoísta”.

    “Podríamos haber sido tan felices juntos”

    El destino de las princesas solteras de Gales preocupaba enormemente a su abuela y a su tía Vicky (reina de Prusia y empeatriz de Alemania), quien llegó a decir: “No puedo entender que no se hayan casado; serían tan adorables como esposas”. Y en otra ocasión expresó su cariño hacia Toria y Maud expresando que eran tan “elegantes”, “naturales”, “simpáticas”, “alegres” e “inteligentes”. Para cuando Luisa y Maud hubieron contraído matrimonio, Toria era una joven poco agraciada de gruesos párpados y dientes muy espaciados; se veía reprimida socialmente por su madre, que sin quererlo ahogaba a la joven y estorbaba los progresos de sus pretendientes.

    Luisa “fue la primera en casarse, con el conde de Fife, dieciocho años mayor que ella, que había llevado una vida bastante disoluta en sus tiempos y ahora había recibido el título de duque. Él se había consagrado a la administración de su extenso dominio escocés por la época del matrimonio, y Luisa se dedicó a la pesca del salmón y llegó a ser una notable experta en la materia, aunque, en general, no hizo mucho más que eso”. A Toria causó mucha tristeza que su otra hermana, Maud, se fuera a Dinamarca tras casarse con el príncipe Carl (futuro rey Haakon VII de Noruega) y Maud compadecía a Toria por encontrarse a entera disposición de sus padres. Cada vez que regresaba a Copenhague, Maud admitía que le preocupaba dejar “sola de nuevo” a Toria “ya que su vida no es fácil”.

    “La reina Victoria creía que Alix tenía una actitud posesiva hasta el egoísmo, y se quejó de ello a Bertie, quien replicó que sus hijas ‘no mostraban inclinación al matrimonio’ (…) A semejanza de la reina Victoria, Alix deseaba retener en el hogar a una de sus hijas en el papel de acompañante, confidente y ayudante general”, relató el historiador Richard Hough.

    “Toria permanecía junto a Alix, cumpliendo diligencias que no siempre eran necesarias y que Alix a veces olvidaba antes de que su hija hubiese regresado. Había indudable afecto entre la madre y la hija, pero ese régimen implicaba malgastar terriblemente la vida de Toria. Era la más inteligente de las tres niñas y deseaba vivamente casarse y tener hijos. Hubo tres hombres con quienes ella había deseado casarse, pero dos eran plebeyos y fueron excluidos severamente por Alix. El tercero fue Lord Rosebery, un político liberal sumamente rico que durante un breve período desempeñó a la función de primer ministro. Enviudó pronto y habría deseado casarse con Toria. ‘Podríamos haber sido tan felices juntos’, se lamentaba Toria, pero no pudo ser. Años después se convirtió en una mujer irritable y a menudo enferma”.

    Su muerte afectó mucho al rey Jorge V

    Incluso después de la muerte de la reina Alejandra, en 1925, Toria estaba tan abroquelada en sus costumbres que permaneció soltera, muy querida por su hermano Jorge V y sus sobrinos, pero solitaria y recluida tras los muros emocionales que ella no había levantado.

    “Aunt Toria”, escribió el duque de Windsor, “había dedicado toda su vida a su madre, tal vez sacrificando la propia. Si lo lamentaba, se lo callaba, y siempre nos animaba a divertirnos”. El rey ayudó a su hermana acomodándola en una austera finca en Iver, cerca del castillo de Windsor, donde vivió discretamente, cuidando de su jardín, escuchando música y paseando hasta el pueblo y manteniendo una relación amigables con los comerciantes y los aldeanos.

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    Siempre había existido un afecto espontáneo y un humor sincero entre Toria y el rey Jorge, que solía partirse de risa recordando una graciosa anécdota que le contaba una y otra vez la princesa Toria: llamando ella por teléfono al palacio de Buckingham preguntó “¿Eres tú, viejo tonto?”. La operadora del palacio todavía no había logrado conectarla a la línea del rey y respondió maquinariamente: “No, su alteza real, su majestad aún no está al teléfono”. Durante muchos años el rey comenzaba su día a las 9.30 de la mañana llamándola por teléfono y ambos compartían las novedades.

    Acostumbrado a ello, el silencio que siguió a su muerte fue abrumador para el viejo Jorge. Para cuando murió la princesa Luisa, en 1931, Victoria no era sólo la hermana favorita del rey Jorge, sino también su mejor amiga. El 3 de diciembre de 1935 le informaron al rey que su hermana había fallecido en su residencia de Buckinghamshire y esa tarde no pudo presidir la solemne apertura del Parlamento. “La pena de mi padre fue tan grande que no pudo avenirse a dejarse ver por las muchedumbres londinenses y tuvo que suspenderse la ceremonia oficial. Ya no volvió a aparecer en público…”.

    Victoria, la última princesa de ese nombre en la monarquía inglesa, fue sepultada en el Cementerio Real de Frogmore, en el Gran Parque, a unos 800 metros del castillo de Windsor. “Cómo la echaré de menos… –anotó el rey Jorge en su diario— extrañaré muchísimo nuestras charlas diarias por teléfono”.

    Darío Silva D’Andrea

  • El futuro título de Carlota de Cambridge dependerá de su padre y de la princesa Ana

    Su hermano mayor previsiblemente será Príncipe de Gales y luego Rey, mientras su hermano menor podría ser un Duque. ¿Qué sucederá con ella?

    La princesa Carlota de Cambridge, de cinco años, es actualmente la cuarta en la línea sucesoria al trono británico detrás de su hermano, el príncipe Jorge, de siete, su padre Guillermo, de 38, y su abuelo Carlos, de 71. El estatus real de Carlota podría cambiar en un futuro no muy cercano, pero los genealogistas y expertos en títulos de la realeza británica opinan que todo dependerá tanto de su padre, en el momento en que sea coronado rey, como de su tía abuela, la princesa Ana.

    Carlota de Cambridge comenzará a alejarse de los primeros puestos en la sucesión al trono a medida que su hermano mayor tenga hijos en el futuro. Si bien es poco probable que la princesa sea una miembro “senior” de la Casa de Windsor, debido a que su abuelo y su padre abogan con una familia real más reducida en términos oficiales, existe la posibilidad de que pueda asumir un nuevo e importante: como hija mayor de un rey, Carlota podría ser titulada “Princesa Real”, honor que ahora detenta la princesa Ana, de 70 años.

    Isabel le otorgó el estilo a su única hija Ana en junio de 1987 el título de Princess Royal, que es el mayor honor que se le puede otorgar a una mujer de la Familia Real. El título lo ostentaba anteriormente la tía de la reina, la princesa María, quien fue nombrada Princesa Real por su padre en 1932 y llevó ese título hasta su muerte, en 1965. La princesa Ana tendrá el título de Princesa Real de por vida y seguirá siéndolo después de que Isabel II fallezca, más allá del cambio de monarca.

    El título al que Carlota es candidata solo se puede otorgar a ella en el caso de la muerte de la princesa Ana, pero no lo heredará automáticamente. En el futuro, cuando el príncipe Guillermo se convierta en rey, y una vez que el título de Princesa Real esté vacante por el fallecimiento de Ana, entonces tendrá el poder de elegir si convierte o no a Carlota en la próxima princesa real.

    La princesa Ana es la séptima princesa real en la historia británica. Este título nació cuando la reina Enriqueta María de Borbón (1609 a 1669), hija de Enrique IV, rey de Francia, y esposa del rey Carlos I de Inglaterra (1600 a 1649), quiso imitar la forma en que la hija mayor del rey de Francia era llamada “Madame Royale”. María (nacida en 1631), hija de Enriqueta María y Carlos, se convirtió en la primera Princesa Real en 1642.

    Ana, princesa de Orange por matrimonio e hija de Jorge II (1709-1759) y Carlota, reina consorte de Württemberg (1766-1828), hija de Jorge III fueron las siguientes Princesas Reales. María (más tarde la reina María II de Inglaterra), hija mayor de Jacobo II y Sofía Dorotea (1687-1757), hija única del rey Jorge I, fueron elegibles para obtener este título, pero no lo recibieron.

    La hija mayor de la reina Victoria “Vicky” fue nombrada Princesa Real en el momento de su nacimiento, en 1840, y se convirtió en esposa del futuro emperador Federico III de Alemania. Una vez en Prusia, fue conocida como la Princesa Federico y, más tarde, como la Emperatriz Federico. Su sucesora en el título fue su sobrina, la princesa Luisa (1867-1931), hija de Eduardo VII, que no destacó más que por llevar una vida apacible en la finca escocesa de su marido, el duque de Fife. María (1897-1965), hija de Jorge V, fue muy popular por su acción como enfermera durante la Primera Guerra Mundial.

    El título no le pertenece a nadie por derecho y tampoco es hereditario, sino que se da completamente a discreción del soberano, por lo cual dependerá completamente de Guillermo. Tradicionalmente, en el siglo XX los monarcas han otorgado este título a sus hijos como compensación por sus servicios a la Corona. El título es vitalicio, incluso si el titular sobrevive a su padre, el monarca, pero la muerte de una Princesa Real, no pasa a nadie sino que “retorna” a la Corona.

    El experto real Duncan Larcombe dijo explicó: “El título de Princesa Real se otorga tradicionalmente a la hija mayor del monarca. Es un título que permanece de por vida, por lo que la Princesa Carlota tendrá que esperar al menos hasta la muerte de la actual Princesa Real. La princesa Ana tuvo que esperar hasta 1987 antes de que su madre, la reina, le concediera el título de princesa real, a pesar de que el título había estado vacante desde 1965”.

    Si bien la princesa Carlota es todavía demasiado joven para considerar las implicaciones de tener el título de Princesa Real, según Larcombe, implica un estricto código de conducta, especialmente en lo que respecta a las citas. “Bajo la antigua ley británica, cualquier hombre que se acueste con la Princesa Real antes de casarse es culpable de alta traición, ¡castigado con la ejecución! Quizás sea mejor que los futuros novios de la princesa Carlota estén atentos. Como mínimo, es probable que Wills y Kate esperen hasta que Carlota se case antes de darle el título”, agregó.