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  • Quién es quién en la realeza: Sir Timothy Laurence, el discreto consorte de la princesa Ana

    El vicealmirante Timothy Laurence, de 67 años, sí necesita presentación. Su figura pasó inadvertida incluso para las multitudes que lo vieron pasar en un carruaje durante el jubileo de platino de Isabel II.

    Casi nadie sabe quién es este caballero discreto y silencioso que conduce su propio automóvil, no tiene un cuerpo de seguridad y viste sencillamente. Y eso a pesar de ser el yerno de la reina de Inglaterra.

    Alto, de espalda recta y con cierto aire de autoridad, producto de su larga carrera en la Marina Británica, Tim es el segundo esposo de la princesa Ana de Inglaterra. Conoció a su futura esposa estando al servicio de su futura suegra, Isabel II, y hoy su matrimonio dura veinticinco años. La pareja superó muchísimos titulares de la prensa que indicaban que ya no se amaban, que se llevaban mal y que Ana lo despreciaba.

    Cuando Tim conoció a Ana, ella era una mujer casada con el padre de sus dos hijos, el capitán Mark Phillips. Al parecer fue un flechazo instantáneo. Ana ya estaba cansada de lo que se consideraba “un matrimonio falso y de ficción” con el engreído y mujeriego Phillips, sobre quien los tabloides esparcían rumores -bastante creíbles- sobre aventuras amorosas extramatrimoniales.

    La tormenta llegó en 1989, justo cuando también llovían los rumores sobre el matrimonio de pesadilla formado por Carlos -hermano mayor de Ana- y la princesa Diana de Gales. La prensa amarillista británica contó y retrató el romance que Mark Phillips mantuvo con una mujer neozelandesa llamada Heather Tonkin. Aseguraban que el capitán le pagó 80.000 dólares anuales, durante cinco años, para que callara la existencia de una hija suya.

    Los rumores resultaron ser la verdad absoluta, aunque jamás se comprobó la versión de que el policía Peter Cross fuera el amante de la desdichada princesa Ana. Lo que sí pudo comprobarse es que la princesa mantenía un fogoso, muy fogoso, romance con el comandante Laurence, uno de los ayudantes más cercanos, fieles y queridos de la reina.

    La bomba estalló ese mismo año de 1989, cuando la prensa publicó una serie de cartas de amor que se intercambiaban Tim y la princesa, cinco años mayor que su amigo secreto. Las misivas, que abundaban en frases románticas, habían aparecido en una redacción de prensa después de haber desaparecido misteriosamente de las habitaciones de la princesa en el palacio de Buckingham.

    La princesa Ana era todo un personaje en la monarquía británica: no era bonita ni era amable, como era de esperarse en una princesa. Todo lo contrario: según su padre, solo le interesaban los caballos, el gran amor de su vida. Tenía un lado humano, ya que era una gran activista por los derechos de los niños, pero detestaba la publicidad y odiaba a la prensa, cosa que no ayudaba en nada a mejorar su imagen.

    Pero Tim amaba a Ana como era. Tras la sentencia de divorcio, el comandante de la Marina, que comandó cuatro buques de guerra, llevó a cabo la misión más importante de su vida: pedirle a la reina la mano de su hija. Todos felices, excepto una persona: la abuela de Ana, la implacable reina madre, para la cual la palabra “divorcio” era un tabú, una mancha imperdonable.

    El 12 de diciembre de 1992, cuando todavía no se apagaba el estruendo mundial provocado por la separación de los príncipes de Gales, la princesa Ana se casó en Escocia. Eligió las Highlands escocesas porque la Iglesia de Escocia, a diferencia de la de Inglaterra, no bendecía el matrimonio de personas divorciadas. Al igual que la reina madre, que amenazó con no ir a la boda…

    Mientras millones de personas de todo el mundo vieron su primera boda a través de la televisión, en 1973, la segunda boda de Ana no llamó la atención de nadie. Apenas unos fotógrafos retrataron a la princesa con un vestido usado y unos zapatos viejos conduciendo su propio automóvil al salir de la capilla donde se casó con Tim. No había carruajes, desfiles, ni multitudes ni protocolo alguno.

    Aunque casado con la hija de la reina, la vida de Tim Laurence, que no recibió ningún título de nobleza, no cambió mucho. La princesa Ana y el discreto consorte alquilaron un departamento en el Dolphin Square de Londres, más tarde se mudaron a Gatcombe Park y finalmente se acomodaron en un apartamento del palacio real de St James. No tuvieron hijos, y apenas se ha escuchado hablar de Tim en los últimos 25 años.

    Tim Laurence siguió yendo a pie a su oficina en el Ministerio de Defensa o a veces en su propio automóvil, aunque se comenta que su entrada a la familia no fue fácil, especialmente a causa del trato de la reina madre y de otros miembros de la Casa de Windsor, donde muchos años después todavía no era aceptado. Incluso por los hijos de Ana, Peter y Zara Phillips, y la prensa, que lo tachaba de “mantenido real”.

    Brian Hoey, escritor y periodista británico, afirma en su libro sobre la Casa de Windsor que el almirante Laurence tampoco muy querido por parte del personal del Palacio de Buckingham: “Es considerado como un hombre con ideas previamente formadas y con actitudes que no se encuentran entre los nacidos en la realeza”, escribe.

    Por esos años, la prensa volvía a acechar a la princesa Ana con especulaciones sobre su matrimonio: que no vivían juntos, que no se hablan, que apenas se ven en compromisos oficiales. “La verdad es que raramente se ven. Ya no están enamorados y depositan sus energías en el trabajo”, publicó el sensacionalista “Daily Express”.

    En privado, pese a los comentarios, la vida de Ana y Tim sigue tranquila y sin cambios. En diciembre alcanzaron los 29 años de matrimonio, un récord bastante notable entre las turbulentas generaciones jóvenes de la Casa de Windsor. La pareja sigue llevando un estilo de vida simple y quizás su mayor lujo es el yate que tienen atracado en Loch Craignish, Escocia, donde pueden hacer lo que más les gusta: escapar del mundo.

  • Quién es quién en la realeza: el duque de Kent, un octogenario que se niega a jubilarse

    El primo de la reina, nació el 9 de octubre de 1935 y se convirtió en duque a los 6 años, al morir su padre en un accidente de aviación. Isabel II siente una gran admiración y respeto por él.

    Primo hermano de la reina Isabel II, el duque de Kent nació el 9 de octubre de 1935 en la casa de su familia en el número 3 de Belgrave Square, Londres. El secretario del Interior, Sir John Simon, estuvo presente para verificar el nacimiento, como era tradición en la monarquía inglesa desde finales del siglo XVII.

    El niño, nieto del rey Jorge V, fue bautizado en la Capilla Privada del Palacio de Buckingham el 20 de noviembre de 1935 por el arzobispo de Canterbury Cosmo Lang, y sus padrinos fueron sus abuelos paternos Jorge V y la reina María, su abuelo materno, el príncipe Nicolás de Grecia; su tío el Príncipe de Gales ; su tía la princesa María; su tío bisabuelo el duque de Connaught (hijo de la reina Victoria); y su tía bisabuela la princesa Luisa, duquesa de Argyll (también hija de Victoria).

    El padre del príncipe Eduardo fue el príncipe Jorge, duque de Kent (1902-1942) y su madre fue la princesa Marina, hija del príncipe Nicolás de Grecia y de la gran duquesa Elena Vladimirovna de Rusia, lo cual es descendiente de los reyes de Grecia y Dinamarca y de los zares de Rusia. La familia de los duques de Kent se amplió un año más tarde, con el nacimiento de la princesa Alejandra, y en 1942 nació el último hijo, el príncipe Miguel. En 1942, su padre, el príncipe George, entonces duque de Kent, murió en un accidente aéreo durante la guerra cerca de Caithness en Escocia mientras estaba en servicio activo. Fue entonces cuando el príncipe Eduardo, de 6 años de edad, heredó los títulos de duque de Kent, conde de St. Andrews y Barón Downmpatrick.

    El duque fue a la escuela preparatoria Ludgrove en Berkshire (a la que más tarde también asistió el príncipe Harry) y luego pasó a estudiar en Eton, donde le gustaba remar. Su madre, la duquesa viuda de Kent, perdió su asignación oficial y debió mudarse al campo con sus tres hijos, donde fueron criados de forma muy simple. La princesa Marina quedó sumergida en una pobreza refinada, pero continuó con su trabajo como Comandante del Servicio Naval Real de Mujeres, o Wrens, hasta su muerte en 1968. Los únicos lujos que la familia podía darse eran los que compraban con el dinero que la abuela, la reina María, enviaba a sus nietos de sus fondos privados. Posteriormente, el joven pasó a estudiar en Le Rosey en Suiza, donde fue capitán del equipo de esquí de regimiento en los campeonatos del Ejército.

    Cuando su tío, el rey Jorge VI, murió en 1952, el duque de Kent caminó en la procesión detrás del ataúd del monarca durante el funeral de estado. Un año después, en 1953, asistió a la coronación de su prima, la reina Isabel II, y por tener el rango de Duque real durante el servicio de coronación hizo una promesa de lealtad al soberano, después del príncipe Felipe y de su tío, el duque de Gloucester. Ese año, el joven duque acompañó a la princesa Marina en una gira de un mes por el Lejano Oriente y posteriormente se unió a la Royal Military Academy Sandhurst en Surrey, donde ganó el premio Sir James Moncrieff Grierson de idiomas extranjeros y se graduó como intérprete de francés.

    En 1961, el duque de Kent se comprometió con la señorita Katharine Worsley, una joven maestra hija de una familia burguesa que conoció a su novio mientras él tenía su base en la base del ejército de Catterick Camp en Yorkshire. Una espectacular boda se celebró en la ciudad de York el 8 de junio del mismo año en presencia de toda la familia real británica y representantes de otras monarquías, como el príncipe heredero Harald de Noruega, la princesa heredera Margarita de Dinamarca, Irene de Holanda, el heredero del trono griego, Constantino, con su hermana Sofía, la reina viuda Victoria Eugenia de España con su hijo, don Juan, y su nieto Juan Carlos, la reina madre Helena de Rumania, entre otros.

    Sir Richard Buckley, quien fue secretario privado del Príncipe Eduardo durante 28 años, recuerda a Katharine como “una novia de cuento de hadas”.

    Los Kent se establecieron en Anmer Hall en Sandringham Estate de la reina, ahora hogar del duque y la duquesa de Cambridge, que era el lugar ideal para criar a sus hijos tres hijos (George, conde de St Andrews, Lady Helen y Lord Nicholas). Sir Richard describió al duque como un padre “devoto” y, en su ancianidad, sigue siendo un hombre de familia comprometido y, como fotógrafo entusiasta, disfruta fotografiándolos a todos juntos.

    En años reciente, sin embargo, hubo informes que indicaban que la duquesa podía ser agorafobia y que estaban sufriendo problemas maritales, ninguno de los cuales fue comprobado. Sir Richard Buckley fue testigo de la influencia positiva de Katherine sobre su esposo, quien, cuando asumió sus cargos reales en el extranjero, era bastante tímido. Katharine, que era “una duquesa muy moderna y una gran fan de Pink Floyd”, le dio confianza al príncipe Eduardo. Actualmente el duque, que prefiere ser conocido como “Príncipe Eduardo”, aún es patrocinador, presidente o miembro activo de más de 100 organizaciones benéficas y organizaciones.

    Actualmente, los duques viven en Wren House, una casa ubicada dentro del palacio londinense de Kensington, y en Oxfordshire. El duque cuenta la música y la ópera; ingeniería, innovación y ciencia; e historia militar entre sus intereses. A la vez, mantiene estrechos vínculos con el ejército en la actualidad y tiene varios nombramientos de alto nivel y visita sus regimientos con regularidad. También realizó varias visitas tanto a Irak como a Afganistán para visitar sus regimientos cuando estaban involucrados en operaciones de combate en esas regiones.

    Según Sir Richard, el duque “nunca pierde los estribos ni se enoja”, tiene buen ojo para los detalles y una memoria excelente, a menudo recuerda los nombres de las personas a las que solo vio una vez. La reina, que eligió al duque de Kent como compañero en el desfile de su cumpleaños cuando su esposo no pudo estar, siente una gran admiración y respeto por su primo.

  • Quién es quién en la realeza: Nicolás, el príncipe top model de Dinamarca

    El príncipe Nicolás, o Nikolai de Dinamarca, de 21 años, es un hombre codiciado en el mundo de la moda. Desde su aparición en las pasarelas en 2018, ha participado en numerosos desfiles de moda importantes y ha aparecido en varias portadas, dejando en claro que quiere manejar su vida de forma independiente al derecho de cuna.

    En la edición de noviembre de la revista Vogue Checoslovaquia, que por primera vez retrató a un hombre en la portada, se lo presenta como: “Es nieto de la reina Margarita II, y gana su dinero como modelo junto con sus estudios. Su abuela ilustra libros y diseña ropa”.

    Independientemente de los antecedentes familiares, la determinación, la ruptura de estereotipos y la capacidad de seguir su propio camino se encuentran entre los valores más importantes”, escribe la revista de moda.

    “Es el prototipo del modelo perfecto para hombre. Tiene hermosos rasgos característicos y una capacidad para encajar en varios contextos diferentes sin necesariamente robar la atención de la ropa”, dijo Frederik Lentz Andersen, ex editor de moda de la revistaEuroman.

    Moderniza la casa real

    Nicolás, nacido en 1999, es el primer hijo del príncipe Joaquín de Dinamarca y de su primera esposa, Alejandra Manley, condesa de Frederiksborg. Además es el primer nieto de la reina Margarita y 7° en la sucesión al trono. Pero a los 19 años abandonó la Escuela de Sargentos del Ejército para centrarse en su carrera como modelo.

    En palabras del corresponsal de la corte del diario Billed-Bladet Ulrik Ulriksen, el príncipe muestra con su elección de carrera que es “un joven que quiere valerse por sí mismo”.

    “Es admirable y definitivamente algo que los daneses respetan. El príncipe Nicolás está ayudando a modernizar la casa real con su carrera como modelo. Eso es bueno”, dijo Ulriksen, quien admite que probablemente haya algunos que no piensen que un miembro de la familia real deba aparecer en revistas de moda y desfilar en pasarelas.

    Sin embargo, eso no cambia el hecho de que su elección de carrera se refleja positivamente en sus generosos orígenes: “Es una buena publicidad para la casa real, porque el príncipe es muy selectivo en sus deberes. Por ejemplo, acepta encargos para Vogue, que pertenece a la superliga absoluta de la industria de la moda. Hay un estilo real en su trabajo”, dice el experto.

    “Por supuesto que Nicolás empuja algunos límites, pero no es del todo salvaje, como sería, por ejemplo, si de repente saltara como cantante pop”, agregó Ulriksen. “Tanto su padre como su madre confían mucho en su hijo, quien a través de su trabajo de modelo puede manejarse a sí mismo de una manera bastante impresionante a una edad temprana”.

    El príncipe Joaquín dijo que está orgulloso de que su hijo haya tomado una decisión adulta y valiente, a pesar de que va en contra de la generosa corriente. “Nicolás el primer nieto de la reina, y tal vez al principio hubo gran atención en él. Pero se le debe permitir que se convierta en un ciudadano danés lo más normal posible”, dijo sobre su hijo.

    En una entrevista concedida en 2019, el príncipe Joaquín defendió a su hijo de las críticas: “Creo que fue una decisión muy adulta y madura la que tomó”. “Atreverse a lidiar con él mismo y con los daneses, y menos con la familia, incluso con las expectativas de su padre, es algo muy valiente de su parte”, afirmó.

    Si el príncipe Nicolás elige dedicarse al modelaje tiene la oportunidad de crear una carrera duradera, afirmó Frederik Lentz Andersen. “No te cansas de mirarlo, como lo haces con otros modelos con rasgos más distintivos, como lo tenía yo, por ejemplo, con mis dientes torcidos, postura erizada y melena hasta el cuello. Luego hay un final para la carrera una vez que haya realizado una cierta cantidad de tareas. Pero ese no es el caso del príncipe Nicolás. Es el tipo de modelo que puede tener una larga carrera”, dice.

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    Andersen ve mucho potencial en el nieto de la reina Margarita: Si quisiera, podría llegar a estar entre los tres o cinco modelos masculinos más grandes del mundo, pero dudo que lo consiga. Proviene de una familia bastante ambiciosa y probablemente tendrá una educación académica en algún momento”. Hasta el momento, el príncipe ha tenido trabajo para, entre otras, las casas de moda Burberry y Dior y, por lo tanto, apareció en varias revistas de moda importantes, incluida British Vogue en 2018.

    QUIÉN ES EL PRÍNCIPE NICOLÁS. Bautizado como Nikolai William Alexander Frederik, príncipe de Dinamarca y conde de Monpezat, nació el 28 de agosto de 1999 en el Rigshospitalet en Copenhague. Hijo del príncipe Joaquín (1969) y la condesa Alexandra de Frederiksborg (1965), es el nieto mayor de la reina Margarita II y del fallecido príncipe consorte Enrique. Comenzó en 2018 en la Escuela de Sargentos del Ejército en Varde, pero se retiró después de unos meses. Actualmente trabaja como modelo y estudia en Copenhagen Business School. Ha desfilado por las pasarelas de Burberry y Dior en Londres, París y Tokio y ha sido portada de revistas de moda en Reino Unido, Ucrania y Holanda.

  • Quién es quién en la realeza: Tatiana de Liechtenstein, la princesa que pudo ser la “reina” de Felipe VI

    Pertenece a una de las familias reales más ilustres de Europa y su nombre apareció en la lista de candidatas “ideales” a ser reinas consorte de España.

    En los años 90, cuando el príncipe don Felipe de Borbón dejó de ser un adolescente para convertirse en el soltero de oro de la realeza europea, la prensa ‘del corazón’ comenzó a relacionarlo con varias jóvenes, pero también la prensa ‘monárquica’ se interesó en los asuntos sentimentales del heredero del trono español. Los entusiastas de una boda de sangre azul comenzaron a hacer listas de princesas hermosas, solteras y católicas de toda Europa que preferirían ver convertidas en princesas de Asturias y, más tarde, reinas de España. Por entonces, las revistas hablaban de las novias ‘oficiales’ de Felipe, como Victoria Carvajal, Isabel Sartorius, Gigi Howard y la modelo noruega Eva Sannum.

    El futuro Felipe VI no pareció interesado en un matrimonio dinástico y su matrimonio en 2004 con la periodista Letizia Ortiz dejó claro que siempre había buscado priorizar el amor por sobre la razón de Estado, al contrario de lo sucedido con sus padres, abuelos y ancestros. Los españoles, sin embargo, nunca olvidaron a Tatiana de Liechtenstein, la hija de los tremendamente ricos soberanos del pequeño principado: rubia, bella y católica, parecía la esposa ideal para el heredero más atractivo de su tiempo. Competía con otros nombres, como Marta Luisa de Noruega, Victoria de Suecia (imposible) y Sophie Ullens de Schooten Whettnall, descendiente de la realeza sueca.

    Princesa de Liechtenstein y condesa de Rietberg, nacida en 10 de abril de 1973, Tatiana es la única hija mujer del príncipe Hans Adam II de Liechtenstein y la condesa Marie Kinsky von Wchinitz und Tettau y era nieta del entonces príncipe soberano Francisco José. Conoció al príncipe de Asturias en los años 90, cuando ella estudiaba en Madrid y se los vio juntos en numerosos eventos de la realeza. En 1995 Tatiana asistió al enlace de la infanta Elena en Sevilla y ese año la revista ¡Hola!, famosa por sus conocimientos sobre la realeza, hablaba del “inminente” anuncio de compromiso entre Tatiana y Felipe y, posteriormente, en de la infanta Cristina con Felipe de Bélgica.

    Una persona cercana dijo en una entrevista: “El Príncipe se casará muy pronto con una persona que será del gusto de todos”. “Todo apunta a Tatiana de Liechtenstein como futura Princesa de Asturias. Se habla de un próximo compromiso con el príncipe Felipe”; “La princesa reúne los requisitos que las circunstancias requiere”, decían otros titulares de la prensa. Ese mismo año, un importante diario madrileño informaba de los rumores:

    “Tatiana reside desde hace dos años en Madrid, donde estudia segundo curso de dirección de empresa en la European Business School, un centro privado en la zona residencial de Mirasierra, mientras perfecciona su castellano, lengua que domina al igual que el alemán, el inglés y el francés. Durante su primer año en la capital española residió en casa de una amiga, en un céntrico barrio madrileño, pero en la actualidad vive en un apartamento. Los fines de semana se suele desplazar a la finca que el marqués de Mariño, padre de Isabel Sartorius, y su tía Nora de Liechtenstein poseen en Peraleda de la Mata, en la provincia de Cáceres. Poco tiempo después de residir en España, la princesa comenzó a cooperar con una congregación misionera internacional que ayuda a las personas necesitadas”.

    Pero nada de esto sucedió y los tres hijos de Juan Carlos I y Sofía terminarían casándose por amor. El 5 de junio de 1999, llegó el turno de Tatiana, cuando se casó en la Catedral de San Florián, Vaduz, con el barón Matthias Philipp von Lattorff, hijo del barón Georg von Lattorff y de la condesa húngara Julia Batthyány. Inmediatamente, el matrimonio tuvo una sucesión de hijos e hijas que no tienen derecho de sucesión al trono de Liechtenstein, monarquía en la que rige la Ley Sálica. Ellos son Lukas, Elisabeth, María Teresa, Camilla, Anna Pia, Sophie y Maximilian. La enorme familia vive muy discretamente en Goldgeben, a muy pocos kilómetros de Viena, y suele aparecer en el Principado cada mes de agosto, con motivo de la Fiesta Nacional.

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