La muerte del rey Jorge VI, la noche del 6 de febrero de 1952, hace 72 años, cayó como un rayo en la familia real británica. El monarca era relativamente joven, tenía 56 años, y aunque había padecido problemas cardíacos y un cáncer de pulmón, no se esperaba que falleciera de repente, mientras dormía en la finca real de Sandringham.
La inesperada muerte del rey Jorge VI llevó al trono a su hija mayor, la reina Isabel II, una joven madre de 25 años que se encontraba de viaje en Kenia. La nueva monarca tuvo que suspender la gira africana y regresar a Londres apresuradamente para ser coronada. La reina, su madre la reina madre Isabel y su hermana, la princesa Margarita, quedaron devastadas.

En busca de respuestas ante la tragedia, la reina madre Isabel intentó comunicarse con su difunto marido con la ayuda de una “médium” llamada Lilian Bailey, quien afirmaba que su espíritu guía era un hombre llamado William Hedley Wootton, un capitán de la Guardia de Granaderos muerto en la Primera Guerra Mundial.
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“Sus mensajes desde ‘el otro lado’ ocuparon un lugar destacado en una larga carrera que convirtió a la señora Bailey en una mujer rica. Sin embargo, la verdad es que nunca existió tal soldado”, escribió el historiador Christopher Wilson. La medium “no era más que una mentirosa y un fraude: una manipuladora cínica que se había abierto paso con engaños hasta llegar al círculo real más íntimo”.

Gracias a sus conexiones, Lilian Bailey consiguió llegar hasta Lionel Logue, el logopeda australiano que ayudó a curar de su tartamudez crónica al rey Jorge VI. El médico le dio acceso exclusivo al rey y a su esposa, que cuando se convirtió en viuda acudió en su ayuda para contactar con su marido.
La sesión espiritista en la que la reina Isabel II y su madre intentaron hablar con el espíritu del rey
En 1953, la falsa médium organizó una sesión espiritista a la que asistieron la reina madre, la reina Isabel II y el príncipe Felipe. Junto a ellos estaba Marina, duquesa de Kent, quien todavía lloraba la muerte de su marido, el príncipe Jorge, fallecido en un accidente de aviación en 1942. Acudió en compañía de su hija la princesa Alejandra.

Según Wilson, la reina madre estaba “especialmente ansiosa por establecer una conexión con su marido” mientras que la duquesa Marina “estaba igualmente interesada en ponerse en contacto con su propio marido” y por eso acudieron a los servicios de Lilian Bailey, elogiada por las clases altas por sus “poderes psíquicos”.
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Según el historiador, no era la primera vez que los miembros de la familia real británica acudían a las sesiones de espiritismo en busca de ayuda o consuelo. “Muchos miembros de la Familia Real habían incursionado en el espiritismo en tiempos recientes y afirmaban haber sentido sus beneficios”, relató.

Wilson contó los casos de la princesa María Luisa (nieta de la reina Victoria), que recibía ayuda del sanador espiritual Harry Edwards, y de Lady Zia Wernher, emparentada con el príncipe Felipe, quien “acudió a un curandero para que la ayudara a desterrar sus ‘ruidos en la cabeza’”
Antes la reina Isabel II, el príncipe Felipe y los otros miembros de la familia, Lilian Bailey entró en trance para convocar seres del mundo de los espíritus. Nadie sabe el contenido de los mensajes que recibió del Más Allá, pero la extraordinaria sesión le proporcionó instantáneamente un sello de aprobación real que ayudó a apuntalar su lucrativa carrera.
Según Wilson, “si bien la sesión sin duda tuvo un efecto terapéutico en quienes buscaban consuelo en circunstancias tan infelices, todo se basó en una invención cínica”.
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“La ambición desmesurada, la capacidad de mentir y engañar (más ese sello de aprobación real) habían cambiado su vida sin medida. Al evocar el espíritu de un rey muerto, Lilian Bailey diría que sólo estaba prestando un valioso servicio”, escribió.
La reina madre quedó tan cautivada con lo que escuchó esa noche que organizó más reuniones con la médium. El asunto fue tan grave que incluso el primer ministro Winston Churchill se refirió al apego de la viuda con la espiritista.
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