En una mañana de 1962, en los aposentos privados del Palacio de Kensington, el fotógrafo Antony Armstrong-Jones, conocido como Lord Snowdon, ajustó su cámara con la precisión de un artista consumado. Frente a él, en una bañera sencilla, sin los grifos dorados ni las toallas lujosamente bordadas que la imaginación popular podría suponer, estaba su esposa la princesa Margarita (1930-2002), hermana menor de la reina Isabel II. Sobre su cabeza, relucía la tiara Poltimore, una joya de diamantes elaborada por Garrard en 1870, que había comprado ella misma para su boda dos años antes.
No había espuma densa cubriendo el cuerpo de la princesa, como más tarde recrearía la serie The Crown para suavizar la escena. La princesa, con su característica audacia, tenía entonces 32 años y posó con una naturalidad que desafiaba la rigidez de la época. Snowdon, sentado en el inodoro para lograr el ángulo perfecto, disparó el obturador, capturando una imagen que se convertiría en una de las más icónicas y controvertidas de la realeza del siglo XX.

La fotografía, según relata Anne de Courcy en su biografía Snowdon: The Biography (2008), fue tomada en un momento en que la pareja aún destilaba un “extraordinario magnetismo sexual”. “Ambos tenían un carisma que eclipsaba incluso a la reina”, escribe de Courcy, subrayando cómo Margarita y Snowdon encarnaban la modernidad en una monarquía anclada en la tradición. La imagen no fue tomada durante un viaje a Estados Unidos, como erróneamente sugiere The Crown, sino en la intimidad de su hogar en Londres, en un apartamento que, según The Independent, era un “refugio para la bohemia” donde la pareja acogía a artistas y desafiaba las normas palaciegas.
La tiara Poltimore, con su diseño de motivos vegetales y diamantes que parecían flotar sobre la cabeza, no era una joya de la colección real, sino una elección personal de Margarita. La princesa la adquirió por 5.500 libras en una subasta, un gesto de independencia en una era en que las royals rara vez compraban sus propias joyas. La fotografía, que no se hizo pública hasta 2006, cuando la familia de Margarita decidió divulgarla antes de retirar su circulación en 2017, provocó un revuelo inmediato.

La prensa británica describió la imagen como “un destello de la rebeldía de Margarita”, destacando cómo la princesa, conocida por su gusto por el whisky, el tabaco y los night-clubs de Mayfair, desafiaba la imagen de decoro esperada de una royal. La publicación de la foto, según el mismo diario, fue vista como un intento de la familia de capitalizar el legado de Margarita tras su muerte en febrero 2002, aunque su rápida retirada sugiere que el escándalo superó las expectativas.
En su libro Princess Margaret: A Life of Contrasts (2000), el historiador real Christopher Warwick contextualiza la imagen como parte del carácter de Margarita, una mujer que “ansiaba escapar de la jaula dorada de la realeza”. Warwick señala que la fotografía reflejaba su deseo de ser vista como una figura moderna, no solo como la hermana de la reina. “Margarita era una pianista talentosa, una amante del arte y una mujer que no temía coquetear con la libertad”, escribe.

Sin embargo, la imagen también expuso las tensiones de su matrimonio con Snowdon. Aunque en 1962 la pareja aún vivía una etapa de complicidad, de Courcy relata que Snowdon, un fotógrafo de renombre que retrató a figuras como David Bowie y Salvador Dalí, comenzaba a resentir el protocolo real. La fotografía, en este sentido, fue tanto un acto de intimidad como un desafío mutuo: Margarita posando sin reservas, y Snowdon capturándola con la audacia de un artista que no se doblegaba ante la Corona.
La prensa británica, siempre ávida de escándalos, no tuvo acceso a la imagen en su momento, pero cuando emergió décadas después, el diario The Times la calificó como “un retrato de la contradicción de Margarita: una princesa atrapada entre el deber y el deseo”. El artículo subraya cómo la fotografía, tomada en un contexto privado, contrastaba con la imagen pública de la realeza, donde cada gesto estaba calculado. La tiara se convirtió en el único adorno en una escena que despojaba a Margarita de la pompa real, revelándola como una mujer que abrazaba su sensualidad y su rebeldía.

El matrimonio de Margarita y Snowdon, que comenzó con una boda televisada en 1960 vista por 300 millones de personas, se desmoronó en 1978 tras años de infidelidades mutuas y tensiones públicas. La fotografía en la bañera, aunque tomada en los años felices, parece presagiar el ocaso de su relación. De Courcy apunta que Snowdon, conocido por su promiscuidad, dejaba notas crueles a Margarita, como una que decía: “Pareces una manicurista judía y te odio”. Estas dinámicas tóxicas, según Warwick, contribuyeron al alcoholismo y la depresión de Margarita, quien buscó refugio en amantes como Roddy Llewellyn y en la isla de Mustique.
Cuando la tiara Poltimore fue subastada en 2006 por 926.400 libras, la fotografía volvió a la palestra, recordando al mundo la audacia de una princesa que nunca encajó en el molde real. David Armstrong-Jones, hijo de la pareja, expresó en una entrevista con el Times, en febrero de 2019, su deseo de reivindicar a su madre más allá de su imagen de “party girl”. “Era una mujer intelectual, con opiniones claras”, afirmó, trabajando con historiadores para una biografía que mostrara su complejidad.
Cuando este 21 de agosto se cumplen 95 años del nacimiento de Margarita, su fotografía en la bañera sigue siendo un ícono del Swinging London y de una realeza en transformación. Como señala Warwick, “Margarita y Snowdon fueron un destello de modernidad en una institución anclada en el pasado”. La imagen, guardada durante décadas, captura no solo la belleza de una princesa, sino el instante en que decidió ser, simplemente, ella misma.
Artículo original de Monarquias.com













































