Etiqueta: Pedro II de Yugoslavia

  • El día que un hotel de Londres fue suelo extranjero para el nacimiento de un príncipe, hace 80 años

    Para los exiliados reyes Pedro II y Alejandra, el nacimiento de su hijo fue una promesa de continuidad en un mundo que se desmoronaba. Para los yugoslavos en el exilio, fue un recordatorio de su identidad.

    En el verano de 1945, mientras Londres emergía de las cicatrices de la Segunda Guerra Mundial, un rayo de esperanza brilló en el exilio para la familia real yugoslava. En la suite 212 del lujoso Claridge’s Hotel, el 17 de julio, la reina Alejandra dio a luz a un robusto niño, el príncipe heredero Alejandro, hijo del rey Pedro II. Este nacimiento, seguido por un bautizo en la majestuosa Westminster Abbey, marcó un momento de orgullo para una monarquía desterrada, pero también un símbolo de resistencia en un mundo convulsionado. En julio de 2025, al conmemorar el 80º aniversario de estos eventos, medios como The Times y The New York Times han revisitado esta historia, pintando un retrato vívido de un rey y una reina que, en medio de la guerra, dieron vida a la esperanza de una nación ocupada.

    El príncipe Alejandro de Serbia, un nacimiento en territorio prestado

    El príncipe heredero Alejandro, hijo pequeño del rey Pedro II de Yugoslavia y la reina Alejandra, cuya familia vivía en el exilio en esa época, ya que Yugoslavia se había convertido en una república comunista después de la Segunda Guerra Mundial. (Popperfoto via Getty Images/Getty Images)

    La guerra había desplazado a la familia real yugoslava. Tras la invasión nazi de Yugoslavia en abril de 1941, el joven rey Pedro II, de apenas 17 años, y su gobierno huyeron a Londres, donde establecieron un gobierno en el exilio. En 1944, Pedro se casó con la princesa Alejandra de Grecia y Dinamarca, una unión celebrada en la embajada yugoslava en Londres. Un año después, la pareja esperaba a su primer hijo. El nacimiento de Alejandro fue un evento cargado de simbolismo.

    Como relató The New York Times, Pedro II pidió al primer ministro británico, Winston Churchill, que la suite 212 de Claridge’s fuera declarada temporalmente territorio yugoslavo para que el heredero naciera en “suelo patrio”. Aunque algunos consideran esta historia apócrifa, The Times (17/07/2025) señala que una caja de tierra yugoslava fue colocada bajo la cama de Alejandra, asegurando que el príncipe naciera simbólicamente en su tierra.

    El 17 de julio de 1945, Alexander llegó al mundo, descrito por The Daily Telegraph de Londres como “un bebé grande y saludable, un rayo de luz para una familia real en el exilio“. La suite, ahora conocida como la “Suite Alexander”, se convirtió en un refugio temporal de alegría en un Londres aún marcado por los bombardeos. El rey Pedro II celebró el nacimiento con una mezcla de orgullo y melancolía, consciente de que su reino estaba bajo ocupación nazi y, más tarde, en manos de los partisanos comunistas de Tito.

    Hace 80 años: el bautizo de un príncipe sin corona en la abadía de Westminster

    El rey Pedro II de Yugoslavia y la reina Alejandra y su hijo pequeño, el príncipe heredero Alejandro, la familia vivía en el exilio en ese momento, ya que Yugoslavia se convertiría en una república comunista después de la Segunda Guerra Mundial.(Popperfoto via Getty Images/Getty Images)

    Tres meses después, el 24 de octubre de 1945, la Abadía de Westminster acogió el bautizo del príncipe Alejandro, un evento que reunió a la realeza europea en un momento de unidad frente a la adversidad. The Times describió la ceremonia en ese entonces como “solemne pero esperanzadora“, oficiada por el patriarca Gavrilo y el obispo Nikolaj Velimirović, este último ahora canonizado por la Iglesia Ortodoxa Serbia. Los padrinos fueron figuras de peso: el rey Jorge VI y su hija, la entonces princesa Isabel, futura reina Isabel II. Isabel, de 19 años, sostuvo al bebé durante la ceremonia, un momento que recordaría décadas después en una carta a Alejandro, diciendo: “Eras un bebé muy grande, ¡y fue difícil sostenerte!”.

    El bautizo fue más que un rito religioso. En un Londres que celebraba el fin de la guerra, la presencia de Jorge VI e Isabel subrayaba los lazos entre las casas reales británica y yugoslava. El evento atrajo a monarcas exiliados de Noruega, Grecia y los Países Bajos, un testimonio de solidaridad entre las coronas desplazadas por el conflicto. Sin embargo, la alegría fue efímera. Menos de un mes después, en noviembre de 1945, la Asamblea Constituyente Yugoslava depuso a Pedro II y proclamó la república, condenando a la familia real a un exilio permanente.

    El nacimiento y bautizo de Alejandro reflejan un capítulo agridulce en la historia yugoslava. Alejandro nunca conocería su reino como hogar. La dinastía Karadjordjević, despojada de ciudadanía y propiedades por el régimen comunista en 1947, vivió en el exilio, primero en Londres y luego en Estados Unidos. Pedro II, aquejado por la depresión, murió en 1970, pero Alejandro mantuvo viva la memoria de su dinastía.

    En 1995, en la misma suite de Claridge’s, la princesa Katherine organizó el 50º cumpleaños de Alejandro, al que asistió la reina Isabel II. Este evento, cubierto en su 80º aniversario, destacó la conexión perdurable entre las familias reales. Alejandro recordó en una entrevista la calidez de su madrina, Isabel II, quien le escribió personalmente en cada cumpleaños, evocando aquel día en Westminster. En 2013, los restos de Pedro II, Alejandra y la reina María fueron repatriados a Serbia, un gesto de reconciliación histórica.

    Artículo original de Monarquías.com

    Fuentes citadas:

    • The Times, “80 Years On: The Birth of Crown Prince Alexander in Exile” (17/07/2025)
    • The Guardian, “Yugoslavia’s Exiled Prince: The Claridge’s Birth and Westminster Baptism” (17/07/2025)
    • The New York Times, “Remembering Alexander Karadjordjevic’s Wartime Birth” (17/07/2025)
    • The Daily Telegraph, “A Royal Birth in Exile: Alexander of Yugoslavia at 80” (17/07/2025)
    • The Times, “Baptism of Crown Prince Alexander” (25/10/1945, citado en 17/07/2025)

  • Nació hace 98 años: quién fue Pedro II, el último rey de Yugoslavia

    Huyó de la Yugoslavia comunista arrastrándose por un desagüe, se casó con una princesa griega y llevó una vida de intrigas geopolíticas en declive que con frecuencia lo llevaron a Chicago. Enterrado en Libertyville, el cuerpo de Pedro II (1920-1945) permaneció allí durante cuatro décadas siendo el primer y único monarca europeo sepultado en suelo estadounidense, mientras su tierra natal se reconciliaba con su pasado monárquico, ayudada por un popular programa de televisión estadounidense y la caída del comunismo. ¿Cómo llegó a Estados Unidos ese rey, educado en Cambridge, esposo de una reina griega y empleado de una banca de ahorros y préstamos de Los Ángeles?

    El rey Pedro II fue una especie de rey por accidente. Su padre, Alejandro I, fue el segundo hijo de Pedro I, primero Rey de Serbia y después Rey de los Serbios, Croatas y Eslovenos (1903-1921); Alejandro I solo se convirtió en príncipe heredero porque su temperamental hermano Jorge fue presionado para que dejara el papel después de patear y matar a su sirviente. Alejandro I gobernó una tierra culturalmente tensa, y en 1934 fue asesinado (junto con el ministro de Relaciones Exteriores francés Louis Barthou) por un miembro de la Organización Revolucionaria Internacional de Macedonia, que apoyó la autonomía de Macedonia yugoslava, que finalmente obtuvo en 1991.

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    Su hijo y príncipe heredero, Pedro, tenía 11 años cuando debió juramentar como el rey Pedro II. Su primo, el príncipe Pablo de Yugoslavia (sobrino de Pedro I), dirigió la regencia que gobernó Yugoslavia y firmó el pacto del Eje entre Alemania, Italia y Japón, convirtiendo efectivamente a Yugoslavia en un aliado de la Alemania nazi y recibiendo una promesa de integridad territorial a cambio, unos meses antes de que el rey se convirtiera efectivamente en rey al cumplir 18 años. Dos días después, un golpe militar liderado por el comandante de la fuerza aérea yugoslava derrocó a la regencia e instaló a Pedro II, de 17 años, como rey títere. Un par de semanas después, cayó Yugoslavia y Pedro II se convirtió en un rey sin patria ni pasaporte que huyó a Oriente Medio tras escapar por una tubería de desagüe.

    En 1944, el joven rey se casó con la princesa Alejandra de Grecia, a quien había conocido durante la guerra en Londres: “La princesa, una linda chica de cabello oscuro, solía servir gofres y café a los oficiales y enfermeras estadounidenses en un snack bar en el club de la Cruz Roja de Londres. Allí conoció al rey Pedro, un joven esbelto con uniforme naval que solía venir a escuchar la música de una banda de infantería de los Estados Unidos”, escribió el Chicago Tribune. Pero el amor por la princesa, sobrina de 22 años del rey de Grecia, le costó al rey Pedro la oportunidad de liderar la batalla de su país contra los nazis: para los críticos, el monarca prefería pasar la luna de miel en plena guerra antes que luchar por su pueblo.

    Establecido como jefe de Estado en Londres (donde en 1945 nació su hijo, Alejandro), al joven rey se le presentaron dos opciones: unirse al antimonárquico y futuro dictador Tito contra los nazis, o continuar su gobierno en el exilio en El Cairo. Tito, que lideraba Yugoslavia contra los nazis, había obtenido el apoyo de los aliados y tenía todo el poder, fue hostil hacia el rey, intentando congelar sus ahorros en el extranjero.

    Pero el rey Pedro regresó al país, dándole a Tito el control del ejército, sin mencionar el acceso al oro de la monarquía. Tito presionó aún más, tratando de obligar al rey a volver a una regencia, y el gabinete existente se negó a disolverse. En el centro del poder yugoslavo se declaró una guerra interna que terminaría mal: Tito afirmaba que quería establecer una democracia y el rey lo acusó de construir una dictadura. Finalmente, el mariscal derrocó a la monarquía en 1945 y su gobierno fue inmediatamente reconocido por Estados Unidos.

    Desaparecida cualquier posibilidad de volver al poder, o incluso a Yugoslavia, que se convirtió en una dictadura comunista, Pedro II se convirtió en un ex rey, un un hombre rico que había tenido una corona y se sumaba a una enorme lista de príncipes deshauciados de una Europa desgarrada por la guerra y el comunismo. (Su primo, el príncipe Alejandro, fue descubierto en 1948 vendiendo lavadoras en Bristol).

    Viajando por los Estados Unidos en busca de suerte, Pedro II, la reina Alejandra y el príncipe heredero Alejandro llegaron a Los Angeles para reunirse con la comunidad serbia en el exilio. En el matrimonio las cosas empeoraron y surgió la idea de un divorcio después de que su esposa, presa de la depresión, hubiera intentado suicidarse varias veces y de que Pedro II se diera al alcoholismo.

    El diario inglés Sunday Express describió a Pedro II como “el más desafortunado de todos los tataranietos de la reina Victoria” y afirmaba que probablemente nunca recuperaría el trono. Entre tanto, los periódicos difundían noticias y rumores sobre la patética vida de los ex monarcas, jalonada por la penuria económica. Los reyes finalmente se reconciliaron en 1955.

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    Ilka Chase, la actriz y escritora, se encontró con la pareja en la Riviera francesa:

    “Gran parte de su comportamiento en la búsqueda inútil de su trono perdido fue tan lamentable, imprudente y estúpido que parecía increíble. Creo que el pobre diablo odiaría verlo en blanco y negro, pero aparentemente derrochó toda su fortuna, acumuló deudas asombrosas, abandonó a su esposa, le mintió, trató de que le quitaran su hijo y, en general, se comportó de una manera lejos de ser adorable. Pero ella lo amaba”. “Después del distanciamiento y la deserción se reencuentran y viven en un apartamento de cuatro habitaciones en Cannes, cuando fui a visitarlos. Son sinceros al explicar que sus ingresos provienen de los serbios que viven en el exilio y que contribuyen semanalmente con lo que pueden gastar para que su rey y su reina puedan mantener un hogar”.

    Los intentos de Pedro II por restaurar la monarquía en Yugoslavia se alternaron con sus repetidas crisis personales. En 1963, la reina tomó una sobredosis de pastillas para dormir y entró en coma, pero se recuperó después de dos días; se supo que, durante su distanciamiento, ella había intentado suicidarse cortándose la muñeca. Más tarde, el rey consiguió un trabajo en la Sterling Savings & Loan Association en Los Ángeles. Cuando se le preguntó si ese trabajo dañaba su imagen, respondió: “Creo que eleva un poco mi estatura”.

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    Tres años después, Pedro II murió de cirrosis hepática en Los Ángeles el 3 de noviembre de 1970. Nunca había regresado a casa y no podría hacerlo en la muerte, ya que Tito, que todavía gobernaba Yugoslavia con mano de hierro, prohibió la repatriación de su cuerpo. Así que fue enterrado en Libertyville en St. Sava, siendo el primer y único rey europeo sepultado en los Estados Unidos.

    La monarquía nunca fue restaurada en el país de Pedro, que ahora se llama Serbia, pero la familia real exiliada pudo conectar con la población en los años 90. De hecho, el primer miembro de la dinastía Karadjorgevich llegó Yugoslavia a través de la televisión, cuando los yugoslavos pudieron ver la popular serie de televisión estadounidense “Dynasty”, una de cuyas protagonistas era la actriz Catherine Oxenberg, hija de la princesa Isabel Karadjordjevic, prima de Pedro II.

  • La patética vida en el exilio de los últimos reyes de Yugoslavia contada por un periodista en los años 60

    “Pedro II se ha dado cuenta lentamente de que nunca volverá al trono que ocupó durante doce días emocionantes antes de que los nazis lo condujeran al exilio hace veintitrés años”, escribió Norman Phhillips en 1964.

    En un artículo periodístico publicado en Canadá en 1964, el periodista Norman Phillips retrató una parte importante de la vida en el exilio que llevó el último rey de Yugoslavia, Pedro II, junto a su esposa la reina Alejandra.

    El cronista relata cómo los antiguos monarcas, siempre en bancarrota, vivieron de la generosidad de sus parientes y aprovecharon constantemente su estatus para conseguir descuentos o cosas gratis. Además, cuenta cómo Pedro II nunca perdió las esperanzas de volver a reinar y sus anhelos para su hijo, el príncipe heredero, a quien quiso casar con la princesa Ana de Inglaterra.

    Pedro Karadjorgevich, nacido en 1920, se vio catapultado al inestable trono de su país a los trece años de edad, cuando asesinaron a su padre, Alejandro I, durante una visita oficial a Francia. Bajo la protección de su madre, el joven rey sin embargo no pudo hacer mucho ante el avance del fascismo y posteriormente el comunismo, que lo derrocó en 1945.

    El rey sin corona, despojado de título, nacionalidad, pasaporte y poder, vivió en Londres gracias a la generosidad de los reyes de Inglaterra y se casó con su prima, la princesa Alejandra de Grecia, durante una celebración muy criticada en su país porque se realizó justo cuando los soviéticos comenzaban a azotar a los yugoslavos.

    Tras el, errante último rey yugoslavo decidió instalarse con su esposa finalmente en los Estados Unidos, donde trabajó como un ciudadano común, aunque insistió en no perder sus privilegios. Agotado por las necesidades económicas, el rey de dedicó al alcohol y al maltrato hacia su esposa, que varias veces intentó suicidarse.

    “Para un hombre que hasta los dieciséis años tenía un ingreso de mil ochocientos dólares al día, Pedro Karadjorgevich, rey de los croatas, serbios y eslovenos, ha logrado adaptarse a la vida en el circuito de la realeza exiliada”, escribió Phillips en la revista Maclean.

    “Ha sido destrozado hasta el punto en que un lujoso hotel de París se apoderó de todo su equipaje para no pagar una factura astronómica. Vive con el conocimiento atormentador de que los millones de su difunto padre están fuera de su alcance en un banco suizo”.

    “Pedro se ha dado cuenta lentamente de que nunca volverá al trono que ocupó durante doce días emocionantes antes de que los nazis lo condujeran al exilio hace veintitrés años”, continúa el relato publicado en 1964.

    “Ahora con cuarenta y un años, Pedro vive en Europa pero visita Canadá cada dos o tres años para reunir a sus partidarios realistas y promover la esbelta esperanza de su hijo. El príncipe heredero Alejandro, algún día podrá regresar a Yugoslavia como rey”.

    Según el periodista, el rey y la reina le ofrecieron escribir una biografía de su pequeño hijo, cuando tenía diez años de edad. “El día en que la reina me llamó por teléfono a París para invitarme el almuerzo, fue también el comienzo de mi carrera como niñera real en la corte de exiliados de Yugoslavia”, escribió Phillips.

    Habla la reina”, dijo Alejandra de Yugoslavia por teléfono, y logré un débil “Buenos días, majestad”, como si esto me pasara todos los días. ‘El rey y yo’, continuó, ‘iremos a Versalles y luego a almorzar en el Coq Hardi. Pensamos que a usted y su fotógrafo les gustaría unirse a nosotros … pagaremos la mitad’”.

    PEDRO II EN BRAZOS DE SU ABUELA, MARÍA DE RUMANIA, TRAS SU BAUTISMO.

    En su relato, Norman Phillips cuenta cómo comenzó a seguir a los reyes yugoslavos acompañado por el fotógrafo Russell Westwood. Narra la ocasión en que el rey armó un escándalo porque en un restaurante le cobraron un 15 por ciento extra por el servicio y exigió que, en su lugar, le descontaran un 15 por ciento por ser un rey.

    “En Londres, cuando llamaba a Pedro para pedir una cita, me respondía: Hoy no. Me estoy reuniendo con mis generales, o Estoy teniendo una reunión de gabinete. En París las cosas eran menos formales; Comimos y bebimos juntos en el Ritz, el Crillon o la Plaza Atenea, siempre lo mejor y siempre holandés. Cuando el rey y la reina estaban lejos, o ocupados, me convertí en niñera para el príncipe heredero. Y como compañero real o niñera, viajé tan lejos como Venecia y Ginebra y obtuve una visión de la vida de un rey exiliado”.

    “Un día en que estaba escoltando al príncipe heredero de París a la escuela en Suiza. Pedro y Alejandra nos llevaron a la Gare de Lyons, donde los amigos de los pasajeros que salían compran boletos de plataforma por un centavo cada uno. En lugar de comprarlos, el rey y la reina entraron majestuosamente por la puerta. Le pregunté a la reina qué le había dicho al recolector de boletos y dijo: ‘Eso es fácil. Siempre decimos, ‘Ambassade Grec’. Piensan que somos de la embajada griega y nos metemos en todo tipo de lugares sin pagar’.

    “El joven Alejandro, un simpático chico de ojos azules y orejudo, heredó la actitud real de sus padres y, cuando llegamos a Ginebra, se mostró reacio a tener que formarse con la aduana suiza y la inmigración como el resto de nosotros, los mortales: ¿Qué estamos esperando?”, Me preguntó. “Nunca nos preocupamos por la aduana. Vamos directamente’”.

    “La escuela de Alejandro era la exclusiva Le Rosey en Rolle y Gstaad, donde las tarifas eran de tres mil dólares al año y entre los alumnos se encontraban el duque de Kent y el rey Balduino de los belgas”, continúa la crónica. Allí, el príncipe heredero de los serbios, croatas y eslovenos era solo otro niño llamado Alejandro. Sus honorarios en Le Rosey fueron pagados por otro exiliado, su abuela materna, la princesa Aspasia de Grecia. Una mujer de aspecto distinguido con ojos oscuros y profundamente arraigados, nariz y boca firmes, era una plebeya cuyo matrimonio morganático con el rey Alejandro de Grecia terminó trágicamente en 1920 cuando el rey sucumbió a la mordedura de un mono mascota. Su hija, ahora la reina yugoslava, nació en 1921”.

    PEDRO DE YUGOSLAVIA Y ALEJANDRA DE GRECIA SE CASARON EN 1944 EN LONDRES EN PRESENCIA DE LOS REYES DE INGLATERRA.

    Aunque se sabe que Pedro y Alejandra vivieron continuamente en la “pobreza”, Phillips relata que el rey Alejandro I había aparentemente una gran fortuna que a su hijo y sucesor le costó hallar: “En Inglaterra había un fondo fiduciario de entre $ 225.000 y $ 300.000 a nombre de Alejandro I, y esto le dio derecho al rey al uso de los intereses. Según una estimación conservadora, esto debería haberle generado un ingreso de $ 10.000 al año. En Francia, Pedro localizó una cuenta bancaria dejada por su padre, quien en los años treinta había depositado francos por un valor de $ 1.000.000. En 1949, cuando Pedro obtuvo una orden judicial que le daba el dinero, los francos habían disminuido en valor a $ 62.000”.

    Vivir en Claridge’s y en Crillon requería mayores ingresos que esto. La princesa Aspasia a veces ayudaba con dinero del hotel, y cuando entré en escena, Pedro estaba poniendo a su hijo a trabajar a través de la generosidad de Odhams. Luego también estaba la esperanza de encontrar algún día la difícil fortuna dejada por su padre, el rey Alejandro, en un banco suizo. En el banco había una fortuna, pero Alejandro I murió antes de poder revelar el código que lo protegía”.

    “Además de ser rey, Alejandro poseía una gran cantidad de bienes raíces yugoslavos, incluidas granjas, hoteles, minas y un banco. Se deshizo de sus ganancias en bancos fuera de su tierra natal, incluidas aquellas instituciones notables, famosas por su discreción, los bancos de Suiza. Los bancos suizos emiten a sus depositantes con un código o número de código y sin esto nadie puede acceder a la cuenta. Desafortunadamente, el rey Alejandro cayó ante la bala de un asesino en Marsella el 9 de octubre de 1934, y murió antes de que pudiera dar a nadie el número de código de sus depósitos suizos”.

    “En ese momento, esto apenas preocupaba a Pedro, que tenía once años y que acababa de inscribirse en un internado inglés”, continúa el artículo. “Fue llevado de regreso a Belgrado, donde se formó una regencia, bajo su tío, el Príncipe Pablo, para gobernar el país por él. El niño rey solo llegó al poder en marzo de 1941 cuando una revuelta depuso al pro nazi Pablo”.

    “El rey Pedro tenía entonces diecisiete años y valía diez millones de dólares, pero su reinado duró menos de dos semanas antes de que Hitler invadiera Yugoslavia, obligando a Pedro a exiliarse. El dinero no fue un problema durante la guerra porque el gobierno en el exilio tenía acceso a los 75 millones de dólares de Yugoslavia en reservas de oro en los Estados Unidos. Esto se perdió en 1945 cuando Gran Bretaña y los Estados Unidos reconocieron a Tito como gobernante de Yugoslavia. Tito le ofreció a Pedro una pensión de treinta mil dólares al año si renunciaba, pero él despreció el trato y se convirtió en un rey sin país”.

    EL ÚNICO HIJO DE LOS ÚLTIMOS REYES DE YUGOSLAVIA NACIÓ EN 1945 EN EL HOTEL CLARIDGE’S DE LONDRES.

    Phillips relata, además, cómo España dio esperanzas de una vida mejor al rey sin corona: “La otra gran esperanza del rey se inspiró en una visita a España, donde descubrió que Francisco Franco estaba favorablemente dispuesto a considerado como su sucesor al hijo del pretendiente en el trono español”.

    “‘Tal vez pueda hacer un trato con Tito para que Alejandro pueda sucederlo’, me explicó Pedro una vez. Por extraño que parezca, Tito tomó nota oficial del nacimiento de Alejandro y tenía a sus propios representantes comunistas presentes para la ocasión. La fecha era el martes 17 de julio de 1945. la hora de las 21:20 y el lugar la habitación 327 del Hotel Claridge de Londres en el que el Ministerio de Asuntos Exteriores británico había hecho territorio yugoslavo por el día”.

    “La delegación titoista se instaló en el baño para presenciar el nacimiento real; El mismo Pedro administró el cloroformo a la reina Alejandra y luego mostró al niño recién nacido primero a sus monárquicos y luego a los hombres de Tito. Siguiendo una antigua tradición serbia, Pedro le pidió prestado un sombrero de sacerdote al padre Firmilian Ocokljic y lo dejó caer por el pasillo del hotel como un balón de fútbol para traerle suerte a su hijo.

    “Los padrinos de Alejandro fueron el rey Jorge VI de Gran Bretaña y la entonces princesa Isabel. En el bautizo de la Capilla Real, la Abadía de Westminster. Elizabeth metió al bebé en la fuente. El agua estaba demasiado caliente y el joven príncipe soltó un poderoso grito que sobresaltó a la compañía real, al igual que al arzobispo de Canterbury y al patriarca de Yugoslavia, que dirigían los ritos”.

    Phillips resume que las esperanzas de Pedro II de recuperar el dinero de su familia a manos de los bancos suizos eran mayores que las de volver a sentarse en el trono de Belgrado: “Creo que por fin estoy en el camino correcto”, le dijo el exrey. “Los suizos están modificando sus leyes porque tienen mucho dinero depositado por personas que más tarde murieron en los campos de concentración nazis. Las nuevas regulaciones darán a sus herederos acceso a estas cuentas. Ahora siempre he sostenido que mi padre fue una de las primeras víctimas del fascismo”.

    “Los ojos oscuros sobre la nariz de pico de los Karadjorgevich comenzaron a soñar. Los millones del rey Alejandro estaban tan cerca que Pedro parecía estar disfrutando de la visión del nuevo auto de carreras o del modesto yate que se le había negado desde su exilio hace veintitrés años. Estoy seguro de que me hubiera enterado si hubiera surgido algo de esto, pero como dicen en el circuito de la realeza exiliada, si no fuera por la esperanza, el corazón se rompería”.

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