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  • La abdicación de la reina Guillermina, hace 75 años, dio origen a una tradición muy holandesa

    El 4 de septiembre de 1948, exactamente hace 75 años, la reina Guillermina abdicó al trono de los Países Bajos en un gesto atípico: por primera vez en la historia de las monarquías europeas, un monarca abdicaba no bajo presión ni por motivos extremadamente graves. 

    Guillermina, de 68 años, estaba cansada e inauguró de esta forma una tradición muy holandesa: desde entonces, los sucesivos soberanos de la Casa de Orange dieron un paso al costado para hacer lugar a la siguiente generación cada vez que sus fuerzas físicas declinaron. La reina Juliana siguió los pasos de su madre abdicando en 1980 y la reina Beatriz hizo lo propio en 2013.

    Nacida en 1880, Guillermina fue la única hija sobreviviente del rey Guillermo III. Tenía solo diez años cuando su padre murió y fue entonces que su madre, Emma de Waldeck-Pyrmont, asumió como regente hasta que Guillermina tuvo suficiente edad para ejercer como jefe de Estado, en 1898. 

    Una de las soberanas más importantes de su tiempo, el extenso reinado de Guillermina atravesó las dos guerras mundiales. El historiador holandés Arnout van Cruyningen la definió como “una reina en cada centímetro, de voluntad fuerte y testaruda” que supo liderar como una guerrera a la nación frente al nazismo.

    “Guillermina detestaba clara y vehementemente el nacionalsocialismo y el régimen antisemita de Hitler y sus secuaces”, dijo Van Cruyningen. “Durante la Segunda Guerra Mundial, exiliada en Londres, denunció a los nazis en términos inequívocos, y de hecho, a menudo groseros. Los odiaba intensamente”.

    Durante la invasión nazi,  Guillermina -que estuvo muy cerca de ser secuestrada por paracaidistas alemanes- permaneció en Londres, desde donde lanzó fuertes proclamas de ánimo a los holandeses y, a través de Radio Orange, calificó a Adolf Hitler como “el archienemigo de la humanidad”. El primer ministro británico Winston Churchill describió a la reina como “el único hombre real entre los gobiernos en el exilio” en Londres.

    La reina volvió a Holanda en 1945, convertida en una heroína nacional, pero su salud se había deteriorado notablemente: sufría de bronquitis crónica y otras dolencias, lo que le dificultaba el desempeño de sus deberes reales. Además, estaba preocupada por el futuro de la monarquía en los Países Bajos y creía que su hija y heredera, la princesa Juliana, estaba mejor preparada para afrontar los desafíos que se avecinaban. 

    En sus memorias, Guillermina escribió: “Fue sólo después del período de transición que siguió a la liberación que me sentí justificada a considerar seriamente la cuestión de la abdicación. Un incentivo lo proporcionaban mis tareas diarias, que eran más numerosas que antes de la guerra y dejaban a mi espíritu poco o ningún tiempo para relajarse, lo que no ayudaba a mi forma física en los momentos en que se me exigían cosas especiales”.

    En octubre de 1947, Juliana fue nombrada regente para que la anciana monarca pudiera relajarse. Guillermina asumió el cargo unos meses después, pero no le fue fácil y tuvo que esperar a las celebraciones por su 50 aniversario de reinado, que la dejaron extenuada: “Se estaban haciendo planes a gran escala para celebrar este jubileo. Ya no me sentía con fuerzas para ese tipo de cosas”, se quejó, y en sus memorias dijo que padeció “momentos difíciles y hasta tristes”. En mayo del siguiente año, Guillermina tomó la decisión de abdicar, un anuncio que tomó por sorpresa a todos, incluso al gobierno.

    La reina firmó su abdicación en el Palacio Real de Ámsterdam y escribió más tarde: “Cuando entramos encontramos una atmósfera un tanto apagada, que sin embargo pronto mejoró gracias a mi actitud feliz y alegre. Cuán numerosos fueron y son mis motivos de agradecimiento, en primer lugar, mi confianza en el cariño de Juliana por las personas que tanto amamos y en su entrega a la tarea que la esperaba y en su capacidad que había demostrado en varias ocasiones. Luego también el hecho de que mi cargo le fue transferido durante mi vida y que podría tener la oportunidad de ver algo de su reinado. Realmente, no había lugar para la tristeza en mi corazón”.

    Tras convertirse automáticamente en “Su Alteza Real la Princesa Guillermina de los Países Bajos”, la ex reina salió al balcón del palacio para presentar a su hija como la nueva soberana: “Me siento honrada de informarles que acabo de firmar mi abdicación en favor de mi hija, la reina Juliana. Les agradezco a todos la confianza que han depositado en mí durante los últimos cincuenta años. Les agradezco el amor con el que me han rodeado cada vez. Miro hacia el futuro con confianza con mi querida hija única a cargo. Dios esté con ustedes y la Reina. Y me alegra poder decir con todos vosotros ¡viva nuestra Reina! ¡Hurra!”

    La reina se retiró completamente de sus funciones reales y se instaló en un modesto apartamento el castillo de Het Loo, dedicada a la pintura y al cuidado de sus nietas: “Cuando me subí a mi coche en Amsterdam me sentí aliviada como nunca antes”.

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  • La historia de Huis Ten Bosch, la “casa del bosque” de los reyes de Holanda

    Desde enero de 2019, el rey Guillermo Alejandro, la reina Máxima de Holanda y sus tres hijas, las princesas Amalia, Alexia y Ariane utilizan el Palacio Huis Ten Bosch, como su residencia oficial.

    Ubicado en el Bosque de La Haya, fue desde 1982 la residencia de la reina Beatriz, quien tras su abdicación en 2013 se mudó al pequeño castillo de Drakenstein. Después de la partida de Beatriz en 2014, el palacio no estuvo en uso durante varios años debido a las obras de renovación y restauración, que costaron en total 63,1 millones de euros, 30 millones más de lo planeado.

    El palacio es un monumento nacional y está completamente protegido después de la renovación. Por ejemplo, hay catorce postes negros en frente de la entrada, hay puertas de vidrio de seguridad que pueden cerrar completamente la entrada y hay cámaras por todas partes alrededor del palacio, informó el diario holandés Algemeen Dagblad.

    En los terrenos, la policía, los bomberos y otros servicios de emergencia realizaron un importante ejercicio a principios de diciembre para actuar en situaciones de peligro que puedan ocurrir mientras la familia real esté allí. Según el diario holandés Volkskraant, entre las instalaciones disponibles para la familia en Huis ten Bosch se encuetran un spa, un gimnasio, servicio de peluquería, una pista de tenis y una piscina.

    La parte central de Huis Ten Bosch data del año 1645 y fue construida por encargo de la condesa Amalia van Solms, la esposa del príncipe gobernador Federico Enrique de Orange-Nassau. “La República, entonces todavía en guerra con España, estaba rodeada de reinos y principados”, explica el periodista Sander van Waldum. “Con el palacio a las afueras de La Haya, y en particular con el glorioso Oranjezaal, el titular de la ciudad quería demostrar que no le importaban las cabezas coronadas”.

    La construcción del palacio comenzó en 1645, de la mano de Amalia van Solms.

    El palacio real se había concebido como residencia de verano para esta pareja principesca, con el diseño de Pieter Post, pero su dueño no pudo disfrutar de su proyecto, ya que murió en 1647. Tras la muerte del príncipe, la viuda encargó a famosos pintores de la época que embellecieran el Salón Orange central para que sirviera de mausoleo en memoria de su marido. En 1733 el palacio pasó a manos del príncipe Guillermo IV de Orange, quien después de su matrimonio decidió añadir al edificio dos alas laterales, según el diseño de Daniel Marot.

    En las siguientes décadas, el palacio fue embellecido y ampliado varias veces. En 1795, después de la revolución de Batavia, cayó en manos del estado y durante mucho tiempo el nuevo propietario no supo exactamente qué hacer con este residuo del reinado del rey. De esta forma, Huis Ten Bosch sirvió como prisión y, más tarde, como galería nacional e incluso como un burdel. En la época del dominio francés, el palacio sirvió de residencia oficial del funcionario jubilado Rutger Juan Schimmelpenninck y del rey Luis Napoleón y la reina Hortensia.

    El Salón Orange, el más esplendoroso rincón de Huis Ten Bosch.

    Al regresar los Orange en 1813, Huis Ten Bosch continuó siendo propiedad del Estado pero fue puesto a disposición del rey desde 1815. En el siglo XIX, Huis Ten Bosch fue principalmente residencia de verano de Sofía de Württenberg, esposa del rey Guillermo III y excepto por ella, los siguientes monarcas ignoraron el palacio: Guillermo III se fue a vivir al palacio de Het Loo después de su separación y la reina Guillermina también se estableció allí. La reina Juliana vivió en el palacio de Soestdijk.

    La reina Beatriz vivió con su familia en Huis Ten Bosch desde 1981.

    En 1899, se celebró en este palacio la primera conferencia mundial de la paz, por iniciativa del zar Nicolás II de Rusia. Durante la primera mitad del siglo XX, el palacio fue habitado varias veces durante poco tiempo por la familia real. En 1943, los nazis lo quisieron demoler para construir una zanja antitanques para defenderse de los ataques de los aliados, pero finalmente desistieron del intento. Solo fueron destruidas dos casas de servicio. Después de la liberación de Holanda, el palacio quedó absolutamente inhabitable, aunque por decisión de la reina Juliana sus jardines y algunos salones fueron restaurados con el objetivo de utilizarlos para recepciones oficiales.

    LAS OBRAS DE RENOVACIÓN DEL PALACIO COSTARON 63,1 MILLONES DE EUROS.

    La entonces princesa Beatriz y su marido alemán, Claus van Amsberg, vivieron con sus tres hijos -los príncipes Guillermo Alejandro, Johan Friso y Constantino- hasta 1981 en el castillo Drakensteyn en Laage Vuursche. Pero después de ser investida como reina, Beatriz se trasladó con su familia a la “Casa del bosque” que el gobierno había restaurado por completo para ellos. Desde entonces, es la residencia oficial de los reyes de Holanda.

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  • La ciudad holandesa de Leeuwarden dedica una exposición a la princesa que salvó a la dinastía Orange

    Sin María Luisa de Hesse, autoritaria y decidida, la casa de Orange-Nassau se habría extinguido en el siglo XVIII. Es la antepasada común de toda la realeza europea.

    El Princessehof de la ciudad holandesa de Leeuwarden, un pequeño palacio construido en 1693 que hoy alberga el Museo de Cerámica Princessehof, dedica una muestra a su más notable residente, la princesa María Luisa de Hesse-Cassel, princesa viuda de Orange, quien se destaca por ser la antepasada común de todas las familias reinantes de Europa. La princesa vivía en el Princessehof y allí se exhiben ahora sus pinturas, su cristalería, sus objetos de plata y oro, medallas de la ciudad y conmemorativas y escudos de armas. La ceremonia fúnebre de María Luisa en 1765 y su entierro en el coro de Grote Kerk en Leeuwarden están representados en grabados.

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    En 1709, el joven estatuder Johan Willem Friso de Nassau-Dietz contrajo matrimonio con la princesa alemana Maria Louise de Hesse, quien creció en el feudo familiar de Cassel y que, muy religiosa, de niña soñaba con entrar en un monasterio. “La madre del estatúder frisón estaba buscando una esposa adecuada para su hijo. No quería que naciera un hijo ilegítimo, por lo que sus ojos se posaron en esta familia alemana limpia, protestante y noble”, explicó la comisaria de la exposición Marlies Stoter. Fue un matrimonio en principio concertado por motivos políticos, pero según todo tipo de fuentes también hubo sido amor a primera vista. El matrimonio se instaló en el Palacio del Stadhouderlijk Leeuwarden. La pareja tuvo una hija, Amalia, que sería internada en un manicomio a una edad más avanzada. Dos años después, en 1711, Juan Guillermo Friso murió en un naufragio a los 23 años y su cuerpo fue hallado en el mar una semana después. Su tumba ahora se encuentra en la Grote Kerk de Leeuwarden.

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    Semanas después del fallecimiento del estatuder, su viuda dio a luz a su segundo hijo, un niño que fue bautizado como Willem Karel Hendrik Friso y será el padre de Guillermo I, primer rey de los Países Bajos. Tan pronto como ese niño alcanzó la mayoría de edad, se convirtió en Estatúder de Frisia, Groningen y Drenthe mientras María Luisa asumió ciertos poderes como regente. “Sin María Luisa no habría habido heredero de la titularidad de Frisia, Groningen y Drenthe”, reflexiona Marlies Stoter. Cuando terminó esa tarea, en 1731, la princesa María Luisa compró casas en Grote Kerkstraat y el arquitecto Antony Coulon las unió. Viviría allí hasta su muerte en 1765, razón por la cual ahora se llama Princessehof, donde se instaló con una inmensa colección de plata y porcelana. La fachada y el comedor interior del siglo XVIII aún conservan el aspecto del XVIII, el resto se ha ido adaptando a lo largo de los siglos para convertirse en el Museo Nacional de Cerámica.

    El edificio siempre ha tenido un comedor barroco que recuerda los días de María Luisa, pero desde este año también hay una pequeña exposición permanente sobre la famosa princesa residente. Los retratos, vasos y monedas de acuñación especial exhibidos hoy en el Princesshof dan una idea de la importancia de María Luisa y su vida en este palacio de la ciudad. Ella era conocida por su ahorro y simplificó el pomposo desayuno de los Orange a mantequilla, pan y queso, y redujo el trabajo del personal para llevar la comida a casa con un sistema de control diario. Ella era la única en la casa que podía usar azúcar en el café y prohibió que en su casa se jugara a las cartas y a los dados. Leía la Biblia durante una hora todos los días y visitaba regularmente la iglesia de Leeuwarden, donde mantenía contactos con reverendos y capellanes.

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    A los 72 años, la anciana María Luisa tuvo que volver a trabajar como regente, cuando su hijo y su nuera, Ana de Hannover, murieron poco después el uno del otro. Su pequeño nieto, Guillermo IV de Orange-Nassau ya no era solo el gobernante de las provincias del norte, sino de todas las regiones de la entonces República de los Siete Países Bajos Unidos; en términos generales, los Países Bajos como son ahora, pero sin la provincia de Limburgo.

    María Luisa sería regente hasta su muerte en 1765 y su funeral fue un evento con una gran procesión de dignatarios y soldados en procesión hacia Grote Kerk. Una imagen de este momento se encuentra en una de las paredes del Princesshof y muestra que los dolientes se apostaron en los techos de las casas para participar del funeral. Tan grande fue el interés que poco tiempo después el impresor y librero Chalmot en el Lange Pijp publicó un libro con una extensa descripción de la procesión fúnebre y el carruaje. Hay una copia en esta exposición.

    Tras la noticia de su muerte, el diario ‘Leeuwarder Courant’ resumió su vida como “piadosa, sensata, sincera, bondadosa, modesta, paciente, amable, bondadosa, audaz, humilde y comunicativa con los pobres”. Pero a pesar de su gran importancia para los Países Bajos, el recuerdo de María Luisa pronto cayó en la oscuridad y no existe un solo monumento que la recuerde, por lo que la exposición del Princesseshof es inmensamente valiosa. Incluso su tumba fue profanada en 1795 durante un levantamiento popular y la ira contra la nobleza fue tan grande que, se dice, las calaveras de los nobles, incluida la de la princesa, rodaron por la plaza de la iglesia de Leeuwarden.

  • Al cumplir 18 años, Amalia de Holanda recibirá cerca de 1,6 millones de euros al año

    La princesa Amalia recibirá un pago de un total de 111.000 euros a finales del próximo año, destinados a cubrir los gastos de sus funciones como princesa heredera del trono de los Países Bajos. Esto fue informado en el presupuesto de la Casa del Rey que se presentó al parlamento el martes y la cantidad es ligeramente superior a la estimación de hace un año.

    La princesa recibirá ese dinero como “presunta sucesora del rey” porque cumplirá dieciocho años el 7 de diciembre de 2021 y entonces será mayor de edad. A lo largo de 2022 recibirá más de 1,5 millones de euros según la estimación actual, informó el diario holandés Hart Van Nederland.

    El derecho de la princesa heredera de recibir esta asignación está establecido en la Constitución, pero los montos y el sistema se establecen en la Ley del Estatuto Financiero de la Casa Real. El beneficio de Amalia constará de dos partes: ingresos personales y gastos de personal y equipo. Para el próximo mes de diciembre, la división es de 20.000 euros en ingresos y 91.000 euros para el segundo componente.

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    Los miembros de la familia real reciben en conjunto casi 8,9 millones de euros. Hay cuatro miembros de la Casa Real que reciben dinero del estado. Además de Amalia, estos son el rey Guillermo Alejandro (6 millones de euros), la reina Máxima (1 millón de euros) y la princesa y exreina Beatriz (1,6 millones de euros). Los otros miembros de la Casa Real, incluidos el príncipe Constantino (hermano del rey) y la princesa Margarita (tía del rey y hermana de Beatriz), no reciben fondos estatales. La princesa Mabel, viuda del príncipe Friso y cuñada del rey, no recibe una subvención estatal porque su esposo renunció a sus derechos al trono.

    El gasto total en la familia real aumentará de 44,4 millones a casi 45,7 millones en 2021, según el presupuesto de la familia real. El gabinete del gobierno dijo que el monto total se incrementará en 47 mil euros anualmente debido a un ajuste de precios que también se aplica a los funcionarios, informó el diario De Telegraaf. La mayor parte, casi 30,5 millones de euros, va al rey para sus gastos funcionales, y el gobierno anticipa que la Casa Real tendrá 860.000 euros en costos de viajes el próximo año, incluso con los aviones del gobierno y el Gulfstream de la Real Fuerza Aérea a su servicio.

  • La Carroza Dorada de los reyes de Holanda: historia de un símbolo controvertido desde su origen

    Data de 1898 y fue un regalo de los habitantes de Ámsterdam a la reina Guillermina cuando ascendió al trono a los 18 años. En 2021 será expuesta en el Museo de Ámsterdam.

    El dibujo de una mujer blanca rodeada de personas negras que ponen regalos en sus pies es parte de la decoración de la “Carroza Dorada” (Gouden Koets, en neerlandés), reminiscencias racista por las que los reyes Guillermo Alejandro y Máxima de Países Bajos dejarán de utilizarla definitivamente. El llamado “Tributo de las colonias” ha sido muy criticado en los últimos años y algunas personas han pedido que sea eliminado. Pero el rey Guillermo Alejandro aseguró que no lo harán por ser una imagen que “forma parte del patrimonio cultural neerlandés”.

    El antiguo coche antiguo se utilizaba en el recorrido de los monarcas por la ciudad de La Haya durante el tercer martes de cada septiembre y uno de los días más importantes en la política de Países Bajos, también conocido como el Prinsjesdag. En esta fecha se hace la apertura de un nuevo curso, con un discurso pronunciado por el monarca para describir la política oficial para el año. El Servicio de Información del Gobierno informó en un comunicado que la Carroza Dorada será “cedida temporalmente” para la exposición “Coche Dorado, Regalo de Ámsterdam” que organiza el Museo de la capital neerlandesa y que está prevista para junio de 2021.

    La carroza data de 1898 y fue un regalo de los habitantes de Ámsterdam a la reina Guillermina cuando ascendió al trono a los 18 años. Cuando la construcción del carruaje se encontraba en marcha, un panfleto, Louis Maximiliaan Hermans, activista socialista en la capital, pidió a sus compañeros de la ciudad que boicotearan las tiendas que ayudaron a recaudar dinero para colaborar. Hermans señaló la amarga pobreza de la ciudad: “Cuando en un hogar la mayoría de los miembros están en necesidad”, escribió, “a nadie se le ocurrirá ofrecer un regalo precioso a una persona que no necesita nada”. Además: ¿qué hará Guillermina con un carruaje? En verdad, la señora posee alrededor de ciento cincuenta de estos vehículos”, escribió Hermans, quien también estaba molesto por la mercadería conmemorativa que había en las tiendas con motivo de la coronación, como “puros malolientes”.

    Los holandeses que impulsaron la iniciativa quisieron que el carruaje enfatizara un carácter puramente patriótico: el lino para las almohadas de los asientos procedía de Zelanda, el cuero para las correas de transporte para la cabina era fabricado en Brabante. También participaron los territorios holandeses de ultramar: la madera de teca de la que se hizo la construcción había sido transportada desde Java; el marfil para los adornos llegó desde Sumatra. Los niños del orfanato de Burgerweeshuis, actual ubicación del Museo de Ámsterdam, ayudaron a bordar las almohadas del carruaje.

    Guillermina, quien ascendió al trono al morir su padre pero bajo la regencia de su madre por ser menor de edad, recibió el carruaje en 1898, aunque tampoco lo utilizaría de inmediato. Pasarían tres años, hasta su matrimonio con el duque Enrique de Mecklemburg-Schwering en 1901, hasta que la reina hiciera su primer paseo público a bordo del carruaje dorado. Después de eso, solo sería utilizado una vez por año, en la apertura de los Estados Generales en La Haya, y en las bodas de su nieta, la princesa Beatriz en 1996 y de su bisnieto, Guillermo Alejandro, en 2002. La propia Guillermina, que consideraba el carruaje un enorme exceso, consideró guardar el vehículo en el Rijksmuseum unas cuantas veces, temiendo que fuera visto como una provocación al pueblo. Muchos holandeses preferirían ver a su soberano en bicicleta que saludar desde un carruaje con una grandeza casi oriental.

  • REVELACIÓN: Los planes confidenciales de la Casa Real holandesa para un funeral real

    Un centenar de miembros del gobierno, la corte y las Fuerzas Armadas participó de los ensayos y preparativos para el eventual entierro de un miembro de la familia real.

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