Etiqueta: Olav V de Noruega

  • Astrid Blesvik, la “reina de la moda” de Noruega: ¿tuvo un romance con el rey Olav V?

    Cuando en los años 60 el entonces príncipe heredero de Noruega Harald -el actual rey Harald V- luchaba por la aceptación de su novia, la plebeya Sonia Haraldsen, como su esposa, el rey Olav V (1903-1991) comprendía la situación.

    El príncipe Harald llegó a amenazar con renunciar a su cargo de heredero al trono, mientras Sonia, hija de una familia burguesa que trabajaba como empleada de una tienda departamental, se sumergió en la depresión.

    Finalmente, tras una década de acaloradas discusiones entre el rey Olav, los funcionarios del gobierno, el parlamento y la iglesia noruega, se permitió que el príncipe Harald se casara con Sonia y la convirtiera, años después, en la primera reina plebeya la historia.

    Pero Sonia estuvo a punto de no ser la primera plebeya que lleva la corona noruega, ya que solo unos años de su aparición en la escena pública, el rey Olav había estado enamorado de otra mujer de la sociedad. Por eso es que el rey comprendía la situación de su hijo.

    Un romance prohibido en los años 60: ¿Olav V de Noruega se enamoró Astrid Blesvik?

    El rey Olav V de Noruega (1903-1991)
    El rey Olav V de Noruega (1903-1991)

    Considerada “la reina de la moda de Noruega”, según muchos biógrafos reales Astrid Blesvik enamoró al rey Olav V cuando este llevaba varios años de viudez, desde la prematura muerte de su esposa, la princesa Martha de Suecia.

    Astrid Blesvik fue diseñadora, ícono de la moda y socialité, que en 1963 fundó y dirigió la exclusiva tienda de ropa “Desiree” en Oslo. Su ropa se vendió tanto en Europa como en Estados Unidos y en los años 60 y 70. 

    “En los años 60, una empresaria así era sensacional y la prensa se refería a ella regularmente como ‘la reina de la moda de Noruega’”, decía el obituario de Astrid en el diario Aftenposten, publicado cuando murió en 2003 a los 82 años.

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    Astrid Blesvik fue diseñadora, ícono de la moda y socialité, que en 1963 fundó y dirigió la exclusiva tienda de ropa “Desiree” en Oslo.
    Astrid Blesvik fue diseñadora, ícono de la moda y socialité, que en 1963 fundó y dirigió la exclusiva tienda de ropa “Desiree” en Oslo.

    El actor Henny Moanes uno de los que recuerda a la “reina de la moda”: “Era una dama muy bien vestida, hermosa y prometedora, con una gran tienda con ropa hermosa”.

    Astrid vivía en la calle Nordheimbakken de Oslo, asistía a menudo a fiestas de la alta sociedad y frecuentaba a la realeza y otros miembros de la élite de Noruega. Fue de esta forma como Blesvik forjó una estrecha relación con el rey Olav V, que estaba viudo a los 60 años. 

    Se decía que el rey pasaba mucho tiempo en la casa de Astrid, a menudo conduciendo él mismo mientras los guardaespaldas tenían que esperar fuera en sus propios coches. Los rumores de una relación de Astrid Blesvik con el rey Olav fueron de tal importancia que el asunto llegó a ser debatido en el Parlamento y el Gobierno.

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    Los rumores de una relación de Astrid Blesvik con el rey Olav V fue de tal importancia que llegó a ser debatida en el Parlamento y el Gobierno de Noruega.

    Las historias que circulaban en los medios de Europa (que también habían difundido historias de romances del rey con la reina madre de Inglaterra y la duquesa viuda de Kent) decían que Olav estaba muy enamorado de Blesvik y que había pensado en casarse con ella, lo que llevaría a una crisis constitucional.

    Se dijo entonces que el rey consideró el deber antes que el amor y decidió poner fin a su relación con Astrid. Pero algunos biógrafos de la realeza e incluso la familia de la diseñadora aseguran que ese romance nunca existió y que las historias que circularon entre los años 50 y 60 fueron solo “rumores”. 

    ¿Fue la “reina de la moda” Astrid Blesvik la que difundió historias sobre su falso romance con el rey Olav V?

    El rey Olav V de Noruega (1903-1991)
    El biógrafo real Jo Benkow dijo que en la vida del rey Olav V de Noruega (1903-1991) “nunca hubo más mujeres que la princesa heredera Märtha”. “Nunca le había interesado la compañía de otra mujer”, aseguró.

    “Basado en mi trabajo, sé que hay una enorme cantidad de rumores en torno a la familia real, lo cual ha sucedido a lo largo de los siglos. Y la mayor parte es pura espuma. A menudo surgen rumores que se basan en una imaginación popular muy vivaz”, dijo el biógrafo real Tor Bomann-Larsen.

    En la biografía de Jo Benkow sobre Olav V, el autor menciona el caso, sin dar nombres: “En la vida del rey Olav nunca hubo más mujeres que la princesa heredera Märtha. Fue muy abierto conmigo en nuestras conversaciones todos los martes durante un largo período de tiempo. Y tenía claro que nunca le había interesado la compañía de otra mujer”.

    Para Tore Rem, biógrafo del rey Olav, “los rumores son los compañeros más fieles de la realeza”. Recordó que incluso antes de llegar a suelo noruego, los rumores ya habían comenzado a circular sobre Olav, que antes era conocido como el príncipe Alejandro de Dinamarca:  “Algunos pensaban que Maud no podía ser su madre, otros que era atrasado”.

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    En la biografía de Tore Rem se afirma que el propio rey Olav V sacó a relucir los rumores de un romance con Astrid, que proliferaban en las revistas alemanas, suecas y españolas, en una conversación oficial con el entonces primer ministro Einar Gerhardsen, al que “le había pedido que solucionara el asunto”.

    El gobierno pidió al entonces fiscal general de Noruega, Andreas Aulie, que investigara la situación e intentara aclarar los rumores, según dice el libro: “Un cuidador que había vivido con Blesvik la describió como ‘muy deslenguada’ y creía que ella misma era la que originaba los rumores. A Blesvik le gustaría ‘dejar claro’ que conoció al rey Olav por la vida social”.

    Ante el Ministro de Justicia, el Fiscal General explicó que Blesvik había declarado que “nunca tuvo el amor del rey Olav, y que todo era rumor y poesía”, continúa el libro. La historia, oficialmente falsa, sobre su noviazgo con Astrid acosó al rey durante toda su vida. Según Rem, en sus últimos años Olav V le dio a su hija mayor, la princesa Ragnhild, que no debían temer por la existencia de hermanos desconocidos.

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    En años recientes, la otra hija de Olav V, la princesa Astrid, afirmó que la diseñadora “perseguía implacablemente” a su padre. Se refirió a la “mujer elegante” que visitaba al rey Olav a tiempo y fuera de tiempo, y siempre aparecía en los lugares donde él estaba. La princesa dijo que llamaron a la policía por un tiempo para mantenerla alejada.

    “Los rumores sobre ellos son sólo mentiras”, dijo Sidsil, hija de Astrid. “Nunca fueron amantes, pero sí amigos. A la gente le encantaba contar chismes y difundirlos, pero no teníamos nada que ocultar. Mamá trabajaba todo el tiempo. Tenía una tienda muy exitosa que vendía ropa de fiesta. Formaba parte de la vida social y tenía buenos contactos con muchos clientes conocidos”.

  • Atlantic crossing: ¿tuvo Roosevelt un romance con la princesa Märtha de Noruega?

    Hermosa, inteligente y astuta política, “no es de extrañar que el presidente Roosevelt se enamorara perdidamente de ella”, dice el director de una nueva serie de producción escandinava.

    Obligada a refugiarse en los Estados Unidos tras la invasión nazi para proteger a sus hijos de la muerte, la princesa Märtha de Noruega (1901-1954) mantuvo un romance con el presidente Franklin Roosevelt, según la trama de una nueva serie que se estrena este año, Atlantic Crossing.

    Aunque los noruegos asocian a la princesa con la inolvidable imagen de su regreso a Noruega con sus hijos y el rey Haakon VII el 7 de junio de 1945, pocos saben quién fue realmente Märtha. Cuando se casó con el entonces príncipe heredero Olav en 1929, la princesa Märtha de Suecia se convirtió en la futura reina de Noruega, en una alianza política que se convirtió en símbolo de buena amistad entre sus dos países después de la disolución de la unión en 1905.

    Sin embargo, nunca hubo duda de que la boda fue impulsada por un amor verdadero, y no por la política. Märtha tardó poco en involucrarse con la sociedad noruega, asumiendo muchas tareas oficiales y benéfica, pronunciando varios discursos, como los mensajes de Año Nuevo en 1946 y 1950, algo que era muy inusual entre las mujeres de la Casa Real en ese momento. Cuando la reina Maud falleció en 1938, su nuera se convirtió en la primera dama de Noruega, pero nunca llegaría a ser reina, ya que murió en 1954.

    “Tanto los hijos como el esposo han dicho que fue una gran pérdida para la familia cuando ella falleció. Aunque obviamente fue grande para su familia, también fue una pérdida para la monarquía noruega, que perdió a quien iba a convertirse en la próxima reina del país”, dice la experta en la casa real Caroline Vagle. “Ella ya había demostrado ser una princesa heredera muy sabia, solidaria y trabajadora. En cambio, el rey Olav tuvo que permanecer solitario durante su tiempo como monarca”.

    En «Atlantic Crossing», una producción de la cadena noruega NRK y dirigida por Alexander Eik, se aborda el dramático escape de la familia real de los nazis, con la princesa Märtha en el centro de la historia. Eik dice que comenzó como “pura curiosidad” por los sensacionales rumores de que la princesa mantuvo una relación íntima con el presidente Franklin D. Roosevelt mientras fue huèsped del gobierno estadounidense.

    “Junto con el presidente, Märtha trabajó duro por los intereses noruegos, y la estrecha amistad con el presidente ayudó a darle un gran avance”, dijo Eik.

    “Detrás de estos rumores, se reveló una historia que, en mi opinión, supera la mayor parte de la historia bélica noruega. La huida de la familia real de los nazis llevó a la princesa heredera al epicentro del poder mundial, la Casa Blanca, donde ganó influencia sobre la única persona que podía salvar a los aliados, el presidente estadounidense”, dice y continúa: “A través de grandes pruebas, salió de su existencia privilegiada y creció hasta convertirse en una figura informal del poder político en Washington. Ella ayudó a cambiar el curso de la guerra”.

    Eik y la coautora Linda May Kallestein investigaron durante seis años y compusieron la historia basándose en lo que creen que son escenarios probables, fieles al marco histórico. “La princesa heredera Märtha es la reina que nunca tuvimos. Ella, que murió demasiado pronto y dejó un gran vacío en la casa real noruega. Pero el público realmente no sabe mucho sobre ella”, dijo el director.

    “Ella era muy reservada y no prosperó en el centro de atención. Lo poco que se ha escrito sobre ella está retratado a una distancia adecuada, por personas que no la conocieron personalmente. Entonces ella aparece como una especie de figura mítica”.

    Cuando los nazis invadieron Noruega, Märtha se llevó a los tres niños primero a Suecia en una peligrosa travesía nocturna y luego a los Estados Unidos por invitación de Roosevelt, con quien ella y el príncipe heredero Olav se habían hecho amigos durante una larga visita en 1939. Allí la princesa y sus tres hijos (las princesas Ragnhild y Astrid y el príncipe Harald, actual rey) vivieron separados del rey Haakon y el príncipe Olaf, que se establecieron con el gobierno en Londres.

    “En su lugar con el presidente, Märtha trabajó duro por los intereses noruegos, y la estrecha amistad con el presidente ayudó a darle un gran avance. Se rumorea que la relación entre la princesa heredera noruega y el presidente estadounidense era algo más que una simple amistad”, dice Vagle.

    Sin embargo, el historiador Trond Norén Isaksen cree que no hay nada que indique que la princesa heredera y el presidente tuvieran una relación, sino que ella más bien tenía una misión política secreta. “En cualquier caso, no hay duda de que los esfuerzos reales de la princesa heredera por Noruega en los EE. UU. Impresionaron a la gente, y que se hizo aún más popular aquí en casa”, dice Vagle.

    Durante la guerra, Märtha hizo visitas oficiales, dio conferencias y discursos, y ayudó con los esfuerzos de ayuda a los refugiados mientras estaba en los Estados Unidos. Alexander Eik se refiere a ella como “una humanista empática”, que podía parecer amable y amigable, pero con una gran habilidad política para ejercer influencia. “En las conversaciones con el presidente Roosevelt, podía infiltrarse en temas sobre los que quería que él tomara una posición y, al final de la conversación, hacerle creer que fue idea suya. En resumen: bondadosa y socialmente inteligente”, dice Eik.

    No es de extrañar que el presidente Roosevelt se enamorara perdidamente de ella. Durante la guerra, probablemente no hubo otra persona con la que el presidente pasara tanto tiempo, fuera del trabajo, que la princesa heredera Märtha. El rey y el gobierno de Noruega en Londres eran muy conscientes de esto y, por supuesto, no dejaron que una oportunidad tan única atrajera la atención del presidente”, afirmó el director.

    QUIÉN FUE MÄRTHA DE NORUEGA. Nacida como princesa noruego-sueca en Estocolmo el 28 de marzo de 1901, Märtha Sofia Lovisa Dagmar Thyra era la hija del príncipe Carlos de Suecia y la princesa Ingeborg de Dinamarca. Su hermana menor fue Astrid, reina consorte de Bélgica que murió en un accidente automovilístico en 1935. Se comprometió con su primo hermano Olav, príncipe heredero noruego, durante los Juegos Olímpicos de Ámsterdam en 1928 y se casó con él en la Iglesia de Nuestro Salvador, ahora Catedral de Oslo, el 21 de marzo de 1929. Tuvieron tres hijos: la princesa Ragnhild nació en 1930, la princesa Astrid en 1932 y el rey Harald en 1937. Murió el 5 de abril de 1954 y fue enterrado el 21 de abril en el Mausoleo Real del Castillo de Akershus.

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  • Una tradición milenaria: cómo es la entronización de los reyes de Noruega

    En la igualitaria Noruega, el rey no es coronado, sino bendecido. La Constitución abolió la coronación, que fue remplazada por una ceremonia de orígenes ancestrales.

    “¡Un soberano electo! ¡Esto es demasiado horrible!”, lamentó la anciana gran duquesa de Mecklemburg a su sobrina, la princesa de Gales, cuando en 1905 se enteró de la noticia de que los noruegos, mediante un referéndum nacional, eligió al príncipe Carlos de Dinamarca como rey de la nueva Noruega independiente. El nuevo rey había solicitado a las autoridades someter su candidatura a la voluntad popular para asegurarse así que contaba con el apoyo de la gente sobre la cual reinaría durante los próximos 50 años.

    Primer rey de Noruega, última coronación

    Junto a su esposa la princesa Maud de Inglaterra y su hijo Alejandro, Carlos hizo las maletas y abandonó su Copenhague natal dejando allí a una enorme familia para instalarse en el vasto Palacio de Oslo, que había estado deshabitado durante décadas. Adoptó el nombre de Haakon VII, para unir su linaje al de los antiguos reyes noruegos, y transformó a su hijo en el príncipe Olav.

    Para dar un inicio solemne a su reinado, Haakon VII fue coronado en 1906 junto a la reina Maud en la catedral de Nidaros (Nidarosdomen) de Trondheim, siguiendo la tradición de los antiguos reyes de Noruega. Antes que él, durante el siglo XIX, Carlos Juan XIV, rey de Suecia y Noruega de la dinastía Bernadotte, se había hecho coronar allí en una ceremonia al estilo sueco.

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    Las coronaciones del siglo XIX

    La costumbre de la coronación era manifestar la institución de Noruega como un reino libre, pese a tener el mismo monarca que Suecia. Los reyes conjuntos eran coronados tanto en Suecia como en Noruega, pero a Noruega le faltaban las insignias y lo necesario para la ocasión. Por eso Carlos XIV Juan ordenó y pagó las coronas reales y el resto de las insignias, y aunque hubo momentos de preocupación por las finanzas y ni el Palacio Stiftgården ni la catedral estaban en buenas condiciones, la sobrina ceremonia de coronación finalmente se celebró.

    Sus sucesores, el rey Carlos XV y la reina Luisa, en 1860, y el rey Oscar II y la reina Sofía, en 1873, siguieron sus pasos. Ahora, el período de unión con Suecia había concluido y Noruega era una nación independiente y soberana. Esto quedó naturalmente reflejado en la ceremonia de coronación de Haakon VII, quien decidió retomar la costumbre típicamente noruega y ser coronado en Trondheim, ciudad asociada a las coronaciones reales durante más de mil años -aunque las ceremonias habían variado en forma a través de los siglos-.

    Carlos XV (IV de Noruega) y la reina Luisa, amantes de la pompa y el esplendor, fueron coronados en 1860. La catedral fue decorada de manera muy llamativa, se restauró el palacio Stiftsgården y se instalaron muebles modernos de forma permanente para que ya no sea necesario pedir prestado a los ciudadanos de alcurnia de la ciudad. Además, se construyó un salón de fiestas temporal donde la ciudad celebró un baile para la pareja real y sus mil invitados. Trece años después, durante la coronación de Oscar II y Sofía, las festividades superaron todo lo que Trondheim vio de esplendor en los últimos siglos.

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    Durante algunos días, Haakon VII y Maud se hospedaron en el Palacio de Stiftgarden, un vasto palacio de madera que sirvió de morada real y sede de los fastuosos banquetes oficiales en ocasión de las coronaciones de Carlos XIV Juan, Carlos XV y Oscar II. La procesión de coronación, sin embargo, fue suprimida y las insignias de la Corona habían sido colocadas en el altar mayor antes de la entrada del rey en Nidarosdomen.

    Por primera vez desde el año 1531 se utilizó la Catedral en toda su amplitud, ya que las oras de restauración emprendidas en 1869 estaban tan avanzadas en 1906 que el extremo oeste de la nave pudo utilizarse como salón provisional. Dos mil trescientas personas asistieron a la solemne ceremonia, entre ellos los reyes Eduardo VII y Alejandra, padres de la reina Maud.

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    Antiguamente, las aclamaciones de los reyes de Noruega se llevaban a cabo en la asamblea del Oyrating, en Trondheim, y su origen se halla en el siglo X.

    En 1908, el artículo 10 de la Constitución, relativo a la coronación, fue abolido con solo dos votos en contra. La comisión de Control de Asuntos Constitucionales del Parlamento había recomendado por unanimidad suprimir la ceremonia, según explicaron, porque “la tradición de consagrar a los reyes ha caído en desuso en nuestros países vecinos”. En Dinamarca, la última coronación se celebró en 1840 y el ascenso al trono es oficializado mediante una proclamación. En Suecia, la historia mostraría que la última sería la de Oscar II, en 1873. Actualmente, la única monarquía europea que mantiene la tradición de coronar a sus reyes es la inglesa.

    Las regalías de la corona, el tesoro de Nidarosdomen

    Durante la ceremonia, Haakon recibió la corona real creada en 1818 para el rey Carlos Juan, quien pagó con dinero propio la joya a un joyero sueco llamado Olof Wihlborg. La corona, de 1,5 kilos, está hecha de oro y adornada con muchas perlas y piedras preciosas, entre amatista, granate, ópalo, peridoto, crisoprasa, topacio, turmalina, zafiro y esmeralda. La piedra preciosa grande al frente es una turmalina verde.

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    La reina Maud, quien fuera una de las cinco nietas de la reina Victoria de Gran Bretaña que fue coronada en un país extranjero, recibió una corona de 1830 que se utilizó por primera vez en 1860, cuando Luisa de Holanda, esposa de Carlos XV, fue coronada en Noruega. Hecha de plata dorada, cuenta con una enorme amatista púrpura, ademásde citrinos, crisoprasa y topacio. Pero la corona de la reina está adornada ante todo con perlas tanto en la corona como en el terciopelo rojo en el tirón. El tirón es la parte de la corona que está hecha de una fina pieza de tela. Está bordado con hasta 1578 perlas pequeñas.

    La “Ceremonia de Bendición” remonta sus raíces a un milenio atrás y testimonia la profunda identificación entre la corona, el Gobierno y la Iglesia de Noruega. 

    Al morir el rey Haakon VII, en 1957, no existía fundamento legal alguno para que su sucesor, el rey Olav V, fuera consagrado en Nidarosdomen. Sin embargo, como esto no significaba una prohibición, después de prestar juramento ante el Parlamento en Oslo el rey (que era viudo de la princesa Martha de Suecia), uniendo sus notables conocimientos de historia y un desarrollado valor de la tradición, pidió ser consagrado en Trondheim. El rey sentía que una ceremonia religiosa era lo más natural, ya que como monarca era cabeza visible de la Iglesia de Noruega. El obispo de Nirados, Arne Fjellbu, apoyó firmemente el deseo real.

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    Olav V, una ceremonia de tintes históricos

    La “Ceremonia de Bendición” remonta sus raíces a un milenio atrás y testimonia la profunda identificación entre la corona, el Gobierno y la Iglesia de Noruega. Antiguamente, las aclamaciones de los reyes de Noruega se llevaban a cabo en la asamblea del Oyrating, en Trondheim, y su origen se halla en el siglo X. La Ley de Sucesión al Trono del año 1163 establecía el Oyrating como asamblea nacional investida de la potestad de aclamar al rey noruego, y esta ceremonia se llevó a la práctica durante la proclamación del rey Sverre Sigurdsson, en 1177.

    La nueva costumbre de consagración del rey, es decir, la coronación en el transcurso de una ceremonia religiosa, fue introducida en Noruega en esa época. El rey Magnus Erlingsson fue coronado y ungido en la ciudad de Bergen, arraigando de esta manera en su país una costumbre propia a los pueblos germanos. Por entonces, la costumbre de la coronación real iniciada en Europa por los emperadores romanos de Oriente y Occidente, ya formaba parte de los rituales cortesanos de la Europa cristiana. El último rey proclamado en el Oyrating según las antiguas leyes fue Haakon V Magnusson, en 1299. Terminada la ceremonia en el lugar de la asamblea, los altos dignatarios eclesiásticos y temporales se dirigieron a Nidarosdomen, donde se ofició una misa solemne y el obispo bendijo al rey. Los sucesivos reyes fueron bendecidos en la catedral siguiendo esta pauta.

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    La ceremonia de Olav V fue sobria y, sin embargo, según el autor e historiador Tor Bomann-Larsen, los países nórdicos nunca habían visto una coronación real más magnífica. Con su decisión de ser consagrado en Nidarosdomen, el rey Olav V reestableció las bases de una tradición con raíces que se remontan a un tiempo a las aclamaciones reales ante la asamblea (Orating) y a las ceremonias de coronación de los reyes noruegos entre 1163 y 1906. El 21 de junio de 1991, el actual rey Harald V y la reina Sonia continuaron esta tradición recobrada por Olav, que generaciones de reyes noruegos siguieron a lo largo de mil años.

    Durante la ceremonia, cumplida al final de período de luto por la muerte del rey Olav, las insignias de la Corona fueron colocadas en la catedral, su hogar permanente desde entonces, siguiendo el deseo de Carlos XIV Juan. Las coronas de los monarcas, culminadas con la cruz cristiana, desempeñaron un papel importante en la bendición de los reyes, siguiendo la pauta marcada por Olav V, y que seguirá cuando el actual príncipe heredero Haakon y la princesa Mette-Marit asciendan al trono.

    LAS REGALÍAS DE LA CORONA NORUEGA. En 1814, el rey Karl Johan hizo que se hiciera la corona real con sus propios fondos. Eventualmente se agregaron otras partes de las insignias. La corona del rey está hecha de oro y pesa 1030 gramos. Consiste en un anillo de 4 cm de alto que lleva 8 aros. La corona está dominada por una gran turmalina. En la parte superior hay un globo en esmalte azul salpicado de pequeñas estrellas doradas. Entre las coronas hay cosidas 50 perlas. La corona de la reina está hecha de plata con un dorado pesado. El encaje es de oro. En el borde superior de la coronación hay una banda de perlas con 153 perlas. Las insignias también consisten en la corona del Príncipe Heredero, El cetro del rey, el cetro de la reina, el cetro de la reina y la espada nacional.

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  • El rey de Noruega abrió su corazón sobre la prematura muerte de su madre

    En un libro basado en entrevistas, Harald V se refirió al “shock” que sufrió la familia real con el suicidio de Ari Behn y recordó su propia experiencia tras perder a su madre, Marta de Suecia.

    En un libro basado en entrevistas, Harald V se refirió al “shock” que sufrió la familia con el suicidio de Ari Behn y recordó su propia experiencia tras perder a su madre, Marta de Suecia. El autor de Kongen forteller, Harald Stanghelle escribe que Behn, exesposo de la princesa Martha Luisa, iba a visitar a la familia real en Kongsseteren el día en que se quitó la vida.

    “Estábamos juntos cuando sucedió. Fue un shock. Estábamos muy sorprendidos, aunque sabíamos que estaba en problemas. Es doloroso y lleva mucho tiempo superarlo. El hecho de que estuviéramos juntos cuando nos enteramos de la muerte nos dio, como abuelos, la oportunidad de acercarnos más a nuestros nietos. Nos hemos acercado mucho más el uno al otro”, dice el rey Harald en el libro.

    El monarca, de 83 años, asegura que “no tenía ninguna duda de que lo que le había sucedido a Ari Behn debía incluirse en el discurso de Año Nuevo”, que debía dar una semana más tarde. “Cuando su familia decidió ser transparente con el tema fue algo natural para mí. Habría estado totalmente mal si no lo hubiera incluido, sin embargo, fue difícil para mí encontrar las palabras adecuadas porque hablaba del padre de mis nietas”, explica el rey. En las páginas del libro Harald V reconoció que la muerte de Ari Behn le recordó a su propia historia, con la muerte de su madre, la princesa heredera Marta, quien murió de cáncer en 1954, cuando su hijo tenía 17 años.

    La muerte de Marta a los 53 años ensombreció la existencia de la pequeña familia real de Noruega. “Era una familia de luto. Lo tuve que procesar yo solo, no había nadie con quien hablar del tema, solo uno de los buenos amigos de papá (el rey Olav V) me sacó el tema. Él entendió cómo me sentía, de lo contrario no mucha gente hablaba de ello”, reveló el rey.

    “Mucho ha cambiado a medida que las personas ahora asumen lo personal y lo emocional con más frecuencia”, reflexionó. “Ese no fue el caso entonces. No sé si el hecho de que perdí a mi madre se resolvió tanto. Pero la vida tenía que continuar. Tenía que hacerlo. Fue un momento difícil, pero peor fue para el rey Olav, creo. Perder a tu madre es malo. Tuvimos que vivirlo, tuvimos que superarlo de una forma u otra”.

    La princesa Marta nació el 28 de marzo de 1901 en Estocolmo y fue bautizada con los nombres de Märtha Sofia Lovisa Dagmar Thyra. Como Noruega estaba en unión con Suecia en este momento (esta unión se disolvería cuatro años después), también se convirtió en la princesa de Noruega al momento de su nacimiento. Sus padres fueron el príncipe Carlos de Suecia (1861-1951) y la princesa Ingeborg de Dinamarca (1878-1958), y su hermana menor fue Astrid, futura reina de Bélgica fallecida en un accidente automovilístico. Siendo joven se comprometió con el príncipe heredero Olav de Noruega, quien era primo hermano suyo, ya que ambos tenían una abuela común en la reina Luisa Josefina Eugenia de Dinamarca (1851-1926).

    La boda entre Olav y Märtha fue la primera boda real celebrada en suelo noruego en 340 años. La última había ocurrido el 23 de noviembre de 1589, cuando Noruega estaba en unión con Dinamarca, y fue protagonizada por el rey escocés James VI (1566-1625) y la princesa danesa Anna (1574-1619). La pareja se instaló en la residencia de Skaugum, donde criaron a sus hijos, la princesa Ragnhild (1930-2012), la princesa Astrid (nacida en 1932) y el príncipe Harald (nacido en 1937). La muerte de su suegra, la reina Maud, en 1938, convirtió a Martha en primera dama del país y en un gran apoyo del rey Haakon VII.

    Desafortunadamente, los tres hijos eran muy jóvenes cuando experimentaron la muerte de su madre, que nunca logró convertirse en reina de Noruega. “Märtha y yo íbamos a celebrar nuestras bodas de plata, pero tres días antes fue internada en el Rikshospitalet”, relataría mucho después el rey Olav. “Fue la enfermedad del hígado la que volvió a atacar. Mi esposa falleció la noche del 4 al 5 de abril de 1954. Para mí, fue una pérdida muy, muy grande. Sí, para todos. Mi padre, que también era su tío, la amaba. Y fue mutuo”. Haakon VII murió tres años después y el viudo de Martha, Olav V, nunca volvió a casarse.

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  • Soledad, complejos y dislexia: historiador descubre la difícil infancia de Olav V de Noruega

    Obligado a comportarse como un “noruego”, el joven príncipe hizo lo que pudo para evitar leer y escribir en la escuela.

    El historiador noruego Tore Rem obtuvo acceso a los archivos personales del rey Olav V (1903-1991) para revelar detalles hasta ahora desconocidos sobre los primeros años de vida del hombre que durante sus 33 años en el trono sería conocido como el Folkekongen o “el rey del pueblo”. Bautizado como Alejandro, príncipe de Dinamarca, llegó desde Copenhague hasta Oslo a la edad de dos años, en 1905, cuando su padre, el rey Haakon VII (ex príncipe Carlos de Dinamarca), fue elegido rey de Noruega. Junto con su madre, la reina Maud, nacida en Inglaterra, los tres se mudaron a un país desconocido: para Alejandro fue un cambio enorme, y el cambio de su nombre por Olav, que sonaba más noruego, fue la principal de esas transformaciones.

    “Olav era un extraño y creo que estaba muy solo. La familia llegó al país sin ninguna conexión y él era hijo único. Esto se vio reforzado por crecer en una casa rígida, rodeada solo de adultos y sin compañeros de juegos”, dice Tore Rem. En palacio, la pequeña familia real noruega hablaba inglés y Rem se pregunta si esta puede ser una de las razones de los conocidos problemas del pequeño heredero con la lectura y la escritura: cuando comenzaba a aprender a hablar en danés, se le enseñó a hablar en noruego y, a la vez, sus padres se comunicaban en inglés, la lengua materna de la reina Maud.

    El biógrafo escribe que el príncipe Olav tenía diez años y escribía cartas que eran muy difíciles de descifrar. Esto provocó complejos y llegó a negarse a volver a escribir. Su maestro decía que el hijo de los reyes que estaba muy por abajo de sus compañeros en lectura y escritura. “Al mismo tiempo, buscó todo tipo de excusas para alejarse de estas materias en la escuela”, escribe Rem. “Los problemas también se vuelven muy claros durante los estudios en Oxford en Inglaterra. Los informes de los profesores muestran que luchó mucho. No entendían por qué deletreaba correctamente una palabra una semana y completamente mal la siguiente”, dice.

    Esto sucedió en un momento en que existía un conocimiento limitado sobre la dislexia. “Esto llevó a que algunas personas pensaran que era un vago, algunas personas pensaron que era un estúpido. Experimentó otra forma de vergüenza. Y fortaleció una forma de timidez que tenía en su juventud y adultez”, dice Rem. Las dificultades del lenguaje lo caracterizarán durante toda la vida del futuro rey. “Lo que me ha llamado la atención es lo que deben haber significado para él estos desafíos. Estaba condenado a una vida en público y luego tuvo esta desventaja, que fue significativa. Se nota sobre todo cuándo debe dar discursos de manuscritos”, dice Rem citado por la cadena NRK.

    El autor asegura que en un principio la dislexia le provocó modestia y timidez al príncipe, que se mostraba muy nervioso ante este tipo de eventos, donde tenía que dar discursos escritos. “Eventualmente mejoró, pero nunca escapó de los manuscritos en los discursos de Año Nuevo. A veces, sucedía que se detenía, hacía un énfasis incorrecto o tropezaba con las palabras”. Su situación es muy parecida a la de su primo hermano, el rey Jorge VI de Inglaterra, joven tímido criado en un entorno estricto que superó sus dificultades del habla gracias a la ayuda de su esposa, la reina Isabel.

    Tenía que parecer “noruego”

    Tore Rem escribe además que el príncipe Olav se enfrentó a la difícil tarea de ser lo más “noruego” posible en un momento en que la monarquía era una institución frágil en Noruega. Si bien el rey Haakon y la reina Maud se adaptaron muy fácilmente a la vida noruega, su hijo enfrentó muchas dificultades. Pero según el autor, la iniciación en los deportes de invierno fue una de las mejores cosas que le pudo pasar al joven Olav: “Lo veo como un rescate de la tarea escolar. Se lanza a los deportes, especialmente al salto de esquí. El gran clímax es cuando en 1922 salta en Holmenkollen”, una zona montañosa en las afueras de Oslo que se convirtió en el área recreativa de esquí por excelencia desde finales del siglo XIX.

    DATOS SOBRE EL REY OLAV V. Nació el 2 de julio de 1903 en Appleton House en Inglaterra, fue bautizado como Alexander Edward Christian Frederik y fue Príncipe de Dinamarca. Hijo del entonces príncipe Carl y la princesa Maud. Tenía dos años cuando su padre se convirtió en rey de Noruega, el rey Haakon VII, en 1905. El príncipe Alejandro se convirtió en príncipe heredero Olav. Se casó con su prima, la princesa sueca Märtha en la catedral de Oslo el 21 de marzo de 1929. Tuvieron tres hijos: la princesa Ragnhild, la princesa Astrid y el príncipe Harald (actual rey de Noruega). Su esposa, la princesa heredera Märtha, murió en 1954 y nunca se volvió a casar. Se convirtió en rey el 21 de septiembre de 1957 cuando murió el rey Haakon VII. Murió el 17 de enero de 1991 y fue sepultado en la Fortaleza de Akershus (Oslo).

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