Este año, el contenido del discurso se mantiene en secreto en un intento por causar un impacto dramático en el Reino Unido, sumergido en la segunda ola de la pandemia.
El mensaje de Navidad de la reina Isabel II de Gran Bretaña, que se transmite cada 25 de diciembre a las 3 de la tarde, siempre ha sido un emblema de las festividades. El Palacio de Buckingham con frecuencia ofrece un adelanto del discurso y su tema central, pero esta vez el contenido se mantiene en secreto en un intento por causar un impacto dramático en la nación.
El palacio decidió no anunciar nada sobre su contenido antes del día de Navidad de este año en un esfuerzo por maximizar el impacto y la audiencia. Una fuente de alto nivel dijo que la casa real desea utilizar “el factor sorpresa”. “Simplemente sentimos que ayudaría con el impacto de este año”, agregó.
Se espera sin embargo que la reina Isabel, de 94 años, pronuncie desde el Castillo de Windsor un mensaje particularmente personal y esperanzador este año, marcado por la crisis global del coronavirus, y durante el cual más de 1.980.000 personas dieron positivo en el Reino Unido y 66.500 personas murieron a causa de la enfermedad.
La prensa británica espera que el mensaje de navidad de la reina alcance números récord de audiencia y se estima que será un “grito de guerra” que inspire a la gente a continuar apoyándose y cuidándose los unos a otros mientras la segunda ola de la pandemia recorre Europa.
Casi 24 millones de personas vieron la transmisión especial de la reina a la nación en abrilcuando se hizo eco de la promesa de la canción de éxito de la Segunda Guerra Mundial de Vera Lynn: “Tenemos que consolarnos sabiendo que, aunque aún tenemos más que soportar, volverán días mejores. Volveremos a estar con nuestros amigos; volveremos a estar con nuestras familias; nos volveremos a encontrar”, dijo la monarca.
Mientras tanto, el contenido del mensaje de la reina lidera los vaticinios de las principales casas de apuestas del Reino Unido: “No es de extrañar que el discurso de la reina encabece la apuesta por ser el programa de televisión más visto en Navidad después del año que hemos tenido”, dijo Alex Apati, de la casa de apuestas Ladbrokes.
Isabel II y el príncipe Felipe quieren “predicar con el ejemplo” a los británicos al cancelar las reuniones sociales. “Como todos, esperan que las cosas vuelvan a la normalidad en 2021”, afirman en el palacio.
La reina Isabel II y el príncipe Felipe de Gran Bretaña romperán 33 años de tradición real al pasar la Navidad en el Castillo de Windsor sin su familia. Liderando con el ejemplo, ya que se insta a los británicos a tener cuidado en esta temporada festiva en plena pandemia de Covid-19, la pareja real canceló su viaje habitual a Sandringham y, en cambio, pasarán el día en solitario.
Pero para asegurarse de que la Navidad siga siendo especial a pesar de la catástrofe global causada por el coronavirus, el personal trabaja arduamente preparando las tradicionales decoraciones del Castillo de Windsor.
Los apartamentos estatales de la residencia real, que están abiertos al público, se transformaron con árboles relucientes, luces centelleantes y hermosos adornos, según mostró este miércoles la Royal Collection Trust.
La tradición que sí se ha roto fue la acostumbrada entrega de regalos de parte de la reina a todo el personal de la casa real. Normalmente, Isabel II compra un pequeño obsequio para cada trabajador del palacio, que ella personalmente entrega para agradecerles por su trabajo durante el año. En el pasado, los empleados recibían retratos enmarcados fotos y copas de champán, además de un regalo personal y un tradicional puding navideño.
Sin embargo, en medio de planes que intentan proteger a la anciana pareja real del coronavirus, la reina se ha visto obligada a desechar la ceremonia de este año. El diario The Daily Mail sin embargo informó que el personal aún recibirá sus regalos.
“Es una gran tristeza, pero es inevitable y es lo correcto”, dijo una fuente del castillo. “El personal seguirá recibiendo un obsequio de la reina como siempre, pero no habrá un momento especial con Su Majestad. Es una decepción tanto para ella como para ellos, ya que es una época del año muy especial”.
“Al igual que en las oficinas en todo el país, este año no habrá fiestas de Navidad en el Palacio de Buckingham ni en ninguna de las residencias reales. Así tiene que ser”, agregó la fuente.
Funcionarios de la casa real dijeron al Daily Mirrorque la reina de 94 años tomó la decisión de “predicar con el ejemplo” y deshacerse de la reunión familiar, después de consultar a los médicos del palacio y al resto de la familia, incluido su esposo, de 99 años. Aunque se suavizaron las restricciones y se permite que las personas formen “burbujas navideñas” de tres hogares, se insta a las personas a que tomen decisiones sensatas.
El asesor médico jefe, el profesor Chris Whitty, advirtió la semana pasada contra el contacto físico con parientes ancianos durante la Navidad: “No hagan estupideces. ¿Animaría a alguien a abrazar y besar a sus parientes mayores? No, no lo haría”.
Ante esto, una fuente del Palacio dijo: “La reina es muy consciente de la necesidad de actuar con cautela durante la crisis y el período navideño no es diferente. La reina y el príncipe tienen la suerte de pasar la Navidad con su familia todos los años. Entienden que su familia tendrá restricciones durante el período navideño y están contentos de tener una temporada festiva tranquila este año. Como todos, esperan que las cosas vuelvan a la normalidad en 2021”.
La reina, de 94 años, y el príncipe Felipe, de 99, se encuentran en el grupo de riesgo más alto, y tendrán que reducir su lista de invitados al máximo.
La familia real británica ha pasado la Navidad en su residencia de Sandringham, Norfolk, desde finales de la década de 1980 y, por lo general, asisten a un servicio religioso tradicional en una pequeña iglesia cercana. Sin embargo, este año la pandemia de Covid obligó a una serie de cambios que quebraron la tradición
De este modo, la reina Isabel II y el príncipe Felipe pasarán la Navidad “tranquilamente” en el Castillo de Windsor, 40 kms al oeste de Londres, rompiendo con la tradición de recibir a toda la Familia Real en Sandringham durante el período festivo. Un portavoz del Palacio de Buckingham dijo: “Habiendo considerado todos los consejos apropiados, la reina y el duque de Edimburgo han decidido que este año pasarán la Navidad tranquilamente en Windsor”.
La reina está “contenta de tener una temporada festiva tranquila con la esperanza de volver a la normalidad en 2021”, dijo el periodista británico Chris Ship.
La familia real acostumbraba a celebrar la Navidad en el Castillo de Windsor cuando los hijos de la reina eran pequeños. Pero cuando la residencia fue remodelada en 1988, se trasladaron las celebraciones a Sandringham, donde han pasado el día desde entonces. Por lo general, la familia real asiste a un servicio religioso tradicional en St. Mary Magdalene.
Al igual que muchas grandes reuniones familiares este año, la reunión de la Casa de Windsor ya estaba cancelada, ya que la familia en general se dividió en grupos más pequeños que el gobierno bautizó “burbujas”. El Reino Unido mantiene ahora un confinamiento estricto, pero del 23 al 27 de diciembre a los británicos se les permitirácombinar tres hogares, lo que significa que la monarca tuvo que tomar algunas decisiones difíciles.
La reina, de 94 años, y el príncipe Felipe, de 99, se encuentran en el grupo de riesgo más alto, y los problemas de salud preexistentes de este último que lo llevaron al hospital la Navidad pasada son un factor clave en cualquier toma de decisiones. Ahora la pareja deberá organizar una Navidad reducida y segura en la que contará con la compañía de los condes de Wessex y otro grupo familiar que aún no se confirmó.
El príncipe de Gales y su esposa, Camilla, pasarán la Navidad en la casa de Highgrove, según explicó la periodista Rebecca English: “El príncipe Carlos y la duquesa de Cornualles pasarán el día de Navidad en Highgrove, aunque esperan ver a la reina y al príncipe Felipe en algún momento… aunque fuera en el exterior para dar un paseo”.
Solo dos núcleos familiares podrán unirse a la pareja real, según las restricciones impuestas por el gobierno británico.
Los planes navideños de la reina Isabel II, de 94 años, y del príncipe Felipe de Gran Bretaña, de 99, han estado sujetos a una gran especulación, ya que existen dudas sobre cómo la pareja real podría pasar esa fiesta en medio de la pandemia del coronavirus y sin riesgos de contagio.
Si bien la tradicional Navidad real en Sandringham no tendrá lugar este año, Isabel y Felipe estarán con familiares, según afirmó una fuente del palacio de Buckingham. Se espera que el hijo menor de la reina y de Felipe, el príncipe Eduardo, se una a sus padres en compañía de su esposa Sophie, condesa de Wessex, y sus dos hijos, Lady Louise Windsor y el vizconde Severn, para celebrar la festividad.
El Reino Unido, donde cada región define su estrategia sanitaria, es el país más castigado de Europa con más de 57.000 muertos confirmados por covid-19 y casi 1,6 millones de casos positivos. A partir del 2 de diciembre, Londres se situará en el nivel de alerta “alto”, el segundo de tres, que incluirá a la mayor parte de Inglaterra con un total de 32 millones de personas, y estará prohibido reunirse con personas que vivan bajo otro techo, y la prohibición incluye a la familia real.
Habrá, sin embargo una “tregua” de Navidad en la que se permitirá que hasta tres hogares se mezclen entre el 23 y el 27 de diciembre. Durante este período, las familias no deberían mezclarse con otras y solo podrán reunirse con personas que no hayan tenido relaciones con otras familias. De acuerdo a esto, también podría unirse a Isabel II otro núcleo familiar, que podrían ser el príncipe Carlos y su esposa Camilla, o bien los duques de Cambridge y sus hijos, siempre que hayan guardado una cuarentena preventiva.
Casi la totalidad de los 56 millones de habitantes de Inglaterra, Londres incluido, seguirá viviendo bajo importantes restricciones cuando el segundo confinamiento llegue a su fin el 2 de diciembre, cuando el país volverá al sistema de restricciones locales en base a tres niveles que se determinan en función de la incidencia del virus. El primer ministro Boris Johnson, insistió en la necesidad de respetar las restricciones a la espera de que las vacunas contra Covid-19 estén listas para ser distribuidas.
La reina estará en el sur de Jutlandia y no en el castillo de Marselisborg, donde celebra la Navidad desde hace 40 años.
Falta menos de un mes para la víspera de Navidad y la casa real de Dinamarca se está preparando para unas fiestas que este año serán atípicas, marcadas por la pandemia del coronavirus, y por la necesidad de proteger a la reina Margarita II, de 80 años, de una posible infección.
Con frecuencia, la reina Margarita II y su esposo, el fallecido príncipe Enrique, han celebrado la Navidad en el castillo de Marselisborg, en Aarhus, una tradición que no se interrumpió desde 1969. Pero este año pasará la celebración cristiana en Castillo de Schackenborg, en Møgeltønder, en el sur de Jutlandia, con su hijo menor y su familia, que vivieron allí hasta 2014, cuando la familia se mudó al norte de Copenhague.
El año pasado, el príncipe, su esposa, la princesa Marie, y los dos hijos de la pareja, el príncipe Henrik de 11 años y la princesa Athena, de 8 años, se mudaron a Francia, pero la familia regresará a Dinamarca a finales de diciembre para pasar la Navidad con la reina. Los dos hijos mayores de Joaquín, Nicolás, de 21 años, y Félix, de 18 (hijos de la exprincesa Alejandra), también estarán en Nochebuena en Schackenborg, según un comunicado de prensa de la Familia Real.
CASTILLO DE SCHACKENBORG, JUTLANDIA
“Si toda la familia real se reuniera, entrarían en conflicto por la prohibición de reuniones sociales, que se ha reducido a 10 personas”, dijo el diario online Nyheter24. Por ello, el príncipe heredero Federico, de 52 años, y su esposa Mary se quedarán en Copenhague y pasarán la Navidad en el Castillo de Amalienborg con sus cuatro hijos, Christian, Isabella, Vincent y Josephina.
El castillo de Schackenborg fue propiedad de la familia Schack hasta mediados del siglo XX. El último heredero finalmente entregó el castillo a la familia real en la década de 1970, razón por la cual una parte se convirtió en la residencia privada del príncipe Joaquín. Desde 2014 solo ha sido el segundo hogar de la familia y está abierto al público.
La familia real danesa también tiene la tradición de ir a la iglesia en Nochebuena, pero en el comunicado de prensa de la Casa Real no se desprende si las restricciones sanitarias del coronavirus afectarán esta actividad.
No toda la familia Windsor estará en Navidad con la reina y el príncipe Felipe, que este año verán romperse varias tradiciones.
Las restricciones del coronavirus podrían obligar a la reina Isabel II de Inglaterra a seguir el ejemplo de la reina de Dinamarca y tener una Navidad simplificada y reducida. Las consecuencias de la infección de Covid en las personas mayores de 60 años son graves y, si se tiene en cuenta que la reina tiene 94 años y su esposo, Felipe, cumplirá 100, las medidas sanitarias que se deben tomar son extremas.
Tras el anuncio de que la reina Margarita II de Dinamarca pasará la Navidad con solo una parte de su familia, para evitar riesgos de infecciones, el biógrafo real Phil Dampier cree que la reina Isabel II y la familia real deberían seguir el ejemplo y organizar una Navidad reducida y austera. “Una Navidad reducida para la familia real danesa. Sospecho que será lo mismo para la familia real británica”, dijo el autor.
La reina y el príncipe Felipe han pasado el período navideño en su propiedad de Norfolk, Sandringham House, durante las últimas tres décadas. Sin embargo, este año, la amenaza del coronavirus y las restricciones vigentes hacen imposible que los ancianos de la realeza celebren las festividades con tantos miembros de su familia como están acostumbrados. En las Navidades, Isabel II suele reunir a más de una veintena de familiares.
El gobierno británico elaboró esta semana planes que permitirán que hasta tres grupos familiares formen una “burbuja navideña” y puedan reunirse entre el 23 y el 27 de diciembre reduciendo el riesgo de infección de Covid. Irlanda del Norte, por su parte, organizó una ventana más larga, con la flexibilización de las medidas de bloqueo a partir del 22 de diciembre y terminando el 28 de diciembre.
Las ‘burbujas’ seguirán siendo las mismas durante las festividades, lo que significa que las personas que se reúnan el día de Navidad no podrán mezclarse con diferentes personas el 26 de diciembre. Además, el gobierno de Boris Johnson permitirá que las ‘burbujas’ se reúnan en las casas de los demás, en un lugar de culto o en un espacio público al aire libre o en un jardín privado.
Durante el período establecido por el Gobierno, los británicos también podrán visitar a familiares en todo el país, con todas las restricciones de viaje aliviadas temporalmente. Solo las personas que se aíslan voluntariamente, dieron positivo en la prueba o tienen síntomas de coronavirus tendrán prohibido unirse a las ‘burbujas’ o salir de sus hogares durante la Navidad.
Esto significa que la reina Isabel y el duque de Edimburgo podrían viajar a Norfolk para celebrar sus vacaciones invernales en Sandringham House. Sin embargo, solo otros dos grupos familiares podrían pasar la Navidad con ellos, lo que genera una decisión potencialmente difícil de elegir entre los miembros de la extensa familia Windsor.
Más tradiciones descartadas por el aislamiento
El primer ministro Boris Johnson también pidió a la gente que use su “juicio personal” sobre si visitar a parientes ancianos, en medio de temores de que puedan contraer Covid-19. “Muchos de nosotros anhelamos pasar tiempo con familiares y amigos … Y sin embargo, no podemos permitirnos el lujo de perder la precaución”. Y agregó: “Es la temporada para ser alegre, pero también es la temporada para tener mucho cuidado”.
La reina, que se encuentra aislada con su esposo en el castillo de Windsor desde marzo (con cortas estadías en Norfolk y Escocia), ya ha visto un cambio en sus tradiciones navideñas. Primero, deberá pasar la Navidad en Windsor, y no en Sandringham como acostumbra, debido a la negativa del personal de esa residencia a aislarse durante casi todo el mes de diciembre de sus familiares para asistir a la reina.
Por otra parte, la reina descartó asistir a la iglesia en la tradición real navideña en un intento por evitar las multitudes habituales que se reúnen para la participación familiar anual. Se cree que esta es solo la tercera vez en su reinado que no asistirá a la iglesia con su familia el día de Navidad, y la primera vez que los Windsor no asisten en familia.
Además, Cada año, el Castillo de Windsor es abierto al público hasta principios de enero para que los ciudadanos puedan admirar las impresionantes decoraciones navideñas desplegadas por la casa real. Pero debido al confinamiento nacional en curso, el lanzamiento del “Christmas at Windsor Castle” se retrasó hasta el 3 de diciembre.
La prensa británica aseguró que la reina Isabel II está “furiosa” después de que el personal de la Casa Real se negara a quedar aislado junto a ella en la residencia campestre de Sandringham durante la época de Navidad. “A los aproximadamente 20 empleados se les pidió que permanecieran en la finca de Norfolk del monarca sin sus familias para asistir la reina, al príncipe Felipe y otros miembros de la Familia Real durante el período festivo”, dijo el Daily Mail.
Diversas fuentes dijeron al diario The Sun que el grupo de sirvientes de las áreas de limpieza, lavandería y mantenimiento se “amotinó” porque no están dispuestos a aislarse de sus seres queridos durante cuatro semanas para ser parte de lo que se ha denominado “la Burbuja de Su Majestad”, destinada a proteger a la monarca, de 94, de un posible contagio de coronavirus, lo que a su edad podría ser letal. Su esposo, Felipe, tiene 99 años.
Isabel y Felipe
“El levantamiento significa que Su Majestad podría verse obligada a pasar la Navidad en el Castillo de Windsor por primera vez en 33 años. La reina está furiosa”, dijo una fuente real a The Sun, que define la negativa del personal como “sin precedentes”. “Todo el mundo quiere ser leal, pero sienten que han sido empujados demasiado lejos al aislarse de sus familias en Navidad”, dijo la misma fuente. Otra fuente dijo al citado periódico: “Se están llevando a cabo conversaciones con el equipo sobre asuntos operativos, pero es demasiado pronto para especular sobre las implicaciones para la Navidad”.
La reina normalmente pasa sus vacaciones de invierno en la finca de Sandringham, Norfolk. En marzo, la monarca y su marido abandonaron Londres a medida que la pandemia de Covid-19 avanzaba y se refugiaron en el Castillo de Windsor. En agosto, la pareja se trasladó a Escocia, su residencia de verano, y regresó a Sandringham el 14 de septiembre. Recientemente se informó que la reina tiene la intención de regresar a Windsor en octubre y llevar a cabo un horario reducido de audiencias y compromisos en el Palacio de Buckingham en el período previo a la Navidad.
El abuelo de la actual reina Isabel II, Jorge V de Gran Bretaña, fue el precursor de los mensajes navideños, por entonces dirigidos a todo el Imperio británico. El primer discurso fue transmitido por la radio BBC el 25 de diciembre de 1932 a las 3 de la tarde. Durante la semana previa, el monarca leyó en voz alta constantemente el discurso, redactado por el poeta Rudyard Kipling, hasta el punto que la reina María se lo aprendió de memoria de solo escucharlo. Sin embargo, como se trataba de una gran innovación tecnológica, la transmisión no estuvo exenta de riesgos.
El evento más imprevisto de ese día no tuvo nada que ver con una falla técnica, pero ocurrió cuando el rey se cayó de su silla favorita justo cuando estaba a punto de hablar: “Gracias a las maravillas de la ciencia moderna, esta Navidad puedo hablar a todos mis pueblos del Imperio (…) Ahora hablo desde mi hogar y desde el fondo de mi corazón y me dirijo a todos ustedes: a los hombres y mujeres, separados por las nieves, el desierto o el mar, que solo las voces transmitidas por el aire pueden alcanzar…” Veinte millones de personas de todo el mundo escucharon por primera vez la voz del rey en lo que, según tituló el diario “Daily Express”, fue “LA TRANSMISIÓN RADIAL MÁS GRANDE DEL MUNDO”.
La reina Victoria de Gran Bretaña tenía una obsesión por la buena comida, mayormente producto de la depresión en la que la sumergió la prematura muerte de su amado esposo, el príncipe Alberto. El médico real, James Read, se mostraba especialmente exasperado con ella. No paraba de comer y, como era de esperarse, se quejaba de dolores de estómago y de hinchazón que la había mantenido despierta toda la noche, como resultado de un pesado pudín que disfrutó en la cena. Cuando el médico le prescribía una dieta estricta, Victoria se mostraba obediente pero al retirarse el médico volvía a atiborrarse de lujosos platos y abundante postre.
Dada la pasión que Victoria sentía por la buena mesa, durante su reinado se repitieron los banquetes y cenas formales en el Palacio de Buckingham con un flujo aparentemente interminable de platos exóticos fabricados en las amplias cocinas reales. En el transcurso de los banquetes reales, se servían entre cuatro y seis platos, con siete a nueve manjares en cada uno. Para grandes ocasiones, solían incluir bacalao con salsa de ostiones, patas de pato en salsa Cumberland y asado de cordero. Según los archivos reales, durante una comida en 1857 Victoria disfrutó de pasta italiana y sopa de arroz; caballa y merlán; carne asada y capón con arroz; pollo asado y espárragos; merengue y otros pasteles. De postre, los preferidos de Victoria: helado y profiteroles de chocolate.
Esto explica lo opulentos que solían ser los banquetes de Navidad y Año Nuevo, que fueron acrecentándose a medida que la reina envejeció. Victoria pasó las fiestas de diciembre de los últimos años de su vida en Osborne House, en la Isla de Wright. Mientras la cena navideña ofrecía platos muy bien elaborados, los menúes de las cenas de Año Nuevo demuestran que era una verdadera maestra del ahorro, ya que se comían las sobras de Navidad, incluyendo el pavo asado, chine de cerdo, pasteles de carne y pudín de ciruelas. Por supuesto, había un poco más de “restos” de la Navidad real, incluida toda la cabeza de jabalí, terrina Foie-Gras, pastel de gallo, ternera asada. El tradicional pudín de ciruelas era de un tamaño tan grande que tras la fiesta se cortaba en rebanadas y se enviaba en nombre de Victoria a sus parientes más importantes: la primera rebanada estaba reservada para su nieto imperial, el zar Nicolás II de Rusia, y llegaba por correo a San Petersburgo justo a tiempo para la Navidad ortodoxa rusa celebrada el 7 de enero.
En un menú de la cena navideña que se sirvió para la reina Victoria y sus invitados en la Navidad de 1894, consta la presencia de productos “de lujo” enviados como una cortesía por familias reales de toda Europa. La cabeza del jabalí solía ser un regalo del káiser Guillermo II de Alemania -nieto de Victoria- o del rey de Sajonia, mientras que el zar de Rusia enviaba algunos esturiones imperiales. El gran duque de Mecklenburg-Schwerin enviaba la mejor terrina de Pâté de Foie Gras, envuelta en masa de modo que pareciera una empanada de cerdo gigante, mientras el viejo emperador de Austria enviaba una docena de botellas de vino Tokay desde sus viñedos personales. A cambio, la reina Victoria enviaría 200 “puddings” navideños hechos en el Castillo de Windsor a todos sus familiares y familias reinantes de Europa para cuya cocción se necesitarían 24 botellas del mejor brandy.