Etiqueta: Leopoldo II de Belgica

  • La muerte de un príncipe niño que cambió el destino de la monarquía belga

    La muerte del pequeño príncipe Leopoldo de Bélgica a edad temprana, en 1869, trastornó los destinos de la joven monarquía de su país. Era el único hijo varón del rey Leopoldo II y, como tal, estaba destinado a convertirse en el tercer rey de los belgas.

    El príncipe Leopoldo, Leopold Ferdinand Elias Victor Albert Maria, nació el 12 de junio de 1859 en el Castillo de Laeken y era el segundo hijo del príncipe Leopoldo, el hijo mayor de Leopoldo I, y la archiduquesa María Enriqueta de Austria. A través de su padre, el príncipe era bisnieto de Luis Felipe de Orleáns, último rey de Francia, mientras por el lado materno era bisnieto del sacro emperador Leopoldo II.

    La alegría de los belgas y la familia real fue grande, ya que hasta entonces la pareja de príncipes herederos había tenido solo una hija, la princesa Luisa.

    El niño fue bautizado como su padre y su abuelo, pero también recibió otros nombres de importancia como Fernando, en honor al rey Fernando II de Portugal, su padrino; Elias, la abreviatura de Elisabeth de Austria, hermana y madrina de su madre; Víctor en homenaje a la reina Victoria de Inglaterra, prima del niño, y Alberto, por el marido de la reina británica y también emparentado con la familia real belga por ser un príncipe de Sajonia-Coburgo-Gotha.

    LEOPOLDO II DE BÉLGICA Y SU ESPOSA MARÍA ENRIQUETA DE AUSTRIA

    Además de los nombres, el príncipe Leopoldo recibió el título de Conde de Hainaut al momento de su nacimiento y, en 1865, cuando su padre ascendió al trono, se convirtió en el Duque de Brabante, correspondiente al heredero del trono belga, a la edad de cuatro años.

    Según los historiadores, el duque de Brabante fue un niño alegre pese a la desgracia que era el matrimonio de sus padres, pero su salud nunca fue buena. En 1864 Leopoldo y María Enriqueta fueron padres por tercera vez, de una niña a la que bautizaron Estefanía y sería, mucho después, consorte del trágico archiduque Rodolfo de Austria, quien se suicidó en 1889.

    En 1868, el duque de Brabante cayó en un estanque de agua ubicado en el parque de Laeken. Afortunadamente fue rescatado a tiempo pero el enfriamiento le causó neumonía. Pese a que Leopoldo II luchó por conseguir la mejor atención médica posible, el estado de salud del niño empeoró hasta que murió, por complicaciones cardíacas, el el 22 de enero de 1869.

    MUERTE DE LEOPOLDO, DUQUE DE BRABANTE

    El heredero del trono no tenía más de 9 años. Leopoldo II quedó terriblemente devastado por la muerte de su único heredero y lloró públicamente en los funerales reales. La reina María Enriqueta, quien en 1871 logró dar a luz a una tercera hija, la princesa Clementina, fue culpada por Leopoldo II por la muerte de su hijo y el matrimonio comenzó a derrumbarse.

    La falta de heredero directo constituyó uno de los más amargos pesares de Leopoldo II, quien trasladó su cariño y sus esperanzas dinásticas a su inteligente y apuesto sobrino el príncipe Balduino, hijo de Felipe, conde de Flandes. Las esperanzas, sin embargo, se vieron marchitas cuando el propio príncipe murió a los 21 años, víctima de la influenza, aunque algunos aseguran que murió abatido en un duelo con un marido celoso.

    El conde de Flandes y su esposa, María de Hohenzollern, afortunadamente tenían dos hijas, Josefina y Antonieta -que llegaron a ser, respectivamente, duquesa de Vedome y princesa de Hohenzollern por matrimonio- y un segundo hijo, Alberto. El conde de Flandes, que era sordo, renunció voluntariamente a todos sus derechos sucesorios al trono, por el cual no sentían ninguna ambición, y Leopoldo II fue finalmente sucedido por su sobrino, el rey Alberto I.

  • Felipe de Bélgica, nombrado ‘Personalidad del año’: “Volvió a hacer viable la monarquía”

    El rey Felipe I de Bélgica fue nombrado como una de las personalidades del año 2020 de su país su papel en la tarea de reparar los errores del pasado de la familia real belga.

    Se trata de la primera vez que el rey de los belgas, de 60 años, aparece en la lista de personas destacadas realizada por el diario Het Nieuwsblad, ya que “completó su año más fuerte en el trono belga” y “volvió a hacer viable la monarquía”, según el periódico.

    El corresponsal de la realeza Wim Dehandschutter explicó que “la cálida bienvenida de su media hermana Delphine (19.215 días después de su nacimiento), las disculpas a la ex colonia belga Congo y sus exitosos trucos para formar un gobierno (494 días después de las elecciones)” fueron los momentos decisivos del rey Felipe durante 2020.

    Como príncipe heredero, a veces socavó la existencia continua de la monarquía, como rey resuelto reanima la institución amenazada. ¿Una persona tiene que haber cumplido 60 años para convertirse en un buen rey?”, se pregunta Dehandschutter en diálogo con MONARQUIAS.COM.

    En junio, Felipe I expresó su “más profundo pesar” al Congo por el reinado del rey Leopoldo II

    “Y pensar que toda su vida fue visto como un torpe, un inepto, una amenaza para la monarquía más que una fortificación. Los belgas parecen comprender gradualmente que Felipe compensa su falta de apariencia con ganas de trabajar y buenas intenciones. Está creciendo en su papel”, agregó el experto.

    El cronista recordó que en junio de este año el monarca expresó su “más profundo pesar” al Congo por el reinado del rey Leopoldo II (1865-1909), quien es recordado por su mandato sobre el Estado Libre del Congo, en el que se estima que murieron millones de congoleños al infligir un régimen de violencia y explotación, extrayendo la riqueza del país para su propio beneficio personal.

    En una carta al presidente Félix Tshisekedi, el rey Felipe mencionó explícitamente los “actos de violencia y atrocidades que continúan pesando en nuestra memoria colectiva”, incluso en las décadas posteriores a la muerte de Leopoldo II.

    En octubre, el rey recibió a su media hermana Delphine de Sajonia-Coburgo en Laeken.

    Felipe es, por lo tanto, el primer rey belga que habla de los horrores del pasado. Porque, dice, ‘es hora de aceptar el pasado’”, explicó Dehandschutter. “Su carta a Tshisekedi es un gran paso adelante en la mejora de las relaciones entre Bélgica y su antigua colonia”, agregó.

    Otro de los aciertos del año para Felipe fue recibir en su residencia a su hermana, la artista Delphine Boel, quien fue finalmente reconocida como hija biológica del ex rey Alberto II tras una extensa batalla judicial. Como resultado de la sentencia, la artista fue nombrada Princesa, con el apellido dinástico de Sajonia-Coburgo.

    El rey “hizo lo que el rey Alberto no pudo hacer durante años e incluso se opuso legalmente”, remarcó el periodista. “Fue una reunión cálida”, escribieron en un comunicado de prensa conjunto, firmado por Felipe y Delphine. “Despojados de sus títulos de Rey y Princesa. Solo se mencionan sus primeros nombres. La sangre los conecta, hermano y hermana”, dijo.

    “Delphine y Congo, dos capítulos dolorosos de la historia de la familia real. Dos capítulos que el rey Felipe no escribió él mismo. Pero en el que se encargó de las rectificaciones, con efectos secundarios positivos”, dijo Dehandschutter. Felipe trabajó en su autoridad moral, el arma más importante que todavía tiene un rey”, agregó

    El acercamiento del rey Felipe con su hermana menor, Delphine, “fue un rompehielos para el rey Alberto”, quien semanas después la recibió junto a la reina Paola en su Castillo de Belvédere. “Su encuentro con Delphine fue un golpe maestro. Detuvo el programa de malas noticias para la monarquía. Y se presentó, nuevamente, como un cálido hombre de familia”, dice el experto.

    ¿Volverá Felipe a convertir a los belgas en monárquicos? “Eso puede parecer demasiado trascendente en un país donde más de cuatro de cada diez ciudadanos votan por un partido de mentalidad flamenca (antimonárquicos), pero se puede concluir que Felipe ha vuelto a hacer viable la monarquía”, responde Dehandschutter.

  • Luisa de Bélgica, la princesa que huyó de un manicomio con la ayuda de su amante

    Brillante, derrochadora, vestida siempre a la moda, la hija de Leopoldo II era una de las mujeres más elegantes de la Viena pero también la más desacreditada.

    El nacimiento de la princesa Luisa de Bélgica no podría haber sido más decepcionante. Aquel 18 de febrero de 1858, en el castillo de Laeken, sus padres esperaban un príncipe que heredara el trono, pero cuando nació la niña cundió la tristeza. Esa decepción se tradujo de inmediato en una crianza sin amor ni afecto hacia la princesita, bautizada Luisa María en honor a su abuela, Luisa María de Orleáns, primera reina de los belgas. Los historiadores afirman que Luisa experimentó una educación espartana, que incluyó incluso severos castigos corporales.

    Su padre, el futuro rey Leopoldo II, en particular no se preocupó por Luisa, mucho menos después del nacimiento de su segundo hijo, el príncipe Leopoldo, en 1859. De hecho, el niño recibió toda la atención de su padre como futuro heredero al trono. En 1864, nació otra hija, la princesa Estefanía, que mereció de su padre la misma falta de amor. Enorme fue el drama en 1869 cuando el príncipe Leopoldo murió repentinamente y dejó a Leopoldo sin heredero, un dolor que se acrecentó en 1872 cuando la reina Enriqueta dio a luz a una tercera hija, Clementina.

    Agobiado por el dolor, Leopoldo II se alejó cada vez más de su esposa e hijas y solo se fijó en las niñas cuando los funcionarios de la corte lo convencieron de que las tres podían ser muy útiles en el juego de la política matrimonial internacional. Primero usó a Luisa: el 4 de febrero de 1875 se casó en Bruselas con el príncipe Felipe de Sajonia-Coburgo y Gotha. Ella tiene poco menos de 17 años mientras el novio tenía casi 31, pero era rico y eso le agradaba a Leopoldo. Los novios estaban estrechamente relacionados, ya que la madre de Felipe, Clémentine, era hermana de la reina Luisa María de Bélgica.

    El matrimonio de Luisa y Felipe no fue un gran éxito. De hecho, fue un desastre. Las cosas comenzaron a ir mal desde la mismísima noche de bodas, cuando la princesa adolescente y sin experiencia se horrorizó ante los deseos sexuales de su nuevo marido y huyó a refugiarse a los invernaderos del castillo de Laeken. Pronto descubrió que a Felipe le gustaban la literatura erótica y las imágenes pornográficas, una preferencia que insistió en compartir con su esposa.

    El 4 de febrero de 1875 se casó en Bruselas con el príncipe Felipe de Sajonia-Coburgo y Gotha.

    Poco tiempo después, Luisa y Felipe abandonaron Bruselas para instalarse en la corte imperial de Viena, el lugar donde creció la reina María Enriqueta. Aunque le había contado mucho a su hija sobre la esplendorosa vida de los Habsburgo, la princesa tuvo que acostumbrarse a su entorno. Gracias a sus orígenes tan reales, Felipe de Sajonia-Coburgo obtuvo acceso a los densos círculos que rodean al emperador Francisco José y la princesa Luisa pronto conoció la vida cosmopolita en la capital, convirtiéndose en una princesa glamorosa.

    Aunque Luisa y Felipe tuvieron dos hijos, los esplendores de Viena pronto los obligaron a seguir sus propios caminos, y ambos comenzaron a una vida libertina en la que no les preocupaba mucho la fidelidad conyugal. Luisa de Bélgica se convirtió en el objetivo de los chismes de la corte y los informes sobre su comportamiento extravagante llegaron hasta Bruselas. La reina María Enriqueta le aconsejó repetidamente que lleve una vida más sobria, pero su hija ignoró ese consejo. Su reputación fue de mal en peor, para disgusto del emperador Francisco José, pero ello no impidió que en 1880 aprobara el matrimonio de su hijo y heredero, el archiduque Rodolfo, con la hermana menor de Luisa, la princesa Estefanía.

    Poco antes del cambio de siglo, Luisa conoció al conde croata Géza Mattacic. Los dos se enamoraron apasionadamente y comenzaron una tormentosa aventura mientras toda Viena difundía los detalles. Las consecuencias no tardaron en llegar: Luisa perdió el favor del emperador Francisco José, factor imprescindible para quienes desean mantenerse en pie en la corte de Viena, y Felipe interrumpió el suministro de dinero a su esposa.

    En poco tiempo, la princesa comenzó a sumergirse en deudas y tuvo que vender todas sus posesiones valiosas, incluida su ropa interior. Para evitar la vergüenza, Felipe compró casi todo, pero los acreedores continuaron persiguiendo a la princesa, que incluso comenzó a falsificar la firma de su hermana Estefanía para recaudar dinero.

    Desde Bruselas, Leopoldo II le dijo a su hija que no pagaría ninguna de sus deudas y rechazó aprobar su divorcio. En lo que a él concernía, su hija ya estaba muerta. Los dos hijos de la princesa y su marido le dieron la espalda, en parte por temor a que la reputación de su madre perjudique sus propias oportunidades en la vida y su posición dentro de la realeza. Solo su hermana Estefanía le sigue siendo fiel.

    Sumergida en deudas, Luisa tuvo que vender todas sus posesiones valiosas, incluida su ropa interior.

    El escándalo gradualmente se volvió demasiado grande para ocultarlo y el emperador Francisco José tuvo que actuar: hizo arrestar a Mattacic por cargos de fraude y le ofreció a Luisa las opciones de regresar sumisamente con su esposo o ingresar a una institución psiquiátrica. Deseosa de escapar de aquella cárcel que significaba para ella estar casada con un hombre que no amaba, eligió la celda de un psiquiátrico.

    Después de unos años, Mattacic fue liberado de la prisión e inmediatamente comenzó a buscar a Luisa, a la que amaba sinceramente. Cuando dio con su paradero, la ayudó a escapar de la institución y huyeron juntos. En los años siguientes, están constantemente huyendo e instalándose sucesivamente durante algunas temporadas en Berlín, París y Budapest.

    En 1907, un juez en Gotha finalmente responde a la solicitud de divorcio de Luisa y Felipe de Sajonia-Coburgo. Para Leopoldo II, esta fue la excusa perfecta para apartarla de su voluntad, el mismo destino que también sufriría la princesa Estefanía, que ya era viuda del archiduque Rodolfo. Cuando murió en 1909, las princesas descubrieron escandalosamente que su padre dejó todo su dinero a su amante la baronesa de Vaughan. Luisa y Estefanía iniciaron una demanda contra el Estado belga, pero perdieron la batalla. Aún así, el estado belga les otorgó una buena suma de dinero, que recibieron muchos años después debido al estallido de la Primera Guerra Mundial.

    Después de la guerra, Luisa y Géza Mattacic regresaron a París, donde la princesa escribió sus memorias “Autour des trônes que j’ai vu tomber” (“Alrededor de los tronos que vi caer”), el que habla de las personas más importantes de su vida, incluido Leopoldo II. En 1923, la salud de Mattacic se deterioró, muriendo rápidamente. Luisa se trasladó por última vez a Wiesbaden en Alemania, donde murió el 1 de marzo de 1924, sola y pobre. Cuenta la historia que abrazaba una foto de Mattacic contra su pecho cuando exhaló su último aliento.

  • La suerte de Delphine: qué sucedió con los hijos ilegítimos de los anteriores reyes de Bélgica

    Delphine Boel no es la única: desde 1831 se cuentan al menos 8 personas que aseguraron ser hijos de monarcas belgas, nacidos de amores fugaces extramatrimoniales.

    Durante los últimos veinte años años, el rey Alberto II de Bélgica ocupó los titulares de la prensa mundial a causa de la disputa legal que mantuvo contra él una de sus supuestas hijas ilegítimas, la artista y aristócrata Delphine Boël, quien finalmente fue reconocida como tal. Sorprendente, pero no inusual: desde la fundación de la monarquía belga, hace casi 190 años, todos los reyes, excepto Balduino, ocultaron hijos extramatrimoniales alrededor del mundo.

    A lo largo de los años, algunos nombres nuevos podrían haberse agregado al árbol genealógico de la dinastía Sajonia-Coburgo-Gotha, o al menos eso sucedería si todas las salvajes historias y los rumores difundidos por la prensa a través de las décadas son ciertas: desde 1831 se cuentan al menos 8 personas que aseguraron ser hijos de monarcas belgas, nacidos de amores fugaces extramatrimoniales.

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    ARCADIE CLARET FUE LA MADRE DE GEORGES Y ARTHUR, PRESUNTOS HIJOS DE LEOPOLDO I.

    La larga tradición de reyes adúlteros con hijos ilegítimos hizo necesaria la creación de un fondo especial que, según la historiadora belga Kathy Pauwels, se usa para apoyar monetariamente a los hijos extramatrimoniales de la familia real y “para apaciguar su propia conciencia”. “Es una tradición de larga data, pero que aún existe. Los hijos ilegítimos, por lo tanto, todavía reciben dinero de ellos “, dijo la experta.

    El historiador Victor Capron, quien escribió un libro sobre el amor secreto de Leopoldo I, el primer rey de los belgas, confirmó la existencia de esa ayuda económica. Según él, el fondo existe desde mediados del siglo XIX y fue utilizado por primera vez, en el mayor secreto, por Leopoldo I, quien depositó unos 2,4 millones de francos en la cuenta en ese momento una cantidad inmensa, para sus hijos bastardos.

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    BLANCHE DELACROIX Y SUS HIJOS, LUCIEN Y PHILIPPE DURRIEUX.

    El primer rey belga, Leopoldo I, fue el primero en dar el mal ejemplo. El tío amado de la reina Victoria de Inglaterra engendró dos hijos con su amante, la joven Arcadie Claret, de 36 años, hija de un soldado. Una aventura que comenzó cuando aún era menor de edad.

    Los hijos Georges y Arthur recibieron el nombre de “von Eppinghoven” en el momento de su nacimiento, y también fueron elevados a su nobleza por decisión del rey. Los dos vivieron juntos con su madre, que ocultó su relación con Leopoldo I, en una mansión especial cerca del palacio real. Sin embargo, algunos creen que Arcadie vivió vivió allí poco tiempo, porque Leopoldo habría necesitado el lugar para instalar a nuevas amantes.

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    Leopoldo II siguió el ejemplo de su predecesor. De todos los reyes, sus aventuras sexuales son, sin duda, las más difundidas. Entre otras cosas, tuvo un romance con Blanche Delacroix, una prostituta que tenía apenas 16 años cuando comenzó a compartir las sábanas con el viejo rey de 66 años, según relata el periodista Eigen Berichtgeving, del diario belga Het Laatste Nieuws.

    Los dos se habrían conocido en la Exposición Universal de 1900 en París, tras lo cual Delacroix tuvo dos hijos de Leopoldo II: Lucien y Philippe Durrieux, llamados así por el proxeneta y el marido oficial de su madre. Al igual que su padre, Leopoldo II también cuidó de su familia extramatrimonial: sus hijos pronto fueron elevados a Duque de Tervuren y al Conde de Ravenstein, respectivamente, y su madre fue obsequiada con un castillo en el sur de Francia.

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    ALBERTO I Y SU ESPOSA, ISABEL DE BAVIERA.

    El historiador Bram Bombeek también mencionó en el pasado las aventuras parisinas de Leopoldo II, donde habría corrido detrás de conocidas damas de nobleza belga. Su presunta aventura con la bailarina y aristócrata Cléo de Merode le valió el apodo de “Rey Cléopold”. Y también en Londres se difundieron rumores sobre sus aventuras escandalosas: Leopoldo II aparece mencionado en el “escándalo de Jefferson”, en el que una prostituta de Londres lo habría ayudado con prostitutas menores de edad.

    Alberto I, sobrino y sucesor de Leopoldo II, fue apodado “Rey Caballero” a causa de su valeroso papel contra los alemanes en la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, en su libro ‘The Fall of Albert‘, el autor Jacques Noterman escribe que tuvo entre cinco y seis hijos ilegítimos, uno de los cuales luego se convertiría en secretario del palacio real.

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    LA PATINADORA LISELOTTE LANDBECK HABRIA SIDO MADRE DE UNA HIJA DE LEOPOLDO III.

    Los rumores nunca fueron probados, pero el rey Alberto, en cualquier caso, mantuvo una vida amorosa llena de acontecimientos. Cuando se estrelló en Marche-les-Dames, surgieron todo tipo de teorías: el monarca no me había caído de las rocas, sino que fue asesinado por una amante o incluso por su esposa, la reina Isabel, que estaba cansada de su infidelidad.

    Leopoldo III, al contrario de su padre, fue el rey belga más impopular a causa de su actitud pasiva sostenida ante la invasión nazi, que fue catalogada de colaboracionismo, lo cual le costó el trono en 1951. Padre de ocho hijos, Leopoldo III fue, en cualquier caso, el más fértil de los reyes belgas.

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    EL CONDE MICHEL DISISHEIM, PRESUNTO HIJO DEL REY LEOPOLDO III.

    Leopoldo III sería en padre de una hija de la campeona de patinaje Liselotte Landbeck, llamado Ingeborg Verdun. O al menos eso dijo la mujer que murió en 2013. En una revista belga, Ingeborg aseguró que cuando tenía cincuenta años supo que era hija de un rey belga.

    Según Leo Van Audenhaeghe, quien escribió el libro “De Küssnacht a Argenteuil” sobre los dramas en la casa real belga, Leopoldo III también tuvo un hijo ilegítimo: el conde Michel Didisheim (actualmente de 88 años), quien fue durante un cuarto de siglo el secretario privado de Alberto II. El conde habría recibido el apellido del esposo de su madre, pero en realidad sería un hijo de Leopoldo III.

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  • Las inesperadas vidas de Luisa, Estefanía y Clementina, hijas de Leopoldo II de Bélgica

    Esposo y amante se batieron a duelo por el amor de una; la otra sufrió el espanto de casarse con el heredero del trono de Austria; la menor no pudo desafiar la autoridad paterna para casarse con el hombre que amaba.

    El rey Leopoldo II de Bélgica no fue conocido por la lealtad al matrimonio. Cuando el monarca murió en 1909, dejó solo tres hijas de su matrimonio con María Enriqueta de Habsburgo y el hecho de que su hijo, Leopoldo (1859-1869) muriera a la edad de menos de diez años desapareciendo con él la esperanza de perpetuar a su familia en el trono, lo atormentó por el resto de su vida. Después de todo, sus tres hijas, las princesas Luisa, Estefanía y Clemntina, no podía reclamar el trono y, por lo tanto, desaparecieron gradualmente del escenario dinástica. Sin embargo, sus historias son bastante interesantes.

    Luisa: esposo y amante se batieron a duelo por ella

    Luisa nació el 18 de febrero de 1858 en el palacio de Laeken. Leopoldo II esperaba un varón y se mostró decepcionado de que su primogénito fuera una hija. La princesa creció en Laeken y tuvo una infancia infeliz allí. A la edad de diecisiete años se casó con su primo, el príncipe Felipe de Sajonia-Coburgo Gotha (1844-1921) y se mudó con él a la Corte Imperial de Viena, donde nacieron dos hijos: el príncipe Leopoldo y la princesa Dorotea de Sajonia-Coburgo. Sin embargo, el matrimonio estuvo lejos de ser feliz y tanto Felipe como Luisa se entregaron a un reprochable estilo de vida libertino, siguiendo cada uno su propio camino.

    A principios de 1887, Luisa inició una relación con el conde Géza von Mattachich, un oficial croata del ejército austrohúngaro. La pareja no ocultó su relación y causó una gran conmoción, al punto de que en 1898 se produjo un duelo entre Felipe y el conde en el que el príncipe resultó gravemente herido. Luego, el emperador Francisco hizo expulsar a Géza de la corte austriaca. Luisa y su amante empezaron a necesitar cada vez más dinero y Felipe no se mostró dispuesto a pagar las deudas de su esposa, negándose a pagarlas.

    El matrimonio finalmente se disolvió en 1906. La situación financiera preocupaba hondamente a Luisa una vez que se separó de Felipe. Después de todo, ella creía que cuando su padre muriera, heredaría parte de la riqueza que él había ganado con su colonia privada del Estado Libre del Congo. Resultó, sin embargo, todo lo contrario: el testamento que dejó Leopoldo II mostró que había cedido toda su fortuna a su joven amante Blanche Delacroix (1883-1948), una prostituta parisina con la que se casó en su lecho de muerte. Aunque Luisa y su hermana Estefanía impugnaron el testamento legalmente, el tribunal no estuvo de acuerdo con ambas hermanas.

    Luisa recibió una suma considerable de dinero del Estado belga en compensación y con ese dinero se instaló en París, donde escribió sus memorias: “Autour des trônes que j’ai vus tomber” . Aunque el libro fue un éxito relativo, Luisa pronto se quedó sin dinero nuevamente. Se mudó a Wiesbaden, Alemania, donde murió en extrema pobreza el 1 de marzo de 1924. Le dieron su lugar de descanso final en Südfriedhof de la ciudad.

    Estefanía, la princesa que no llegó a ser Emperatriz de Austria

    Estefanía nació en Laeken el 21 de mayo de 1864. Como su hermana mayor, recibió una educación estricta sin mucho afecto paternal y a los 17 años se casó con el archiduque Rodolfo (1858-1889), el único hijo del emperador Francisco José I y, por tanto, el príncipe heredero de la doble monarquía austrohúngara. El matrimonio se mostró inicialmente muy feliz y se selló en 1883 con el nacimiento de una hija, la archiduquesa Isabel María. Sin embargo, esa felicidad no duraría mucho: debido a la ausencia de un descendiente masculino, la relación se quebró después de un tiempo. Rodolfo contrajo sífilis poco después durante una de sus aventuras extramaritales y cuando también infectó a su esposa con esta enfermedad venérea, ella se volvió estéril.

    Rodolfo continuó descaradamente su vida disoluta sin ningún disimulo, y en la estricta corte de los Habsburgo muchos culpaban a Estefanía. Durante una recepción en Viena, el archiduque heredero conoció a la baronesa Marie von Vetsera, de dieciocho años, con quien entabló de inmediato una relación apasionada. Unas semanas más tarde, el 30 de enero de 1889, Rodolfo murió junto con ella en su pabellón de caza Mayerling en un aparente pacto suicida que, sin embargo, nunca pudo ser aclarado del todo. La última emperatriz austrohúngara, Zita de Borbón-Parma, diría un siglo después que estaba absolutamente segura de que aquello fue un asesinato con motivos políticos.

    Once años después, en marzo de 1900, Estefanía se volvió a casar con el conde húngaro Elmer Lonyay de Nagy (1863-1946), para disgusto de su padre. La pareja se instaló en el castillo de Oroszvar, ahora Rusovce, un suburbio de la capital eslovaca, Bratislava. Allí Estefanía, como su hermana mayor Luisa, escribió sus memorias bajo el título “Je devais être impératrice”. Cuando las tropas soviéticas se acercaron a los terrenos del castillo al final de la Segunda Guerra Mundial , la pareja se refugió en la Abadía Benedictina de Pannonhalma, que estaba bajo la protección de la Cruz Roja Internacional. Estefanía murió allí el 23 de agosto de 1945 a consecuencia de un derrame cerebral. Sus restos fueron enterrados en la cripta de la abadía. Su marido murió al año siguiente y fue enterrado junto a Estefanía.

    Clementina: esperando el amor

    La princesa Clementina, la hija menor de Leopoldo II y María Enriqueta, nació el 30 de julio de 1872 en el castillo de Laeken y, al igual que sus hermanas, tuvo una infancia solitaria y sin amor. La princesa creció en gran parte sola, y su educación fue supervisada por institutrices y tutores privados porque su padre estaba principalmente preocupado por sus aspiraciones coloniales, mientras María Enriqueta buscaba cada vez más refugio en el balneario de Spa. A medida que Clementina creció, la relación padre-hija se normalizó un poco, y algunas veces acompañó a Leopoldo II en sus viajes al extranjero. Sin embargo, la relación se agrió nuevamente cuando visitó la Exposición Mundial en París en 1900 con su padre, quien cayó entonces bajo el hechizo de Blanche Delacroix, la ex prostituta con la que entabló una relación apasionada y con la que finalmente le otorgó el título de baronesa de Vaughan.

    Cuando la madre de Clementina falleció en septiembre de 1902, padre e hija llegaron a una ruptura abierta que jamás se cerró. A finales de ese año, Clementina, muy en contra de los deseos de Leopoldo II, inició un romance con el príncipe Víctor Napoleón Bonaparte (1862-1926), el hijo mayor de José Bonaparte, cuyo padre Jérôme era el hermano menor del emperador Napoleón I. Como Leopoldo II odiaba a los Bonaparte, se negó a consentir el matrimonio y Clementina, que siempre fue una hija obediente, se vio obligada a aceptar la decisión de su padre.

    Solo después de la muerte de Leopoldo II y del período de duelo que atravesó la corte, Clementina se abrió camino para un matrimonio. El siguiente problema al que se enfrentó fue que la abuela del príncipe Víctor, Adelaida, archiduquesa de Austria y reina de Cerdeña, era prima hermana de la reina María Enriqueta, por lo que el vínculo sanguíneo de Clementina y su novio era demasiado cercano. Esto requirió una dispensa del Papa Pío X para poder casarlos, lo que llegó finalmente e noviembre de 1910. La ceremonia de la boda tuvo lugar en Moncalieri, una ciudad cercana a Turín en la región italiana de Piemont.

    El de Clementina y Víctor fue un matrimonio de amor por el cual esperaron mucho tiempo. La pareja tuvo dos hijos, la princesa Maria Clothilde y el príncipe Lodewijk, pero su felicidad llegó a su fin cuando el príncipe sufrió un derrame cerebral y murió el 3 de mayo de 1926. Sus restos fueron trasladados tras su muerte a la capilla imperial de los Bonapartes en Ajaccio, Córcega. La princesa Clementina murió años después, el 8 de marzo de 1955, en Niza, y su cuerpo fue colocado en la capilla junto al del príncipe Víctor.

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  • Obituario: la descendiente de la emperatriz Sissi que pudo ser Reina de Bélgica

    La princesa Stéphanie de Windisch-Graetz murió a los 79 años. Despojada de su herencia, se dedicó al arte y la caridad y vivió en un apartamento con un salario mínimo.

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  • Así luce el renovado museo que recuerda el dominio personal de Leopoldo II en África

    El tataranieto de aquel monarca, el rey Felipe I, no quiso inaugurar al museo para evitar la polémica. Tiene 120.000 piezas llevadas desde el Congo en el siglo XIX.

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