Etiqueta: JAPÓN

  • Quién es Yuriko, la princesa más longeva que conoció a cuatro emperadores de Japón

    La princesa Yuriko, viuda de Mikasa, tía abuela del emperador Naruhito, es el miembro más longevo de la familia imperial japonesa.

    Nacida el 4 de junio de 1923 en Tokio, durante el reinado del emperador Taisho, la vida de princesa Yuriko de Mikasa atravesó cuatro reinados y el 1 de mayo de 2019 asistió en silla de ruedas a la entronización de su sobrino-nieto, el emperador Naruhito, y la emperatriz Masako. Descendiente de la antigua nobleza japonesa, abolida por EEUU después de la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial, fue la última noble que emparentó con la familia real nipona. Actualmente tiene 97 años y graves problemas de salud.

    Yuriko Takagi, la segunda hija del vizconde Masanari Takagi, se casó el 22 de octubre de 1941 con el príncipe imperial Takahito, el hermano menor del emperador Hirohito, que por entonces servía como oficial del Ejército Imperial Japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Con motivo de su boda, los novios fueron titulados Príncipes de Mikasa, con el derecho a fundar una nueva rama (‘mikaye’) dentro de la dinastía. Por entonces, la figura del emperador era considerada sagrada por los japoneses, bajo la creencia que era descendencia de Amaterasu, diosa del Sol.

    Los príncipes tuvieron en total cinco hijos, en 2011 celebraron sus Bodas de Diamante y alcanzaron los 76 años de matrimonio. El príncipe Mikasa murió en 2016 a la extraordinaria edad de 100 años, todo un récord para la dinastía imperial. Durante los últimos años, el matrimonio había vivido apaciblemente en la residencia Tokugawa, una existencia lamentablemente alterada por la muerte de sus hijos. En 2012 murió el príncipe Tomohito, que era alcohólico, a causa de un cáncer, mientras que sus hermanos Takamado y Katsura fallecieron en 2002 y 2014, respectivamente.

  • Naruhito pidió “no repetir” los horrores de la II Guerra Mundial en 75 aniversario

    El emperador Naruhito de Japón manifestó hoy su “profundo arrepentimiento” por los “estragos” causados por la II Guerra Mundial y expresó su deseo de que eso “nunca se repita”, en la conmemoración del 75 aniversario de la rendición nipona al término del conflicto internacional. “Echando la vista atrás al largo período de la paz de posguerra, reflexionando sobre nuestro pasado y teniendo en mente sentimientos de profundo arrepentimiento, espero sinceramente que los estragos de la guerra no vuelvan a repetirse”, dijo Naruhito durante el acto de conmemoración en el estadio Nippon Budokan de Tokio frente a medio millar de participantes entre representantes gubernamentales, políticos y familiares de las víctimas, un número muy por debajo de los 6.000 invitados del año pasado.

    “Actualmente nos enfrentamos a más dificultades debido a la propagación del nuevo coronavirus, pero espero sinceramente que estemos trabajando juntos para superar esta difícil situación y que continuemos buscando la felicidad y la paz”, dijo Naruhito, de 60 años y el primer emperador nipón nacido tras la II Guerra Mundial. “Junto con toda nuestra gente, me gustaría rendir un sentido homenaje a todos aquellos que perdieron la vida durante la guerra … y orar por la paz mundial y por el desarrollo continuo de nuestro país”. Sus comentarios fueron consistentes con su discurso inaugural como emperador el año pasado, en el que reconoció la responsabilidad de Japón al expresar un “profundo remordimiento” por su pasado en tiempos de guerra.

    Este 15 de agosto se cumplieron 75 años desde que los japoneses oyeron por primera vez la voz de un emperador, cuando Hirohito (abuelo de Naruhito) anunció mediante un mensaje radial la rendición de Japón, una semana después de que las bombas atómicas destruyeran Hiroshima y Nagasaki. “El enemigo ha comenzado a utilizar una nueva y terrorífica arma, cuyo poder destructor es incalculable y que causa sus víctimas entre la población inocente. Si continuásemos luchando, el resultado no sólo consistiría en la destrucción y aniquilamiento del pueblo japonés, sino que también conduciría a la extinción de la civilización humana”, anunció Hirohito.

  • La familia imperial de Japón, angustiada por la pandemia, paraliza sus ceremonias

    La Casa Imperial también adoptó medidas estrictas al respecto, ya que parte de su staff debe seguir en contacto directo con sus miembros.

    El gobierno de Japón anunciaron que, a causa de la pandemia de coronavirus, fue aplazada sine die la ceremonia de proclamación del príncipe Akishino como heredero del Trono del Crisantemo, que estaba prevista para el 19 de abril. En esa fecha estaba programado que se desarrollaran dos actos ceremoniales en el palacio imperial de Tokio, pero teniendo en cuenta que varias regiones del país están bajo un estado de emergencia equivalente a una alerta sanitaria se decidió aplazar la ceremonia. El gobierno de Shinzo Abe acordó el pasado martes colocar a Tokio y otras seis prefecturas de Japón bajo estado de emergencia para contrarrestar un repunte del COVID-19, que hasta la fecha contagió en este país a 5.347 personas y mató a 121, según Japan Times.

    Los miembros de la Familia Imperial no son los únicos que se esfuerzan en prevenir el contagio; la Agencia de la Casa Imperial también adoptó medidas estrictas al respecto, ya que parte de su plantilla debe seguir en contacto directo con sus los miembros de la familia para servirlos, a pesar de las circunstancias actuales. También la Guardia Imperial ha de continuar ofreciéndoles sus servicios de seguridad y protección. Las medidas preventivas que pone en práctica el personal de Palacio son usar mascarillas sanitarias, evitar lugares concurridos y, a ser posible, teletrabajar o escalar los horarios laborales. Hay que empezar por aplicar medidas para evitar que se infecten los trabajadores.

    La cancelación y la reducción de los acontecimientos imperiales

    En estos momentos, actos y ceremonias en los que suele participar la Familia Imperial se están cancelando y hace tiempo que los emperadores no comparecen en público. Asimismo, se tuvo que cancelar la visita de los ciudadanos al palacio por el cumpleaños del emperador, que iba a celebrarse el 23 de febrero, y la apertura de la calle Inui en el Palacio Imperial, que se realiza anualmente coincidiendo con la floración de los cerezos, informó el portal de noticias Nippon.com.

    La agenda imperial se está ajustando para limitar las visitas a palacio y evitar que la Familia Imperial entre en contacto con demasiadas personas. Otras de las alteraciones que sufrió el calendario de acontecimientos fue la cancelación de uno de los banquetes para festejar la entronización del emperador Naruhito (Kyōen no Gi), que debía tener lugar el 21 de abril. En la ceremonia que se efectuó el 3 de abril para conmemorar el fallecimiento del emperador Jinmu, la asociación de voluntarios que trabajan en los Tres Santuarios de Palacio recibieron el saludo del emperador cubriéndose la cara con una mascarilla y guardando las distancias. Los tradicionales vítores de Banzai Sanshō se anularon en esta ocasión.

    La propagación del nuevo coronavirus

    En ocasión de la ceremonia de graduación de la princesa Aiko en el instituto femenino de bachillerato Gakushūin, Naruhito y Masako emitieron la siguiente declaración oficial: “Nos preocupa la actual expansión del nuevo coronavirus y nuestros pensamientos están con los ciudadanos japoneses y todas aquellas personas del mundo que se enfrentan a distintos problemas y dificultades. Deseamos de todo corazón que la pandemia se contenga lo antes posible”.

    En Japón, como en el resto del mundo, las personas vienen luchando contra hambrunas, guerras y enfermedades a lo largo de toda la historia. En la antigüedad y la Edad Media, hubo incluso emperadores que fallecieron víctimas de una epidemia. Cada vez que proliferaba una enfermedad infecciosa como la viruela, el sarampión o la disentería, los emperadores de aquellos tiempos oraban por su superación. Cuando una epidemia de viruela asoló la castigada capital de Kioto en la segunda mitad del siglo XV —en pleno periodo Sengoku—, el emperador Katsuhito, apenado, copió el Sutra del Corazón y lo ofrendó al templo Ninna-ji para rogar por la paz de todos sus súbditos. Su hijo, el emperador Tomohito, copió el mismo sutra en letra de oro, pero añadió una nota al final para expresar su sensación de impotencia ante la situación, una anécdota que solo conocerán los muy duchos en historia.

    El Sutra del Corazón del emperador Go-Nara

    El 7 de agosto de 2016, el mismo día en que el emperador Akihito grabó el mensaje de vídeo que puso en marcha su proceso de abdicación, el emperador Naruhito (entonces príncipe heredero) pudo contemplar el Sutra del Corazón copiado por el emperador Tomohito en la biblioteca Iwase Bunko de la prefectura de Aichi. Su Alteza lo mencionó en la rueda de prensa que mantuvo por su cumpleaños al año siguiente: “Aunque se conservan varias copias del Sutra del Corazón firmadas por el Emperador Tomohito (Go-Nara) en tinta dorada sobre papel azul marino, la de la biblioteca Iwase Bunko es la única que incluye una nota final en la que el soberano expresa sus pensamientos escribiendo ‘Como padre de todos los japoneses, me duele el corazón no poder contribuir con virtud’. Teniendo en mente estas acciones de mis antecesores, quisiera seguir pensando en el pueblo y rogando por él, manteniéndome cercano a la gente en sus pensamientos y compartiendo sus alegrías y sus penas, como hacen los Emperadores”.

  • Akihito y Michiko de Japón se mudaron del palacio imperial tras habitarlo durante 26 años

    La octogenaria pareja se alojará primero en la Villa Imperial Hayama y más tarde se mudarán a la Granja Imperial Tochigi.

    El emperador emérito Akihito de Japón, quien abdicó el trono hace casi un año, y su esposa la emperatriz emérita Michiko abandonaron el Palacio Imperial de Tokio, su hogar desde 1993, en un primer paso rumbo al intercambio de residencias con el emperador actual, su hijo Naruhito, y su familia.

    La octogenaria pareja se alojará primero en la Villa Imperial Hayama en la Prefectura de Kanagawa y más tarde se mudarán a la Granja Imperial de la Prefectura de Tochigi, mientras que sus pertenencias se trasladarán a la Residencia Imperial de Takanawa, su residencia temporal en Tokio a partir del 31 de marzo. Los soberanos eméritos tienen programado vivir en allí hasta por un año y medio, antes de mudarse a la residencia de Akasaka.

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    Antes de mudarse, Akihito, de 86 años, y Michiko, de 85, donaron a distintos museos japoneses algunos de los aproximadamente 4.000 regalos que recibieron de dignatarios extranjeros desde que Akihito ascendió al trono, en 1989, hasta su abdicación el 30 de abril del año pasado. Se trata del primer monarca japonés que renunció al trono en unos 200 años. El hijo mayor, Naruhito, de 60 años, que ascendió al trono de crisantemo el día después de la abdicación de su padre, y su esposa, la emperatriz Masako, de 56 años, pronto se trasladarán al Palacio Imperial desde la cercana residencia imperial de Akasaka.

    La residencia Takanawa, que consta de una planta baja y un sótano, fue construida en 1973 y anteriormente fue el hogar del difunto príncipe Takamatsu, tío del emperador Akihito, y su esposa, fallecida en 2004. La residencia de Akasaka, entre tanto, se renovará para acomodar a la anciana pareja, con ascensores y rampas para facilitar su movilidad. Su antigua residencia en el Palacio Imperial también será remodelada para el nuevo emperador y su familia.

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  • La familia imperial japonesa se recluye ante la “alerta total” por el coronavirus

    La casa imperial suspendió numerosos compromisos y eventos mientraslos trabajadores dejan de presentarse al palacio.

    La Agencia de la Casa Imperial de Japón se encuentra bajo “alerta total” y toma precauciones extremas en plena crisis global por el coronavirus COVID-19, para proteger al emperador y a otros miembros de la familia imperial de la infección a medida que aumenta la preocupación por el brote. En Japón se registran a la fecha 500 casos, pero la cifra total mundial superó los 108.000 a medida que la epidemia se expande por más de cincuenta países. La familia imperial ha decidido recluirse en sus palacios y numerosos compromisos y actividades, incluidos los homenajes a las víctimas del Gran Terremoto de 2011, se cancelaron o pospusieron.

    “Se supone que es un momento para que la nueva casa imperial se ponga en movimiento después de una serie de ritos de sucesión, por lo que es triste que tengamos que cancelar un evento tras otro”, dijo un funcionario de la Kunaicho, la agencia imperial. El Palacio Imperial, ícono turístico de Tokio, fue cerrado al público en el cumpleaños número 60 del emperador el 23 de febrero tras la decisión de la agencia de no hacer que la pareja imperial u otros miembros de la familia aparezcan en público y las restricciones aumentaron. Según la agencia japonesa Kyodo, la apertura anual del camino en los terrenos del palacio que generalmente, que atrae a unas 380.000 personas el año pasado cada primavera, se canceló este año.

    Preocupación por los ancianos emperadores

    La visita de Estado del presidente chino Xi Jinping al emperador Naruhito se canceló al igual que al menos cinco eventos relacionados con el príncipe heredero Akishino, el hermano menor del emperador, y su familia también sufrieron cambios. Dado que hay muchos miembros mayores en la familia, incluido el ex emperador Akihito, de 86 años, y la emperatriz Michiko, de 85, la corte ha tomado varias medidas para protegerse contra el coronavirus. Según The Japan Times, los funcionarios de palacio evitan los desplazamientos en horas pico y comienzan a trabajar a distancia. Los que necesitan reunirse con miembros de la familia deben utilizar barbijos mientras la casa imperial también dejó de aceptar cientos de limpiadores voluntarios del Palacio Imperial.

    La epidemia del nuevo coronavirus contagió ya a más de 100.000 personas en todo el mundo, según la Agence France Presse. La Organización Mundial de la Salud (MS) calificó la propagación del virus como “profundamente preocupante”, ya que una oleada de países reportó sus primeros casos de la enfermedad, que ahora mató a casi 3.500 personas e infectado a más de 100.000 en 92 naciones. Corea del Sur, el segundo país más afectado por la enfermedad, protestó contra las medidas que tildó de “irracionales” de cuarentena que impuso Japón a las personas que llegan de ese país.

  • Qué es el ancestral sistema Miyake que podría salvar a la monarquía japonesa de la desaparición

    Una idea conservadora del gobierno pide regresar a la familia a los expríncipes que perdieron títulos y privilegios tras la II Guerra Mundial.

    El gobierno de Japón comenzará a debatir muy pronto la restauración del sistema de ramas imperiales colaterales o “Miyake” con el objetivo de ampliar los horizontes sucesorios de una familia imperial reducida. El sistema, que durante muchos siglos estuvo vigente en Japón hasta el fin de la II Guerra Mundial, permitía que los hijos e hijas menores de los emperadores obtuvieran títulos nobles que pudieran heredar sus descendientes. Según la idea actual, la restauración de este sistema permitiría a las princesas japonesas mantener su estatus real después del matrimonio, encabezando sus propias ramas familiares.

    Que los antiguos príncipes vuelvan al palacio

    Las discusiones planeadas por el gobierno, que incluirán aportes de expertos, comenzarán después de que el príncipe Akishino (hermano del emperador Naruhito) sea investido como Príncipe Heredero. Este debate obedece a una resolución parlamentaria complementaria de la ley especial promulgada en 2017 que permitió que el emperador Akihito abdicara en 2019, donde se le pide al gobierno que considere los desafíos de garantizar una sucesión estable y busque soluciones.

    La propuesta, lanzada por un sector conservador del gobierno del Partido Liberal Democrático, dice que se restablezca el estatus imperial de los hombres solteros de las ramas colaterales de la familia imperial que perdieron títulos y honores imperiales y se transformaron en plebeyos tras la II Guerra Mundial. Esta idea es apoyada públicamente por el primer ministro, Abe Shinzo, que aboga por restituir títulos principescos a los ex príncipes Kuni, Kitashirakawa, Kaya, Asaka, Higashikuniy Takeda y otras seis familias descendientes de antiguos emperadores. Algunos conservadores proponen incluso la concertación de matrimonios de las princesas solteras con los hombres de esas familias para volver a asociarlos a la dinastía reinante.

    “Cuesta creer que personas que se separaron del linaje hace más de setenta años puedan garantizar la conservación de la cultura tradicional auténtica del imperio”, dijo la socióloga japonesa Minashita Kiryū. Argumenta que “el emperador debe conocer una amplia variedad de ritos y los príncipes comienzan su aprendizaje desde la infancia” y que “el pueblo siente un vínculo emocional de cariño y respeto con la pareja imperial”. “Me pregunto si los japoneses seguirían reconociendo el simbolismo permanente de la Casa Imperial al incluir en la línea sucesoria a esos nuevos miembros. Es muy probable que cambiase su visión de esos ritos ancestrales que incumben a las esferas nobles y que perviven al paso de los siglos sin guardar relación alguna con el pueblo llano”. “El sistema imperial terminaría perdiendo su conexión con la vida cotidiana de la ciudadanía, y creo que eso significaría la banalización del simbolismo del imperio”, afirma la experta.

    Permitir que las mujeres conserven su título

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    Frente a esta iniciativa se encuentra el sector progresista del gobierno, que sin embargo contempla una solución parecida: la de permitir que las princesas japonesas solteras mantengan su título una vez que contraen matrimonio y, al mismo tiempo, permitan que sus hijos varones ostenten derechos sucesorios al trono. Esta iniciativa incluiría a la princesa Aiko (hija única de Naruhito) y las princesas Mako y Kako (hijas de los príncipes herederos Akishino y Kiko), entre otras. Esta propuesta se encuentra en sintonía con la realizada en 2005 por un panel de expertos comisionado por el gobierno del entonces primer ministro Junichiro Koizumi.

    Según la Ley la Casa Imperial, las mujeres de la familia imperial deben abandonar la familia si se casan con plebeyos y en Japón la nobleza fue abolida después de la guerra. Como la familia actualmente está compuesta principalmente por mujeres, existe preocupación por una fuerte caída en el número de miembros de la familia imperial en el futuro. Por esa razón, algunos en el gobierno están pidiendo que se les permita a las mujeres permanecer en la familia incluso después del matrimonio y educar a sus hijos para reinar. Esto significaría que la princesa Aiko no podría reinar, pero sí su hijo mayor.

    La posibilidad de una emperatriz reinante es popular entre el público. Según una encuesta de Kyodo News en 2019, el 81,9 por ciento de los encuestados dijo estar a favor de tener una emperatriz reinante, mientras que el 13,5 por ciento estaba en contra de la idea. Además, el 70 por ciento dijo que apoyaría a un emperador o emperatriz de la línea femenina, lo que significa que la madre del monarca descendería de la familia imperial en lugar de su padre, mientras que el 21,9 por ciento se opuso a la idea. Actualmente solo hay tres posibles herederos al trono. El príncipe Akishino tiene 53 años y es el primero en la línea sucesoria, seguido por su hijo Hisahito, de 14 años, y del príncipe Hitachi, el tío del emperador de 83 años.

    Naruhito representa la séptima generación por línea directa masculina del emperador Kokaku, que reinó desde 1780 hasta su abdicación en 1817. Fue sucedido por Ninko (1817-1846), quien no era hijo de la emperatriz, sino de una de las “sokushitsu” o concubina. Lo mismo puede decirse de sus tres siguientes sucesores, los emperadores Komei (1846-1867), Meiji (1867-1912), y Taisho (1912-1926), hijos igualmente de sokushitsu. La esposa principal del emperador Meiji no le dio hijos de ninguno de los dos sexos. Akihito fue el primer emperador en varios siglos que es hijo de la emperatriz y desde entonces la familia imperial se vio sumida en una verdadera crisis hereditaria que incluso logró que algunos vaticinen que se extinguirá con el príncipe Hisahito a mediados del siglo XXI. (S.C.)

    Siga leyendo: Masako, un símbolo de las luchas de las mujeres japonesas en una sociedad dominada por hombres

  • Experta: “La sociedad japonesa está dejando de cuestionarse la Casa Imperial como sistema”

    La socióloga Minashita Kiryū analizó el porvenir de la familia imperial desde el prisma emocional de los japoneses y los posible escenarios de la cuestión sucesoria.

    Por Itakura Kimie (Nippon.com)

    Después del reinado de 30 años del emperador Akihito, que “humanizó” la monarquía japonesa, y con el inicio de la Era Reiwa con el emperador Naruhito, Japón está “dejando de cuestionarse la Casa Imperial como sistema” y “cada vez hay menos interés en plantearse la institución en esos términos”, según explicó la socióloga nipona Minashita Kiryū en una entrevista en la que analizó el comportamiento y las expectativas de la monarquía japonesa. Reconoce, sin embargo, que ahora la familia imperial se ve sometida a otro tipo de cuestionamientos y a un “severo escrutinio” popular en lo que respecta a su comportamiento personal: “El pueblo quiere que se comporten con refinamiento, se casen con personas refinadas y creen hogares refinados”.

    La especialista, profesora de la Universidad Kokugakuin, se refirió además a la polémica propuesta del gobierno japonés de restituir el rango imperial a las ramas familias masculinas que se excluyeron tras la guerra: “Cuesta creer que personas que se separaron del linaje hace más de setenta años puedan garantizar la conservación de la cultura tradicional auténtica del imperio”, opinó. “El emperador debe conocer una amplia variedad de ritos y los príncipes comienzan su aprendizaje desde la infancia, y además, el pueblo siente un vínculo emocional de cariño y respeto con la pareja imperial”.

    “Me pregunto si los japoneses seguirían reconociendo el simbolismo permanente de la Casa Imperial al incluir en la línea sucesoria a esos nuevos miembros”, agregó. Por otra parte en la entrevista concedida al portal Nippon, Minashita cree que la responsabilidad que tiene la familia imperial sobre perpetuar el linaje será “muy difícil” de cumplir: “Para empezar, garantizar la sucesión masculina ininterrumpida del trono requeriría volver a instaurar el sistema premoderno de la poliginia, ya que la tasa de fertilidad media de las mujeres no permite mantener una línea directa de descendencia. De lo contrario, el número de herederos terminaría siendo insuficiente”.

    P: ¿Qué impresiones le causó el cambio de era, comparado con el paso de la era Shōwa (1926-1989) a la era Heisei (1989-2019)?

    R: El cambio de época que tuvo lugar al fallecer el emperador Hirohito, cuyo reinado se basaba en el sistema issei ichigen (un nombre de era por emperador), se realizó de forma solemne, con todo Japón apenado por su desaparición. En aquella ocasión, las mujeres de la Familia Imperial asistieron al Chōken no gi con el rostro cubierto por un velo negro en señal de duelo, mientras que esta vez lo hicieron destacando por su colorido atuendo. También llamó la atención el aspecto de los miembros de la familia, que participaron en silla de ruedas y apoyándose en un bastón, inspirando una imagen general de envejecimiento.

    P: Da la impresión de que la cobertura mediática y la opinión pública en torno a la emperatriz Masako cambiaron ligeramente en estos últimos tiempos.

    R: Hubo una época en que la indisposición de salud de la entonces princesa Masako para cumplir sus obligaciones oficiales se veía con escepticismo y crítica, mientras que ahora su figura goza de un tratamiento mediático favorable y pacífico. Con todo, su alteza atiende a sus obligaciones a pesar de seguir sufriendo problemas de salud. Creo que la influencia de las redes sociales y la evolución de los medios de comunicación tuvieron un papel muy importante en este cambio. Ahora que todos podemos expresar nuestras opiniones personales, los medios perdieron su credibilidad indiscutida y pasaron a ser más receptivos con la opinión pública.

    P: Los medios no hacen hincapié en el debate que cuestiona el sistema imperial, pero sí insistieron mucho en temas como el vestuario de las mujeres de la Familia Imperial o las lágrimas que derramó la emperatriz Masako durante la interpretación de Kokumin Saiten (La celebración del pueblo) y el desfile.

    R: Cuando falleció el emperador Hirohito y terminó la era Shōwa, hubo programas televisivos y periódicos que pusieron en duda la vigencia del sistema imperial, así como el papel que desempeñó en la Segunda Guerra Mundial. El hecho de que en aquel entonces hubiera mucha más gente que vivió la guerra que ahora fue un factor decisivo. Por otro lado, a finales de los ochenta Japón se encaminaba hacia la burbuja financiera, y el auge económico brindaba la tranquilidad necesaria para cuestionarse seriamente el sistema imperial. Hoy en día, sin embargo, seguimos intentando superar las “dos décadas perdidas”, el envejecimiento demográfico tiene a la mayoría de japoneses preocupados por el futuro (en especial sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones) y la vida de los ciudadanos es cada vez más gris. Creo que existe un deseo subconsciente de vivir experiencias positivas, aunque sean efímeras; de ahí ese ambiente de “no agüemos la fiesta” y esa voluntad de conservar el humor festivo.

    La pareja imperial como ideal de la familia moderna

    P: ¿Cambió con los tiempos la relación entre los medios de comunicación y la Casa Imperial?

    R: Lo que simboliza la Casa Imperial fue cambiando con la evolución de los medios. Antes de la Segunda Guerra Mundial, el medio que conectaba a la Familia Imperial —y, en especial, al emperador y la emperatriz— con el pueblo llano era la fotografía oficial que colgaba de las paredes de las escuelas y otros lugares públicos. Bajo la Constitución patriarcal de la era Meiji, el emperador reinaba sobre el país como una gigantesca figura paterna. El emperador Hirohito no se dejó ver mucho junto a su consorte ni siquiera después de la guerra.

    Por el contrario, el emperador Akihito y la emperatriz Michiko, cuyo desfile nupcial en 1959 contribuyó a la difusión de la televisión en Japón, representaron a la familia moderna en la nueva era democrática. En el periodo del crecimiento económico acelerado de los años sesenta, cuando proliferaron los complejos de vivienda pública y cada vez más familias compraban vivienda en las afueras, resultó especialmente simbólica la visita de los emperadores al complejo de vivienda pública Hibarigaoka, construido en 1960 en el barrio tokiota de Kitatama. No es ninguna exageración afirmar que el emperador emérito Akihito y la emperatriz emérita Michiko fueron quienes crearon la imagen de familia moderna ideal que ahora representa la Familia Imperial. La emperatriz emérita, que salió en los medios mostrando cómo criaba a sus hijos —algo impensable en tiempos anteriores— contribuyó especialmente a construir esta imagen.

    El nuevo sistema imperial que esbozó la Constitución de la posguerra, que situaba al emperador como símbolo del Estado, tenía un carácter muy abstracto y a los ciudadanos les resultó extremadamente difícil asumirlo desde el plano emocional. A pesar de ello, el emperador Akihito y la emperatriz Michiko, ya desde su etapa como príncipes, realizaron un esfuerzo encomiable para lograr el cariño y el respeto del pueblo. La cobertura televisiva de la Casa Imperial fue clave en el proceso de crear ese simbolismo cargado de emoción para los japoneses.

    P: Juzgando por el cotilleo presente en las redes sociales y las revistas del corazón sobre los problemas de la Casa de Akishino, da la sensación de que el pueblo japonés alberga una visión de la Familia Imperial todavía más emocional que antes.

    R: Eso sucede por dos motivos. El primero es, como ya he mencionado antes, que en la sociedad japonesa está dejando de cuestionarse la Casa Imperial como sistema; cada vez hay menos interés en plantearse la institución en esos términos. El segundo es que, en la era de internet, los medios de comunicación se han vuelto más receptivos con los sentimientos de la ciudadanía. El efecto sinérgico de estos dos factores ha provocado que el tratamiento mediático se centre solo en temas emocionales.

    En cierto sentido, además, a los medios les resulta más fácil meterse con personalidades que despiertan el interés emocional de los ciudadanos. Son buenos ejemplos de ello la manipulación del antagonismo entre la emperatriz Masako y la princesa Kiko o los problemas de la Casa de Akishino. Hay medios que critican duramente al príncipe heredero Fumihito y abundan los artículos sobre sus dos hijas; la mayor, por el escándalo relacionado con las deudas de la familia de su prometido, y la pequeña, por su afición por el baile hip-hop, entre otras cosas.

    Tras este tratamiento mediático está el descontento porque la Familia Imperial no cumple con sus obligaciones como realeza. El pueblo quiere que se comporten con refinamiento, se casen con personas refinadas y creen hogares refinados. El alboroto por la boda de la princesa Mako surgió seguramente porque no se adapta a esas expectativas. Por otro lado, la sociedad es implacable con las madres que “fracasan” en la crianza de sus hijos, motivo por el cual la princesa Kiko es sometida a un severo escrutinio. En las familias corrientes, si el matrimonio tiene dos hijas que al crecer devienen adultas respetables y un hijo adorable, no reciben quejas. Sin embargo, la mayoría de las personas ven a la Casa Imperial como una entidad oficial, por lo que no admiten que sus miembros se salgan de los cánones establecidos y, cuando esto sucede, los critican duramente desde la emoción.

    La preferencia por los hijos varones de los hombres de la Familia Imperial

    P: Las encuestas de opinión pública revelan que una mayoría de los japoneses creen que “no es necesario” limitar la sucesión del trono a los hombres. ¿Qué opina usted del problema de la sucesión?

    R: El pueblo espera que la Familia Imperial y el emperador desempeñen tres roles: la sucesión del linaje sanguíneo imperial, la continuidad de la cultura tradicional y la consolidación de un simbolismo permanente por parte de la Casa Imperial (de la unión del pueblo). Pero resulta muy difícil que estos tres objetivos se cumplan a la vez. Para empezar, garantizar la sucesión masculina ininterrumpida del trono requeriría volver a instaurar el sistema premoderno de la poliginia, ya que la tasa de fertilidad media de las mujeres no permite mantener una línea directa de descendencia. De lo contrario, el número de herederos terminaría siendo insuficiente.

    En cuanto a la propuesta de volver a incluir en la realeza ramas imperiales masculinas que se excluyeron tras la guerra, cuesta creer que personas que se separaron del linaje hace más de setenta años puedan garantizar la conservación de la cultura tradicional auténtica del imperio. El emperador debe conocer una amplia variedad de ritos y los príncipes comienzan su aprendizaje desde la infancia. Además, el pueblo siente un vínculo emocional de cariño y respeto con la pareja imperial. Me pregunto si los japoneses seguirían reconociendo el simbolismo permanente de la Casa Imperial al incluir en la línea sucesoria a esos nuevos miembros. Es muy probable que cambiase su visión de esos ritos ancestrales que incumben a las esferas nobles y que perviven al paso de los siglos sin guardar relación alguna con el pueblo llano. El sistema imperial terminaría perdiendo su conexión con la vida cotidiana de la ciudadanía, y creo que eso significaría la banalización del simbolismo del imperio.

    Opino que la propuesta del ex primer ministro Koizumi de incluir a las mujeres en la línea sucesoria era la opción idónea para satisfacer las expectativas del pueblo respecto al papel de la Casa Imperial que mencionaba arriba. Al quedar desestimada, los políticos esquivan la cuestión a toda costa, porque se trata de un problema gravísimo que divide la opinión pública en dos e incluso amenaza con fraccionar ideológicamente al Partido Liberal Democrático. La oposición tampoco entrará a discutir sobre el tema a menos que le permita ganar votos. Nadie está dispuesto a asumir la responsabilidad de abrir la caja de los truenos.

    El nuevo símbolo de la familia en la era Reiwa

    P: ¿Qué pueden llegar a simbolizar para el pueblo el emperador Naruhito y la emperatriz Masako?

    R: La era Heisei fueron treinta años en los que abundaron los desastres naturales, con el Gran Terremoto de Hanshin-Awaji, el Gran Terremoto del Este de Japón y los supertifones. El emperador Akihito y la emperatriz Michiko se ganaron el corazón de las víctimas de estos desastres con sus constantes visitas a las zonas damnificadas. Las quejas de la población por los cortes de luz programados después del Gran Terremoto del Este de Japón se acallaron cuando se anunció que los propios emperadores colaboraban motu proprio en el ahorro energético. Esa anécdota me confirmó el importante papel simbólico de la unión del pueblo que la Casa Imperial desempeña para los japoneses.

    Con el rito del Chōken no gi que tuvo lugar al estrenar la nueva era, el emperador demostró su intención de continuar con el legado de Akihito como símbolo nacional y de actuar en pos del pueblo. Sin embargo, creo que es mejor que los nuevos emperadores no se empeñen en mantener la imagen de “superhumanos” de los ahora emperadores eméritos. Al igual que el paso de la era Shōwa a la era Heisei marcó la transición entre la sociedad patriarcal y la democrática, cuando el emperador Naruhito y la emperatriz Masako se casaron, la mayoría de los japoneses esperaban que la emperatriz siguiera con su carrera profesional y se formase así un nuevo modelo de Familia Imperial con un matrimonio potente en que ambos cónyuges trabajasen. No obstante, vistas las lamentables críticas que cayeron especialmente sobre la emperatriz (entonces, princesa), de quien quedó la impresión de que no era capaz de soportar el peso de la tradición y el rancio abolengo imperial, creo que los emperadores no deben forzarse a seguir los pasos de sus antecesores. En mi opinión, lo mejor será que la pareja cree un nuevo simbolismo para la Casa Imperial y para la familia.

  • Naruhito reconoce que la emperatriz Masako todavía sufre “altibajos” en su salud mental

    El monarca habló en una conferencia de prensa con motivo de su cumpleaños 60: “Está en camino a la recuperación”, señaló.

    El emperador Naruhito de Japón dijo que su esposa aun sufre “altibajos” en su lucha por recuperarse de una enfermedad inducida por el estrés que la persigue desde hace más de una década. La salud de la emperatriz consorte Masako, que mostró estar bien al asistir a todas ceremonias de entronización celebradas en mayo y octubre del año pasado, es un tema permanente de conversación en Japón, y muchos confiaban en una total recuperación.

    El emperador, sin embargo, advirtió este 23 de febrero que Masako “todavía está en camino a la recuperación”. “Su condición tiene sus altibajos y su fatiga tiende a prolongarse después de un gran evento o cuando los eventos ocurren uno tras otro”, dijo el monarca en una conferencia de prensa con motivo de su 60º cumpleaños. “Quiero que nunca se agote demasiado, sino que continúe trabajando en lo que puede hacer”, dijo, describiéndola como “una buena consultora en asuntos privados y oficiales”.

    Naruhito ascendió al trono en mayo, tras la abdicación de su padre. Masako, educada en Harvard y Oxford, dejó de lado una prometedora carrera diplomática para casarse con Naruhito e ingresar a la familia real en 1993. En 2004, el palacio imperial reveló que había estado recibiendo tratamiento por un “trastorno adaptativo” inducido por el estrés, lo que la obligó a ausentarse de algunos compromisos reales. Se señaló que esa enfermedad se debió a las severas restricciones de la vida en Palacio y por la presión para que se quedara embarazada.

    La emperatriz nunca se recuperó por completo de una depresión motivada por sus dificultades para amoldarse a las retrógradas reglas de la Corte y, tanto o más importante, por las urgencias para que diera a luz un heredero varón. En 2001 tuvo a su única hija, la princesa Toshi, después de haber sufrido un aborto en 1999. El estado de Masako posterior a estos eventos llevó a su marido, entonces príncipe heredero, a reconocer públicamente: “En estos años Masako ha intentado ajustarse todo lo mejor posible a la vida en Palacio, pero ha quedado agotada. Es cierto que ha habido movimientos para negarle su carrera y su personalidad”.

  • Naruhito de Japón cumple 60 años con la mirada puesta en la crisis del coronavirus

    Las celebraciones públicas organizadas por la corte fueron canceladas y el monarca expresó su solidaridad con sus miles de víctimas.

    El emperador japonés Naruhito, que cumple 60 años este 23 de febrero, ofreció su simpatía a los afectados por el nuevo coronavirus que surgió en China y dijo que espera ver el brote contenido muy pronto. La edad del monarca, el primero desde que se convirtió en emperador, se considera una edad especial en el calendario zodiacal japonés, pero las festividades públicas se han atenuado en medio de las preocupaciones sobre el COVID-19 surgido en la ciudad china Wuhan, que ha matado a más de 2.300 personas y afectó hasta el momento a más de 76.000. Japón por su parte confirmó más de 750 casos, incluidos 634 del crucero ‘Diamond Princess’, que fue puesto en cuarentena en el puerto de Yokohama, cerca de Tokio.

    Los planes de celebración de cumpleaños incluían la apertura del palacio imperial para que el emperador Naruhito saludara desde el balcón del palacio a decenas de miles de simpatizantes, pero fueron cancelados como medida preventiva contra la infección. “Al enfrentar las preocupaciones sobre la propagación del coronavirus, ofrezco mi simpatía a los pacientes y sus familias”, dijo Naruhito a los periodistas en una nueva conferencia celebrada antes de su cumpleaños. “Espero que la escalada de las infecciones sea contenida lo antes posible”.

    Según informó The Japan Times, Naruhito se comprometió a apoyar a la gente de Japón para responder a la intensificación de los desafíos ambientales y sociales que van desde el cambio climático hasta el nuevo brote de coronavirus. “En esta sociedad que cambia rápidamente, estoy contemplando medidas en nuestros deberes oficiales que serían complementarias con tales cambios sociales”, dijo el monarca en una conferencia de prensa ofrecida el viernes. “Creo que la familia imperial tiene una parte de la responsabilidad” de abordar tales desafíos”, agregó y señaló la crisis climática, que contribuyó a los tifones e inundaciones más graves que sufrió Japón, como uno de los principales desafíos que su país enfrentó en los últimos años.

    Si bien la atención mundial se centró en el crucero, el virus ya llegó a Japón y se está extendiendo gradualmente en el país, desde Okinawa en el sur hasta Hokkaido en el norte. Los expertos dicen que la infección en Japón se encuentra en las primeras etapas de aceleración, lo que llevó al gobierno a prepararse para una mayor propagación del virus. Por esta razón, se canceló una serie de eventos, que incluyen conciertos, eventos deportivos y festivales, y algunas personas comienzan a preguntarse si Japón puede organizar los Juegos Olímpicos de Tokio de este verano según lo planeado, informó la agencia Kyodo News.

    Naruhito, citando sus buenos recuerdos de los primeros Juegos Olímpicos de Tokio, que presenció cuando tenía cuatro años, dijo que espera ver que los juegos de este año se lleven a cabo con éxito. “Para mí, los Juegos Olímpicos de Tokio (1964) fueron mi primer encuentro con el resto del mundo”, dijo Naruhito. Como joven príncipe, vio la ceremonia de clausura con sus padres. Dijo que ver a atletas de todas las nacionalidades marchar juntos le causó una fuerte impresión: “Creo que la escena que pude ver se convirtió en la base de mi compromiso y oración duraderos por la paz mundial”, dijo Naruhito en una declaración pública emitida este domingo en Japón.

    Naruhito y su esposa, Masako, que se está recuperando de una condición mental inducida por el estrés, tienen una hija de 18 años, la princesa Aiko, que se graduó de la escuela secundaria y estudiará literatura japonesa en la Universidad de Gakushuin, también el alma mater de Naruhito, donde se especializó en historia, según informó el periódico local The Mainichi. La joven, titulada Princesa Toshi, no es apta para heredar el trono de su padre bajo la regla de sucesión solo masculina de Japón, aunque hay un llamado creciente para permitirle ser una emperatriz en medio de una población real en declive y la escasez de sucesores masculinos.

    Naruhito se convirtió en el 126º emperador el 1 de abril del año pasado, un día después de la abdicación de su padre, Akihito, de 85 años. Primer emperador nipón con ancestros plebeyos, Naruhito es un hombre culto y con amplia experiencia en los asuntos oficiales que ha heredado el carácter sencillo y afectuoso de su padre, el cual hizo del sometimiento estricto a las prescripciones constitucionales y la empatía popular las principales divisas de su reinado. Nació en febrero de 1960 en el Hospital de la Agencia de la Casa Imperial (Kunaicho), aledaño al Palacio Imperial, cuando sus padres solo llevaban diez meses casados.

    El retrato que suele hacerse de Naruhito en la edad infantil (cuando era llamado Príncipe Hiro) es el de un muchacho alegre, curioso y participativo, como despegado de los encorsetamientos, muchas veces sofocantes -en especial para los miembros femeninos de la familia imperial- que imponían la tradición y el protocolo propios de la antiquísima monarquía nipona. Su padre, un hombre con inquietudes científicas ducho en biología marina, le alentaba a que practicara actividades deportivas al aire libre, como el tenis, la hípica, el esquí y el montañismo. Naruhito también se aficionó a las artes marciales, a tocar el violín y a estudiar cuestiones relacionadas con los transportes y las comunicaciones, en particular las vías acuáticas.

  • Enfoque: claves para entender el drama de una familia imperial de Japón en “peligro de extinción”

    El problema es un asunto “urgente” que debe abordarse sin demora, dijo el Gobierno, que comenzará a estudiar el tema en abril.

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