Etiqueta: Irán

  • ¿Dónde están las coronas del shah y la emperatriz Farah Diba?

    El 26 de octubre de 1967, el Palacio de Golestán en Teherán fue testigo de un espectáculo que resonó en todo el mundo: la coronación de Mohammad Reza Pahlavi, el último shah de Irán, y su esposa, Farah Diba, como emperatriz. Este evento, de una opulencia sin precedentes, marcó el uso de dos coronas emblemáticas: la Corona Pahlavi, usada por el Shah, y una corona única diseñada para Farah por Van Cleef & Arpels. Estas piezas, cargadas de simbolismo y valor histórico, representan un capítulo fascinante de la historia iraní. Pero, ¿dónde están estas coronas hoy, y cuál es su historia de creación y valor? 

    La creación de las coronas del último Shah de Irán y su esposa

    Las coronas del último Shah de Irán y su esposa
    La Corona Pahlevi

    La Corona Pahlavi, usada por Mohammad Reza Pahlavi, fue creada en 1926 para la coronación de su padre, Reza Shah, fundador de la dinastía Pahlavi. Shah encargó a un equipo de joyeros iraníes, liderados por Haj Serajeddin Javaheri, diseñar una corona que rompiera con la tradición de la dinastía Qajar y evocara el esplendor de la era sasánida (224-651 d.C.). Inspirada en motivos preislámicos, la corona incorpora cuatro almenas escalonadas, reminiscentes de los diseños aqueménidas, y está adornada con 3,380 diamantes, según detalla The Royal Watcher. Este diseño buscaba proyectar una identidad nacionalista, alejándose de las conexiones tribales o religiosas de las dinastías previas, y posicionando a los Pahlavi como custodios de la herencia imperial persa.

    Las coronas del último Shah de Irán y su esposa
    La Corona Pahlevi

    Por su parte, la corona de la emperatriz Farah fue una innovación sin precedentes. Como señala Foreign Policy, no existía en Irán un precedente para coronar a una reina, por lo que se requirió un diseño completamente nuevo. La casa joyera francesa Van Cleef & Arpels, seleccionada entre 50 propuestas de los mejores joyeros del mundo, creó una pieza única para la ocasión. La corona estaba engastada con esmeraldas, diamantes y otras gemas, y se complementaba con una túnica de terciopelo verde diseñada por Dior, que resaltaba su papel como símbolo de la modernización femenina en Irán. Este acto de coronar a Farah como Shahbanu, la primera emperatriz en 2.500 años de historia persa, fue un gesto político que buscaba proyectar al régimen Pahlavi como progresista y alineado con valores occidentales, inspirándose en ceremonias como la coronación de Isabel II en 1953.

    El valor de las coronas imperiales de Irán y su destino tras la caída de la monarquía

    La Corona de la Shabanou
    La Corona de la Shabanou

    El valor económico de las coronas es difícil de precisar, pero su importancia trasciende lo material. La Corona Pahlavi, parte de las Joyas Nacionales de Irán, incluye gemas de incalculable valor histórico. Estas joyas, que también comprenden el Trono del Pavo Real y gemas como los diamantes Koh-i-Noor y Darya-ye Noor, fueron acumuladas desde la dinastía Safávida (1502-1736) y representan una reserva financiera para la economía iraní. Según Politico, las joyas, incluida la Corona Pahlavi, fueron transferidas al estado en 1937 por Reza Shah y utilizadas como respaldo para la moneda nacional, un rol que mantienen hasta hoy bajo la República Islámica.

    Las coronas del último Shah de Irán y su esposa
    Las coronación del último Shah de Irán y la emperatriz Farah, en octubre de 1967.

    La corona de Farah, aunque menos documentada en términos de composición exacta, es igualmente valiosa.Su creación por Van Cleef & Arpels fue un encargo de alto costo, reflejo del glamour que el régimen buscaba proyectar. El valor de ambas coronas no solo radica en sus gemas, sino en su simbolismo: para los Pahlavi, eran emblemas de una monarquía que aspiraba a ser vista como moderna y conectada con la élite global.

    Tras la Revolución Islámica de 1979, que derrocó a Mohammad Reza Pahlavi y forzó a la familia imperial al exilio, el destino de las coronas fue motivo de especulación. Se temió que las joyas nacionales, incluidas las coronas, fueran robadas o vendidas durante el caos revolucionario. Sin embargo, la Corona Pahlavi permaneció intacta y hoy se encuentra en exhibición en el Tesoro de las Joyas Nacionales, ubicado en el Banco Central de Irán en Teherán. Este museo, reabierto al público en la década de 1990 bajo el gobierno de Hashemi Rafsanjani, alberga la colección completa de joyas imperiales, que siguen siendo un respaldo económico para el estado iraní.

    El destino de la corona de Farah es menos explícito en las fuentes, pero se supone que, como parte de las Joyas Nacionales, también está resguardada en el Tesoro. A diferencia de otras monarquías derrocadas, donde las joyas reales fueron dispersadas o subastadas, las coronas Pahlavi permanecen en Irán como reliquias de un pasado monárquico que la República Islámica conserva, paradójicamente, por su valor económico y cultural. A pesar de la narrativa anti-Pahlavi del régimen actual, estas joyas son vistas como un símbolo de la continuidad histórica de Irán, incluso bajo un gobierno teocrático.Su creación reflejó un esfuerzo deliberado por legitimar a los Pahlavi como herederos de un imperio milenario, mientras que su valor económico las convirtió en activos nacionales. 

    Artículo original de Monarquias.com 

    Fuentes:

    – The Royal Watcher (2017). “Coronation of the Shah of Iran, 1967.”

    – The Lion and The Sun Podcast (2025). “The Pahlavi Crown: Where is It Now?”

    – Cambridge University Press (2021). “Crowning the ‘Sun of the Aryans’: Mohammad Reza Shah’s Coronation and Monarchical Spectacle in Pahlavi Iran.”

    – Foreign Policy (2025). “Empress Farah Pahlavi and the Myth of the Secular Shah.”

    – Politico (2025). “The Son of the Last Shah Wants to Be the Next Leader of Iran.”

    – USA Today (2025). “Iran’s ‘crown prince’ calls for supreme leader to ‘face justice’.”

  • En busca de una corona perdida: ¿podría regresar la dinastía Pahlavi a Irán?

    En un mundo donde las revoluciones suelen enterrar las coronas, la posibilidad de que Irán, una nación marcada por 46 años de teocracia, contemple el regreso de la monarquía suena como un eco improbable de un pasado lejano. Sin embargo, en el verano de 2025, la figura de Reza Pahlavi, el exiliado príncipe heredero del último shah de Irán, ha resurgido con fuerza, alimentando especulaciones sobre un cambio radical en el destino del país. Desde su exilio en las afueras de Washington DC, Pahlavi, de 64 años, ha intensificado su llamado a una transición hacia una democracia secular, mientras las grietas en el régimen de los ayatolás se hacen cada vez más visibles. ¿Es este el momento de un nuevo capítulo para Irán, o solo un sueño nostálgico de un pasado que ya no resuena con las nuevas generaciones?

    La historia de Reza Pahlavi es, en sí misma, un reflejo de las convulsiones de Irán. Nacido en Teherán en 1960, fue nombrado príncipe heredero en 1967, durante el reinado de su padre, Mohammad Reza Pahlavi, cuya monarquía fue derrocada en 1979 por la Revolución Islámica. A los 17 años, Reza ya estaba en Estados Unidos, entrenándose como piloto de combate en la Fuerza Aérea, cuando el régimen de su padre colapsó. Desde entonces, ha vivido en el exilio, primero en Marruecos, luego en Egipto, y finalmente en América, donde obtuvo un grado en ciencias políticas y formó una familia. Pero su vida no ha sido la de un exiliado común. Durante cuatro décadas, Pahlavi ha abogado por un Irán libre, secular y democrático, manteniendo contacto con opositores dentro y fuera del país. “No busco poder político, sino ayudar a nuestra gran nación a navegar por esta hora crítica hacia la estabilidad, la libertad y la justicia”, declaró en una conferencia en París en junio de 2025, en un discurso que resonó como un manifiesto de liderazgo en espera.

    El príncipe Reza Pahlavi es el hijo y heredero del último emperador iraní, Mohammad Reza Pahlavi, y de la emperatriz Farah Diba.

    El príncipe Reza Pahlavi es el hijo y heredero del último emperador iraní, Mohammad Reza Pahlavi, y de la emperatriz Farah Diba.

    El contexto actual parece darle un impulso inesperado. La combinación de sanciones económicas, una gestión desastrosa y los recientes ataques militares de Israel y Estados Unidos contra instalaciones nucleares iraníes han debilitado al régimen de los ayatolás como nunca antes. En un video publicado en X el 17 de junio de 2025, Pahlavi afirmó: “La República Islámica ha llegado a su fin y está colapsando. Jamenei, como una rata asustada, se ha escondido bajo tierra y ha perdido el control de la situación”. Sus palabras, cargadas de simbolismo, buscan galvanizar a una población agotada por décadas de represión y dificultades económicas. Según un informe de Newsweek publicado el 18 de junio de 2025, Pahlavi no aboga explícitamente por restaurar la monarquía, sino por un referéndum libre que permita a los iraníes elegir entre una monarquía constitucional o una república. Esta postura, según Saeed Ghasseminejad, asesor de la Fundación para la Defensa de las Democracias, refleja su consistencia: “Ha sido claro en no imponer una monarquía, sino en dejar la decisión al pueblo iraní”.

    Sin embargo, el camino hacia un retorno monárquico está lleno de obstáculos. La oposición iraní, aunque unida en su rechazo al régimen actual, es un mosaico fragmentado de ideologías. Grupos como el Mujahedeen e-Khalq (MEK), que cuentan con apoyo de figuras como Rudy Giuliani, son vistos con desconfianza dentro de Irán por su historial durante la guerra Irán-Irak. Además, las críticas a Pahlavi no son pocas. Algunos opositores, como Amin Aghdasi, un joven de Teherán citado por NBC News el 25 de junio de 2025, lo acusan de ser “un cobarde que espera que le entreguen el poder” y un “títere” de potencias occidentales como Israel y Estados Unidos. Su visita a Israel en 2023, organizada por asesores cercanos, ha alimentado estas percepciones, especialmente entre aquellos que ven cualquier alineación con potencias extranjeras como una traición.

    El hijo del último shah, “un líder fuerte, muy confiable y popular” en Irán

    El príncipe Reza Pahlavi aboga desde EEUU por la celebración de un referéndum en Irán para decidir el destino político de la nación. Maryam Aslany, una académica de Yale, lo describe como “un líder fuerte, muy confiable y popular” entre muchos iraníes.

    A pesar de las críticas, Pahlavi mantiene un apoyo significativo, especialmente en la diáspora iraní. En un artículo de The Spectator del 15 de julio de 2025, se destaca que muchos iraníes, tanto dentro como fuera del país, ven en él un símbolo de un Irán pre-revolucionario, secular y pro-occidental. Maryam Aslany, una académica de Yale, lo describe como “un líder fuerte, muy confiable y popular, con principios profundamente respetados por el pueblo iraní”. Este respaldo, sin embargo, no es universal. Un análisis de The Middle East Forum del 21 de junio de 2025 señala que la organización de Pahlavi refleja un estilo político “pasivo”, que evita imponer disciplina para no ser tildado de dictador, pero que a veces parece “cobarde o negligente”. La falta de una estructura sólida y la infiltración de inteligencia iraní en su entorno son desafíos que podrían socavar su credibilidad.

    El precedente histórico de transiciones monárquicas, como la de España bajo Juan Carlos I, es citado frecuentemente por los partidarios de Pahlavi. En un artículo de Fair Observer del 6 de octubre de 2024, se compara su potencial rol con el del rey español, quien desmanteló un régimen autoritario para abrir paso a la democracia. Sin embargo, el mismo artículo advierte que las diferencias son significativas: la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) no es equiparable al ejército español de los años 70, y su lealtad a un proyecto monárquico es dudosa. Pahlavi, consciente de esto, ha instado a los militares y policías iraníes a “romper con el régimen y unirse al pueblo”, según un mensaje publicado en X el 17 de junio de 2025.

    La nostalgia por la era Pahlavi, cuando Irán era un aliado de Occidente y vivía un auge económico, contrasta con los recuerdos de represión bajo la policía secreta SAVAK. En un artículo de Le Monde del 5 de julio de 2025, se describe cómo Pahlavi “reaparece en las pantallas cada vez que el régimen de los mulás parece tambalearse”, aprovechando momentos de crisis para posicionarse como una alternativa. Pero la pregunta persiste: ¿cuánto apoyo real tiene dentro de Irán? Una encuesta de GAMAAN citada por Context is King en abril de 2024 sugiere que, aunque el 80% de los iraníes desea reemplazar la República Islámica por un gobierno democrático, la preferencia por una monarquía es menos clara, especialmente entre los jóvenes que no vivieron la era del shah.

    En las calles de Teherán, Shiraz o Tabriz, el mensaje de Pahlavi puede resonar entre aquellos agotados por el régimen, pero también enfrenta el desafío de una población que, según Al Jazeera el 3 de julio de 2025, ve con escepticismo cualquier intento de cambio impulsado desde el exterior. “No queremos un rey impuesto por bombas estadounidenses o israelíes”, dice Yasmine, una británica-iraní entrevistada por el medio. A pesar de esto, Pahlavi insiste en su visión: “El futuro es brillante, y juntos pasaremos esta curva histórica”, afirmó en su discurso de París. Su plan, según Politico del 23 de junio de 2025, incluye apoyar huelgas masivas y mejorar las comunicaciones para los opositores, mientras pide acciones militares selectivas contra el régimen, pero no contra el pueblo iraní.

    El destino de Irán sigue siendo incierto. Si el régimen colapsa, Pahlavi podría desempeñar un papel central en la transición, ya sea como líder interino o como símbolo de unidad. Pero el espectro de la división, la desconfianza y la intervención extranjera acecha. En un país donde la historia pesa tanto como el presente, el retorno de la monarquía no es solo una cuestión de política, sino de identidad. ¿Podrá Reza Pahlavi, el hijo del último shah, convertirse en el arquitecto de un nuevo Irán, o su corona seguirá siendo un símbolo de un pasado que nunca regresará? Solo el tiempo, y los iraníes, lo dirán.

    Artículo original de Monarquias.com

    Fuentes: Newsweek (18 de junio de 2025), NBC News (25 de junio de 2025), The Spectator (15 de julio de 2025), The Middle East Forum (21 de junio de 2025), Fair Observer (6 de octubre de 2024), Le Monde (5 de julio de 2025), Politico (23 de junio de 2025), Al Jazeera (3 de julio de 2025), Context is King (27 de abril de 2024).

  • Del cuento a la tragedia: la historia de Soraya, princesa triste del imperio persa

    Soraya Esfandiary, segunda esposa del shah de Irán, fue la soberana más hermosa y la más trágica de su tiempo.

    (*) La autora es Profesora y Licenciada en Historia y especialista en Monarquías de la Edad Moderna.

    Soraya Esfandiary Bakhtiary nació en Isfaham en 1932. Pertenecía a una familia de la nobleza del sur de Irán. Era hija de un embajador iraní de origen noble y de una alemana, de ahí sus llamativos y bellísimos rasgos. Educada entre Londres, Berlín, Suiza e Irán, el shah (o emperador) Reza Pahlevi la vio por primera vez en 1948, después de su divorcio con la hermosísima Fawzia de Egipto, cuando un pariente de la joven Soraya le mandó una foto de la chica. Pahlavi vio aquella foto y quedó hipnotizado. Pronto se conocieron, se enamoraron y él le regaló un diamante de compromiso de 23 quilates.

    La fantástica boda tuvo lugar en 1951, con 2.000 invitados de todas las casas reales europeas. Para la celebración hubo arreglos florales con orquídeas y tulipanes holandeses y se brindó a los invitados un circo de caballos traído de Roma. El traje de la novia era blanco plateado, bordado con perlas legítimas, adornos de plumas y capa de visón blanco, diseño de Christian Dior. Soraya tenía sólo 19 años y el shah ya era un experimentado hombre divorciado de 32. Un detalle promisorio: el día de la boda nevó mucho en Teherán, lo que se tomó como un excelente augurio para el flamante matrimonio.

    Todo fue romanticismo oriental y cuento de hadas de las mil y una noches hasta que el imperio empezó a inquietarse por la falta de heredero. La monarquía iraní necesitaba un varón para subsistir y el shah sólo tenía una hija mujer de su anterior matrimonio con Fawzia. Soraya no se quedaba embarazada y esa fue justamente su desgracia.

    Pasó por todos los médicos especialistas posibles, desde Berlín a Nueva York sin resultados. Y como suele pasar en las mejores familias, la suegra y la cuñada de Soraya no se mostraron muy empáticas que digamos. La hermana melliza del shah, la princesa Ashraf, a la que llamaban la “Pantera Negra; lo dominaba completamente insistiendo con el tema del heredero: Soraya debía embarazarse y si no, el shah buscarse otra esposa a fin de salvar la amenazada dinastía.

    En sus memorias, Soraya confesará años después que suegra y cuñada manipularon médicos y estudios ginecólogos para demostrar que ella no estaba capacitada para ser madre. Nunca lo sabremos, pero en 1958 la joven princesa tuvo que elegir: o aceptaba que su esposo conviviera con otra mujer (los musulmanes pueden tener hasta cuatro esposas a la vez) u optar por el divorcio.

    El shah la amaba y Soraya era una joven enamorada también. ¡Cómo no estarlo con la apabullante colección de tiaras y joyas que le regalaba su marido y las sesenta rosas rojas que recibía cada mañana en la que el shah no amanecía con ella! Lo cierto es que, el 14 de marzo de 1958, los siete sabios del reino decidieron que el rey debía divorciarse. En cuanto se lo comunicaron a la joven reina, ella supo que no había vuelta atrás.

    La última noche juntos, él puso un disco y bailaron sin decirse nada. “Volverás enseguida”, le dijo él antes de despedirse. “Puede ser que no vuelva nunca más”, respondió ella. Soraya se marchó. Ella sólo quería volver a ser Soraya Esfandiary, pero no, pues el shah le asigna pasaporte diplomático para que entre y salga de cualquier país del mundo y el título de Princesa de Irán, quizás él, en realidad, no quería perderla del todo. Soraya no quedaba desprotegida, se llevaba todas sus joyas y gemas. Acompañada de su madre y su hermano arribó a Italia, no sabía ni siquiera comprarse un helado sola. Allí se quedó para probar suerte en el cine. Los mejores representantes del jet set internacional la cercaban por todos lados.

    Ella sólo quería vivir. Un año después de su divorcio, parecía que el príncipe Raimundo de Orsini la había conquistado, se los veía juntos y se hablaba de boda inminente, y aunque no pasó de rumores, él estaba enamorado.

    Poco después Soraya probó suerte en el cine: protagonizó una película y se enamoró del director Franco Indovina, pero él era casado. La película no tuvo gran éxito. Dicen que el shah compró todas las cintas y las hizo desaparecer, él aún pensaba en ella, aunque ya estaba casado con la joven Farah Diba. En 1972 Franco murió en un accidente de avión y Soraya abatida por el dolor abandonó Roma para siempre.

    Se fue a París, a las Bahamas, a la Costa Azul, a España. Amó España. Huía como princesa errante, no pertenecía a ningún lado, pero añoraba Irán aun cuando los años pasaban. Se convirtió en la reina de la prensa del corazón. El shah manifestó que siempre pensaba en ella, aunque ya tenía cuatro hijos con Farah.

    En 1979 una revolución islámica derrocó al shah Pahlaví y en 1980 falleció en Egipo de un cáncer linfático sin poder volver a Irán ni ver a su amada Soraya. Ella ya había devuelto las joyas a Irán, quizás por eso el régimen del Ayatollah no puso precio a su cabeza. Poco después Soraya viajó a Egipto y visitó la tumba de su marido. Volvió a París y continuó sola. En octubre de 2001, a los 69 años, una mucama la encontró muerta en su departamento. Murió sola, los ojos tristes se cansaron de soñar con Irán y se cerraron para siempre.

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  • El palacio de Golestán, donde fue coronado el último shah de Irán, corre peligro

    Antigua ciudadela del siglo XVI, fue la residencia de los emperadores persas durante 400 años y hoy está amenazada por la escalada de violencia entre EEUU e Irán.

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  • El último shah y Fawzia de Egipto, una boda de cuentos sin final feliz

    El 15 de marzo de 1939 el palacio Abdeen de El Cairo era protagonista de una boda real que unía a dos grandes y poderosas monarquías de Oriente Medio.

    El 15 de marzo de 1939 el palacio Abdeen de El Cairo era protagonista de una boda real que unía a dos grandes y poderosas monarquías de Oriente Medio: el joven príncipe heredero de Persia, Mohammed Reza Pahlevi, de 20 años, con la princesa Fawzia de Egipto, de 18 años. En la boda en El Cairo, los invitados recibieron cajas de bombones hechas de oro y piedras preciosas; carruajes llenos de flores desfilaron por las amplias avenidas, y fuegos artificiales fueron lanzados sobre el Nilo.

    Cada uno de los dos países tenía motivos políticos y personales para celebrar la boda: para el rey egipcio Farouk I, el hermano de la princesa, el matrimonio afirmaba el poder de un monarca constitucional en una región dominada por los británicos. Para el shah de Persia, Rezah Pahlevi, anteriormente un soldado ordinario, emparentar con la familia real egipcia de un siglo otorgaría legitimidad a su familia.

    La princesa Fawzia bint Fuad nació el 5 de noviembre de 1921 en el Palacio Ras al-Tin en Alejandría, y era la hija mayor del rey Fuad y su segunda esposa, Nazli Sabri. Creció en una corte árabe de habla inglesa, en palacios esplendorosos y jardines reales, protegida del mundo exterior por una institutriz inglesa. Era una niña tímida y bonita de ojos azules y cabello negro, descrita por el escritor y cortesano egipcio Adel Sabit como una “niña sumamente sobreprotegida que vivía en un entorno bucólico, rodeada por siervos, tías y damas de compañía”.

    Una receta para el desastre

    Tenía 17 años cuando se discutió por primera vez el partido con el joven príncipe heredero de Persia. En ese momento, ella había sido educada en Suiza y disfrutaba de la socialización, la moda europea, y nunca había usado el velo. Pero una vez en Egipto, su estatus de princesa real le restó libertad. “En aquellos días, Fawzia estaba prácticamente prisionera en la casa flotante de su madre en el Nilo”, escribió Adel Sabit. “Rara vez salía, y cuando lo hacía, estaba rodeada de damas de compañía y criados. En un momento en que todas las demás niñas disfrutaban de una relativa libertad, Fawzia, en virtud de su posición, se encontraba estrechamente cercada”.

    Después de concebir la idea de un encuentro con una princesa egipcia, el shah Reza Pahlevi envió un embajador a El Cairo para sondear la opinión de la familia real. Aunque el primer ministro egipcio había llamado anteriormente “el matrimonio de un árabe sunita a un persa chiíta” una receta para el desastre”, se acordó el compromiso. Se envió una delegación de Teherán a El Cairo con una carta del shah y una colección de joyas. Durante todo ese tiempo, el príncipe heredero desconocía las negociaciones; ni siquiera había visto una foto de ella cuando, en mayo de 1938, se anunció el compromiso.

    Los ritos matrimoniales se llevaron a cabo dos veces: en El Cairo, el 15 de marzo de 1939, según la costumbre sunita; una ceremonia chiíta tuvo lugar más tarde en Teherán. Un álbum de fotografías de la boda de El Cairo muestra una sucesión de cenas ceremoniales y entretenimientos de sofocante formalidad. Se puede ver al joven príncipe heredero sentado con tristeza entre los miembros de la realeza egipcia con un uniforme militar. La pareja real voló a Teherán al día siguiente, junto con los efectos personales de Fawzia en 200 baúles y maletas.

    Los recién casados fueron recibidos en el aeropuerto por el shah, quien frente a una multitud, besó a Fawzia en la frente y le dijo: “Bueno, hija mía, este es tu país y aquí está tu gente“. La ceremonia nupcial persa incluyó siete días de fiesta. Los prisioneros fueron liberados de la cárcel, y se les dio comida y dinero a los pobres para celebrar. Debido a que la ley iraní requería que solo una mujer iraní de nacimiento podía convertirse en reina, se aprobó una ley apresuradamente que otorgaba a Fawzia la “calidad de mujer persa”.

    La vida en Teherán para Fawzia era muy diferente, pero no menos restrictiva que la existencia que había dejado atrás. Un palacio Qajar del siglo XIX había sido renovado para la pareja real, pero para los estándares egipcios era exiguo. Aun así, la pareja estaba feliz al principio, y su único hijo, una hija, Shahnaz, nació el 27 de octubre de 1940.

    La tristeza de Teherán

    A los ojos del mundo, Fawzia era el epítome del glamour, su estilo una mezcla de moda europea y mística oriental. La prensa occidental la llamaba “la mujer más hermosa del mundo”. Su retrato, tomado por Cecil Beaton, apareció en 1942 en la portada de la revista Life, que la apodó la “Venus de Asia”. “Tenía ojos tristes y tristes”, escribió Beaton, “cabello negro oscuro, una cara perfectamente esculpida y manos suaves y gráciles, desprovistas de las arrugas de labor”.

    Pero a Fawzia le resultó difícil adaptarse a la vida en la corte persa, en gran medida por la diferencia de estilos: recordaba con nostalgia el esplendor de los palacios de El Cairo. Las relaciones con su suegra y las hermanas del príncipe heredero fueron tensas y los chismes empezaron a circular acerca de las infidelidades del príncipe heredero.

    En 1941, Pahlevi fue forzado a abdicar en favor de su hijo, quien se convirtió en shah de Irán, y Fawzia se convirtió en emperatriz. Pero a medida que avanzaba la década de 1940, la vida en Teherán se hacía cada vez más difícil de soportar. Su séquito de sirvientes egipcios fue despedido y, para defenderse del aburrimiento, Fawzia comenzó a pasar gran parte de su tiempo en la cama y jugando a las cartas. La comunicación era difícil, porque debía hablar con su esposo y a los miembros de la corte en francés, después de haber hecho un intento a medias de aprender persa, que ella abandonó después de unos meses.

    De a poco, la luz de la reina Fawzia se fue apagando. Se negó a asistir a las reuniones de las organizaciones caritativas y fundaciones que la familia real iraní patrocinaba, y no dudó en dejar en claro su desprecio por Irán y todo lo que fuera iraní. Incluso comenzó a mostrar poco interés en su hija, la princesa Shahnaz, que nació en 1940 para disgusto de su esposo y de su suegra: había fallado en su misión de tener un hijo y heredero del imperio. En ese momento ella había dejado de compartir una habitación con su esposo, mientras los informes de sus amantes continuaban circulando.

    Los rumores de la infelicidad matrimonial de Fawzia llegaron a oídos del rey Farouk en El Cairo. Un miembro de la corte egipcia había sido enviado a espiar a Teherán, donde descubrió que Fawzia estaba descuidada y gravemente enferma: sus omóplatos, según él, “sobresalen como las aletas de algunos peces desnutridos”. Faruk exigió que los dos se divorciaran y tal era la apatía de Fawzia por Irán que abandonó Teherán y regresó a su país natal. La princesa Shahnaz se quedó en Irán y los rumores de divorcio comenzaron a oírse en todas las redacciones.

    El período de convalecencia de Fawzia en Egipto se extendió de meses a años. Retomó la vida social en El Cairo, principalmente en compañía de su hermana, la princesa Faiza, y se negó a responder cartas, cables y mensajes privados enviados por su esposo. Un artículo en el londinense The Times en 1948 anunció: “La emperatriz Fawzia regresó a Egipto para recuperarse después de un severo ataque de malaria. Se ha anunciado que sus médicos le han prohibido regresar al clima y la elevación de Teherán, por lo que, en total acuerdo con el Sha y con buena voluntad de ambas partes, el matrimonio ha terminado“.

    Cinco meses después del divorcio, Fawzia se casó con el coronel Ismail Shirin, un aristócrata egipcio que ocupó cargos diplomáticos y militares en el gobierno de Farouk. Vivieron juntos en Alejandría hasta su muerte en 1994, y tuvieron un hijo y una hija. Fawzia no sufrió mucho con el golpe de 1952 que depuso a su hermano Farouk y convirtió a Egipto en una república. Vivía con marido en El Cairo y Alejandría, y cuando fue posible visitó París y Ginebra. Su cabello oscuro, piel pálida y magníficos ojos la habían convertido en una de las mujeres más hermosas de El Cairo, cuando era una de las capitales de placer del mundo. También era una princesa amable y educada, y muchos iraníes la recordaban como la mejor de las tres esposas de shah. (S.C.)

  • El palacio donde se refugió el último shah de Irán ahora es un museo

    El último refugio de de Mohammed Reza Pahlevi antes de escapar del país en 1979 fue un palacio en los montes Elburz que ningún iraní podía siquiera soñar con visitar. Hoy lo pueden recorrer por un dólar.

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  • Hace 40 años, el último Shah de Irán abandonaba su milenario imperio

    • El 16 de enero de 1979, el emperador Mohammad Reza Pahlavi abandonó Irán para siempre, terminando así con 2.500 años de monarquía.
    • La partida del “rey de reyes” abrió el camino para el regreso triunfal del ‘ayatollah’ Ruhollah Jomeini, exiliado en Francia, y finalmente fue el comienzo de la República Islámica.
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