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  • Quién es y qué hace hoy Fuad II, el último Rey de Egipto

    En el bullicioso corazón de El Cairo, dentro de los muros dorados del Palacio de Abdín, el 16 de enero de 1952 nació un niño que estaba destinado a convertirse en el último monarca de una dinastía que había moldeado el destino de Egipto durante más de un siglo. Ahmed Fuad, hijo del rey Faruq y su segunda esposa, la bella Narriman Sadek, llegó al mundo en un momento de gran inestabilidad política. La familia real, parte de la Dinastía de Mehmet Alí —fundada en el siglo XIX por el astuto gobernador albanés que transformó Egipto en una potencia regional—, enfrentaba crecientes presiones tanto internas como externas.

    Apenas seis meses después de su nacimiento, el príncipe Fuad fue catapultado a la cima del poder de una manera que pocos podrían haber imaginado. El 26 de julio de 1952, un golpe de Estado orquestado por el Movimiento de Oficiales Libres, liderado por figuras como Gamal Abdel Nasser y Muhammad Naguib, derrocó a su padre, el rey Faruq. Este evento, conocido como la Revolución de los Oficiales Libres, buscaba acabar con la corrupción y el favoritismo percibido en la monarquía. Para evitar un caos inmediato y mantener una apariencia de continuidad, los militares proclamaron a Fuad II como el nuevo rey de Egipto y Sudán. Así, el bebé de seis meses asumió títulos grandiosos: soberano de Nubia, Kordofán y Darfur. Sin embargo, nunca sería coronado formalmente, ya que un Consejo de Regencia, presidido por su bisabuelo Mohammed Ali Tewfik, tomaría todas las decisiones en su nombre.

    Este reinado simbólico y efímero duró menos de un año. El 18 de junio de 1953, Muhammad Naguib, como primer presidente de la nueva República Árabe de Egipto, proclamó oficialmente el fin de la monarquía. Fuad II, con apenas un año de edad, se convirtió así en el último rey de Egipto, cerrando un capítulo de lujo y tradición que había definido al país durante generaciones. La abolición de la monarquía no solo eliminó la corona, sino que también expropió vastas propiedades reales y obligó a la familia a abandonar el país. El joven rey y su madre, Narriman, fueron exiliados primero a Italia, donde buscaron refugio temporal en la costa amalfitana, y luego se establecieron en Suiza, un destino común para muchas familias reales europeas en apuros.

    Tras un breve reinado, la vida de Fuad II permanece casi en las sombras

    Fuad II de Egipto

    La vida pública de Fuad II ha transcurrido mayoritariamente en el exilio, lejos de los salones de poder que una vez pertenecieron a su familia. Aunque nunca ha ejercido un rol político real, para algunos monárquicos egipcios dispersos por el mundo, él sigue siendo el rey legítimo, un vestigio vivo de una era dorada. Su título, “Rey de Egipto y Sudán”, es solo simbólico, y en Egipto contemporáneo, referirse a él como soberano puede ser visto como un acto políticamente incorrecto o incluso ilegal bajo las leyes republicanas. Fuad II ha evitado deliberadamente la política activa, optando por una discreción que le ha permitido navegar los turbulentos vientos de la historia sin atraer represalias del régimen egipcio.

    La presencia pública del rey Fuad se limita en gran medida a eventos familiares o representaciones simbólicas de la dinastía. No participa en foros internacionales ni en campañas políticas, pero su figura persiste en debates históricos y en grupos de monárquicos en redes sociales, donde se le ve como un posible emblema para una hipotética restauración. Ha vivido temporalmente en Francia, disfrutando de la elegancia parisina, antes de asentarse definitivamente en Suiza. Allí, rodeado de los Alpes y el lago, mantiene un aura de nobleza europea, aunque sin las condecoraciones formales que suelen acompañar a otros ex monarcas. Su legado como el último rey de Egipto sigue inspirando documentales, libros y discusiones académicas sobre el paso de la monarquía a la república en el mundo árabe.

    A pesar de su bajo perfil, ha realizado visitas esporádicas a Egipto que han capturado la atención de la prensa y revivido recuerdos nostálgicos. Por ejemplo, en abril de 2024, regresó al Palacio de Montazah en Alejandría, un sitio emblemático de la realeza egipcia, donde pasó momentos de su infancia antes del exilio. Estas apariciones breves no solo honran su herencia, sino que también subrayan una conexión emocional profunda con la tierra que lo vio nacer. En la actualidad, a sus 73 años —cumplidos en enero de 2025—, Fuad II reside en la serena región del Lago de Ginebra, en Suiza, un país que le ha ofrecido neutralidad y estabilidad durante décadas.

    En el ámbito privado, Fuad II ha llevado una existencia marcada por la resiliencia familiar y la adaptación a un mundo sin corona. Criado en un entorno multicultural entre Italia, Suiza y Francia, el ex rey recibió una educación en escuelas suizas y francesas, aprendiendo varios idiomas y absorbiendo una visión cosmopolita del mundo. Aunque no se conocen detalles específicos sobre títulos académicos, su formación le permitió navegar con gracia la vida en el exilio, lejos de los protocolos rígidos de la corte egipcia.

    En 1976, a los 24 años, Fuad II contrajo matrimonio con Dominique-France Loeb-Picard, una joven francesa de origen judío que se convirtió al islam y adoptó el nombre de Fadila, recibiendo el título de Reina de Egipto. Esta unión, celebrada en París, representó un puente entre Oriente y Occidente, y pronto dio frutos: tres hijos que perpetúan el linaje de la dinastía. El mayor, Muhammad Ali, nació en 1979 y es reconocido como el príncipe heredero del Saíd, manteniendo viva la tradición sucesoria. Le sigue Fawzia-Latifa, princesa de Egipto, nacida en 1982 en el glamour de Montecarlo. En 2019, ella se casó con el ingeniero francés Sylvain Jean-Baptiste Alexandre Renaudeau, y la pareja reside en Ginebra, donde han dado a luz a dos hijos, añadiendo una nueva generación a la familia real desterrada. El menor de los hijos, Fakhruddin, completa este núcleo familiar, aunque detalles sobre su vida son escasos debido a la privacidad que rodea al clan.

    Fuad II de Egipto

    El rey Fuad y la reina Fadila se divorciaron en 1996, tras dos décadas de matrimonio. Desde entonces, Fuad II ha mantenido un perfil sentimental bajo, sin que se conozcan parejas posteriores o romances destacados. Sus intereses personales parecen inclinarse hacia la tranquilidad: posiblemente colecciones de arte, historia o la lectura sobre el Medio Oriente, aunque prefiere no exponerlos. A sus 73 años, disfruta de la serenidad del Lago Lemán, paseando por sus orillas y cultivando lazos con sus hijos y nietos, quienes representan la continuidad de una herencia real pero interrumpida por la historia. 

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • Reinas del siglo XX: Narriman de Egipto, la “Cenicienta del Nilo”

    Reina plebeya, fue sacada de la oscuridad para una vida de lujo extravagante en los palacios reales de Egipto y para acompañar a regañadientes a su marido playboy en casinos, playas y grandes hoteles de Europa.

    Las lágrimas corrían por el rostro de Farouk, el último rey de Egipto. Su esposa, la reina Narriman, estaba dando a luz de forma prematura al futuro soberano de la dinastía. El rey, velaba junto a la cama de Narriman, tomándole la mano y dándole ánimo, en una postal de amor rara vez vista en la vida del revoltoso monarca.

    La segunda esposa de Farouk, fue elegida entre las filas de la clase media alta no real como un gesto populista, destinado a restaurar el apoyo popular a una monarquía en sus últimas etapas. Los periódicos la apodaron la “Cenicienta del Nilo“, una plebeya sacada de la oscuridad para una vida de lujo extravagante en los palacios reales de El Cairo y Alejandría, que acompañaba a regañadientes a su marido playboy en los casinos, playas y grandes hoteles de Europa.

    Ella lo soportó durante poco más de un año, después de haber tenido el heredero varón deseado, y luego escapó. “No se puede considerar un matrimonio feliz”, dijo Akram el-Nakeeb, hijo de Narriman de un matrimonio posterior. Los recuerdos de Narriman sobre su exilio con Farouk y su divorcio en febrero de 1954, cuyo proceso ella inició, son “desagradables, dolorosos y deprimentes”, dijo Nakeeb.

    En el proceso de divorcio, Farouk le había dado la opción de quedarse con él o regresar a Egipto sin su hijo de dos años, el príncipe Ahmed Fuad, quien durante menos de un año había sido el rey de jure de Egipto antes de que la monarquía fuera abolida formalmente. Y Narriman eligió dejar Farouk. El matrimonio duró menos de tres años y comenzó después de que hubiera terminado el revuelo sobre el fallido primer matrimonio del rey con la reina Faridah, de quien se divorció en noviembre de 1948. Faridah le había sido infiel, como dijo el ex rey en sus memorias, y también necesitaba un heredero.

    “Durante años había sido un hombre solitario en mi corazón, aunque estaba rodeado de cortesanos, asistentes y amigos sociales”, escribió Farouk en sus memorias. “Narriman fue el primer ser humano desde que alcancé la plena madurez que realmente comenzó a atravesar la barrera y a comprender al hombre detrás de la panoplia de la realeza”, manifestó. “La gente parece olvidar que siempre es un ser humano sobre cuya cabeza descansa una corona”, escribió el exmonarca.

    Narriman Sadek nació el 31 de octubre de 1934, la única hija de una familia de clase media de El Cairo. Su padre era un funcionario gubernamental de alto rango, mientras su madre tenía grandes ambiciones sociales para su hija. A los 16 se comprometió con Zaki Hashim, un joven prometedor que trabajaba para la secretaría de las Naciones Unidas y había estudiado Derecho en Harvard; pero sus planes cambiaron después de que la pareja visitó a un joyero de El Cairo para comprar un anillo de compromiso.

    El astuto ministro de información de Farouk había hecho saber que el rey estaba buscando una nueva esposa para reemplazar a su primera esposa, la reina Farida, que había tenido tres hijas pero ningún hijo, y de quien Farouk se había divorciado recientemente. El joyero real informó al palacio que acababa de conocer a la candidata ideal en su tienda: era joven, regordeta y guapa, el tipo de chica que se sabía que gustaba al rey.

    Antes de su primera reunión, al rey le mostraron una fotografía de Narriman Sadek, la hija de 16 años de un funcionario de clase media. “Me sentí atraído de inmediato por el rostro de la niña”, escribió Farouk. De acuerdo al rey, la joven Narriman tenía “una boca que tenía un destello de humor vivo y ojos que brillaban con gentil amabilidad”. Después, los cortesanos se las ingeniaron para que la joven fuera a la joyería, aparentemente para mirar un anillo especial, a muy buen precio, para que el rey pudiera encontrarse con ella.

    En lugar de observarla a través de una mirilla en la puerta, como se había dispuesto, Farouk inesperadamente la encontró cara a cara. Después de una breve entrevista exploratoria, le anunció que tenía la intención de casarse con ella. Sus padres fueron persuadidos de cancelar los planes de matrimonio originales, que estaban en una etapa avanzada y el prometido humillado regresó a Harvard para completar su doctorado. Ella escribió sobre este encuentro en la joyería: “No pude evitar pensar en Zaki Hachem quien, comparado con el rey, parecía un pequeño e insignificante maestro de escuela distraído”.

    Al principio, el compromiso se mantuvo en secreto. En preparación para su futura vida como reina, fue enviada durante varios meses a Roma, viviendo en la embajada egipcia, donde se le dio una nueva identidad como “sobrina” del embajador de Egipto. Tutoras y damas de honor le enseñaron historia, etiqueta, música y cuatro idiomas europeos. Su peso fue cuidadosamente monitoreado y controlado, para cumplir con la orden de Farouk de que regresara a Egipto sin pesar más de 110 libras.

    Después de su esplendorosa boda, Farouk, ansioso por no repetir el fracaso de su primer matrimonio, llevó a la reina Narriman a una extensa luna de miel a la Riviera francesa. Para su partida en el yate real, Farouk vistió a toda la fiesta de luna de miel de 60 con chaquetas azules idénticas, patos blancos y gorras de yate. Él colmó a Narriman con regalos caros y por la noche perdió grandes sumas en la mesa de baccarat. “Narriman ciertamente lo disfrutó tanto como yo”, escribió el rey.

    Narriman comenzó una vida de aburrimiento y lujo, pero su existencia como reina de la monarquía más esplendorosa del África duró muy poco. Solo seis meses después, los revolucionarios Oficiales Libres obligaron a Farouk a abandonar el poder, enviándolo a él, a Narriman, a sus hijas y al príncipe Fuad al exilio en el yate real. Primero navegaron a Nápoles, luego a la isla italiana de Capri, un lugar en el que el ex rey estaba “perfectamente adaptado”, según comentó un periódico de la época con desdén.

    Poco tiempo después de su exilio, a principios de 1954, y después de que se publicaron las memorias, la reina Narriman, que todavía era una joven de solo 20 años, se divorció del rey. En el caso judicial, que resultó en que Narriman regresara a Egipto sin casi nada, aceptó perder la custodia de su hijo y abandonó sus demandas originales de pensión alimenticia. Las razones citadas para el divorcio, según un informe de un periódico de la época, fueron “adulterio, maltrato, crueldad mental y distanciamiento”.

    La reina se encargó de contar a los reporteros sobre su decisión de dejar Farouk: “Fue la voluntad de Alá, y cuando Alá lo quiere, coloca escamas en nuestros ojos y sella nuestros oídos a los sabios consejos”. Con el fallo del acuerdo final a favor del ex rey, Narriman regresó a Egipto. En 1954 la última reina de Egipto se casó con el Dr. Adham al-Naqib, un cirujano de Alejandría cuyo padre había sido el médico de Farouk. Más tarde, ya viuda, se casó con otro médico, Ismail Fahmi.

    Una década más tarde Farouk murió en 1965, después de una comida característicamente gigantesca en un restaurante de Roma. La ex reina Narriman vivió tranquilamente en Heliópolis, un suburbio de El Cairo, aunque sufrió muchos problemas de salud en sus últimos años. Murió prácticamente en reclusión en 2005, a la edad de 72 años. Cerca de su muerte, la ex reina concedió una entrevista en la que, como el resto de su vida, se centró en su famoso marido: “Hemos hablado mucho del rey Farouk”, murmuró. “¿Qué hay de Narriman?