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  • A 90 años de la muerte de Alberto I de Bélgica: sangre en las montañas y locas teorías conspirativas

    Alberto I, tercer rey de Bélgica, murió el 17 de febrero de 1934, hace 90 años. El monarca se cayó de las rocas en Marche-les-Dames, a unos 80 kilómetros de Bruselas, mientras practicaba el alpinismo… o al menos, eso dice la versión oficial. 

    La muerte del rey Alberto I, apodado “Rey Caballero” supuso un shock para el país porque el monarca había ganado gran popularidad como comandante en jefe del ejército durante la Primera Guerra Mundial. Al funeral de estado asistieron casi dos millones de personas, incluidos muchos monarcas y veteranos europeos. 

    Desde entonces, han surgido muchas teorías de conspiración. ¿Fue realmente una caída o alguien lo empujó? ¿Estaba realmente Alberto I en Marche-les-Dames ese día? La incertidumbre abunda en este caso. Según numerosas publicaciones, el rey nunca fue a escalar y se llevaron otro cadáver. Pero sea lo que sea lo que pasó ese día, no hay un solo testigo.

    La trágica muerte del rey Alberto I de Bélgica hace 90 años

    Muerte del rey Alberto I de Bélgica
    El rey Alberto I de Bélgica, bisabuelo del actual monarca belga, Felipe, reinó entre 1909 y 1934.

    Alberto nació en Bruselas en 1875 como hijo menor del príncipe Felipe, conde de Flandes. Debido a la muerte prematura de su hermano, de su padre y de su primo, Alberto se convirtió en el Rey de los Belgas en 1909 al morir su tío Leopoldo II, en 1909. 

    Después de la invasión del ejército alemán en agosto de 1914, el rey Alberto, como comandante en jefe, tomó varias decisiones estratégicas que permitieron al ejército belga resistir durante cuatro años detrás del frente de Yser. 

    Mientras el gobierno belga se trasladaba a Le Havre, Francia, el rey permaneció en su cuartel general en De Panne, rodeado de soldados. Esto le valió el sobrenombre de Rey Caballero

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    El rey Alberto también hizo varios intentos diplomáticos, aunque sin éxito, para poner fin a la guerra antes de tiempo. Su esposa, la reina Isabel, ganó gran popularidad en la propaganda nacionalista belga como enfermera de soldados heridos.

    El monarca era un auténtico fanático de los deportes y una de sus aficiones deportivas favoritas era, sin duda, el montañismo. Cuando no trabajaba en Bruselas, a menudo se le podía encontrar en las Ardenas, donde practicaba en rocas calizas para el verdadero trabajo en los Alpes. Este fue también el caso de aquel fatídico sábado de 1934.

    Sangre en Marche-les-Dames: el misterio que rodea la muerte de Alberto I de Bélgica

    El rey Alberto I de Bélgica reinó entre 1909 y 1934.
    El sábado 17 de febrero de 1934, el rey Alberto salió del palacio real de Bruselas rumbo a Marche-les-Dames, donde planeaba practicar alpinismo.

    El sábado 17 de febrero de 1934, el rey Alberto salió del palacio real de Bruselas alrededor del mediodía y se dirigió hacia el sur en compañía de su ayuda de cámara, Theofiel Van Dycke.

    El rey había una breve audiencia por la tarde y no tenía más deberes oficiales en su agenda hasta la noche. Alrededor de las 18.00 horas se le esperaba en Schaerbeek para entregar un premio deportivo, lo que le daba suficiente para hacer una pausa por la tarde e ir a Marche-les-Dames.

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    “No es de extrañar que condujera el coche y condujera él mismo. Era un entusiasta de los coches. Albert también viajaba más a menudo de incógnito, por ejemplo en segunda o tercera clase en el tren, para no ser reconocido”, dice Mark Sebille, un célebre alpinista belga y experto conocedor del rey Alberto.

    Al llegar a Marche-les-Dames a las 14:45, el rey de 58 años dejó su automóvil en el camino que lleva al valle del Mosa. Junto con su ayuda de cámara dio un primer paseo por la región, que conocía como la palma de su mano tras sus numerosas visitas. 

    Muerte de rey Alberto I de Bélgica
    Alberto I de Bélgica era un experimentado alpinista, que conocía a la perfección la zona en la que cayó hacia la muerte, a unos 80 kms de Bruselas.

    Después, el rey quiso escalar el Rocher du Bon Dieu, una llamativa roca a lo largo del Mosa, e informó a su ayuda de cámara que seguramente volvería a bajar a las cinco de la tarde. Lo había hecho varias veces y estaba acostumbrado a hacerlo con total discreción.

    El fiel sirviente esperó junto al coche y miró su reloj mientras avanzaba cada vez más tarde. Alrededor de las 19:00 finalmente el ayudante llamó a palacio y a los servicios de emergencia.

    Después de una ansiosa búsqueda en la oscuridad, a las 2 de la madrugada, el cuerpo de Alberto I fue encontrado en la ladera boscosa, en la hendidura de la roca, muerto y con una gran herida abierta en la cabeza.

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    La breve investigación que se realizó rápidamente concluyó que una roca se soltó, lo que provocó que el rey cayera y no sobreviviera a la caída de 12 metros. Según los investigadores, debió morir instantáneamente.

    El cuerpo fue trasladado inmediatamente al Castillo de Laeken, en el más absoluto silencio, para que la reina Isabel no se diera cuenta. La esposa había permanecido despierta todo este tiempo, pero prefirieron primero dejar el cuerpo “presentable” antes de darle la terrible noticia. La herida de la cabeza estaba cubierta con un gran vendaje.

    No se practicó ninguna autopsia al cuerpo del rey porque a todos les parecía que la causa de la muerte era muy obvia y, por supuesto, muchos creían que investigar de esta forma el cuerpo no era digno de un monarca.

    El 13 de junio de 1934, el abogado del rey en Namur llegó a la conclusión de que la muerte del rey se había debido efectivamente a un accidente, lo que debía cerrar el asunto.

    Asesinato por celos, suicidio por depresión… ¿Qué pasó con el rey Alberto I de Bélgica? 

    Muerte de rey Alberto I de Bélgica
    La muerte de rey Alberto I de Bélgica impactó al pueblo belga.

    Pronto hubo rumores de un intento de asesinato en el país y en el extranjero. Por falta de testigos, desde hace 90 años circulan las historias más locas sobre la fatal caída del rey Alberto. Una vez incluso se afirmó que su esposa, la reina Isabel, lo asesinó por celos

    Durante una acalorada discusión sobre su enésima amante, se dice que la apasionada mujer sacó un arma y mató al rey a tiros. Con la ayuda de algunos fieles ayudantes, habría llevado el cuerpo a Marche-les-Dames, desde donde lo arrojó por los acantilados para encubrir el crimen y hacer que todo pareciera un accidente.

    En otras variantes de esta historia, Alberto I fue empujado por el precipicio por una amante engañada, por el marido engañado de una amante o por un amante celoso de la reina Isabel. Aunque tanto el rey como la reina tuvieron varias aventuras extramatrimoniales, no se encontró evidencia que respalde ninguna de las teorías del asesinato por motivos sentimentales.

    Muerte de rey Alberto I de Bélgica
    La breve y rápida investigación sobre la muerte de Alberto I concluyó que una roca se soltó, lo que provocó que el rey cayera y no sobreviviera a la caída de 12 metros en Marche-les-Dames. Según los investigadores, debió morir instantáneamente.

    Otra teoría afirmaba que el rey Alberto perdió mucho dinero con la caída del mercado de valores en 1929. Según otra variante, él mismo no habría contraído esas deudas, sino que las heredó de su predecesor, el rey Leopoldo II. También se especuló que el rey se sentía abatido porque ya no podía hacer frente a su tarea como monarca y estaba deprimido, suicidándose al saltar de las rocas.

    Algunas teorías más serias involucran al servicio secreto británico, a la extrema derecha y al nazismo con la muerte del rey. También se ha afirmado que el hijo y sucesor de Alberto, Leopoldo III, estaba detrás del asesinato, porque era más proalemán que su padre.

    Se especulaba incluso que Adolf Hitler, que había tomado el poder en Alemania el año anterior, se deshizo del rey belga -que había defendido valientemente las fronteras durante la Primera Guerra, para evitar que perturbara sus planes de expansión.

    Muerte de rey Alberto I de Bélgica
    No se practicó ninguna autopsia al cuerpo del rey Alberto. Sus funerales reuneron a más de 2 millones de dolientes en Bruselas.

    Hace relativamente poco tiempo surgió una nueva teoría que involucra al célebre robo de “Los Jueces Justos”, obra de los pintores flamencos Huberto y Jan van Eyck, que ocurrió poco después de la muerte del rey. Según algunos, ambos acontecimientos están indisolublemente ligados.

    El cuadro en sí señalaría a los asesinos del rey o, según otra variante, habría sido utilizado para chantajear a los asesinos. El paisaje natural al fondo de los justos jueces representaría también el paisaje de Marche-les-Dames. Según los partidarios de la teoría, el lugar donde murió el rey albergaría un gran secreto centenario.

    Para evitar que el secreto se filtrara y provocara un gran escándalo, se decidió deshacerse del rey y ocultar todas las pistas, como el panel de “Los jueces justos”. Muchos creen que la pintura está escondida en la cripta de la familia real belga en Laeken.

    La ciencia afirma conocer la verdad sobre la muerte de Alberto I

    Muerte de rey Alberto I de Bélgica
    Desde 1934 circulan improbables teorías de conspiración sobre la muerte del popular rey Alberto I. Una de ellas afirmó sensacionalmente que la reina Isabel mató a su esposo en medio de un ataque de ira y celos y simuló una muerte accidental.

    Investigadores de la Universidad Católica de Leuven demostraron que los teóricos de la conspiración estaban equivocados en 2016 al identificar un rastro de sangre del monarca 82 años después de su muerte. 

    Hace unos años, el periodista Reinout Goddyn logró encontrar gotas de sangre en hojas secas de haya y hiedra, en las que había unas gotas de sangre del rey Alberto. Según las fotos del expediente judicial, que se conserva en el palacio real, a lo largo de la roca donde fue hallado el cadáver también se pueden ver plantas de haya y hiedra.

    Los investigadores compararon muestras de ADN del rey Simeón de Bulgaria y de una baronesa alemana emparentados con el rey Alberto. El doble de similitud genética coincidía con la sangre de las hojas de haya y de hiedra de Marche-les-Dames.

    “Existe una certeza del 99,99 por ciento de que la sangre de las hojas perteneció a Alberto I”, afirmó el profesor profesor Maarten Larmuseau de la Universidad de Leuven. 

    Posiblemente nunca se sepa qué ocurrió realmente aquel trágico atardecer de 1934. Pero la mayoría de las teorías de conspiración no serán totalmente descartadas hasta que los restos de Alberto I sean exhumados y examinados. 

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  • La apasionante vida de Enriqueta de Bélgica, una princesa contra la tempestad

    Hubo alegría en el palacio en la esquina de la Rue de la Régence y la Place Royale, en Bruselas, el 30 de noviembre de 1870: la condesa de Flandes, cuñada del rey Leopoldo II de Bélgica, dio a luz a dos niñas gemelas. Para la condesa y su marido, el príncipe Felipe, eran su segundo y tercer hijo, tras el nacimiento de un hijo, Balduino, un año antes. Las princesitas fueron bautizadas con los nombres de Enriqueta y Josefina.

    El mundo al que llegaron las niñas estaba en un estado de cambio. Francia y Prusia estaban librando una guerra desde hacía pocas semanas, un conflicto que duró hasta la primavera de 1871 y finalmente conducirá a la creación del Imperio de Alemania. Aunque Bélgica no estaba directamente involucrada en los combates, estos tienen un gran impacto en la sociedad del pequeño y joven país, que limita con ambas partes en conflicto.

    El certificado de nacimiento de Enriqueta (1870)

    Los condes de Flandes también tuvieron que afrontar una nueva realidad en la seguridad de su propia familia. Apenas dos años antes, llevaban una vida a la sombra de su hermano y cuñado, Leopoldo II, que tenía un hijo y heredero al trono, el príncipe Leopoldo. Pero a principios de 1869, sin embargo, el joven príncipe murió repentinamente después de una caída en un estanque. Desde entonces, el futuro de la dinastía recaía sobre los hombros de Balduino, único hijo de los condes.

    Las pequeñas princesas recién nacidas estaban inicialmente bien, pero a principios de 1871 llegó otra tragedia: una enfermedad se apoderó de la pequeña Josefina, quien murió repentinamente. Su hermana Enriqueta se salvó. Cuando la condesa de Flandes volvió a dar a luz a una hija en 1872, la niña también se llamó Josefina, en recuerdo de la fallecida. En 1875 le siguió otro hijo, el futuro rey de los belgas Alberto.

    La condesa de Flandes mantuvo una relación amorosa y cercana con sus cuatro hijos, muy contra las convenciones de la alta sociedad de la era victoriana. Siguió de cerca la crianza y la formación de todos ellos: todos los días se levantaban a las 7 de la mañana, eran enseñados por profesores privados hasta el mediodía, realizaban una caminata o una visita a un museo o una iglesia y posteriormente volvían a clases hasta las 17.30 horas. Después podían relajarse con un libro o en el piano, y eran libres los domingos y jueves por la tarde.

    La condesa de Flandes con sus hijos Enriqueta y Balduino.

    La tragedia de Balduino

    En su juventud, la princesa Enriqueta se llevó especialmente bien con Balduino, apenas un año mayor que ella. Con frecuencia estudiaban juntos y eran confidentes en una corte opaca en la que no abundaban las alegrías. A los 12 años, la princesa ya era una niña entusiasta y llena de vitalidad, mientras el príncipe era más reservado y reflexivo. Juntos tomaban clases de gimnasia, danza y equitación. Enriqueta también resultó ser una escritora talentosa y pinta acuarelas, dos aficiones que mantuvo a lo largo de su vida.

    El 1 de enero de 1891, Enriqueta asistió por primera vez a la recepción oficial de Año Nuevo en el Palacio Real de Bruselas y unos pocos días después enfermó de una neumonía grave y durante un tiempo la familia rezó junto a su cama porque todo el mundo pensó que moriría. Recibió incluso los últimos ritos, pero poco a poco salió de su agonía y, tras permanecer en la cama un buen tiempo, se recuperó por completo.

    Un nuevo drama en la familia

    Mientras que Enriqueta se recuperaba, un nuevo drama real tuvo lugar en otro rincón del palacio de los condes de Flandes. Balduino, quien oró por su hermana enferma durante noches enteras, contrajo también neumonía pero su salud fue de mal en peor. Surgieron varias complicaciones y el 23 de enero el joven murió, rodeado de sus padres y de Josefina y Alberto. Enriqueta, aún débil en su habitación, permaneció durante varios días en la ignorancia hasta que su familia le contó la terrible noticia.

    Enriqueta de niña.

    La tragedia de Balduino, heredero aparente del trono, conmocionó a todo el país. El conde y la condesa de Flandes y sus tres hijos supervivientes quedaron desolados y el príncipe Alberto, de 16 años, se convirtió en el primero en la línea sucesoria. Al mismo tiempo, pasados unos meses, la atención de la corte comenzó a centrarse en las princesas Enriqueta y Josefina, que ya estaban en edad de contraer matrimonio y la búsqueda de un marido adecuado fue considerada imperativa.

    Pretendientes para Enriqueta

    Aunque Josefina es la hermana menor, fue la primera en dejar el palacio de los condes de Flandes. En 1894 se casó con el príncipe Carlos von Hohenzollern, su primo hermano. Enriqueta tenía 24 años en ese momento y para muchos el tiempo se acaba. Durante años había estado enamorada del príncipe francés Philippe, duque de Orleans y primo suyo.

    El amor parecía mutuo, pero existía un gran problema: Philippe descendía en línea directa de Luis Felipe de Orleáns, el último rey de los franceses que se vio obligado a abdicar en 1848 y hermano de la reina María Luisa, abuela de Enriqueta. La muerte de su padre también convirtió al joven príncipe en pretendiente al trono francés y jefe de la dinastía.

    Las princesas Josefina (izq) y Enriqueta (der).

    Leopoldo II se negó rotundamente a aceptar este matrimonio. Francia estaba en manos de la Tercera República y le aterrorizaba ofender a los nuevos gobernantes haciendo que su sobrina se case con el hombre que aspiraba al trono francés. Por lo tanto, el rey lo vetó, para gran pesar de su sobrina.

    Los condes de Flandes iniciaron entonces una intensa búsqueda por las cortes europeas con la mayor discreción posible en busca de un príncipe que sí califique. Por un momento pensaron en Leopoldo de Habsburgo, archiduque de Austria y gran duque de Toscana. Cuando presentaron su nombre a amigos cercanos, la reacción fue unánime: no se puede confiar en Leopoldo y es un mal candidato. Más tarde renunciaría a sus títulos, se casaría tres veces y finalmente simpatizaría con los nazis antes de morir en la pobreza.

    Una boda largamente esperada

    Los padres de Enriqueta volvieron entonces a examinar el árbol genealógico de la casa de Orleans y detuvieron su mirada en el príncipe Emmanuel, duque de Vendôme (1872-1931). El joven también era descendiente del rey Luis Felipe, pero a través de un hijo menor, lo que hacía que su posición fuera políticamente menos controvertida. Por ejemplo, se le permitía ingresar a Francia, a diferencia del duque de Orleáns, que vivía exiliado en el Reino Unido.

    Enriqueta con sus hermanos Alberto y Josefina

    Los condes de Flandes organizaron varios encuentros “causales” entre su hija Enriqueta y Emmanuel y el romance floreció por la fuerza. Aunque ambos padres estaban a favor del matrimonio, no podían simplemente casarse sin el permiso explícito del rey Leopoldo, quien esta vez no se opuso. La familia real respiró aliviada cuando el rey bendijo el matrimonio.

    Enriqueta y Emmanuel se casaron el 12 de febrero de 1896 en la casa paterna de la princesa en Bruselas. A partir de ahora pudo titularse duquesa de Vendôme, y aunque no tenía derecho al trono belga por ser mujer, siempre fue considerada miembro de la familia real. El 31 de diciembre de ese año dio a luz a su primera hija, María Luisa de Orleáns. Más tarde nacieron las princesas Sofía (1898) y Geneviève (1901) y un hijo largamente esperado Carlos (1905). La familia se instaló en un palacio de la ciudad en la rue Pauline Borghèse en Neuilly-sur-Seine, un rico suburbio de París.

    Cannes y Wimbledon

    La propia Enriqueta no carecía de recursos, pero su matrimonio con Emmanuel la convirtió en una de las princesas más ricas de Europa. Ella y su esposo llevaron una vida lujosa y mundana. En su casa de Neuilly, organizaban recepciones, bailes y otras reuniones que el beau monde y muchos invitados de la realeza se sentían felices de participar.

    Enriqueta con su prometido Emmanuel, duque de Vendôme

    En los años siguientes, el duque y la duquesa de Vendôme también adquirieron muchas otras propiedades señoriales, como el castillo de Saint-Michel en Cannes, Francia, la casa Belmont en Wimbledon, Reino Unido, y el castillo de Mentelberg cerca de Innsbruck, Austria. Allí también mantienen un estilo de vida resplandeciente.

    La tragedia del Bazar de la Charité

    Al mismo tiempo, Enriqueta realizó numerosas obras de caridad, impulsada por la bondad de su suegra Sofía, duquesa de Alençon y hermana de la emperatriz Isabel (Sissi) de Austria. El 4 de mayo de 1897 la duquesa de Alençon fue una de las víctimas del desastre del Bazar de la Charité en París, que se incendió ferozmente cuando decenas de señoras y señoritas adineradas estaban vendiendo obras de arte por una buena causa. Aquel día murieron 129 personas, incluida Sophie.

    La lujosa vida de los duques de Vendôme se prolongó hasta la Primera Guerra Mundial. En 1909, su estatus creció aún más si cabe: al morir Leopoldo II, su sobrino Alberto I lo reemplazó en el trono, y Enriqueta, que hasta entonces era “sólo” la sobrina del monarca, ahora se convirtió en la hermana del rey. En una ciudad como París, eso le confirió mucho prestigio, pero al mismo tiempo surgieron tensiones con su hermano porque él mismo abogaba por un estilo de vida más modesto, en un intento por refundar una familia que durante el reinado de Leopoldo II estuvo marcada por el despilfarro, la ambición y el libertinaje.

    Enriqueta con su hija María Luisa de Orleáns en 1898.

    El penoso tiempo de guerra

    La Primera Guerra Mundial también tuvo importantes consecuencias para Enriqueta de Bélgica. Su hermana menor, Josefina, princesa Carlos de Hohenzollern, se encontró de repente en el campo del enemigo, porque su matrimonio la convirtió oficialmente en una súbdita alemana. Durante cuatro años, las hermanas apenas pudieron comunicarse entre sí y, si eso ocurría, debía hacerse bajo el mayor secretismo. El rey Alberto no volvió a ver a su hermana Josefina hasta 1922 y la reina Isabel cortó todos los lazos con su familia en Baviera.

    A pesar de estas preocupaciones personales, Enriqueta no se rindió y tanto en Wimbledon como en Cannes lideró varias iniciativas para aliviar los sufrimientos de la gente común a causa de la guerra. Belmont House se convirtió en un lugar de encuentro para refugiados de Bélgica mientras su residencia de Cannes fue transformada en un hospital militar donde la princesa asistía personalmente a los soldados heridos.

    La guerra fue interrumpida por algunos instantes de felicidad personal. Su hija mayor, María Luisa de Orleáns, se casó con el príncipe Felipe de Borbón-Dos Sicilias en 1916. Un año después tienen un hijo, Gaëtan, primer nieto de la duquesa de Vendôme. En 1923 la princesa Geneviève se casó con el marqués Antoine de Chaponay. Juntos tienen dos hijos: un hijo Pierre-Emmanuel (1925) y una hija Henryanne (1926). La hija menor, Sofía, tenía una discapacidad y nunca se casará.

    Enriqueta y su hija Geneviève

    Nobleza obliga

    Enriqueta y el duque de Vendôme salieron de la guerra bastante ilesos, también económicamente. En la década de 1920 retomaron de a poco y silenciosamente a su antigua vida y realizaron varios largos viajes de placer, incluso al norte de África. Sin embargo, sus hijos los pusieron a prueba con opciones de vida que chocaron con los valores aristocráticos consagrados que ellos mismos aprecian. El matrimonio de María Luisa y Felipe de Borbón se tornó tormentoso hasta que optaron por el divorcio en 1925. Dos años más tarde también logran disolver su matrimonio religioso. A finales de 1928, María Luisa se casó por segunda vez con el estadounidense Walter Kingsland y se marchó a vivir en Estados Unidos.

    Esta “vergüenza” familiar fue solo una gota en un mar de escándalo que provocó el único hijo de Enriqueta, Carlos de Orleáns, quien nunca fue aplicado para los estudios ni el trabajo y se aficionó al alcohol. Siguiendo a sus padres, realizó varios viajes en la década de 1920, incluso a Estados Unidos, donde conoció a Margaret Watson (“Peggy”), una mujer nacida en Richmond, Virginia, y una socialité de Nueva York. Carlos se enamora de ella y la noticia de la relación cayó como una bomba en la familia real.

    Los duques de Vendôme anunciaron que no podrían aceptar una mancha semejante y que jamás considerarían a Peggy como una esposa digna para su hija. Como el heredero de su rama de la casa de Orleans el joven príncipe debía casarse con una mujer de sangre azul o, en su defecto, de los círculos “correctos”. Pese a esto, Carlos y Peggy se casaron primero en los Estados Unidos y nuevamente en París en 1928 para legalizar su matrimonio en Francia. Los duques de Vendôme, furiosos, se negaron a reconocer la unión y, mucho menos, a recibir a Peggy como miembro de la familia.

    Enriqueta y su hijo Carlos de Orleáns en 1920.

    Caída de la bolsa: una viuda en apuros

    El duque de Vendôme nunca se enfrentó a su nuera porque murió inesperadamente en 1931. A partir de entonces, Enriqueta vivió sola y con menos comodidades que antes. A principios de la década de 1920, ella y Emmanuel habían podido comprar el castillo de Tourronde en el lago de Ginebra en la Alta Saboya, pero una vez que enviudó la duquesa de Vendôme se encontró en aprietos económicos.

    Esto es en parte el resultado de la caída del mercado de valores de 1929 en Nueva York, que sumió al resto del mundo en una depresión sin precedentes y también afectó seriamente los activos de Enriqueta. Además, había hecho algunas malas inversiones que la arruinaron. Con el corazón roto, tuvo que vender varias propiedades que le son queridas, incluido el palacio de la ciudad en Neuilly, Belmont House y el castillo de Mentelberg.

    La muerte de Emmanuel afectó profundamente a Enriqueta. Se despidió de la vida de sociedad y se retiró al castillo de Tourronde, donde siguió pintando con sus acuarelas, pero en colores sombríos. Milagrosamente, encontró un rayo de esperanza en su nuera Peggy, con quien comenzó a encontrarse hasta apreciarla enormemente, en gran parte porque demostró tener una influencia positiva en el príncipe Carlos.

    Enriqueta junto al último rey de Portugal, don Manuel II.

    Enriqueta encontró un nuevo propósito en la vida: preservar los archivos de la Casa de Orleans para la posteridad. A través de todo tipo de legados, esto terminó en gran parte con Emmanuel y, por lo tanto, con ella. Revisó minuciosamente los tesoros dinásticos, hizo inventarios y los administró. A partir del archivo, Enriqueta publicó varios libros sobre personajes ilustres de la casa de Orleans, como María Amalia, esposa de Luis Felipe y última reina de Francia. Anteriormente había publicado informes de viajes sobre sus aventuras en los Alpes y el norte de África.

    ¿Recibirá el Premio Nobel?

    En 1938, la princesa Enriqueta recibió un gran honor: dos estadistas franceses la nominaron para el Premio Nobel de la Paz, en parte por su compromiso con la caridad durante tanto tiempo. No lo recibió, pero hasta nuestros días sigue siendo la única mujer belga nominada al Nobel. Ni ella misma supo sobre su nominación, porque el Comité del Premio Nobel no da a conocer los nombres de las personas candidatas al Premio hasta décadas después.

    Casi al mismo tiempo, las nubes de la guerra se fueron acumulando nuevamente sobre Europa y Enriqueta empezó a preocuparse en muchas áreas. Financieramente ya no tenía ninguna seguridad y la única propiedad que disponía era el Castillo de Tourronde. Los archivos de la casa de Orléans, por los que lucha desde hace muchos años, también estuvieron en serio peligro.

    Los reyes Isabel y Alberto acompañan a Enriqueta en el funeral del duque de Vendome.

    Con el auge del nazismo, Enriqueta comenzó a temer por su propia vida. Como duquesa de Vendôme, era un blanco simbólico y fácil para los fascistas, pero logró salir ilesa de la Segunda Guerra Mundial. Al igual que en la Primera Guerra, se mostró comprometida con los soldados y las víctimas, y por estos esfuerzos y su extensa labor benéfica se le otorgó una cinta de caballero en la Legión de Honor francesa.

    Al otro lado del Océano Atlántico, la guerra de 1943 afectó a Enriqueta. Su hija Geneviève llevó a sus hijos Pierre-Emmanuel y Henryanne a un lugar seguro en los Estados Unidos. Allí, el varón estudiaba en la Escuela Militar de Pensacola, Florida, cuando durante un vuelo sobre el Golfo de México su avión se estrelló. Todos los pasajeros murieron, incluido el nieto de Enriqueta,que tenía apenas 17 años.

    Los últimos años

    Enriqueta de Bélgica en sus últimos años.

    Después de la guerra, el entusiasmo por la vida de Enriqueta de Bélgica pareció haber desaparecido. Rara vez salió del castillo de Tourronde, excepto para un viaje ocasional a Suiza. Su corazón, riñones y pulmones comenzaron a fallar y por eso a mediados de 1948 tomó la decisión de refugiarse en Sierre (Suiza) para recuperar fuerzas. A los pocos días tuvo que ser trasladada de urgencia al hospital, donde murió el 28 de marzo a los 77 años. El 12 de abril su cuepo reposó finalmente en la tumba familiar de la casa de Orleans en Dreux, Francia.

    Con la muerte de Enriqueta se perdió todo lo que ella amaba. En junio de 1950 se produce una subasta de sus bienes muebles y varios compradores, entre los cuales estaba la reina Juliana de Holanda, se quedaron con numerosos artículos personales de la princesa. Contra los últimos deseos de Enriqueta, su hijo vendió el castillo de Tourronde en 1952 y la propiedad fue dividida en lotes. Sus hijos también destrozaron el archivo de la casa de Orleans, el trabajo de su vida. Geneviève obtuvo la mitad y luego la donó a los Archivos Nacionales de París. La otra mitad, que fue a manos de Carlos, fue vendida por su viuda al Estado belga muchos años después.

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  • La muerte de un príncipe niño que cambió el destino de la monarquía belga

    La muerte del pequeño príncipe Leopoldo de Bélgica a edad temprana, en 1869, trastornó los destinos de la joven monarquía de su país. Era el único hijo varón del rey Leopoldo II y, como tal, estaba destinado a convertirse en el tercer rey de los belgas.

    El príncipe Leopoldo, Leopold Ferdinand Elias Victor Albert Maria, nació el 12 de junio de 1859 en el Castillo de Laeken y era el segundo hijo del príncipe Leopoldo, el hijo mayor de Leopoldo I, y la archiduquesa María Enriqueta de Austria. A través de su padre, el príncipe era bisnieto de Luis Felipe de Orleáns, último rey de Francia, mientras por el lado materno era bisnieto del sacro emperador Leopoldo II.

    La alegría de los belgas y la familia real fue grande, ya que hasta entonces la pareja de príncipes herederos había tenido solo una hija, la princesa Luisa.

    El niño fue bautizado como su padre y su abuelo, pero también recibió otros nombres de importancia como Fernando, en honor al rey Fernando II de Portugal, su padrino; Elias, la abreviatura de Elisabeth de Austria, hermana y madrina de su madre; Víctor en homenaje a la reina Victoria de Inglaterra, prima del niño, y Alberto, por el marido de la reina británica y también emparentado con la familia real belga por ser un príncipe de Sajonia-Coburgo-Gotha.

    LEOPOLDO II DE BÉLGICA Y SU ESPOSA MARÍA ENRIQUETA DE AUSTRIA

    Además de los nombres, el príncipe Leopoldo recibió el título de Conde de Hainaut al momento de su nacimiento y, en 1865, cuando su padre ascendió al trono, se convirtió en el Duque de Brabante, correspondiente al heredero del trono belga, a la edad de cuatro años.

    Según los historiadores, el duque de Brabante fue un niño alegre pese a la desgracia que era el matrimonio de sus padres, pero su salud nunca fue buena. En 1864 Leopoldo y María Enriqueta fueron padres por tercera vez, de una niña a la que bautizaron Estefanía y sería, mucho después, consorte del trágico archiduque Rodolfo de Austria, quien se suicidó en 1889.

    En 1868, el duque de Brabante cayó en un estanque de agua ubicado en el parque de Laeken. Afortunadamente fue rescatado a tiempo pero el enfriamiento le causó neumonía. Pese a que Leopoldo II luchó por conseguir la mejor atención médica posible, el estado de salud del niño empeoró hasta que murió, por complicaciones cardíacas, el el 22 de enero de 1869.

    MUERTE DE LEOPOLDO, DUQUE DE BRABANTE

    El heredero del trono no tenía más de 9 años. Leopoldo II quedó terriblemente devastado por la muerte de su único heredero y lloró públicamente en los funerales reales. La reina María Enriqueta, quien en 1871 logró dar a luz a una tercera hija, la princesa Clementina, fue culpada por Leopoldo II por la muerte de su hijo y el matrimonio comenzó a derrumbarse.

    La falta de heredero directo constituyó uno de los más amargos pesares de Leopoldo II, quien trasladó su cariño y sus esperanzas dinásticas a su inteligente y apuesto sobrino el príncipe Balduino, hijo de Felipe, conde de Flandes. Las esperanzas, sin embargo, se vieron marchitas cuando el propio príncipe murió a los 21 años, víctima de la influenza, aunque algunos aseguran que murió abatido en un duelo con un marido celoso.

    El conde de Flandes y su esposa, María de Hohenzollern, afortunadamente tenían dos hijas, Josefina y Antonieta -que llegaron a ser, respectivamente, duquesa de Vedome y princesa de Hohenzollern por matrimonio- y un segundo hijo, Alberto. El conde de Flandes, que era sordo, renunció voluntariamente a todos sus derechos sucesorios al trono, por el cual no sentían ninguna ambición, y Leopoldo II fue finalmente sucedido por su sobrino, el rey Alberto I.

  • Quién es quién en la realeza: Astrid de Bélgica, la soñada “reina” de los belgas, cumple 60 años

    Trabajadora incansable por causas justas, la hija de Alberto II y Paola sonó como posible sucesora del rey Balduino cuando la popularidad de su hermano Felipe estaba por los suelos.

    La princesa Astrid es uno de los miembros más populares y respetados de la familia real de Bélgica, sobre todo por su labor en el marco económico y cultura del país. Al igual que sus hermanos, realiza giras internacionales presidiendo comitivas económicas belgas para establecer relaciones comerciales con países en vía de desarrollo y muchos años atrás estuvo en la mira de la opinión pública al ser la favorita de los belgas para ocupar el trono y convertirse en la primera reina de Bélgica por derecho propio, después de su tío Balduino I.

    De nombre completo Astrid Joséphine-Charlotte Fabrizia Elisabeth Paola Marie, vino al mundo el el 5 de junio de 1962 como la segunda hija de los entonces príncipes de Lieja, Alberto, hermano menor del rey Balduino, y Paola, noble de origen italiano, los cuales habían contraído matrimonio el año anterior. Antes que ella, que en el momento de su nacimiento adquirió la condición de Princesa de Bélgica con tratamiento de alteza real, nació el príncipe Felipe -actual rey- en 1960, y un año después que Astrid nació el príncipe Laurent.

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    De los tres, la primero en casarse, antes de que los padres cambiaran la condición principesca por la real, fue Astrid. Su boda el 22 de septiembre de 1984 con el archiduque Lorenz d’Aviano, cabeza de la Casa Archiducal de Austria-Este, reunió a un sinfín de príncipes y princesas euroepas en Bruselas y la convirtió en Archiduquesa de esta casa de Habsburgo con los tratamientos de Alteza Imperial y Real.

    Astrid y Lorenz dieron a Alberto y Paola sus primeros nietos: Amadeo (1986), María Laura (1988), Joaquín (1991) y Luisa María (1995), a los que posteriormente iba a sumarse Leticia María (2003). Todos ellos son Archiduques de Austria-Este y Príncipes de Bélgica y ocupan un puesto en la sucesión al trono. Astrid tiene, además, dos nietos.

    El hecho de que los reyes Balduino y Fabiola no tuvieran hijos colocó al padre de Astrid al frente de la línea sucesoria, pero sólo sobre el papel. En la década de los ochenta la opinión pública se convenció de que Alberto, que ya era cincuentón y había arrastrado una imagen de cierta indolencia mundana o de desapego a las obligaciones institucionales, terminaría renunciando a sus derechos sucesorios, probablemente en favor de su vástago mayor, con el que las relaciones en público, empero, no destacaban por su calidez.

    En efecto, el discreto príncipe Felipe, cuya personalidad era descrita como introvertida y lacónica, quizá insegura, muy diferente al carácter de su padre cuando tenía su edad, venía recibiendo una instrucción tal que sugería su preparación para convertirse en el sucesor directo de su tío cuando llegara el momento. Pero también podría estar pensándose en su hermana Astrid, tal como sugirió la abolición de la ley sálica en 1991. Esta nueva regla modificó el orden sucesorio, ubicando a Astrid por delante de su hermano menor y después de Felipe, lo que aumentó las chances -y las esperanzas de muchos belgas- de convertirse en la primera mujer que ocupa el trono de los Sajonia-Coburgo.

    Cuando el rey Balduino murió en 1993 hubo un momento de confusión cuando los diarios comenzaron a mencionar a Astrid como la posible nueva heredera del trono en detrimento de Felipe, pues al fin y al cabo era la favorita de Alberto (el nuevo rey) y la más popular de la familia real. Los belgas sabían que sería muy difícil sustituir a Balduino, un hombre que había llegado a una profesionalidad y a un rigor en el ejercicio de su trabajo de difícil parangón entre sus pares. Paralelamente, Felipe a los 33 años aún no estaba casado y al parecer no se había mostrado interesado en asumir su destino real.

    La princesa Astrid siempre demostró especial preocupación por aquellos en la sociedad que corren el riesgo de caer a través de redes de abuso, violencia y trata de personas, y apoya iniciativas que ayudan a las personas desfavorecidas, en particular a las madres solteras y a las personas que carecen de educación y habilidades. Su amplio currículum incluye la membresía honoraria del Comité Paralímpico Internacional (IPC), presidenta honoraria de la organización benéfica Action Damien / Damiaanactie, cargo en el que sucedió a la reina Fabiola, Presidenta Honoraria de la Fundación Médica Reina Elisabeth y de los Fondos Científicos y Médicos de la Fundación Rey Balduino, estas dos destinadas a apoyar la investigación médica fundamental.

    Astrid también está involucrada en la lucha contra las epidemias y pandemias, como Representante Especial de la Alianza Roll Back Malaria (RBM), y enfocó sus esfuerzos por combatir las minas antipersonal como Enviada Especial de la Convención de Prohibición de Minas Antipersonal de Ottawa, liderando un grupo de trabajo encargado de promover el tratado a nivel diplomático en los estados que aún no lo habían hecho. Unido. La princesa Astrid se incorporó a las Fuerzas Armadas belgas el 22 de mayo de 1997 y es coronel de la Unidad Médica.

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  • Delphine de Bélgica ocupará un rol secundario en el futuro de la familia real, según informes

    Si bien ha sido invitada a presenciar el desfile militar de la Fiesta Nacional por primera vez desde su reconocimiento como hija de Alberto II, la princesa Delphine de Sajonia-Coburgo conservará un lugar secundario dentro de la familia real y no se espera que esto cambie a corto plazo, según informes de la prensa belga.

    La princesa Delphine ahora es completamente parte de la familia real, aunque su papel será diferente al de Astrid y Laurent”, escribe el periodista Wim Dehanschutter. El cronista real del diario Het Nieuwsblad asegura que si bien su presencia en la fiesta nacional es “una señal importante”, el futuro papel de Delphine en la familia real “seguirá siendo limitado”.

    La Fiesta Nacional será la tercera vez que la princesa Delphine se reúne con miembros de la familia real desde que la Justicia le reconoció su derecho a titularse princesa, poniendo punto final a la disputa que comenzó en 2013.

    El próximo 21 de julio, la princesa Delphine compartirá la tribuna real con el rey Felipe y la reina Matilde, pero estará ubicada después de sus hermanos, el príncipe Laurent y la princesa Astrid. La princesa Delphine asistirá con su pareja, Jim O’Hare, pero no la acompañarán sus hijos, Joséphine y Oscar, que recibieron el título de príncipes tras el reconocimiento de su madre en octubre de 2020.

    Desde su reconocimiento en la corte a principios de octubre de 2020, se le han abierto las puertas en Laeken”, recordó el cronista. Pero pese a esto, “Delphine solo jugará un papel pasivo en la monarquía belga en el futuro”. “A lo sumo, aparecerá en eventos familiares públicos. En febrero ya asistió a un servicio conmemorativo de la familia real en la cripta de Laeken”, aseguró.

    El periodista remarcó que el estatus real de Delphine “es diferente al de la Princesa Astrid y el Príncipe Laurent, quienes realizan actividades oficiales durante todo el año y reciben una donación por ello”. Y recordó: “Las apariciones públicas con las que la nueva princesa ha estado en los medios de comunicación en los últimos meses, no lo hizo en nombre del palacio real, sino como persona privada”.

    Habiendo pasado toda su vida fuera del ojo público, Delphine manifestó tras su reconocimiento como hija de Alberto II que seguiría su vida como era, más allá de su título real. “Delphine, que no recibe una donación, continúa haciendo lo que hizo antes de su reconocimiento: hacer arte”, dice Wim Dehandschutter.

    “Ahora también se ha añadido una línea de ropa: vende vestidos por 1.550 euros. Según nuestra información, Delphine no llevará su propia creación el 21 de julio. No quiere dar la impresión de que utiliza la fiesta nacional como medio para promover sus actividades comerciales”, finalizó.

    Monarquias.com

  • Cada vez más ciudadanos piden al rey de Bélgica abrir sus jardines al público durante la pandemia

    Los jardines del Castillo de Laeken se están convirtiendo en el centro de una creciente controversia sobre los privilegios de la familia real en tiempos de necesidad.

    Los habitantes de Bruselas anhelan espacios abiertos en esta época de restricciones pandémicas, y a menudo terminan en parques urbanos superpoblados donde el distanciamiento social es imposible.

    La familia real de Bélgica, sin embargo, tiene un jardín extenso y exuberante en el centro de la ciudad, casi del tamaño de Mónaco, conocido como el Dominio Real de Laeken.

    Por esto, no es de extrañar que cada vez más belgas pidan que el rey Felipe I abra parte del jardín de su palacio al público. “Casi nunca entran allí. ¡Vamos! Esos jardines están simplemente vacíos”, se quejó un historiador de Bruselas y ex miembro del Parlamento Europeo, Luckas Vander Taelen.

    Los jardines del municipio de Laeken en Bruselas, además, están rodeados por algunos de los vecindarios más densamente poblados, deteriorados y empobrecidos del país, llenos de muchas familias que carecen de fondos para viajar a entornos más verdes.

    “La vegetación da ansias de vivir, especialmente cuando estás apretujado en un pequeño apartamento con una familia extensa”, dijo la trabajadora social de Laeken Saliha Mahdi. “Entonces, la gente local quiere un parque aquí mismo porque no tienen los medios para pagar el transporte”.

    “La gente realmente necesita espacios, espacios públicos para relajarse, tomar algo de oxígeno, jugar, reunirse”, dijo la legisladora de Bruselas Hilde Sabbe, que se encuentra detrás de la propuesta para abrir los jardines de Laeken al público.

    En Bruselas, la mayoría de la gente no tiene jardín. No tienen terraza. No tienen balcón. Así que tienen que ir al parque, si hay uno que encontrar”, dijo Sabbe. En ese sentido, hacer que parte del parque real esté disponible para el público marcaría una gran diferencia. “¿No podrías dejarlos entrar?”, dijo Sabbe al rey.

    Sin embargo, como ocurre con todas las cosas aparentemente simples, es mucho más complicado.

    Lea además: Bélgica podría abrir el parque del castillo de Laeken porque “no hay suficientes espacios verdes”

    Cuando se trata de propiedad real, existe un laberinto de complejidades legales con vínculos tanto con el estado como con la familia real. La estructura institucional de Bélgica, con autoridad a veces superpuesta entre ciudad, región y nación, haría que la gestión de cualquier parque abierto fuera aún más compleja, explicó The Associated Press.

    En un sentido más práctico, el palacio debe permanecer seguro, no solo porque el jefe de estado reside allí, sino también porque los jefes de estado y de gobierno lo visitan cuando pasan por Bruselas para viajes a la OTAN o la Unión Europea.

    Además, un siglo de aislamiento del mundo exterior convirtió al parque real en un área natural que necesita protección de las masas. “Mi temor es que si abrimos este espacio, nuestra presencia, tal vez un poco prematura, perturbe la naturaleza”, dijo Celine Vandeuren, una vecina de la zona.

    Sabbe no está de acuerdo y dice que podría haber una solución fácil para abrir parte del parque de 460 acres. Tiene fe en el rey Felipe, de 60 años, que constantemente se está haciendo un nombre como uno de los más progresistas de los monarcas que reinaron en Bélgica desde 1830.

    Para el historiador Vander Taelen, sin embargo, la solución es una obviedad para el rey. “Sería muy positivo para la Casa Real demostrar que existe un vínculo con la ciudad”, dijo. “Quizás lo más importante es si se solidarizan con las necesidades de su gente, de su ciudad”.

  • Paola de Bélgica hablará “sin tabúes” en un documental sobre su vida

    La reina Paola de Bélgica, esposa del ex rey Alberto II y madre del rey Felipe, contará la historia de su vida “llanamente” y “sin tabúes” en un documental que emitirá próximamente la cadena pública belga RTBf.

    El proyecto promete ser “el primer documental que esboza la historia completa e íntima de la reina Paola”, reflejando la infancia de Paola en Italia y su vida adulta como princesa de Lieja y posteriormente reina de Bélgica.

    “Es la primera vez que habla de manera tan extensa”, informó el diario Nieuwesblad. “Paola, que pasó por una crisis matrimonial con Alberto y tuvo que aprender a vivir con su hija ilegítima Delphine, quiere hablar ‘en interés de la historia’”.

    La reina madre también hablará de la crisis matrimonial que sufrió en los años 60 y 70 y la existencia de Delphine Boel, la hija que Alberto tuvo con su amante, la baronesa Sibile de Selys-Longchamps.

    Según el periodista belga Wim Dehandschutter, el palacio real confirmó la noticia pero “no está involucrado en la producción”. “Los planes se han filtrado porque el fondo de cine Brussels Screen ha concedido una ayuda económica de 15.000 euros”, explicó el cronista real de Nieuwesblad.

    El citado periódico informó que la grabación se extendió durante 10 días y se realizó tanto enel Chateau de Belvédère, la residencia de Paola en Bruselas, como en su retiro campestre en el sur de Francia.

  • Bélgica podría abrir el parque del castillo de Laeken porque “no hay suficientes espacios verdes”

    Parlamentarios de los partidos mayoritarios de la capital belga quieren abrir al público 186 hectáreas de los jardines reales, lo que equivale a 250 campos de fútbol. Afirman que hay urgencia por la pandemia.

    Los partidos mayoritarios del Parlamento de Bruselas, capital de Bélgica, presentaron una propuesta para abrir parcialmente al público el Parque Real de Laeken, que forma parte de la residencia de los reyes belgas.

    La población de Bruselas ha estado pidiendo espacios verdes más accesibles”, dijo la cadena VTR. “Mientras que la población de Bruselas anhela más vegetación, el parque de Laeken con sus 186 hectáreas no es accesible”.

    Según la parlamentaria Hilde Sabbe, “hay una gran falta de espacio al aire libre para los residentes de Bruselas. Tienen muy pocos espacios verdes públicos para relajarse”.

    “Mientras que en Laeken hay un gran pulmón verde detrás de los muros del palacio, que podemos abrir al público”, explica Sabbe a The Brussels Times.

    “En general, Bruselas está bien equipada con espacios verdes, pero estos están distribuidos de manera desigual y parcialmente protegidos”, explica la prensa belga.

    “La apertura parcial del parque Laeken aliviaría inmediatamente la necesidad de una naturaleza más accesible en el vecindario, dada su ubicación central”, argumentaron los políticos.

    Otro parlamentario explicó la propuesta: “Ciertamente, en el distrito más pobre de Laeken y en la Zona del Canal, más naturaleza mejoraría mucho la calidad de vida de la gente de Bruselas. Queremos hacer posible ese espacio de encuentro y respiro, respetando la biodiversidad presente”.

    El Parque Laeken, que circunda el castillo real de Laeken, propiedad del Estado en un 49% y del Royal Trust en 51%, y se supone que es una “institución pública independiente”, lo que significa que no pertenece a la familia real, por lo que el los costos de mantenimiento, de 1 millón de euros anuales, son cubiertos por los contribuyentes.

    El Brusells Times explica que el dominio real está actualmente cerrado al público, salvo tres semanas al año en primavera, cuando es accesible durante la apertura anual de sus invernaderos y parte de los jardines. Esta propuesta de apertura se llevó a votación varias veces en años anteriores, pero nunca obtuvo el apoyo de una mayoría.

  • Restauraron el sitio donde Alberto I de Bélgica murió de forma trágica hace 87 años

    Un grupo de voluntarios belgas ayudó a restaurar el sitio exacto donde murió el rey Alberto I en febrero de 1934, en las montañas de Marche-les-Dames, cerca de Namur (Bélgica).

    En la noche del 17 al 18 de febrero el rey resbaló desafortunadamente mientras escalaba en Marche-les-Dames y, en el sitio donde su cuerpo fue encontrado, se colocó una gran cruz de piedra en homenaje al rey.

    Una semana atrás, con motivo del 87 aniversario de la muerte, que conmocionó a la sociedad belga, circularon en las redes sociales fotos del lugar, que mostraban claramente que estaba completamente descuidado.

    En la noche del 17 al 18 de febrero el rey resbaló desafortunadamente mientras escalaba en Marche-les-Dames.

    “No se podía ver”, dijo Pascal Mathieu de Dilbeek, uno de los voluntarios. “La cruz estaba cubierta de ramas y había más basura que el estacionamiento de una carretera promedio”.

    Como ex-soldado con gran respeto por la Familia Real, decidió reunir ayuda para restaurar el lugar. “Cuando ves algo como esto, no esperas a que alguien lo limpie, hazlo tú mismo”, dijo en declaraciones radiales.

    Mathieu hizo invitación en Facebook y pronto encontró algunos voluntarios que se ofrecieron a ayudar a limpiar el lugar.

    Mathieu hizo invitación en Facebook y pronto encontró algunos voluntarios que se ofrecieron a ayudar a limpiar el lugar.

    “Inicialmente estábamos con un equipo de 3, pero luego hubo 5 personas que habían visto mi llamada en Facebook y que también quisiron ayudar. Trabajamos juntos todo el día. Retiramos las ramas que obstruían la vista. La cruz es visible nuevamente y la basura se ha retirado”.

    Patrick Mathieu espera que haya más respeto por el lugar en el futuro.

    “Por el momento no hay explicación, ni siquiera hay un letrero con su nombre. Si no sabe que este es el lugar, simplemente pase por él. En el pasado, los autobuses con turistas solían llegar aquí, ahora pasa caminando sin saberlo”, dijo, citado por la cadena belga VTR.

    “Colocar una placa conmemorativa con textos en cuatro idiomas no será un problema”, dijo Mathieu. “Entonces los transeúntes también sabrán lo que pasó allí”.

  • Delphine de Bélgica se unió a la familia real en un homenaje a sus antepasados reales

    La princesa Delphine de Sajonia-Coburgo, recientemente reconocida como hija del ex rey Alberto II de Bélgica, participó junto a su esposo de un sentido homenaje a los miembros fallecidos de la familia real en la Cripta Real de la Iglesia de Nuestra Señora de Laeken.

    Después del encuentro con su hermano el rey Felipe, en el Castillo de Laeken, y con el rey Alberto II y la reina Paola en el Castillo de Belvédère, este es el tercer encuentro privado que se hace público desde el reconocimiento oficial de la artista Delphine Boël como Princesa de Bélgica.

    Desde el 1 de octubre, fecha en la que el Tribunal de Apelación de Bruselas dictó sentencia, Delphine Boël es considerada hija legítima del rey Alberto II.

    La fecha para la reunión familiar, que contó además con la presencia de la princesa Astrid (hermana de Delphine) no fue elegida al azar. El 17 de febrero de 1935 se celebró en Laeken una misa en conmemoración de la muerte del rey Alberto I, quien había muerto accidentalmente en un accidente de montañismo Marche-les-Dames exactamente un año antes.

    Tras la trágica muerte de la reina Astrid (madre de Alberto II) el 29 de agosto de 1935, se decidió conmemorar cada 17 de febrero a todos los miembros fallecidos de la familia real.

    Se trata de la tercera vez que Delphine se reúne con miembros de la familia real desde que la Justicia le reconoció su derecho a titularse princesa, poniendo punto final a la disputa que comenzó en 2013.

    Desde entonces, cada año se celebra una misa en esta fecha en la iglesia de Laeken, a las afueras de Bruselas. Si bien este año no se pudo celebrar misa por las medidas sanitarias, los miembros de la familia real, incluidos la princesa Delphine y su esposo Jim O’Hare, se turnaron para rezar en la cripta.

    Esta es la primera vez que la familia real invita a Delphine de Sajonia-Coburgo a esta ceremonia, en un nuevo intento por mostrar una familia unida y reconciliada con el pasado. “La princesa Delphine fue invitada como sus hermanos y hermanas y respondió positivamente”, dijo el director de comunicación del Palacio, Francis Sobry.