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  • Visita de Estado en abril: cómo será el viaje de los Felipe VI y Letizia de España a Países Bajos

    Los reyes de España, Felipe VI y Letizia, planifican para el próximo abril una visita de Estado a Países Bajos por invitación por el rey Guillermo-Alejandro y la reina Máxima, en lo que constituirá su primer viaje de este tipo al país desde el inicio de su reinado, hace casi 10 años.

    El viaje del rey Felipe VI y la reina Letizia, planeado para los días 17 y 18 de abril, será la segunda ocasión que los reyes visitan Holanda, país al que realizaron su primera visita oficial a una monarquía europea en octubre de 2014, cuatro meses después de la proclamación del rey.

    El gobierno español informó que los monarcas viajarán a los Países Bajos acompañados por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Se trata del 14° viaje de Estado que protagoniza Felipe de Borbón desde el inicio de su reinado.

    Cómo será la visita de Estado de Felipe VI y Letizia a Países Bajos

    Según el protocolo real, los monarcas españoles serán recibidos en la Plaza del Dam, ubicada frente al Palacio Real de Ámsterdam, por los reyes Guillermo Alejandro y Máxima, con quienes comparten generación y mantienen una relación de amistad. 

    El viaje de Estado de los reyes españoles implicará además la visita a los poderes del Estado neerlandés y un banquete estatal tradicionalmente ofrecido por el rey Guillermo Alejandro en el Palacio Real, en el que se espera que las mujeres luzcan las tiaras familiares.

    En su primer viaje a Países Bajos en 2014, de una sola jornada de duración, el rey Felipe VI visitó el Palacio Noordeinde, donde celebró una reunión con los reyes de Holanda; después, visitó la sede del Senado, donde mantuvo una reunión con los presidentes de las dos cámaras, y por la tarde, se reunió con el primer ministro. 

    La última visita de Estado española a Países Bajos fue protagonizada por el rey Juan Carlos I y la reina Sofía en 2001, cuando fueron recibidos en La Haya por la reina Beatriz (quien abdicó al trono en 2013) y el entonces príncipe heredero, el príncipe Guillermo Alejandro de Orange, con su prometida, Máxima Zorreguieta.

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  • El hijo de la “Duquesa Roja” española ganó una batalla legal contra la viuda de su madre por el patrimonio familiar

    El aristócrata español Alonso González de Gregorio, duque de Medina Sidonia, obtuvo una victoria legal en los tribunales de su país contra la viuda de su madre por la herencia de un palacio y un archivo de valor incalculable que contiene documentos sobre la Armada, que alguna vez dirigió uno de sus más célebres antepasados.

    El 22° duque de Medina Sidonia se enfrentó ante la justicia española a Liliane Dahlmann, la pareja de su madre, doña Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura, con quien se casó in articulo mortis en 2008. La duquesa, una de las nobles españolas más famosa del siglo XX, dejó todo su patrimonio -unos 60 millones de euros- a Liliane, desheredando a sus hijos.

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    Un juez condenó a Dahlmann a seis meses de prisión y le ordenó pagar una indemnización de 278.678 euros, más intereses, al duque por el delito de “apropiación indebida”. Fue acusada de “haberse apoderado de todo el dinero que, a la muerte de Luisa Isabel Álvarez de Toledo, quedó depositado en las cuentas de ésta en un banco de Londres”.

    La fiscalía pedía para la viuda de la duquesa una pena de tres años de prisión, mientras que el hijo heredero solicitaba hasta seis años. Por su parte, Dahlmann defendió que el dinero “se movió a otras cuentas y a otras acciones” de las que ella ya no era cotitular. “Llevo viviendo en Sanlúcar de Barrameda más de 40 años y jamás, insisto, me he quedado con nada”, declaró.

    La herencia de la duquesa de Medina Sidonia, en disputa desde hace 15 años

    La disputa sobre el testamento de la “Duquesa Roja”, conocida así por su política de izquierda, comenzó inmediatamente después del fallecimiento de la aristócrata en 2008, cuando el duque y sus hermanos menores lanzaron una serie de acciones legales para ganar su herencia.

    Ganaron una batalla judicial que duró diez años y se hicieron con la propiedad del palacio y el archivo, pero el veredicto sembró las semillas de un mayor conflicto porque concedió a la señora Dahlmann el uso de un tercio de la vasta finca familiar del siglo XII en Sanlúcar de Barrameda, Andalucía. Las dos facciones viven en el palacio, negándose a hablar entre ellos. 

    El palacio árabe, cedido a la familia en 1297, está lleno de esculturas, tapices y pinturas de artistas como Zurbarán, Murillo y Goya. Su archivo alberga más de seis millones de documentos que datan de 1159, con cartas entre los monarcas de España y la familia, que ostenta el título más antiguo del país, el Ducado de Medina Sidonia, establecido en 1445.

    Entre sus documentos se encuentran relatos escritos por los conquistadores sobre el Nuevo Mundo. y la expulsión de los moriscos, descendientes de musulmanes convertidos al cristianismo, en el siglo XVI. Lo más famoso es que el archivo contiene documentos del intento español de invadir Inglaterra, liderado por el séptimo duque de Medina Sidonia en 1588.

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    El duque de Medina Sidonia, de 67 años, y sus hermanos menores, Pilar, duquesa de Fernandina, y Gabriel, están enfrentados a Dahlmann, que actualmente vive en el palacio familiar con su pareja Montserrat Viñamata y Martorell, la primera esposa del duque. “La convivencia es incómoda”, afirmó el duque. “Sin embargo, la casa es grande”.

    Después de su victoria legal, el noble ahora quiere destituir a Dahlmann, de 68 años, como directora de la Fundación Casa de Medina Sidonia, que gestiona el palacio ancestral de su familia y el impresionante archivo. Pero la mujer se niega a retirarse, diciendo que su fallecida esposa quería que la dirigiera. 

    El duque considera que debería ser él quien controle la fundación que lleva el nombre de su ducado: “Obviamente, como duque de Medina Sidonia y propietario mayoritario, debería ser el presidente de la fundación”, dijo a The Times. “Eso garantizaría la integridad del archivo dentro del Palacio de Medina Sidonia… donde se han ido reuniendo los fondos documentales a lo largo de los siglos”. 

    Los abogados del duque anticiparon que acudirán ante el Tribunal Supremo español “para pedir una condena más ajustada por lo que considera hechos de notoria gravedad”.

    Quién fue Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura, la “Duquesa Roja”

    Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura, 21° duquesa de Medina SidoniaLuisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura, 21° duquesa de Medina Sidonia
    Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura, 21° duquesa de Medina Sidonia

    Nacida en 1936 en Estoril, Portugal, Luisa Isabel se crió en el palacio ducal del siglo XVI en Sanlúcar de Barrameda, una ciudad en el estuario del Guadalquivir. Cuando era niña, la mayor parte de Andalucía pasaba hambre y ella recordaba a sus padres organizando ayuda para los pobres. Aunque sus padres actuaron por un sentido de deber aristocrático, estos primeros recuerdos la convirtieron en socialista.

    Rebelde, fue expulsada de varias escuelas religiosas y adquirió poca educación formal. Pero estaba fascinada por la historia española y leía copiosamente. La muerte de su padre la convirtió en duquesa de Medina Sidonia, princesa de Montalbán, duquesa de Fernandina, marquesa de Villafranca del Bierzo y tres veces Grande de España, etc, en 1955. Ese mismo año se casó desastrosamente y se separó cinco años después tras haber tenido tres hijos. 

    La duquesa era republicana, se refería al rey Juan Carlos como “señor Borbón” y se afilió al Partido Socialista Español durante la dictadura de Francisco Franco. Al obtener el título, empezó a regalar sus tierras, dividiéndolas en cooperativas agrícolas. De este modo, cuando murió apenas conservaba algunas extensas propiedades, aparte del palacio donde vivía, clasificado desde 1978 como monumento histórico. Conservó otro palacio en el pueblo de Medina Sidonia y casas en España y Francia.

    La duquesa dedicó su vida a los seis millones de documentos que se conservan en su palacio. Se trata del archivo privado más grande de España, de especial valor para los estudiosos de los reinados de Carlos V y Felipe II del siglo XVI. La duquesa creó una fundación para administrar el archivo, lo abrió a los estudiosos y trabajó incesantemente en la clasificación y la escritura. Publicó 11 libros basados ​​en el archivo. 

    Con solo 5 pies de altura, la duquesa era combativa, a veces altiva y obstinada. La mayoría de los andaluces la consideraban la más grande de los grandes de España. Escribió otras tres novelas, dos de las cuales formaron, con La Huelga, una trilogía que ataca la corrupción y la opresión del régimen de Franco, y en 1992 causó revuelo con un libro que argumentaba que el comercio entre España y América había comenzado mucho antes que Colón.

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  • La última reina que murió en España: así fue el funeral de María Cristina de Habsburgo hace 95 años

    El 6 de febrero de 1929 crespones negros vistieron el Palacio real de Madrid tras la muerte de la reina madre María Cristina de España. Dos días después, un masivo y pomposo cortejo fúnebre llevó sus restos al Escorial para ser sepultados en el Panteón de Reyes.

    Madre del rey Alfonso XIII y viuda de Alfonso XII, la ex regente María Cristina de Habsburgo había pasado los últimos años de su vida casi aislada y su vida oficial estaba reducida a los actos puramente simbólicos. El protocolo cortesano ignoraba la figura de una reina viuda, y el papel de primera dama era entonces ejercido por su nuera, la reina Victoria Eugenia.

    Viuda del rey Alfonso XII, María Cristina gobernó como Regente entre 1885 y 1902.

    El funeral de la reina María Cristina: de la capilla ardiente en el Palacio de Madrid al entierro en El Escorial

    Instalada en el palacio madrileño, en sus habitaciones daba algunas veces ofrecía pequeñas veladas con personas dela nobleza y recibía visitas de sus nietos. Sus mayores preocupaciones eran cuidar de las obras de beneficencia que había ayudado a fundar, reuniéndose con mujeres beneficiadas y distribuyendo personalmente la comida a los pobres. La última vez que se vio con vida a la reina, a la que los españoles apodaron “Doña Virtudes”, había sido el 23 de enero, con motivo de una recepción por el santo de Alfonso XIII.

    Las pompas fúnebres del 8 de febrero tuvieron lugar en un Madrid frío, sombrío y silencioso, dominado por una multitud que se arremolinó en torno al Palacio. El día anterior, más de 30.000 españoles visitaron la capilla ardiente. A las seis de la mañana del 8 comenzaron las misas en la capilla, donde el féretro había sido colocado dentro de un arcón durante la noche con la sola presencia del rey Alfonso.

    María Cristina fue la madre de la princesa Mercedes, la infanta María Teresa y el rey Alfonso XIII.

    Durante toda la madrugada, el rey y los más altos funcionarios velaron el cadáver, ubicado en un ataúd forrado exteriormente con raso amarillo. Al amanecer, una enorme masa de funcionarios de la corte, generales del ejército, altos miembros del gobierno, diplomáticos, obispos, arzobispos, grandes de España, duques y duquesas, condes y condesas, marqueses y marqueses llenaron la capilla y otras salas del palacio para participar de una serie de misas.

    Terminada se separaron los candelabros de Carlos III que rodeaban el catafalco y una comisión de grandes de España formada por los duques de Arión, de Lesera, de Unión de Cuba, de Aliaga, de Villahermosa y de Victoria y el conde de Heredia Spinola, se acercó al arcón y retiraron de la tarima para sacarlo del templo.

    En 1902, María Cristina de Habsburgo dejó la regencia tras la mayoría de edad de su hijo, Alfonso XIII.

    El último funeral de una reina en España: un cortejo fúnebre que paralizó Madrid

    Un enorme cortejo, encabezado por el duque de Baena y el inspector de los Reales Palacios acompañó a pie el traslado. Detrás, los servidores de Palacio, llevaban la monumental corona de violetas con cintas de los colores nacionales y sin dedicatoria, tributo del rey a su madre. Más atrás, caminaban con paso marcial los servidores de la Corona, los monteros de Espinosa y los altos mandos de la presidencia. En sitio de honor marchaba el duque de Sotomayor, mayordomo mayor de la reina madre, seguido por todas las damas de María Cristina, de riguroso luto.

    El instante más imponente del cortejo fue el momento en que el cadáver de la reina madre descendió por la escalera principal del palacio, que sólo es utilizada para las grandes ceremonias de la corte. Allí, los nobles entregaron el féretro a un cuerpo de alabarderos.

    Parte de la familia real española junto a la reina María Cristina y los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

    El enorme cortejo continuó su camino hacia el exterior del palacio para salir a la Plaza de la Armería, donde los regimientos del ejército español esperaban para rendir homenaje a la mujer que fue gobernante de España, en calidad de regente, durante diecisiete años. Las marchas militares se oían al tiempo que tronaban los cañones de honor. En la puerta, el féretro fue colocado en el carruaje fúnebre, que emprendió su viaje arrastrado por ocho caballos y escoltado por los Monteros de Espinosa.

    El impresionante cortejo atravesó la Plaza de la Armería para salir al exterior. Alabarderos, palafreneros, nobles, cortesanos, funcionarios, altos mandos de los Ejércitos españoles y religiosos caminaron lentamente dejando atrás a las damas de la reina, que se despidieron a lo lejos.

    Maria Christina Désirée Henriette Felicitas Rainiera de Habsburgo-Lorena era bisnieta del emperador Leopoldo II.

    A los lados de la plaza, permanecían de pie ministros, alcaldes, gobernadores, representantes de las organizaciones benéficas de doña María Cristina, administraciones locales, de ayuntamientos, de universidades, del Poder Judicial, de las instituciones culturales y de la diplomacia. Los diarios españoles de la época reflejan en sus crónicas representantes de unas doscientas organizaciones y administraciones, además de las decenas de personas de todo rango que caminaban en torno al ataúd real.

    El regimiento del Rey se había situado desde las rejas de la Plaza de la Armería hasta dar la vuelta a la esquina de Palacio. Detrás de estas tropas se agolpaban desde muy temprano en la explanada de la Almudena, miles de personas. Los dolientes apostados en la Plaza de Oriente pudieron observar que, tras los cristales de uno de los balcones del Palacio Real el rey Alfonso XIII observaba el paso del cortejo fúnebre, y desde otros sitios la reina Victoria Eugenia y sus hijos, el príncipe Alfonso y los infantes Juan, Jaime, María Cristina, Beatriz y Gonzalo, presenciaban también el desfile. El ruido de las marchas fúnebres militares se unió ya en plena Plaza de la Armería al de dos escuadrillas de aviación que volaban a poca altura sobre el cortejo para honrar a la reina fallecida.

    Retirada del poder en 1902, María Cristina dedicó el resto de su vida a la caridad.

    El último adiós a la reina María Cristina: sepultura entre los reyes de Habsburgo y Borbón

    Un tren especial transportó al féretro de la reina María Cristina, al cuerpo diplomático y al gobierno desde la Estación del Norte, de Madrid, hasta la estación de El Escorial, en cuyo Monasterio de San Lorenzo reposan los restos de todos los reyes y reinas de España desde el siglo XVII. En el centro de la iglesia del Monasterio se había colocado un amplio catafalco con un gran paño de terciopelo bordado en oro y rodeado de grandes candelabros con cirios rojos.

    El enorme candelabro de bronce, de varios brazos, llamado “el clavel”, estaba colocado delante del catafalco mientras, sobre un gran almohadón negro había una corona real. En las escalinatas del presbiterio y a los lados se pusieron las cientos de coronas florales que en los días previos habían sido trasladadas desde el palacio de Madrid.

    Traslado de los restos de María Cristina de Habsburgo al Monasterio de El Escorial.

    Situado a diez metros bajo el altar mayor de la basílica, el Panteón de Reyes es el tercero de los que, sucesivamente, se fueron construyendo en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, un monumento que forma parte de la historia de España. Fue el rey Carlos V el que eligió a la orden de los Jerónimos para que habitara el monasterio, puesto que era la única orden contemplativa de origen español y, dada su excelsa vida de oración, dedicaría su tiempo a orar por los regios difuntos allí enterrados. El rey Felipe II, en cumplimiento de un voto hecho por la victoria obtenida sobre los franceses en San Quintín, el 10 de agosto de 1557 -San Lorenzo- mandó construirlo, aunque nunca vio finalizada la obra.

    El tramo entre la estación (tapizada de crespones y lazos negros) y el Monasterio de El Escorial estuvo cubierto por batallones y escuadrones de caballería, además de una batería del regimiento de artillería a caballo encargado de las salvas de honor.

    Monasterio de El Escorial, lugar de sepultura de los reyes españoles de las Casas de Austria y Borbón.

    En el monasterio, el féretro real fue reicbido por campanadas y cañones, además de una enorme comitiva de más nobles, cortesanos, funcionarios y representantes. El duque de Sotomayor, como mayordomo mayor de la reina fallecida, proclamó a los monteros de Espinosa: “¿Juráis por vuestro honor que el cuerpo que contiene esta caja es el de la Reina doña María Cristina de Habsburgo-Lorena… el mismo que os fue entregado en Palacio para su custodia?”.

    Contestaron los monteros juraron que sí al unísono, el duque se dirigió a los padres de la comunidad de Monjes Agustinos del monasterio: “¿Reconocen vuestras paternidades que este cadáver, que conforme al estilo y orden de S. M. que os ha sido comunicada, os vamos a entregar para que lo tengáis en guarda y custodia, es el de doña María Cristiana de Habsburgo-Lorena, etc.?” Los monjes levantaron la tapa del féretro y observaron el cadáver para responder que sí.

    Los alabarderos lo trasladaron al altar del templo, donde se pronunció una solemne misa de cuerpo presente. Previo a su enterramiento bajo el altar, el cadáver de la reina fue inhumado en una cámara próxima al panteón conocida como el “pudridero”, donde el prior ordena colocar el féretro sobre una plancha de cal viva, tras haber sido perforado para facilitar la descomposición del cadáver.

  • La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin protagonizan un nuevo divorcio en la familia real española

    La infanta doña Cristina de Borbón, hermana del rey Felipe VI de España, se divorció de su esposo, Iñaki Urdangarin, un exmedallista olímpico de balonmano, después de 26 años de matrimonio

    La infanta Cristina, de 58 años, sexta en la línea sucesoria al trono de España y quien reside en Ginebra, estaba separada de Urdangarin desde principios de 2022 y el divorcio fue confirmado este 24 de enero por la revista ¡Hola!

    La Casa Real no suele informar sobre las dos hermanas mayores del rey Felipe, las infantas Cristina y Elena, que ya no son consideradas miembros oficiales de la monarquía.

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    Según la publicación, Urdangarín no recibirá indemnización ni pensión, y que ambos cubrirán en la medida de sus posibilidades los gastos comunes de sus cuatro hijos, todos menores de 25 años.

    Además, la propiedad del matrimonio en Bidart (Francia) seguirá siendo propiedad de la infanta doña Cristina -única propietaria- aunque cuando sus hijos viajen a la localidad francesa para estar con su padre también podrá usarla.

    De la boda real y los tribunales al divorcio: el tortuoso matrimonio de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin

    La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin
    La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin

    Al ascender al trono en 2014 tras la abdicación de su padre Juan Carlos cercado por los escándalos, Felipe VI prometió restaurar el prestigio de la Corona y entre sus primeras medidas retiró el título de duquesa de Palma a la infanta Cristina, implicada junto a Urdangarín en un vasto caso de malversación de fondos públicos.

    Urdangarín, de 54 años, cumple desde 2018 una condena de 5 años y 10 meses de prisión por malversar en beneficio propio millones de euros donados por organismos públicos a una fundación sin ánimo de lucro que él presidía.

    La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin
    La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin

    Durante el proceso, la infanta Cristina se convirtió en el primer miembro de la familia real en sentarse en el banquillo de los acusados por presuntos delitos contra la Hacienda pública, aunque fue finalmente absuelta.

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    Durante todo el proceso, Cristina negó conocer las actividades de su marido. No obstante, el Tribunal Supremo confirmó su responsabilidad civil como beneficiaria de las ganancias obtenidas por su marido, y le impuso una multa de 136.950 euros, una suma que ya había restituido.

    La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin
    La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin

    En 2021, la justicia española concedió a Urdangarin el permiso para pasar al régimen penitenciario español de grado 3, lo que significa que sólo necesita presentarse en prisión una vez por semana.

    Cristina y Urdangarín se casaron en octubre de 1997 en la Catedral de Barcelona, un año después de conocerse en los Juegos Olímpicos de Atlanta, y recibieron del rey Juan Carlos I el título de duques de Palma de Mallorca.

    La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin

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    La noticia de la separación, en enero de 2022, llegó después de que el ex empresario fuera fotografiado tomado de la mano de otra mujer, la abogada Ainhoa Armentia, supuestamente una compañera de trabajo en el bufete de abogados Imaz & Asociados. 

    La pareja ahora divorciada tuvo cuatro hijos: Juan, de 24 años, Pablo (23), Miguel (21) e Irene (18). La infanta Cristina siendo la sexta en la línea de sucesión al trono español detrás de su hermana mayor, la infanta Elena, y sus dos hijos.

  • Así fue el imponente funeral de Alfonso XII, el último rey que murió en España

    El 25 de noviembre de 1885, hace 138 años, la noticia de la muerte del rey de España, Alfonso XII, cayó como un rayo sobre su reino. El joven hombre tenía 27 años y esperaba un tercer hijo con la esperanza de que fuera el heredero del trono. Desde entonces, ningún otro monarca murió en suelo español, ya que su hijo falleció en el exilio en Roma.

    Alfonso XII murió de tuberculosis en el Palacio Real de El Pardo, luego de varios días de una dolorosa agonía, y en compañía de su segunda esposa, la reina María Cristina de Habsburgo, quien estaba embarazada. Sus dos hijas mayores, la infanta María de las Mercedes y la infanta María Teresa, tenían 5 y 3 años de edad respectivamente.

    Dos días después, el cuerpo del monarca fue retirado del Pardo para ser conducido con una solemnidad como no se había visto en la corte española en más de un siglo. El destino final era el Palacio Real de Madrid, o Palacio de Oriente, y en el trayecto se oyó un silencio espantoso, tan solo interrumpido por las campanas de la iglesia y los llantos de los españoles que no podían reprimir la emoción.

    El cortejo que acompañó los restos de don Alfonso, colocado sobre un carruaje fúnebre, estaba formado por varios batallones militares, el de Cazadores de Manila, el de Guarnición y el de la Escolta Real, secundados por una enorme comitiva civil. A las 11 de la mañana del 27 de noviembre, al son de marchas fúnebres, trompetas, cañones y campanas, el cortejo partió desde la capilla ardiente escoltado por cuatro damas de la alta nobleza envueltas en amplios velos negros que representaban a las reinas María Cristina, Isabel II (ex reina, madre de Alfonso) y las infantas hijas y hermanas del rey.

    Ocho caballos negros lujosamente enjaezados, dirigidos por el escuadrón de la Escolta Real, tiraban del carro fúnebre, que tardó dos horas en legar a la iglesia de San Antonio de la Florida. Dieciocho guardias reales y un imponente número de miembros de la servidumbre acompañaban el cortejo, conformado por gentileshombres y mayordomos de la corte. A ellos se unieron los altos mandos de la presidencia española, los jerarcas de la Iglesia católica y las representaciones de todos los ámbitos oficiales del reino.

    El imponente cortejo, también compuesto por palafreneros, altos mandos de los ejércitos, caballerizos reales, personal del departamento de Caballerizas con uniformes y trajes de gala; ujieres y criados de Palacio, capellanes, músicos y cantores y capellanes de honor, duques, marqueses, condes y los mandos superiores de la corte real. Escoltado por el cuerpo de guardias alabarderos iba el “coche de respeto” llamado de Doña Juana la Loca, con ocho caballos, lacayos, palafreneros, escoltas reales y un regimiento de caballería. Más atrás, en varios carruajes, viajaba la familia real encabezada por la reina viuda y las dos infantas, seguidas por la reina doña Isabel II, las infantas doña Isabel, doña Pilar, doña Eulalia, doña Luisa Fernanda y el duque deMontpensier.

    “El pueblo aclamó a la augusta viuda, que rompió a llorar amargamente al entrar en el regio Alcázar por la puerta del Príncipe”, dice una crónica de la época. “El cortejo fúnebre, tan brillante en esta ocasión dolorosa como en todas las solemnidades públicas de la corte de España, siguió en dicha forma por el largo trayecto hasta la portada principal del regio alcázar, y la muchedumbre se descubría respetuosamente ante el féretro y murmuraba frases de compasión y de amargura, y también piadosas oraciones”. En Madrid ya esperaban el rey Luis de Portugal, el infante don Augusto, el príncipe de Hohenlohe, los archiduques Federico y Eugenio, hermanos de la reina viuda, y representantes de los reyes de toda Europa.

    La escena de la llegada al Palacio de Oriente fue grandiosa, irrumpida por cañonazos provenientes del cercano Campo del Moro y de los altos de la Montaña del Principe Pío. A las tres de la tarde, el carro fúnebre llegó al pie de la escalera principal del palacio, donde esperaban allí los ministros de la Corona (menos el de Gracia y Justicia, notario mayor del Reino, que presidía el cortejo), grandes de España y títulos de Castilla, altos dignatarios de la corte y varias damas de honor. Escoltado por alabarderos que formaban dos filas, presentando las armas, y representantes de la Iglesia liderados por el cardenal Benavides, el cadáver del rey Alfonso fue subido, en hombros de servidores de la casa real hasta el Salón de Columnas, capilla ardiente, y colocado en la cama imperial.

    El 28 de noviembre (día en que el rey hubiera cumplido 28 años) las puertas del palacio real fueron abiertas para que la enorme masa de público que se lamentaba en las calles pudiera rezar ante el cadáver descubierto del monarca. La ceremonia de apertura de la capilla ardiente ocurrió en presencia del jefe superior de Palacio, el Duque de Sesto, y del intendente general de la Real Casa y Patrimonio. Se cantó la vigilia de difuntos y misa de cuerpo presente oficiada por el cardenal Benavides en presencia de la reina viuda, la grandeza de España y altos dignatarios de la corte. Se informó que “millares de personas de todas las clases sociales desfilaron por la fúnebre estancia hasta las cinco de la tarde, manifestando en su expresión la profunda pena que les dominaba al contemplar inerte el rey animoso en quien la patria había cifrado sus más legitimas esperanzas de progreso y de ventura”.

    El 29 de noviembre fue el día elegido por la reina María Cristina para la sepultura de su esposo. El féretro real fue colocado en el carruaje fúnebre tapizado con terciopelo negro y sobre él fueron instalados el cetro real, la espada real y el bastón de mando del monarca. El cortejo, de igual magnitud que el primero, partió del Palacio Real a las diez y cuarto de la mañana rumbo al panteón de reyes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. La comitiva fúnebre siguió por las plazas de la Armería y de Oriente, calle de Bailen y Paseo de San Vicente hasta la estación del Norte, rodeado de una inmensa multitud que llenaba toda la carrera en balcones y ventanas adornadas con crespones negros y banderas. Miles de dolientes silenciosos se descubrían al paso del ataúd real.

    La crónica de la prensa detallaba: “La comitiva se puso en marcha por el siguiente orden: una batería de artillería rodada; una sección de ingenieros; un batallón de infantería; cuatro palafreneros carreristas; un timbalero, cuyo caballo conducirán, dos palafreneros a la Federica; dos clarineros a caballo; cuatro maceres, con uniforme de gala, a caballo; cuatro palafreneros carreristas á caballo; dos caballos de respeto, ensillados, de S.M. el rey; ocho caballos con reposteros cubiertos con gasa negra; picador mayor, ayudantes, domadores y alumnos, todos de gala, á caballo y en dos tilas; seis palafreneros carreristas (los de servicio) con los caballerizos y correos; personal de las reales caballerizas, con uniforme y traje de gala, en dos filas; estandarte de la Hermandad Real; cruz de la real capilla; furrier de la misma; capellanes de altar; músicos y cantores; capellanes de honor; gentiles-hombres de casa y boca; mayordomos de semana; gentiles-hombres de cámara. Altos servidores de palacio, maestrantes de las distintas órdenes militares y grandes de España”.

    En el palacio quedaron la reina viuda y sus hijitas, que siguieron con tristeza la marcha del cortejo mirada anhelante y anegados en lágrimas los ojos, la marcha del cortejo hasta perderlo de vista. Trasladado en una plataforma especial a bordo de un tren, el cadáver llegó a El Escorial, donde fue recibido por los monjes que siguieron la antigua fórmula protocolar: “¡Monteros de Espinosa! ¿Es este cadáver el mismo que recibisteis al morir don Alfonso XII?”, preguntaron. “El mismo”, contestó el decano de los monteros. “Juradlo”, exigieron los monjes, a lo que la guardia real respondió al unísono: “¡Sí, juramos”. A continuación, el féretro fue conducido al templo, seguido de toda la comitiva y de setenta religiosos del monasterio, dando comienzo las exequias, que fueron presididas por los cardenales Benavides y González, el duque de Sesto y los generales Blanco, Martínez Campos, marqués de la Habana y Echagüe. Terminada la solemne ceremonia religiosa, á la que concurrieron más de dos mil personas, la caja mortuoria fue trasladada al panteón y colocada sobre un catafalco desde donde sería conducido después al Pudridero.

  • A 116 años de la boda de Alfonso XIII: el destino de las siete princesas europeas que pudieron ser reinas de España

    El 31 de mayo de 1906, hace 116 años, el rey Alfonso XIII de España se casó con la princesa británica Victoria Eugenia de Battenberg, en una magnífica boda en Madrid celebrada por multitudes. De esta forma, Victoria Eugenia se convirtió en la nueva reina consorte del país, que durante meses había especulado sobre la princesa que llevaría la corona.

    En 1905, el rey Alfonso XIII tenía veinte años y era el “soltero de oro” de Europa. La búsqueda de una esposa para el joven monarca alimentó las febriles especulaciones de la prensa europea y los ciudadanos de a pie comentaban por todas partes sobre la posible futura reina.

    En Madrid, el diario monárquico “ABC” hizo una encuesta popular en la que se preguntaba “¿Quién será la futura reina de España? y adjuntaba retratos y datos biográficos de varias princesas solteras y en edad de casarse. Entre ellas figuraba la que, en efecto, fue la esposa del rey, Victoria Eugenia de Battenberg.

    ALFONSO SE CASÓ CON LA FAVORITA DE LOS LECTORES DE ABC, VICTORIA EUGENIA DE BATTENBERG.

    La encuesta se hizo inesperadamente popular y los madrileños compraban las boletas de votaciones en las tiendas, oficinas del gobierno, clubes, cafés y hasta en los más humildes almacenes. A Alfonso XIII el asunto le parecía tan divertido que, cuando iba a desayunar, tomaba el periódico del día y se preguntaba: “¿Hoy con qué princesa me casan los periódicos?”

    La lista de ABC incluía a cuatro princesas inglesas -Ena de Battenberg, Beatriz de Sajonia-Coburgo, Patricia de Connaught y su hermana, Margarita, todas ellas nietas de la reina Victoria-, una princesa francesa y varias princesas alemanas, entre ellas la hija del káiser alemán y una descendiente de los reyes de Gran Bretaña y Hannover. ¿Qué sucedió con ellas después de sonar como posibles prometidas del rey?

    Olga de Cumberland (1884-1964), nacida en Gmunden, Austria, era la hija del Príncipe Heredero Ernesto Augusto de Hannover y de la princesa Thyra de Dinamarca. Tataranieta del rey Jorge III de Inglaterra, era, además, nieta del rey Christian IX de Dinamarca y sobrina de la entonces reina consorte de Inglaterra, Alejandra. Aunque tenía riqueza y belleza, la postulación de Olga como reina de España fracasó y ella permaneció soltera por el resto de su vida hasta su muerte en Austria.

    Victoria Luisa de Prusia (1892-1980) parecía la candidata de más importancia en cuanto a linaje. Era nada menos que la única hija mujer del entonces emperador Guillermo II de Alemania y tenía sangre británica (condición muy importante para ser consorte en cualquier país de Europa). Su problema es que era bastante joven, ya que tenía solo 13 años cuando ABC la colocó en la lista de favoritas, y el káiser se hubiera negado a apoyar a su hija si se convertía al catolicismo.

    VICTORIA LUISA Y SU MARIDO, ERNESTO DE HANNOVER

    En 1913, Victoria Luisa contrajo matrimonio en Potsdam con el príncipe Ernesto Augusto de Hannover (hermano de la mencionada Olga de Cumberland), logrando que el emperador alemán restituyera a su dinastía el tesoro de la corona de Hannover y el ducado hereditario de Brunswick, que ocupó hasta la caída del imperio en 1918. Si bien Victoria Luisa no fue reina de España, sí llegó a serlo su nieta, Sofía de Grecia.

    Wiltrude (1884-1975), de la casa real de Baviera, era otra princesa alemana que sonó como posible esposa de Alfonso XIII y, si bien no fue reina de España, puso haber sido reina de Lituania. Décima de los 13 hijos de Luis III, último rey bávaro, y sobrina del “rey loco” Luis II, Wiltrud de Baviera se casaría a los 30 años con el aristócrata alemán Wilhelm, duque de Urach, quien sería brevemente rey de Lituania durante tres meses en 1918, bajo el nombre de “Mindaugas II”.

    La princesa británica y nieta de la reina Victoria Patricia de Connaught (1886-1974) era la favorita del gobierno de España y, de hecho, se organizó el viaje de Alfonso XIII a Londres con el objetivo de que la conociera. Ese noviazgo, sin embargo, no se concretó ya que en medio de las recepciones y fiestas que la corte británica ofreció en su honor, el joven rey español quedó encandilado con una prima de Patricia, Ena de Battenberg.

    PATRICIA DE CONNAUGHT

    Hermosa, solidaria, feminista y ferozmente inteligente, cortejada por reyes y príncipes de toda Europa, la bella Patricia viajó a todas partes con su amado loro (a menudo parado sobre uno de sus hombros) y se casó con un plebeyo por amor en 1919. Ese año, abandonó la “realeza” y adoptó un título secundario para vivir discretamente el resto de su vida. Patricia manifestó su apoyó al derecho de sufragio de las mujeres e hizo una declaración contundente al nombrar a una sufragista prominente como su dama de honor.

    María Antonieta de Mecklemburg (1882-1944) tenía todo el apoyo del Papa Pío X y del káiser Guillermo II para casarse con Alfonso XIII, ya que era católica. También en España se consideraba una buena candidata que contentaría a carlistas y a los católicos más fervientes. En 1906 Alfonso viajó a Berlín, donde conoció a la duquesa en un banquete en su honor, pero no mostró demasiado interés en ella ya que, para entonces, estaba decidido a casarse con Victoria Eugenia.

    María Antonieta nunca llegó a contraer matrimonio. Guardiana de los tesoros de su dinastía, mantuvo toda su vida buenas relaciones con distintas familias reales europeas, con las que habían emparentado sus hermanos, pero nunca encontró al príncipe ideal. María Antonieta murió en 1944 en Bled, después de nombrar como su heredera a su fiel dama de compañía, Antonia Pilars de Pilar, que la había acompañado durante gran parte de su vida.

    Benefactora, elegante, rebelde y hasta escandalosa, Beatriz de Sajonia-Coburgo-Gotha (1884-1966) era nieta de la reina Victoria a través de su padre, el príncipe Alfredo, y del zar Alejandro II de Rusia. Y aunque no llegó a ser reina de España, sí se casó con un infante de la familia Borbón y vivió en España casi toda su vida. En 1906, en Madrid, después de asistir a la boda del su prima Ena con Alfonso XIII, conoció a su futuro marido, el infante don Alfonso de Orleáns-Borbón, primo del rey e hijo de la infanta Eulalia.

    BEATRIZ DE SAJONIA-COBURGO-GOTHA

    Alfonso y Beatriz se casaron pese a la oposición de la corte y del gobierno español, ya que la princesa se negó a convertirse al catolicismo. El acto le valió a Alfonso que se le despojara de su título real y durante veintidós meses debieron vivir en el extranjero. Se rumoreó que Beatriz mantuvo un affaire con Alfonso XIII, lo que la enfrentó a la reina Victoria Eugenia y le costó un nuevo exilio en 1916. De regreso, Beatriz y Alfonso conservaron el cariño y el respeto de los españoles después de la caída de la monarquía y continuaron viviendo en España el resto de sus vidas.

    Luisa de Orleáns (1882-1958), tres años mayor que Alfonso XIII, fue otra de las protagonistas de la encuesta de ABC. Hija del conde de París, pretendiente del trono de Francia, ofrecía una buena dosis de sangre azul, ya que era nieta de la infanta española Luisa Fernanda, tía abuela del rey. La familia Orleáns vivía entonces en el exilio, esparcida en varias propiedades distribuidas por Europa, y las princesas de la familia eran muy codiciadas por los príncipes solteros.

    LUISA DE ORLEÁNS Y SU ESPOSO, EL INFANTE DON CARLOS

    Dos años después de que Alfonso XIII se casara con Victoria Eugenia, Luisa se casó con el infante don Carlos de Borbón-Dos Sicilias, quien era viudo de María de las Mercedes, princesa de Asturias y hermana mayor del rey Alfonso. Una de sus hijas, María de las Mercedes de Borbón y Orleans (1910-2000) fue casi reina al casarse con don Juan de Borbón, conde de Barcelona. El nieto de Luisa sería el rey Juan Carlos I de España, y su bisnieto, Felipe VI, ocupa actualmente el trono.

  • Los 224 viajes del rey Juan Carlos aportaron millones de euros y de empleos a España, según un informe

    Los viajes diplomáticos del rey Juan Carlos I durante sus 39 años de reinado aportaron a la economía de España más de 62.000 millones de euros y la creación de más de 2,4 millones de empleos entre 1978 y 2014, según un nuevo informe.

    El reporte publicado por el portal Un Legado Real, de la asociación Concordia Real Española, busca “poner en valor el impacto que los 224 viajes realizados por el monarca han tenido para la proyección internacional de España.

    El informe está basado en el análisis de 30 millones de documentos públicos que paaron por hasta tres procesos de validación con consultas en varias fuentes de información, como medios de comunicación, fuentes públicas y personalidades que acompañaron al rey, informó Europa Press.

    El exministro de Defensa Eduardo Serra, remarcó que, en 1978, España era un país “cerrado” política y económicamente, mientras que hoy es una nación “abierta” en los dos aspectos. A su juicio, “el milagro económico” de España “tiene un protagonista”, Juan Carlos I, algo que hay que reconocer ya que no hay que caer en la “ingratitud y la injusticia”.

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    El ex secretario de Estado y Alto Comisionado para la Marca España Carlos Espinosa de los Monteros, coincidió por su parte en que el ahora rey emérito, quien abdicó en 2014, “era el mejor emabajador de España en el extranjero”.

    “España era un país que caía bien”, con una imagen “simpática, divertida y atractiva”, afirmó el exfuncionario. “Éramos recibidos como no son recibidos en otros países y en esa construcción de imagen favorable el rey era una pieza fundamental”, ha agregado.

    Lectura recomendada: La Casa Real española da “un paso adelante” en su “operación Transparencia”

    “Cuánto vale haber entrado en la Unión Europea, ser aceptados en China, donde éramos desconocidos, o todo el trabajo en América Latina”, se preguntó Espinosa al valorar las consecuencias “cualitativas” de los viajes de Juan Carlos de Borbón.

    El informe indica que el país más importante para España durante el reinado de Juan Carlos I en términos económicos fue es Arabia Saudita, seguido del resto de los países del Golfo. Destacan además, Reino Unido, Francia, México, Venezuela y Estados Unidos, si bien los destinos más frecuentes fueron Estados Unidos y Francia, con 15 viajes a cada uno de ellos.

    “En todo caso, la contribución realizada por don Juan Carlos a lo largo de esos 40 años no puede circunscribirse solo ha esas cifras, que constituyen la punta del iceberg de una obra mucho mayor en cuya investigación, explicación y difusión ya estamos trabajando”, ha explicado el coordinador del proyecto, Fernando Ruiz, citado por EP.

    MONARQUIAS.COM

  • Hace 463 años murió Isabel de Valois: así fue el doloroso funeral de la reina de España

    Isabel de Valois, reina consorte de España, murió a los veintitrés años tras una breve enfermedad y un parto prematuro el domingo 3 de octubre de 1568 en el Palacio Real de Aranjuez. Dio a luz a una niña que murió pocas horas antes que su madre. El esposo de Isabel, el rey Felipe II de España, estaba a su lado cuando ella falleció y quedó en estado de shock y gran dolor por su muerte. Los íltimos tiempos habían sido particularmente dolorosos para la reina.

    En 1657, Isabel dio a luz a una niña, Catalina, y volvió a quedar embarazada poco después. En ese tiempo, ocurrió algo que afectó mucho a la reina: el 18 de enero de 1568, Felipe encarceló a su hijo Don Carlos, mentalmente inestable, y se le impidió heredar el trono de España. Don Carlos moriría más tarde en cautiverio y, cuando Isabel se enteró de la detención, lloró sinceramente y comentó que Don Carlos nunca había sido más que amable con ella. Ella sufría de depresión por el asunto. Pasó su embarazo relajándose, jugando a las cartas, tejos y tirando dados, disfrutando de las bromas de sus tontos y viendo obras de teatro hasta septiembre de 1568, cuando enfermó y engordó mucho. Se desmayaba con frecuencia, tenía ataques de temblor y tenía debilidad y entumecimiento en el lado izquierdo. No podía dormir y no podía comer.

    Los médicos la desangraron y le aplicaron inyecciones mientras el rey la consolaba. El 3 de octubre de 1568, Isabel y Felipe escucharon misa juntos. Isabel le pidió a Felipe que le prometiera que siempre apoyaría a su hermano el rey Enrique III y que protegería y cuidaría a sus sirvientes. El rey lo prometió. Isabel dijo que siempre había rezado para que él tuviera una larga vida y que hiciera lo mismo cuando ella llegara al cielo, y Felipe se derrumbó. Unas horas más tarde, Isabel dio a luz a una niña. Varias horas después, tanto la reina como su hija estaban muertas.

    El cuerpo de Isabel de Valois fue embalsamado el mismo día y colocado en un ataúd cubierto de terciopelo negro ricamente adornado con los emblemas del rango real. Mientras tanto, la capilla del palacio se cubrió con tela negra bordada con emblemas como los lirios de Valois y las armas y cifrados del rey Felipe. La habitación estaba iluminada con muchas velas encendidas de cera blanca. El catafalco se encontraba ante el altar mayor con cuatro escudos en cada esquina que representaban las armas y los escudos heráldicos de Valois y Habsburgo.

    Durante la tarde, personas con velo y vestidos con largas túnicas de luto llenaron la capilla. Estos no eran actores contratados para la ceremonia, sino verdaderos dolientes. El embajador francés Brantôme afirmó que “nunca la gente había mostrado tanto cariño. El aire se llenó de lamentos y de apasionadas demostraciones de dolor: porque todos sus súbditos miraban a la reina con sentimientos de idolatría, más que con reverencia”. A la ceremonia asistieron todos los caballeros y damas de la casa de la reina, el clero de Madrid, los jefes de las casas religiosas, hombres y mujeres, los embajadores extranjeros, los magistrados de Madrid y el gobernador militar.

    Al caer la noche, la procesión fúnebre recorrió las largas galerías del palacio desde los aposentos de la reina muerta hasta la capilla real. Afuera, las armas tronaron y las campanas repicaron. El cuerpo de la reina fue llevado por cuatro grandes de España y precedido por el alcalde de la reina Don Juan Manrique. Su principal dama de honor, la duquesa de Alba, caminó tras el ataúd vestida con largas túnicas de luto. Luego vino una fila de damas nobles y caballeros.

    El portal de la capilla se abrió de par en par y el féretro fue recibido por el nuncio papal Casteneo y el cardenal Espinosa seguido por el clero de Madrid. Mientras la procesión pasaba hasta el coro, se escuchó el canto del Réquiem. El ataúd se colocó sobre caatafalco y se cubrió con un manto de brocado de oro y se remató con la corona real, manto y cetro y un pequeño vaso de agua bendita.

    Comenzó el oficio del reposo de los muertos. Los sonidos de los sollozos ahogados de las mujeres de la casa de Isabel se escucharon durante los cánticos de los sacerdotes y los sonidos de los lejanos murmullos de las multitudes en la calle y la avenida que conducía al palacio eran audibles. Al final del servicio, el nuncio dio la bendición. Todos salieron de la capilla excepto los que habían sido elegidos para realizar una vigilia por el cadáver.

    QUIÉN FUE ISABEL DE VALOIS. Isabelle (llamada Isabel en España) nació el 2 de abril de 1545 en el palacio real de Fontainebleau y fue la segunda hija del rey Enrique II de Francia y su esposa Catalina de Médicis. Sus hermanos fueron los sucesivos reyes Francisco II, Carlos IX y Enrique III, los últimos monarcas de la dinastía Valois. El tratado de paz de 1559 entre Francia y España se selló con el compromiso de Isabel y el rey Felipe II de España (proporcionando una dote de cuatrocientas mil coronas de oro a la corona española) y de la hermana de Isabel, Margarita, con Emanuel Filiberto de Saboya. Las celebraciones coincidieron con el terrible accidente de Enrique II durante un torneo de justas, que le causaron la muerte tras mucho tiempo de agonía. Felipe no era fiel a Isabel, pero parecían disfrutar de la felicidad doméstica. Quedó embarazada y Felipe comenzó a pasar dos horas al día con ella y le mostró un gran cariño. Él estaba a su lado cuando dio a luz a la infanta Isabel Clara Eugenia el 12 de agosto de 1566. Embarazada en varias oportunidades sin poder proporcionar un heredero varón, la salud de Isabel se deterioró rápidamente.

    La duquesa de Alba, velada con un velo, se sentó en una silla a la cabeza del ataúd vestida de negro. Don Juan Manrique se encontraba al pie del féretro sosteniendo su varita de oficio. Otros miembros de la casa se arrodillaron alrededor de la plataforma. Los soldados del guardaespaldas del rey sostenían antorchas, haciendo guardia dentro de la capilla aún iluminada con numerosas velas.

    En medio de la noche, el rey Felipe entró en la capilla asistido por su medio hermano Don Juan de Austria y sus amigos Ruy Gómez y Don Hernando de Toledo. Avanzó lentamente hacia el féretro, se arrodilló a la cabeza del féretro y permaneció absorto en la oración durante un buen rato con los tres hombres de pie en silencio e inmóviles detrás de él. Nadie traicionó la presencia del rey en la capilla. Finalmente, Felipe se levantó, tomó el aspergillum, roció el ataúd con agua bendita y salió de la capilla. Abandonó el palacio asistido por sus tres compañeros y se dirigió al monasterio de San Gerónimo para rezar y meditar.

    A la mañana siguiente, muchos de los más grandes eruditos, nobles y damas se reunieron en la capilla del palacio para escoltar el cortejo fúnebre hasta el convento carmelita de Las Descalzas Reales, donde Isabel sería enterrada temporalmente hasta que se terminara el mausoleo de El Escorial. El ataúd fue llevado por las calles por los mismos cuatro hombres del día anterior. El palio lo sostuvieron sobre el féretro los duques de Arcos, de Naxara, de Medina de Rioseco y de Osuna. Junto al féretro marchaban los marqueses de Aguilar y de Poza, los condés de Alba, de Liste y de Chinchon.

    Las calles se habían adornado con crespones y banderas negras y muchos espectadores se alineaban en la ruta de la procesión para mirar y derramar lágrimas. En el portal de la iglesia de las Carmelitas, la procesión fue recibida por el nuncio papal Castaneo, Espinosa y Frexnada, obispo de Cuença que había sido elegido para realizar los ritos funerarios. También estuvo presente el arzobispo de Santiago, gran limosnero de España. Detrás de los prelados estaban la abadesa Doña Inez Borgia y las monjas de Descalzas.

    Después de la misa, el ataúd fue depositado en un nicho excavado cerca del altar mayor. Luego, se realizó una parte importante de la ceremonia que era requerida para los soberanos españoles. El cadáver debía ser identificado por ciertos personajes designados por el rey. El obispo de Cuença primero bendijo el sepulcro. La tapa fue levantada por la duquesa de Alba y por Don Juan Manrique. De pie alrededor de la tumba como testigos estaban: el nuncio papal Castaneo, el cardenal Espinosa, el embajador francés de Fourquevaulx, el embajador portugués Don Francisco Pereira, los duques de Osuna, Arcos y Medina, el marqués de Aguilar, los condés de Alba, de Chinchon, Don Enríquez de Ribera, don Antonio de la Cueva, don Luis Quexada señor de Villagarcia, presidente de la junta de indios, y los archiduques Rodolfo y Matías, sobrinos de Felipe.

    Cuando se quitó la tela mortuoria, los cadáveres de Isabel y su pequeña hija eran visibles. La duquesa de Alba vertió en el féretro bálsamo y perfumes finamente pulverizados que habían sido preparados especialmente para la ocasión. También esparció racimos de tomillo y flores fragantes. Luego se cerró el ataúd y se selló con el sello real. En el acto, el subsecretario de Estado, Martín de Gatzulu, redactó un acta de las actuaciones y fue firmada por todos los testigos. El confesor del convento y uno de sus compañeros se adelantaron para hacerse cargo de los restos de la reina hasta que fueran trasladados. Se cerró la tumba y se terminaron las ceremonias del día.

    Durante nueve días se recitó el rezo de los muertos en todas las iglesias de Madrid. Mañana y tarde, el tribunal asistió al servicio realizado en la ermita de Las Descalzas en el que estuvo siempre presente la hermana de Felipe, Doña Juana. Felipe escuchaba el servicio dos veces al día en la capilla de San Gerónimo. Durante los nueve días completos, Felipe permaneció en soledad, sin hablar con nadie y rara vez salía de la galería elevada sobre el altar mayor de la capilla orando y meditando. Se suspendieron todos los asuntos del Estado y se ordenó mediante proclama en toda España un duelo general por la reina.

    El 18 de octubre, en la iglesia de Nuestra Señora de Atocha, se escuchó una misa solemne por el reposo del alma de la reina en presencia del rey. Fue la ceremonia más imponente y magnífica hasta ahora, realizada a la luz de las antorchas. El obispo de Cuença pronunció la oración fúnebre que fue bien recibida por el público. Una oración similar se hizo en Toledo, Santiago y Segovia, así como en otras catedrales de España. Otro servicio conmemorativo se llevó a cabo en Francia, la tierra natal de la reina Isabel, en la catedral de Notre-Dame en París el 24 de octubre. Así, la Reina de España recibió suficiente y majestuoso tributo.

    (*) Susan Abernethy es historiadora y autora del blog The Freelance History Writer.

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  • Así es la vida en UWC Atlantic College, el instituto galés donde estudia la princesa Leonor

    El UWC Atlantic College, un centro con alumnos de todo el mundo situado en un castillo del siglo XII de Gales y por el que ya han pasado el actual rey holandés, Guillermo Alejandro, y la princesa Isabel de Bélgica, recibirá próximamente a otra princesa heredera europea, Leonor de Borbón.

    El lugar elegido por el rey Felipe VI y la reina Letizia para la formación de su hija mayor, Princesa de Asturias, fue fundado en 1962 con vistas a promover el entendimiento internacional a través de la educación y en él se originó la institución educativa Colegios del Mundo Unido (UWC).

    La princesa tendrá que compartir habitación con otras tres alumnas de distintas nacionalidades y en su residencia habrá dos supervisores, además de contar igualmente con un tutor de apoyo en todo momento.

    El Atlantic College tiene su sede en el castillo de San Donato, construido en el siglo XII y emplazado en un valle con vistas al mar en el sur de Gales. El instituto se creó en 1962 y fue el fundador de lo que actualmente es el movimiento UWC, que se lanzó en 1967.

    Antes de ello, el castillo fue propiedad del magnate estadounidense de la prensa William Randolph Hearst, quien lo compró en 1965 y se gastó una pequeña fortuna en remodelarlo. Por sus fiestas pasaron personajes como el futuro presidente John F. Kennedy, el actor Charles Chaplin o el dramaturgo George Bernard Shaw.

    Con quiénes convivirá la princesa de Asturias

    La princesa Leonor cursará el programa de Bachillerato Internacional que ofrece este centro, al que acuden unos 360 alumnos con edades comprendidas entre los 16 y los 18 años procedentes de unos 80 países de todo el mundo, si bien en torno al 25 por ciento son europeos y el 20 por ciento británicos.

    El internado cuenta con ocho residencias en las que se alojan unos 48 estudiantes, con pasillos masculinos y femeninos separados. La princesa tendrá que compartir habitación con otras tres alumnas de distintas nacionalidades y en su residencia habrá dos supervisores, además de contar igualmente con un tutor de apoyo en todo momento.

    Dentro de estas actividades que acompañan el currículo, figuran en el apartado de los servicios comunitarios por ejemplo residencias de ancianos, cuidado de burros o granjas de ovejas.

    Una rutina de estudios muy completa

    Los alumnos deben estar en sus residencias a las 22.15 de domingo a jueves, mientras que viernes y sábado el horario se amplía a las 23.15. “Se espera que los estudiantes gestionen bien su tiempo y duerman suficiente”, dice el colegio, por lo que está prohibido visitar otras habitaciones entre las 23h y las 7h, y no se puede abandonar la residencia antes de las 6 de la mañana.

    Vivir en un internado lejos de casa y en un dormitorio compartido con “personas de distintos estratos, puede dar un poco de miedo al principio, pero todo el mundo se siente igual”, reconoce el instituto en su web, destacando que ello forma parte del aprendizaje que se quiere ofrecer.

    “Mantener buenos hábitos de tiempo”

    La asistencia a todos los actos del instituto es obligatoria, incluida la asamblea que hay todos los lunes. El centro defiende que esto es bueno para “mantener buenos hábitos de tiempo” y fomentar la “autogestión y el equilibrio entre los plazos”. Además, deja claro que lo que se busca es fomentar la “independencia y la madurez” de los alumnos y que estos sean responsables tanto con su aspecto académico como con su vida.

    Para obtener el título de Bachillerato Internacional, la princesa Leonor deberá elegir seis asignaturas una de cada uno de los siguientes grupos: estudios de lengua y literatura; adquisición de lenguas; individuos y sociedades; ciencias; matemáticas y artes. Tres de estas asignaturas se realizan a nivel estándar y otras tres a nivel superior.

    La princesa Leonor deberá comprometerse a “un estilo de vida saludable, que evite el daño potencial a uno mismo y a otros”, dice el colegio.

    A esto se suma un curso bajo el título de “Teoría del Conocimiento” que busca incentivar a los estudiantes a reflexionar sobre la naturaleza del conocimiento y la manera en la que conocemos lo que afirmamos saber. Para completarlo con éxito la princesa Leonor deberá realizar una presentación oral y un ensayo de 1.600 palabras.

    Por último, la princesa deberá presentar una monografía resultado de la investigación de un tema de interés personal y que normalmente suele estar enmarcado en uno de los seis grupos de asignaturas. Dicho documento debe tener un máximo de 4.000 palabras y para su elaboración los alumnos cuentan con apoyo de un supervisor.

    El instituto se creó en 1962 y fue el fundador de lo que actualmente es el movimiento UWC, que se lanzó en 1967.

    Servicio en geriátricos y cuidado de burros y ovejas

    El horario lectivo de la princesa de Asturias será entre las 8.00 y las 13.10, pero también tendrá que cumplir servicios comunitarios, otras dos horas de actividad física y otras dos horas más de actividad creativa a la semana. En cuanto a este “curriculum holístico”, como lo define el centro, se realizarán durante las tardes y noches y los fines de semana.

    Dentro de estas actividades que acompañan el currículo, figuran en el apartado de los servicios comunitarios por ejemplo residencias de ancianos, cuidado de burros o granjas de ovejas, mientras que en el apartado artístico se proponen, entre otras materias, pintura, cerámica, cocina o teatro. En cuanto a deportes, entre otros hay tenis, natación, baloncesto, badmington o zumba.

    Una vida “saludable” y de respeto hacia los demás

    La princesa Leonor deberá comprometerse a “un estilo de vida saludable, que evite el daño potencial a uno mismo y a otros”, dice el colegio. En este sentido, el centro deja claro que tiene “tolerancia cero” frente a cualquier tipo de acoso o ‘bullying’ y prohíbe el consumo de alcohol, tabaco o drogas. En caso de infracciones de este tipo, en función de la gravedad de la falta, está prevista la expulsión.

    Igualmente, se exige el respeto por la propiedad ajena, por lo que no se tolera “tomar prestado sin permiso”. En este sentido, el centro advierte que son posibles registros de habitaciones e incluso pedir la presencia policial llegado el caso.

    La princesa de Asturias completó el proceso de selección, que prevé una fase inicial de preselección, que es anónima, y una fase final, que se ha llevado a cabo de forma telemática con diferentes pruebas. Dicho proceso es el mismo tanto para los alumnos becados como los de pago, como es el caso de Leonor.

    El apartado artístico del colegio propone pintura, cerámica, cocina o teatro. En cuanto a los deportes, entre otros hay tenis, natación, baloncesto, badmington o zumba.

    Entre los requisitos de admisión, además de tener nacionalidad española y haber nacido en 2005 o 2006, se exige haber aprobado el curso anterior, tener un buen expediente académico y conocimientos básicos de inglés.

    El instituto explicó que, a la hora de seleccionar a los candidatos, se valora en particular la madurez personal, el compromiso social, el interés y respeto por otras culturas, la iniciativa y creatividad, junto con la capacidad para convivir y entablar amistad.

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  • Los reyes de España tampoco viajarán este año a Mallorca para la Semana Santa

    La familia real de España no viajará a la isla de Mallorca esta Semana Santa para asistir a la misa del Domingo de Pascua de Resurrección en la Catedral, rompiendo así una vez más una tradición nacida en 1995, durante el reinado del rey Juan Carlos I y la reina Sofía.

    Así lo confirmaron a la agencia Europa Press fuentes de la Casa Real, que precisaron que el rey Felipe VI y la reina Letizia no viajarán hasta la Isla por segundo año consecutivo en Semana Santa debido al avance de la pandemia de Covid-19.

    Esta es la segunda vez que los miembros de la casa real no acuden a la citada catedral en 25 años, desde que se convirtió en una fiel tradición en 1995.

    El año pasado, los reyes Felipe y Letizia tampoco asistieron a la misa de Pascua debido a la vigencia del primer Estado de Alarma decretado por el gobierno para el control de la pandemia. Durante esta fecha, la familia real aprovechaba para pasar las vacaciones primaverales en el palacio de Marivent, en Palma.

    España es uno de los países europeos más castigados por la pandemia de covid-19, que ha causado allí más de 75.300 decesos. El país hasta el momento ha vacunado a un poco más del 5,5% (2,6 millones) de sus 47 millones de habitantes con las dos dosis, y administró más de 7,7 millones de dosis en total. Entre los vacunados se encuentra la reina madre, doña Sofía.

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