Etiqueta: Duquesa de Kent

  • El secreto de la Duquesa de Kent: su segunda vida como profesora de música

    Katharine, Duquesa de Kent, fallecida el pasado 4 de septiembre a los 92 años, fue durante décadas un pilar discreto de la monarquía británica, reconocida por su elegancia, su empatía en eventos como Wimbledon y su dedicación a los deberes reales. Sin embargo, tras una vida marcada por el servicio público y tragedias personales, buscó un propósito más personal, alejándose de los focos para abrazar una vocación que la llevó a convertirse en una profesora de música en una escuela pública, un capítulo de su vida que mantuvo en secreto con notable éxito.

    Su decisión de retirarse de la vida real en la década de 1990, con el respaldo de la reina Isabel II, reflejó su deseo de llevar una existencia más auténtica, guiada por su pasión por la música y su compromiso con los niños desfavorecidos. Este artículo explora cómo Katharine, conocida en su entorno escolar como “Mrs. Kent”, transformó su vida y dejó un legado perdurable a través de su trabajo educativo y filantrópico.

    Los duques de Kent
    Los duques de Kent. Nacida Katharine Worsley en una familia aristócrata de Yorkshire, contrajo nupcias en 1961 con el primo de la reina Isabel II, el príncipe Eduardo, duque de Kent, que sigue siendo un miembro activo de la familia real con sus 89 años.

    Desde su infancia en Hovingham Hall, Yorkshire, Katharine Worsley (nacida en 1933) demostró un talento excepcional para la música, aprendiendo a tocar el piano, el órgano y el violín en escuelas como Queen Margaret’s en York y Runton Hill en Norfolk. Aunque no fue admitida en la Royal Academy of Music, su amor por las artes la llevó a estudiar música y francés en Queen’s College, Oxford, y a participar activamente en coros, incluyendo actuaciones como soprano con el Bach Choir de 300 miembros. 

    Su matrimonio en 1961 con el príncipe Eduardo, Duque de Kent, la introdujo en un mundo de compromisos reales, desde representar a la reina en eventos internacionales hasta su icónica presencia en Wimbledon, donde presentó el trofeo de individuales femeninos durante más de tres décadas, destacando por su calidez, como cuando consoló a Jana Novotná tras su derrota en 1993. Sin embargo, los deberes reales no llenaban por completo su espíritu, y las tragedias personales, como un aborto espontáneo en 1975 debido a rubéola y el nacimiento de un hijo muerto en 1977, la sumieron en una depresión severa, de la que habló abiertamente en 1997, mostrando una empatía poco común para la realeza de la época.

    “Mrs. Kent”: el secreto mejor guardado de la familia real británica

    En 1996, tras décadas de servicio, Katharine tomó la decisión radical de retirarse de sus compromisos reales y, con la aprobación de la reina Isabel II, encontró una nueva vocación en la Wansbeck Primary School en Kingston upon Hull, una zona desfavorecida de Inglaterra. Durante 13 años, abandonó su título de “Su Alteza Real” —decisión formalizada en 2002— y se convirtió en “Mrs. Kent” o “Kath” para sus colegas y alumnos, manteniendo su identidad real en secreto, conocida solo por el director del colegio. 

    En una entrevista con la BBC en 2005, citada por The Times, afirmó: “Solo el director sabía quién era yo. Los padres no lo sabían, y los alumnos no lo sabían. Nadie se dio cuenta. No hubo publicidad al respecto, simplemente funcionó.” Su elección de Hull no fue casual; como “Yorkshire lass”, como ella misma se describía, sentía una conexión profunda con la región, declarando: “Es cerca de casa, y el hogar es donde está el corazón.”

    Duquesa de Kent
    Pianista. La duquesa, una talentosa pianista y cantante, vivía separada de su esposo, pero la pareja nunca se divorció. Desde el fallecimiento de Isabel II en 2022, era la decana de la familia real, pero dejó de ser un miembro activo en 2002.

    En Wansbeck, Katharine impartía lecciones de música de 40 minutos a la semana, trabajando con el coro escolar y enseñando a niños de entornos desfavorecidos. Su impacto fue profundo; la exdirectora Ann Davies, en una entrevista con la BBC citada por Hull Daily Mail, destacó que “su entusiasmo con los niños saca lo mejor de ellos, y gracias a Mrs. Kent, la música es ahora una fortaleza en la escuela.” 

    Los niños, que la adoraban, respondían a su paciencia y enfoque positivo, ya que, según Davies, “nunca se enojaba, siempre buscaba lo positivo.” Más allá de enseñar notas y partituras, Katharine observó cómo la música fortalecía la confianza y autoestima de sus alumnos, un impacto que describió en una entrevista con Alan Titchmarsh: “Lo primero que noté fue el poder de la música como estímulo para darles confianza y autoestima. Lo veía todo el tiempo.”

    La experiencia en Wansbeck reveló a Katharine una realidad preocupante: muchos niños talentosos carecían de recursos para desarrollar sus habilidades musicales debido a barreras financieras. Inspirada por esta constatación, en 2004 cofundó Future Talent junto a Nicholas Robinson, una organización benéfica dedicada a apoyar a jóvenes músicos de entornos desfavorecidos. 

    La ONG, que colabora con orquestas como la Hallé en Manchester y escuelas de todo el Reino Unido, proporciona instrumentos, becas, clases magistrales y oportunidades de actuación, ayudando a niños de seis a 18 años a alcanzar su potencial. Según The Independent, Future Talent atrajo el apoyo de figuras como Sting, Dame Judi Dench y Lesley Garrett, y ha permitido a muchos jóvenes acceder a carreras musicales o ganar confianza para otros caminos, como el ejército o la universidad. En una entrevista en 2011, citada por People, Katharine afirmó: “Cuando enseñaba, lo primero que noté fue el poder de la música para dar confianza y autoestima a estos niños. Lo veía todo el tiempo.”

    Duquesa de Kent
    “Mrs. Kent”. Tras su retiro, dio en secreto clases de música durante trece años en una escuela primaria pública del noreste de Inglaterra.

    Además de su trabajo en Hull, Katharine enseñó clases de piano en un pequeño apartamento alquilado en Notting Hill, comprado con los 100.000 libras obtenidos de la venta de dos pinturas de Thomas Gainsborough, herencia de su padre, según The Guardian. Allí, donde era llamada “Kate” por sus alumnos, impartía lecciones en un entorno sencillo, tocando su piano de cola. Su compromiso con la música también se reflejó en su presidencia del Royal Northern College of Music durante 35 años hasta 2008 y su patronazgo del BBC Young Musician en 2004 y 2006, consolidando su legado como defensora de la educación musical.

    La transformación de Katharine no se limitó a su labor educativa. En 1994, se convirtió al catolicismo, siendo la primera royal en hacerlo en 300 años, una decisión que reflejó su profunda fe cristiana. Esta conversión, junto con su decisión de renunciar a su título de Alteza Real, subrayó su deseo de vivir de manera auténtica, lejos de las restricciones de la vida real. Su empatía, evidente en momentos como su consuelo a Jana Novotná en Wimbledon o su trabajo con organizaciones como UNICEF y los Samaritans, la convirtió en una figura querida, aunque poco convencional. En 2018, asistió a un servicio conmemorativo por las víctimas del incendio de Grenfell Tower, donde también había enseñado, mostrando su compromiso continuo con las comunidades necesitadas.

    La duquesa de Kent falleció en el Palacio de Kensington rodeada de su familia, según anunció la casa real británica. Su muerte marcó el fin de una vida extraordinaria, definida por su rechazo al brillo de la realeza en favor de un impacto tangible en la vida de los niños. Su legado perdura en Future Talent y en los corazones de los alumnos de Wansbeck, quienes, sin saberlo, fueron enseñados por una duquesa que encontró su verdadera vocación en la música y la enseñanza. Como dijo Sam Bullen, director ejecutivo de Wansbeck: “Su bondad, compasión y talento para enseñar perduran en los niños que impactó durante su tiempo aquí.”

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • Vidas reales lejos de la realeza: los hijos de la Duquesa de Kent forjan su propio camino

    George Windsor, Conde de St Andrews

    Nicholas, conde de St. Andrews, y su esposa, Sylvana Tomaselli
    Nicholas, conde de St. Andrews, y su esposa, Sylvana Tomaselli

    George Windsor, conocido formalmente como el Conde de St Andrews, es el heredero del ducado de Kent. Nació en 1962 y, aunque durante años mantuvo una posición relevante en la línea de sucesión al trono, su vida y la de su familia han estado marcadas por decisiones personales que los han apartado de los primeros puestos.

    Duquesa de Kent

    Estudió en la prestigiosa Universidad de Cambridge y trabajó en el sector diplomático y en el de la edición. Sin embargo, su historia es más conocida por la de sus hijos. Su primogénito, Edward Windsor, Lord Downpatrick, se convirtió al catolicismo en 2003, lo que le hizo perder su derecho al trono. Un destino similar ha tenido su hija, Lady Marina Windsor, quien también se convirtió al catolicismo.

    Lady Helen Taylor

    Lady Helen Windsor y su esposo, Timothy Taylor
    Lady Helen Windsor y su esposo, Timothy Taylor

    De los tres hermanos, Lady Helen Taylor es quizás la más conocida públicamente. Apodada cariñosamente “la duquesa de la moda” por la prensa británica, ha forjado una exitosa carrera en el mundo del arte y del diseño.

    A principios de los años 80, Lady Helen fue un ícono de estilo y una figura habitual en las páginas de las revistas de moda, ganándose el apodo de “Melons” por parte de los tabloides. Con el tiempo, transformó su interés en el arte en una profesión. Trabajó como embajadora de la prestigiosa casa de subastas Christie’s y se convirtió en una mecenas de la escena artística de Londres.

    Los duques de Kent se casaron en 1951 y tuvieron tres hijos: George, Helen y Nicholas
    Los duques de Kent se casaron en 1951 y tuvieron tres hijos: George, Helen y Nicholas

    Casada con el marchante de arte Timothy Taylor, Lady Helen ha demostrado ser una fuerza influyente en el mundo de la alta sociedad londinense, combinando su herencia real con una pasión genuina por las artes.

    Lord Nicholas Windsor

    Lord Nicholas Windsor, el hijo menor de los duques de Kent (izquierda)
    Lord Nicholas Windsor, el hijo menor de los duques de Kent (izquierda)

    Lord Nicholas Windsor, el hijo menor de la Duquesa de Kent, ha protagonizado uno de los eventos más significativos para su rama de la familia real. Al igual que su madre, Nicholas se convirtió al catolicismo, un evento que tuvo repercusiones directas en la línea de sucesión al trono británico.

    Nacido en 1970, estudió en Cambridge y ha trabajado en el sector financiero y en la banca. Sin embargo, en 2001, su conversión a la fe católica se hizo pública. Según la Ley de Establecimiento de 1701, esta decisión lo apartó formalmente de la línea de sucesión. Un acto que fue visto como un eco del propio camino espiritual de su madre, quien también se convirtió al catolicismo años antes.

    Su matrimonio con Paola Doimi de Lupis de Frankopan en la Ciudad del Vaticano fue un evento histórico, la primera vez que un miembro de la realeza británica se casaba allí. El matrimonio y su posterior decisión de criar a sus hijos en la fe católica reafirman su compromiso con su vida privada y sus creencias, más allá de la obligación real.

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • El Cementerio Real de Frogmore, el lugar elegido para el entierro de la Duquesa de Kent

    El Cementerio Real de Frogmore, ubicado en el Home Park de Windsor, a media milla del castillo de Windsor, será el lugar de descanso final de la duquesa de Kent, Katharine, tras su funeral el 16 de septiembre. Este cementerio, consagrado el 23 de octubre de 1928 por el obispo de Oxford, es un enclave sereno que alberga las tumbas de numerosos miembros de la familia real británica, exceptuando a los monarcas y sus consortes, quienes tradicionalmente descansan en la Abadía de Westminster o la Capilla de San Jorge. 

    La duquesa Catalina de Kent, la decana de la familia real británica, falleció la noche del jueves a los 92 años, anunció el Palacio de Buckingham. Nacida Katharine Worsley en una familia aristócrata de Yorkshire, contrajo nupcias en 1961 con el primo de la reina Isabel II, el príncipe Eduardo, duque de Kent, que sigue siendo un miembro activo de la familia real con sus 89 años. La elección de Frogmore como lugar de descanso final para la duquesa refleja su importancia dentro de la realeza británica.

    Duquesa de Kent
    “Con profundo pesar, el Palacio de Buckingham anuncia la muerte de Su Alteza Real la Duquesa de Kent -dice el comunicado oficial este 5 de septiembre.- Su Alteza Real falleció pacíficamente anoche en el Palacio de Kensington, rodeada de su familia”.

    La historia del Royal Burial Ground comienza en un contexto de necesidad práctica. Hacia 1928, el Cripta Real bajo la Capilla de San Jorge en Windsor estaba alcanzando su capacidad, con 23 entierros desde 1810. El rey Jorge V autorizó la creación de este cementerio para albergar a futuros miembros de la familia real, reservando el Royal Vault para soberanos y herederos directos. 

    Desde entonces, Frogmore se ha convertido en el lugar de descanso de figuras reales prominentes, manteniendo un diseño sobrio con lápidas discretas bajo la sombra de árboles como el plátano que resguarda las tumbas del duque y la duquesa de Windsor. El cementerio, rodeado por los jardines de Frogmore y cercano al Mausoleo Real de la reina Victoria y el príncipe Alberto, es parte de un paisaje histórico diseñado en el estilo pintoresco por la reina Carlota en 1792, con lagos sinuosos y estructuras como el Gothic Ruin y el Indian Kiosk.

    Entre los personajes notables sepultados en Frogmore destaca el duque de Windsor, anteriormente rey Eduardo VIII, quien abdicó en 1936 para casarse con Wallis Simpson, ambos enterrados allí en 1972 y 1986, respectivamente. Sus tumbas, apartadas bajo un árbol, simbolizan su exclusión de la línea principal de la realeza. También descansan allí el príncipe Jorge, duque de Kent, padre del actual duque, fallecido en un accidente aéreo en 1942, y su esposa, la princesa Marina, enterrada en 1968.

    Otros miembros de la realeza sepultados en Frogmore son a la princesa Alicia, duquesa de Gloucester (2004), y su esposo, el príncipe Enrique, duque de Gloucester (1974), así como Sir Angus Ogilvy (2005), esposo de la princesa Alejandra. La princesa Luisa, duquesa de Argyll, hija de la reina Victoria, fue trasladada allí en 1940 tras ser cremada, marcando un hito como la primera cremación real. La reina María de Yugoslavia, bisnieta de Victoria, estuvo enterrada en Frogmore desde 1961 hasta 2013, cuando sus restos fueron trasladados a Serbia.

    Duquesa de Kent

    El cementerio también alberga a miembros de familias extendidas, como el conde de Athlone (1957), hermano de la reina María, y su esposa, la princesa Alicia, condesa de Athlone (1981), la última nieta de Victoria en fallecer. La princesa Victoria, hija de Eduardo VII, descansa allí desde 1935, conocida por permanecer soltera bajo la influencia de su madre, la reina Alejandra.

    El príncipe Arturo de Connaught (1938) y su padre, el duque de Connaught (1942), hijo de Victoria, también están enterrados en Frogmore, junto con la princesa Helena de Schleswig-Holstein (1923) y su hijo, el príncipe Harald (1928). Estas figuras, muchas trasladadas desde el Royal Vault en 1928, reflejan la diversidad de la realeza sepultada en este lugar, desde príncipes y princesas hasta consortes y descendientes de líneas colaterales.

    El entierro de la duquesa de Kent en Frogmore sigue una serie de ceremonias que subrayan su fe católica y su lugar en la historia real. El 15 de septiembre, su féretro descansará en la capilla privada del Palacio de Kensington, donde se llevará a cabo una velación familiar íntima. Posteriormente, será trasladado en coche fúnebre a la catedral de Westminster, donde se realizará el Rito de Recepción, que incluye la aspersión con agua bendita, seguido de las Vísperas oficiadas por el obispo James Curry, auxiliar de Westminster. El féretro reposará durante la noche en la capilla de la Virgen de la catedral. 

    El 16 de septiembre, a las 14:00 (hora de Londres), se celebrará una misa de réquiem presidida por el cardenal Vincent Nichols, arzobispo de Westminster, con la participación del deán de Windsor, en el primer funeral católico de un miembro real en la catedral desde su construcción en 1903. Este evento refleja la conversión de la duquesa al catolicismo en 1994, un hito aprobado por la reina Isabel II, marcando su ruptura con la tradición anglicana. Tras la misa, el féretro será transportado a Frogmore para su entierro, en presencia del rey Carlos III, la reina Camilla y otros miembros de la familia real, quienes han decretado un período de luto real hasta el día del funeral.

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • La Catedral de Westminster, el sitio del funeral católico de la duquesa de Kent

    El Palacio de Buckingham ha anunciado los detalles del funeral de Su Alteza Real la duquesa de Kent, Katharine, quien falleció pacíficamente el jueves 4 de septiembre a los 92 años en su residencia del Palacio de Kensington.

    El servicio fúnebre, programado para el martes 16 de septiembre en la Catedral de Westminster, representará un hito histórico como el primer funeral católico para un miembro de la familia real británica en la era moderna. Este evento será privado y reunirá a varios miembros de la realeza, incluido el rey Carlos III y la reina Camilla, junto con el duque de Kent, esposo de la duquesa, y sus hijos.

    La ceremonia será una misa de réquiem presidida por el cardenal Vincent Nichols, arzobispo de Westminster, con la participación del deán anglicano de Windsor, lo que subraya el carácter ecuménico del acto. Además, el rito de recepción y las vísperas serán oficiados por el obispo James Curry, obispo auxiliar de Westminster. 

    Previo al funeral, el féretro de la duquesa permanecerá en la capilla privada del Palacio de Kensington, donde se llevará a cabo una velación familiar. La víspera del servicio, el 15 de septiembre, el ataúd será trasladado en coche fúnebre a la Catedral de Westminster, donde se realizará el rito de recepción –que incluye la aspersión con agua bendita– seguido de las vísperas vespertinas. Posteriormente, reposará durante la noche en la capilla de la Virgen, configurando una capilla ardiente privada que permitirá a la familia y allegados un último homenaje antes de la misa principal.

    Duquesa de Kent

    Aunque no se decretó un período de luto nacional, la casa real expresó un duelo profundo, con el rey Carlos III, como jefe de la Iglesia de Inglaterra, asistiendo al servicio católico en un gesto de respeto interconfesional. 

    Tras la ceremonia, el féretro será transportado por carretera al Royal Burial Ground en Frogmore, Windsor, aproximadamente a 40 kilómetros de Londres, para su entierro definitivo en un entorno reservado para miembros de la realeza. Este sitio, parte de los terrenos del castillo de Windsor, alberga los restos de numerosos miembros de la Casa real británica, entre ellos los anteriores duques de Kent, suegros de la fallecida duquesa.

    La elección de la Catedral de Westminster para el funeral refleja la profunda fe católica de la duquesa, quien se convirtió al catolicismo en 1994 en una ceremonia privada oficiada por el cardenal Basil Hume, entonces arzobispo de Westminster. Esta conversión marcó un precedente significativo, ya que fue la primera miembro senior de la familia real en adoptar esta religión desde el Acta de Establecimiento de 1701, que excluye a los católicos de la sucesión al trono. 

    La decisión contó con la aprobación expresa de la reina Isabel II, y la duquesa expresó que su fe le proporcionaba consuelo y fortaleza en su vida pública y privada. Históricamente, este funeral es el primero de un miembro real en la catedral de Westminster desde su construcción en 1903, y el primero católico en la historia moderna del Reino Unido, destacando la evolución de las tradiciones religiosas en la monarquía.

    La duquesa, nacida Katharine Worsley en 1933, fue conocida por su discreción y dedicación al servicio público tras su retiro de los deberes reales en 2002. Se involucró en causas como la música, enseñando en una escuela primaria en Hull bajo el nombre de “Mrs. Kent”, y fue una figura destacada en el tenis, particularmente en Wimbledon. 

    Tributos familiares han subrayado su legado: el príncipe y la princesa de Gales la describieron como una “miembro muy extrañada de la familia” que “trabajó incansablemente para ayudar a los demás y apoyó muchas causas, incluyendo a través de su amor por la música”. El primer ministro Sir Keir Starmer elogió su “compasión, dignidad y toque humano en todo lo que hacía”. Sobrevivida por su esposo, dos hijos y una hija, su partida deja un vacío en la familia real, pero su fe y contribuciones perdurarán como testimonio de una vida dedicada al bien común.

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • Obituario: Katharine de Kent, la duquesa que escapó del esplendor real y se convirtió al catolicismo

    La duquesa de Kent, Katharine Mary Lucy Worsley, nació el 22 de febrero de 1933 y creció en el campo, en la casa familiar de Hovingham Hall, Yorkshire. Sus padres, Sir William y Lady Joyce la enviaron a la St Margaret’s School y a Runton Hall, en Norfolk, donde se destacó en música. A los 23 años Katharine conoció al príncipe Eduardo de Inglaterra.

    Nieto del rey Jorge V y primo hermano de la reina Isabel II, Eduardo había heredado el título de duque de Kent siendo muy joven, al morir su padre en un accidente de aviación en 1942. Su madre era la princesa Marina de Grecia.

    Símbolo de sus orígenes plebeyos, Katharine era descendiente directa de Frances, hija de Oliver Cromwell, famoso por liderar la revolución que derrocó a la monarquía y decapitó al rey Carlos I en 1649.

    Katherine, duquesa de Kent
    Katherine, duquesa de Kent

    La majestuosa boda de Eduardo de Kent y Katherine Worsley en York

    La pareja se comprometería cinco años después y celebró una gran boda real en York, en 1961, a la que asistieron las reinas Ingrid de Dinamarca y Victoria Eugenia de España, y en la que se conocieron Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia.

    El escenario elegido para la boda, el 8 de junio de aquel año, fue York Minster, donde Katherine había aprendido a tocar el órgano y también donde, 600 años antes, se habían casado el rey Eduardo III y Filipa de Hainaut.

    La cobertura noticiosa del evento hizo hincapié en que ella era “una chica de Yorkshire” que se casaba con el nieto de un rey, mientras que miles de lugareños se alinearon en la ruta desde York Minster para ver a la pareja mientras se dirigían a la fiesta. Sir Richard Buckley, quien fue el secretario privado del duque durante 28 años, recordó a Katharine como “una novia de cuento de hadas“.

    Muy celebrada como la primera boda de un príncipe británico con una plebeya, la unión tuvo una ferviente opositora, la madre del príncipe. Marina, duquesa de Kent, princesa por vía doble y descendiente de los zares de Rusia, odió la idea de que su hijo se casara con una chica de clase media y lo envió a estudiar a Alemania durante un año con la idea de que se olvidara a de ella.

    Viendo que los chicos estaban muy enamorados, la duquesa viuda no vio otra opción más que dar su permiso al matrimonio y deslumbró en la ceremonia.

    Katherine, duquesa de Kent
    Katherine, duquesa de Kent

    La joven duquesa de Kent inmediatamente se compenetró muy bien en sus obligaciones reales y también, como esposa de un oficial del Ejército, acompañó al duque cuando fue enviado a Hong Kong y Alemania.

    Sir Richard Buckley fue testigo de la influencia positiva de Katherine sobre su esposo, quien, cuando asumió por primera vez sus citas reales en el extranjero, era bastante tímido. Katharine, que era “una duquesa moderna y una gran admiradora de Pink Floyd“, le dio confianza al príncipe.

    Los duques establecieron su residencia en Anmer Hall, en dentro de la propiedad real de Sandringham, que era el lugar ideal para criar a sus hijos. En 1962 nació el primero, George Windsor, conde de St. Andrews. Lady Helen Windsor nació en 1964 y seis años más tarde nació el tercero, Lord Nicholas Windsor.

    Lamentablemente, la mala salud persiguió a la duquesa durante gran parte de su vida: en 1975, durante su cuarto embarazo, sufrió un aborto espontáneo, y dos años más tarde dio a luz a un niño que nació muerto.

    El dolor fue abrumador: “Tuvo el efecto más devastador en mí”, reveló en una entrevista años más tarde. “No tenía idea de lo devastador que podía ser para una mujer. Me ha hecho extremadamente comprensiva con otros que sufren el nacimiento de un bebé muerto”.

    Una profunda depresión comenzó a alejar lentamente a la duquesa del esplendor real para sumergirla en en la vida espiritual. Dos años después, toda esa emoción llegó a un punto crítico y fue ingresada en el hospital durante siete semanas de “tratamiento y descanso supervisado”.

    “Creo que sería una persona bastante rara si no cedo bajo esas circunstancias”, reflexionó en 1997. “Fue algo horrible lo que sucedió y no pensé que debía darme tiempo para superarlo. No fue un buen período, pero una vez que salí y volví a un estado de normalidad, rápidamente me di cuenta de que a muchas personas les sucede. Nunca he tenido depresión desde entonces”.

    Katherine, duquesa de Kent
    Katherine, duquesa de Kent

    En busca de respuestas espirituales, rompió con la tradición de la Familia Real y se convirtió al catolicismo en 1994, con la aprobación de la reina: “Me encantan las pautas y la Iglesia Católica te ofrece pautas. Siempre he querido eso en mi vida. Me gusta saber qué se espera de mí. Me gusta que me digan: irás a la iglesia el domingo y si no lo haces, ¡te lo perderás!”

    Hasta que se retiró de la vida pública, Katharine fue muy popular por su papel en el campeonato de Wimbledon, donde entregaba los trofeos: última vez que lo hizo fue en 2001, a Venus Williams.

    Un año más tarde se retiró oficialmente de la vida pública, renunciando a sus deberes reales para vivir en privado en su propio apartamento alquilado lejos de la corte real. Además, renunció al tratamiento de Alteza Real, pasando a ser conocida como “Katherine, duquesa de Kent” o simplemente “Katharine Kent”.

    No me gusta ser una figura pública y lo digo con mucha humildad”, reveló en una entrevista. “Es mi naturaleza, la forma en que nací. Me gusta hacer las cosas en silencio detrás de las escenas. Soy una persona muy tímida”. Un asesor real la describió como “una figura tímida, casi solitaria”, aunque asistió a la boda del príncipe Guillermo con Kate Middleton y a otros grandes eventos de la familia real.

    Katherine, duquesa de Kent
    Katherine, duquesa de Kent

    Las especulaciones sobre el estado de su matrimonio la han perseguido desde finales de los años setenta cuando sufría depresión, y muchas personas creen que ella y el duque de Kent han estado llevando vidas separadas.

    También se dijo que su decisión de convertirse al catolicismo en 1994, el primer miembro de la familia real en hacerlo desde 1685, fue tomada por sentirse incómoda con la fe anglicana del duque. Sin embargo, el propio duque de Kent acompañó a su esposa cuando ella juró en la Iglesia Católica y posteriormente asistió a misa con ella. Hablando en un documental de la BBC en 2004, todo lo que diría sobre el tema de su matrimonio fue: “Cuido de mi familia y cocino para mi esposo”.

    En el plano íntimo, la duquesa sin embargo continuó desarrollando actividades que encuadran con su perfil solidario: enseñó música en secreto durante 10 años en la escuela primaria estatal Wansbeck en Kingston-upon-Hull y en la que su verdadera identidad como miembro de la Familia Real permaneció oculta: “Siempre me ha gustado el talento, me encanta el cosquilleo cuando ves talento y comencé a darme cuenta de que estaba enseñando a niños muy, muy dotados”.

    En los últimos años, dio clases como maestra voluntaria a los niños que vivían en el edificio Greenfeld, que se incendió en 2017. En una visita a la India en la década de 1990, habló le dijo a un periodista: “Me encantan las personas, las valoro. ¿De qué se trata el mundo? No de las posesiones sino de personas que se cuidan unas a otras”.

  • Un destello de compasión en Wimbledon: cuando la Duquesa de Kent consoló a Jana Novotna

    La final femenina de Wimbledon en 1993 se convirtió en uno de los episodios más emotivos en la historia del tenis, no solo por el dramático desarrollo del partido entre la checa Jana Novotna y la alemana Steffi Graf, sino por el gesto de consuelo que siguió en la ceremonia de premiación. Novotna, entonces de 24 años y en su primera final de Grand Slam, había mostrado un tenis agresivo y efectivo, caracterizado por su servicio y volea, su revés cortado y sus frecuentes subidas a la red, lo que la posicionaba como una amenaza real para la campeona defensora.

    El encuentro comenzó con Graf ganando el primer set en un tie-break por 7-6, pero Novotna respondió con autoridad en el segundo, dominando 6-1. En el tercer set, la checa tomó una ventaja de 4-1, pareciendo destinada a un triunfo histórico. Sin embargo, los nervios la traicionaron: un doble falta en un punto clave permitió a Graf romper el servicio, y a partir de allí, Novotna no ganó otro juego, cayendo finalmente por 6-4 en el set decisivo. Este colapso repentino, descrito como uno de los más desgarradores en décadas recientes en la cancha central, dejó a Novotna visiblemente destrozada.

    Duquesa de Kent

    El clímax emocional ocurrió durante la ceremonia de trofeos en la cancha central, donde la Duquesa de Kent, Katharine, una presencia constante en Wimbledon desde la segunda mitad del siglo XX, entregaba los premios. Conocida por su dignidad discreta y su empatía, la Duquesa había roto protocolos en ocasiones previas, como abrazando al ganador Pat Cash en 1987 o acompañando a Martina Navratilova en sus nueve victorias.

    Al ver a Novotna luchando por contener las lágrimas mientras recibía su plato de subcampeona, la Duquesa se acercó, colocó un brazo alrededor de sus hombros y permitió que la tenista apoyara la cabeza en su hombro, llorando abiertamente. En ese instante, susurró palabras de aliento: “No te preocupes, Jana, sé que puedes hacerlo”. Novotna recordaría después: “Quería manejarme bien, pero cuando ella me sonrió, simplemente me solté“.

    Duquesa de Kent

    Este gesto, capturado por las cámaras y reproducido innumerables veces, trascendió el deporte, destacando una conexión humana genuina entre una royal y una atleta en medio de la formalidad real y la rigidez del torneo. Annabel Croft, ex número uno británica, comentó sobre la vulnerabilidad de Novotna: “Porque era tan implacable en la cancha y tan competitiva, ese momento en la cancha central cuando rompió en llanto mostró un lado realmente vulnerable, alguien utterly crushed y devastated por estar tan cerca de ganar”. Virginia Wade, campeona de Wimbledon en 1977, agregó: “Sé que ese estallido emocional con la Duquesa de Kent, nadie lo olvidará jamás”.

    El impacto de este episodio se extendió más allá de 1993. Cinco años después, en 1998, Novotna regresó a Wimbledon y conquistó el título al derrotar a Nathalie Tauziat, convirtiéndose en la ganadora de Grand Slam más longeva en su primer triunfo en la era abierta, a los 29 años y nueve meses. Durante la ceremonia, la Duquesa de Kent, nuevamente presentando el trofeo, sonrió con orgullo y le dijo: “Te lo dije, lo harías”. Esta redención completó un arco narrativo conmovedor, transformando la derrota de 1993 en un símbolo de perseverancia. 

    Duquesa de Kent

    Periodistas como Simon Briggs de The Telegraph reflexionaron: “Pocos atletas han tocado los corazones de extraños en la medida en que Jana Novotna lo hizo en la cancha central de Wimbledon, hace 24 años”. Christopher Clarey de The New York Times elogió su estilo: “Arqueaba profundamente la espalda antes de sacar y hacía frecuentes incursiones a su terreno de caza favorito en la red; fluía más que jugaba”. Mike Dickson del Daily Mail la describió como “una fina jugadora de singles pero una verdadera gran exponente de dobles, bendecida con una amplia gama de habilidades sutiles en las manos”.

    La muerte de Novotna en 2017 a los 49 años, tras batallar contra el cáncer, revivió el recuerdo de ese momento. La Duquesa de Kent emitió un tributo: “Jana Novotna era una dama valiente y dulce, con un maravilloso sentido del humor. Estoy muy entristecida por la noticia de su muerte y todos mis sentimientos están con su familia. Wimbledon no será lo mismo sin ella”. Este gesto no solo humanizó a Novotna, conocida por su competitividad callada y su talento, sino que también resaltó el rol de la Duquesa como una figura humana en la realeza británica, fusionando tradición con calidez genuina. A lo largo de los años, el abrazo de 1993 ha sido incluido en montajes y coberturas de la BBC, recordándonos que en el tenis, como en la vida, la compasión puede ser tan impactante como la victoria.

    Artículo original de Monarquias.com

  • Los planes para el funeral católico de la Duquesa de Kent: un tributo a su vida y fe

    La familia real británica se prepara para despedir a Katharine, Duquesa de Kent, con un servicio fúnebre según el ritual católico, en línea con sus deseos personales y su fe adoptada hace décadas. Según anuncios oficiales, el funeral será un evento privado, con detalles específicos como la fecha y el lugar aún por confirmar, aunque se anticipa que podría celebrarse en aproximadamente una semana. 

    Este será el primer funeral católico para un miembro de la familia real en la historia moderna del Reino Unido, marcando un hito en las tradiciones reales. Fuentes citadas por medios británicos indican que se espera una asistencia completa de los miembros senior de la realeza, incluyendo al rey Carlos III y la reina Camilla, así como otros familiares cercanos. 

    Como parte de los preparativos iniciales, se estableció un período de luto oficial que durará hasta el día del funeral inclusive, con medidas como el izado de banderas a media asta en el Palacio Buckingham y la colocación de un aviso formal en las rejas del palacio. Además, se abrirá un libro de condolencias en línea para que el público pueda rendir tributos.

    De Su alteza real la duquesa de Kent a “Mrs. Kent”

    Duquesa de Kent
    Katharine casó con el príncipe Eduardo, Duque de Kent, en la Catedral de York en 1961.

    La duquesa, nacida como Katharine Lucy Mary Worsley en 1933 en una familia aristocrática de Yorkshire, fue una figura única en la realeza británica por su humildad y dedicación al servicio público. Se casó con el príncipe Eduardo, Duque de Kent y primo de la difunta reina Isabel II, en una ceremonia grandiosa en la Catedral de York en 1961. Fue la primera boda real celebrada en York desde el año 1328.

    La pareja tuvo tres hijos: George, Conde de St. Andrews; Lady Helen Taylor; y Lord Nicholas Windsor, y enfrentaron tragedias personales, como un aborto inducido por rubéola en 1975 y un nacimiento de un hijo muerto en 1977. Conocida por su empatía, la duquesa ganó corazones al consolar públicamente a la tenista Jana Novotna durante la final de Wimbledon en 1993, un gesto que simbolizó su enfoque humano en los deberes reales. 

    Duquesa de Kent
    “Con profundo pesar, el Palacio de Buckingham anuncia la muerte de Su Alteza Real la Duquesa de Kent -dice el comunicado oficial este 5 de septiembre.- Su Alteza Real falleció pacíficamente anoche en el Palacio de Kensington, rodeada de su familia”.

    Apasionada por la música, tocaba piano, órgano y violín, y fundó la organización benéfica Future Talent para apoyar a jóvenes músicos de bajos recursos. En 2002, se retiró de los compromisos públicos, renunciando a su título de Alteza Real para enseñar música de manera anónima en una escuela primaria estatal en Hull durante 13 años, bajo el nombre de “Mrs. Kent”.

    La elección de un ritual católico para su funeral se debe directamente a su conversión al catolicismo en 1994, un paso audaz que la convirtió en la primera miembro de la realeza británica en hacerlo públicamente desde el Acta de Establecimiento de 1701. Esta decisión, discutida previamente con la reina Isabel II quien la aprobó, no afectó la línea de sucesión de su esposo ya que ocurrió después de su matrimonio. 

    La duquesa expresó que la fe católica le proporcionó guía y consuelo, especialmente tras sus pérdidas personales, y marcó un cambio en su vida que influyó en sus acciones posteriores, incluyendo su dedicación a causas caritativas y educativas. Aunque se separó temporalmente de su esposo en los años posteriores, nunca se divorciaron, y se reconciliaron tras un derrame cerebral de él en 2013. En sus últimos años, su salud declinante la mantuvo alejada de eventos reales como el Jubileo de Platino de Isabel II y su funeral en 2022 y la coronación de Carlos III en 2023.

    Los preparativos para el funeral incluyen consideraciones logísticas, como la posible presencia del príncipe Harry, quien estará en el Reino Unido la próxima semana, aunque su esposa Meghan se quedará en Estados Unidos. Tributos de figuras como el Primer Ministro Keir Starmer destacan su “compasión, dignidad y toque humano”, recordando su rol como una de las royals más trabajadoras. El Arzobispo de York, Stephen Cottrell, la elogió como defensora del bienestar infantil y mentora de jóvenes músicos. 

    Artículo original de Monarquias.com

  • Quién es el duque de Kent, el primo fiel de Isabel II que se niega a jubilarse

    Primo hermano de la reina Isabel II, el duque de Kent nació el 9 de octubre de 1935 en la casa de su familia en el número 3 de Belgrave Square, Londres. El secretario del Interior, Sir John Simon, estuvo presente para verificar el nacimiento, como era tradición en la monarquía inglesa desde finales del siglo XVII.

    El niño, nieto del rey Jorge V, fue bautizado en la Capilla Privada del Palacio de Buckingham el 20 de noviembre de 1935 por el arzobispo de Canterbury Cosmo Lang, y sus padrinos fueron sus abuelos paternos Jorge V y la reina María, su abuelo materno, el príncipe Nicolás de Grecia; su tío el Príncipe de Gales ; su tía la princesa María; su tío bisabuelo el duque de Connaught (hijo de la reina Victoria); y su tía bisabuela la princesa Luisa, duquesa de Argyll (también hija de Victoria).

    El padre del príncipe Eduardo fue el príncipe Jorge, duque de Kent (1902-1942) y su madre fue la princesa Marina, hija del príncipe Nicolás de Grecia y de la gran duquesa Elena Vladimirovna de Rusia, lo cual es descendiente de los reyes de Grecia y Dinamarca y de los zares de Rusia. La familia de los duques de Kent se amplió un año más tarde, con el nacimiento de la princesa Alejandra, y en 1942 nació el último hijo, el príncipe Miguel. En 1942, su padre, el príncipe George, entonces duque de Kent, murió en un accidente aéreo durante la guerra cerca de Caithness en Escocia mientras estaba en servicio activo. Fue entonces cuando el príncipe Eduardo, de 6 años de edad, heredó los títulos de duque de Kent, conde de St. Andrews y Barón Downmpatrick.

    El duque fue a la escuela preparatoria Ludgrove en Berkshire (a la que más tarde también asistió el príncipe Harry) y luego pasó a estudiar en Eton, donde le gustaba remar. Su madre, la duquesa viuda de Kent, perdió su asignación oficial y debió mudarse al campo con sus tres hijos, donde fueron criados de forma muy simple. La princesa Marina quedó sumergida en una pobreza refinada, pero continuó con su trabajo como Comandante del Servicio Naval Real de Mujeres, o Wrens, hasta su muerte en 1968. Los únicos lujos que la familia podía darse eran los que compraban con el dinero que la abuela, la reina María, enviaba a sus nietos de sus fondos privados. Posteriormente, el joven pasó a estudiar en Le Rosey en Suiza, donde fue capitán del equipo de esquí de regimiento en los campeonatos del Ejército.

    Cuando su tío, el rey Jorge VI, murió en 1952, el duque de Kent caminó en la procesión detrás del ataúd del monarca durante el funeral de estado. Un año después, en 1953, asistió a la coronación de su prima, la reina Isabel II, y por tener el rango de Duque real durante el servicio de coronación hizo una promesa de lealtad al soberano, después del príncipe Felipe y de su tío, el duque de Gloucester. Ese año, el joven duque acompañó a la princesa Marina en una gira de un mes por el Lejano Oriente y posteriormente se unió a la Royal Military Academy Sandhurst en Surrey, donde ganó el premio Sir James Moncrieff Grierson de idiomas extranjeros y se graduó como intérprete de francés.

    En 1961, el duque de Kent se comprometió con la señorita Katharine Worsley, una joven maestra hija de una familia burguesa que conoció a su novio mientras él tenía su base en la base del ejército de Catterick Camp en Yorkshire. Una espectacular boda se celebró en la ciudad de York el 8 de junio del mismo año en presencia de toda la familia real británica y representantes de otras monarquías, como el príncipe heredero Harald de Noruega, la princesa heredera Margarita de Dinamarca, Irene de Holanda, el heredero del trono griego, Constantino, con su hermana Sofía, la reina viuda Victoria Eugenia de España con su hijo, don Juan, y su nieto Juan Carlos, la reina madre Helena de Rumania, entre otros.

    Sir Richard Buckley, quien fue secretario privado del Príncipe Eduardo durante 28 años, recuerda a Katharine como “una novia de cuento de hadas”.

    Los Kent se establecieron en Anmer Hall en Sandringham Estate de la reina, ahora hogar del duque y la duquesa de Cambridge, que era el lugar ideal para criar a sus hijos tres hijos (George, conde de St Andrews, Lady Helen y Lord Nicholas). Sir Richard describió al duque como un padre “devoto” y, en su ancianidad, sigue siendo un hombre de familia comprometido y, como fotógrafo entusiasta, disfruta fotografiándolos a todos juntos.

    En años reciente, sin embargo, hubo informes que indicaban que la duquesa podía ser agorafobia y que estaban sufriendo problemas maritales, ninguno de los cuales fue comprobado. Sir Richard Buckley fue testigo de la influencia positiva de Katherine sobre su esposo, quien, cuando asumió sus cargos reales en el extranjero, era bastante tímido. Katharine, que era “una duquesa muy moderna y una gran fan de Pink Floyd”, le dio confianza al príncipe Eduardo. Actualmente el duque, que prefiere ser conocido como “Príncipe Eduardo”, aún es patrocinador, presidente o miembro activo de más de 100 organizaciones benéficas y organizaciones.

    Actualmente, los duques viven en Wren House, una casa ubicada dentro del palacio londinense de Kensington, y en Oxfordshire. El duque cuenta la música y la ópera; ingeniería, innovación y ciencia; e historia militar entre sus intereses. A la vez, mantiene estrechos vínculos con el ejército en la actualidad y tiene varios nombramientos de alto nivel y visita sus regimientos con regularidad. También realizó varias visitas tanto a Irak como a Afganistán para visitar sus regimientos cuando estaban involucrados en operaciones de combate en esas regiones.

    Según Sir Richard, el duque “nunca pierde los estribos ni se enoja”, tiene buen ojo para los detalles y una memoria excelente, a menudo recuerda los nombres de las personas a las que solo vio una vez. La reina, que eligió al duque de Kent como compañero en el desfile de su cumpleaños cuando su esposo no pudo estar, siente una gran admiración y respeto por su primo.

    Artículo original de Monarquias.com

  • “Katharine Kent”: la duquesa que escapó del esplendor y abrazó el catolicismo cumplió 91 años

    La duquesa de Kent, Katharine Mary Lucy Worsley, nació el 22 de febrero de 1933 y creció en el campo, en la casa familiar de Hovingham Hall, Yorkshire. Sus padres, Sir William y Lady Joyce la enviaron a la St Margaret’s School y a Runton Hall, en Norfolk, donde se destacó en música.

    A los 23 años Katherine conoció al príncipe Eduardo de Inglaterra. Nieto del rey Jorge V y primo hermano de la reina Isabel II, Eduardo había heredado el título de duque de Kent siendo muy joven, al morir su padre en un accidente de aviación en 1942.

    Su madre era la princesa Marina de Grecia. Símbolo de sus orígenes plebeyos, Katharine era descendiente directa de Frances, hija de Oliver Cromwell, famoso por liderar la revolución que derrocó a la monarquía y decapitó al rey Carlos I en 1649.

    Katharine, duquesa de Kent
    Katharine, duquesa de Kent

    La pareja se comprometería cinco años después y celebró una gran boda real en York, en 1961, a la que asistieron las reinas Ingrid de Dinamarca y Victoria Eugenia de España, y en la que se conocieron Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia. El escenario elegido para la boda, el 8 de junio de aquel año, fue York Minster, donde Katherine había aprendido a tocar el órgano y también donde, 600 años antes, se habían casado el rey Eduardo III y Filipa de Hainaut. La cobertura noticiosa del evento hizo hincapié en que ella era “una chica de Yorkshire” que se casaba con el nieto de un rey, mientras que miles de lugareños se alinearon en la ruta desde York Minster para ver a la pareja mientras se dirigían a la fiesta. Sir Richard Buckley, quien fue el secretario privado del duque durante 28 años, recordó a Katharine como “una novia de cuento de hadas“.

    Katherine, duquesa de Kent, es la esposa del príncipe Eduardo, duque de Kent, primo hermano de la reina Isabel II. Su suegra fue la famosa Marina de Grecia.

    Muy celebrada como la primera boda de un príncipe británico con una plebeya, la unión tuvo una ferviente opositora, la madre del príncipe. Marina, duquesa de Kent, princesa por vía doble y descendiente de los zares de Rusia, odió la idea de que su hijo se casara con una chica de clase media y lo envió a estudiar a Alemania durante un año con la idea de que se olvidara a de ella. Viendo que los chicos estaban muy enamorados, la duquesa viuda no vio otra opción más que dar su permiso al matrimonio y deslumbró en la ceremonia.

    Katharine, duquesa de Kent
    Katharine, duquesa de Kent

    La joven duquesa de Kent inmediatamente se compenetró muy bien en sus obligaciones reales y también, como esposa de un oficial del Ejército, acompañó al duque cuando fue enviado a Hong Kong y Alemania. Sir Richard Buckley fue testigo de la influencia positiva de Katherine sobre su esposo, quien, cuando asumió por primera vez sus citas reales en el extranjero, era bastante tímido. Katharine, que era “una duquesa moderna y una gran admiradora de Pink Floyd“, le dio confianza al príncipe. Durante su visita a la Feria Mundial de Brisbane: Expo 1988, Katherine fue vista como la princesa Diana de su época. Los Kents establecieron su residencia en Anmer Hall, en dentro de la propiedad real de Sandringham, que era el lugar ideal para criar a sus hijos. En 1962 nació el primero, George Windsor, conde de St. Andrews. Lady Helen Windsor nació en 1964 y seis años más tarde nació el tercero, Lord Nicholas Windsor.

    Lamentablemente, la mala salud persiguió a la duquesa durante gran parte de su vida: en 1975, durante su cuarto embarazo, sufrió un aborto espontáneo, y dos años más tarde dio a luz a un niño que nació muerto. El dolor fue abrumador: “Tuvo el efecto más devastador en mí”, reveló en una entrevista años más tarde. “No tenía idea de lo devastador que podía ser para una mujer. Me ha hecho extremadamente comprensiva con otros que sufren el nacimiento de un bebé muerto”. Una profunda depresión comenzó a alejar lentamente a la duquesa del esplendor real para sumergirla en en la vida espiritual. Dos años después, toda esa emoción llegó a un punto crítico y fue ingresada en el hospital durante siete semanas de “tratamiento y descanso supervisado”. “Creo que sería una persona bastante rara si no cedo bajo esas circunstancias”, reflexionó en 1997. “Fue algo horrible lo que sucedió y no pensé que debía darme tiempo para superarlo. No fue un buen período, pero una vez que salí y volví a un estado de normalidad, rápidamente me di cuenta de que a muchas personas les sucede. Nunca he tenido depresión desde entonces”.

    Katharine, duquesa de Kent
    Katherine, duquesa de Kent
    Katherine, duquesa de Kent
    Katharine, duquesa de Kent

    En busca de respuestas espirituales, rompió con la tradición de la Familia Real y se convirtió al catolicismo en 1994, con la aprobación de la reina: “Me encantan las pautas y la Iglesia Católica te ofrece pautas. Siempre he querido eso en mi vida. Me gusta saber qué se espera de mí. Me gusta que me digan: irás a la iglesia el domingo y si no lo haces, ¡te lo perderás!” Hasta que se retiró de la vida pública, Katharine fue muy popular por su papel en el campeonato de Wimbledon,donde entregaba los trofeos: última vez que lo hizo fue en 2001, a Venus Williams.

    Un año más tarde se retiró oficialmente de la vida pública, renunciando a sus deberes reales para vivir en privado en su propio apartamento alquilado lejos de la corte real. Además, renunció al tratamiento de Alteza Real, pasando a ser conocida como “Katherine, duquesa de Kent” o simplemente “Katharine Kent”. “No me gusta ser una figura pública y lo digo con mucha humildad”, reveló en una entrevista. “Es mi naturaleza, la forma en que nací. Me gusta hacer las cosas en silencio detrás de las escenas. Soy una persona muy tímida”. Un asesor real la describió como “una figura tímida, casi solitaria”, aunque asistió a la boda del príncipe Guillermo con Catalina Middleton y a otros grandes eventos de la familia real.

    Katherine, duquesa de Kent
    Katharine, duquesa de Kent
    Katharine, duquesa de Kent

    Las especulaciones sobre el estado de su matrimonio la han perseguido desde finales de los años setenta cuando sufría depresión, y muchas personas creen que ella y el duque de Kent han estado llevando vidas separadas. También se dijo que su decisión de convertirse al catolicismo en 1994, el primer miembro de la familia real en hacerlo desde 1685, fue tomada por sentirse incómoda con la fe anglicana del duque. Sin embargo, el propio duque de Kent acompañó a su esposa cuando ella juró en la Iglesia Católica y posteriormente asistió a misa con ella. Hablando en un documental de la BBC en 2004, todo lo que diría sobre el tema de su matrimonio fue: “Cuido de mi familia y cocino para mi esposo”.

    En el plano íntimo, la duquesa sin embargo continuó desarrollando actividades que encuadran con su perfil solidario: enseñó música en secreto durante 10 años en la escuela primaria estatal Wansbeck en Kingston-upon-Hull y en la que su verdadera identidad como miembro de la Familia Real permaneció oculta: “Siempre me ha gustado el talento, me encanta el cosquilleo cuando ves talento y comencé a darme cuenta de que estaba enseñando a niños muy, muy dotado”. En los últimos años, dio clases como maestra voluntaria a los niños que vivían en el edificio Greenfeld, que se incendió en 2017. En una visita a la India en la década de 1990, habló le dijo a un periodista: “Me encantan las personas, las valoro ¿De qué se trata el mundo? No de las posesiones sino de personas que se cuidan unas a otras”.

  • Así fue como el implacable “Sistema Kensington” amargó horriblemente la infancia de la reina Victoria

    Fue emperatriz del imperio más grande del mundo, pero creció en una verdadera jaula de oro. Siete estrictas reglas dominaron su existencia alejada de cualquier contacto con otros niños.

    “Entré en mi sala de estar (solo con mi bata) y los vi. Lord Conyngham luego me informó que mi pobre tío, el rey, ya no existía, y que había expirado a las dos y doce de la mañana y, en consecuencia, que yo era la reina”. Así es como Victoria de Inglaterra recordó el momento que cambiaría su vida para siempre. A las seis de la mañana del 20 de junio de 1837, la joven princesa fue despertada de su cama para ser informada de que su tío, el rey Guillermo IV, había muerto durante la noche.

    Esto significaba que Victoria, que solo tenía 18 años en ese momento, ahora era la reina de Inglaterra. A pesar de su corta edad, Victoria tomó las riendas estoicamente. Se mantuvo tranquila y no necesitó de las sales aromáticas que su institutriz había preparado para ella. En su primera reunión con su consejo privado, unas pocas horas después, los nuevos ministros de Victoria se alzaron sobre ella: Era pequeña y tuvo que sentarse en una plataforma elevada para poder verla. Sin embargo, lo que a Victoria le faltaba en altura, lo compensó con determinación y rápidamente causó una impresión favorable. Era, en definitiva, el primer día de su vida, después de haber pasado los anteriores 18 años sometida a una estricta y triste infancia.

    Victoria nació el 24 de mayo de 1819 en el Palacio de Kensington.
    Retratos de Victoria y sus padres Eduardo, duque de Kent, y Victoria Mary Luisa de Sajonia-Coburgo.

    Aunque Victoria asumió sus responsabilidades reales con notable confianza, no había estado destinada al trono. Cuando nació en 1819, la posibilidad de convertirse en reina parecía muy remota. Como hija única del cuarto hijo del rey Jorge III, Eduardo (duque de Kent), era la quinta en la sucesión al trono. Sin embargo, cuando llegó a la adolescencia, a la muerte de su padre, sus hermanos y cualquier otro heredero legítimo la convirtieron en la heredera más cercana de Guillermo IV. Victoria pasó sus años de formación en el Palacio de Kensington, Londres. Sin embargo, en muchos sentidos, el palacio resultó ser una prisión para la princesa, y su infancia allí fue muy triste. Tras la muerte de su padre a causa de una neumonía, cuando ella tenía apenas ocho meses, su vida estuvo dominada por su madre, la duquesa de Kent, y su ambicioso asesor.

    Justo hasta que se convirtió en reina, Victoria se vio obligada a compartir un dormitorio con su madre.

    Su madre Victoria Mary Luisa era, por nacimiento, princesa de Sajonia-Coburgo-Saafeld. Desde que llegó a Londres en 1818, para casarse con el duque de Kent, la princesa alemana se empecinó en llevarse mal con todo el mundo, empezando por sus cuñados los reyes Jorge IV y Guillermo IV. Al morir su marido en 1820, la duquesa de Kent vio su oportunidad para alcanzar el poder mediante la regencia de su pequeña hija, que ya había ascendido todos los escalones posibles en la sucesión al trono. Se alió con sir John Conroy, un ambicioso, perverso, prepotente y violento funcionario que robaba dinero y hasta llegó a golpear a la duquesa frente a su hija cuando no conseguía lo que deseaba. Conroy tenía grandes esperanzas: imaginaba que la princesa Victoria llegaría al trono a una edad temprana, necesitando así un gobierno de regencia, que sería dirigido por la duquesa. Su plan era aislar a la duquesa de Kent y su hija de otros miembros de la familia real para que solo él estuviera en condiciones de aconsejarlos.

    John Conroy mantuvo un control estricto sobre la princesa

    Como secretario personal de la duquesa de Kent, sir John Conroy sería el verdadero “poder detrás del trono”, pero no contaba con que Guillermo IV, sobreviviera el tiempo suficiente para que Victoria alcanzara su mayoría. Por la influencia de Conroy, la relación entre la duquesa viuda y Guillermo IV se agrió al punto de ser exiliada de la corte mientras ella impidió que el rey visitara a su sobrina y heredera. Confinada al palacio de Kensington y sin asignación propia, la duquesa vivía en el resentimiento, todo lo cual condujo a una dramática escena durante una cena en 1836 cuando el rey, harto de la duquesa y de Conroy, expresó en un banquete la esperanza de vivir lo suficiente para evitar la regencia de “una persona que está sentada cerca mío, que se encuentra rodeada por malos consejeros y es incompetente para comportarse con propiedad en cualquier posición en que se le situara”. Sintiéndose “groseramente insultada” la duquesa se retiró del banquete escandalosamente.

    Sir John Conroy, asesor personal y ambicioso amante de la duquesa de Kent.

    Victoria conservó pésimos recuerdos de su infancia, dominada por la ambición de la duquesa y su presunto amante, que tenía la intención de establecerse como el poder detrás del trono en el caso de una Regencia (en la que la madre de Victoria gobernaría con ella si ella accediera cuando aún era menor de edad). Viuda a los dos años de casada -cuando tenía apenas 32 años- la duquesa creó en torno a su hija una especie de proteccionismo neurótico, destinado a preservar la esperanza de la monarquía y, de esta forma, tanto su futura influencia en el gobierno como su bienestar económico. La pareja impuso un código de disciplina sofocante a la joven Victoria, que llegó a conocerse como el ‘Sistema Kensington’. Junto con un calendario estricto de lecciones para mejorar su rigor moral e intelectual, este asfixiante régimen dictaba que la princesa no pasaba mucho tiempo con otros niños y estaba bajo la supervisión constante de un adulto. Justo hasta que se convirtió en reina, Victoria se vio obligada a compartir un dormitorio con su madre. Se le prohibió estar sola, o incluso bajar las escaleras sin que alguien la tomara de la mano.

    Victoria Mary Luisa, viuda del príncipe Eduardo de Inglaterra, duque de Kent.

    Así, la princesa Victoria no pudo tener su propia habitación en el palacio de Kensington y tuvo que dormir en una pequeña cama, casi una cuna, al lado de la cama de su madre hasta que cumplió 18 años. La vigilancia de la duquesa hacia su hija era absoluta y las reglas de máximo cuidado reinaban en la casa: la princesa no podía subir ni bajar escaleras sin un adulto que le diera la mano. Cada tos, cada trozo de pan y mantequilla consumidos, cada carta y cada paso debía ser reportado a Conroy. Según el medio hermano de Victoria, el príncipe Karl de Leiningen, “la base de todas las acciones, de todo el sistema seguido en Kensington” era asegurar que solo la duquesa de Kent tuviera influencia sobre su hija y que “nada ni nadie fuera ser capaz de sacar a la hija de su lado”. Ese sistema implicaba la vigilancia constante de la niña “hasta el detalle más pequeño e insignificante”.

    La duquesa de Kent tuvo poca presencia en la corte de su hija y murió en 1861.

    La joven Victoria aprendió a odiar a Conroy por su nociva influencia y el maltrato que les dispensaba a ella y a su madre. Lo describió como “un monstruo” y “un demonio”. Más adelante en su vida, ya coronada como reina, Victoria reflexionó que tuvo “una vida muy infeliz de niña… y no sabía qué era una vida familiar feliz”. Ella mantuvo un profundo odio hacia John Conroy por manipular a su madre e imponerle reglas tan rígidas, que luego lo describió como “la encarnación del demonio”. No fue sino hasta convertirse en reina, en 1837, cuando Victoria pudo liberarse de las garras claustrofóbicas de Conroy y su madre. Su relación con su madre permaneció tensa y distante durante muchos años y limitó ferozmente la influencia de Conroy en la corte. Apenas dos años después de que Victoria tomara el trono, el hombre renunció a su puesto y se fue a Italia en medio de vergüenza y escándalo.

    Durante toda su infancia, la vida de Victoria estuvo dominada por 7 reglas inquebrantables:

    1. No podía pasar tiempo sola y siempre tenía que dormir en la habitación de su madre. No podía bajar las escaleras sin tomar la mano de un adulto en caso de que se cayera.

    2. No podía reunirse con ningún extraño o tercero sin que su institutriz estuviera presente.

    3. Tuvo que escribir en un “Libro de comportamiento” qué tan bien se había comportado cada día, para que su madre pudiera evaluar su progreso. A veces era bueno, a veces “MUY SUCIA”.

    4. Solo podía aparecer en público en “giras publicitarias” cuidadosamente gestionadas por su madre y sir Conroy con el objetivo de distanciarla del impopular régimen de sus tíos, los reyes Jorge IV y Guillermo IV, y presentarla como “la esperanza de la nación”.

    5. No podía bailar la nueva danza escandalosa e íntima llamada el “vals”, ni siquiera (como se suele decir) con personas de la realeza. Nunca lo haría hasta su boda con el príncipe Alberto.

    6. Debía aumentar su fuerza corporal haciendo ejercicio con sus máquinas de madera y una máquina con poleas y pesas. Tomar suficiente aire fresco diariamente, otra de las reglas, la convertiría en una amante de las ventanas abiertas para toda la vida, incluso en invierno.

    7. No podía elegir su propia comida. Se le permitía comer pan con leche y carne de cordero asada, y se le prohibió comer sus cosas favoritas: dulces y frutas. El menú era previamente aprobado por Sir John Conroy.