Etiqueta: Delphine Boel

  • Quién es quién en la realeza: Astrid de Bélgica, la soñada “reina” de los belgas, cumple 60 años

    Trabajadora incansable por causas justas, la hija de Alberto II y Paola sonó como posible sucesora del rey Balduino cuando la popularidad de su hermano Felipe estaba por los suelos.

    La princesa Astrid es uno de los miembros más populares y respetados de la familia real de Bélgica, sobre todo por su labor en el marco económico y cultura del país. Al igual que sus hermanos, realiza giras internacionales presidiendo comitivas económicas belgas para establecer relaciones comerciales con países en vía de desarrollo y muchos años atrás estuvo en la mira de la opinión pública al ser la favorita de los belgas para ocupar el trono y convertirse en la primera reina de Bélgica por derecho propio, después de su tío Balduino I.

    De nombre completo Astrid Joséphine-Charlotte Fabrizia Elisabeth Paola Marie, vino al mundo el el 5 de junio de 1962 como la segunda hija de los entonces príncipes de Lieja, Alberto, hermano menor del rey Balduino, y Paola, noble de origen italiano, los cuales habían contraído matrimonio el año anterior. Antes que ella, que en el momento de su nacimiento adquirió la condición de Princesa de Bélgica con tratamiento de alteza real, nació el príncipe Felipe -actual rey- en 1960, y un año después que Astrid nació el príncipe Laurent.

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    De los tres, la primero en casarse, antes de que los padres cambiaran la condición principesca por la real, fue Astrid. Su boda el 22 de septiembre de 1984 con el archiduque Lorenz d’Aviano, cabeza de la Casa Archiducal de Austria-Este, reunió a un sinfín de príncipes y princesas euroepas en Bruselas y la convirtió en Archiduquesa de esta casa de Habsburgo con los tratamientos de Alteza Imperial y Real.

    Astrid y Lorenz dieron a Alberto y Paola sus primeros nietos: Amadeo (1986), María Laura (1988), Joaquín (1991) y Luisa María (1995), a los que posteriormente iba a sumarse Leticia María (2003). Todos ellos son Archiduques de Austria-Este y Príncipes de Bélgica y ocupan un puesto en la sucesión al trono. Astrid tiene, además, dos nietos.

    El hecho de que los reyes Balduino y Fabiola no tuvieran hijos colocó al padre de Astrid al frente de la línea sucesoria, pero sólo sobre el papel. En la década de los ochenta la opinión pública se convenció de que Alberto, que ya era cincuentón y había arrastrado una imagen de cierta indolencia mundana o de desapego a las obligaciones institucionales, terminaría renunciando a sus derechos sucesorios, probablemente en favor de su vástago mayor, con el que las relaciones en público, empero, no destacaban por su calidez.

    En efecto, el discreto príncipe Felipe, cuya personalidad era descrita como introvertida y lacónica, quizá insegura, muy diferente al carácter de su padre cuando tenía su edad, venía recibiendo una instrucción tal que sugería su preparación para convertirse en el sucesor directo de su tío cuando llegara el momento. Pero también podría estar pensándose en su hermana Astrid, tal como sugirió la abolición de la ley sálica en 1991. Esta nueva regla modificó el orden sucesorio, ubicando a Astrid por delante de su hermano menor y después de Felipe, lo que aumentó las chances -y las esperanzas de muchos belgas- de convertirse en la primera mujer que ocupa el trono de los Sajonia-Coburgo.

    Cuando el rey Balduino murió en 1993 hubo un momento de confusión cuando los diarios comenzaron a mencionar a Astrid como la posible nueva heredera del trono en detrimento de Felipe, pues al fin y al cabo era la favorita de Alberto (el nuevo rey) y la más popular de la familia real. Los belgas sabían que sería muy difícil sustituir a Balduino, un hombre que había llegado a una profesionalidad y a un rigor en el ejercicio de su trabajo de difícil parangón entre sus pares. Paralelamente, Felipe a los 33 años aún no estaba casado y al parecer no se había mostrado interesado en asumir su destino real.

    La princesa Astrid siempre demostró especial preocupación por aquellos en la sociedad que corren el riesgo de caer a través de redes de abuso, violencia y trata de personas, y apoya iniciativas que ayudan a las personas desfavorecidas, en particular a las madres solteras y a las personas que carecen de educación y habilidades. Su amplio currículum incluye la membresía honoraria del Comité Paralímpico Internacional (IPC), presidenta honoraria de la organización benéfica Action Damien / Damiaanactie, cargo en el que sucedió a la reina Fabiola, Presidenta Honoraria de la Fundación Médica Reina Elisabeth y de los Fondos Científicos y Médicos de la Fundación Rey Balduino, estas dos destinadas a apoyar la investigación médica fundamental.

    Astrid también está involucrada en la lucha contra las epidemias y pandemias, como Representante Especial de la Alianza Roll Back Malaria (RBM), y enfocó sus esfuerzos por combatir las minas antipersonal como Enviada Especial de la Convención de Prohibición de Minas Antipersonal de Ottawa, liderando un grupo de trabajo encargado de promover el tratado a nivel diplomático en los estados que aún no lo habían hecho. Unido. La princesa Astrid se incorporó a las Fuerzas Armadas belgas el 22 de mayo de 1997 y es coronel de la Unidad Médica.

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  • Delphine de Bélgica ocupará un rol secundario en el futuro de la familia real, según informes

    Si bien ha sido invitada a presenciar el desfile militar de la Fiesta Nacional por primera vez desde su reconocimiento como hija de Alberto II, la princesa Delphine de Sajonia-Coburgo conservará un lugar secundario dentro de la familia real y no se espera que esto cambie a corto plazo, según informes de la prensa belga.

    La princesa Delphine ahora es completamente parte de la familia real, aunque su papel será diferente al de Astrid y Laurent”, escribe el periodista Wim Dehanschutter. El cronista real del diario Het Nieuwsblad asegura que si bien su presencia en la fiesta nacional es “una señal importante”, el futuro papel de Delphine en la familia real “seguirá siendo limitado”.

    La Fiesta Nacional será la tercera vez que la princesa Delphine se reúne con miembros de la familia real desde que la Justicia le reconoció su derecho a titularse princesa, poniendo punto final a la disputa que comenzó en 2013.

    El próximo 21 de julio, la princesa Delphine compartirá la tribuna real con el rey Felipe y la reina Matilde, pero estará ubicada después de sus hermanos, el príncipe Laurent y la princesa Astrid. La princesa Delphine asistirá con su pareja, Jim O’Hare, pero no la acompañarán sus hijos, Joséphine y Oscar, que recibieron el título de príncipes tras el reconocimiento de su madre en octubre de 2020.

    Desde su reconocimiento en la corte a principios de octubre de 2020, se le han abierto las puertas en Laeken”, recordó el cronista. Pero pese a esto, “Delphine solo jugará un papel pasivo en la monarquía belga en el futuro”. “A lo sumo, aparecerá en eventos familiares públicos. En febrero ya asistió a un servicio conmemorativo de la familia real en la cripta de Laeken”, aseguró.

    El periodista remarcó que el estatus real de Delphine “es diferente al de la Princesa Astrid y el Príncipe Laurent, quienes realizan actividades oficiales durante todo el año y reciben una donación por ello”. Y recordó: “Las apariciones públicas con las que la nueva princesa ha estado en los medios de comunicación en los últimos meses, no lo hizo en nombre del palacio real, sino como persona privada”.

    Habiendo pasado toda su vida fuera del ojo público, Delphine manifestó tras su reconocimiento como hija de Alberto II que seguiría su vida como era, más allá de su título real. “Delphine, que no recibe una donación, continúa haciendo lo que hizo antes de su reconocimiento: hacer arte”, dice Wim Dehandschutter.

    “Ahora también se ha añadido una línea de ropa: vende vestidos por 1.550 euros. Según nuestra información, Delphine no llevará su propia creación el 21 de julio. No quiere dar la impresión de que utiliza la fiesta nacional como medio para promover sus actividades comerciales”, finalizó.

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  • Delphine de Bélgica se unió a la familia real en un homenaje a sus antepasados reales

    La princesa Delphine de Sajonia-Coburgo, recientemente reconocida como hija del ex rey Alberto II de Bélgica, participó junto a su esposo de un sentido homenaje a los miembros fallecidos de la familia real en la Cripta Real de la Iglesia de Nuestra Señora de Laeken.

    Después del encuentro con su hermano el rey Felipe, en el Castillo de Laeken, y con el rey Alberto II y la reina Paola en el Castillo de Belvédère, este es el tercer encuentro privado que se hace público desde el reconocimiento oficial de la artista Delphine Boël como Princesa de Bélgica.

    Desde el 1 de octubre, fecha en la que el Tribunal de Apelación de Bruselas dictó sentencia, Delphine Boël es considerada hija legítima del rey Alberto II.

    La fecha para la reunión familiar, que contó además con la presencia de la princesa Astrid (hermana de Delphine) no fue elegida al azar. El 17 de febrero de 1935 se celebró en Laeken una misa en conmemoración de la muerte del rey Alberto I, quien había muerto accidentalmente en un accidente de montañismo Marche-les-Dames exactamente un año antes.

    Tras la trágica muerte de la reina Astrid (madre de Alberto II) el 29 de agosto de 1935, se decidió conmemorar cada 17 de febrero a todos los miembros fallecidos de la familia real.

    Se trata de la tercera vez que Delphine se reúne con miembros de la familia real desde que la Justicia le reconoció su derecho a titularse princesa, poniendo punto final a la disputa que comenzó en 2013.

    Desde entonces, cada año se celebra una misa en esta fecha en la iglesia de Laeken, a las afueras de Bruselas. Si bien este año no se pudo celebrar misa por las medidas sanitarias, los miembros de la familia real, incluidos la princesa Delphine y su esposo Jim O’Hare, se turnaron para rezar en la cripta.

    Esta es la primera vez que la familia real invita a Delphine de Sajonia-Coburgo a esta ceremonia, en un nuevo intento por mostrar una familia unida y reconciliada con el pasado. “La princesa Delphine fue invitada como sus hermanos y hermanas y respondió positivamente”, dijo el director de comunicación del Palacio, Francis Sobry.

  • Delphine de Bélgica: “Me trataban mal y el día que me reconocieron, la gente cambió”

    La princesa Delphine de Sajonia-Coburgo, hija del exrey Alberto II de Bélgica, reconoció haber sufrido el desprecio público durante su batalla por el reconocimiento.

    “Me trataban mal. El día que me reconocieron, la gente cambió”. Incluso los círculos nobles “cambiaron por completo” en su trato hacia ella. “Pero eso puede suceder en todos los niveles de la sociedad”, reconoció la princesa en una entrevista concedida al canal de televisión belga LN24.

    Delphine, de 52 años, reconoció que “es importante que los hermanos y hermanas sean tratados por igual”, meses después de que su medio hermano, el rey Felipe, la recibiera en su residencia de Laeken. Después fue recibida en el castillo de Belvedere por su padre, el rey Alberto II, y la reina Paola, dos encuentros que calificó como “dos pasos en la dirección correcta”.

    Ya sea un hijo ilegítimo o el hijo de un primer matrimonio que no es admitido en una familia recién formada: una persona repudiada es vista sesgada por la sociedad”, dijo.

    “Un niño no ha pedido nacer. Por eso es importante que la familia deje claro que es parte de nuestra vida. Para que el mundo exterior también lo acepte. Entonces, la aceptación comienza con la familia, luego sigue la sociedad”, agregó la princesa.

    Delphine, nacida en 1968 de la relación secreta entre el entonces príncipe Alberto y la baronesa Sibile de Selys-Longchamps, dijo en el reportaje tener “mucha suerte de tener un hombre que es extremadamente dulce y muy leal”, refiriéndose a su esposo. Además, dijo que es “absolutamente” monárquica pero volvió a aclarar que no quiere dinero del Estado: “Eso no está en mi naturaleza”.

  • Felipe de Bélgica, nombrado ‘Personalidad del año’: “Volvió a hacer viable la monarquía”

    El rey Felipe I de Bélgica fue nombrado como una de las personalidades del año 2020 de su país su papel en la tarea de reparar los errores del pasado de la familia real belga.

    Se trata de la primera vez que el rey de los belgas, de 60 años, aparece en la lista de personas destacadas realizada por el diario Het Nieuwsblad, ya que “completó su año más fuerte en el trono belga” y “volvió a hacer viable la monarquía”, según el periódico.

    El corresponsal de la realeza Wim Dehandschutter explicó que “la cálida bienvenida de su media hermana Delphine (19.215 días después de su nacimiento), las disculpas a la ex colonia belga Congo y sus exitosos trucos para formar un gobierno (494 días después de las elecciones)” fueron los momentos decisivos del rey Felipe durante 2020.

    Como príncipe heredero, a veces socavó la existencia continua de la monarquía, como rey resuelto reanima la institución amenazada. ¿Una persona tiene que haber cumplido 60 años para convertirse en un buen rey?”, se pregunta Dehandschutter en diálogo con MONARQUIAS.COM.

    En junio, Felipe I expresó su “más profundo pesar” al Congo por el reinado del rey Leopoldo II

    “Y pensar que toda su vida fue visto como un torpe, un inepto, una amenaza para la monarquía más que una fortificación. Los belgas parecen comprender gradualmente que Felipe compensa su falta de apariencia con ganas de trabajar y buenas intenciones. Está creciendo en su papel”, agregó el experto.

    El cronista recordó que en junio de este año el monarca expresó su “más profundo pesar” al Congo por el reinado del rey Leopoldo II (1865-1909), quien es recordado por su mandato sobre el Estado Libre del Congo, en el que se estima que murieron millones de congoleños al infligir un régimen de violencia y explotación, extrayendo la riqueza del país para su propio beneficio personal.

    En una carta al presidente Félix Tshisekedi, el rey Felipe mencionó explícitamente los “actos de violencia y atrocidades que continúan pesando en nuestra memoria colectiva”, incluso en las décadas posteriores a la muerte de Leopoldo II.

    En octubre, el rey recibió a su media hermana Delphine de Sajonia-Coburgo en Laeken.

    Felipe es, por lo tanto, el primer rey belga que habla de los horrores del pasado. Porque, dice, ‘es hora de aceptar el pasado’”, explicó Dehandschutter. “Su carta a Tshisekedi es un gran paso adelante en la mejora de las relaciones entre Bélgica y su antigua colonia”, agregó.

    Otro de los aciertos del año para Felipe fue recibir en su residencia a su hermana, la artista Delphine Boel, quien fue finalmente reconocida como hija biológica del ex rey Alberto II tras una extensa batalla judicial. Como resultado de la sentencia, la artista fue nombrada Princesa, con el apellido dinástico de Sajonia-Coburgo.

    El rey “hizo lo que el rey Alberto no pudo hacer durante años e incluso se opuso legalmente”, remarcó el periodista. “Fue una reunión cálida”, escribieron en un comunicado de prensa conjunto, firmado por Felipe y Delphine. “Despojados de sus títulos de Rey y Princesa. Solo se mencionan sus primeros nombres. La sangre los conecta, hermano y hermana”, dijo.

    “Delphine y Congo, dos capítulos dolorosos de la historia de la familia real. Dos capítulos que el rey Felipe no escribió él mismo. Pero en el que se encargó de las rectificaciones, con efectos secundarios positivos”, dijo Dehandschutter. Felipe trabajó en su autoridad moral, el arma más importante que todavía tiene un rey”, agregó

    El acercamiento del rey Felipe con su hermana menor, Delphine, “fue un rompehielos para el rey Alberto”, quien semanas después la recibió junto a la reina Paola en su Castillo de Belvédere. “Su encuentro con Delphine fue un golpe maestro. Detuvo el programa de malas noticias para la monarquía. Y se presentó, nuevamente, como un cálido hombre de familia”, dice el experto.

    ¿Volverá Felipe a convertir a los belgas en monárquicos? “Eso puede parecer demasiado trascendente en un país donde más de cuatro de cada diez ciudadanos votan por un partido de mentalidad flamenca (antimonárquicos), pero se puede concluir que Felipe ha vuelto a hacer viable la monarquía”, responde Dehandschutter.

  • Efecto Delphine: los reyes Alberto y Paola de Bélgica modificaron su contrato matrimonial

    Los exmonarcas dividieron sus bienes en una jugada legal que podría reducir ampliamente el legado que le corresponde a la hija extramatrimonial de Alberto II.

    Los ex reyes de Bélgica, Alberto II y Paola, modificaron su contrato matrimonial, en un arreglo que reduce la herencia a la hija reconocida del exmonarca, Delphine de Sajonia-Coburgo. Hasta el momento, los ex reyes, con 61 años de matrimonio, mantenían un contrato matrimonial de bienes comunes, pero recientemente han decidido enmendarlo para dividir la propiedad.

    La ley de enmienda consiste en dividir la propiedad común de la pareja de ancianos. Si la mayor parte de la propiedad va a Paola, Alberto reduce la herencia de su hija recién reconocida Delphine”, explicó el periodista y conocedor de la monarquía belga Wim Dehandschutter.

    El reconocimiento de la artista Delphine Boel como hija extramatrimonial de Alberto II con la baronesa Sibile de Selys-Longchamps, tras muchos años de batalla judicial, implica que la ahora princesa de Sajonia-Coburgo adquiriera el derecho a recibir parte de la herencia de su padre tras su muerte.

    Primer encuentro de Delphine con Alberto II y Paola en octubre.

    “Hasta hace poco, Alberto y Paola estaban casados bajo un contrato matrimonial con una separación de bienes con una comunidad de bienes limitada. Convirtieron eso en una separación de bienes. Eso significa que vuelven a ser económicamente independientes entre sí. Todo lo que estaba incluido en su propiedad común, el rey retirado y la reina lo dividieron de común acuerdo”, explicó Dehandschutter.

    Para el rey Felipe, Astrid y Laurent, la división de bienes de sus padres no cambia nada, porque ya sea que los bienes se agreguen a los activos de Alberto o Paola, los heredarán de todos modos. “Pero para Delphine hace una gran diferencia si la mayor parte fue para Paola”, agregó el experto. No se sabe qué porcentaje del patrimonio común fue a parar a cada uno de los cónyuges.

    Delphine de Sajonia-Coburgo con su hermano, el rey Felipe.

    Citando a un juez de familia, el periódico belga Nieuwsblad explica que “la ley belga no define si hay que dividirlo en cincuenta por ciento”, por lo que “bien podría ser el 80 por ciento para uno y el 20 por ciento para otro”.

    “De modo que puede asegurarse de que la mayor cantidad posible vaya a uno de los dos”, dijo la fuente. “De esta manera evitan que, por ejemplo, el dinero, los bienes raíces o las joyas preciosas terminan en el lado equivocado de la familia. Entonces parece que Alberto está asegurando su patrimonio”.

  • Delphine de Bélgica: ¿tiene derecho a recibir un salario estatal ahora que es princesa?

    La más reciente incorporación de la Familia Real belga lleva años diciendo que su reclamo de filiación no tenía motivos económicos. El gobierno y el Parlamento parecen haber zanjado la cuestión de un salario oficial.

    Reconociendo que Delphine Boël es la hija de Alberto II, el Tribunal de Apelación de Bruselas concluyó a principios del mes de octubre que no se podía hacer ninguna distinción entre hijos legítimos e hijos ilegítimos, y que todos deberían ser tratados en perfecta igualdad de condiciones. En ese sentido, la artista belga pasó a ser Su Alteza Real la Princesa Delphine de Bélgica con el apellido de Sajonia-Coburgo.

    Sin embargo, queda un interrogante. Esta semana, la diputada belga Barbara Pas (del partido de derecha VB) aprovechó la oportunidad para señalar, nuevamente, el presupuesto de la Casa Real. Su razonamiento es que los principios de no discriminación e igualdad de trato entre los hijos del rey deben aplicarse también a los salarios que reciben la princesa Astrid y el príncipe Laurent, hermanos menores del rey Felipe.

    Dotar a Delphine de Sajonia-Coburgo con un salario proveniente del Estado “en este período de ajuste”, causado por la pandemia del coronavirus, sería “totalmente inaceptable”, dijo la diputada, quien en cambio sugirió eliminar los salarios estatales otorgados a la princesa Astrid y al príncipe Laurent.

    El primer ministro Alexander De Croo respondió que la sentencia del Tribunal de Apelación no planteó “ningún problema en términos del principio constitucional de igualdad” y que, por lo tanto, no obliga a modificar “leyes y reglamentos vigentes”. Por ello, explicó que el gobierno no tiene previsto retirar las subvenciones a Astrid y Laurent y tampoco dotar a Delphine de un salario estatal.

    La Casa Real de Bélgica recibe 13 millones de euros anuales provenientes de los fondos públicos, de los que una parte está destinada a salarios y el resto cubre el mantenimiento de las viviendas reales, los gastos de las visitas oficiales, los de la calefacción, la electricidad y el parque automovilístico. No se incluyen los costos de viajes oficiales ni de seguridad.

    En 2014, el Senado belga reorganizó el sistema de subvenciones de la familia real. Los hijos del rey, con la excepción de la heredera al trono, ya no recibirán salarios provenientes de fondos públicos. Desde entonces, la Lista Civil se reparte entre el rey, la reina consorte, el príncipe heredero y su consorte, el ex monarca y su consorte o la reina viuda.

    Sin embargo, la nueva ley no planteó cambios en los salarios de los príncipes Astrid (cerca de 330.000 euros) y Laurent (unos 320.000 euros), quienes asumen tareas oficiales de representación y, por lo tanto, no pueden ejercer una actividad profesional. “Esto significa que tienen derecho a su donación de por vida”, dice Marc Uyttendaele, experto constitucionalista belga y abogado de Delphine.

    Vincent Dujardin, profesor de historia contemporánea en la Universidad Catolica de Lovaina, explica que Delphine no tiene derecho a un salario oficial: “No, en la medida en que no ha habido matrimonio que haya sido validado y refrendado por un gobierno que permita tener una actividad pública y una investidura; y cumplir con los deberes de representación del rey”.

    El experto compara la situación con las princesas Esmeralda y María Cristina, las hijas del segundo matrimonio del rey Leopoldo III, que no reciben una dotación del Estado belga ya que no cumplen con actividades oficiales ni ocupan un lugar en la sucesión al trono.

    Delphine no pretende asumir ninguna misión de representación y no imagina por un segundo dejar su trabajo”, recordó Uyttendaele en una entrevista. La propia princesa dijo recientemente que sus motivaciones de reconocimiento familiar nunca fueron monetarias. “Por tanto, es absurdo, como ha dado a entender un abogado de Alberto II, que alguna vez busque una dotación. Ella no tiene derecho a ello y no tiene la intención de ser una carga para el estado”, afirmó Uyttendaele.

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  • Los hijos ilegítimos del rey Leopoldo I de Bélgica: quiénes fueron y cómo vivieron

    Ennoblecidos por la dinastía Sajonia-Coburgo, Georg y Arthur von Eppinghoven mantuvieron buenas relaciones con la familia real belga.

    Ya no es un secreto que algunos reyes belgas fueron infieles a sus reinas: de hecho, desde Leopoldo I (1790-1865), el primer rey de los belgas, varios de sus descendientes no solo vivieron notorias relaciones extramatrimoniales, sino que además tuvieron hijos con mujeres que no eran sus esposas.

    El último ejemplo es Alberto II, quien abdicó en 2013 y este año finalmente reconoció que la artista Delphine Boel es su hija. Su ancestro, Leopoldo de Sajonia-Coburgo, mantuvo una efímera amistad con la actriz y cantante de ópera alemana Caroline Bauer (1807-1877) y una apasionada relación durante más de veinte años con su amante Arcadie Clairet (1826-1897) con quien tuvo dos hijos ilegítimos.

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    ARCADIE CLARET

    A principios de 1844, Leopoldo I conoció a Arcadie, entonces una adolescente de apenas dieciocho años, con quien casi de inmediato inició un romance. El rey, de 54 años, le compró un lujoso edificio en el municipio de Sint-Joost-ten-Node, cerca de Bruselas, pero no pudo lograr que su relación pasara mucho tiempo desapercibida y fue ampliamente comentada en la prensa. Para poner fin a las críticas, el rey organizó un matrimonio de conveniencia entre su amante y su caballerizo Ferdinand Meyer.

    En noviembre de 1849, oculta en un monasterio de Lieja, Arcadie dio a luz a Georg, el hijo de Leopoldo (quien ya tenía tres hijos con la reina María Luisa). Cuando al año siguiente, en octubre de 1850, la reina Luisa María murió repentinamente por los efectos de la tuberculosis, el rey poco no tardó mucho en instalarse junto a Arcadie en el Castillo de Stuyvenberg, que estaba a solo unos pasos del palacio real de Laeken. Fue allí Stuyvenberg donde nació el segundo hijo de ese amor, Arthur.

    La gran frustración de Leopoldo

    Aunque ambos niños fueron anotados en el registro civil con el apellido Meyer, Leopoldo I se aseguró de que recibieran una educación principesca en el castillo. Lo único que les faltaba era un título nobiliario belga y, pesar de la reiterada insistencia de la corte, el entonces ministro del Interior, Alphonse Vandenpeereboom, se negó a darles un título los bastardo. Leopoldo logró entonces que su sobrino Ernesto II, duque de Sajonia-Coburgo y Gotha, les otorgara los títulos de hereditarios de barones von Eppinghoven.

    Arcadie también fue ennoblecida y en adelante podría llamarse baronesa von Eppinghoven por gracia del duque de Sajonia-Coburgo. Vandenpeereboom confrontó con el rey recordándole que un Real Decreto anterior estipulaba que los títulos nobiliarios extranjeros no estaban reconocidos por la ley belgay, por lo tanto, no ni los hijos ni Arcadie podrían formar parte de la nobleza belga.

    Georg von Eppinghoven (1849-1904)

    Georg Friedrich Ferdinand Meyer von Eppinghoven, como era su nombre estaba completo, pasó algún tiempo en la Corte Ducal de los Coburgo tras la muerte de su padre, en 1865, y posteriormente se unió al ejército prusiano como oficial. Permaneció soltero durante mucho tiempo, pero finalmente se enamoró de Anna Maria Brust, la camarera de su madre, muchos años más joven, que desaprobaba la relación. Georg, que tuvo tres hijos con Anna, esperó hasta después de la muerte de Arcadie para casarse. En 1901, la pareja se instaló en una finca en Langenfeld, Alemania, donde Georg murió a la edad de apenas cincuenta y cuatro años.

    Barón Arthur von Eppinghoven (1852-1940)

    Christian Friedrich Arthur Meyer von Eppinghoven logró construir una carrera exitosa. Se convirtió en Gran Mariscal de la Corte de Coburgo y ayudante del zar búlgaro Fernando I, también descendiente de la Casa de Sajonia-Coburgo y, por lo tanto, primo suyo. En 1887 se casó con Anna Harris, hija de un cónsul británico, con quien tuvo una hija en 1894, Louise-Marie, que lleva el nombre de su madrina bautismal, la princesa Luisa María de Bélgica, la hija mayor de su medio hermano, Leopoldo II.

    Después de la derrota alemana en 1918, la situación cambió para la familia. Arthur perdió su puesto en la Corte de Coburgo y con el zar de los búlgaros. Sin ingresos, la familia pronto se encontró con serias dificultades financieras. A principios de los años 20, se vio forzado a regresar a Bélgica y pedir ayuda monetaria a su sobrino, el rey Alberto I. Ennoblecido y favorecidos por reyes, a partir de entonces tuvo que llevar una vida modesta con un suma anual todavía más modesta.

    Arthur murió enfermo y solo en noviembre de 1940. Se le dio su lugar de descanso final en el cementerio de Laeken, en una tumba bastante simple que, irónicamente, está a solo veinte metros del imponente mausoleo que se erigió en la cripta real para su padre Leopoldo I. Después de su muerte, el príncipe regente Carlos de Bélgica (hermano de Leopoldo III) se aseguró de que su viuda y su hija continuaran recibiendo el apoyo financiero y material de la corona.

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  • Stéphane Bern sobre la reunión de Delphine y Alberto II: “El acto de perdonar viene de la reina Paola”

    Según el periodista especializado, la razón por la que fue necesario esperar tantos años para una reconciliación está en la crisis conyugal por la que atravesaron Alberto y Paola en los años 70 y 80.

    El encuentro de la princesa Delphine de Sajonia-Coburgo primero con su hermano, el rey Felipe, y después con su padre, el rey Alberto II, es emblemático: después de años de escándalos que desprestigiaron a la monarquía belga, la familia real busca perdón y reconciliación, pero no sólo entre puertas adentro del palacio sino con los ciudadanos.

    La familia real anunció este martes que llegó a hora de la reconciliación después de años de amargas batallas judiciales, con el reencuentro del exrey Alberto II y la reina Paola con su hija extramatrimonial y ahora princesa, Delphine. El palacio real sorprendió a todos al divulgar una carta firmada por el exmonarca, su esposa y Delphine, acompañada de una fotografía en que se puede ver a los tres en una sala del Castillo de Belvedere, en las afueras de Bruselas.

    La nota -firmada por “Delphine, Paola y Alberto“- dice que el exmonarca y su hija decidieron “abrir un nuevo capítulo”, después de una guerra judicial entre ambos que se arrastró por siete años en tribunales belgas para que Alberto II asuma la paternidad de la escultora Delphine Boel. “Después de los escándalos, las heridas y el sufrimiento, ha llegado el momento del perdón, de la cura y de la reconciliación”, afirmaron los tres personajes de esta historia que durante muchos años mantuvo en vilo a los belgas.

    Según el periodista especializado en asuntos de la realeza Stéphane Bern, la razón por la que fue necesario esperar tantos años para una reconciliación está en la crisis conyugal por la que atravesaron Alberto y la exreina Paola en los años 70 y 80. “Alberto no quería herir a la reina, por eso no reconoció a Delphine. Cuando él y Paola se reconciliaron, intentaron borrar los obstáculos”, dijo. “Hoy podemos decir que el acto de perdonar viene de la reina Paola”, consideró.

    Delphine nació en febrero de 1968 de la larga relación (1966-1984) que mantuvo su madre, la baronesa Sibylle de Sélys Longchamps, con Alberto, quien era en ese entonces el príncipe heredero de la corona belga y estaba casado con la italiana Paola Ruffo di Calabria. Alberto asumió el trono belga en 1993, con el nombre de Alberto II, y su esposa se convirtió en la reina Paola. El monarca abdicó en 2013, en favor de su hijo mayor, Felipe, manchado por las acusaciones y los rumores sobre su intensa vida sentimental fuera del matrimonio.

    Educada en el Reino Unido y Suiza, la joven Delphine Boel (apellido del marido de su madre) se transformó en una reconocida artista plástica y escultora. El caso llegó a los tribunales en 2013 y según Delphine eso ocurrió a raíz de la negativa del exrey de admitir su paternidad o incluso de ayudar a la baronesa Longchamps. Finalmente a fines de 2019 un tribunal belga obligó a Alberto II a someterse a un examen que, en enero de 2020, confirmó la paternidad. Finalmente, a inicios de octubre de este año la justicia le concedió el título Princesa de Bélgica.

    “¡Que giro increíble en toda esta situación!”, exclamó Stéphane Bern. En su opinión, el gesto que abrió la puerta a esta reconciliación familiar fue la decisión del actual rey de los belgas, Felipe, de recibir a su media hermana a inicios de octubre. Otro especialista en la familia real belga, Vincent Dujardin, profesor de historia contemporánea, coincidió plenamente con Bern y apuntó que el rey Felipe “impulsó” a su padre, para recomponer su imagen, afectada por su anterior negativa a aproximarse de su hija.

    “Después de 21 años de silencio obstinado y 7 años de duros litigios, de repente invita a su hija ilegítima Delphine con los brazos abiertos”, opinó el periodista especializado Flip Feyten. “Aparentemente, Alberto y Paola acaban de reconocer cuán anticuados son sus puntos de vista sobre los valores familiares y los privilegios reales”.

    Refiriéndose al rey Felipe, Feyten explicó que “sus manos estuvieron atadas durante el proceso” judicial ya que “cada declaración suya podría interpretarse como un intento de influir en el proceso”, pero tras el juicio decidió reconciliarse con Delphine y despejar “la sombra que todo este asunto arrojó sobre la monarquía y su autoridad moral”. “Felipe tiene un compromiso personal sincero y su padre debió de mirarlo asombrado ”, apuntó.

    Para Patrick Weber, un analista de temas reales belgas, la reaproximación “es muy positiva para la familia real porque esto se había convertido en una cosa sucia”, y en cambio el encuentro “permite iniciar la vía de la reconstrucción entre Alberto y Delphine”. Alberto II “sólo recientemente ha comenzado a darse cuenta de que su actitud fue percibida por la población”, dijo Feyten.

    “Los devastadores comentarios de la prensa y las redes sociales no son una mentira”, agregó el experto. “Hijos, hijos ilegítimos, hijos biológicos: son todos los hijos. Incluso en una familia real. El hecho de que Alberto y Paola aparentemente aún no se dieran cuenta de esto dice algo sobre su falta de mundo y sus ideas obsoletas sobre los valores familiares y los privilegios reales”.

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  • La suerte de Delphine: qué sucedió con los hijos ilegítimos de los anteriores reyes de Bélgica

    Delphine Boel no es la única: desde 1831 se cuentan al menos 8 personas que aseguraron ser hijos de monarcas belgas, nacidos de amores fugaces extramatrimoniales.

    Durante los últimos veinte años años, el rey Alberto II de Bélgica ocupó los titulares de la prensa mundial a causa de la disputa legal que mantuvo contra él una de sus supuestas hijas ilegítimas, la artista y aristócrata Delphine Boël, quien finalmente fue reconocida como tal. Sorprendente, pero no inusual: desde la fundación de la monarquía belga, hace casi 190 años, todos los reyes, excepto Balduino, ocultaron hijos extramatrimoniales alrededor del mundo.

    A lo largo de los años, algunos nombres nuevos podrían haberse agregado al árbol genealógico de la dinastía Sajonia-Coburgo-Gotha, o al menos eso sucedería si todas las salvajes historias y los rumores difundidos por la prensa a través de las décadas son ciertas: desde 1831 se cuentan al menos 8 personas que aseguraron ser hijos de monarcas belgas, nacidos de amores fugaces extramatrimoniales.

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    ARCADIE CLARET FUE LA MADRE DE GEORGES Y ARTHUR, PRESUNTOS HIJOS DE LEOPOLDO I.

    La larga tradición de reyes adúlteros con hijos ilegítimos hizo necesaria la creación de un fondo especial que, según la historiadora belga Kathy Pauwels, se usa para apoyar monetariamente a los hijos extramatrimoniales de la familia real y “para apaciguar su propia conciencia”. “Es una tradición de larga data, pero que aún existe. Los hijos ilegítimos, por lo tanto, todavía reciben dinero de ellos “, dijo la experta.

    El historiador Victor Capron, quien escribió un libro sobre el amor secreto de Leopoldo I, el primer rey de los belgas, confirmó la existencia de esa ayuda económica. Según él, el fondo existe desde mediados del siglo XIX y fue utilizado por primera vez, en el mayor secreto, por Leopoldo I, quien depositó unos 2,4 millones de francos en la cuenta en ese momento una cantidad inmensa, para sus hijos bastardos.

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    BLANCHE DELACROIX Y SUS HIJOS, LUCIEN Y PHILIPPE DURRIEUX.

    El primer rey belga, Leopoldo I, fue el primero en dar el mal ejemplo. El tío amado de la reina Victoria de Inglaterra engendró dos hijos con su amante, la joven Arcadie Claret, de 36 años, hija de un soldado. Una aventura que comenzó cuando aún era menor de edad.

    Los hijos Georges y Arthur recibieron el nombre de “von Eppinghoven” en el momento de su nacimiento, y también fueron elevados a su nobleza por decisión del rey. Los dos vivieron juntos con su madre, que ocultó su relación con Leopoldo I, en una mansión especial cerca del palacio real. Sin embargo, algunos creen que Arcadie vivió vivió allí poco tiempo, porque Leopoldo habría necesitado el lugar para instalar a nuevas amantes.

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    Leopoldo II siguió el ejemplo de su predecesor. De todos los reyes, sus aventuras sexuales son, sin duda, las más difundidas. Entre otras cosas, tuvo un romance con Blanche Delacroix, una prostituta que tenía apenas 16 años cuando comenzó a compartir las sábanas con el viejo rey de 66 años, según relata el periodista Eigen Berichtgeving, del diario belga Het Laatste Nieuws.

    Los dos se habrían conocido en la Exposición Universal de 1900 en París, tras lo cual Delacroix tuvo dos hijos de Leopoldo II: Lucien y Philippe Durrieux, llamados así por el proxeneta y el marido oficial de su madre. Al igual que su padre, Leopoldo II también cuidó de su familia extramatrimonial: sus hijos pronto fueron elevados a Duque de Tervuren y al Conde de Ravenstein, respectivamente, y su madre fue obsequiada con un castillo en el sur de Francia.

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    ALBERTO I Y SU ESPOSA, ISABEL DE BAVIERA.

    El historiador Bram Bombeek también mencionó en el pasado las aventuras parisinas de Leopoldo II, donde habría corrido detrás de conocidas damas de nobleza belga. Su presunta aventura con la bailarina y aristócrata Cléo de Merode le valió el apodo de “Rey Cléopold”. Y también en Londres se difundieron rumores sobre sus aventuras escandalosas: Leopoldo II aparece mencionado en el “escándalo de Jefferson”, en el que una prostituta de Londres lo habría ayudado con prostitutas menores de edad.

    Alberto I, sobrino y sucesor de Leopoldo II, fue apodado “Rey Caballero” a causa de su valeroso papel contra los alemanes en la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, en su libro ‘The Fall of Albert‘, el autor Jacques Noterman escribe que tuvo entre cinco y seis hijos ilegítimos, uno de los cuales luego se convertiría en secretario del palacio real.

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    LA PATINADORA LISELOTTE LANDBECK HABRIA SIDO MADRE DE UNA HIJA DE LEOPOLDO III.

    Los rumores nunca fueron probados, pero el rey Alberto, en cualquier caso, mantuvo una vida amorosa llena de acontecimientos. Cuando se estrelló en Marche-les-Dames, surgieron todo tipo de teorías: el monarca no me había caído de las rocas, sino que fue asesinado por una amante o incluso por su esposa, la reina Isabel, que estaba cansada de su infidelidad.

    Leopoldo III, al contrario de su padre, fue el rey belga más impopular a causa de su actitud pasiva sostenida ante la invasión nazi, que fue catalogada de colaboracionismo, lo cual le costó el trono en 1951. Padre de ocho hijos, Leopoldo III fue, en cualquier caso, el más fértil de los reyes belgas.

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    EL CONDE MICHEL DISISHEIM, PRESUNTO HIJO DEL REY LEOPOLDO III.

    Leopoldo III sería en padre de una hija de la campeona de patinaje Liselotte Landbeck, llamado Ingeborg Verdun. O al menos eso dijo la mujer que murió en 2013. En una revista belga, Ingeborg aseguró que cuando tenía cincuenta años supo que era hija de un rey belga.

    Según Leo Van Audenhaeghe, quien escribió el libro “De Küssnacht a Argenteuil” sobre los dramas en la casa real belga, Leopoldo III también tuvo un hijo ilegítimo: el conde Michel Didisheim (actualmente de 88 años), quien fue durante un cuarto de siglo el secretario privado de Alberto II. El conde habría recibido el apellido del esposo de su madre, pero en realidad sería un hijo de Leopoldo III.

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