Etiqueta: Coronación de Isabel II

  • ¿Por qué la reina Isabel no volvió a usar la Corona de San Eduardo desde su coronación hace 68 años?

    A lo largo de sus 69 años de reinado, la reina Isabel II ha utilizado la Corona del Estado Imperial exclusivamente para la ceremonia de apertura del Parlamento. La enorme joyas con la que son coronados los soberanos de Gran Bretaña es una de las piezas principales de las regalías inglesas, pero existe una corona todavía más especial que no puede ser utilizada: la Corona de San Eduardo.

    Isabel II insistió en llevar la Corona de San Eduardo durante su coronación en 1953 para seguir los pasos de la ceremonia que su padre protagonizó 17 años antes que ella. Pero la reina nunca pudo volver a poner sobre su cabeza la joya espectacular debido a que una arcaica costumbre familiar dicta que la corona solo se usa una sola vez en la vida de cada monarca. Esto significa que la siguiente cabeza sobre la que reposará la corona del siglo XVII será su hijo, el futuro rey Carlos.

    La coronación con la corona de San Eduardo es el centro de la ceremonia. Observando detenidamente las escenas filmadas en su coronación, en la Abadía de Westminster, se ve claramente que la reina -entonces de 27 años- renunció a la corona a los pocos minutos de haber reposado sobre su cabeza. Las filmaciones muestran a la reina, después de recibir el “Homenaje” de los súbditos, caminando por el pasillo del templo con el orbe, el cetro y la Corona del Estado Imperial, más liviana que la de San Eduardo.

    La primera corona ya no se utilizará hasta la próxima coronación. El abuelo de la reina, Jorge V, restableció el uso de la corona de San Eduardo tras su coronación en 1911. La joya no se había utilizado para ungir a nuevos monarcas británicos durante más de 200 años, pero había aparecido en el altar de la Abadía de Westminster durante la coronación de la reina Victoria en 1838. Su hijo, Eduardo VII, había planeado renovar la ceremonia con la principal joya de la corona, pero se vio obligado a dar marcha atrás debido al enorme peso de la corona, que ejercía demasiada presión sobre su cuerpo mientras se recuperaba de una operación de apendicitis.

    La pesada corona de San Eduardo simboliza la carga que asume el soberano al servir a su pueblo.

    De oro macizo y piedras preciosas, con un peso total de 2,230 kilogramos, la corona de San Eduardo es verdaderamente la más importante de las insignias reales que lleva el soberano británico. Isabel II retomó la tradición familiar y desestimó los intentos de presionarla para que aceptara quitar partes de la corona original para reducir el peso. Antes, había rechazado la oferta de modificar la joya para que fuera más liviana, pero la reina insistió en llevar el mismo peso que soportó su padre en 1937.

    La Corona de San Eduardo no se usa en otra ocasión más que en las coronaciones, pero la joya sigue siendo la pieza central de la Colección de Joyas Reales y normalmente se exhibe junto con partes de la preciosa pila en la Torre de Londres. Se espera que en el futuro el príncipe Carlos reciba la corona sobre su cabeza en su coronación, pero tuvo la oportunidad de admirarla de cerca en una ceremonia especial que celebró el 60 aniversario de la reina en el trono en 2013. Se trataba de la primera vez que la joya salió de la Torre de Londres en seis décadas.

  • Los recuerdos de Lady Pamela Mountbatten sobre la coronación de Isabel II: “Frágil y sola, tenía mucha fuerza interior”

    Lady Pamela Hicks, hija del fallecido conde Mountbatten y prima del príncipe Felipe de Inglaterra, afirmó que la reina Isabel II se veía “frágil y completamente sola”’ durante la ceremonia de coronación, que tuvo lugar hace 68 años, el 2 de junio de 1953.

    En el documental My Years With The Queen, de la cadena británica ITV, la aristócrata de 91 años compartió las entradas de sus diario de la época en que ejerció como dama de honor de Isabel II en los primeros años de su reinado.

    Lady Pamela, amiga de la infancia y confidente de reina, estuvo a su lado durante algunos de sus momentos clave de su vida, la acompañó cuando, a los 25 años, la princesa se convirtió en reina. La hija de lord Mountbatten recordó cuando asistió a la coronación de Isabel II en la abadía de Westminster y dijo haberse preguntado “si una joven de 27 años tendría la fuerza para asumir este deber durante toda su vida”.

    Lady Pamela Hicks, de 91 años, leyó extractos de sus diarios personales de los años en que sirvió a la monarca como dama de honor: su ascenso al trono, su coronación y sus primeros años de reinado.

    Pero Lady Pamela, quien elogió el sentido del deber del monarca y su lealtad, escribió en 1953: Ella se veía tan frágil y sola” en la extensa ceremonia. “Al ver a esta joven de 27 años, completamente sola, me pregunté cómo tendría la fuerza para asumir este deber toda su vida. Creo que uno sabía que lo haría, porque hay mucha fuerza interior allí”, dijo.

    Lady Pamela recordó que la vida de la reina ha sido “totalmente dictada por su sentido del deber” y la describió como una “persona asombrosa”. “Hay mucha fuerza interior ahí. Y ha permanecido así durante toda su vida”, dice.

    Lady Pamela contó que fue su padre quien la instó a llevar un diario personal después de que el palacio de Buckingham la convocara para acompañar a la reina en la gira internacional que realizó en nombre de su padre enfermo, el rey Jorge VI, en febrero de 1952.

    La aristócrata estaba con la princesa Isabel y el príncipe Felipe en Kenia cuando todos recibieron la sorprendente noticia de la muerte de Jorge VI. El grupo se alojaba en el hotel Treetops, construido sobre árboles, y Lady Pamela describió cómo Isabel “subió esa escalera como princesa y luego, por la mañana, bajó la escalera como reina”.

    Monarquias.com

  • Obituario: Lady Moyra Campbell, dama de honor en la coronación de Isabel II

    Hace 67 años, la hija del marqués de Hamilton que caminó por el pasillo de la Abadía de Westminster detrás de la joven reina como una de las seis damas de honor.

    Unos meses antes de la coronación de la reina Isabel II, en 1953, el decimosexto duque de Norfolk envió cartas a seis afortunadas jóvenes de la alta nobleza. El duque era el conde Marshal, el funcionario encargado de organizar todas las grandes ocasiones estatales, y las cartas invitaban a las jóvenes a servir como damas de honor. Siguiendo la tradición iniciada por la reina Victoria, las damas tenían que ser hijas de duques, marqueses y condes, solteras y vírgenes, y tenían entre 17 y 23 años.

    La coronación de Victoria en 1837 no se ensayó adecuadamente y, aunque ella no se dio cuenta, casi se sumió en el caos cuando sus damas de honor tropezaron con sus propios mantos y fueron regañadas por la Mistress of the Robes, una dama mayor a cargo de las jóvenes, por no mantener el paso correctamente. En 1953, para una ceremonia de coronación que sería grabada para ser vista por millones de personas de todo el mundo por TV y cine, no se tomarían tales riesgos.

    Lady Moyra, primera desde la izquierda.

    Meses de ensayos, pruebas con el modista real Norman Hartnell y mucha cobertura mediática precedieron al día en que, el 2 de junio, dos de las chicas, Lady Rosemary Spencer-Churchill y Lady Jane Vane-Tempest-Stewart, viajaron en el carruaje detrás del de la rein, mientras que las demás, Lady Anne Coke, Lady Mary Baillie-Hamilton, Lady Moyra Hamilton y Lady Jane Heathcote-Drummond-Willoughby, esperaban su llegada en la Abadía de Westminster.

    Su tarea, además de verse jóvenes, hermosas y radiantes, era llevar el manto de la reina, tan pesado que no podía moverse sin ellas. Se había construido un anexo a la Abadía donde las cuatro damas que participaban en la procesión pero que no viajaron en el carruaje pudieron tomar café y escuchar los comentarios de la radio sobre la procesión de la reina -entonces de 27 años- desde el Palacio de Buckingham. Después de la ceremonia, las jóvenes fueron al Palacio para ser fotografiadas por el renombrado Cecil Beaton y aparecieron en el balcón junto a la familia real. La foto con sus damas ha sido recreada este año por orden de la Reina y se verá públicamente por primera vez en el aniversario de la Coronación.

    Lady Moyra Hamilton, hija del marqués de Hamilton, más tarde cuarto duque de Abercorn, tenía 22 años cuando fue llamada a disfrutar de semejante honor. Se estaba quedando con unos primos en Gloucestershire cuando llegó la invitación a su casa en el condado de Tyrone. “Me encontré con el duque de Norfolk en una noche de recaudación de fondos y me dijo: ¿Has recibido una carta mía? Me desmayé de asombro y llamé a casa, lo que solo hacía en caso de emergencia”, contó mucho después, cuando ya estaba casada con el distinguido oficial naval Peter Campbell y vivía en Irlanda del Norte con dos hijos.

    La primera prueba con el modisto Hartnell fue en enero de 1953: “Los vestidos se hicieron increíblemente rápido; las costureras debieron quedarse despiertas toda la noche”, relató Lady Moyra. Ella pasó la noche anterior a la coronación con sus abuelos en Mount Street, en el barrio londinense de Mayfair. “Mi abuela preparó un desayuno caliente. Nos subimos a un coche enviado desde Royal Mews a la Abadía a las 8 de la mañana. Fue una experiencia humillante ver a todas las multitudes que habían estado esperando toda la noche bajo la lluvia”, relató Moyra.

    Según recuerda, ella y sus compañeras estuvieron de pie durante tres horas y la ceremonia transcurrió con extrema puntualidad. El joven duque de Kent miró su reloj y le dijo a su madre: “¡Justo a tiempo!” mientras salía de la Abadía después del servicio. “Podías sentir la historia de las antiguas murallas, la expectativa de la vasta congregación y sabías que la audiencia de televisión estaba sobre nosotros. En medio de todo esto estaba la completa compostura de la Reina, haciendo su solemne promesa”, recordó.

    “Tuve mucha suerte de que me invitaran a ser una de las damas de honor para llevar el manto de la Reina”, dijo la aristócrata recordando ese día. Lady Moyra, que pasó sus últimos años de vida en Randalstown, dijo que fue uno de los “días más emocionantes de su vida”. “La televisión lo convirtió en un acontecimiento mundial. Sentías que todos estaban allí y con esta jovencita que estaba haciendo estas promesas increíblemente solemnes que ha cumplido con la máxima gracia e integridad durante 60 años”, dijo.

    “Hubo muchos momentos destacados”, dijo a la BBC. “La increíble sensación en la Abadía; la increíble oración en todo momento y la vista de todas esas multitudes que habían estado esperando en un clima espantoso toda la noche; algunos de ellos habían estado allí durante la noche, otros habían estado allí desde temprano un día antes. Llovía a cántaros y, sin embargo, había un sentimiento de alegría y la abadía estaba llena de gente de todo el mundo”.

    “Aproximadamente a la mitad de la ceremonia, se permitió la entrada al príncipe Carlos y escuchamos su vocecita haciendo preguntas a la reina madre. Después, en la fiesta, quería que oliésemos el aceite capilar de su padre en su cabello”, contó Lady Moyra. Más tarde, se fue a su casa para cambiarse y salió a la avenida The Mall con un primo que había resultado herido en la guerra de la que Gran Bretaña aún se estaba recuperando. La alegría en la calle tan poco tiempo después de esos años oscuros parecía “el amanecer de una nueva era”, recordó.

    Lady Moyra Campbell, de 80 años murió el pasado 8 de noviembre.

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