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  • La apasionante vida de Enriqueta de Bélgica, una princesa contra la tempestad

    Hubo alegría en el palacio en la esquina de la Rue de la Régence y la Place Royale, en Bruselas, el 30 de noviembre de 1870: la condesa de Flandes, cuñada del rey Leopoldo II de Bélgica, dio a luz a dos niñas gemelas. Para la condesa y su marido, el príncipe Felipe, eran su segundo y tercer hijo, tras el nacimiento de un hijo, Balduino, un año antes. Las princesitas fueron bautizadas con los nombres de Enriqueta y Josefina.

    El mundo al que llegaron las niñas estaba en un estado de cambio. Francia y Prusia estaban librando una guerra desde hacía pocas semanas, un conflicto que duró hasta la primavera de 1871 y finalmente conducirá a la creación del Imperio de Alemania. Aunque Bélgica no estaba directamente involucrada en los combates, estos tienen un gran impacto en la sociedad del pequeño y joven país, que limita con ambas partes en conflicto.

    El certificado de nacimiento de Enriqueta (1870)

    Los condes de Flandes también tuvieron que afrontar una nueva realidad en la seguridad de su propia familia. Apenas dos años antes, llevaban una vida a la sombra de su hermano y cuñado, Leopoldo II, que tenía un hijo y heredero al trono, el príncipe Leopoldo. Pero a principios de 1869, sin embargo, el joven príncipe murió repentinamente después de una caída en un estanque. Desde entonces, el futuro de la dinastía recaía sobre los hombros de Balduino, único hijo de los condes.

    Las pequeñas princesas recién nacidas estaban inicialmente bien, pero a principios de 1871 llegó otra tragedia: una enfermedad se apoderó de la pequeña Josefina, quien murió repentinamente. Su hermana Enriqueta se salvó. Cuando la condesa de Flandes volvió a dar a luz a una hija en 1872, la niña también se llamó Josefina, en recuerdo de la fallecida. En 1875 le siguió otro hijo, el futuro rey de los belgas Alberto.

    La condesa de Flandes mantuvo una relación amorosa y cercana con sus cuatro hijos, muy contra las convenciones de la alta sociedad de la era victoriana. Siguió de cerca la crianza y la formación de todos ellos: todos los días se levantaban a las 7 de la mañana, eran enseñados por profesores privados hasta el mediodía, realizaban una caminata o una visita a un museo o una iglesia y posteriormente volvían a clases hasta las 17.30 horas. Después podían relajarse con un libro o en el piano, y eran libres los domingos y jueves por la tarde.

    La condesa de Flandes con sus hijos Enriqueta y Balduino.

    La tragedia de Balduino

    En su juventud, la princesa Enriqueta se llevó especialmente bien con Balduino, apenas un año mayor que ella. Con frecuencia estudiaban juntos y eran confidentes en una corte opaca en la que no abundaban las alegrías. A los 12 años, la princesa ya era una niña entusiasta y llena de vitalidad, mientras el príncipe era más reservado y reflexivo. Juntos tomaban clases de gimnasia, danza y equitación. Enriqueta también resultó ser una escritora talentosa y pinta acuarelas, dos aficiones que mantuvo a lo largo de su vida.

    El 1 de enero de 1891, Enriqueta asistió por primera vez a la recepción oficial de Año Nuevo en el Palacio Real de Bruselas y unos pocos días después enfermó de una neumonía grave y durante un tiempo la familia rezó junto a su cama porque todo el mundo pensó que moriría. Recibió incluso los últimos ritos, pero poco a poco salió de su agonía y, tras permanecer en la cama un buen tiempo, se recuperó por completo.

    Un nuevo drama en la familia

    Mientras que Enriqueta se recuperaba, un nuevo drama real tuvo lugar en otro rincón del palacio de los condes de Flandes. Balduino, quien oró por su hermana enferma durante noches enteras, contrajo también neumonía pero su salud fue de mal en peor. Surgieron varias complicaciones y el 23 de enero el joven murió, rodeado de sus padres y de Josefina y Alberto. Enriqueta, aún débil en su habitación, permaneció durante varios días en la ignorancia hasta que su familia le contó la terrible noticia.

    Enriqueta de niña.

    La tragedia de Balduino, heredero aparente del trono, conmocionó a todo el país. El conde y la condesa de Flandes y sus tres hijos supervivientes quedaron desolados y el príncipe Alberto, de 16 años, se convirtió en el primero en la línea sucesoria. Al mismo tiempo, pasados unos meses, la atención de la corte comenzó a centrarse en las princesas Enriqueta y Josefina, que ya estaban en edad de contraer matrimonio y la búsqueda de un marido adecuado fue considerada imperativa.

    Pretendientes para Enriqueta

    Aunque Josefina es la hermana menor, fue la primera en dejar el palacio de los condes de Flandes. En 1894 se casó con el príncipe Carlos von Hohenzollern, su primo hermano. Enriqueta tenía 24 años en ese momento y para muchos el tiempo se acaba. Durante años había estado enamorada del príncipe francés Philippe, duque de Orleans y primo suyo.

    El amor parecía mutuo, pero existía un gran problema: Philippe descendía en línea directa de Luis Felipe de Orleáns, el último rey de los franceses que se vio obligado a abdicar en 1848 y hermano de la reina María Luisa, abuela de Enriqueta. La muerte de su padre también convirtió al joven príncipe en pretendiente al trono francés y jefe de la dinastía.

    Las princesas Josefina (izq) y Enriqueta (der).

    Leopoldo II se negó rotundamente a aceptar este matrimonio. Francia estaba en manos de la Tercera República y le aterrorizaba ofender a los nuevos gobernantes haciendo que su sobrina se case con el hombre que aspiraba al trono francés. Por lo tanto, el rey lo vetó, para gran pesar de su sobrina.

    Los condes de Flandes iniciaron entonces una intensa búsqueda por las cortes europeas con la mayor discreción posible en busca de un príncipe que sí califique. Por un momento pensaron en Leopoldo de Habsburgo, archiduque de Austria y gran duque de Toscana. Cuando presentaron su nombre a amigos cercanos, la reacción fue unánime: no se puede confiar en Leopoldo y es un mal candidato. Más tarde renunciaría a sus títulos, se casaría tres veces y finalmente simpatizaría con los nazis antes de morir en la pobreza.

    Una boda largamente esperada

    Los padres de Enriqueta volvieron entonces a examinar el árbol genealógico de la casa de Orleans y detuvieron su mirada en el príncipe Emmanuel, duque de Vendôme (1872-1931). El joven también era descendiente del rey Luis Felipe, pero a través de un hijo menor, lo que hacía que su posición fuera políticamente menos controvertida. Por ejemplo, se le permitía ingresar a Francia, a diferencia del duque de Orleáns, que vivía exiliado en el Reino Unido.

    Enriqueta con sus hermanos Alberto y Josefina

    Los condes de Flandes organizaron varios encuentros “causales” entre su hija Enriqueta y Emmanuel y el romance floreció por la fuerza. Aunque ambos padres estaban a favor del matrimonio, no podían simplemente casarse sin el permiso explícito del rey Leopoldo, quien esta vez no se opuso. La familia real respiró aliviada cuando el rey bendijo el matrimonio.

    Enriqueta y Emmanuel se casaron el 12 de febrero de 1896 en la casa paterna de la princesa en Bruselas. A partir de ahora pudo titularse duquesa de Vendôme, y aunque no tenía derecho al trono belga por ser mujer, siempre fue considerada miembro de la familia real. El 31 de diciembre de ese año dio a luz a su primera hija, María Luisa de Orleáns. Más tarde nacieron las princesas Sofía (1898) y Geneviève (1901) y un hijo largamente esperado Carlos (1905). La familia se instaló en un palacio de la ciudad en la rue Pauline Borghèse en Neuilly-sur-Seine, un rico suburbio de París.

    Cannes y Wimbledon

    La propia Enriqueta no carecía de recursos, pero su matrimonio con Emmanuel la convirtió en una de las princesas más ricas de Europa. Ella y su esposo llevaron una vida lujosa y mundana. En su casa de Neuilly, organizaban recepciones, bailes y otras reuniones que el beau monde y muchos invitados de la realeza se sentían felices de participar.

    Enriqueta con su prometido Emmanuel, duque de Vendôme

    En los años siguientes, el duque y la duquesa de Vendôme también adquirieron muchas otras propiedades señoriales, como el castillo de Saint-Michel en Cannes, Francia, la casa Belmont en Wimbledon, Reino Unido, y el castillo de Mentelberg cerca de Innsbruck, Austria. Allí también mantienen un estilo de vida resplandeciente.

    La tragedia del Bazar de la Charité

    Al mismo tiempo, Enriqueta realizó numerosas obras de caridad, impulsada por la bondad de su suegra Sofía, duquesa de Alençon y hermana de la emperatriz Isabel (Sissi) de Austria. El 4 de mayo de 1897 la duquesa de Alençon fue una de las víctimas del desastre del Bazar de la Charité en París, que se incendió ferozmente cuando decenas de señoras y señoritas adineradas estaban vendiendo obras de arte por una buena causa. Aquel día murieron 129 personas, incluida Sophie.

    La lujosa vida de los duques de Vendôme se prolongó hasta la Primera Guerra Mundial. En 1909, su estatus creció aún más si cabe: al morir Leopoldo II, su sobrino Alberto I lo reemplazó en el trono, y Enriqueta, que hasta entonces era “sólo” la sobrina del monarca, ahora se convirtió en la hermana del rey. En una ciudad como París, eso le confirió mucho prestigio, pero al mismo tiempo surgieron tensiones con su hermano porque él mismo abogaba por un estilo de vida más modesto, en un intento por refundar una familia que durante el reinado de Leopoldo II estuvo marcada por el despilfarro, la ambición y el libertinaje.

    Enriqueta con su hija María Luisa de Orleáns en 1898.

    El penoso tiempo de guerra

    La Primera Guerra Mundial también tuvo importantes consecuencias para Enriqueta de Bélgica. Su hermana menor, Josefina, princesa Carlos de Hohenzollern, se encontró de repente en el campo del enemigo, porque su matrimonio la convirtió oficialmente en una súbdita alemana. Durante cuatro años, las hermanas apenas pudieron comunicarse entre sí y, si eso ocurría, debía hacerse bajo el mayor secretismo. El rey Alberto no volvió a ver a su hermana Josefina hasta 1922 y la reina Isabel cortó todos los lazos con su familia en Baviera.

    A pesar de estas preocupaciones personales, Enriqueta no se rindió y tanto en Wimbledon como en Cannes lideró varias iniciativas para aliviar los sufrimientos de la gente común a causa de la guerra. Belmont House se convirtió en un lugar de encuentro para refugiados de Bélgica mientras su residencia de Cannes fue transformada en un hospital militar donde la princesa asistía personalmente a los soldados heridos.

    La guerra fue interrumpida por algunos instantes de felicidad personal. Su hija mayor, María Luisa de Orleáns, se casó con el príncipe Felipe de Borbón-Dos Sicilias en 1916. Un año después tienen un hijo, Gaëtan, primer nieto de la duquesa de Vendôme. En 1923 la princesa Geneviève se casó con el marqués Antoine de Chaponay. Juntos tienen dos hijos: un hijo Pierre-Emmanuel (1925) y una hija Henryanne (1926). La hija menor, Sofía, tenía una discapacidad y nunca se casará.

    Enriqueta y su hija Geneviève

    Nobleza obliga

    Enriqueta y el duque de Vendôme salieron de la guerra bastante ilesos, también económicamente. En la década de 1920 retomaron de a poco y silenciosamente a su antigua vida y realizaron varios largos viajes de placer, incluso al norte de África. Sin embargo, sus hijos los pusieron a prueba con opciones de vida que chocaron con los valores aristocráticos consagrados que ellos mismos aprecian. El matrimonio de María Luisa y Felipe de Borbón se tornó tormentoso hasta que optaron por el divorcio en 1925. Dos años más tarde también logran disolver su matrimonio religioso. A finales de 1928, María Luisa se casó por segunda vez con el estadounidense Walter Kingsland y se marchó a vivir en Estados Unidos.

    Esta “vergüenza” familiar fue solo una gota en un mar de escándalo que provocó el único hijo de Enriqueta, Carlos de Orleáns, quien nunca fue aplicado para los estudios ni el trabajo y se aficionó al alcohol. Siguiendo a sus padres, realizó varios viajes en la década de 1920, incluso a Estados Unidos, donde conoció a Margaret Watson (“Peggy”), una mujer nacida en Richmond, Virginia, y una socialité de Nueva York. Carlos se enamora de ella y la noticia de la relación cayó como una bomba en la familia real.

    Los duques de Vendôme anunciaron que no podrían aceptar una mancha semejante y que jamás considerarían a Peggy como una esposa digna para su hija. Como el heredero de su rama de la casa de Orleans el joven príncipe debía casarse con una mujer de sangre azul o, en su defecto, de los círculos “correctos”. Pese a esto, Carlos y Peggy se casaron primero en los Estados Unidos y nuevamente en París en 1928 para legalizar su matrimonio en Francia. Los duques de Vendôme, furiosos, se negaron a reconocer la unión y, mucho menos, a recibir a Peggy como miembro de la familia.

    Enriqueta y su hijo Carlos de Orleáns en 1920.

    Caída de la bolsa: una viuda en apuros

    El duque de Vendôme nunca se enfrentó a su nuera porque murió inesperadamente en 1931. A partir de entonces, Enriqueta vivió sola y con menos comodidades que antes. A principios de la década de 1920, ella y Emmanuel habían podido comprar el castillo de Tourronde en el lago de Ginebra en la Alta Saboya, pero una vez que enviudó la duquesa de Vendôme se encontró en aprietos económicos.

    Esto es en parte el resultado de la caída del mercado de valores de 1929 en Nueva York, que sumió al resto del mundo en una depresión sin precedentes y también afectó seriamente los activos de Enriqueta. Además, había hecho algunas malas inversiones que la arruinaron. Con el corazón roto, tuvo que vender varias propiedades que le son queridas, incluido el palacio de la ciudad en Neuilly, Belmont House y el castillo de Mentelberg.

    La muerte de Emmanuel afectó profundamente a Enriqueta. Se despidió de la vida de sociedad y se retiró al castillo de Tourronde, donde siguió pintando con sus acuarelas, pero en colores sombríos. Milagrosamente, encontró un rayo de esperanza en su nuera Peggy, con quien comenzó a encontrarse hasta apreciarla enormemente, en gran parte porque demostró tener una influencia positiva en el príncipe Carlos.

    Enriqueta junto al último rey de Portugal, don Manuel II.

    Enriqueta encontró un nuevo propósito en la vida: preservar los archivos de la Casa de Orleans para la posteridad. A través de todo tipo de legados, esto terminó en gran parte con Emmanuel y, por lo tanto, con ella. Revisó minuciosamente los tesoros dinásticos, hizo inventarios y los administró. A partir del archivo, Enriqueta publicó varios libros sobre personajes ilustres de la casa de Orleans, como María Amalia, esposa de Luis Felipe y última reina de Francia. Anteriormente había publicado informes de viajes sobre sus aventuras en los Alpes y el norte de África.

    ¿Recibirá el Premio Nobel?

    En 1938, la princesa Enriqueta recibió un gran honor: dos estadistas franceses la nominaron para el Premio Nobel de la Paz, en parte por su compromiso con la caridad durante tanto tiempo. No lo recibió, pero hasta nuestros días sigue siendo la única mujer belga nominada al Nobel. Ni ella misma supo sobre su nominación, porque el Comité del Premio Nobel no da a conocer los nombres de las personas candidatas al Premio hasta décadas después.

    Casi al mismo tiempo, las nubes de la guerra se fueron acumulando nuevamente sobre Europa y Enriqueta empezó a preocuparse en muchas áreas. Financieramente ya no tenía ninguna seguridad y la única propiedad que disponía era el Castillo de Tourronde. Los archivos de la casa de Orléans, por los que lucha desde hace muchos años, también estuvieron en serio peligro.

    Los reyes Isabel y Alberto acompañan a Enriqueta en el funeral del duque de Vendome.

    Con el auge del nazismo, Enriqueta comenzó a temer por su propia vida. Como duquesa de Vendôme, era un blanco simbólico y fácil para los fascistas, pero logró salir ilesa de la Segunda Guerra Mundial. Al igual que en la Primera Guerra, se mostró comprometida con los soldados y las víctimas, y por estos esfuerzos y su extensa labor benéfica se le otorgó una cinta de caballero en la Legión de Honor francesa.

    Al otro lado del Océano Atlántico, la guerra de 1943 afectó a Enriqueta. Su hija Geneviève llevó a sus hijos Pierre-Emmanuel y Henryanne a un lugar seguro en los Estados Unidos. Allí, el varón estudiaba en la Escuela Militar de Pensacola, Florida, cuando durante un vuelo sobre el Golfo de México su avión se estrelló. Todos los pasajeros murieron, incluido el nieto de Enriqueta,que tenía apenas 17 años.

    Los últimos años

    Enriqueta de Bélgica en sus últimos años.

    Después de la guerra, el entusiasmo por la vida de Enriqueta de Bélgica pareció haber desaparecido. Rara vez salió del castillo de Tourronde, excepto para un viaje ocasional a Suiza. Su corazón, riñones y pulmones comenzaron a fallar y por eso a mediados de 1948 tomó la decisión de refugiarse en Sierre (Suiza) para recuperar fuerzas. A los pocos días tuvo que ser trasladada de urgencia al hospital, donde murió el 28 de marzo a los 77 años. El 12 de abril su cuepo reposó finalmente en la tumba familiar de la casa de Orleans en Dreux, Francia.

    Con la muerte de Enriqueta se perdió todo lo que ella amaba. En junio de 1950 se produce una subasta de sus bienes muebles y varios compradores, entre los cuales estaba la reina Juliana de Holanda, se quedaron con numerosos artículos personales de la princesa. Contra los últimos deseos de Enriqueta, su hijo vendió el castillo de Tourronde en 1952 y la propiedad fue dividida en lotes. Sus hijos también destrozaron el archivo de la casa de Orleans, el trabajo de su vida. Geneviève obtuvo la mitad y luego la donó a los Archivos Nacionales de París. La otra mitad, que fue a manos de Carlos, fue vendida por su viuda al Estado belga muchos años después.

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  • Venenos en Versalles: ¿murió la cuñada de Luis XIV a manos de un amante celoso?

    La princesa inglesa Enriqueta murió cuando era muy joven tras tomar una taza de café: los rumores decían que había sido asesinada por pedido del amante de su marido.

    En la brillante corte del Rey Sol, Luis XIV de Francia, nadie brillaba más que el único hermano del monarca solar, Monsieur Felipe, duque de Orleáns (1643-1702). Su magnánimo hermano aprendió a mantenerlo alejado de su vista desde que la madre, Ana de España, trató y educó a Felipe como a una niña, incluso vistiéndolo y peinándolo como tal, para que no le hiciera sombra a su hermano mayor.

    Al crecer, Monsieur, frèreunique du roi pululaba por los pasillos del regio palacio exquisitamente perfumado, completamente cubierto de joyas, maquillado, manicurado y ricamente vestido de sedas, encajes y lazos de corte femenino. Según el doctor Galippe, el príncipe, sin pudores, “se entregaba a orgías crapulosas, y principalmente a vicios infames”. 

    La segunda esposa de Monsieur, Madame Liselotte, que dejó una serie de más de 6.000 cartas describiendo la vida en Versalles, dijo de su marido: “Tiene la cara alargada y estrecha, nariz grande, boca pequeña, dientes desgastados, sus maneras son más femeninas que masculinas y no le interesan ni los caballos ni la caza, pero sí las apuestas, las recepciones, la buena comida, bailar y vestirse; en una palabra, todo lo que nos gusta a las mujeres. Mientras el Rey ama cazar, la música, la danza clásica y el teatro, mi marido sólo se interesa por la decoración y las mascaradas. Al Rey le encanta ser galante con las mujeres, sin embargo, no creo que mi marido se haya enamorado nunca“.

    Felipe de Orleáns, hermano de Luis XIV

    El palacio real de Saint-Cloud, hogar de Felipe, a unos kilómetros de Versalles, era escenario de las fiestas más fastuosas y locas de la época. Relata Alejandra Vallejo-Najera que Felipe “adora que se hable de él, pero en la Francia de Luis XIV este sueño sólo puede conseguirse siendo más extravagante y atrevido que el mismo rey, su competidor. En consecuencia, sus fiestas no tienen parangón; el glamour y los juegos prohibidos corren a la par; no hay excentricidad que se le resista; a su lado son bienvenidos psicópatas, gamberros, bebedores, parásitos sociales, jugadores, mujeres ligeras de cascos y de ropa…” Una pequeña corte de amantes masculinos seguía a sol y sombra al duque intentando ganar su favor.

    El duque, que adoraba vestirse con trajes despampanantes y pasearse por los ricos salones de Versalles mandando besos a todos los hombres de buen ver con los que se cruzaba, tenía una pequeña corte de amantes masculinos que lo seguía a sol y a sombra intentando ganar su favor. Alejado de los asuntos de Estado, a Monsieur Felipe no le quedó otra ocupación más que hacerse cargo del Palacio de Versalles: Luis XIV confiaba en el exquisito gusto de su hermano y dejó en sus manos todos los aspectos concernientes al protocolo, la etiqueta, la decoración, la ambientación, el vestuario y la jardinería.

    El duque de Saint-Simon afirma en sus memorias que Monsieur era un verdadero “doctor en etiqueta” y que Luis XIV le consultaba todo lo relacionado a cuestiones protocolarias y ceremoniales. Fue Monsieur la gran mente detrás del riguroso, teatral y milimetrado sistema protocolar que imperó en Versalles durante los reinados de Luis XIV, Luis XV y Luis XVI.

    Enriqueta de Inglaterra, duquesa de Orleáns

    En 1661 Monsieur contrajo matrimonio con su prima hermana, la princesa Enriqueta Ana (1644-1670), una de las hijas del ejecutado rey Carlos I de Inglaterra, un matrimonio orquestado y tremendamente desdichado. “Este matrimonio era un tanto pintoresco. Felipe tenía aficiones algo raras, hoy no lo serían tanto, pero ser gay en aquella época chocaba bastante”, escribe el historiador Carlos Fisas.

    “Fue obligado a casarse, pero no por ello abandonó a su amante Armand de Gramont, conde de Guiche, del que se dice que el día del matrimonio recibió un anillo de boda igual al de la princesa Enriqueta. De este extraño matrimonio nace la princesa María Luisa, y el padre, para celebrarlo, cambia de amante, que en esta ocasión es Felipe de Lorraine

    El nuevo amante no se cansaba de elogiar en público a su amado, a quien definía como “un ángel pintado”. Inseparables, Lorraine y Monsieur se perdían en la oscuridad de los pasillos de Versalles y en la espesura de los bosques que flanquean los jardines de Saint-Cloud; Lorraine asistía a las fiestas palaciegas junto a su amante con vestido, peluca y joyas femeninas y los franceses los veían continuamente “acariciarse la cara, la espalda y las rodillas con aspecto de felicidad”, según un testigo. 

    “Tomados de la mano con pendientes, pelucas y fuertemente maquillados se los ve pasear por Versalles, y una noche en un baile de gala el hermano del rey vestido de mujer baila un minueto con su amante. La princesa Enriqueta por su parte grita, se desespera, insulta, llora y organiza grandes peleas domésticas. Y como ello no es suficiente, se convierte en la amante del rey. Así, amante, primo hermano y cuñado son una misma persona”.

    El caballero Felipe de Lorraine

    En 1670, harta de la vergüenza pública, Enriqueta convenció a Luis XIV de alejar de una vez por todas al caballero Lorraine de Felipe. Obediente, Luis XIV lo envió primero a Lyon, más tarde, en Castillo de If, y finalmente lo desterró a Roma con la amenaza de ejecución si volvía a Francia. Sin embargo, debido a las protestas y súplicas del duque hacia Luis XIV, el rey perdonó al caballero de Lorraine y le permitió volver. Enterado de la noticia, monsieur corrió ante el monarca, se arrojó a sus pies y los besó, emocionado.

    Una mañana de 1671, Enriqueta cayó muerta en una terraza de su propio palacio después de tomar una taza de café que presuntamente había sido frotada con un veneno italiano. ¿Fue en verdad asesinada por Lorraine en venganza por haberlo exiliado? Aunque algunos historiadores aseguran que la princesa murió a causa de sus problemas hepáticos, la sombra del homicidio reposó durante mucho tiempo sobre el pérfido y celoso Lorraine.

  • Pretendiente al trono francés en plena batalla judicial por devolución de propiedades reales

    Jean de Orleáns demandó a la fundación encargada de promover la memoria de su dinastía para recuperar el castillo de Amboise, entre otras cosas.

    El príncipe Jean d’Orleáns, conde de París y pretendiente del trono francés, está demandando a la Fundación Saint-Louis, que administra la antigua propiedad de su familia, solicitándoles una indemnización de 1 millón de euros por daños y la devolución de cinco propiedades.

    El conde de París, de 55 años, es hijo del anterior conde y jefe de la dinastía Orleáns, descendientes del hermano del rey Luis XIV. La Casa de los Capeto gobernó Francia desde 987 hasta 1792, cuando fue derrocada por la Revolución, y una vez más durante la restauración de la monarquía entre 1814 y 1848.

    Una de las residencias que reclama el conde es el Castillo de Amboise. Otra es el Dominio Real de Dreux, al oeste de París, donde vivía con su familia desde 2001 hasta septiembre de 2020. Desde entonces, la fundación lo instó a mudarse después de pedirle que comenzara a pagar por habitarlo.

    El Dominio Real de Dreux cuenta con numerosos edificios lujosos, incluida la Capilla Real.

    Jacques Tremolet de Villers, abogado del conde, dijo que había “un desacuerdo fundamental” con la fundación, creada en 1974 por el abuelo del conde, Enrique de Orleáns y dirigida por el Ministerio del Interior francés.

    “La raíz del problema es la falta de respeto de la Fundación. Hay un desacuerdo fundamental entre mi cliente y la organización que fue creada por su abuelo para mantener la historia del patrimonio, para crear una casa museo de los Capetos. Una misión que la Fundación no ha cumplido”, explicó.

    Tremolet de Villers le dijo en declaraciones al diario The Times que el conde de París, que afirma ser el legítimo heredero del castillo, la Capilla Real de Dreux (que alberga las tumbas de la dinastía Orleáns) y otras tres propiedades supervisadas por la institución, deseaba su restitución.

    La finca de Dreux fue depositada en un fideicomiso en 1866 por los descendientes de Luis Felipe de Orleáns, el último rey francés, antes de que la Fundación Saint-Louis se hiciera cargo de su gestión.

    En septiembre pasado, el conde se mudó del castillo donde él y su familia habían vivido desde 2011 después de que la fundación le exigiera que pagara el alquiler. La organización dijo que era ilegal vivir allí gratis.

    Castillo de Amboise, en el Valle del río Sena.

    Quién es el conde de París

    Nacido en mayo de 1965, Jean, titulado duque de Vendome hasta 2019, es el jefe de la Casa de Orleans, que es una rama de la Casa de Borbón, cuyos reyes gobernaron Francia por primera vez en el siglo XVI. Se casó con la aristócrata austríaca Philomena de Tornos Steinhart en París en 2009 y la actualmente tienen cinco hijos.

    Además de la conexión familiar con el hermano menor de Luis XIV, la línea masculina de la Casa de Orleáns también desciende del “Rey Ciudadano” de Francia Luis Felipe I de Orléans, que reinó desde 1830 hasta 1848. Los realistas franceses (también conocidos como unionistas) reconocen a Jean como el legítimo aspirante al trono.

    Los otros pretendientes al trono de Francia incluyen a Luis de Borbón-Dampierre, titulado duque de Anjou, que es descendiente por vía masculina del “Rey Sol” Luis XIV, y el príncipe Jean-Christophe Napoléon, descendiente de un hermano del emperador Napoleón Bonaparte.

  • El día que el Bazar de la Caridad ardió y el trágico final de la hermana de Sissi

    El bazar de la caridad” (“Le Bazar de la Charité” en su idioma original) es una serie francesa que ahora se emite en Netflix y está inspirada en un hecho real: el feroz incendio en el Bazar de la Charité en París en 1897, que se cobró la vida de decenas de jóvenes, entre ellas la hermana de la emperatriz Isabel de Austria, Sofía Carlota. Joven de vida complicada, esta princesa bávara estuvo destinada a ser reina de su país pero el capricho de su prometido la dejó a un lado. Casada por designios dinásticos con un príncipe que no la amaba, Sofía Carlota se volcó a la beneficencia, actividad que sellaría su trágico destino.

    El 27 de enero de 1867, el reino de Baviera celebró a lo grande el compromiso del rey Luis II con su prima, la joven duquesa Sofía Carlota (1847-1897). La boda se planeó para el 12 de octubre del mismo año, pero para cuando ya estaba casi todo preparado para la gran ceremonia (entre ellos, la construcción de un carruaje real y la acuñación de monedas conmemorativas) de repente, sorprendentemente, Luis II canceló los planes apenas dos días antes.

    Ante el estupor general, el desencanto de Sofía y la indignación de la familia de Ludovika, Luis II jamás volvió a pensar en casarse y nadie supo bien por qué. Un año más tarde, Sofía Carlota se casó con el príncipe Ferdinand de Orleáns, duque de Alençon y nieto del rey Luis Felipe de Francia. No se trataba, por supuesto, de un matrimonio por amor. Por el contrario, el compromiso fue acelerado por los padres de la duquesa, según se cuenta, porque ella había iniciado un romance con un fotógrafo llamado Edgar Hansftaengl.

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    Los recién casados se instalaron en Londres, donde la familia real francesa vivía bajo la protección de la reina Victoria de Inglaterra. La flamante duquesa de Alençon comenzó a ser víctima de frecuentes períodos depresivos que se fueron agravando con el pasar de los años. Tuvo dos hijos, la princesa Luisa Victoria y el príncipe Emanuel, duque de Vendôme.

    En busca de calmar el espíritu de su esposa, el duque de Alençon decidió mudarse a Palermo, a orillas del Mediterráneo, y luego en Merano. En esta última ciudad, Sofía Carlota se enamoró de su médico, Hans Glaser, con tanta pasión que quiso abadonar a su familia y fugarse con este hombre que le aliviaba sus dolores físicos y espirituales. Cuando el plan fue descubierto, a Alençon no le quedó más remedio que internar a su esposa en un hospital psiquiátrico. Sofía Carlota no salió de allí sino hasta dos años después. Sintiéndose recuperada, se dedicó a las obras de caridad y vivió casi todo el tiempo en un convento de París.

    El Bazar de la Caridad antes de su inauguración.
    Las llamas consumieron todo a su paso.

    El 4 de mayo de 1897 Sofía Carlota presidía una gran feria de beneficencia, el “Bazar de la Charité”, pero durante la proyección de una película de los hermanos Lumiére una chispa provocó de inmediato un incendió. Murieron casi ciento cincuenta personas, carbonizadas y pisoteadas, entre las cuales se encontraban la duquesa. En lugar de huir, Sofía Carlota había decidido ayudar a escapar a algunas de las jóvenes que trabajaban allí y regresó varias veces al edificio hasta las llamas la alcanzaron y no pudo salir. Cuando recuperaron su cadáver, atrozmente mutilado, estaba tan quemado que sólo su dentista pudo identificarlo por la dentadura. La noticia llegó al otro día a la corte austrohúngara. La hermana, la emperatriz Sissi, destrozada por el dolor, solo atinó pudo murmurar: “La maldición crece…”

    Búsqueda de restos y objetos de valor en las ruinas del bazar.
    La zona donde estuvo emplazado el Bazar tras su incendio.
  • Jean de Orleáns se convirtió en el nuevo Conde de París y jefe de la casa real francesa

    En un documento publicado el 2 de febrero, el príncipe asumió el título que dejó su padre, Enrique de Orleáns, fallecido el 21 de enero.

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  • La princesa y la plebeya: las historias de las dos esposas del conde de París

    La vida del fallecido Enrique de Orleáns navegó entre dos amores y una enemistad familiar que se extendió durante décadas. La primera asistió el funeral de su exmarido el 2 de febrero. La segunda, de 82 años, no puso estar presente al encontrase un estado de salud muy delicado.

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  • Como descendiente de Fernando VII, el nuevo conde de París tendría derecho al trono de España

    Se trata de Jean de Orleáns, quien hasta ahora ha llevado el título de Duque de Vendome y es el flamante jefe de la Casa de Francia.

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  • La Capilla Saint-Louis de Dreux, la necrópolis real del último rey de Francia

    Fue construida en 1816 por Luisa María Adelaida de Borbón, duquesa de Orleans. Allí están sepultados Luis Felipe I y sus descendientes.

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  • Obituario | Enrique de Orleáns, descendiente y heredero del último rey de Francia (1934-2019)

    La muerte del Conde de París coincide con el aniversario de la decapitación de Luis XVI, el 21 de enero de 1793. “El rey ha muerto, viva el rey”, tuiteó el movimiento realista Action Française.

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