Los reyes de España, Felipe VI y Letizia, planifican para el próximo abril una visita de Estado a Países Bajos por invitación por el rey Guillermo-Alejandro y la reina Máxima, en lo que constituirá su primer viaje de este tipo al país desde el inicio de su reinado, hace casi 10 años.
El viaje del rey Felipe VI y la reina Letizia, planeado para los días 17 y 18 de abril, será la segunda ocasión que los reyes visitan Holanda, país al que realizaron su primera visita oficial a una monarquía europea en octubre de 2014, cuatro meses después de la proclamación del rey.
El gobierno español informó que los monarcas viajarán a los Países Bajos acompañados por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Se trata del 14° viaje de Estado que protagoniza Felipe de Borbón desde el inicio de su reinado.
Cómo será la visita de Estado de Felipe VI y Letizia a Países Bajos
Según el protocolo real, los monarcas españoles serán recibidos en la Plaza del Dam, ubicada frente al Palacio Real de Ámsterdam, por los reyes Guillermo Alejandro y Máxima, con quienes comparten generación y mantienen una relación de amistad.
El viaje de Estado de los reyes españoles implicará además la visita a los poderes del Estado neerlandés y un banquete estatal tradicionalmente ofrecido por el rey Guillermo Alejandro en el Palacio Real, en el que se espera que las mujeres luzcan las tiaras familiares.
En su primer viaje a Países Bajos en 2014, de una sola jornada de duración, el rey Felipe VI visitó el Palacio Noordeinde, donde celebró una reunión con los reyes de Holanda; después, visitó la sede del Senado, donde mantuvo una reunión con los presidentes de las dos cámaras, y por la tarde, se reunió con el primer ministro.
La última visita de Estado española a Países Bajos fue protagonizada por el rey Juan Carlos I y la reina Sofía en 2001, cuando fueron recibidos en La Haya por la reina Beatriz (quien abdicó al trono en 2013) y el entonces príncipe heredero, el príncipe Guillermo Alejandro de Orange, con su prometida, Máxima Zorreguieta.
La hija mayor de los reyes Guillermo Alejandro y Máxima, actualmente de 20 años, comenzó a estudiar Política, Psicología, Derecho y Economía en la Universidad de Ámsterdam en mayo de 2022.
Catalina Amalia, princesa de Orange, debía compartir residencia con otros estudiantes en Amsterdam, como muchas jóvenes de su edad, pero fue en septiembre de ese año fue amenazada por el crimen organizado.
El diario neerlandés Het Parool informó este 5 de febrero que la princesa de Orange podría volver a vivir en Ámsterdam después de reforzarse las medidas de seguridad en torno a la residencia que debía ocupar.
Según el periódico, varias fuentes informaron que la princesa regresaría a la residencia estudiantil y se instalaron cámaras de seguridad en las inmediaciones de la residencia, aunque los servicios de información del estado no confirmaron esta información “por el bien de la privacidad de la princesa”.
Catalina Amalia de Países Bajos, princesa de Orange, es la primera en la línea sucesoria al trono neerlandés. Actualmente, estudia Política, Psicología, Derecho y Economía en la Universidad de Ámsterdam.
“Recientemente, los residentes locales han visto una renovada actividad alrededor de la casa del canal de Ámsterdam. Recientemente se instalaron nuevas cámaras, dice un empleado de una cafetería cercana”, escribió el periódico.
Y agregó: “La parte del canal que rodea la residencia de estudiantes es sin duda la parte mejor vigilada del cinturón de canales de Ámsterdam. Con al menos ocho instalaciones de cámaras, se sigue de cerca cada movimiento en la zona”.
Amenazada por el crimen organizado, la futura reina de los Países Bajos vivió “enclaustrada” en La Haya
Catalina Amalia, princesa de Orange
Desde octubre de 2022, la princesa heredera vivió prácticamente enclaustrada en el Palacio Huis Ten Bosch con sus padres y sus hermanas, del que solo salía para ir a la universidad escoltada por guardaespaldas.
“Ella realmente no puede salir de su casa”, dijeron los reyes neerlandeses en declaraciones a la prensa. “Es muy difícil, no tiene una vida estudiantil como la de otros”.
La princesa habló sobre “extrañar la vida normal” por el incidente y en un video compartido en televisión, dijo: “Voy a ser muy honesta, todavía estoy pasando por un momento muy difícil. Extraño la vida normal, la vida de un estudiante. Caminar por las calles, poder ir a una tienda”, agregó.
La princesa fue aparentemente el blanco de la “Mocro Maffia”, las organizaciones mafiosas marroquíes especializadas en el tráfico de droga a los Países Bajos y a Bélgica.
El rey Guillermo Alejandro y la princesa heredera Catalina Amalia. Casado con la reina Máxima, el monarca tiene otras dos hijas: las princesas Alexia y Ariana.
Es conocida por controlar el tráfico de cocaína a través de los puertos de entrada a Europa de Rotterdam y de Amberes, con una violencia en aumento. Países Bajos y Bélgica se ven a veces comparados a “narcoestados” por culpa de esta situación.
Mientras ganan terreno en las calles, las organizaciones criminales amenazan también las altas esferas de la sociedad. El ministro belga de Justicia fue blanco de un proyecto de secuestro en septiembre.
Estos últimos años los Países Bajos quedaron conmocionados principalmente por el asesinato de un abogado en 2019 y del conocido periodista Peter R. de Vries en 2021.
Dos crímenes que la justicia relaciona con el narcotraficante Ridouan Taghi, con doble nacionalidad marroquí y neerlandesa, actualmente en prisión.
Todo comenzó cuando en 1956 el príncipe Bernardo, esposo de la reina Juliana de Holanda, cito a palacio a una famosa curandera llamada Greet Hofmans (1896-1968). A pesar de ser quien la introdujo en la corte, Bernardo desconfiaba en que esta mujer esquelética, de aspecto campesino, llegara a curar completamente la vista a su cuarta hija, María Cristina -también llamada “Marijke”-, pero esperaba que ella ejerciera una influencia tranquilizante sobre las legítimas inquietudes de Juliana, una madre verdaderamente afligida.
Para sorpresa de todos, Hofmans, que a los cincuenta y cuatro años se expresaba con dificultad y no habría leído más que media docena de libros, pronto empezó a controlar casi completamente la personalidad de la reina Juliana, hasta que fue acusada de cumplir un papel similar al del monje siberiano Grigori Rasputín en la dinastía Romanov, no sólo en la Corte sino también en la política holandesa.
La prensa internacional empezó a difundir noticias y rumores, de forma poco elegante, sobre los conflictos internos del Palacio de Stoestdijk, el hogar de la entonces reina. Decían que Juliana siempre se sintió atraída por la astrología y el ocultismo. La prensa holandesa, que abordó el tema con más delicadeza, constató rápidamente que a todos esos extraños intereses Juliana sumaba un terrible sentimiento de culpa por la ceguera de Marijke se debía a la rubeola que ella había contraído durante el embarazo en 1945.
GREET HOFMANS (1896-1968)
Greet Hofmans se instaló en la residencia real, donde organizaba sesiones nocturnas en las que se oraba alrededor de la camita de la niña (quien llegó a ver de forma temporal, casi milagrosamente), confesaba a la reina y le daba dudosas clases de Teología, a la par que explicaba a quien quisiera escucharla que las verdaderas relaciones de este mundo se debían efectuar en “un plano vertical”, es decir entre los hombres y Dios. Las relaciones “horizontales” carecían de todo valor. Pero Bernardo –inspirador del Grupo Bilderberg, entre otros logros– tenía demasiada personalidad como para dejarse apartar por una curandera. Para recuperar su lugar, tenía que encontrar un ángulo de ataque que diese el golpe de gracia a Hofmans. Y lo encontró.
Después que el príncipe se armara de valor para expulsarla de la residencia real, Hofmans se refugió en Het Oude Looe, en el castillo de la reina madre Guillermina, y continuó dictando sus misteriosas clases todos los días. Ahora tenía dos devotas seguidoras: Juliana y su madre Guillermina. Las mujeres arrastraban a sus más notables visitantes a que escucharan las prédicas de Greet, y hasta Eleonor Roosevelt -a quien se le impuso tal peregrinaje- la escuchó asegurar que la enfermedad no existía y que “el cáncer es un indicio de los desórdenes morales de este mundo, debidos al militarismo y a la guerra”. “Es por eso que no puedo curar el cáncer”, explicaba Hofmans. “Hasta que la guerra no sea eliminada”.
Entre los seguidores de Greet Hofmans se hallaba el descendiente de una de la familias holandesas más destacadas, el barón van Heeckeren van Molecatan, quien en la guerra en que se enfrentaban Bernardo y Juliana aportaba a la causa de la curandera todo su talento de sutil diplomático. Porque Bernardo, secundado por su hija mayor -la princesa Beatriz- tenía la impresión de que la reina perdía contacto con la realidad y que pronto no sería capaz de asumir las responsabilidades que implicaba la Corona.
Beatriz se había quedado particularmente horrorizada al enterarse de que quienes participaban en las sesiones espiritistas de Hofmans en el Castillo de Het Oude Loo, no se conformaban con rezar, sino que entablaban diálogos directos con extraterrestres, quienes a su vez los honraban con sus visitas.
JULIANA Y BERNARDO
Beatriz y Bernardo se volvieron firmes partidarios de la abdicación de Juliana, una noticia que sacudió a la corte. Varios historiadores trataron de analizar durante años, y hasta el día de hoy, las verdaderas motivaciones de esta ofensiva dirigida por el príncipe consorte y la princesa heredera de Juliana.
¿Creían realmente que la reina era incapaz de asumir sus responsabilidades? ¿De verdad el príncipe Bernardo pretendía cumplir al lado de su hija el papel que no desempeñaba al lado de su esposa? ¿O bien ocurría que Beatriz -impaciente desde los 18 años por subir al trono- quería apropiárselo lo antes posible? Días sombríos en el palacio real y escenas interminables en las cuales el esposo y la hija mayor acosaban a la esposa y madre: Juliana debía abdicar, y así podría dedicarse por entero al ejercicio de sus místicas actividades.
Uno de los rasgos principales de la curandera eran sus sólidas ideas pacifistas, que en plena Guerra Fría podían representar un serio peligro para la seguridad del Estado si la reina las hacía suyas; los Países Bajos eran un miembro muy activo de la OTAN. Bernardo lo sabía y filtró el asunto a Der Spiegel.
El 13 de junio de 1956, el prestigioso semanario alemán publicó un artículo titulado “La reina y su Rasputin”. El Gobierno holandés reaccionó secuestrando la edición de Der Spiegel, pero el escándalo era demasiado grave como para que no se tomasen medidas: las demoledoras conclusiones de la comisión de investigación –que siguen sin hacerse públicas– supusieron la expulsión de Hofmans de la Corte.
Oficialmente, el caso de la hechicera de Stoestdijk se consideró cerrado pero su sombra siguió sobrevolando durante décadas sobre la familia real holandesa hasta el punto de que pocos meses antes de su muerte –en 2004–, el príncipe Bernardo estimó oportuno escribir una carta al diario De Volkskrant en la que confiaba en que una eventual publicación de las conclusiones de la comisión colocase a cada uno en su sitio en relación “con este complejo asunto”.
No todo, sin embargo, permanece bajo siete llaves: autorizado por la reina Beatriz a consultar parte de los archivos, el historiador Cees Fasseur reveló en 2008, en una exhaustiva biografía sobre Juliana y Bernardo, la existencia de una carta anónima que amenazaba de muerte al jefe de la Casa de la Reina y a la propia Hofmans si esta última no abandonaba palacio.
– Greet Hofmans murió el 16 de noviembre de 1968 tras negarse a recibir tratamiento contra el cáncer..
El 4 de septiembre de 1948, exactamente hace 75 años, la reina Guillermina abdicó al trono de los Países Bajos en un gesto atípico: por primera vez en la historia de las monarquías europeas, un monarca abdicaba no bajo presión ni por motivos extremadamente graves.
Guillermina, de 68 años, estaba cansada e inauguró de esta forma una tradición muy holandesa: desde entonces, los sucesivos soberanos de la Casa de Orange dieron un paso al costado para hacer lugar a la siguiente generación cada vez que sus fuerzas físicas declinaron. La reina Juliana siguió los pasos de su madre abdicando en 1980 y la reina Beatriz hizo lo propio en 2013.
Nacida en 1880, Guillermina fue la única hija sobreviviente del rey Guillermo III. Tenía solo diez años cuando su padre murió y fue entonces que su madre, Emma de Waldeck-Pyrmont, asumió como regente hasta que Guillermina tuvo suficiente edad para ejercer como jefe de Estado, en 1898.
Una de las soberanas más importantes de su tiempo, el extenso reinado de Guillermina atravesó las dos guerras mundiales. El historiador holandés Arnout van Cruyningen la definió como “una reina en cada centímetro, de voluntad fuerte y testaruda” que supo liderar como una guerrera a la nación frente al nazismo.
“Guillermina detestaba clara y vehementemente el nacionalsocialismo y el régimen antisemita de Hitler y sus secuaces”, dijo Van Cruyningen. “Durante la Segunda Guerra Mundial, exiliada en Londres, denunció a los nazis en términos inequívocos, y de hecho, a menudo groseros. Los odiaba intensamente”.
Durante la invasión nazi, Guillermina -que estuvo muy cerca de ser secuestrada por paracaidistas alemanes- permaneció en Londres, desde donde lanzó fuertes proclamas de ánimo a los holandeses y, a través de Radio Orange, calificó a Adolf Hitler como “el archienemigo de la humanidad”. El primer ministro británico Winston Churchill describió a la reina como “el único hombre real entre los gobiernos en el exilio” en Londres.
La reina volvió a Holanda en 1945, convertida en una heroína nacional, pero su salud se había deteriorado notablemente: sufría de bronquitis crónica y otras dolencias, lo que le dificultaba el desempeño de sus deberes reales. Además, estaba preocupada por el futuro de la monarquía en los Países Bajos y creía que su hija y heredera, la princesa Juliana, estaba mejor preparada para afrontar los desafíos que se avecinaban.
En sus memorias, Guillermina escribió: “Fue sólo después del período de transición que siguió a la liberación que me sentí justificada a considerar seriamente la cuestión de la abdicación. Un incentivo lo proporcionaban mis tareas diarias, que eran más numerosas que antes de la guerra y dejaban a mi espíritu poco o ningún tiempo para relajarse, lo que no ayudaba a mi forma física en los momentos en que se me exigían cosas especiales”.
En octubre de 1947, Juliana fue nombrada regente para que la anciana monarca pudiera relajarse. Guillermina asumió el cargo unos meses después, pero no le fue fácil y tuvo que esperar a las celebraciones por su 50 aniversario de reinado, que la dejaron extenuada: “Se estaban haciendo planes a gran escala para celebrar este jubileo. Ya no me sentía con fuerzas para ese tipo de cosas”, se quejó, y en sus memorias dijo que padeció “momentos difíciles y hasta tristes”. En mayo del siguiente año, Guillermina tomó la decisión de abdicar, un anuncio que tomó por sorpresa a todos, incluso al gobierno.
La reina firmó su abdicación en el Palacio Real de Ámsterdam y escribió más tarde: “Cuando entramos encontramos una atmósfera un tanto apagada, que sin embargo pronto mejoró gracias a mi actitud feliz y alegre. Cuán numerosos fueron y son mis motivos de agradecimiento, en primer lugar, mi confianza en el cariño de Juliana por las personas que tanto amamos y en su entrega a la tarea que la esperaba y en su capacidad que había demostrado en varias ocasiones. Luego también el hecho de que mi cargo le fue transferido durante mi vida y que podría tener la oportunidad de ver algo de su reinado. Realmente, no había lugar para la tristeza en mi corazón”.
Tras convertirse automáticamente en “Su Alteza Real la Princesa Guillermina de los Países Bajos”, la ex reina salió al balcón del palacio para presentar a su hija como la nueva soberana: “Me siento honrada de informarles que acabo de firmar mi abdicación en favor de mi hija, la reina Juliana. Les agradezco a todos la confianza que han depositado en mí durante los últimos cincuenta años. Les agradezco el amor con el que me han rodeado cada vez. Miro hacia el futuro con confianza con mi querida hija única a cargo. Dios esté con ustedes y la Reina. Y me alegra poder decir con todos vosotros ¡viva nuestra Reina! ¡Hurra!”
La reina se retiró completamente de sus funciones reales y se instaló en un modesto apartamento el castillo de Het Loo, dedicada a la pintura y al cuidado de sus nietas: “Cuando me subí a mi coche en Amsterdam me sentí aliviada como nunca antes”.
La princesa heredera al trono holandés, Catalina Amalia, se convertirá este año en estudiante de la Universidad de Ámsterdam, según informó el lunes el servicio de información real (RVD), haciendo un llamado para que se respete su privacidad durante su tiempo en el campus.
La hija mayor del rey Guillermo Alejandro, de 18 años, comenzará su carrera en Política y Economía en septiembre de 2022 y vivirá en un alojamiento alquilado compartido con varios otros estudiantes.
Con la elección de Ámsterdam, la princesa heredera rompe con la tradición real de estudiar en la Universidad de Leiden.
El rey Guillermo Alejandro obtuvo su Bachillerato Internacional en Gales en 1985, completó su servicio militar en la Marina y estudió Historia en Leiden, donde también se convirtió en miembro de la asociación de estudiantes Minerva.
La ex reina Beatriz, la abuela de Amalia, también estudió en Leiden, donde se licenció en derecho en 1959. Dos años más tarde aprobó su maestría en Derecho, que consistió en una combinación de varias corrientes de estudio.
Catalina Amalia dijo que solo estudiaría en la Universidad de Leiden “porque realmente quiero y no por la tradición”. La institución felicitó a la princesa y una portavoz dijo que fue “una buena elección”.
Amalia, que tiene el título oficial de Princesa de Orange, dijo en una biografía publicada el año pasado que, aunque planea una vida en el servicio público, preferiría no asumir el trono por algún tiempo. Además, renunció a recibir la asignación estatal hasta no terminar sus estudios.
El rey Guillermo Alejandro de los Países Bajos ya recibió su primera dosis de la vacuna contra el coronavirus Covid-19, según reveló personalmente durante una visita a dos iniciativas vecinales en la ciudad de La Haya.
El monarca recibió la vacuna desde el pasado 22 de mayo, fecha habilitada para que se vacunen las personas de su edad, confirmó el Servicio de Información del Gobierno a la agencia de noticias ANP. Dado que Guillermo Alejandro habló claramente de ‘una primera dosis’, se cree que recibió una vacuna de Pfizer-BioNTech o Moderna.
Sobre la reina Máxima, de 50 años, el Servicio de Información del Gobierno solo anticipó que ella también “espera pacientemente su turno” para una cita de vacunación. A principios de año, la familia real había celebrado el inicio de la vacunación contra el Covid-19 en Holanda, diciendo que era “un punto de inflexión que da esperanzas de una salida a esta crisis”.
Los servicios públicos sanitarios, instituciones privadas y médicos administran alrededor de un millón de inyecciones por semana en los Países Bajos. Según el ministro de Salud, Hugo de Jonge, todos los holandeses adultos, que lo deseen, están habilitados para vacunarse por completo antes de finales de agosto.
El 10 de marzo de 1966, miles de holandeses protestaron violentamente contra el novio de la princesa heredera, que había pertenecido al “Jungvolk”, o movimiento juvenil alemán, y al “Hitlerjugend”, las Juventudes Hitlerianas.
Estruendos, humo, bombas lacrimógenas, huevos y hasta pollos muertos… la boda de la princesa Beatriz y el príncipe Claus de Holanda hace 55 años no fue memorable solo por su brillo y romanticismo. Miles de holandeses protestaron abiertamente el 10 de marzo de 1966 contra el esposo elegido por la futura reina, un diplomático alemán al que acechaban las sombras del nazismo.
En 1965, el parlamento de La Haya solo aprobó a regañadientes el compromiso del alemán Klaus von Amsberg con la entonces princesa heredera, de 27 años. En una protesta que unió a parlamentarios y anarquistas por igual, 300.000 personas firmaron una petición contra el matrimonio y, durante la procesión nupcial en Amsterdam 11 meses después, una bomba de humo explotó cerca del carruaje dorado de la pareja.
Aunque el Príncipe se ganaría más tarde los corazones de sus compatriotas adoptivos, 21 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, el pueblo holandés conservaba recuerdos abrasadores de la ocupación de cinco años; y les conmovió la idea de que su futura reina se casara con un hombre que había llevado el uniforme de los invasores y pertenecía a las Juventudes Hitlerianas.
Las investigaciones oficiales y extraoficiales no revelaron información comprometedora sobre el prometido real, pero el compromiso se produjo en una década de altos sentimientos y protestas violentas, y cuando la monarquía holandesa estaba recuperando la popularidad que había perdido debido a la influencia ejercida sobre la reina Juliana por una curandera. Se pintaron cruces esvásticas en la residencia oficial del primer ministro. Un grafitti que declaraba el Klaus Raus (fuera Klaus) apareció en las paredes con pintura naranja, el color de la casa real holandesa. Los manifestantes destrozaron las ventanillas de los coches de los turistas alemanes.
Klaus Georg Wilhelm Otto Friedrich von Amsberg nació en Dotzingen, en el río Elba, el 6 de septiembre de 1926. Aunque descendía de un maestro herrero del siglo XVII a través de su bisnieto, un pastor luterano, la familia fue absorbida por la nobleza y tenía derecho al prefijo “von” reconocido por el Gran Duque de Mecklenburg-Schwerin en 1891.
Klaus se educó, inicialmente, en Tanzania, donde su familia se mudó, cuando él tenía dos años, para administrar su plantación de sisal. Regresó al internado en Alemania en 1938, poco después de que Hitler se declarara ministro de guerra y comenzaran los pogromos antijudíos. Como muchos niños alemanes de secundaria de familias aristocráticas, Klaus se unió al Jungvolk, o movimiento juvenil alemán, y al Hitlerjugend, las Juventudes Hitlerianas.
Después de terminar la escuela en 1944, sirvió en el ejército alemán en Dinamarca y en la 90º división panzer en Italia, aunque no vio combate. En 1945, a los 19 años, fue capturado por las fuerzas estadounidenses cerca de Merano, Italia, y enviado a un campo de prisioneros de guerra en Ghedi, cerca de Brescia. Posteriormente, fue trasladado a Gran Bretaña, donde trabajó como conductor e intérprete. Después de la guerra, fue absuelto por un tribunal de desnazificación y se licenció en derecho en Hamburgo.
Klaus se unió al cuerpo diplomático de Alemania Occidental en 1961 y trabajó en la República Dominicana y Costa de Marfil antes de ingresar al Ministerio de Relaciones Exteriores en Bonn. Fue durante unas vacaciones de esquí en Suiza en 1965 cuando el diplomático conoció a su futura esposa, cuando ambos eran invitados del príncipe Moritz de Hesse. La princesa heredera de voluntad fuerte quedó cautivada de inmediato por su buena apariencia y en una semana su padre comenzó a hacer averiguaciones privadas. sobre él.
Su romance, mantenido en secreto hasta que un fotógrafo de noticias holandés los capturó, varios meses después, caminando de la mano, desató una tormenta de protestas en los Países Bajos, aunque el matrimonio contó con la aprobación de la reina Juliana, y su esposo, el príncipe Bernardo, quien también nació en Alemania. A Klaus, que cambió su nombre a Claus, se le otorgó la nacionalidad holandesa mediante un acto especial del parlamento.
La joven pareja se defendió debidamente a las acusaciones de nazismo contra Claus, sometiéndose al interrogatorio de la prensa internacional después de que la reina Juliana hiciera un anuncio formal del compromiso. Beatriz y Claus se negaron a atacar a sus críticos, y la princesa heredera declaró que se dio cuenta de que las protestas provenían de personas que tenían derecho a estar descontentas con el compromiso. “No nos sorprende que haya una controversia“, explicó. “Este es un país democrático y todo el mundo tiene derecho a expresarse”.
Claus dijo que él había sido tan apolítico como otros chicos de 13 o 14 años cuando se unió a las Juventudes Hitlerianas. “Mirando hacia atrás en el período nazi ahora, lo considero un desastre para el mundo, del cual espero que todos aprendan”, agregó. Sin embargo, esto aún no logró satisfacer, y Holanda se acercó a la boda con una mezcla de rabia y feliz anticipación, esta última manifestándose en la comercialización de zuecos con retratos de la joven pareja.
El día de la boda, 8.000 soldados y 4.000 policías se alinearon en la ruta de varios kilómetros hacia el ayuntamiento para la ceremonia civil en Ámsterdam, antes de que la pareja se dirigiera a la iglesia de Westerkerk. Muy cerca estaba el monumento más emblemático de la ocupación nazi, la casa donde la adolescente judía Ana Frank había vivido durante dos años en una habitación sellada antes de ser llevada a Belsen, donde murió.
Entre las 100.000 personas dispersas a lo largo de la ruta, los jóvenes manifestantes arrojaron bombas de humo contra el coche nupcial dorado, que en ocasiones quedó oculto a la vista por las nubes de humo cuando la policía se abalanzó sobre los alborotadores. Después del servicio religioso, al que asistieron la madre del novio y seis hermanas, pero ningún miembro masculino de su familia, un decreto real nombró a Claus como príncipe de los Países Bajos: una “C” fue sustituida juiciosamente por la primera letra de su Nombre cristiano.
La noche en que la pareja partió de luna de miel a México, hubo más batallas entre las tropas y unos 1.000 jóvenes en Amsterdam. Los altos sentimientos del público afortunadamente se disiparon pronto. A diferencia de su suegro, el príncipe Bernardo, Claus aprendió a hablar holandés sin rastro de acento alemán y su formación diplomática significaba que conocía la importancia de mantener la boca cerrada sobre temas delicados. Cuando Claus falleció en 2002, los holandeses lo despidieron como a un leal holandés.
En diálogo con MONARQUIAS.COM, el periodista Rick Evers dice que las polémicas vacaciones reales dañaron la percepción pública de la Casa de Orange y se pregunta si realmente el gobierno es responsable o si el rey rechazó las advertencias.
El asunto de las vacaciones de la familia real holandesa en Grecia, mientras su país teme la llegada de una segunda y más letal ola de la pandemia de Covid, shockeó a los holandeses al punto de que los monarcas tuvieron que pedir disculpas públicamente en un dramático discurso.
En diálogo exclusivo con MONARQUIAS.COM, el periodista holandés Rick Evers, expertos en asuntos de la realeza, reconoce fue “una semana extraña” que dañó la percepción pública de la Casa de Orange y se pregunta si realmente el gobierno es responsable de la actitud de la familia realidad o “fue el rey quien rechazó su consejo y eligió volar a Grecia”.
“Antes de que comenzaran las vacaciones, el gobierno aconsejó a todos que se quedaran en casa y no viajaran al extranjero. Salga de su casa únicamente para los viajes necesarios (trabajo, hospital, comestibles…)”, explicó Evers.
En su mensaje de este miércoles, junto a la reina Máxima, Guillermo Alejandro explicó que tomó en cuenta la “intensa” reacción de sus compatriotas, que han sido instados a limitar al máximo sus desplazamientos. Un día antes, la sociedad holandesa había reaccionado con ira después de que el gobierno reconociera que no toda la familia real regresó al país cuando se anunció, sino que la princesa heredera Amalia y la princesa Alexia se quedaron en Grecia por falta de pasajes de avión.
“Fue muy extraño que el rey y la reina decidieran volar a la casa de su familia en Grecia” después de las advertencias del gobierno, afirma Evers. “Se podría decir: vuelan con su ‘propio’ avión (es el avión del gobierno, también para los ministros) y se quedan en su propia casa, en lugar de ir a un hotel y restaurantes. Pero puedes imaginar que siempre hay otros involucrados: conductores, seguridad, pilotos, tripulantes de aerolíneas, personal de Grecia en la casa. Como jefe del gobierno, el rey dio un mal ejemplo al pueblo”.
“Lo que hizo que la situación fuera extraña fue que el portavoz de la casa real y el viceprimer ministro dijeron que no sabían sobre el viaje”, dijo Evers en un correo electrónico.
Tras criticarse duramente la noticia de que la familia real vacacionaba en Grecia, los reyes “decidieron volar de regreso al día siguiente con un vuelo regular de KLM”, relató el experto. “El primer ministro asumió su responsabilidad, ya que él siempre es responsable de lo que hacen el rey y los miembros de la Casa Real. ¿Pero era él realmente responsable, o fue el rey quien rechazó su consejo y eligió volar a Grecia? Probablemente nunca lo sabremos”.
La noticia de que las princesas Amalia y Alexia se quedaron en Grecia causó otra “tormenta” en las redes sociales, admite Rick Evers. “El rey y la reina no pudieron imaginar lo que sucedería en el país”. Los holandeses “estaban muy conmocionados por eso”.
“La gente podría pensar que Guillermo Alejandro y Máxima son bastante normales, y podrían ser tus vecinos o amigos, esta situación demostró que hay una gran distancia entre los reyes y su gente. ¿No entendían la situación del país, donde todos los restaurantes tuvieron que cerrar, se pedía a la gente que se quedara en casa y también se cancelaban los juegos deportivos?”, cuestionó.
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“Lamento haber traicionado vuestra confianza en nosotros”, declaró el rey, sentado junto a la reina Máxima, en un video difundido en las redes sociales.
El rey Guillermo Alejandro de Holanda se disculpó públicamente este miércoles 21 de octubre tras haber sido obligado a interrumpir sus vacaciones familiares en Grecia ante el descontento de los holandeses, actualmente en “confinamiento parcial” para luchar contra la segunda ola del Covid-19.
“Lamento haber traicionado vuestra confianza en nosotros”, declaró el monarca, sentado junto a la reina Máxima, en un video difundido en las redes sociales por el Palacio real.
Guillermo Alejandro, de 53 años, admitió que fue “muy imprudente” “no tener en cuenta el impacto de las nuevas restricciones en nuestra sociedad”, y precisó que le correspondió la decisión de interrumpir el viaje.
“Me dirijo a ustedes con pesar. Nuestro viaje a Grecia ha provocado fuertes reacciones de muchos holandeses”, dijo el monarca. “A pesar de que el viaje estuvo en línea con las regulaciones, fue muy imprudente no tomar en cuenta el impacto de las nuevas restricciones en nuestra sociedad”.
Según Guillermo Alejandro, él y la reina tomaron la decisión de regresar. “No deberíamos haber ido”, afirmó.
El mensaje se grabó este miércoles por la mañana en el Palacio Huis ten Bosch. El rey dijo que desde el inicio de la crisis del coronavirus, la familia hizo todo lo posible por “encontrar un espacio dentro de los límites de las restricciones y estar allí tanto como sea posible para todos los que buscan apoyo en tiempos inciertos”.
“Es un momento difícil para todos. Un tiempo de carencias, limitaciones y preocupaciones. Del miedo, la ira y la inseguridad también. Hemos escuchado las conmovedoras historias en muchos encuentros, en persona y digitalmente. Sentimos un vínculo contigo y con todas aquellas personas que han sido afectadas directa o indirectamente”, afirmó.
La pareja real dijo que continuarán trabajando en la lucha contra el coronavirus en su país, donde desde la aparición de la enfermedad se registraron oficialmente 244.391 casos positivos, con 6.814 fallecimientos, según las últimas cifras oficiales.
El trabajo de la familia real estará orientado, dijo el monarca, “a que todos en nuestro país puedan retomar la vida normal lo antes posible”. “Eso es ahora lo más importante y continuaremos haciéndolo lo mejor que podamos. Estamos involucrados, pero no somos infalibles”.
En estado de shock
La familia real acortó el sábado sus vacaciones, un día después de haber llegado a Grecia. Afirma que tomó en cuenta la “intensa” reacción de sus compatriotas, que han sido instados a limitar al máximo sus desplazamientos.
El asunto pareció cerrado pero el martes volvió a hablarse del tema después de que el gobierno admitiera que no toda la familia real regresó apresuradamente a Holanda, sino que la princesa heredera Amalia y su hermana menor, Alexia, se quedaron unos días más en Grecia porque la familia no consiguió pasajes de avión para todos.
“Esto causó más conmoción, porque el Servicio de Información del Gobierno y el Primer Ministro Rutte no le habían dicho que las princesas se habían quedado”, dijo el periodista Jeroen Schmale.
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En una semana de asueto, los reyes Guillermo Alejandro y Máxima habían pasarla con su familia en Kranidi, en la península de Peloponeso, donde poseen una villa.
El primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte, se vio forzado a hacer un mea culpa tras la tormenta que estalló contra los soberanos holandeses que partieron de vacaciones a Grecia a pesar de las últimas medidas anti-Covid implementadas por el gobierno que desaconsejaban, entre otras cosas, los viajes innecesarios. Rutte admitió que estaba al tanto de los planes del rey Guillermo Alejandro y la reina Máxima y no intervino.
“Me equivoqué”, dijo el premier, quien recientemente introdujo un bloqueo parcial en el país frente a un nuevo aumento de casos de coronavirus. En una carta al parlamento, el primer ministro reconoció que “se dio cuenta demasiado tarde de que” la fiesta real no estaba en línea con las nuevas medidas” frente a la pandemia. En Países Bajos, el primer ministro es responsable de las actuaciones del rey y los miembros senior de la Casa Real.
Los miembros de la familia real holandesa volaron a Grecia a bordo de un avión del gobierno, pero debido a la controversia interrumpieron las vacaciones y regresaron a Holanda en un vuelo programado de KLM. En una semana de asueto en Países Bajos y los reyes Guillermo Alejandro y Máxima habían pasarla con su familia en Kranidi, en la península de Peloponeso, donde poseen una villa.
Las críticas desatadas por el viaje fueron feroces, porque el propio Ejecutivo había pedido mesura a la población “y desplazarse lo menos posible”. “Cancelamos nuestra vacaciones. Hemos visto la reacción de la gente plasmada en la presa, y es intensa y nos afecta”, dijeron los monarcas en una nota. Y luego acotaron que no quieren que haya dudas sobre “la necesidad de observar las medidas de seguridad para combatir la covid-19, y una polémica como la de estas vacaciones no tiene cabida aquí”.
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