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  • Hace 63 años: quiénes asistieron a la boda de Balduino y Fabiola de Bélgica en Bruselas

    Como monarca de una de las familias reales mejor emparentadas del mundo, el rey Balduino de Bélgica logró reunir una importante masa de invitados de sangre azul cuando se casó el 15 de diciembre 1960, hace 63 años, con Fabiola de Mora y Aragón.

    El joven monarca, de 30 años, a quien muchos imaginaban soltero de por vida, sorprendió a Europa en septiembre de 1960 al anunciar que se casaría con la aristócrata española.

    En Madrid, la joven de 33 años, muy cristiana y solidaria, que estaba a punto de convertirse en monja, dejó boquiabierta a toda su familia al anunciarles que tenía novio y que ese joven era un rey.

    La familia más cercana de Balduino y Fabiola el 15 de diciembre de 1960.
    La familia más cercana de Balduino y Fabiola el 15 de diciembre de 1960.

    Catalogada como la boda del año, el romance despertó un frenesí de alegría en Bélgica, que hacía años no celebraba un casamiento real y veía con tristeza cómo la familia real aún no podía recuperarse de los años amargos de las trágicas muertes del rey Alberto I (1934) y la reina Astrid (1935), la guerra y la posguerra.

    Con tantos motivos para celebrar, el gobierno belga ofreció a Balduino la boda real más grande que vivió Bélgica en el siglo XX y, en, respuestas, decenas de miembros de la realeza viajaron hasta Bruselas para presenciar el evento.

    La relación de la familia real con las cortes de Europa quedó reflejada en la inmensa lista de invitados de sangre azul y casi no hubo ausencias notables.

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    La reina viuda Isabel de Bélgica con la reina Juliana de Holanda.

    La reina abuela viuda de Alberto I, Isabel de Baviera (sobrina de la emperatriz Sissi), no quiso perderse el casamiento de su nieto. Fallecería cinco años más tarde, en 1965, y fue sepultada junto a la tumba de su esposo.

    Artística, intelectual, la denominada “reina enfermera” había sido muy popular por su labor solidaria en la Primera Guerra Mundial, pero al enviudar se sumergió en un estilo de vida bohemio, cercano al comunismo, que le hizo perder la simpatía de los belgas. Pocos ciudadanos lloraron su muerte.

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    La presencia del ex rey Leopoldo III y su segunda esposa, Lilian, princesa de Réthy, no despertó una gran emoción entre el público que se congregó en Bruselas.

    Impopular por su papel y por su segundo matrimonio mantenido en secreto durante la Segunda Guerra Mundial, se había visto obligado a abdicar en Balduino en 1951, retirándose mayomente de la vida público.

    Su hermano Carlos, conde de Flandes y tío de Balduino, declinó la invitación a la boda porque se encontraba desde hacía años distanciado de la familia.

    Leopoldo III con su hijo Alberto y su yerno, Juan de Luxemburgo.

    Tres monarcas y decenas de príncipes: quiénes asistieron a la boda real de Balduino y Fabiola

    También asistieron a la boda todos los hermanos de Balduino: la mayor, Josefina-Carlota (1927-2005), estaba casada desde hacía siete años con el gran duque heredero de Luxemburgo, Juan (1921-2019).

    La pareja asistió a la boda acompañada de sus dos hijos mayores, el príncipe Enrique y la princesa Marie-Astrid. La representación de la familia real luxemburguesa estuvo presidida por la gran duquesa Carlota, por entonces la soberana más antigua de Europa (con 41 años de reinado), quien abdicaría en 1964, y su esposo el príncipe consorte Félix, príncipe de Borbón-Parma.

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    Josefina-Carlota se convertiría en la gran duquesa consorte de Luxemburgo cuatro años más tarde, en 1964, cuando su suegra abdicó al trono granducal y su esposo, Juan, se convirtió en el nuevo soberano.

    La gran duquesa, tercera princesa de la historia belga que se convertía en soberana en el extranjero, tuvo una enorme familia (5 hijos y más de 20 nietos) y murió de cáncer en 2005. El gran duque Juan abdicó en 2000 y murió en 2019. Están sepultados en la cripta granducal de la Catedral de Notre-Dame de Luxemburgo.

    Josefina Carlota de Luxemburgo junto al ex rey Humberto II de Italia.
    Josefina Carlota de Luxemburgo junto al ex rey Humberto II de Italia.

    Alberto, príncipe de Lieja, y su esposa italiana Paola Ruffo di Calabria, fueron los que se llevaron la mayor cantidad de aplausos del público, admirados por su juventud y su belleza.

    También asistieron los hermanastros de Balduino (hijos de Lilian), los príncipes Alejandro, María Esmeralda y María Cristina.

    El príncipe de Lieja, en tanto, sucedería a Balduino en el trono en 1993 porque, como se sabe, la reina Fabiola no tuvo hijos. Paola de Lieja fue una reina popular, pero una figura ensombrecida por los escándalos protagonizados por su esposo.

    Pese a la reticencia de Balduino y Fabiola de dejar el trono a la díscola y rebelde pareja, y de preferir en su lugar al príncipe Felipe, el destino siguió su curso. Alberto II abdicó al trono en 2013, tras veinte años de reinado.

    Balduino y Fabiola durante su boda civil en el Palacio Real de Bruselas.
    Balduino y Fabiola durante su boda civil en el Palacio Real de Bruselas.

    Nacida en la familia real belga, como hija de Alberto I e Isabel, asistió a la boda la última reina de Italia, María José (1906-2001). Le acompañaban su esposo, Umberto II (1904-1983), y sus hijas, las princesas María Pía, María Gabriela y María Beatriz.

    Conocido como el “rey de mayo”, Humberto I había abdicado tras la Segunda Guerra Mundial y la caída del fascismo en 1946. Convertida Italia en una república, las autoridades prohibieron el regreso al país de toda la dinastía con excepción de María José, que no hizo uso de ese privilegio. Separada entonces de su marido y poco relacionada con la familia belga, María José viviría tranquilamente en Suiza hasta su muerte.

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    La doble boda (civil en el Palacio Real de Bruselas y religiosa en la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula) contó con la presencia del rey Olav V de Noruega (1903-1991), primo hermano de Balduino.

    Reinante desde hacía tres años, era viudo y se rumoreaba entonces que tenia un romance con la empleada de una tienda de ropa de Oslo pero tuvo que sacrificar la relación por el bien de la corona. Reinaría hasta su muerte en 1991, después de haber sido el segundo rey de la moderna monarquía noruega.

    A la boda le acompañó su segunda hija, la princesa Astrid, que solía ejercer como primera dama por ausencia de una reina. Tres años después protagonizaría su propia boda con un plebeyo, asistente de un comercio de Oslo.

    Balduino y Fabiola después de su boda religiosa en la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula.
    Balduino y Fabiola después de su boda religiosa en la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula.

    La reina Juliana de Holanda (1909-2004) y el príncipe consorte Bernardo (1911-2004) se hallaban en el máximo de su popularidad cuando asistieron a la boda de Balduino y Fabiola.

    Asistieron con su hija mayor, la princesa Beatriz, quien sería reina de los Países Bajos desde 1980, cuando Juliana abdicó.

    En los años 70, Bernardo fue acusado de haber recibido sobornos de una fábrica de aviones estadounidenses y perdió no solo su popularidad y su prestigio internacional, sino también sus cargos oficiales.

    Avergonzada, Juliana abdicó poco después alegando estar (a los 71 años) demasiado mayor para reinar. Juliana y Bernardo murieron en 2004, después de haber alcanzado los 67 años de matrimonio, mientras Beatriz reinó hasta su abdicación en 2013.

    Balduino y Fabiola después de su boda religiosa en la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula.
    Balduino y y la flamante reina Fabiola a la salida la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula.

    Decenas de príncipes, parientes del rey Balduino, dijeron presente en su boda con la reina Fabiola

    Los reyes de Suecia y Dinamarca no asistieron a la boda belga pese a estar ampliamente relacionados con Balduino.

    El rey sueco Gustavo VI Adolfo envió en su representación a su hijo, el príncipe Bertil, duque de Halland (1912-1997). Soltero a los 48 años, era el único de los cuatro hijos del rey que no había perdido su estatus real ni sus derechos sucesorios a causa de sus matrimonios con plebeyas.

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    El propio Bertil estaba entonces en pareja con la inglesa Lilian Davies, pero no se casó con ella sino hasta 1977 porque antepuso sus deberes reales justo cuando la casa real sueca se encontraba en un grave peligro sucesorios: su sobrino y heredero del trono, Carlos Gustavo, era apenas un adolescente.

    Desde la casa real de Dinamarca, viajaron a la boda de los reyes belgas el príncipe Axel, de 72 años, y su esposa Margarita. Hija mayor del fallecido príncipe Carlos de Suecia, duque de Västergötland, Margarita era la única hermana sobreviviente de la fallecida reina Astrid, madre de Balduino. Axel moriría en 1964 y su viuda regresó a su país natal para reintegrarse como miembro de la casa real de Suecia y participó de numerosos actos oficiales hasta su fallecimiento a los 78 años en 1977.

    Balduino y Fabiola después de su boda religiosa en la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula.
    La procesión nupcial de Balduino y Fabiola.

    La familia real española, exiliada y sin patria, no podía estar ausente de la boda belga a causa de la estrecha relación que mantenían con la familia de Mora y Aragón.

    En una presencia censurada en los medios españoles por el régimen franquista -adverso a los Borbones-, viajaron a Bruselas don Juan de Borbón y Battenberg (1913-1993), jefe de la casa real y conde de Barcelona, su esposa doña María de Borbón-Dos Sicilias (1910-2000), su hijo el príncipe don Juan Carlos y la infanta María Cristina, hermana de don Juan.

    Pese a haber luchado incansablemente para restituir la monarquía española, don Juan no logró su cometido por oposición del general Francisco Franco, quien “heredó” la corona al príncipe Juan Carlos.

    Don Juan, después de años de distanciamiento con su hijo a causa de la sucesión, retorno a España donde murió en 1993 y fue sepultado con honores de rey, con el nombre de “Juan III”. Juan Carlos reinaría 39 años, desde la muerte de Franco hasta una abdicación envuelta en escándalos en 2014.

    Las familias reales destronadas después de la Segunda Guerra Mundial aistieron en masa a la boda de Balduino y Fabiola. El ex rey Simeón II de Bulgaria, quien había ascendido al trono en 1943, a los 6 años de edad, y abdicado en 1946, encabezaba la lista, seguido por el ex rey Miguel y la reina Ana de Rumania. El heredero del último emperador austrohúngaro, el archiduque Otto de Habsburgo-Lorena y los duques de Braganza, pretendientes del trono de Portugal, completaban la lista de asistentes.

    La princesa Margarita de Inglaterra, la estrella de la boda de Balduino y Fabiola

    La familia real británica, que durante bastante tiempo había tenido una relación fría con la familia real belga desde 1962, cuando, contra el deseo de su pueblo y los deseos británicos, Balduino se negó a asistir al funeral del rey Jorge VI en 1952.

    Según el protocolo belga, el monarca solo podía asistir a un funeral de Estado en el extranjero si ya había visitado ese país oficialmente. Como Balduino reinaba desde apenas siete meses antes y aún no había visitado el Reino Unido, rechazó la invitación para asistir al funeral y envió a su hermano Alberto en su representación.

    La princesa Margarita de Inglaterra tenía 30 años cuando asistió a la boda de Balduino y Fabiola.
    La princesa Margarita de Inglaterra tenía 30 años cuando asistió a la boda de Balduino y Fabiola.

    En represalia, los británicos no asistieron a la boda de Alberto y Paola en 1959, en una escalada que continuó en mayo de 1960, cuando Balduino se negó a asistir a la boda de la princesa Margarita de Inglaterra.

    Al igual que el resto de las casas reales, el rey belga consideraba absolutamente inapropiado que una princesa inglesa se casara con un fotógrafo. En lo que muchos entendieron como una sutil “revancha”, la reina Isabel II aceptó la invitación a la boda de Balduino y Fabiola enviando, en su lugar, a su hermana Margarita y al fotógrafo.

    La hermosa princesa Margarita (1930-2002) acaparó la atención de todos los medios de prensa acreditados en Bruselas y fue la que más gritos de admiración cosechó entre las multitudes.

    Famosa por haber renunciado al amor en 1955 para obedecer los preceptos reales, había logrado su cometido de casarse con Tony Armstrong-Jones, pero el matrimonio no fue feliz. Primera divorciada de la familia real en 400 años, Margarita tuvo un final amargo ensombrecido por diversos problemas de salud. Tony, casado en segundas nupcias con una amante, murió en 2008.

  • La muerte de un príncipe niño que cambió el destino de la monarquía belga

    La muerte del pequeño príncipe Leopoldo de Bélgica a edad temprana, en 1869, trastornó los destinos de la joven monarquía de su país. Era el único hijo varón del rey Leopoldo II y, como tal, estaba destinado a convertirse en el tercer rey de los belgas.

    El príncipe Leopoldo, Leopold Ferdinand Elias Victor Albert Maria, nació el 12 de junio de 1859 en el Castillo de Laeken y era el segundo hijo del príncipe Leopoldo, el hijo mayor de Leopoldo I, y la archiduquesa María Enriqueta de Austria. A través de su padre, el príncipe era bisnieto de Luis Felipe de Orleáns, último rey de Francia, mientras por el lado materno era bisnieto del sacro emperador Leopoldo II.

    La alegría de los belgas y la familia real fue grande, ya que hasta entonces la pareja de príncipes herederos había tenido solo una hija, la princesa Luisa.

    El niño fue bautizado como su padre y su abuelo, pero también recibió otros nombres de importancia como Fernando, en honor al rey Fernando II de Portugal, su padrino; Elias, la abreviatura de Elisabeth de Austria, hermana y madrina de su madre; Víctor en homenaje a la reina Victoria de Inglaterra, prima del niño, y Alberto, por el marido de la reina británica y también emparentado con la familia real belga por ser un príncipe de Sajonia-Coburgo-Gotha.

    LEOPOLDO II DE BÉLGICA Y SU ESPOSA MARÍA ENRIQUETA DE AUSTRIA

    Además de los nombres, el príncipe Leopoldo recibió el título de Conde de Hainaut al momento de su nacimiento y, en 1865, cuando su padre ascendió al trono, se convirtió en el Duque de Brabante, correspondiente al heredero del trono belga, a la edad de cuatro años.

    Según los historiadores, el duque de Brabante fue un niño alegre pese a la desgracia que era el matrimonio de sus padres, pero su salud nunca fue buena. En 1864 Leopoldo y María Enriqueta fueron padres por tercera vez, de una niña a la que bautizaron Estefanía y sería, mucho después, consorte del trágico archiduque Rodolfo de Austria, quien se suicidó en 1889.

    En 1868, el duque de Brabante cayó en un estanque de agua ubicado en el parque de Laeken. Afortunadamente fue rescatado a tiempo pero el enfriamiento le causó neumonía. Pese a que Leopoldo II luchó por conseguir la mejor atención médica posible, el estado de salud del niño empeoró hasta que murió, por complicaciones cardíacas, el el 22 de enero de 1869.

    MUERTE DE LEOPOLDO, DUQUE DE BRABANTE

    El heredero del trono no tenía más de 9 años. Leopoldo II quedó terriblemente devastado por la muerte de su único heredero y lloró públicamente en los funerales reales. La reina María Enriqueta, quien en 1871 logró dar a luz a una tercera hija, la princesa Clementina, fue culpada por Leopoldo II por la muerte de su hijo y el matrimonio comenzó a derrumbarse.

    La falta de heredero directo constituyó uno de los más amargos pesares de Leopoldo II, quien trasladó su cariño y sus esperanzas dinásticas a su inteligente y apuesto sobrino el príncipe Balduino, hijo de Felipe, conde de Flandes. Las esperanzas, sin embargo, se vieron marchitas cuando el propio príncipe murió a los 21 años, víctima de la influenza, aunque algunos aseguran que murió abatido en un duelo con un marido celoso.

    El conde de Flandes y su esposa, María de Hohenzollern, afortunadamente tenían dos hijas, Josefina y Antonieta -que llegaron a ser, respectivamente, duquesa de Vedome y princesa de Hohenzollern por matrimonio- y un segundo hijo, Alberto. El conde de Flandes, que era sordo, renunció voluntariamente a todos sus derechos sucesorios al trono, por el cual no sentían ninguna ambición, y Leopoldo II fue finalmente sucedido por su sobrino, el rey Alberto I.

  • Quién es quién en la realeza: Astrid de Bélgica, la soñada “reina” de los belgas, cumple 60 años

    Trabajadora incansable por causas justas, la hija de Alberto II y Paola sonó como posible sucesora del rey Balduino cuando la popularidad de su hermano Felipe estaba por los suelos.

    La princesa Astrid es uno de los miembros más populares y respetados de la familia real de Bélgica, sobre todo por su labor en el marco económico y cultura del país. Al igual que sus hermanos, realiza giras internacionales presidiendo comitivas económicas belgas para establecer relaciones comerciales con países en vía de desarrollo y muchos años atrás estuvo en la mira de la opinión pública al ser la favorita de los belgas para ocupar el trono y convertirse en la primera reina de Bélgica por derecho propio, después de su tío Balduino I.

    De nombre completo Astrid Joséphine-Charlotte Fabrizia Elisabeth Paola Marie, vino al mundo el el 5 de junio de 1962 como la segunda hija de los entonces príncipes de Lieja, Alberto, hermano menor del rey Balduino, y Paola, noble de origen italiano, los cuales habían contraído matrimonio el año anterior. Antes que ella, que en el momento de su nacimiento adquirió la condición de Princesa de Bélgica con tratamiento de alteza real, nació el príncipe Felipe -actual rey- en 1960, y un año después que Astrid nació el príncipe Laurent.

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    De los tres, la primero en casarse, antes de que los padres cambiaran la condición principesca por la real, fue Astrid. Su boda el 22 de septiembre de 1984 con el archiduque Lorenz d’Aviano, cabeza de la Casa Archiducal de Austria-Este, reunió a un sinfín de príncipes y princesas euroepas en Bruselas y la convirtió en Archiduquesa de esta casa de Habsburgo con los tratamientos de Alteza Imperial y Real.

    Astrid y Lorenz dieron a Alberto y Paola sus primeros nietos: Amadeo (1986), María Laura (1988), Joaquín (1991) y Luisa María (1995), a los que posteriormente iba a sumarse Leticia María (2003). Todos ellos son Archiduques de Austria-Este y Príncipes de Bélgica y ocupan un puesto en la sucesión al trono. Astrid tiene, además, dos nietos.

    El hecho de que los reyes Balduino y Fabiola no tuvieran hijos colocó al padre de Astrid al frente de la línea sucesoria, pero sólo sobre el papel. En la década de los ochenta la opinión pública se convenció de que Alberto, que ya era cincuentón y había arrastrado una imagen de cierta indolencia mundana o de desapego a las obligaciones institucionales, terminaría renunciando a sus derechos sucesorios, probablemente en favor de su vástago mayor, con el que las relaciones en público, empero, no destacaban por su calidez.

    En efecto, el discreto príncipe Felipe, cuya personalidad era descrita como introvertida y lacónica, quizá insegura, muy diferente al carácter de su padre cuando tenía su edad, venía recibiendo una instrucción tal que sugería su preparación para convertirse en el sucesor directo de su tío cuando llegara el momento. Pero también podría estar pensándose en su hermana Astrid, tal como sugirió la abolición de la ley sálica en 1991. Esta nueva regla modificó el orden sucesorio, ubicando a Astrid por delante de su hermano menor y después de Felipe, lo que aumentó las chances -y las esperanzas de muchos belgas- de convertirse en la primera mujer que ocupa el trono de los Sajonia-Coburgo.

    Cuando el rey Balduino murió en 1993 hubo un momento de confusión cuando los diarios comenzaron a mencionar a Astrid como la posible nueva heredera del trono en detrimento de Felipe, pues al fin y al cabo era la favorita de Alberto (el nuevo rey) y la más popular de la familia real. Los belgas sabían que sería muy difícil sustituir a Balduino, un hombre que había llegado a una profesionalidad y a un rigor en el ejercicio de su trabajo de difícil parangón entre sus pares. Paralelamente, Felipe a los 33 años aún no estaba casado y al parecer no se había mostrado interesado en asumir su destino real.

    La princesa Astrid siempre demostró especial preocupación por aquellos en la sociedad que corren el riesgo de caer a través de redes de abuso, violencia y trata de personas, y apoya iniciativas que ayudan a las personas desfavorecidas, en particular a las madres solteras y a las personas que carecen de educación y habilidades. Su amplio currículum incluye la membresía honoraria del Comité Paralímpico Internacional (IPC), presidenta honoraria de la organización benéfica Action Damien / Damiaanactie, cargo en el que sucedió a la reina Fabiola, Presidenta Honoraria de la Fundación Médica Reina Elisabeth y de los Fondos Científicos y Médicos de la Fundación Rey Balduino, estas dos destinadas a apoyar la investigación médica fundamental.

    Astrid también está involucrada en la lucha contra las epidemias y pandemias, como Representante Especial de la Alianza Roll Back Malaria (RBM), y enfocó sus esfuerzos por combatir las minas antipersonal como Enviada Especial de la Convención de Prohibición de Minas Antipersonal de Ottawa, liderando un grupo de trabajo encargado de promover el tratado a nivel diplomático en los estados que aún no lo habían hecho. Unido. La princesa Astrid se incorporó a las Fuerzas Armadas belgas el 22 de mayo de 1997 y es coronel de la Unidad Médica.

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  • Una reina, la primera mujer que entró en la tumba de Tutankamón, hace 99 años

    A la reina Isabel, esposa de Alberto I de Bélgica, le apasionaba todo: las ciencias, las artes, las religiones, las culturas… La pasión por el conocimiento y la investigación la heredó de su padre, el duque Carlos Teodoro, quien fue el primer médico oftalmólogo de Baviera y prefería asistir a los enfermos de su país antes que participar en las ceremonias cortesanas.

    Isabel -bisabuela del actual rey de Bélgica- era una mujer de mente tan curiosa que llegó a ser una las primeras mujeres europeas en entrar en la tumba del faraón Tutankamón en el Valle de los Reyes en Egipto en 1923. Jean Capart (1877-1947), padre de la egiptología belga y miembro del Museo de Bruselas, fue su guía personal en la expedición que la llevó a penetrar uno de los monumentos funerarios más apasionantes de la historia.

    Tutankamón fue el rey que regresó al culto de Amón, dios de Tebas, y restableció la residencia real allí, después de que su suegro, Akhenaton o Amenophis IV rompiera espectacularmente con el poderoso sacerdocio, mudara su capital a Tell-el-Amarna y declarara el monoteísmo. En agradecimiento por este regreso, Tutankamón fue enviado a su viaje a través del inframundo equipado naves funerarias e implementos mortuorios como nunca antes se habían visto.

    “El 22 de noviembre de 1922, Lord Carnarvon y Howard Carter encontraron una tumba en el Valle de los Reyes“, escribe el arqueólogo e historiador Patrick Weber. “Cuando oyó la noticia, Isabel se emocionó. La pared que separaba la antecámara de la bóveda debía ser abierta y la reina deseaba presenciar el acontecimiento (…) Telegrafió a Lord Carnavon para ver si se le permitiría unirse a él y obviamente se le da la autorización”.

    Dos meses más tarde, de “riguroso incógnito” según informó la prensa, la reina de los belgas ya estaba en el sitio donde estuvo la ciudad real de Tebas, en el desierto egipcio y bajo altísimas temperaturas, porque quería presenciar con sus propios ojos la apertura de la tumba del faraón más misterioso de la historia.

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    “Esta mañana muy temprano, el silencio de la necrópolis real tebana fue turbado por los preparativos que hubieron de preceder a la apertura de la tumba de Tutankamon”, relataba la prensa en febrero de 1923. “La ceremonia tuvo lugar en presencia de la reina de Bélgica y de su hijo, el príncipe heredero Leopoldo”.

    “El grupo oficial se trasladó a pie al lugar donde se encuentra el mausoleo del faraón. Los subterráneos oscuros estaban iluminados por un arco voltaico de más de mil bujías. Prescindiendo de la etiqueta, el alto comisionado británico, Lord Carnarvon y los arqueólogos, con el beneplácito de la soberana, pusiéronse en mangas de camisa, toda vez que en el interior dela tumba el calor era aún más que a pleno sol.

    La reina descendió primero sin desprenderse de su hermosa piel. Los despachos recibidos de Luxor relatan muy someramente la ceremonia allí realizada. Sólo dicen que en el interior de la tumba se hallaban dispuestas una veintena de sillas, donde tomaron asiento los invitados oficiales, y agregan que la reina no pudo ocultar por un momento la profunda impresión que el acto le producía. Carter, iluminándose con una lámpara portátil, invitó a la reina Isabel a descender por la estrecha abertura practicada en el muro de la cueva. Lord Allemby (mariscal de campo británico), que como es sabido, es corpulento, logró con grandes esfuerzos seguir a la reina de Bélgica.

    “Cuando media hora más tarde la comitiva descendía a la superficie, el alto comisario, cubierto de polvo, dijo a la reina enjugándose el sudor de su frente: ‘Este pasadizo es demasiado estrecho, señora, gran superioridad sobre mi corpulencia’. La soberana, que se abanicaba, se contentó con sonreír y se apresuró a tomar el vaso de agua que le ofrecía un criado local. Cuando se hubo repuesto, se le oyó decir a sus compañeros de expedición, ¡Es maravilloso!”

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  • Hace 119 años: murió la reina María Enriqueta, una Habsburgo en el dramático trono de Bélgica

    En la primavera de 1853, como con cada resurgimiento de esta naturaleza, Viena comenzó a girar de nuevo al son de valses que hechizaban a la ciudad imperial. El Imperio Austro-Húngaro estaba viviendo sus mejores momentos en el apogeo de un poder incomparable. Allí se hablaban tantos idiomas que el latín se convirtió en el idioma administrativo como en los tiempos de la Antigua Roma.

    Nacida el 20 de agosto de 1836, María Enriqueta era la hija del archiduque José, Palatino de Hungría, y de la duquesa Dorotea de Wurtemberg, su tercera esposa. Su padre se adaptó fácilmente al estilo de vida de sus ciudadanos húngaros, hasta el punto de ponerse sus ropas tradicionales y dominar a la perfección su complicado idioma. Al igual que su padre, a la archiduquesa le gusta viajar por el campo.

    Era bastante bonita aunque ella se sentía muy gorda y luchaba por disimular su figura. Pasó su juventud galopando por la llanura húngara, desdeñando la posición de amazona que corresponde a las chicas de su rango, lo que sorprendió a buena parte de la corte. A ella no le importaba.

    Su educación distaba mucho de ser perfecta, pero era multilingüe y una gran admiradora de los aires gitanos. Un poco masculina en sus gestos a veces abruptos, su risa ronca recordaba un poco el cambio en la voz de los adolescentes. Esta vida al aire libre llegó a su fin un buen día, cuando conoció al hombre que había sido elegido para pasar el resto de su vida con ella.

    Para su cumpleaños 18, el príncipe heredero, duque de Brabante y futuro rey de Bélgica Leopoldo II fue llevado por su padre en una gira por las cortes europeas que tuvo a Viena como su lugar central. Allí es se diseñó ese matrimonio con María Enriqueta, que resultaría ser el más siniestro de la historia de la monarquía belga.

    La boda por poderes tuvo lugar el 10 de agosto a las 6 de la tarde en el Palacio de Schönbrunn

    El conde O’Sullivan de Grass, embajador belga en la capital austriaca, escribió a Henri de Brouckère, el ministro belga de Asuntos Exteriores: “La futura duquesa de Brabante no es alta, pero está muy bien formada, su rostro expresa suavidad, sus facciones son muy agradables, sus ojos llenos de encanto e inteligencia, su tez notablemente fresca, su cabello rubio ceniza es muy hermoso. Recibió una educación brillante, habla muy bien francés, italiano e inglés, es buena música, pinta muy bien, en óleos, flores y frutas”.

    En el Castillo de Laeken, en Bruselas, una residencia todavía ensombrecida por la prematura muerte de la reina Luisa María (madre del príncipe), solo la princesa Carlota, futura emperatriz de México, parecía estar encantada de dar la bienvenida a una nueva cuñada a la familia. Circulaba el rumor según el cual la futura duquesa de Brabante era una joven abrupta y muy independiente, todo lo contrario de la hija del rey de los belgas, romántica a voluntad que ya soñaba con el príncipe azul que vendrá a llamar a la puerta de su corazón.

    En el séquito del rey Leopoldo y su hijo chismes abundaban. La duquesa de Dino escribió: “Encontramos al duque de Brabante a veces demasiado bien educado, tan educado, dulce, inclinado a la humildad, la imagen de su padre”. Mientras que el geógrafo Alexander von Humboldt llegó allí con un pensamiento propio: “Dicen que sería hermoso si su nariz no perfilara una sombra similar al Monte Athos”.

    Los jóvenes prometidos no tenían casi nada en común: el príncipe Leopoldo odiaba profundamente todo lo que amaba la joven austrohúngara: los caballos, la música, el baile… Ante la consternación de María Enriqueta, su madre la obligó a ser el centro de la escena de las celebraciones y los honores con los que la corte de Viena celebró su compromiso: ¡Otra Habsburgo sería reina de un país de Europa!

    Bautizo de la princesa Clementina

    Curiosamente, el rey Leopoldo I, que forzaba a su heredero a este matrimonio, olvidó que se casó por amor dos veces: primero, con la princesa inglesa Carlota de Gales, y después con la princesa francesa Luisa María de Orleáns. Viudo dos veces, ahora pasaba su tiempo en los brazos de su amada, Arcadie Claret-Meyer, con quien tuvo hijos.

    La boda por poderes tuvo lugar el 10 de agosto a las 6 de la tarde en el Palacio de Schönbrunn, magnífica sede oficial de la monarquía Habsburgo. Es el archiduque Carlos Luis, el hermano menor del emperador Francisco José, cumplió el papel de novio e incluso intercambió alianzas con su sobrina frente a toda la familia imperial y la aristocracia. Cuatro días después, María Enriqueta partió para siempre hacia Bélgica.

    Antes de abandonar definitivamente Austria, María Enriqueta hizo una parada en la residencia de su tío Stéphane, el personaje más original de la familia imperial cuyo carácter alegre contrastaba con la severidad de la corte de Francisco José. Amaba los libros tanto como el buen vino y tranquilizó a su sobrina recordándole que los miedos iniciales de Luisa María antes de llegar a Bruselas rápidamente se desvanecieron.

    Muerte del príncipe Balduino

    Una esplendorosa boda carente de amor

    Ante los vítores de la multitud, el tren de María Enriqueta llegó a Herstal, desde donde la llevaron al castillo de la vizcondesa de Biolley, no lejos de Verviers. Nada más instalarse llegaron el rey Leopoldo I, sus dos hijos y toda una serie de dignatarios del Estado y la nobleza. María Enriqueta fue entregada a Bélgica siguiendo un rito inmutable, iniciado por Felipe II de España.

    El viaje continúa en tren en medio del júbilo popular. “Cuando llegué a Bruselas, tuve un doloroso calambre en el brazo por saludar tanto”, le escribió la archiduquesa a una amiga. La doble boda real tuvo lugar el 22 de agosto: el casamiento civil fue ante el alcalde de Bruselas, Charles de Brouckère, y el religioso bajo la dirección del arzobispo de Malinas. Una procesión histórica, una cena de gala y un gran concierto sellaron ese largo día.

    No fue hasta noviembre que la joven pareja emprendió un viaje de incógnito a Egipto, bajo el nombre de vizconde y vizcondesa de Ardenne. Antes de contemplar las pirámides y la Esfinge (de la que en ese momento, solo la cabeza emergía de la arena), la pareja pasó por Alemania y Austria, antes de pasar un buen tiempo en Venecia y embarcarse en Trieste para conocer Alejandría. Llegados a El Cairo, son recibidos por el virrey de Egipto, quien les prepara muchas fiestas. Pero el duque de Brabante ciertamente prefiere las orillas del Nilo y a ambos les gusta llevarlo en barco a Asuán, parando en las mismas paradas que los turistas de hoy.

    Sin duda, fue durante este viaje cuando nació el espíritu explorador del futuro Leopoldo II, que también será el único viaje fuera de Europa en toda su vida. En el plano romántico, el viaje resultó ser menos placentero y según la princesa Carlota: “Si Leopoldo no está contento con ella, es porque no quiere serlo, porque ella es completamente digna de su cariño”.

    María Enriqueta nunca sería feliz como esposa de Leopoldo. A sus expresiones de interés en sus ideas y proyectos, Leopoldo siempre respondió con ironía o, peor aún, con sarcasmo.

    Los caballos y su cuñada eran el objeto de su amor

    Durante los primeros años, nacieron cuatro niños: el príncipe Leopoldo y las princesas Luisa, Clementina y Estefanía. De su hijo, que murió a los 10 años de neumonía y problemas cardíacos, rara vez se habló. Tras la muerte de Leopoldo I, en diciembre de 1865, María Enriqueta se convirtió en la segunda reina de los belgas, cosa que no la hizo más feliz. Solo su pasión por la equitación, que comparte en particular con el general Chazal, el ministro de la Guerra y confidente suyo, era capaz de hacerla feliz y hacerle olvidar por breves momentos su eterna amargura. En los establos de Laeken, la reina cuidaba personalmente de veintidós caballos. Su hija Luise relató en sus memorias que su caballo favorito subía los escalones de la entrada, entraba en la casa de la reina y, después de una sesión de caricias y recompensas, regresaba a su lugar.

    Pero los equinos no eran su única preocupación. La princesa Carlota, su querida cuñada, se hundió en la locura desde que su esposo Maximiliano, efímero emperador de México, fue ejecutado en Querétaro. El sueño imperial de Carlota se derrumbó junto con la confianza que ha depositado en su marido, un mujeriego acérrimo, lo que definitivamente la trastornó. La emperatriz se volvió loca y no recuperaría jamás la cordura.

    La reina María Enriqueta viajó hasta el castillo de Miramar, Trieste, para llevar de vuelta al campo a la infortunada emperatriz Carlota, a quien los médicos habían encerrado en un pabellón del jardín con todas las puertas y ventanas tapiadas.

    Tan pronto como crucé la antesala, Carlota se arrojó a mis brazos y me besó con conmovedor afecto, luego me hizo sentar a su lado y retuvo mi mano, que ella acariciaba todo el tiempo. Creo que está loca, el conde de Flandes lo atestigua y aquí lo afirman tres médicos; pero mentiría si te dijera que no da la más mínima prueba de ello”, escribió María Enriqueta antes de sacar a la infortunada Carlota de su asilo forzado para finalmente regresar la Bélgica.

    Durante la guerra de 1870, librada por Francia y Prusia, María Enriqueta consiguió que su marido transformara el Castillo de Ciergnon y el Palacio Real de Bruselas en hospitales de campaña para tratar a los heridos franceses que cruzaban la frontera belga. Los libros de historia la retratan corriendo entre las camas para repartir ayuda a los convalecientes y ofrecerles entradas para el espectáculo para su primera salida autorizada. A pesar del peligro de contagiarse, visitó a las víctimas de la epidemia de viruela y tifus que llegó a Bélgica en 1871.

    Una sucesión de tristezas rompieron su corazón

    En el plano íntimo, su vida familiar era una desgracia: la princesa Estefanía se casó con Rodolfo de Habsburgo, el hijo del emperador Francisco José y la hermosa emperatriz Sissi. Esta unión podría haber sido la más feliz si su esposo no se hubiera enamorado locamente de la baronesa Marie Vetsera, junto a la cual se suicidó en el pabellón de caza de Mayerling, en 1889. Estefanía recibió una carta de Rodolfo antes de la tragedia: “Querida Estefabía, ya estás liberada del tormento de mi presencia. Sé feliz a tu manera, sé buena por la pobre pequeña que es lo único que me queda”.

    Leopoldo II, todavía shockeado por la muerte de su pequeño y único hijo varón en 1880 e inmerso en sus sueños imperiales africanos, se mostró ausente de todos los dramas que rodearon a la reina. “Leopoldo me preocupa seriamente. Está pasando por una profunda depresión moral. Durante horas, no dice una palabra y, de repente, su irritabilidad se vuelve aterradora”, escribió María Enriqueta.

    El 23 de enero de 1891, como colofón, el príncipe heredero Balduino, sobrino de Leopoldo, murió de neumonía tras un desfile de su regimiento en el gélido invierno. La reina lo había convertido en su protegido y sufrió mucho esta pérdida. Un año antes, María Enriqueta había sufrido la muerte de su ama de llaves favorita en un incendio del Castillo de Laeken. Un año después, su querido amigo Chazal murió y la reina lloró a un viejo compañero con el que compartió todo, mucho más de lo que compartió con Leopoldo.

    Hasta 1893, sin pestañear, la reina siguió desempeñando su papel, pero deprimida por tantas trageduas pronto decidiría huir de todo. En 1893 y 1894, María Enriqueta y su hija Estefanía encontraron refugio en el castillo de la familia Peltzer en Spa, donde recibió, en un carruaje con colores franceses, a su tío, el famoso duque de Aumale.

    Más atraída por el bosque salvaje que por la solemnidad del palacio de Bruselas, la reina obtuvo de su marido el derecho a adquirir una residencia en la ciudad balneario. Su elección recayó en el Hôtel du Midi, una gran casa con tres edificios principales con un magnífico jardín. Allí volvió a sentirse feliz y recibió visitas de familiares de media Europa.

    Bélgica lloró sinceramente su muerte

    María Enriqueta fue a Bruselas por última vez el 6 de octubre de 1900 para participar de la bienvenida a la princesa bávara Isabel, que acababa de casarse con el príncipe heredero Alberto en Múnich. La joven sería posteriormente la “reina enfermera”, una heroína para Bélgica durante los tiempos de la Primera Guerra Mundial. Tras esto, María Enriqueta regresaría a Spa para siempre: no quería volver a ver a su marido, que ya no disimulaba su idilio con la escandalosa baronesa de Vaughan.

    Vivió allí durante dos años, propensa a numerosos problemas cardíacos, aunque recibió a su voluble marido en raras ocasiones. Cuando la visitó por última vez a principios de septiembre de 1902, Leopoldo II le confió a uno de sus amigos: “Ya no somos jóvenes, sin duda, pero la reina y yo lo estamos haciendo bien”. El 19 de septiembre, la soberana acudió al hospicio de ancianos al que apoyaba activamente. Queriendo comprobar la calidad de los platos que se servían allí, pidió un plato de sopa, dos huevos y una tostada. Luego se quedó dormida. Pidiendo ayuda para levantarse de su silla, cayó lentamente al suelo y murió instantáneamente y sin dolor alguno.

    Como reina consorte María Enriqueta tuvo derecho a un funeral de Estado que paralizó a la capital belga y cubrió las calles y avenidas de miles de dolientes silenciosos. La baronesa de Vaughan, que se casaría en secreto con Leopoldo II años más tarde, señaló en sus Memorias: “Al enterarme de la muerte de la reina, fui al Hôtel Scarron donde vi al rey entre lágrimas, colapsado de verdadero dolor. Su emoción mostró una sensibilidad desconocida para el público”.

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  • Egiptóloga, artista y comunista: hace 145 años nació Isabel de Baviera, la “reina roja” de Bélgica

    La duquesa Isabel de Baviera llegó a ser la tercera reina consorte de Bélgica. Los ciudadanos belgas la admiraron mucho pero nunca se sintieron identificados con esa naturaleza libre y caprichosa, ese espíritu no convencional y hasta excéntrico. Aunque mientras vivió su esposo, el rey Alberto I, fue una “prisionera del protocolo”, al enviudar, su carácter se tornó volatil, autoritario y plenamente artístico.

    Isabel (1876-1965) pertenecía una de las dinastías más excéntricas que ha conocido Europa, los Wittlesbach, era sobrina del “rey loco” Luis II, el megalómano de los castillos de cuentos, y ahijada de “Sissi”, la depresiva y vanidosa emperatriz Isabel de Austria. Su padre, el duque Carlos Teodoro, fue considerado el padre de la medicina alemana y abandonaba sus castillos o regimientos para seguir estudios de medicina y cuidar de los desamparados que vivían en la pobreza. Isabel heredó también su compasión.

    LA REINA ENFERMERA

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    En 1900 se casó con el príncipe Alberto de Bélgica, sobrino del rey Leopoldo II, al que había conocido en un funeral, el de la duquesa de Alencón, tía de Isabel, fallecida durante un incendio en París. Al llegar a Bélgica, Isabel sorprendió a los burgueses flamencos y valones con sus opiniones políticas, que eran mucho más izquierdistas que las del propio partido socialista belga.

    El matrimonio tuvo tres hijos: el mayor sería el futuro y polémico rey Leopoldo III; el segundo fue el príncipe Carlos, encargado de la regencia belga durante el exilio de su hermano tras la Segunda Guerra, y la menor fue María José, la última reina de Italia.

    Alberto e Isabel se convirtieron en los reyes de los belgas en 1909. La residencia de la reina era un centro de la cultura belga: pintores, músicos, escultores, escritores y pensadores se reunían en torno a la reina. Al estallar la guerra, cinco años después, los monarcas se consagraron como los héroes nacionales.

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    Como Bélgica se enfrentó a Alemania, el país natal de Isabel, ella con toda la astucia, renegó de su patria y se reconoció absolutamente belga: “Una cortina de hierro ha caído entre mi familia y yo“. Enfermera diplomada, Isabel organizó hospitales, entrenó enfermeras y recibió, y atendió personalmente, a los heridos de los ataques alemanes.

    El reinado de Alberto (el “Rey Caballero”) e Isabel (la “Reina Enfermera”) fue un verdadero éxito y duró hasta que la tragedia golpeó a las puertas del palacio. En 1934, Alberto sufrió una caída durante una excursión de alpinismo y murió con el cráneo reventado contra una roca.

    El hijo mayor se convirtió en el rey Leopoldo III. Un año más tarde, la nueva reina, Astrid de Suecia, falleció en un accidente automovilístico y el luto envolvió a la familia real. Durante los siguientes veinticinco años, hasta la llegada de Fabiola, Isabel fue la única mujer de la casa.

    MÚSICA CON EINSTEIN

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    Por sobre todas las cosas, Isabel fue una mujer apasionada por la música. Su vida estaba sumergida en la música, y sin duda hubiera sido una gran intérprete de piano y también de violín. Más Wittlesbach que ninguno, la reina llenaba su casa de artistas, pintores y músicos y dedicaba días enteros a tocar el violín.

    Cierto día, los cortesanos la descubrieron a las 6 de la mañana en un parque, en el interior del cráter de una bomba, tocando el violín. Ante el estupor de sus sirvientes, Isabel explicó: “La noche estaba maravillosa, toda estrellada. Esta mañana es espléndida. Además, la acústica de esta cavidad es mejor que la de cualquier otra sala“.

    En otra oportunidad, sus damas la sorprendieron a las seis de la mañana tocando el violín con otros tres músicos. Al preguntarle “¿Ya están tocando?”, la reina, imperturbable, respondió: “¿Qué quieren decir con ‘ya’? ¡No hemos parado desde ayer a la noche!” Y siguió tocando…

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    En los bosque del palacio real de Laeken, la reina Isabel tenía grandes amigos: los pájaros, a quien consideraba músicos por naturaleza. Los escuchaba silbar durante horas y plasmaba sus temas musicales en libros de pentagramas para después interpretarlos en su violín. Otro de sus grandes amigos fue Albert Einstein, junto al cual pasó muchas horas interpretando clásicos, él con el piano y ella con su violín.

    Apodada “la Reina Roja”, Isabel viajó regularmente a la ex Unión Soviética, un país que la fascinaba. Sin pelos en la lengua, la reina confesaba su admiración por Castro y Lenin, y que el sistema comunista está lejos de ser perfecto, que necesitaría de varias generaciones para alcanzar sus objetivos, pero que es el que más se interesaba por la vida de las personas.

    LA MUJER QUE “DESCUBRIÓ” A TUTANKAMON

    A Isabel de Bélgica le apasionaba todo: las ciencias, las artes, las religiones, las culturas… Era tan curiosa que llegó a ser una las primeras mujeres europeas en entrar en la tumba del faraón Tutankamón en el Valle de los Reyes en Egipto en 1923. Jean Capart, padre de la egiptología belga, fue su guía en la expedición que llevó a penetrar uno de los monumentos funerarios más apasionantes de la historia. “El 22 de noviembre de 1922, Lord Carnarvon y Howard Carter encontraron una tumba en el Valle de los Reyes“, escribe el arqueólogo e historiador Patrick Weber. “Cuando oyó la noticia, Isabel se emocionó. La pared que separaba la antecámara de la bóveda debía ser abierta y la reina deseaba presenciar el acontecimiento (…) Telegrafió a Lord Carnavon para ver si se le permitiría unirse a él y obviamente se le da la autorización“.

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    Artículo publicado originalmente el 8 de marzo de 2020 y actualizado el 23 de noviembre de 2020.

  • Alberto II y Paola de Bélgica, vacunados contra el coronavirus en un centro público

    El rey Alberto II y la reina Paola de Bélgica, padres del actual monarca, recibieron este jueves 18 la primera dosis de la vacuna contra el coronavirus.

    Por su edad e historial médico, son pacientes de alto riesgo”, informó el periodista belga Wim Dehansdchutter en Twitter.

    El ex rey, de 86 años, y su esposa, de 83, recibieron la vacuna anti Covid-19 en el centro de vacunación del Heysel, en las cercanías de su residencia en Bruselas.

    El ex rey, de 86 años, y su esposa, de 83, recibieron la vacuna anti Covid-19 en el centro de vacunación del Heysel, en las cercanías de su residencia en Bruselas, el Castillo de Belvédère.

    Alberto II, quien fue el jefe de Estado belga desde 1993 hasta su abdicación en 2013 y su esposa hicieron fila como cualquiera de los ciudadanos belgas a la espera de su turno, según imágenes publicadas por el periódico belga Nieuwsblad.

    Lea además: Bélgica se pregunta si el rey Felipe debe ser vacunado contra el coronavirus

  • Cada vez más ciudadanos piden al rey de Bélgica abrir sus jardines al público durante la pandemia

    Los jardines del Castillo de Laeken se están convirtiendo en el centro de una creciente controversia sobre los privilegios de la familia real en tiempos de necesidad.

    Los habitantes de Bruselas anhelan espacios abiertos en esta época de restricciones pandémicas, y a menudo terminan en parques urbanos superpoblados donde el distanciamiento social es imposible.

    La familia real de Bélgica, sin embargo, tiene un jardín extenso y exuberante en el centro de la ciudad, casi del tamaño de Mónaco, conocido como el Dominio Real de Laeken.

    Por esto, no es de extrañar que cada vez más belgas pidan que el rey Felipe I abra parte del jardín de su palacio al público. “Casi nunca entran allí. ¡Vamos! Esos jardines están simplemente vacíos”, se quejó un historiador de Bruselas y ex miembro del Parlamento Europeo, Luckas Vander Taelen.

    Los jardines del municipio de Laeken en Bruselas, además, están rodeados por algunos de los vecindarios más densamente poblados, deteriorados y empobrecidos del país, llenos de muchas familias que carecen de fondos para viajar a entornos más verdes.

    “La vegetación da ansias de vivir, especialmente cuando estás apretujado en un pequeño apartamento con una familia extensa”, dijo la trabajadora social de Laeken Saliha Mahdi. “Entonces, la gente local quiere un parque aquí mismo porque no tienen los medios para pagar el transporte”.

    “La gente realmente necesita espacios, espacios públicos para relajarse, tomar algo de oxígeno, jugar, reunirse”, dijo la legisladora de Bruselas Hilde Sabbe, que se encuentra detrás de la propuesta para abrir los jardines de Laeken al público.

    En Bruselas, la mayoría de la gente no tiene jardín. No tienen terraza. No tienen balcón. Así que tienen que ir al parque, si hay uno que encontrar”, dijo Sabbe. En ese sentido, hacer que parte del parque real esté disponible para el público marcaría una gran diferencia. “¿No podrías dejarlos entrar?”, dijo Sabbe al rey.

    Sin embargo, como ocurre con todas las cosas aparentemente simples, es mucho más complicado.

    Lea además: Bélgica podría abrir el parque del castillo de Laeken porque “no hay suficientes espacios verdes”

    Cuando se trata de propiedad real, existe un laberinto de complejidades legales con vínculos tanto con el estado como con la familia real. La estructura institucional de Bélgica, con autoridad a veces superpuesta entre ciudad, región y nación, haría que la gestión de cualquier parque abierto fuera aún más compleja, explicó The Associated Press.

    En un sentido más práctico, el palacio debe permanecer seguro, no solo porque el jefe de estado reside allí, sino también porque los jefes de estado y de gobierno lo visitan cuando pasan por Bruselas para viajes a la OTAN o la Unión Europea.

    Además, un siglo de aislamiento del mundo exterior convirtió al parque real en un área natural que necesita protección de las masas. “Mi temor es que si abrimos este espacio, nuestra presencia, tal vez un poco prematura, perturbe la naturaleza”, dijo Celine Vandeuren, una vecina de la zona.

    Sabbe no está de acuerdo y dice que podría haber una solución fácil para abrir parte del parque de 460 acres. Tiene fe en el rey Felipe, de 60 años, que constantemente se está haciendo un nombre como uno de los más progresistas de los monarcas que reinaron en Bélgica desde 1830.

    Para el historiador Vander Taelen, sin embargo, la solución es una obviedad para el rey. “Sería muy positivo para la Casa Real demostrar que existe un vínculo con la ciudad”, dijo. “Quizás lo más importante es si se solidarizan con las necesidades de su gente, de su ciudad”.

  • Paola de Bélgica hablará “sin tabúes” en un documental sobre su vida

    La reina Paola de Bélgica, esposa del ex rey Alberto II y madre del rey Felipe, contará la historia de su vida “llanamente” y “sin tabúes” en un documental que emitirá próximamente la cadena pública belga RTBf.

    El proyecto promete ser “el primer documental que esboza la historia completa e íntima de la reina Paola”, reflejando la infancia de Paola en Italia y su vida adulta como princesa de Lieja y posteriormente reina de Bélgica.

    “Es la primera vez que habla de manera tan extensa”, informó el diario Nieuwesblad. “Paola, que pasó por una crisis matrimonial con Alberto y tuvo que aprender a vivir con su hija ilegítima Delphine, quiere hablar ‘en interés de la historia’”.

    La reina madre también hablará de la crisis matrimonial que sufrió en los años 60 y 70 y la existencia de Delphine Boel, la hija que Alberto tuvo con su amante, la baronesa Sibile de Selys-Longchamps.

    Según el periodista belga Wim Dehandschutter, el palacio real confirmó la noticia pero “no está involucrado en la producción”. “Los planes se han filtrado porque el fondo de cine Brussels Screen ha concedido una ayuda económica de 15.000 euros”, explicó el cronista real de Nieuwesblad.

    El citado periódico informó que la grabación se extendió durante 10 días y se realizó tanto enel Chateau de Belvédère, la residencia de Paola en Bruselas, como en su retiro campestre en el sur de Francia.

  • Bélgica podría abrir el parque del castillo de Laeken porque “no hay suficientes espacios verdes”

    Parlamentarios de los partidos mayoritarios de la capital belga quieren abrir al público 186 hectáreas de los jardines reales, lo que equivale a 250 campos de fútbol. Afirman que hay urgencia por la pandemia.

    Los partidos mayoritarios del Parlamento de Bruselas, capital de Bélgica, presentaron una propuesta para abrir parcialmente al público el Parque Real de Laeken, que forma parte de la residencia de los reyes belgas.

    La población de Bruselas ha estado pidiendo espacios verdes más accesibles”, dijo la cadena VTR. “Mientras que la población de Bruselas anhela más vegetación, el parque de Laeken con sus 186 hectáreas no es accesible”.

    Según la parlamentaria Hilde Sabbe, “hay una gran falta de espacio al aire libre para los residentes de Bruselas. Tienen muy pocos espacios verdes públicos para relajarse”.

    “Mientras que en Laeken hay un gran pulmón verde detrás de los muros del palacio, que podemos abrir al público”, explica Sabbe a The Brussels Times.

    “En general, Bruselas está bien equipada con espacios verdes, pero estos están distribuidos de manera desigual y parcialmente protegidos”, explica la prensa belga.

    “La apertura parcial del parque Laeken aliviaría inmediatamente la necesidad de una naturaleza más accesible en el vecindario, dada su ubicación central”, argumentaron los políticos.

    Otro parlamentario explicó la propuesta: “Ciertamente, en el distrito más pobre de Laeken y en la Zona del Canal, más naturaleza mejoraría mucho la calidad de vida de la gente de Bruselas. Queremos hacer posible ese espacio de encuentro y respiro, respetando la biodiversidad presente”.

    El Parque Laeken, que circunda el castillo real de Laeken, propiedad del Estado en un 49% y del Royal Trust en 51%, y se supone que es una “institución pública independiente”, lo que significa que no pertenece a la familia real, por lo que el los costos de mantenimiento, de 1 millón de euros anuales, son cubiertos por los contribuyentes.

    El Brusells Times explica que el dominio real está actualmente cerrado al público, salvo tres semanas al año en primavera, cuando es accesible durante la apertura anual de sus invernaderos y parte de los jardines. Esta propuesta de apertura se llevó a votación varias veces en años anteriores, pero nunca obtuvo el apoyo de una mayoría.