Etiqueta: Akihito de Japón

  • La historia clínica del emperador Akihito, el más longevo de la historia de Japón

    El emperador emérito Akihito de Japón, quien abdicó en 2019 tras un reinado marcado por esfuerzos de reconciliación y modernización, mantuvo un perfil bajo en sus años posteriores, pero su historial clínico ha sido objeto de atención pública constante. Nacido en 1933, Akihito ha lidiado con una serie de afecciones que reflejan tanto los rigores de su rol imperial como los desafíos de la vejez. 

    A lo largo de su historial clínico, Akihito ha demostrado resiliencia, reanudando actividades como la investigación en biología marina siempre que su salud lo permite. Sin embargo, estos incidentes han humanizado la figura imperial, fomentando debates sobre el envejecimiento en la monarquía japonesa y la necesidad de apoyo médico continuo. 

    Los problemas de salud del emperador emérito Akihito de Japón

    El emperador Akihito de Japón
    El emperador Akihito de Japón abdicó en 2019.

    Uno de los primeros incidentes significativos ocurrió en 2003, cuando Akihito, entonces emperador en funciones, fue diagnosticado con cáncer de próstata. Según informes, el monarca se sometió a una cirugía exitosa en el Hospital de la Universidad de Tokio, recibiendo tratamiento hormonal posterior para prevenir recurrencias. Este episodio no solo interrumpió temporalmente sus deberes oficiales, sino que también resaltó la vulnerabilidad de la figura imperial, en un momento en que el estrés acumulado de sus responsabilidades comenzaba a manifestarse. 

    Años más tarde, en 2008, Akihito experimentó problemas de salud relacionados con el estrés, incluyendo un pulso irregular y sangrado estomacal, lo que llevó a una hospitalización breve. Reuters reportó que estos síntomas fueron atribuidos a la presión emocional derivada de sus compromisos públicos, especialmente tras desastres naturales como el terremoto de Kobe en 1995 y otros eventos que demandaron su presencia empática.

    La década de 2010 trajo desafíos más graves. En noviembre de 2011, Akihito fue ingresado en el hospital por bronquitis que evolucionó a neumonía, obligándolo a permanecer bajo cuidado médico durante varias semanas. Este incidente coincidió con un período de intensa actividad post-terremoto y tsunami de 2011, donde el emperador visitó áreas afectadas para ofrecer consuelo. 

    Apenas un año después, en febrero de 2012, se sometió a una cirugía de bypass coronario arterial, una intervención que duró varias horas y fue calificada de exitosa. La operación fue necesaria debido a un estrechamiento de las arterias coronarias, detectado durante chequeos rutinarios, y marcó la primera hospitalización prolongada desde su cáncer. Tras la cirugía, Akihito reanudó sus deberes gradualmente, pero estos eventos alimentaron discusiones sobre la carga de trabajo imperial en una edad avanzada.

    Quién es el emperador Akihito. El príncipe Tsugu nació en 1933 como hijo del emperador Hirohito y ascendió al trono en 1989 tras la muerte de su padre. Durante su reinado, promovió la reconciliación con países asiáticos afectados por la Segunda Guerra Mundial, visitando sitios como Saipán y Palau. Casado con Michiko en 1959, rompió tradiciones al elegir a una plebeya, modernizando la imagen imperial. Abdico en 2019 debido a su edad y salud, siendo el primer emperador en hacerlo en dos siglos. En el retiro, se dedica a estudios de peces góbidos y reside en el Palacio Imperial de Tokio con su esposa.

    En los años previos a su abdicación, la salud de Akihito continuó deteriorándose. En 2018, sufrió episodios de náuseas y mareos causados por anemia cerebral, un trastorno que reduce el flujo sanguíneo al cerebro. Este problema lo obligó a cancelar deberes públicos temporalmente, y fue uno de los factores que influyeron en su rara alocución televisiva en 2016, donde expresó su deseo de abdicar debido a preocupaciones por su capacidad física. Estas afecciones, combinadas con su edad (82 años en ese momento), llevaron a una reforma legal histórica que permitió su retiro en 2019, pasando el trono a su hijo Naruhito.

    Post-abdicación, los problemas cardíacos persistieron. En julio de 2022, Akihito fue diagnosticado con insuficiencia cardíaca en el lado derecho del corazón, causada por insuficiencia de la válvula tricúspide. Aunque su condición mejoró con tratamiento, requirió monitoreo continuo, con niveles elevados de péptido natriurético tipo B como indicador de estrés cardíaco. En mayo de 2025, a los 91 años, fue hospitalizado nuevamente para exámenes cardíacos, resultando en un diagnóstico de isquemia miocárdica silenciosa, una condición donde el corazón no recibe suficiente oxígeno sin síntomas evidentes. A pesar de medicamentos para mejorar el flujo sanguíneo y ejercicios leves, no hubo mejoría significativa.

    El punto culminante reciente llegó en julio de 2025, cuando Akihito fue admitido en el Hospital de la Universidad de Tokio para ajustar un nuevo medicamento oral destinado a aliviar la carga cardíaca. Durante pruebas previas, se confirmó que sufría de arritmia supraventricular, un desorden en el ritmo cardíaco caracterizado por pulsos rápidos e irregulares.

    Este diagnóstico, emitido en el contexto de su hospitalización del 14 de julio y confirmado el 18 de julio, llevó a ajustes en la medicación y recomendaciones para evitar esfuerzos como subir escaleras o caminatas prolongadas. Se informó que la hospitalización fue precautoria, y Akihito fue dado de alta el mismo día de la confirmación, con pronóstico positivo bajo tratamiento. 

    Artículo original de Monarquias.com

  • La Familia Imperial de Japón en la guerra: los recuerdos de la maestra estadounidense Elizabeth Gray Vining

    Cuando Elizabeth Gray Vining, una educadora estadounidense de origen cuáquero, llegó a Tokio en 1946, la ciudad aún daba signos de devastación. La Segunda Guerra Mundial había dejado Japón en ruinas, y el Palacio Imperial, aunque intacto, se alzaba como un símbolo de un imperio destrozado. En sus memorias, Windows for the Crown Prince (publicadas en 1952) y Return to Japan (1960), Vining ofrece una mirada íntima y humana a la vida de la familia imperial japonesa durante los últimos años de la guerra y la tumultuosa posguerra. Invitada a ser la tutora del príncipe heredero Akihito, Vining no sólo educó a un futuro emperador, sino que también presenció cómo la familia imperial navegó un Japón en transformación, atrapada entre la tradición y la modernidad impuesta por la ocupación aliada.

    Un palacio silencioso en tiempos de guerra

    Elizabeth Gray-Vinning y el príncipe heredero (futuro emperador) Akihito de Japón
    Elizabeth Gray-Vinning y el príncipe heredero (futuro emperador) Akihito de Japón

    En Windows for the Crown Prince, Vining describe el Palacio Imperial como un mundo aislado durante la guerra. El emperador Hirohito, conocido entonces como la deidad viviente de Japón, vivía rodeado de rituales estrictos y consejeros que lo mantenían alejado del pueblo. Aunque no estaba en el frente, la guerra permeaba la vida de la familia. Vining relata que la emperatriz Nagako le confesó, en una rara muestra de apertura, cómo los bombardeos aéreos de 1945 resonaban incluso en los jardines imperiales, donde los niños, incluido el joven Akihito, podían escuchar los rugidos de los B-29. La familia, sin embargo, permanecía recluida, protegida por muros físicos y culturales. “El palacio era un capullo”, escribe Vining, “donde la guerra era un eco distante, pero imposible de ignorar”.

    El príncipe Akihito, de apenas 11 años al final de la guerra, vivía separado de sus padres, criado por tutores y chambelanes en un ambiente de disciplina rígida. Vining señala que, durante la guerra, Akihito y sus hermanos fueron evacuados a Nikko y Numazu para protegerlos de los bombardeos. Esta separación, según Vining, marcó profundamente al príncipe, quien creció con una mezcla de reverencia por su padre y una soledad que lo hacía anhelar conexiones humanas. La guerra, aunque no los alcanzó directamente, los obligó a enfrentar la mortalidad de su nación y su dinastía.

    La posguerra: la monarquía japonesa ante el desafío de un Emperador Humano

    Elizabeth Gray-Vinning y el príncipe heredero (futuro emperador) Akihito de Japón
    Elizabeth Gray-Vinning y el príncipe heredero (futuro emperador) Akihito de Japón

    Tras la rendición de Japón en agosto de 1945, la ocupación aliada, liderada por el general Douglas MacArthur, buscó desmantelar el carácter divino de la monarquía. Vining, llegada a Japón por invitación de Hirohito, describe en sus memorias cómo el emperador, en un acto sin precedentes, renunció a su divinidad en 1946. En una audiencia privada, Hirohito le dijo a Vining: “Quiero que mi hijo entienda el mundo más allá de estas paredes”. Este deseo reflejaba un cambio profundo: el emperador, antes un kami (semi dios), ahora buscaba ser un símbolo humano para un Japón democratizado.

    La vida en el palacio, según Vining, era austera en la posguerra. La escasez de alimentos afectaba incluso a la familia imperial. La emperatriz Nagako, con una dignidad silenciosa, supervisaba menús frugales que incluían arroz y pescado seco, un contraste con la opulencia de antaño. Vining recuerda cómo Nagako, en una conversación, expresó su preocupación por el pueblo japonés, que sufría hambre y pobreza. “Ella era una madre, no solo de sus hijos, sino de una nación herida”, escribe Vining. Esta empatía, sin embargo, se mantenía oculta tras la fachada de la tradición imperial.

    Educando a un futuro emperador

    Elizabeth Gray-Vinning y el príncipe heredero (futuro emperador) Akihito de Japón
    Elizabeth Gray-Vinning y el príncipe heredero (futuro emperador) Akihito de Japón

    La misión de Vining era educar a Akihito en valores democráticos y pensamiento crítico, una tarea que chocaba con siglos de tradición. En su libro, describe al príncipe como un joven tímido pero curioso, ansioso por aprender sobre el mundo exterior. Las lecciones, que incluían inglés, literatura y debates sobre democracia, se daban en una sala sencilla del Palacio de Azabu. Vining nota que Akihito, inicialmente reservado, comenzó a cuestionar la rigidez de la corte. En una ocasión, le preguntó: “¿Por qué mi padre debe ser tan distante?”. Vining vio en él un deseo de romper con el aislamiento que había definido a la familia imperial durante la guerra.

    La influencia de Vining también tocó a la familia más amplia. La emperatriz Nagako, aunque reticente al principio, asistía ocasionalmente a las lecciones, fascinada por las ideas occidentales. Vining relata en Return to Japan cómo Nagako, en un raro momento de confidencia, admitió que la guerra había enseñado a la familia la fragilidad de su posición. “Hemos aprendido que incluso los emperadores deben cambiar”, le dijo. Este cambio se reflejó en la decisión de Hirohito de permitir que Akihito viajara al extranjero, algo impensable en generaciones anteriores.

    Pero no todo fue armonioso. Vining describe las tensiones entre la corte tradicional y los reformadores de la ocupación. Los chambelanes, guardianes de la etiqueta imperial, veían con recelo la influencia de Vining. En una ocasión, un consejero le reprochó que sus enseñanzas “occidentalizaban” demasiado al príncipe. Sin embargo, Hirohito respaldó a Vining, consciente de que el futuro de la monarquía dependía de su adaptación. “El emperador era un hombre atrapado entre dos eras”, escribe Vining, “devoto a la tradición, pero obligado a aceptar un nuevo Japón”.

    La posguerra también trajo desafíos personales. Vining observa que los hermanos menores de Akihito, especialmente el príncipe Masahito, resentían la atención que recibía el heredero. La familia, aunque unida por el deber, vivía bajo la presión de representar una nación en reconstrucción. La emperatriz Nagako, según Vining, actuaba como el eje emocional, manteniendo la cohesión familiar mientras Hirohito se enfocaba en su nuevo rol simbólico.

    Cuando Vining dejó Japón en 1950, el príncipe Akihito era un joven transformado, más abierto y consciente del mundo. En Return to Japan, al visitar Tokio en 1959, Vining se sorprendió al ver cómo Akihito, ahora casado con Michiko Shoda, una plebeya, encarnaba los valores democráticos que ella había intentado inculcar. La familia imperial, aunque aún anclada en la tradición, había comenzado a reflejar un Japón más moderno. “El palacio ya no era un capullo”, escribe Vining, “sino una ventana al mundo”. Como Vining concluye en Windows for the Crown Prince, “la familia imperial no solo sobrevivió a la guerra; aprendió a vivir en un mundo que ya no los veía como dioses, sino como humanos”.

    Artículo original de Monarquias.com

    Fuentes citadas: 

    – Vining, Elizabeth Gray. Windows for the Crown Prince. J.B. Lippincott Company, 1952.

    – Vining, Elizabeth Gray. Return to Japan. J.B. Lippincott Company, 1960.

  • Takako Shimazu, la primera princesa japonesa que trabajó como una ciudadana común

    Pasaron casi 64 años desde la boda de la princesa Takako de Japón con un banquero, una ceremonia que convirtió a la hija del emperador Hirohito en una simple ciudadana. Escasamente conocida por las nuevas generaciones, Takako, ex Princesa Suga, tiene actualmente 84 años, asistió a la entronización de su sobrino Naruhito el año pasado y pasó las últimas décadas viviendo de forma modesta y trabajando para mantenerse financieramente.

    La primera miembro de la Familia Imperial de Japón en tener un trabajo comercial, Takako siempre tuvo la reputación de ser la más vivaz y menos convencional de las cinco hijas del emperador Hirohito y su esposa, la emperatriz Nagako. Nació en el Palacio Imperial en 1939, seis años después del nacimiento de su hermano Akihito (emperador entre 1989 y 2019) y fue bautizada como Takako Suganomiya o, en terminología occidental, Takako, Princesa Suga.

    Hasta que llegué a la edad de jardín de infantes, vivía con mis padres”, recordó en una entrevista con el New York Times. “Luego me enviaron al Salón Kuretake, un edificio dentro del recinto imperial pero a cierta distancia del Palacio del Emperador, para que las institutrices me criaran con mis hermanas”. “En la familia imperial”, explicó, “la costumbre era que los niños varones fueran criados por separado, cada uno en su propio lugar con sus propios asistentes, y que las niñas fueran criadas juntas, pero por separado de sus hijos. padres”.

    Para Takako, la vida en el palacio era extremadamente estricta, pero no se rebeló activamente: “Solía ​​pensar de qué sirve hacer un escándalo, ya que no puedo cambiar las cosas de ninguna manera”, reflexionó. Educada a la antigua usanza imperial, aprendió a realizar arreglos florales, los secretos de la ceremonia del té, la composición de poesía waka, la caligrafía tradicional y las otras artes que las jóvenes japonesas de la alta nobleza debían adquirir.

    Al igual que sus hermanos mayores (Akihito y el príncipe Hitachi), Takako asistió a la Escuela de Nobles, una institución ahora abierta a todos, pero originalmente destinada a los niños de la realeza imperial, la nobleza más rancia y altísimos funcionarios del gobierno. Mientras sus hermanas mayores, educadas antes y durante la Segunda Guerra Mundial, no fueron más allá de la Escuela Secundaria de Nobles, Takako fue la primera princesa nipona que fue a la universidad.

    Lejos de los lujos del palacio

    Cuando tenía veinte años, los funcionarios de la casa imperial le informaron que habían arreglado su matrimonio con el joven banquero Hisanaga Shimazu, un compañero de estudios del príncipe Akihito y descendiente de una familia feudal de ascendencia imperial, que había gobernado Kagashima, en el sur de Japón durante siglos. La princesa aceptó, pero con una condición: si después de un período de noviazgo, tanto ella como su posible esposo podrían cancelar el matrimonio si se encuentran incompatibles.

    “En mi caso”, dijo Takako, “un matrimonio por conveniencia prácticamente era imposible. Pero no quería repetir el tipo de matrimonio por el que todas mis hermanas mayores tuvieron que pasar”. Afortunadamente, los jóvenes se guraron y la relación floreció. Con su matrimonio en 1960, Suga perdió automáticamente su título de princesa porque, de acuerdo a la Constitución japonesa de la posguerra, las hijas imperiales que se casan fuera de la familia imperial se convierten en plebeyas.

    Tras despedirse con honores del palacio imperial, Takako vivió en Estados Unidos porque su marido, miembro del personal del Japan Export-Import Bank, fue asignado a Washington. Takako lo acompañó con su hijo para pasar dos años como ama de casa en un modesto departamento de la capital estadounidense.

    “No tuve ninguna dificultad para adaptarme a la vida estadounidense”, dijo ella. “Nos criaron con ropa occidental, comida occidental y japonesa, así que no me sorprendió ni me sorprendió nada de lo que encontré en Estados Unidos. El ajuste se produjo, por extraño que parezca, después de que volvimos a Japón. Es difícil de explicar. No creo que haya cambiado, pero no siempre he podido volver a la misma relación con amigos y conocidos que tenía antes de ir a América. Nunca me lo dicen, pero tengo la sensación de que algunos de ellos me reprochan en silencio que me haya vuelto demasiado americano”.

    Los Shimazu viven modestamente en comparación con la familia imperial, que contaba en su entorno más cercano con una lista de personal que incluía médicos de guardia las 24 horas del día, guardianes del guardarropa y sacerdotes que los asistían en los ritos sintoístas, además de un millar de sirvientes, entre músicos, jardineros, cocineros, fontaneros, electricistas y constructores. Por entonces, el palacio requería de 160 sirvientes para mantenerlo en funcionamiento, en parte debido a reglas como una que una criada que limpiaba una mesa no puede limpiar el piso.

    Empleada de una tienda

    Fuera de los muros del palacio, Takako y el señor Shimazu vivieron toda su vida en un apartamento pequeño en Aoyama, una sección residencial de Tokio, con vistas al Monte Fuji. Durante años, la exprincesa trabajó como consultora en la exclusiva tienda Seibu Pisa en el Hotel Tokyo Prince, para sorpresa de sus padres. “No pedí el consejo de mis padres porque nuestras posiciones son tan diferentes que sentí que no lo entenderían”, dijo ella. “Intenté informarles justo antes de aceptar el trabajo, pero los periódicos se hicieron cargo de la historia, y pude recibir una llamada telefónica al palacio solo en la tarde del día en que los periódicos de la noche iban a publicar la historia”.

    Todas las tardes, la hija del emperador se sentaba a atender a clientes especiales, brindando consejos sobre moda, arte, diseño de interiores, mobiliario y regalos. Defendiéndose de las críticas periodísticas de su nuevo trabajo, la ex princesa dijo con seriedad: “Me doy cuenta de mi posición y de que hay cosas que no puedo hacer. No tengo título, pero soy la hija del Emperador. No quiero avergonzar a mis padres de ninguna manera”.

    Por Darío Silva D’Andrea, editor de Monarquias.com

  • El especial pasatiempo del emperador Akihito de Japón tras su abdicación

    El emperador emérito japonés Akihito, quien abdicó al Trono del Crisantemo en abril de 2019, aprovecha su tiempo libre para dedicarse a su gran pasión científica y, en el transcurso de estos años, ha descubierto dos nuevas especies de peces gobio.

    El artículo sobre el descubrimiento se publicó online en mayo en la versión en inglés de la revista de la Sociedad Ictiológica de Japón, de la cual el emperador es miembro honorario, y se trata del 34º artículo de Akihito relacionado con esta el pez gobio y el primero desde que abdicó.

    El último descubrimiento es el primero de su tipo realizado por el emperador emérito en 18 años, lo que eleva el número total de nuevas especies de peces gobio que ha encontrado a 10”, dijo el Japan Times.

    Las dos nuevas especies fueron recolectadas en las islas de Zamami e Iriomote en la prefectura de Okinawa entre 2001 y 2008 por personal del instituto de investigación biológica del Palacio Imperial de Tokio.

    El emperador Akihito, ahora de 87 años, descubrió que se trataba de una nueva especie después de analizar los órganos sensoriales de la cabeza de los peces y otras características.

    El emperador, que se ha dedicado a la clasificación de peces gobio desde que era príncipe heredero, inició su investigación hace cuatro años, pero solo pudo poner todas sus energias y su tiempo en ello después de su abdicación. Ahora está considerando revisar y reorganizar su investigación anterior, pero aún no se ha fijado un plan detallado.

    Un apasionado investigador

    Hombre de grandes inquietudes científicas, Akihito se dio a conocer a sus súbditos como un experto en taxonomía, ictiología, historia natural y conservacionismo, aptitud y devoción investigadoras que heredó directamente de su padre Hirohito, el cual, tras la guerra, había dedicado muchas horas de su vida al estudio de especies biológicas marinas en su laboratorio instalado en el Palacio Imperial.

    En 2005 una nueva especie de pez de la familia de los góbidos, en cuya taxonomía Akihito estaba especializado, fue bautizada con el nombre de Exyrias akihito en honor al ictiólogo emperador. Dos años después, los ictiólogos Watson, Keith y Marquet definieron el nuevo género Akihito de góbidos, exclusivo de las aguas dulces del archipiélago de Vanuatu y la isla de Futuna, y formado por dos especies, Akihito futuna y Akihito vanuatu.

    Monarquias.com

  • Akihito de Japón reaparece en su cumpleaños 87 tras meses de silencio y encierro

    Desde el inicio e la pandemia, el emperador emérito vive con su esposa, Michiko, en la Residencia Imperial de Takanawa, su hogar temporal.

    El ex emperador de Japón, Akihito, cumplió 87 años el miércoles 23 de diciembre, después de haber pasado gran parte del año tranquilamente en su residencia de Tokio en medio de la nueva pandemia de coronavirus.

    Se trata del segundo cumpleaños que vive como Emperador Emérito desde que dejó el Trono del Crisantemo en abril del año pasado cuando se convirtió en el primer monarca japonés en abdicar en unos 200 años.

    La casa imperial informó con motivo del cumpleaños que Akihito se abstuvo de salir a la calle excepto para visitar el Palacio Imperial y no ha aceptado visitantes desde el inicio de la crisis sanitaria mundial.

    Por el contrario, el emperador pasó gran parte de su tiempo realizando investigaciones sobre peces gobio en un instituto de investigación biológica dentro del Palacio Imperial en el centro de Tokio y escribiendo una tesis sobre una especie que se encuentra en el sur de Japón.

    En marzo, Akihito y la ex emperatriz Michiko, su esposa desde hace 61 años, abandonaron el Palacio Imperial de Tokio después de 27 años de vivir allí para instalarse temporalmente en la Residencia de Takanawa, en el primer paso para cambiar de residencia con el emperador Naruhito y su familia.

    A lo largo de la pandemia, los emperadores eméritos disfrutaron de realizar largas caminatas diarias por la propiedad, informó la Agencia de la Casa Imperial.

    El ex emperador ha mostrado interés en la “nueva normalidad” mientras la sociedad lidia con la pandemia de coronavirus, dijo la Agencia. Con frecuencia durante estos meses ha recibido informes de un médico experto sobre las características del nuevo virus y cómo se compara la epidemia actual con la pandemia de gripe española de hace unos 100 años, agrega el informe de la Agencia.

    Japón ha salido relativamente bien parado desde el inicio de la pandemia, con más de 201.000 infecciones y más de 2.800 muertos a nivel nacional, estadísticas bajas si se comparan con las de otros países. Pero el número de infecciones diarias de covid-19 está en fuerte aumento desde noviembre. Tokio, que ahora teme por un colapso de sus hospitales, estuvo en las últimas semanas batiendo récords de nuevos casos.

  • Japón: cómo funciona la corte más estricta y misteriosa del mundo

    La ‘Kunaicho’ o Agencia Imperial es una poderosa burocracia secreta que ejerce un enorme control sobre los asuntos de la familia del emperador.

    La familia imperial japonesa es un fenómeno extraordinario, muy querida por el pueblo nipón, pero cargada de tabúes que la mayoría de los japoneses se abstienen de discutir. Incluso sin contar su mítica prehistoria, es mucho más antigua que cualquier otra monarquía hereditaria existente. A diferencia de la realeza europea o los antiguos emperadores de China, los emperadores japoneses eran considerados seres divinos, descendientes directos de la diosa del sol Amaterasu Omikami.

    Pero después del siglo XII, perdieron la mayor parte de su poder temporal y pasaron a tener peso espiritual. Una larga línea de “shoguns” (señores feudales) utilizó a los emperadores para validar su propio gobierno. Los emperadores fueron recluidos, a menudo sirviendo como símbolos decorativos. Muchos de ellos fueron coronados siendo niños y obligados a abdicar a edad temprana, para responder a los intereses políticos del shogun de turno. De hecho, después de ocho siglos de gobierno militar muchos japoneses a principios del siglo XIX ni siquiera sabían que todavía existía un emperador.

    “La historia de Japón comienza con el emperador”

    El emperador Hirohito y la emperatriz Nagako.

    La revolucionaria ‘Restauración Meiji’ cambió todo eso. En 1867, un grupo de samurais derrocó al último shogun. Temerosos de que el poder occidental invadiera Japón, colocaron al emperador Mutsuhito (conocido póstumamente como Meiji), de 15 años de edad, en el centro del gobierno y lo convirtieron en el punto focal de sus esfuerzos por estimular una nueva conciencia nacional. Por primera vez, todo Japón se vio obligado a jurar lealtad a un emperador, y efectivamente el sistema se convirtió en una teocracia. El Shinto, la religión nativa de Japón, que nunca había desarrollado un dogma u ortodoxia formal, se reconfiguró para centrarse en el emperador. Los lazos imperiales con el budismo fueron cortados. Codificado por una constitución y una serie de nuevas leyes, todo poder terrenal y religioso emanaba ahora del emperador, un dios encarnado.

    Los historiadores japoneses entonces reforzaron la nueva legitimidad imperial mediante el uso de textos antiguos para trazar una línea directa –de dudosa existencia– de 120 emperadores entre Meiji y Jimmu, el primer emperador mitológico que comenzó su reinado el 11 de febrero de 660 a.C. Dice el profesor Mori, de la Universidad de Doshisha: “Es de conocimiento general que los primeros nueve emperadores fueron inventados”. “No creo que la mayoría de la gente se dé cuenta de que toda la concepción actual del sistema imperial tiene solo 135 años, y es un producto de la política”, escribe Kyosuke Itagaki, autor de un libro sobre el sistema imperial. “Una serie de tradiciones que muchos japoneses consideran antiguas, incluyendo la bandera y el sello imperial del crisantemo, en realidad provienen de finales del siglo XIX”, agrega.

    Pero tras la refundación del sistema imperial, ya no fueron los shogun, sino los funcionarios de la corte, quienes mantuvieron el control absoluto sobre el emperador. Para antes de la Segunda Guerra Mundial, el Ministerio de la Casa Imperial se había convertido en una de las burocracias más poderosas del país. Manejaba las propiedades más grandes de Japón y estaba entre sus instituciones financieras más grandes, con amplias participaciones en el Banco colonial de Corea y el Ferrocarril de Manchuria del Sur. Gracias a los inmensos poderes para operar independientemente del parlamento, el ministerio funcionaba casi como un gobierno en la sombra.

    Tras la guerra, el general estadounidense Douglas MacArthur y el gobierno de Estados Unidos decidieron que retener a la corte imperial era esencial para la legitimidad de la ocupación, aunque el emperador fue obligado a renunciar a su divinidad. Para los ultranacionalistas aún poderosos de Japón, que desean restablecer una reverencia por el emperador, el linaje imperial conserva una importancia mística, incluso religiosa. Akira Momochi, profesor de derecho constitucional en la Universidad de Nihon, lo cree: “El emperador posee una existencia divina, una existencia sagrada”. Norifumi Shimazu, jefe de teología de la Asociación conservadora de santuarios sintoístas, subraya el supuesto papel central del emperador en la historia: “Japón no puede existir como país sin el emperador. La historia de Japón comienza con el emperador. El emperador se encuentra en la raíz de quienes somos como japoneses”.

    Más de un millar de cortesanos

    Proclamación de Akihito como príncipe heredero en 1952.

    La ocupación vio una reducción masiva de la Casa Imperial, que se transformó en la “Kunaicho”, la Agencia de la Casa Imperial: final de la guerra, tenía más de 6.000 empleados y actualmente consta de 1.100 personas que velan por las tradiciones imperiales con mano de hierro. Responsable de administrar todos los asuntos de la familia imperial de Japón, incluidos los palacios imperiales, la agenda oficial y las ceremonias rituales, se dice que es la agencia más secreta en Japón, incluso más que la oficina de Inteligencia del Estado, y que su principal misión es ocultar todo lo que sucede puertas adentro del palacio.

    La agencia está dividida en dos partes: el omote, o “frente”, y el oku, o “atrás”. El “frente” son un grupo de funcionarios administrativos que sirve de enlace con los miembros del gabinete, los ministerios y otras agencias estatales. La “parte posterior” consiste en 80 personas que cuidan la vida cotidiana de los emperadores. El jefe del “oku” es el “jijucho”, o gran chambelán, a quien asisten cortesanos menores y damas. “Cuidan del emperador y de su esposa las 24 horas del día”, dice el periodista Kiyoshi Kubo, del diario Yomiuri Shimbun. “El oku incluye a las criadas y otros que sirven comidas, se cambian de ropa y limpian sus habitaciones. También incluye a los médicos de la corte”. Hasta la década de 1970, cuando el gobierno decidió que trajes, corbatas y automóviles serían más apropiados, los chambelanes vestían túnicas blancas y viajaban en carruajes tirados por caballos para rezar en los santuarios del palacio.

    Los críticos dicen que la Kunaicho utiliza sus poderes para dibujar una “cortina de crisantemo” casi impenetrable alrededor de la familia imperial en una búsqueda sostenible y eficiente por mitificar al emperador y los suyos. La agencia controla estrechamente el flujo de información sobre la monarquía japonesa, no solo al público sino al resto del gobierno, y orquesta las “conferencias de prensa” en la que los miembros de la familia imperial aparecen ante periodistas para repetir de memorias repuestas previamente escritas por el chambelán.

    La Kunaicho es una agencia dependiente directamente del Ministerio de la Casa Imperial una organización a nivel de gabinete. Bajo las reformas de la Posguerra, se rebajó a una oficina adjunta a la oficina del primer ministro, con el gran administrador designado por el primer ministro. La agencia tiene 1.130 empleados, con un presupuesto anual de alrededor del Estado. La familia imperial, a diferencia de la familia real británica, por ejemplo, no tiene otra fuente de ingresos que no sea ese presupuesto anual. La mayor parte, US$ 66 millones en el último año fiscal, se destinó a los costos administrativos de la agencia, que incluyen el mantenimiento de los palacios imperiales y varias funciones oficiales. El resto, alrededor de US$ 24 millones, fue directamente a la propia familia imperial, incluido el príncipe heredero (actual emperador Naruhito).

    En otros tiempos, el emperador generalmente pasaba parte de su día en su oficina tratando con sus limitados deberes oficiales, como firmar documentos. “Si el Emperador tiene una pregunta que hacer mientras trabaja” explicó Kubo, “sus chambelanes le ayudarán y, si es necesario, se comunicarán con el omote”. Estos funcionarios escriben cuidadosamente las apariciones públicas del emperador, incluidas sus reuniones ceremoniales con jefes de estado visitantes. Por tradición, cuando el emperador se encuentra con un invitado, los contenidos de la discusión nunca se revelan, pero el gran chambelán y el gran maestro de ceremonias asisten a esas reuniones y luego informan a la prensa. La mística que rodea al oku se ha visto agravada por el hecho de que, hasta hace unas décadas, los que ocupaban sus primeros puestos eran de familias aristocráticas de alto nivel. De hecho, hasta el inicio del reinado del emperador Akihito el gran chambelán era un descendiente de la poderosa dinastía Tokugawa que gobernó a Japón como shogunes durante 250 años. Pasó más de 50 años en su cargo.

    Proteger la divinidad imperial

    Akihito fue el primer emperador que llegó al trono como un ser humano común y no como un semidiós shinto.

    Para muchos japoneses, la actitud de la Agencia de la Casa Imperial es un vestigio incómodo de la era anterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando el emperador se mantuvo totalmente alejado del pueblo, no podía ser visto a los ojos, su nombre jamás podía ser mencionado y era tratado como una figura divina de acuerdo con los antiguos mitos. Los cuerpos de los emperadores Meiji y Taisho (que reinaron a principios del siglo XX) no podía ser tocados por los médicos sino con guantes de seda, y la leyenda dice que los sastres tomaban medidas a los emperadores desde lejos. La divinidad imperial no podía ser vulnerada al punto que, cuando el carruaje imperial pasaba (velado por cortinas para que nadie pudiera ver a su imperial pasajero), las ventanas de los edificios debía cerrarse inmediatamente, y la torre del cuartel de Policía de Tokio, en los años 20, no se terminó de construir porque desde ella se veían los jardines del palacio.

    Antes de la Segunda Guerra Mundial, dentro de los muros palaciegos los cortesanos de más alto rango se encargaban de mantener intacta la sacralidad de los emperadores, que incluso tenían prohibido comunicarse con nobles cuyos linajes no se remontasen a más de 2.000 años de antigüedad. Los escasos retratos que la casa imperial publicaba se cubrían con una tela semitransparente y una vez un funcionario se negó a responder a un embajador acerca del aspecto físico del emperador Hirohito porque no era concebible que el “Mikado” (término de la literatura clásica nipona que significa “Puerta de los cielos” y que designaba indirectamente al emperador) pudiera ser descrito, de la misma forma que el aire o el Sol. En 1936, la revista norteamericana “Time” publicó en su portada uno de esos escasos retratos de Hirohito y centenares de súbditos japoneses escribieron a la editorial suplicando a quien tuviera un ejemplar que jamás lo apoyara con la portada hacia abajo o pusiera ningún objeto sobre ella.

    Pasados setenta años de la capitulación de Japón, y de que los Estados Unidos hubieran presionado para eliminar aquellos “mitos y leyendas” que adjudicaban divinidad al emperador, la Kunaicho aún procura mantener intacta la sacralidad imperial al preservar rituales, costumbres y protocolos de varios siglos de antigüedad. “La agencia está orgullosa de su sistema secreto, que mantiene al Emperador rodeado de muchos tabúes”, explicó una vez un funcionario. “Incluso el Primer Ministro no habla directamente con el emperador sin pasar primero por la Agencia”, dijo Hakubun Shimomura, un parlamentario del Partido Demócrata Liberal y partidario de la sucesión imperial femenina. La Agencia rara vez permite que los medios de comunicación accedan a la familia imperial y no oculta su aversión a la prensa.

    Al tiempo, los burócratas de la agencia niegan que estén ocultando información del público y, en comparación con el período anterior a la guerra, los últimos años se encargaron de mostrar unos emperadores mucho más activos. Sin embargo, la vida de la familia real continúa en gran medida en los alrededores distantes del Palacio Imperial, al que el público casi no tiene acceso. Dentro del palacio, el emperador todavía realiza rituales de varios siglos de antigüedad asociados con las antiguas creencias del culto a los antepasados y el sintoísmo. “El principio de la agencia es no decir nada de lo que ocurre dentro de la institución imperial”, dice el periodista Hiroshi Takahashi.

    A diferencia de los miembros de la realeza europea, que tienen sus propios intereses y objetivos y presiden organizaciones benéficas, los miembros de la familia imperial de Japón prácticamente no tienen voz en sus calendarios. En su determinación de administrar por etapas la vida de la familia real y moldear su imagen pública, la Kunaicho incluso va tan lejos como para bloquear ciertas líneas de investigación académica para evitar revalorizaciones incómodas de la historia imperial. “Los miembros de la familia imperial no pueden elegir a dónde van o qué hacen”, dice Shinji Yamashita, un ex jefe del departamento de relaciones públicas de la agencia.

    “Nunca se les podría permitir favorecer a una organización benéfica sobre otra”, agrega el exfuncionario. No pueden decir que les gustan las manzanas, porque si las tuvieran, ¿qué dirían los cultivadores de naranjas?” De manera significativa, los miembros de la realeza japonesa, por diseño, todavía habitan el reino celestial: no tienen apellido, ni riqueza ni posesiones personales, ni pasaportes y pocos derechos legales, si es que tienen alguno, y el derecho del emperador Akihito a jubilarse fue discutido ampliamente durante tres años por el gobierno y el parlamento. Akira Asada, profesor de la Universidad de Kyoto, reflexiona: “A los miembros de la familia imperial no se les permite vivir como los seres humanos normales. Se les obliga a vivir en una situación miserable, despojados de muchos derechos humanos básicos”.

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  • Akihito y Michiko de Japón se mudaron del palacio imperial tras habitarlo durante 26 años

    La octogenaria pareja se alojará primero en la Villa Imperial Hayama y más tarde se mudarán a la Granja Imperial Tochigi.

    El emperador emérito Akihito de Japón, quien abdicó el trono hace casi un año, y su esposa la emperatriz emérita Michiko abandonaron el Palacio Imperial de Tokio, su hogar desde 1993, en un primer paso rumbo al intercambio de residencias con el emperador actual, su hijo Naruhito, y su familia.

    La octogenaria pareja se alojará primero en la Villa Imperial Hayama en la Prefectura de Kanagawa y más tarde se mudarán a la Granja Imperial de la Prefectura de Tochigi, mientras que sus pertenencias se trasladarán a la Residencia Imperial de Takanawa, su residencia temporal en Tokio a partir del 31 de marzo. Los soberanos eméritos tienen programado vivir en allí hasta por un año y medio, antes de mudarse a la residencia de Akasaka.

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    Antes de mudarse, Akihito, de 86 años, y Michiko, de 85, donaron a distintos museos japoneses algunos de los aproximadamente 4.000 regalos que recibieron de dignatarios extranjeros desde que Akihito ascendió al trono, en 1989, hasta su abdicación el 30 de abril del año pasado. Se trata del primer monarca japonés que renunció al trono en unos 200 años. El hijo mayor, Naruhito, de 60 años, que ascendió al trono de crisantemo el día después de la abdicación de su padre, y su esposa, la emperatriz Masako, de 56 años, pronto se trasladarán al Palacio Imperial desde la cercana residencia imperial de Akasaka.

    La residencia Takanawa, que consta de una planta baja y un sótano, fue construida en 1973 y anteriormente fue el hogar del difunto príncipe Takamatsu, tío del emperador Akihito, y su esposa, fallecida en 2004. La residencia de Akasaka, entre tanto, se renovará para acomodar a la anciana pareja, con ascensores y rampas para facilitar su movilidad. Su antigua residencia en el Palacio Imperial también será remodelada para el nuevo emperador y su familia.

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  • La familia imperial japonesa se recluye ante la “alerta total” por el coronavirus

    La casa imperial suspendió numerosos compromisos y eventos mientraslos trabajadores dejan de presentarse al palacio.

    La Agencia de la Casa Imperial de Japón se encuentra bajo “alerta total” y toma precauciones extremas en plena crisis global por el coronavirus COVID-19, para proteger al emperador y a otros miembros de la familia imperial de la infección a medida que aumenta la preocupación por el brote. En Japón se registran a la fecha 500 casos, pero la cifra total mundial superó los 108.000 a medida que la epidemia se expande por más de cincuenta países. La familia imperial ha decidido recluirse en sus palacios y numerosos compromisos y actividades, incluidos los homenajes a las víctimas del Gran Terremoto de 2011, se cancelaron o pospusieron.

    “Se supone que es un momento para que la nueva casa imperial se ponga en movimiento después de una serie de ritos de sucesión, por lo que es triste que tengamos que cancelar un evento tras otro”, dijo un funcionario de la Kunaicho, la agencia imperial. El Palacio Imperial, ícono turístico de Tokio, fue cerrado al público en el cumpleaños número 60 del emperador el 23 de febrero tras la decisión de la agencia de no hacer que la pareja imperial u otros miembros de la familia aparezcan en público y las restricciones aumentaron. Según la agencia japonesa Kyodo, la apertura anual del camino en los terrenos del palacio que generalmente, que atrae a unas 380.000 personas el año pasado cada primavera, se canceló este año.

    Preocupación por los ancianos emperadores

    La visita de Estado del presidente chino Xi Jinping al emperador Naruhito se canceló al igual que al menos cinco eventos relacionados con el príncipe heredero Akishino, el hermano menor del emperador, y su familia también sufrieron cambios. Dado que hay muchos miembros mayores en la familia, incluido el ex emperador Akihito, de 86 años, y la emperatriz Michiko, de 85, la corte ha tomado varias medidas para protegerse contra el coronavirus. Según The Japan Times, los funcionarios de palacio evitan los desplazamientos en horas pico y comienzan a trabajar a distancia. Los que necesitan reunirse con miembros de la familia deben utilizar barbijos mientras la casa imperial también dejó de aceptar cientos de limpiadores voluntarios del Palacio Imperial.

    La epidemia del nuevo coronavirus contagió ya a más de 100.000 personas en todo el mundo, según la Agence France Presse. La Organización Mundial de la Salud (MS) calificó la propagación del virus como “profundamente preocupante”, ya que una oleada de países reportó sus primeros casos de la enfermedad, que ahora mató a casi 3.500 personas e infectado a más de 100.000 en 92 naciones. Corea del Sur, el segundo país más afectado por la enfermedad, protestó contra las medidas que tildó de “irracionales” de cuarentena que impuso Japón a las personas que llegan de ese país.

  • Video: Más de 68.000 japoneses saludaron a los nuevos emperadores por el Año Nuevo

    “Me preocupan las personas afectadas por los tifones y las fuertes lluvias”, les dijo Naruhito acompañado de sus padres.

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  • Los emperadores eméritos de Japón quieren celebrar el Año Nuevo con el pueblo y los nuevos emperadores

    Rompiendo una tradición de muchos siglos, el emperador Akihito no quiere ocultarse del ojo público tras su abdicación en abril.

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