Reinó dos veces y fue acusado de fraticidio: Gyanendra de Nepal, el rey que busca volver al trono

Decenas de miles de partidarios de la monarquía en Nepal estuvieron saliendo a las calles este año, en manifestaciones a menudo violentas, para exigir el retorno de la dinastía Shah al trono y el antiguo estatus de la nación como un estado hindú. “Amamos a nuestro rey y a nuestro país más que a nuestras vidas. Recuperar la monarquía. Abolir la república”, coreó la multitud en las multitudinarias protestas.

Los partidarios de la monarquía acusan al gobierno nepalí y a los partidos políticos de corrupción y gobernanza fallida. “La monarquía necesita regresar a Nepal. Buscamos un rey ceremonial y estamos de acuerdo con un primer ministro ejecutivo, pero necesitamos un rey ceremonial”, dijo Ram Prasad Upreti, un médico jubilado que clamó por la restauración del ex rey Gyanendra en el trono.

Quién es el rey Gyanendra Bir Bikram shah de Nepal

Gyanendra, último rey de la reverenciada dinastía Shah, fue derrocado en 2006 después de violentas protestas callejeras contra su gobierno autoritario. Dos años más tarde, un parlamento recién elegido votó a favor de abolir la monarquía y declaró a Nepal una república con un presidente como jefe de estado. El ex rey vive como un ciudadano privado sin poder ni protección estatal, pero tiene un amplio apoyo popular.

Nacido en 1947, el duodécimo “maharajadhiraja” o monarca de la dinastía Shah, fundada en 1768 por el dirigente gurkha Prithivi Narayan Shah, Gyanendra Bir Bikram Shah es el segundo hijo varón de Mahendra Bir Bikram Shah, rey que fuera de Nepal entre 1955 y 1972, y de la princesa consorte Indra Rajya Laxmi Devi. Tenía 

El príncipe Gyanendra era un niño de 3 años cuando su abuelo, el rey Tribhuván Bir Bikram, hastiado tras cuatro décadas desempeñando un papel de títere y rehén en el palacio real de Katmandú, se fugó a India junto con el príncipe heredero Mahendra y otros miembros de la familia real, y desde allí, con la ayuda del Gobierno de Nehru, se puso al frente de un poderoso movimiento opositor contra la poderosa dinastía política de los Rana.

La respuesta del clan Rana fue declarar a Tribhuván desposeído del trono y sentar en el mismo al niño Gyanendra, aunque la situación se volvió incontrolable por la presión del pueblo y en 1951 se resignaron a devolver la corona al rey Tribhuván. El monarca reinaría hasta su muerte en 1955 y sería sucedido por el rey Mahenda, padre de Gyanendra.

El joven Gyanendra, al igual que su hermano mayor Birendra, recibió una educación exclusiva en el Saint Joseph’s College de Darjeeling, India. Luego, mientras Birendra se formaba en Occidente, en el Eton College y la Universidad de Harvard, Gyanendra pasó por las aulas de la Universidad Tribhuván de Katmandú, por la que se graduó en 1969. 

En mayo de 1970 el príncipe contrajo matrimonio con Komal Rajya, nacida en 1951 y hermana de la joven con la que Birendra acababa de desposarse hacía dos meses, Aishwarya Rajya. Las dos princesas eran hijas del teniente general del Ejército Kendra Shumsher, destacado miembro del clan Rana, que ahora estaba apartado del Gobierno pero que conservaba importante influencia en palacio por los enlaces matrimoniales.

La masacre palaciega que convirtió al príncipe Gyanendra en rey

En junio de 2001, el rey Birendra, la reina Aishwarya y sus hijos menores -príncipe Niraján y la princesa Shruti, recién salida del parto de su segunda hija- fueron asesinados por su hijo mayor, el príncipe heredero Dipendra. Las princesas Shanti y Sharada, el esposo de esta última, Kumar Khadga, y una prima de Birendra, la princesa Jayanti, también murieron esa noche en el palacio real de Narahanhiti. El príncipe Dhirendra fue también mortalmente herido, pero no falleció al instante, y otros quedaron gravemente heridos. 

De acuerdo con la versión oficial, que se basaba en los testimonios de los supervivientes y del personal del palacio, el príncipe heredero Dipendra se encontraba en estado de embriaguez cuando efectuó los disparos en la sala de billar donde estaba congregada la familia real, y en la que irrumpió vestido con ropas militares y armado con un fusil de asalto M-16 con mira telescópica, una metralleta MP-5K y una pistola. Algunas de las víctimas fueron acribilladas por Dipendra en el jardín interior del palacio.

El primogénito de Gyanendra, el príncipe Paras, muy impopular por su carácter despótico y libertino, pero sobre todo por haber provocado el año anterior un accidente de tránsito que causó la muerte de un cantante de moda, estaba en Narayanhiti y presenció la masacre, pero salió sano y salvo de la misma. En cuanto a Gyanendra, no se encontraba en Katmandú, durante años se lo acusó de ser instigador de la masacre.

Al matar a su padre, Dipendra se convirtió automáticamente en rey, pero había intentado suicidarse y estaba en estado de coma y su reinado duró menos de 72 horas. Puesto que el segundo en la línea de sucesión, el príncipe Niraján, figuraba entre las víctimas, la corona pasó a su tío Gyanendra. Fue coronado inmediatamente por un oficiante hindú en una sobria ceremonia que tuvo lugar junto a la puerta del Palacio Hanuman, lugar tradicional de entronización de los reyes de Nepal.

El rey perdió el trono pero nunca dejó de influir en la política nepalí 

Renunció al trono en junio de 2008, después de que el parlamento votara a favor de abolir la monarquía hindú de 240 años de antigüedad en Nepal, transformando el país en una república secular. El fin de la monarquía fue parte de un acuerdo de paz de 2006 con los rebeldes maoístas que se unieron a la corriente política después de una guerra civil de una década que causó más de 13.000 muertes.

Desde entonces Gyanendra fue despojado de todos los poderes que condujeron al fin definitivo de la monarquía. Pero el ex rey, que vive en el país, emite periódicamente comunicados en ocasiones importantes y algunas de sus actividades públicas se tornan multitudinarias. A principios de 2023, reprendió a los partidos políticos por su mal gobierno, al tiempo que expresó su preocupación por el deterioro de la situación política y económica del país y su mala imagen en el extranjero.

En otra proclama, el rey Gyanendra se ofreció a colaborar con los partidos: “Es el legado y la tradición de nuestro linaje aceptar la decisión de la mayoría del pueblo de Nepal. Incluso en los momentos más adversos de la triste situación, no perdimos la compostura y el patriotismo y no abandonamos el país, pero ya no podemos permanecer en silencio ante el continuo declive de Nepal”, afirmó.

“A lo largo de estos años [desde la abolición de la monarquía], la paz, la estabilidad y el respeto y la soberanía internacionales a largo plazo del país han comenzado a desmoronarse. Ahora, para salvar a este país, no debería haber demora en la cooperación entre los partidos políticos, que son indispensables para la democracia, y una monarquía con una larga herencia histórica patriótica, basada en la confianza mutua”, añadió.

En octubre de este año, Gyanendra declaró públicamente que “el pueblo de Nepal no ha experimentado emoción ni satisfacción durante esta década y media y lamentó: “Una parte importante de nuestra población reside fuera del país, y tanto los que se han ido como los que se han quedado sienten el dolor de la separación. El precio incluye altos costos, enfermedades, tristeza y hambre”.

Los críticos del rey lo acusan de estar actuando de la misma forma que lo hacía cuando era el jefe de Estado. Sharma Oli, líder del partido CPN-UML, cuestionó: “El ex rey Gynendra continúa actuando de la misma manera que cuando estaba en el poder. Se emociona después de ver a algunas personas alrededor suyo”. Muchos dudan de si el rey quiere ayudar a resolver la crisis o solo busca ser restituido en trono con poderes absolutos.

Otros siguen considerando a Gyanendra como la persona más responsable de la continua crisis que Nepal vive desde que se convirtiera en república: los historiadores recuerdan que antes de 2008, al rey se le presentaron varias propuestas para conceder mayores poderes al pueblo y disminuir los de la corona, pero se negó a atenderlas.

El periodista Rabindra Mishra, que aboga por el retorno de la monarquía, admite: “Su negativa a aceptar esas opciones condujo innegablemente al fin de la monarquía, lo que influyó en la trayectoria actual de nuestra nación. Pero el ex rey es alguien que siente amor, pasión y aspiraciones por su país y su gente, no tiene hambre de poder ni de dinero. Debería regresar”.

Aunque encuestas de opinión pública anteriores han demostrado que la mayoría de los nepalíes querrían que Nepal volviera a ser un Estado hindú, no está claro si existe un apoyo similar a la restauración de la monarquía debido a la personalidad de Gyanendra y su amor por el absolutismo, y su hijo, el aborrecido príncipe Paras, acusado de corrupto y asesino.

Darío Silva D’Andrea