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  • Los Bernadotte (III): Los últimos reyes de la vieja Suecia

    El anciano rey del castillo

    Gustavo V (1932-1950) fue el mejor colaborador y consejero de su padre en cuestiones políticas, pero carecía de la vivacidad de los Bernadotte, era tímido, reservado y reflexivo. Se negó a ser coronado, alegando que al pueblo no le hacía falta semejante gasto, sus primeros años como rey fueron tormentosos, debido al debilitamiento del poder de la Corona y el avance de las fuerzas democráticas.

    Gustavo se casó con la princesa Victoria de Baden, nieta del káiser Guillermo I de Alemania. Arreglado por sus padres, el matrimonio no fue del todo afortunado, pero parece que la relación mejoró en los últimos años. Tuvieron tres hijos, de los cuales el mayor, Gustavo Adolfo, sería el heredero del trono.

    Al subir al trono, el sencillo Gustavo V dio prueba de inmediato de su espíritu democrático, de su llaneza y profundo interés por el bienestar y los deseos de la gente. Su manera de vivir fue ejemplo de sencillez. Mantuvo particularmente la tradición de conversar a solas una vez por semana con algunos de sus súbditos, con el común de la gente, a fin de informarse. Nunca infringió la Constitución y siempre pugnó por la paz; bajo su cetro, Suecia, un país agrícola y pobre por excelencia, conoció una industrialización y progreso económico envidiadas por Europa.

    Fue rey durante cuarenta y dos años. Además, fue un destacado jugador de tenis, deporte que aprendió en su memorable viaje a Inglaterra en 1876, y donde utilizaba el seudónimo de “Mr G”, a fin de no imponer a nadie las molestias de la deferencia debida a la realeza. A su regreso a Suecia, fundó el primer club de tenis del país.

    Alcanzó prestigio internacional y su nombre fue incluido en el Salón Internacional de la Fama del tenis en 1980. En ese tiempo, el tenis era un deporte de escaso prestigio en Suecia, pero la participación del monarca hizo que aumentara su popularidad. En sus viajes a la Riviera Francesa, fue visto jugando en múltiples ocasiones y durante la Segunda Guerra Mundial intercedió ante Hitler para obtener mejor trato hacia los campeones Jean Borotta y Gothfried von Cramm, prisioneros de los alemanes.

    Al estallar la Segunda Guerra, Suecia se halló a merced del III Reich durante todo un año. Gustavo V puso en juego toda su autoridad y amenazó con abdicar si el gobierno se negaba a permitir el tránsito de una división alemana por territorio sueco. Debió ceder a la presión del Führer, no sin antes advertir a Berlín que Suecia haría frente con todas las armas a toda agresión.

    Después de la victoria aliada de El-Alamein, Gustavo V pudo apoyar a los países vencidos ocupados y a Inglaterra. Haciendo uso de su talento diplomático, el rey Gustavo se ofreció en agosto de 1940 como mediador en posibles negociaciones de paz entre el Reino Unido y Alemania, y en su cumpleaños 85, en 1943, admitió que en casos normales un monarca constitucional debe mantenerse neutral en los aspectos políticos, pero en casos especiales, como en una guerra, estaba obligado a ayudar a su país frente a todas las adversidades. Personalmente, intercedió ante el Almirante Horthy y Adolfo Hitler a favor de los judíos perseguidos en Hungría, noruega y Dinamarca.

    Si por algún fenómeno extraño estallara una revolución en Suecia, si por otra casualidad no menos extraña obtuviera el triunfo, el gobierno depuesto ofrecería un banquete al triunfador”. La frase es nada menos que de Lenin, y la misma señala el espíritu de ese notable reino donde los diputados no tienen limitado el uso de la palabra en el Parlamento, por cuanto nadie nunca ha abusado de su derecho. ¿Para qué limitar el tiempo?, respondieron asombrados en Estocolmo a la pregunta de un  periodista. Aquí a nadie se le ocurriría hablar más de lo necesario.

    Esa sencillez, ese sentido activo y respetuoso de la vida fue encarnado siempre perfectamente en la figura del augusto Gustavo V, quien supo –como todos reconocieron– ser rey, y ser un hombre justo.

    La figura de Gustavo V se convirtió en algo inmensamente popular en todo el país. Alto, macizo, metódico, sobrio, luteranamente abstemio, llegó a sus noventa años con lúcida gallardía. Aun iba de caza, calzando viejas botas de caucho bajo los copos de nieve, aún presenciaba los campeonatos de esquí y pasaba sus vacaciones de verano en Francia. Después de la guerra, Gustavo V comenzó a viajar frecuentemente a Niza, en la Riviera francesa, donde permanecía largas temporadas.

    El “gran anciano del castillo” pudo, hasta que su enfermedad lo obligó a recluirse definitivamente, pasear por las calles de Estocolmo como un ciudadano más. Así se lo vio muchas veces en restaurantes, cafés, respetada su soledad por el público y sin que nadie se atreviera a incomodarlo con una mirada curiosa. “Mi guardia personal es el pueblo sueco”, dijo una vez al emperador Alejandro II de Rusia, muerto a manos de sus propios súbditos.

    En 1948 celebró sus 90 años con una grandiosa celebración, pero ya era evidente su debilidad física. Por entonces, los médicos le prohibieron jugar al tenis, y sintió que le habían cortado las alas, pues aquel deporte era el único solaz que se había permitido durante toda su vida.

    En la apertura del Riksdag de 1950 el trono real lució vacío, y a las 2.45 de la madrugada del domingo 29 de octubre de 1950, luego de decir a su doctor, con voz muy baja, “Ahora me voy a morir”, Gustavo V expiró en el palacio de Drottningholm, a la edad de 92 años.

    El pueblo sueco se vio sumido en el luto personal por la muerte de un ser querido. Socialistas, demócratas, radicales, desde las heladas soledades laponas hasta las brumosas islas de su meridión, lloraron la muerte de un rey que dejaba tras de su, para sus descendientes, una monarquía más fortalecida que nunca. Las campanas tocando a duelo y una multitud silenciosa en el patio del palacio, anunciaron el fin de uno de los reinados más largos de la historia de Suecia y el mundo se dio cuenta de cuánto amaban los suecos al rey Gustavo V.

    “Mi candidato a presidente sería Gustavo Adolfo”

    Gustavo VI (1950-1973) fue el monarca que emparentó a la dinastía proveniente de Francia con los descendientes de Christian IX de Dinamarca y Victoria de Inglaterra, “el suegro y la abuela de Europa”. Era conocido como el duque de Västergottland cuando fue proclamado Rey de Suecia y prestó juramento comprometiéndose a “respetar la Constitución y gobernar como un rey justo y bondadoso para el pueblo sueco”.

    Gustavo VI Adolfo subió al trono a los 67 años, una edad en la cual la mayoría de los suecos estaba jubilado. Pero el anciano monarca estaba firmemente decidido a cumplir con las grandes tareas que reclama su misión. “El deber ante todo”, fue el lema de su reinado. Pese a su edad se convirtió en un rey afable y de extraordinarias condiciones.

    En innumerables viajes había aprendido a conocer a su país y su gente. Su sed de conocimientos era famosa y tenía una memoria que rara vez le fallaba. Gustavo Adolfo, el sexto Bernadotte que ocupó el ancestral trono, nació el 11 de septiembre de 1882, mientras reinaba su abuelo, Oscar II, y parte de su infancia la pasó en el castillo que su familia poseía en la isla de Mainau, en Alemania, o en la residencia de su abuela, la reina Sofía de Nassau, el palacio de Ulriksdal.

    Quiso estudiar a fondo muchas materias que consideraba importantes para su futuro “oficio”: ciencias políticas, economía, historia, ciencias militares… Era muy joven cuando ya sabía hablar inglés, francés y alemán, aparte del sueco. Se convirtió en uno de los mejores oradores de su reino, tras superar una recalcitrante timidez.

    Él mismo componía sus discursos sencilla y claramente. Los hechos, las fisionomías y los nombres de las personas eran cosas que no les estaba permitido olvidar jamás. Tenía la costumbre de llevar en tarjetas un índice de los centenares de personas que se le presentaban, pero al final de su vida, a pesar de su edad, era capaz de recordar el nombre de cualquier persona.

    Realizó brillantes aportaciones en el campo humanístico como arqueólogo, coleccionista de arte chino y conocedor de arte. Su gran afición por la arqueología surgió cuando sólo tenía 16 años, cuando, paseando por los bosques de la finca real de Tullgarn, encontró fósiles de huesos humanos y algunas herramientas de la edad de los metales. Se convirtió en un “profesional”, marchó con diversas expediciones a Italia, Grecia y Chipre, a varios puntos del Levante, a Corea y a China, donde se dedicaba desde el amanecer a excavar pozos.

    Su amor y pasión por la arqueología fue heredada por su nieta, la reina Margarita II de Dinamarca. Los principales arqueólogos de Europa lo tuvieron como uno de los suyos y por una autoridad respecto a monumentos etruscos de Italia y antiguas civilizaciones chipriotas. Fue, además, conocido como todo un profesional en materia de arte oriental, y todo un entendido en lo relacionado a objetos de jade, porcelana y bronce de la Era de Sung.

    Gustavo VI Adolfo se despertaba muy temprano cada día, a las 7.30, y luego de desayunar una taza de té sencillamente en su cama y leer algunos periódicos suecos y el británico The Times, se trasladaba a su despacho, donde lo esperaba una montaña de memorandos, cartas, documentos ministeriales, y una agenda repleta de audiencias a funcionarios y personas de la sociedad sueca. Se informaba de todo lo acontecido reuniéndose periódicamente con multitud de políticos, sindicalistas, ministros, legisladores de toda rama política.

    El  Partido Social-demócrata era, y es, partidario de la abolición de la monarquía, pero realmente amaban la idea de tener al bondadoso Gustavo VI Adolfo desempeñándose de forma irreprochable en su empleo. Cierta vez en el curso de un agitado debate parlamentario en el cual se discutían las posibilidades de sustituir la monarquía por la república, uno de los más empecinados diputados republicanos (social-demócrata de extrema izquierda en su bancada), afirmó: “Si llegamos a la República, mi candidato a presidente sería el príncipe Gustavo Adolfo”.

    La vida apacible y sencilla de Gustavo y la reina Luisa era justo lo que los habitantes de Suecia deseaban para sus reyes. Una vez por semana asistía al almuerzo del Rotary Club de Estocolmo y, para relajarse, se dedicaba a jugar al tenis, deporte que le enseñó su padre. Por la noche, junto a la reina Luisa cenaban sencillamente con sus amigos en la suntuosidad de aquel imponente palacio que habían trasformado en su cálido hogar.

    Al final de su reinado, la vida del honesto Gustavo VI Adolfo se había convertido hacía tiempo en todo un símbolo para Suecia.El 15 de septiembre de 1973 el rey murió en un hospital de Helsinborg, como un simple ciudadano y rodeado de sus familiares más cercanos. Cuando su ataúd fue trasladado a Estocolmo, cientos de miles de enlutados súbditos, a lo largo de 600 kilómetros, se agolparon para rendirle su último homenaje. Su nieto, Carlos XVI Gustavo, que entonces tenía 27 años, le sucedió en el milenario trono.

  • Los Bernadotte (II): Los reyes brillantes y los olvidados

    Oscar I (1844-1857) recibió una privilegiada educación sueca. Era inteligente y comprendía fácilmente las cuestiones de actualidad. Además de talento artístico y literario, tenía una clara percepción de los problemas sociales. Las relaciones entre el liberal Oscar y su estrictamente conservador padre habían sido siempre tirantes.

    Al ser coronado, Oscar I eligió de inmediato un gobierno moderadamente liberal y realizó una serie de exitosas reformas en la economía, la legislación y la educación. Pero pese a su devoción al deber y rectitud, Oscar I nunca logró ser tan popular como su padre.

    Carecía del encanto de su padre, era un hombre gris y tan cuidadoso de su dignidad real que fue considerado, injustamente, estirado y carente de temperamento. El largo periodo en que había sido príncipe heredero, a la sombra de Carlos Juan, había reprimido su personalidad y le había hecho perder la capacidad de mostrar espontaneidad y entusiasmo.

    La salud de Óscar I, siempre débil, comenzó a agravarse a principios de la década de 1850, y en 1857 empeoró drásticamente. Ante la imposibilidad de gobernar, su hijo Carlos fue nombrado regente por acuerdo del parlamento de ambos reinos el 25 de septiembre de ese mismo año. Permaneció postrado dos años y fue olvidado por su pueblo, muriendo en Estocolmo el 8 de julio de 1859. Sus restos mortales reposan en la Iglesia Real de Riddarholmen de esa ciudad.

    Pocos reyes suecos fueron tan populares como Carlos XV (1857-1872), el hijo de Oscar I. Fue el primer Bernadotte nacido en Suecia y hablaba el idioma sueco a la perfección. Con su aspecto majestuoso y sus modales naturales, se ganaba la devoción de todos. Carlos XV era un individuo práctico, un hombre de acción.

    Le gustaba entrenar a los soldados y quería compartir sus fatigas durante las maniobras. Pero tenía defectos graves, evidentes para los que le rodeaban: era impulsivo y se dejaba arrastrar por las ocurrencias del momento, carecía de perseverancia y no tenía inclinación por el “penoso trabajo intelectual de cada día”.

    Como no tuvo hijos varones con su reina, Luisa de Holanda, Carlos XV fue sucedido, al morir en 1872, por su hermano menor, Oscar II (1872-1907), un príncipe poco conocido y escasamente popular, considerado altanero y muy puntilloso de su dignidad. Ninguno de los que le conocieron, sin embargo, pudo negar su gran ambición y su capacidad para cumplir con las tareas que la nación le encomendaba.

    Oscar II era un hombre de gran capacidad, de mucha lectura, interesado en muchísimos temas, aunque incomprendido. Cuando subió al trono, se le consideraba, con mucha razón, el monarca más ilustrado de Europa. Fue el primer Bernadotte que se educó en la Marina y escribió muchos libros que mostraron su dominio de los asuntos navales. También compuso poemas sobre la Marina y el mar que fueron muy apreciados en su época.

    Deseaba ser un rey influyente y restaurar el poder de la monarquía tal cual había sido ejercido por su abuelo y su padre. Contaba con ello con buenas calificaciones: era talentoso y receptivo, tenía gran encanto personal y espíritu conciliador. Oscar II deseaba inspirar confianza y ganar aprobación, pero tenía serias dificultades para lograr ser apreciado por el hombre común. Se dice que su madre, la reina Josefina, dijo alguna vez de sus hijos: “Oscar hace cualquier cosa para ser popular, sin lograrlo, mientras Carlos (XV) hace cualquier cosa para dañar su popularidad, sin lograrlo”.

    La disolución de la unión entre Suecia y Noruega, en 1905, quebrantó el espíritu y la salud de Oscar II. Murió dos años más tarde, trágicamente mal comprendido. Contaba con un fiel consejero en la persona de su esposa, la reina Sofía, nacida princesa de Nassau, una mujer firme y sensata a la que afectaba los esfuerzos que se hacían a favor de la paz.

    Oscar II y Sofía tuvieron cuatro hijos: el mayor de ellos, le sucedió en el trono como Gustavo V (1858-1950). El segundo, el príncipe Oscar, contrajo matrimonio con una mujer de la nobleza sueca y lo perdió todo: derechos de sucesión, prerrogativas, títulos y dinero. Adoptó el título de Príncipe Bernadotte y dedicó su vida a las actividades religiosas y de bienestar social. El tercer hijo, el príncipe Carl, escogió la carrera militar y realizó su contribución más importante al frente de la Cruz Roja sueca, de la cual fue presidente durante cuatro décadas.  El hijo menor fue Eugen (Duque de Närke), un reconocido pintor, coleccionista de arte y patrocinador de artistas.

  • Los Bernadotte (I): Un francés revolucionario en el trono sueco

    Los datos más antiguos e históricamente seguros que existen sobre la monarquía sueca son los relatos del siglo IX sobre el reino de los Svears, recogidos en las leyendas de Ansgar, que describe viajes de ese misionero cristiano a Birka, centro comercial de aquel reino. No obstante, sólo se conoce con seguridad los nombres de los reyes a partir del año 980, aproximadamente.

    La lista de reyes suecos durante más de 1.000 años comprende más de 50 monarcas de 11 dinastías distintas. A pesar de semejante e ilustre historia, el actual rey, Carlos XVI Gustavo –los reyes suecos cuyo numeral es par utilizan un segundo nombre– no desciende de ellos. Al menos no directamente. Su dinastía, la de los Bernadotte, es de ascendencia francesa, elegida para ocupar el trono de Suecia en 1810.

    Después del golpe de Estado de 1809 fue elegido rey un tío del monarca depuesto, que fue coronado con el nombre de Carlos XIII. Pero Carlos era ya un hombre anciano y enfermo que no tenía hijos (sólo uno ilegítimo) y debió elegir un heredero. Adoptó primero a un pariente joven y danés, Carlos Augusto de Augustenburgo, quien, para simplificar la crisis dinástica, no vaciló en morir un mes después de su elección, a causa de un accidente.

    El Parlamento (Riksdag) eligió entonces al mariscal francésJuan Bautista Bernadotte, un general del imperio napoleónico que tomó el nombre de Carlos Juan. Las testas coronadas del Viejo Mundo quedaron sorprendidas y algunas indignadas de que Bernadotte, un simple general, súbdito de Napoleón, fuera elevado a la condición de príncipe de uno de los reinos más ilustres, el cual nunca había conocido.

    Bernadotte tenía una brillante carrera como soldado y oficial en la Francia napoleónica. En 1780, a sus 17 años, se alistó como soldado y catorce años más tarde ya era General de División. En 1804, con la coronación de Napoleón Bonaparte, fue designado mariscal del Imperio y único comandante de las fuerzas del norte de Alemania.

    En 1818 murió Carlos XIII, y Bernadotte fue coronado Rey de Suecia y Noruega con el nombre de Carlos XIV Juan, pero jamás llegó a hablar el idioma sueco, y sentía gran desconfianza en el pueblo. Razones no le faltaban si recordaba la forma en que los suecos habían tratado a sus últimos gobernantes antes de su llegada a Suecia: Gustavo III había sido asesinado y su hijo, Gustavo IV había sido enviado al exilio luego de ser derrocado. El mismo años de su desembarco en Estocolmo, el más eminente noble del país, el conde Axel von Fersen, había sido muerto a golpes por los ciudadanos bajo la indiferente mirada de las tropas.

    Carlos XIV Juan, desconocido extranjero, una especie de usurpador del añejo trono de los suecos, temía una nueva revolución. Sentía la necesidad de hacerse popular, pero su temor a las revoluciones y su inclinación a los agentes secretos y las intrigas repelían a muchos. Se sintió un poco más seguro después del nacimiento de su primer nieto, el príncipe Carlos, en 1826, cuando el futuro de la dinastía estaba asegurado, y mostró su creciente confianza en sí mismo un año más tarde, al dar el nombre de Gustavo (nombre tradicional de los reyes suecos) al segundo hijo del príncipe heredero.

    Carlos XIV Juan se esforzó en comprender a los suecos y se dedicó para ello a estudiar fervientemente la historia de su nación. El cumplimiento del deber de la época de los reyes Carlos XI y Carlos XII, la simplicidad y la moderación durante esta fase final de la era de Suecia como gran potencia le atraían.

    Al final de su reinado, Carlos XIV elegía personalmente a sus ministros, entre burócratas leales que ejecutaban sus órdenes sin replicar, y se fue haciendo cada vez más evidente que quien gobernaba era sólo él, y que aquel general de la revolución que en Francia desterró a sus reyes, se había convertido en una especie de autócrata real al estilo antiguo.

    Tras su muerte se encontró un curioso tatuaje grabado en su cuerpo que decía: “Mort aux rois” (“Muerte a los Reyes”), presumiblemente realizado durante la Revolución Francesa. Bernadotte murió en Estocolmo el 8 de marzo de 1844 y fue sucedido, para orgullo de la oposición política, por su único hijo, el liberal Oscar I.

  • Una semana de festejos por los 70 años del Rey de Suecia

    El rey Carlos Gustavo de Suecia cumple 70 años el próximo 30 de abril pero las celebraciones comienzan este lunes 25, día en que el monarca asistirá a un seminario organizado por las Reales Academias Suecas de Ciencias, Silvicultura y Agricultura en Estocolmo. El martes 26, la banda de la Real Fuerza Armada ofrecerá un concierto al rey en la Capilla del Palacio Real de Estocolmo, la “Slottskyrkan”, al que asistirá también la reina Silvia.

    El jueves 28 y el viernes 29 los reyes ofrecerán una recepción para agencias de gobierno y otras organizaciones de la sociedad sueca en el Palacio Real y esos días, entre las 10 y las 14, horas los ciudadanos suecos podrán acercarse a la residencia real para dejar sus obsequios y firmar un libro de felicitaciones.

    El 29 de abril, además, los reyes asistirán a una recepción en la Real Opera Sueca ofrecida por la Academia Sueca de las Artes y, por la noche, a un concierto en el Stockholm Concert Hall del Museo Nórdico al que también asistirán los príncipes Victoria, Daniel, Carlos Felipe y Magdalena, aunque no se sabe si asistirá la princesa Sofía, quien dio a luz a su primer hijo el martes pasado.

    El 30 de abril los festejos comenzarán a las 10 de la mañana, con un Te Deum celebrado en la Capilla del Palacio Real al que asistirá la familia real, seguido del tradicional cambio de guardia ante las puertas del palacio, ceremonia militar en la que estará presente toda la familia. La cadena de televisión sueca SVT (http://www.svt.se/) y el diario Expressen (http://expressen.se/) emitirán la mayor parte de los eventos en directo a través de internet.

    Al mediodía, tras una presentación coral en la Terraza de los Leones del Palacio Real (Lejonbackens), el rey y su familia se dirigirán en una procesión de carruajes escoltados por la guardia real a caballo rumbo al Ayuntamiento de Estocolmo, donde participarán de una recepción con el gobierno, gobernadores provinciales y miembros del Parlamento sueco.

    LA REALEZA EUROPEA, INVITADA

    A las 19.30 horas, el Palacio Real se vestirá de gala para un banquete en honor al rey al que asistirá la familia real y los miembros de la realeza europea invitados. Hasta ahora confirmaron su asistencia los reyes Harald V y Sonia de Noruega, la reina Margarita II de Dinamarca, los reyes Felipe y Matilde de Bélgica, los reyes Juan Carlos y Sofía de España, los príncipes herederos de Noruega y Dinamarca, y las princesas Marta Luisa de Noruega y Benedicta de Dinamarca.

    QUIÉN ES CARLOS GUSTAVO DE SUECIA

    Carlos XVI Gustavo fue el menor de los cinco hijos, y el único varón, del príncipe Gustavo Adolfo, duque de Västerbotten (1906-1947), fallecido en un accidente de aviación, y de la princesa alemana Sibylla de Sajonia-Coburgo-Gotha, descendiente de la reina Victoria de Inglaterra. Carlos Gustavo nació durante el reinado de su bisabuelo, el rey Gustavo V, quien le concedió el título de duque de Jämtland.

    El 19 de septiembre de 1973, con 27 años, juró como séptimo rey de la dinastía Bernadotte, tras ejercer la jefatura del Estado durante cuatro días justo a la muerte de su abuelo, el rey Gustavo VI Adolfo (1882-1973). En realidad, era heredero al trono de Suecia desde 1950, cuando Gustavo VI Adolfo se convirtió en monarca en la muerte de su padre y por tanto bisabuelo del joven príncipe, el rey Gustavo V.

    El 19 de junio de 1976 contrajo matrimonio en la Catedral de Estocolmo con la azafata e intérprete alemana Silvia Sommerlath, hija de un hombre de negocios alemán y una brasileña, a la que había conocido en los Juegos Olímpicos de Munich de 1972. Este matrimonio “morganático” sentó un precedente en los enlaces de la realeza europea, al tratarse la novia de una plebeya no perteneciente a la aristocracia, nobleza o realeza.

    La pareja real tiene tres hijos: en 1977 nació Victoria, duquesa de Vastergötland y heredera al trono de acuerdo con la Orden Sucesoria del 1 de enero de 1980, que abolió la Ley Sálica; Carlos Felipe, duque de Värmland, nacido en 1979, y Magdalena, duquesa de Hälsingland y Gästrikland, nacida en 1982. Los tres hijos les dieron a los reyes, hasta ahora, cinco nietos que son príncipes de Suecia: Estelle, Oscar, Leonore, Gustav y Alexander, nacido la semana pasada.

  • El inigualable esplendor del Palacio de Caserta, el Versalles italiano

    De todas las espléndidas obras que los Borbones crearon para embellecer y modernizar el Reino de las Dos Sicilias, la más preciosa es el Palacio Real de Caserta, Italia, proyectada por el arquitecto holandés Ludwig Van Wittel (en italiano, Vanvitelli). El Palacio y su parque, incluidos por la UNESCO en la World Heritage List en 1997, son dos joyas de inigualable esplendor.

    El suntuoso palacio es una fusión ideal y original de otras dos residencias reales: el Palacio de Versalles de los reyes de Francia y el madrileño Palacio del Escorial, antigua residencia de los reyes de España. Fue construido por petición del rey Carlos VII de Nápoles (futuro rey Carlos III de España, nieto del Rey Sol de Francia), quien concibió la residencia como una forma de simbolizar y glorificar su poder.

    Aparte, pretendía situar en Caserta la corte y todo el aparato del Estado, creando una suerte de segunda capital más cómoda, más salubre y segura que Nápoles. Además, buscaba un lugar de recreo en el que poder cazar, y Caserta reunía todas las condiciones requeridas. Sumamente cuidado en los detalles y estructurado a partir de cuatro patios monumentales, la construcción aparece introducida por un escenográfico parque, meta de miles de turistas.

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    El Palacio aparece con un auténtico conjunto monumental que ocupa 45.000 metros cuadrados y que, con sus cinco plantas, alcanza una altura de 36 metros. En la fachada principal se abren 143 ventanas y cuenta con nada menos que 1200 habitaciones y 34 escalinatas. El edificio de ladrillo y los pisos inferiores aparecen revestidos con lastras de travertino. Toda la estructura se corona con una amplia cúpula central.

    En su interior sorprende la sucesión continua de estucos, bajorrelieves, frescos, esculturas y suelos de taracea. Son destacables los de la Sala de Astrea, de la Sala de Marte y de la Sala del Trono. Esta última es la mayor de los apartamentos reales y venía utilizada como sala de recibimiento de las personalidades. Las partes más impresionantes del palacio son, probablemente, el conjunto del atrio, la monumental escala de honor y la capilla.

    La Capilla Palatina, diseñada en su totalidad (incluida la decoración) por Vanvitelli es el espacio que más que ningún otro muestra una clara analogía con el modelo de Versalles. Destaca también el Teatro de la Corte (1769), admirable ejemplo de arquitectura teatral del siglo XVIII compuesta por una sala en forma de herradura redondeada y solemnizada por la particular disposición de las columnas, de orden gigante.

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    Pero no son los únicos ambientes que impresionan. La pinacoteca en su interior se dispone a través de una serie de habitaciones unidas entre sí donde se exponen numerosas pinturas de naturalezas muertas, acontecimientos bélicos y retratos de la rama de la Casa española de Borbón que reinó sobre las Dos Sicilias durante el siglo XIX.

    El Apartamento Vecchio acoge el pesebre borbónico, gran afición de la noble familia de la cual derivó la conocida tradición napolitana para la decoración navideña. La Biblioteca Palatina (1784) se encuentra al lado de los Apartamentos de la Reina. El espacio aparece delicadamente decorado con relieves y frescos, como el de los signos del Zodíaco y las constelaciones, siguiendo un diseño del mismo Vanvitelli. Son evocadoras las salas dedicadas a las cuatro estaciones.

    Pero gran parte de la majestuosidad y de la belleza del Palacio Real de Caserta se encuentra en el parque, un típico ejemplo de jardín de estilo italiano, constituido por vastos prados, céspedes cuadrados y, sobre todo, una celebración de los juegos de agua. A lo largo del eje central se suceden estanques, fuentes y cascadas, adornadas con grandes conjuntos escultóricos.

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    El resultado es de un efecto espectacular de gran impacto que culmina con la Gran Cascada. El parque se extiende hasta lo alto de la colina que precede al palacio, donde un jardín inglés sirve de marco para un paseo entre plantas exóticas. Singular es el hecho de que el jardín inglés, menos simétrico respecto al italiano, fue un deseo de la reina María Carolina de Austria y se plantaron numerosas plantas autóctonas y exóticas, entre ellas algunos bellísimos cedros del Líbano.

    Ni Carlos de Borbón ni Vanvitelli vieron el palacio terminado. Don Carlos heredó el trono de España tras la muerte de su hermano Fernando VI y se trasladó a su país natal en 1759 para reinar con el nombre de Carlos III. El segundo murió en Caserta en 1773 cuando el edificio aún no se había concluido. Hoy no son los miembros de la familia real, los nobles cortesanos o sus huéspedes ilustres (como Goethe) quienes ocupan la reggia de Caserta.

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  • Alexander, un nombre con antecedentes trágicos en la realeza europea

    El miembro más joven de la monarquía sueca, el príncipe Alejandro, duque de Södermanland, es el quinto nieto de los reyes de este país escandinavo. Su nombre, Alejandro (Alexander, en sueco) no encuentra precedentes en la extensa monarquía sueca, de 1.000 años de historia.

    De hecho, muy pocos personajes de la realeza europea se llamaron Alejandro en los últimos siglos y la mayoría vivieron y murieron marcados por la tragedia. Uno de ellos, el rey Alejandro III de Escocia (1241-1486) murió accidentalmente, a la edad de 44 años, luego de una caída de caballo cuando se dirigía en una noche de tormenta al encuentro de su esposa.

    El ya desaparecido Imperio Ruso tuvo tres zares y un puñado de grandes duques llamados Alejandro. Uno de ellos, Alejandro III, que reinó entre 1855 y 1881, fue asesinado por un revolucionario que arrojó una bomba al carruaje del zar. Su nieto, el gran duque Alejandro, destinado a ser zar ruso, murió de meningitis cuando tenía muy pocos meses de vida. En Inglaterra, uno de los 42 nietos de la reina Victoria, el príncipe Alejandro de Gales, nació en 1870 pero gozaba de una salud tan mala que murió un día después de su alumbramiento.

    En Grecia, hubo un rey llamado Alejandro I, catapultado al trono en 1917 tras una revolución que lo convirtió en un rey títere y prisionero. En 1920, a los 27 años de edad, uno de los monos que criaba en su palacio lo mordió y le contagió rabia, muriendo el soberano unas horas después. Catorce años más tarde, en 1934, el rey Alejandro Karadjorgevich de Yugoslavia murió asesinado en Marsella, Francia. Su antecesor, el rey Alejandro Obrenovich, fue asesinado en 1903 tras haber causado una gran indignación popular con su matrimonio con una plebeya.

     

  • El quinto nieto de los reyes de Suecia ya tiene nombre y título

    ¡El nuevo miembro de la realeza de Suecia ya tiene nombres! El primer hijo del príncipe Carlos Felipe de Suecia y de Sofía Hellqvist se llama Alexander (en español, Alejandro) y tendrá tres nombres adicionales: Erik Hubertus Bertil.

    Así lo anunció el rey Carlos XVI Gustavo, quien tras un Consejo de Estado resolvió que su quinto nieto tendría el título personal de Duque de Södermanland, que hace alusión a la provincia del sureste de Suecia. Este es un título ducal que durante siglos ha sido otorgado a los nietos de los Reyes de Suecia y el último en utilizarlo fue el principe Lennart (1884-1965), nieto de Oscar II.

     

    El nombre de Alejandro es casi inédito es la extensa historia de la monarquía sueca, en tanto que Erik es el nombre del abuelo materno del bebé, Erik Oskar Hellqvist. Erik, además, fue el nombre de catorce Reyes de Suecia y una infinidad de príncipes desde el siglo X. El último príncipe Erik (1889-1918) fue el hijo menor del rey Gustavo V y de Victoria de Baden.

    Hubertus y Bertil son nombres muy especiales para la familia del príncipe Carlos Felipe. El primero es uno de los nombres del rey Carlos Gustavo, que le fue dado por su tío, el príncipe Hubertus de Sajonia-Coburgo-Gotha, su padrino de bautismo, muerto en combate en la Segunda Guerra Mundial.

    El último nombre, Bertil, nos remonta al hijo del rey Gustavo VI y de la Princesa Margarita de Inglaterra. Fallecido en 1997, Bertil de Suecia fue uno de los personajes más entrañables de la dinastía sueca en el siglo XX por haber sido el tutor del rey Carlos Gustavo y haber pospuesto más de treinta años su matrimonio con una plebeya para servir a Suecia. En 1976, cuando tenía 64 años, consiguió el consentimiento real para casarse por fin con su querida novia Lilian Davies, de 61 años.

    Con el título de “Prins” (príncipe) y el tratamiento oficial de Alteza Real, el principe Alexander es el quinto nieto de los actuales reyes de Suecia y ocupa, además, el quinto lugar en la sucesión al trono, luego de su tía, la princesa Victoria, sus primos Estelle y Oscar (nacido en marzo) y su padre. Un Te Deum en la capilla real del Palacio de Estocolmo y una salva de 41 cañonazos desde el muelle celebrarán el nacimiento. Su bautismo tendrá lugar previsiblemente en junio.

    Alejandro, que pesó 3.595 gramos y midió 49 centímetros, nació el martes en la Clínica Danderyd de Estocolmo, la misma donde nació su madre, Sofía Hellqvist. El acontecimiento fue celebrado con el lanzamiento de 21 salvas de artillería desde el muelle Skeppsholmen de Estocolmo y otros cuatro puntos del reino de Suecia. “Es muy gracioso que la cigüeña haya estado tan activa con la familia Bernadotte este año”, dijo hoy Carlos XVI Gustavo, en referencia a que la princesa heredera Victoria había dado a luz hace apenas un mes a su segundo hijo, el príncipe Óscar.

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  • Una página web recorre la vida año a año de la reina Isabel II

    La reina de Inglaterra cumple hoy 90 años, y ha tenido una vida plena de acontecimientos. Para saber cuáles han sido los principales y además con dosis de humor, existe la web keepingupwiththequeen.com. En la página se introduce la edad que uno quiera y entonces aparecen los principales acontecimientos que ocurrieron en cada año de la reina, aunque por supuesto siempre hay cosas que faltan.

    Algunos datos interesantes son, por ejemplo, que conoció al príncipe Felipe con 13 años (1939) o que tuvo su primer perro corgi cinco años después, a los 18 (1944). Fue también ese año en el que bautizó por primera vez un barco (HMS “Vanguard”). Tampoco faltan la muerte de su nuera Diana en 1997 o la de su madre y su hermana en 2002. La web ilustra los datos e historias con gráficos, animaciones y videos.

  • Los 90 años de la reina Isabel II en 90 fotos históricas

    Un repaso año tras año a la vida de Isabel II, la monarca más longeva de Inglaterra, con motivo de su cumpleaños 90.

    FOTOGALERÍA

    (Clickea sobre las fotos para ampliarlas)

  • Cuatro generaciones en una foto por los 90 años de Isabel

    Con ocasión del cumpleaños 90 de la reina Isabel II de Inglaterra, que se celebrará el jueves en privado con su familia, se difundió una foto oficial en la que la monarca aparece acompañada con su hijo, el príncipe Carlos, su nieto, el príncipe Guillermo, y su bisnieto, el príncipe Jorge, que ocupan por este orden los tres primeros escalones en la línea sucesoria. La imagen, tomada por el fotógrafo Ranald Mackechnie en el Castillo de Windsor, servirá para una serie de cuatro sellos del Royal Mail, la primera en la historia de la monarquía británica con cuatro generaciones, y acompañará otro set de 6 estampillas con fotos de la vida de Isabel II.

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