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  • El increíble árbol genealógico de Ana de Rumania (1923-2016), una reina de verdadera sangre azul

    Ana de Rumania, quien murió a los 92 años, fue reina de un país cuyo idioma no hablaba y cuyo suelo no pisó hasta que estuvo casi 70 años. Emparentada con la mayoría de las familias reales de Europa, y esposa del derrocado rey Miguel de Rumania, siempre se manifestó feliz de vivir como un ama de casa. Su gran sencillez y adaptabilidad fueron atributos de valor incalculable en su matrimonio con un hombre serio que fue despojado de la corona de su país y obligado a abdicar y exiliarse hace casi 70 años.

    La Princesa Anne Antoinette Françoise Charlotte de Borbón-Parma, nació en París el 18 de septiembre de 1923, y fue la única mujer entre los hijos del príncipe René de Borbón-Parma (1894-1962), descendiente del rey Felipe V de España y hermano de la última emperatriz austrohúngara, Zita de Borbón-Parma. Los abuelos de René fueron Carlos III de Parma y la princesa María Luisa de Francia, hermana del conde de Chambord y nieta de Carlos X. La Casa de Borbón-Parma es una rama de la casa real española que a principios del siglo XVIII heredó el ducado italiano de Parma.

    Su madre fue la princesa Margarita de Dinamarca (1895-1992), quien, como nieta del rey danés Christian IX -apodado “el Suegro de Europa”- emparentaba con numerosas casas reinantes y enlazaba con uno de los linajes más antiguos del Viejo Continente. Gracias a la sangre de sus padres, Ana podía podía contar entre sus antepasados tanto al último rey de Francia, Carlos X (1757-1836) como al primer Rey de los Franceses, Luis Felipe I (1773-1850), además de varios duques de Parma, reyes de España, de Portugal y de Dinamarca y de los emperadores de Brasil.

    La familia de René y Margarita fue relativamente pobre a pesar que, desde finales del siglo XIX, la Casa ducal de Borbón-Parma disfrutó de unas rentas muy abultadas al heredar las grandes propiedades de los Borbones franceses a la muerte del conde de Chambord. Entre estas grandes propiedades se puede encontrar el castillo renacentista de Chambord, situado en el Valle del Loira. Sin embargo, sus primeros años de vida no fueron muy lujosos.

    Las vacaciones familiares de la princesa Ana fueron siempre en casas prestadas: en Villa Pianore en Lucca (Italia) con la duquesa de Parma, o en el Castillo de Bernstorff (Dinamarca), hogar del abuelo materno de Ana, el príncipe Waldemar de Dinamarca. Allí, Ana y sus hermanos se encontraban algunas veces con sus tías, la reina Alejandra de Gran Bretaña, la zarina Maria Feodorovna de Rusia, y la duquesa de Brunswick.

    En 1939, el príncipe René y su familia huyeron de Francia ante la invasión nazi y se refugiaron en España. Desde ahí se fueron a Portugal y luego a Nueva York, donde se vieron obligados a trabajar para ganarse la vida. El príncipe René encontró trabajo en una compañía nacional de gas, mientras su esposa fabricaba sombreros.

    La princesa Ana trabajó durante un tiempo como asistente en una tienda y posteriormente se alistó como conductora de ambulancias en el Ejército Libre Francés y entró en servicio en el Norte de África e Italia antes de llegar a St. Maxime (sur de Francia). Se le honró por su servicio con la Cruz de Guerra.

    La princesa Ana acompañó a su padre a Londres en noviembre de 1947, como invitados a la boda de la princesa Isabel (la actual reina de Inglaterra) con Felipe Mountbatten, un príncipe griego que adoptó la ciudadanía inglesa. En la boda en la Abadía de Westminster la princesa conoció al joven rey Miguel de Rumania, de 26 años, quien se hallaba en serios problemas luego de la llegada de los soviéticos a su país. Semanas más tarde Miguel fue obligado a abdicar a punta de pistola y abandonar Rumania.

    Nacido en 1921, Miguel de Rumania era joven pero ya había sorteado numerosas penurias familiares. Su padre, el príncipe Carol, abandonó el hogar cuando Miguel era apenas un niño y renunció al trono. Fue expulsado de Rumania y se instaló en el exilio con su amante, Elena Lupescu para regresar en 1930 y derrocar a su propio hijo. Expulsó a la reina Helena y le prohibió volver a ver a Miguel. Carol II gobernó desastrosamente durante una década para volver a abdicar y ceder nuevamente la corona a Miguel, de 19 años. La Segunda Guerra Mundial dio paso al régimen comunista que acabó con la monarquía.

    Después de una serie de reuniones familiares, Miguel y la princesa Ana se casaron el 10 de junio de 1948 en el Palacio Real en Atenas, como invitados del rey Pablo de Grecia, hermano de la reina Helena, madre de Miguel. Como católicos sus padres no podían asistir a la ceremonia. El rey Pablo concedió la pareja de todos los privilegios debido a su estatus real y se casaron en presencia del gobierno griego y la jerarquía ortodoxa. La familia de Ana estuvo representada sólo por su tío, Erik de Dinamarca.

    Por su matrimonio, la princesa Ana de Borbón-Parma se convirtió en reina de un país que no conoció sino hasta los años 90. Pero también pasó a integrar una dinastía (la Casa de Hohenzollern) que remonta sus orígenes hasta el siglo XIII y que fue entronizada en Rumania en 1866. Además, su esposo era hijo de una princesa griega, Helena (1890-1982), lo que lo convertía en pariente de casi todas las casas europeas por ser descendiente de Christian IX de Dinamarca, al igual que la reina Ana. Por otra parte, el rey Miguel es descendiente de la reina Victoria de Gran Bretaña a través de su abuela, la reina Marie.

  • Murió a los 92 años Ana de Borbón, la última Reina de Rumania

    Ana de Borbón-Parma, la leal y discreta esposa del último Rey de Rumania, murió a la edad de 92 años, anunció este lunes la Casa Real rumana en un comunicado. La reina consorte murió en el hospital de Morges (Suiza) rodeada por cuatro de sus hijas. El rey Miguel, que padece cáncer, visitó a su esposa todos los días a lo largo de la última semana, agrega el comunicado oficial. El presidente rumano, Klaus Iohannis, dijo que la reina Ana fue “uno de los símbolos más importantes de sabiduría, dignidad y conducta moral”.

    Nacida el 18 de septiembre de 1923 en París (Francia), Anne Antoinette Françoise Charlotte fue Princesa de la Casa ducal de Borbón-Parma, la segunda hija del Príncipe René de Borbón-Parma y de su esposa, Margarete de Dinamarca. Ana de Rumania emparentaba de esta forma con las casas reales de Dinamarca, Suecia, Rusia, Nápoles, Italia, Francia, Luxemburgo, Austria y Brasil.

    Miguel de Rumania conoció a la princesa Ana en noviembre de 1947 en Londres, durante las bodas de su primo Felipe Mountbatten con la princesa Isabel de Inglaterra. Pocas semanas después, el gobierno comunista de Rumania obligó a Miguel a abdicar al trono y abandonar el país. En los primeros meses de 1948, el exmonarca se comprometió en matrimonio con la princesa Ana. “Miguel perdió un país pero ganó una excepcional mujer”, opina Stelian Tanase, experto en asuntos monárquicos de Rumania.

    El 10 de junio de 1948, Miguel y Ana contrajeron matrimonio en el Palacio Real de Atenas, en una ceremonia organizada por sus tíos, los reyes Pablo y Federica de Grecia. La princesa Sofía, posteriormente Reina de España, ejerció como dama de honor de la princesa Ana. Entre 1949 y 1964, el matrimonio tuvo cinco hijas, las princesas Margarita (heredera de la corona desde 2007), Helena, Irina, Sofía y María.

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    Ana conoció Rumania en 1992, tras la caída del régimen comunista. El rey destronado mostró repetidas veces su deseo de volver a su país después de la caída de Nicolae Ceausescu en diciembre de 1989. Sin embargo, sólo fue autorizado a regresar una vez con ocasión de la Pascua Ortodoxa, en que fue recibido por una multitud entusiasta. Los demás intentos se suspendieron, según el propio rey Miguel, por las condiciones “inadmisibles” impuestas por el régimen del antiguo presidente Ion lliescu.

    Entre 1993 y 1997, a pesar de varios intentos, el exrey no fue autorizado a entrar en Rumanía. En 1997 los monarcas autorizados a volver a Rumanía, donde desde entonces residen en palacios puestos a su disposición por el Estado rumano. El Gobierno manifestó su intención de “arreglar las injusticias perpetradas contra el rey Miguel”, y calificó la decisión de 1948, cuando Rumania estaba ocupada por las tropas soviéticas”, de “acto puramente político”. Desde 2004 los monarcas residieron en Suiza por motivos de salud.

    Los monarcas expresaron su deseo de ser sepultados siguiendo las tradiciones de sus ancestros, en la Nueva Catedral de Courtea de Arges, Rumania. El cuerpo de la reina será trasladado en avión hacia Rumania el próximo jueves 4 de agosto y permanecerá en una capilla ardiente en el Castillo de Peles, en las montañas de la región de Sinaia. Posteriormente, el féretro de la reina será velado durante un día en el Salón del Trono del Palacio Real de Bucarest. Se espera la presencia de numerosos miembros de las casas reales europeas, entre ellas las de Gran Bretaña, España, Grecia y Dinamarca.

    El pasado mes de marzo, el rey Miguel anunció su virtual “abdicación” en la princesa Margarita, tras haber sido diagnosticado de leucemia crónica. La muerte de la reina Ana coincide con la conmemoración del 150 aniversario de la fundación de la dinastía y la creación del Estado rumano moderno. Actualmente, el sistema monárquico sigue contando con el respaldo de un 30% de la población, según diferentes sondeos.

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  • El futuro del Trono del Crisantemo y el desafío de la sucesión

    Por Darío Silva D’Andrea / Coronas Reales

    La sucesión al trono ha sido un tema espinoso y preocupante en Japón en las últimas décadas y puede convertirse en un gran tema de debate ahora que el emperador Akihito anunció su intención de abdicar en los próximos años. El príncipe heredero del trono, Naruhito, no tiene descendencia masculina. El nacimiento en 2001 de su única hija, la princesa Aiko suscitó en la opinión pública un debate sobre la necesidad de promover una reforma legal que aboliera la ley sálica, permitiendo así a las mujeres sentarse en el Trono. Akihito, atribulado por la falta de herederos varones, mantuvo una cautelosa reserva ante una cuestión que adquirió máxima relevancia en 2004, cuando el Gobierno que encabezaba el primer ministro Junichiro Koizumi anunció su intención de abordar una revisión de la Ley de la Casa Imperial con el objeto de equiparar los derechos sucesorios y dinásticos de los príncipes y las princesas. Para Koizumi, la pronta promulgación de la nueva ley permitiría que Aiko fuera educada para ser la primera emperatriz reinante desde el siglo XVIII, algo que contaba con el apoyo de más del 70% de los japoneses.

    En enero de 2006, Koizumi, luego de nombrar un panel de expertos que lo aconsejó, confirmó la intención de enviar a la Dieta un proyecto de reforma de la Ley de la Casa Imperial, que también se encaminaría a permitir a las mujeres mantener su estatus si contraían matrimonio morganático, como ocurría con los miembros masculinos: las dos nueras del emperador, las princesas Masako y Kiko, son plebeyas. En ese momento, los japoneses seguían con vivo interés el hervidero de informaciones y rumores a que estaba dando pie la, en otros tiempos, silenciosa familia imperial. Por un lado, el príncipe Akishino y el príncipe Tomohito (primo del emperador) criticaron abiertamente a los príncipes herederos por no cumplir sus responsabilidades.

    Por otro lado, la nonagenaria princesa Takamatsu, tía de Akihito, viuda del príncipe Takamatsu y nuera del emperador Taisho, se convirtió en una de las grandes defensoras de Masako y especialmente de la sucesión de Aiko. Considerada una gran defensora de la igualdad femenina, la princesa -descendiente del último shogún Tukugawa-, expresó su deseo de que Aiko fuera emperatriz apelando a la historia japonesa. “Me siento realmente emocionada con la llegada de la pequeña Aiko al mundo”, dijo. “Pero, ahora, el tema que nos ocupa es que aquellos responsables de la legislación deberían cautelosamente considerar lo que hacer con esa primera cláusula de la Ley de la Casa Imperial. Dada la historia imperial de Japón, no creo que sea antinatural que un miembro femenino de la Familia Imperial pueda convertirse en la 127ª monarca del país”.

    El 7 de febrero de 2006 el plan de reforma de la Ley de la Casa Imperial que otorgaría a Aiko derechos sucesorios quedó frenado en seco al anunciar la Casa Imperial que la princesa Kiko (esposa del príncipe Akishino), a los 39 años, estaba embarazada de su tercer hijo. Se habían casado en 1990 y hasta entonces tenían dos hijas, las princesas Mako y Kako. No hubo ningún pronunciamiento oficial hasta el día del parto, el 6 de septiembre de 2006, cuando se supo que, en efecto, el emperador era por primera vez abuelo de un príncipe; el príncipe recibió el nombre de Hisahito y como primer nieto varón del emperador está destinado a sucederlo en el trono imperial. Era el primer varón nacido en la familia después de 41 años.

    Más allá de la persona del príncipe Hisahito, sin embargo, la situación puede parecer igualmente preocupante, ya que una dinastía hereditaria se sustenta de herederos, que escasean en el linaje nipón. Siguiendo la tradición, las princesas de la familia pierden su estatus real, su título y todo tipo de privilegios cuando contraen matrimonio, convirtiéndose legalmente en plebeyas y súbditas del emperador. Esto sucedió en 2005, cuando la princesa Sayako, hija de los emperadores, se casó con un funcionario del gobierno de Tokio.

    En 2014 la princesa Noriko, sobrina del emperador, contrajo matrimonio con el hijo del sacerdote sintoísta de Izumo Taisha, y dejó de ser miembro de la familia imperial. Tiempo antes, había fallecido el príncipe Katsura, primo del emperador, y años antes había fallecido el príncipe Tomohito. De este modo, la Casa Imperial japonesa, en la que solo los descendientes masculinos por línea masculina cuyo padre o abuelo paterno haya sido emperador pueden ocupar el trono, está viendo amenazada su supervivencia por el previsible fallecimiento de sus miembros masculinos y la salida de los femeninos que contraen matrimonio.

    Hoy la familia imperial está conformada por 20 miembros, incluyendo al emperador y a su tío, el príncipe Mikasa, que tiene 100 años. En la línea sucesoria hay cinco hombres: Naruhito, el príncipe Akishino, su hijo Hisahito; el príncipe Hitachi, hermano menor del actual emperador; y el príncipe Mikasa, hermano menor de Hirohito. Ateniéndonos a la realidad, es previsible que los príncipes Hitachi y Mikasa sean los primeros en fallecer, por ser los más longevos.

    Por otra parte, en vista de las edades que tienen tanto el príncipe heredero como su hermano y sus respectivas consortes, no hay esperanzas de que tengan más descendencia. Así, dentro de una o dos décadas, la familia imperial podría quedar reducida a cinco miembros: el actual príncipe heredero, su hermano el príncipe de Akishino, sus respectivas consortes y el príncipe Hisahito. El aislamiento del niño heredero, al no tener otros miembros masculinos en su misma generación, hace augurar una situación crítica cuando llegue al trono, ya que lo haría como “emperador solitario”.

    EL NIÑO QUE SALVÓ A LA DINASTÍA

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    Hisahito nació el 6 de septiembre de 2006 como el primer nieto varón del emperador. El nombre de quien ocupa desde entonces el tercer lugar en la línea de sucesión nipona se compone de los ideogramas “Hisa”, -que significa “lejano” o “sosegado”- y “Hito” -que significa “persona virtuosa” y es un sufijo que se añade al nombre de pila de los príncipes imperiales desde el Período Heian (794-1185). Sus padres le llaman afectuosamente “Yu-yu” o “Yu-chan”, apelativos cariñosos para los niños nipones.

    Dentro de los muros palaciegos, el curioso príncipe Hisahito hoy lleva una vida casi monástica y con escaso contacto con gente común. Juega en los jardines, lee libros sobre peces y observa insectos, despreocupado por el futuro que le espera como 127 emperador y poco -o quizás nada- consciente de que su nacimiento liberó al sistema monárquico de su país de grandes dolores de cabeza. Su vida transcurre por ahora lejos de la agitación mediática, al igual que el resto de la familia imperial, cuyos actos, gestos y mensajes son revisados y tratados con impecable meticulosidad por la Kunaicho, confiriendo a sus miembros un aura de intocable y misteriosa divinidad.

    La educación del heredero está planificada al milímetro por la familia imperial y la corte. “El joven príncipe debe recibir una educación mediante la cual puede llegar a afrontar sus responsabilidades”, dijo el profesor de la Universidad de Kyoto Sangyo Isao Tokoro, un experto en asuntos imperiales. “Él tiene que adquirir un marco intelectual y espiritual considerado indispensable para un emperador, como la cortesía, la estoicidad, la disciplina y el respeto hacia los demás. Clásicos de la literatura japonesa, historia imperial, poemas y otros temas como la caligrafía tradicional son las asignaturas consideradas necesarias para un miembro de la familia Imperial”.

    Para cuando llegó al trono, el joven emperador Hirohito había asistido a una escuela instalada exclusivamente para él y otros cinco compañeros de clase (hijos de nobles y sacerdotes) en el palacio imperial. Fue el primer príncipe imperial educado de esta forma. Allí se le instruyó en un amplia abanico de temas, como la historia nipona, la ética, las matemáticas, clásicos chinos, y reconocidos expertos y funcionarios militares le enseñaron a montar a caballo.

    Debido a la guerra, no se pudo crear ninguna escuela especial el futuro emperador Akihito, pero desde la primaria hasta la universidad asistió a Gakushuin, una institución educativa privada de Tokio establecida originalmente para miembros de la familia imperial y los hijos de la nobleza. Allí también asistieron sus hijos, los príncipes Naruhito y Akishino. Pero Hisahito no es heredero directo del trono. El niño es, de momento, sólo un príncipe de una de las varias ramas colaterales de la familia imperial, por lo que su educación se deja en manos de sus padres para que ellos tomen las decisiones, lo que ofrece a Hisahito una gran libertad.

    No creo que el príncipe Hisahito juegue a los videojuegos al igual que otros niños de su edad, pero parece llevar una infancia sin grandes restricciones”, opina el cronista Shinji Yamashita al «Japan Times». La “serenidad” de su nombre se traslada a su vida diaria. Según los voceros imperiales, el príncipe se muestra muy interesado en el aprendizaje de los complejos “kanji”, ideogramas de origen chino utilizados en la escritura japonesa y que forman uno de sus tres alfabetos, y cuando no se encuentra en el colegio, le gusta regar las plantas de arroz de su jardín. Si el mecanismo dinástico transcurre la misma serenidad, Hisahito ascenderá al trono tras su abuelo, su tío Naruhito y su padre, a mediados del siglo XXI.

  • El emperador Akihito de Japón planea abdicar en los próximos años

    El emperador Akihito de Japón manifestó su intención de abdicar a favor de su hijo, el príncipe heredero Naruhito, y su deseo de que este reemplazo se produzca “en vida”. “El emperador Akihito de Japón ha expresado su intención de abdicar”, afirmó una fuente del gobierno nipón, en declaraciones a la agencia oficial de noticias Kyodo. Akihito, 125º emperador de Japón, de 82 años de edad, planea ceder el Trono de Crisantemo a su hijo Naruhito, de 56 años, pero no de manera inmediata, sino en los próximos años.

    El emperador no tiene un problema de salud que requiera terminar su reinado inmediatamente”, dijo la fuente gubernamental, reiterando que Akihito ha conversado el tema personas de su entorno. La cadena de televisión NHK informó hoy que el monarca, único del mundo que lleva el título imperial, desea que el reemplazo a la corona se produzca “en vida”, a diferencia de su caso, que accedió al trono en 1989, tras el fallecimiento de su padre, el emperador Hirohito.

    La última abdicación de un emperador fue la de Kokaku, en 1817, por lo que la sucesión del trono mientras Akihito esté vivo requiere una revisión a la Ley Imperial. Dicha legislación, promulgada en 1947 y que establece normas para los asuntos imperiales, incluyendo la línea de sucesión imperial, no tiene ninguna disposición para la abdicación de un emperador reinante. Según la televisora japonesa, Akihito dijo a funcionarios de la Casa Imperial que no desea aferrarse a su título y que no quisiera seguir siendo emperador si tuviera que reducir sus deberes oficiales.

    La Agencia de Casa Imperial -llamada “Kunaicho”- no quiso comentar sobre las intenciones de Akihito de renunciar a su título y negó cualquier especulación sobre su estado de salud, que podría ser la causa de su decisión. La salud del emperador japonés se ha deteriorado en los últimos años, lo que lo llevó a ser sometido a una operación coronaria de “bypass” en 2012 y por el cáncer de próstata en 2003, y la osteoporosis que sufre debido a la terapia hormonal que se le recetó entonces.

    El emperador admitió que cometió pequeños errores en las ceremonias oficiales de los últimos años, por su edad avanzada, lo que llevó a la Casa de Imperial ha sugerir una reducción de sus funciones, dando más responsabilidad al príncipe Naruhito. En un esfuerzo de aliviar la carga al emperador y a su esposa la emperatriz Michiko, de 81 años, la Agencia de Casa Imperial pidió reducir sus funciones oficiales, como el número de sus encuentros con jefes de agencias administrativas y otros invitados en el Palacio Imperial.

    A lo largo de su reinado que abarca más de 27 años, el emperador, junto con su esposa, cumplió con sus deberes oficiales, alentando a la nación ante los múltiples desastres que ha sufrido y realizado numerosos viajes a antiguos campos de batalla en el país y en el extranjero, donde ha llorado por los muertos en guerra. Tras la muerte de su padre, el emperador Hirohito, a los 87 años de edad, el 7 de enero de 1989, el entonces príncipe heredero a la corona Akihito subió al trono a los 55 años.

    Akihito fue el primer emperador en asumir el trono como el “símbolo del Estado y de la unidad del pueblo”, un nuevo estatuto dado al mundo por la más antigua monarquía hereditaria en la Constitución actual, tras la Segunda Guerra Mundial. Además, Akihito se convirtió en el primer emperador nipón en visitar China en 1992 y un año después la isla de Okinawa, escenario del desembarco estadunidense a finales de la Segunda Guerra Mundial y donde murieron miles de soldados y de civiles japoneses.

  • Quién es doña Alicia, la infanta más longeva de la historia de España

    Doña Alicia de Borbón-Parma hubiera sido reina consorte de España si Alfonso XIII no hubiera tenido descendencia. Si hubiera ocurrido esto, su sobrino Alfonso de Borbón-Dos Sicilias, se habría convertido en el rey Alfonso XIV y su esposa, doña Alicia, habría sido la reina más longeva de la monarquía española. Pero no fue así. Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia tuvieron una vasta descendencia y los Borbón-Dos Sicilias se vieron relegados a un segundo lugar. No obstante, siempre gozaron de gran respeto entre los españoles por su distinción y discreción. Don Alfonso, depositario de los derechos al trono del desaparecido Reino de las Dos Sicilias, recibió el título de Infante de Gracia y murió en 1964. Su esposa, duquesa viuda de Calabria, vive todavía en España a la edad de 98 años.

    Doña Alicia, que en 2017 cumplirá 100 años, fue uno de los ocho hijos de Elías de Borbón, duque de Parma (1880-1959), y la archiduquesa María Ana de Austria (1882-1940). Nació en Viena cuando Austria era todavía un Imperio dirigido por tío, el emperador Carlos I. Por el lado paterno, proviene de una rama de la Dinastía Borbón que reinó en la región italiana de Parma durante los siglos XVIII y XIX. La familia toma su origen en un hijo de Felipe V de España, y sus jefes dinásticos siempre ostentaron, además, el título de infantes españoles. El infante Don Felipe, fundador de la línea Borbón-Parma, fue el hijo menor de Felipe V y de su segunda esposa, Isabel de Farnesio que inició su reinado como duque de Parma, Piacenza y Guastalla en 1748, tras la firma del Tratado de Aquisgrán.

    Sus descendientes permanecieron en el trono de Parma hasta 1859, cuando perdió el trono el duque Roberto I. A pesar de perder el trono, Roberto, abuelo de doña Alicia, gozó siempre de una considerable riqueza, siendo considerado como uno de los miembros más ricos de la realeza destronada de Europa. Por el lado materno, doña Alicia desciende directamente del emperador austriaco Leopoldo II (1747-1792) y Carlos III de España.

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    Con la muerte de su hermana, la princesa María, en 1994, doña Alicia se convirtió en la principal descendiente de los antiguos Reyes de Navarra y el Rey David I de Escocia entre otros, por lo que algunos la consideran heredera de las coronas de Inglaterra y Escocia. Es, además, prima hermana del Gran duque Juan de Luxemburgo (hijo de su tío el príncipe Félix de Borbón-Parma) y del ex Rey Simeón II de Bulgaria (hijo de su tía la princesa María Luisa de Borbón-Parma). Sus parentescos con la realeza europea son muy estrechos. Por el lado paterno, su tía María Luisa de Borbón-Parma fue la esposa de Fernando de Sajonia-Coburgo-Gotha, primero príncipe y luego Rey de los Búlgaros.

    Según el diario “El Mundo” doña Alicia “se crió en la residencia que sus padres tenían en la Baja Sajonia, donde adquirió su pasión por la naturaleza y la caza, tanto que a los cinco años ya acompañaba a su padre a cacerías, y a los doce logró su primer trofeo abatiendo un corzo“. El diario agregaba que la infantaes la única mujer que posee todos los trofeos cinegéticos ibéricos, incluidos osos, linces y lobos. Según el diario ABC, “Su abuelo y su padre fueron dos de los mayores terratenientes de Europa. Eso explica su afición por el campo (…) Ese amor se tradujo en un talento natural para la caza. Fue campeona de tiro al pichón y sigue siendo la única mujer que ha cazado toda la fauna mayor en España“. “Hasta no hace mucho monteaba. Con 90 años cazó un rebeco“, revelaron algunos allegados al diario.

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    A la boda en Viena, en 1936, asistieron los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

    En 1936 Alicia contrajo matrimonio en Viena con el príncipe Alfonso. Nacido en 1901, fue el primer sobrino de Alfonso XII y fue criado en el Palacio Real de Madrid. Fue titulado “Infante Heredero” desde su nacimiento hasta que la reina Victoria Eugenia tuvo a su primer hijo. “Militar de profesión, abandonó su carrera al proclamarse la II República, y dadas las dificultades del exilio, se vio obligado a los 35 años a hacer una boda acorde con su alcurnia“, dice “El Mundo”. “Se concertó su enlace con María Francisca, hermana mayor de Alicia, de 29 años, pero cuando viajó a Austria para conocerla, la cambio por su hermana pequeña, Alicia, de 19, a quien tras su boda, Alfonso XIII concedió el titulo de Infanta de gracia de España“.

    La pareja se instaló cerca de Blois, en Francia, pero ante el auge del antimonárquico Frente Popular se mudó a la neutral Lausana, donde nacieron sus tres hijos: las princesas Teresa e Inés (apartadas de la sucesión al trono de España por sus matrimonios) y el infante don Carlos, quien falleció el año pasado. Actualmente, el nieto de doña Alicia, don Pedro, es el duque de Calabria y el pretendiente del trono de las Dos Sicilias. En 1941, los duques de Calabria se instalaron en España y compraron la finca «La Toledana» (Ciudad Real), donde pasaron el resto de su vida incluso cuando el régimen franquista no permitía el regreso a España de los descendientes de Alfonso XIII.

    El 18 de junio de 2014, doña Alicia asistió junto a su hijo a la ceremonia de abdicación de su sobrino, el rey Juan Carlos, en el Palacio Real de Madrid. Actualmente, la infanta reside en Madrid donde, según el experto en asuntos dinásticos Amadeo Rey-Cabieses, fue trasladada por su familia para poder cuidar mejor de ella. A sus casi 99 años, sus parientes destacan que goza de una salud de hierro y que recuerda con gran detallismo su infancia y su juventud en el campo. “Todavía se levanta preguntando: ‘¿Mañana vamos al campo?’. No quieren decirle que no puede volver“.

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  • En la Antigua Roma, comer con el emperador podía ser toda una aventura

    El emperador romano Domiciano (51-96 d.C.) se ganó fama de soberano justiciero, tolerante e íntegro, preocupado por la moral pública, pronto a castigar cualquier tipo de infracción de la ley, pero de repente se tornó despótico y sanguinario. Según el historiador Dion Casio, “Domiciano tenía un gran salón todo pintado de negro (…) Por las noches los criados hacían pasar a los invitados a esta sala. Junto a cada uno de ellos se levantaba una lápida con el nombre del invitado. Entonces, hacían entrada hermosos jóvenes y hermosas doncellas desnudos con el cuerpo pintado de negro.

    A continuación, traían la comida y la bebida para celebrar el llamado ‘banquete de los muertos’, todo servido en vajilla negra. Los invitados temían ser ejecutados en cualquier momento. El salón permanecía en completo silencio y oscuridad y la única voz que se oía era la de Domiciano, que iba relatando cómo iba a matarlos a todos. Finalmente, los dejaba ir. Una vez en sus casas, el emperador enviaba uno de los bailarines con la lápida, que era de plata maciza, como presente al aterrorizado invitado. El bailarín o bailarina también formaban parte del regalo”.

    Por su parte, al emperador Heliogábalo (203-222) le encantaba ofrecer banquetes tan bizarros que la gente tenía miedo de ser invitada. Los sentaba en almohadones llenos de aire que eran pinchados sorpresivamente por unos esclavos, derribando al suelo a los obesos comensales, ante la risa de todos los presentes. Cuando se servía la comida, los invitados debían estar preparados para encontrar arañas en la gelatina o excremento de león en el postre, así como telas de araña, ranas, escorpiones o serpientes venenosas entre sus regalos.

    Quien comía demasiado y se quedaba dormido corría el peligro de despertar más tarde en una habitación llena de leones, leopardos y osos. Si sobrevivía a la impresión pronto descubría que los animales estaban domesticados, entre las carcajadas del imponente césar. Lo mejor que se podía esperar en una cena con Heliogábalo era una velada de lo más desagradable; lo peor, una muerte particularmente cómica.

    Este es un extracto de Secretos Cortesanos, un libro que reúne 140 historias curiosas de la realeza. Lea aquí las primeras páginas.

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  • Conociendo los palacios de la realeza de Dinamarca

    A partir del siglo XV, el Palacio de Copenhague pasó a ser la residencia oficial de los reyes. Hacia 1730 lo sustituyó el Palacio de Christiansborg. Tras el incendio del palacio en 1794, el Rey se trasladó a Amalienborg, que continúa siendo la residencia principal. Sin embargo, el ala regia del reconstruido palacio de Christiansborg sigue albergando los locales de representación de la monarquía, destinados, entre otros usos, a banquetes de gala oficiales, convites reales, recepciones de Año Nuevo y audiencias públicas de la reina Margarita II.

    El conjunto de Amalienborg constaba originalmente de cuatro palacios nobiliarios de idéntico exterior, construidos simétricamente en torno a una plaza de armas octogonal en cuyo centro se alzaba la estatua ecuestre de Federico V realizada por el escultor francés J.F.J. Saly. Este gran complejo arquitectónico se erigió como eje central de Frederiksstaden, el nuevo barrio acomodado de Copenhague que se construyó en 1748 como parte de los actos conmemorativos del tercer centenario de la llegada al trono danés de la Casa de Oldenborg. Cada uno de los cuatro palacios ha sido desde entonces la residencia oficial de los sucesivos monarcas reinantes.

    Hoy, uno de ellos (el palacio Moltke o de Christian VII) funciona como residencia de invitados y desempeña una función eminentemente representativa. En los palacios restantes residen la Reina y el príncipe Enrique (palacio Schack o de Christian IX) y los Príncipes herederos (palacio Levetzaus o de Christian VIII). Cuando concluyan los trabajos de restauración del palacio Brockdorff (o de Frederik VIII), que fuera residencia de Federico IX y la reina Ingrid, los Príncipes herederos se trasladarán a él. Estos cuatro palacios, junto con el Palacio Amarillo, situado en las inmediaciones del conjunto de Amalienborg, constituyen el marco en el que se desarrollan las distintas funciones de la Corte.

    La residencia de verano predilecta de la pareja real es el Palacio de Fredensborg, al norte de la isla de Selandia. Este palacete, arquitectónicamente inspirado en el Barroco italiano, fue levantado por Federico IV entre 1720 y 1722 para conmemorar el final de la Gran Guerra del Norte. Desde entonces el palacio, situado en un hermoso marco natural, ha sido la residencia de verano de diferentes monarcas.

    El que más asiduamente lo visitó fue Christian IX, que cada verano, durante las «Jornadas de Fredensborg», organizaba allí reuniones de carácter informal a las que acudía su enorme familia, compuesta por las principales dinastías europeas. Christian IX recibió el sobrenombre de «el suegro de Europa», ya que su hija Alejandra contrajo matrimonio con Eduardo VII de Inglaterra, su hija Dagmar con Alejandro III de Rusia y una tercera hija, Thyra, se casó con Ernest August de Hannover, duque de Brunswick.

    En 1863 su hijo Vilhelm accedió al trono de Grecia con el nombre de Jorge I, y en 1905 su nieto Carl, desde entonces Haakon VII, se convirtió en rey de Noruega. De este modo la Casa Real danesa estableció lazos dinásticos con muchas de las casas reinantes en Europa. Hoy en día, el palacio continúa siendo escenario de las cenas de gala con las que se recibe a las visitas de Estado y de las celebraciones familiares de la Casa Real.

    La reina Margarita y el príncipe Enrique disponen además del Palacio de Marselisborg, al sur de Århus, su residencia durante sus estancias en Jutlandia. Este palacio de inspiración barroca se construyó por iniciativa del Ayuntamiento de Århus entre 1899 y 1902 y fue entregado al entonces príncipe Christian (X) y a la princesa Alejandrina de Mecklenburg como regalo por sus esponsales en 1898. También el pequeño palacete de Rosenborg, en el centro de Copenhague, y el palacio de Frederiksborg, en Hillerød –ambos construidos por encargo de Christian IV a comienzos del siglo XVII– fueron en el pasado residencias temporales de los reyes. Hoy en día han sido transformados museos.

    El Palacio de Rosenborg alberga las Reales Colecciones Danesas y el palacio de Frederiksborg, reconstruido tras el devastador incendio de 1859, se ha acondicionado como museo nacional de historia. Por último, es obligado hacer referencia al palacio de Gråsten, al sur de Jutlandia, entre los Reales Sitios. En 1936 este palacio fue cedido por el Estado danés a los herederos recién casados, el príncipe Federico (el futuro Federico IX) y la princesa Ingrid de Suecia como residencia de verano.

    Palacio de Christiansborg
    Palacio de Christiansborg
    Palacio de Amalienborg
    Palacio de Amalienborg
    Palacio de Fredensborg
    Palacio de Fredensborg

     

  • Secretos Cortesanos | El amante infiel de Catalina la Grande

    Entre la enorme corte de fogosos amantes que coleccionó Catalina II de Rusia a lo largo de su agitada vida, destacaba el militar Gregory Potemkim (1739-1791), diez años más joven, a quien, en sus ardientes cartas, ella llenaba de besos y apodos: “mi alma gemela”, “mi tigre”, “mi lorito”, “mi infiel”, “mi león de la jungla”, “mi querida mascota”, “mi palomo”, “mi querido muñeco”, “pene dorado” y “mi bum bum profesional”.

    El tuerto Potemkin fue el menos hermoso de todos los amores que tuvo Catalina. Ella lo deslumbraba y él correspondía sus atenciones llamándola “mi belleza marmórea”, aunque a veces le reprocha el hecho de que haya tenido tantos amantes antes que él. Potemkin se instaló en 1773 en el palacio imperial. Solamente tenía que subir una escalera en espiral y llegaba a los aposentos de Catalina, quien lo esperaba desnuda.

    El militar la divertía, la asombraba, la encantaba: “Siento la cabeza como si fuera la de una gata en celo”, confesaba ella. Como no estaban casados, Potemkin se sentía en la libertad de compartir su cama con otras mujeres, lo que enfurecía y un poco excitaba a la emperatriz: “¡En todo mi cuerpo no hay una célula que no te busque, oh, infiel!”, le escribió.

    Este es un extracto de Secretos Cortesanos, un libro que reúne 140 historias curiosas de la realeza. Lea aquí las primeras páginas.

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  • Obituario | Leandro de Borbón, el “bastardo real” de España

    Leandro de Borbón Ruiz Moragas, reconocido jurídicamente como hijo del rey español Alfonso XIII (1886-1941), falleció el pasado sábado 18 en Madrid a los 87 años de edad. “El Bastardo real” fue el libro de memorias que Leandro de Borbón editó en 2002 y que le dio a conocer a los españoles, quienes hasta entonces ignoraban la historia de este empresario y relaciones públicas que llevaba una vida discreta. “En los últimos años, desde la residencia donde vivía junto a su esposa“, dice EL ESPAÑOL, “sólo pedía tranquilidad y el afecto de los suyos. Ya había aparcado definitivamente esa lucha por sus derechos que le llevó toda una vida y que ahora sus hijos pretendían continuar” .

    Con la ausencia de la familia real, don Leando fue sepultado en el madrileño cementerio de La Almudena. Dos enormes coronas fueron ofrendadas al fallecido “infante” con las leyendas “Juan Carlos y Sofía” y “SS MM LOS REYES”. Sus restos mortales podrían haber recibido sepultura en el Pabellón de los Infantes del Monasterio de El Escorial, el mausoleo dinástico, pero este destino le fue vetado. Don Leandro era el último hijo vivo del rey Alfonso XIII pero le negaron ser infante de España y le negaron el honor que más deseaba, el tratamiento de Alteza Real.

    Nacido el 22 de abril de 1929 en un chalet de la madrileña avenida del Valle, Leandro era el fruto de una relación extramatrimonial entre el bisabuelo del actual rey Felipe VI y una actriz. Su padre biológico, Alfonso XIII, reinó en España desde 1902, cuando alcanzó la mayoría de edad, hasta 1931, cuando dejó el país después de que las candidaturas republicanas ganaran las elecciones municipales de abril en las principales ciudades españolas. Su madre, Carmen Ruiz Moragas fue una actriz española de cierta notoriedad en los años 20 del siglo pasado que vivió entre 1896 y 1936.

    Fue el segundo hijo de dicha relación, que en 1925 había dado su primer fruto en una niña, a la que pusieron por nombre Teresa (como la hermana de Alfonso XIII), y que falleció tempranamente. Los recuerdos que Leandro conservaba de su padre eran difusos, ya que apenas tenia dos años cuando el monarca tuvo que partir al exilio: “Recuerdo a mi madre sentada en su gabinete, acompañada de un señor muy alto y trajeado. Me llamaba Alfonsete y me daba siempre medio marrón glacé o una violeta escarchada. Yo besaba al señor con el que mi madre estaba merendando y a continuación salía a jugar al jardín“.

    Leandro estudió el bachiller en el Real Colegio Alfonso XII de El Escorial. Tras estudiar la carrera de Derecho en la Universidad María Cristina de El Escorial, se licenció en la Universidad Complutense. “Como hijo ilegímito”, indica el diario EL PAÍS, “su existencia no era conocida públicamente, por lo que tuvo que esperar hasta 1984 para que, por primera vez, un historiador, el británico Gerard Noël, hablara de “la otra familia” de Alfonso XIII: la que durante casi 15 años, y al margen de la vida en Palacio, formó con la actriz y sus dos hijos“.

    Relata el diario EL MUNDO: “Tras el advenimiento de la República, que condujo a Alfonso XIII al exilio, y el fallecimiento de Carmen Moragas a consecuencia de un cáncer en junio de 1936, un mes antes del estallido de la guerra civil, ambos niños sobrevivieron un tanto precariamente gracias al amparo de sus abuelos maternos. Sin embargo, al terminar la contienda, su suerte cambio: su padre, el Rey, desde Roma, les nombró un tutor, el conde de los Andes, para que supervisara su educación, otorgándoles además una pensión en secreto que llegaba puntualmente desde una cuenta suiza“.

    Realizó el servicio militar en la Milicia Aérea Universitaria con el grado de alférez y obtuvo los títulos de piloto de guerra y piloto civil. Tras llevar una vida discreta como relaciones públicas y empresario en diversos sectores, saltó a la opinión pública en el 2002, al publicar un libro de memorias titulado “El Bastardo real”. Después de publicar sus memorias, en diciembre de 2002 presentó ante el Registro Civil de Madrid un escrito en el que solicitaba el reconocimiento de su filiación paterna.

    “El tío Leandro”, como lo llamaban en el palacio de la Zarzuela, sólo tuvo derecho a apellidarse Borbón cuando un juez lo reconoció “Hijo no matrimonial” de Alfonso de Borbón y Austria el 21 de mayo de 2003. Pero esa decisión no supuso el reconocimiento de ningún título, tratamiento u honores de la Familia Real. No obstante, Leandro de Borbón reclamó ante la Justicia la condición de infante, que nunca le fue reconocida. La Casa Real, entonces dirigida por su sobrino Juan Carlos I, no se opuso al reconocimiento, sin embargo nunca le concedió título alguno ni lo consideró miembro de la familia real.

    Según la legislación española, el reconocimientos de títulos, tratamientos y honores de la Familia Real se regula por un Real Decreto de 1987. Éste, en sus disposiciones transitorias hace reconocimiento expreso del título, tratamiento y honores que corresponden a los padres de su Majestad el Rey y a sus hermanas y para los miembros de la Familia Real, que en la fecha del Real Decreto tuviesen reconocido normativamente.

    En 2004 don Leandro publicó otro libro, “De Bastardo a Infante de España”, donde reflejó la verdadera aspiración de su vida: ser reconocido infante de España. En los últimos años Leandro de Borbón acudió a diversos programas de televisión dedicados a la prensa del corazón, lo que le hizo más conocido del gran público. Desde entonces, al “tío Leandro” a veces le saludaban con cierto afecto sus sobrinas, las infantas doña Margarita y doña Pilar (hermanas del rey Juan Carlos), pero otros familiares lo ignoraban. Sólo Luis Alfonso de Borbón, otro de sus sobrinos nietos, fue atento y cercano con su pariente y cada vez que coincidían en público le demostraba cariño y respeto.

  • 5 secretos cortesanos de la monarquía española

    Muchos hijos pero ningún heredero

    Cuando Felipe IV fue aclamado rey de España, en 1621, era un joven de 15 años de edad que desde el primer día se mostró totalmente desinteresado en los asuntos de gobierno y cedió todo el poder a su valido, el conde-duque de Olivares, para dedicarse por completo a los placeres que le ofrecían la juventud y el sexo. (…) El monarca se casó en dos ocasiones y a causa de sus apasionadas aventuras nocturnas, se convirtió rey más prolífico de España: se dice que dejó entre 30 y 60 hijos, de los que se conoce alrededor de una decena. Solo reconoció a uno: don Juan José de Austria. Mientras tanto, el príncipe Baltasar Carlos proclamado príncipe de Asturias en 1632, murió en 1646. Con más de 40 hijos en su haber, Felipe IV dejó el trono a Carlos II “el Hechizado”, debilucho, retrasado y víctima de mil y una enfermedades, y no pudo evitar el final de la Casa de Austria en España.

    La increíble muerte de Felipe III

    Aunque su versión es bastante fantástica, el francés De la Place nos cuenta en sus «Piéces intèressantes» cómo fue la penosa muerte del rey español, el 31 de marzo de 1621: “… estaba gravemente sentado frente a una chimenea en la que se quemaba una gran cantidad de leña, tanta que el monarca estaba a punto de ahogarse de calor. Su majestad no se permitía levantarse para llamar a nadie, puesto que la etiqueta se lo impedía. Los gentileshombres de guardia se habían alejado y ningún criado osaba entrar en la habitación. Por fin apareció el marqués de Polar, al cual el rey le pidió que apagase o disminuyese el fuego, pero éste se excusó con el pretexto de que la etiqueta le prohibía hacerlo, para lo cual se tenía que llamar al duque de Uceda. Como el duque había salido, las llamas continuaban aumentando y el rey, para no disminuir en nada su majestad, tuvo que aguantar el calor cada vez más fuerte, lo que le calentó de tal forma la sangre que al día siguiente tuvo una erisipela en la cabeza con ardiente fiebre, lo que le produjo la muerte”.

    ¡Buenas piernas tiene el mozo!

    Tal fue la exclamación de la reina Isabel II de España (1833-1904) al contemplar por primera vez a un nuevo sirviente del Palacio Real de Madrid. Unas horas más tarde, la joven monarca hizo llamar al criado a sus habitaciones. La reina lo esperaba en su cama completamente desnuda. El criado no se hizo rogar, y a la mañana siguiente Isabel II entregó al mozo una bolsa llena de monedas de oro que el alucinado criado recogió en el aire, desapareciendo del dormitorio. De regreso en su casa, contó a su mujer lo sucedido y ésta se puso a dar gritos y lanzar improperios de todo tipo contra su asombrado marido. Lo echó de su casa, pero se quedó con las monedas.

    “Lo que el rey quiere es pecado”

    El impopular rey Fernando VII de España tuvo cuatro esposas. La tercera de ellas fue la triste princesa alemana María Josefa de Sajonia (1803-1829), educada tan estrictamente en un convento que nadie le enseñó cómo se hacen los bebés. Durante los diez años que duró el matrimonio, María Josefa se negó a compartir la cama con su desagrada¬ble esposo: “Lo que el rey quiere de mí es pecado mortal”, decía. Cuando Fernando VII insistía en cumplir su deber conyugal, la buena de María Josefa ponía excusas: “¿Por qué no nos rezamos un rosario, Fernandito?”.

    “Papá, ¿cómo se hacen los bebés?”

    El príncipe Luis de España (1707-1724), hijo y heredero del rey Felipe V, se casó a los quince años y no sabía qué hacer en su noche de bodas. Cuando le pidió consejos a su padre, el monarca se limitó a decirle que le pregunte a su esposa, Luisa Isabel. Más tarde, en una carta dirigida al rey, el príncipe detallaba: “Ayer por la noche dije a la princesa lo que V.M. me dijo, y ella me respondió que tampoco sabía lo que había que hacer puesto que no le habían informado (…) Me puse por tanto sobre ella pero no salió nada; quiero que usted me responda primero y que usted me diga si hay que estar mucho tiempo sobre la princesa y cómo tenemos que hacer los dos”. En la siguiente carta, el príncipe insistió: “Ayer por la noche me puse sobre la princesa, pero no salió nada de mí”. Tiempo después, en una nueva carta el hijo decía al padre: “Quisiera saber todavía de usted si debo ponerme sobre la princesa más de una vez cada noche y si debo ponerme allí todas las noches”. De más está decir que Luis y Luisa Isabel nunca tuvieron hijos.

     

    Este es un extracto de Secretos Cortesanos, un libro que reúne 140 historias curiosas de la realeza. Lea aquí las primeras páginas.

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