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  • Historian Claims American Therapist May Be Descendant of Queen Victoria’s Forbidden Love

    The recent revelation that a therapist from the United States, Angela Webb-Milinkovich, may be a descendant of Queen Victoria’s alleged secret love has generated considerable interest and speculation. British historian Fern Riddell has pointed to Webb-Milinkovich as possible living proof of an extramarital affair the Queen allegedly had with John Brown, a Scottish man who served as a member of her entourage.

    John Brown, who was noted for his closeness to the monarch, is said to have saved the Queen from an assassination attempt. Their relationship was marked by bold and even flirtatious comments about the queen’s appearance, which intrigued many historians and biographers over the years.

    Angela Webb-Milinkovich
    Angela Webb-Milinkovich

    Speculation about this romance was fueled by a Swiss newspaper report claiming that Brown and Queen Victoria had married in 1866. Furthermore, a clergyman made a deathbed confession about having married the couple, reinforcing theories about their relationship. This led to rumors that Mary Ann Brown, Webb-Milinkovich’s great-grandmother, was the product of this secret relationship.

    In an interview with The Times, Angela Webb-Milinkovich expressed confidence in the possibility that her lineage could be traced to this story. “I feel quite confident that there is some legitimacy to this theory. It’s something I could never personally confirm. The story I grew up hearing is that John Brown and Queen Victoria had a romantic relationship,” she commented.

    La reina Victoria y John Brown
    Queen Victoria and John Brown

    Webb-Milinkovich also mentioned a boat trip the couple took, after which a child was born who would form their family: “They took a long boat trip. After that, a child was produced, and from that child came my family line,” he added.

    The alleged romance was portrayed on the big screen in the 1997 film Mrs. Brown, starring renowned actress Dame Judi Dench, who received an Oscar nomination for her role as the queen.

    While many historians have dismissed the idea of a romantic relationship between the two, Riddell claims to have uncovered new evidence that may indicate otherwise. “Their relationship has been minimized and sanitized. I hope to restore John Brown to his place in history and his legacy, which is to have been Victoria’s royal consort for 20 years,” he stated.

    Additionally, in 2024, an extraordinary collection of Queen Victoria’s personal clothing was discovered in a wardrobe after being hidden for more than 120 years. Among the items were pieces such as voluminous panties, a kimono, and delicate slippers. These historical relics have been preserved for generations within the same aristocratic family since being given to one of the queen’s ladies-in-waiting.

    Original Article of Monarquias.com

  • Esta terapeuta estadounidense dice ser fruto del amor secreto de la reina Victoria

    La reciente revelación de que una terapeuta estadounidense, Angela Webb-Milinkovich, podría ser descendiente de un supuesto romance secreto de la reina Victoria ha generado considerable interés y especulación en Gran Bretaña. La historiadora británica Fern Riddell ha señalado a Webb-Milinkovich como posible prueba viviente de una relación extramatrimonial que la reina supuestamente mantuvo con John Brown, un escocés que formó parte de su séquito.

    Se dice que John Brown, conocido por su cercanía a la monarca, salvó a la reina de un intento de asesinato. Su relación estuvo marcada por comentarios atrevidos e incluso coquetos sobre la apariencia de la reina, lo que ha intrigado a muchos historiadores y biógrafos a lo largo de los años.

    La reina Victoria y John Brown
    La reina Victoria y John Brown

    Las especulaciones sobre este romance se vieron alimentadas por un artículo de un periódico suizo que afirmaba que Brown y la reina Victoria se habían casado en 1866. Además, un clérigo confesó en su lecho de muerte haber casado a la pareja, lo que reforzó las teorías sobre su relación. Esto dio lugar a rumores de que Mary Ann Brown, bisabuela de Webb-Milinkovich, era fruto de esta relación secreta.

    En una entrevista con The Times, Angela Webb-Milinkovich expresó su confianza en la posibilidad de que su linaje pudiera estar arraigado en esta historia. “Estoy bastante segura de que esta teoría tiene cierta validez. Es algo que nunca pude confirmar personalmente. La historia que escuché durante mi infancia es que John Brown y la reina Victoria tuvieron una relación romántica”, comentó.

    Angela Webb-Milinkovich
    Angela Webb-Milinkovich

    Webb-Milinkovich también mencionó un viaje en barco que la pareja hizo, tras el cual nació un hijo que formaría su familia: “Hicieron un largo viaje en barco. Después de eso, nació un hijo, y de ese hijo surgió mi linaje”, añadió.

    El supuesto romance se retrató en la gran pantalla en la película de 1997 “La Señora Brown”, protagonizada por la reconocida actriz Judi Dench, quien recibió una nominación al Oscar por su papel como la Reina.

    Si bien muchos historiadores han descartado la idea de una relación romántica entre ambos, Riddell afirma haber descubierto nuevas pruebas que podrían indicar lo contrario. “Su relación ha sido minimizada y desinformada. Espero devolverle a John Brown su lugar en la historia y su legado, que es haber sido el consorte real de Victoria durante 20 años“, declaró.

    Además, en 2024, se descubrió una extraordinaria colección de prendas personales de la Reina Victoria en un armario tras más de 120 años de ocultación. Entre los artículos se encontraban piezas como bragas voluminosas, un kimono y delicadas zapatillas.

    Estas reliquias históricas se han conservado durante generaciones dentro de la misma familia aristocrática desde que fueron donadas a una de las damas de compañía de la soberana, que murió en enero de 1901.

    Artículo original de Monarquias.com

  • La triste historia de Mustafá I, el sultán que se volvió loco en su “jaula de oro”

    Nadie podría culpar al desdichado sultán otomano Mustafá (1593-1639) por haberse vuelto loco: estar encerrado en una habitación durante 10 años por orden de su propio hermano podría dañar mentalmente a cualquiera. Pero aquello era algo muy común en la corte de los sultanes otomanos, ya que entonces estaba vigente la Ley de Fratricidio por la cual cada nuevo sultán, al subir al trono, podía matar a todos sus hermanos para evitar peleas por el trono. Mehmet I hacía estrangular con cordones de seda a sus hermanos pequeños para que éstos no pudiesen un día conspirar para arrebatarle el trono, pero el caso más famoso fue la masacre ordenada por Mehmet III cuando en 1595 ejecutó a 19 de sus hermanos (varias favoritas embarazadas, por las dudas).

    Mustafá, nieto de aquel sanguinario Mehmet III, padeció una mejor suerte. Se suponía que Mustafá estaba destinado a ser ejecutado cuando su hermano mayor, Ahmed I, llegó al trono en 1603, pero se salvó posiblemente porque Ahmed sentía algo de afecto por él, aunque más probablemente porque no había un heredero directo alternativo. Sin embargo, tampoco gozó de libertad, sino que fue encerrado durante los siguientes catorce años para evitar que, en contacto con el mundo exterior, pudiera conspirar para conseguir el trono. Como muchos otros gobernantes, Mustafá desarrolló un alto grado de paranoia (tal vez comprensible en la corte otomana), y ciertamente no tenía ningún deseo de gobernar. En 1617, al morir su hermano, el príncipe fue liberado de su «altin kafa» («Jaula dorada») para ser coronado sultán, al parecer, porque nadie podía ponerse de acuerdo sobre otro candidato.

    Sin embargo, en la jaula dorada, donde vivió sometido a la soledad absoluta, Mustafá había perdido casi por completo la razón. Se dice que durante su reinado disfrutó haciendo bromas a los visires (gobernantes), quitándole sus turbantes o tirando de sus barbas. Otros gobernantes se han comportado de manera similar en la historia, pero han sido lo suficientemente fuertes como para salirse con la suya: en el caso de Mustafa, simplemente subrayó su incapacidad para gobernar. La corte perdió la paciencia muy pronto. Después de solo un año como sultán, Mustafá I fue derrocado por su sobrino Osman II, quien lo envió de nuevo a su encierro. Pero el nuevo sultán fue derrocado y asesinado en un golpe de palacio por los jenízaros, la guardia del palacio y Mustafa fue devuelto al trono apenas nueve meses después.

    Este giro inesperado de los acontecimientos parece haber perturbado aún más la mente de Mustafa: convencido mismo de que Osman II todavía estaba vivo pero se escondía, pasaba horas buscándolo en armarios y rincones oscuros, profiriendo gritos sin sentido y maldiciones. Al final, Mustafa fue destituido del trono con el beneplácito de su madre, cuyo papel era fundamental en la corte, con la condición de que la vida de su hijo se salvara y, notablemente para la corte otomana, fue un verdadero alivio. Por orden de otro sobrino, el sultán Murad IV, Mustafá fue encerrado durante los siguientes dieciséis años hasta su muerte.

    Darío Silva D’Andrea

  • Las reinas que nadie conoce: las esposas “invisibles” de los reyes de Arabia Saudita

    La Casa de Al Saud, reinante en Arabia Saudita, es una de las más numerosas del mundo: se dice que actualmente viven unos 50.000 príncipes y princesas, producto de los múltiples matrimonios de los sucesivos monarcas.

    Acogidos al derecho coránico de la poligamia, desde la fundación del reino, hace 90 años, los reyes han tenido decenas de esposas que, a su vez, proveyeron a la dinastía cientos de hijos. Sin embargo, en obediencia a la ley musulmana, ninguno nunca tuvo más de cuatro esposas a la vez.

    Desde entonces, apenas se conocieron los nombres de un puñado de las consortes de los siete sucesivos reyes, y la mayoría de ellas fue relegada a las penumbras. Por esta razón, este artículo no puede ser ilustrado con fotografías de sus protagonistas.

    El rey Abdulaziz (1880-1953), el jeque que fundó el reino en 1932 después de unificarlo a través de una serie de campañas militares los territorios del Nejd y el Hejaz, fue el más prolífico: se dice que tuvo 22 esposas oficiales, sin contar las casi 300 concubinas o ‘esclavas’ de las que dispuso a lo largo de toda su vida.

    Hassa Al Sudairi e Iffat Al Thunayan, dos favoritas entre decenas de consortes invisibles

    Gracias a esta extensa lista de esposas, el rey tuvo nada menos que 77 hijos varones y 44 mujeres. Una de las esposas más prominentes, y la favorita, del rey Abdulaziz fue Hassa bint Ahmad (1900-1969), que procedía de la influyente tribu beduina de los Al Sudairi. Fue madre de la rama más nutrida e influyente de su extensa progenie, formada por siete príncipes y seis princesas.

    Los siete hijos varones, apodados Los Siete Sudairi“, establecieron un clan basado en la solidaridad de sangre y bastante cerrado en la defensa de los intereses dinásticos de sus miembros frente a las ambiciones de otros príncipes que eran hermanos solo por la vía paterna. Dos de ellos fueron reyes.

    Proclamado rey en 1953 y derrocado por un golpe palaciego en 1964, el rey Saud bin Abdulaziz (1902-1969) tuvo 30 esposas que le dieron tuvo un total entre 100 y 115 hijos, aunque solo unos pocos desempeñaron funciones públicas y la mayoría se dedicó a despilfarrar el dinero familiar. La mayoría de ellos apenas terminó la escuela secundaria.

    El sucesor del rey Saud, su hermanastro el rey Faisal (1906-1975) tuvo siete esposas, de las cuales la primera, una joven del clan Sudairi, a quien conoció el día de la boda, tenía dieciséis años cuando tuvo a su primer hijo. Las otras seis esposas le dieron diecisiete hijos en total: todos los varones fueron enviados a escuelas y universidades en el extranjeros, mientras las hijas fueron educadas por tutores europeos o en colegios suizos.

    La más importante de las esposas de Faisal fue Iffat Mounira, del poderoso clan Al Thunayan. Nacida en Estambul, la mujer descendía por parte de su padre de una familia árabe relacionada con la familia real. Según el autor Joseph Kéchichian, el rey Faisal y la reina Iffat eran socios en el gobierno y ella fue una fuerza impulsora en la política saudita de educación y salud.

    Definido como el “más poderoso gobernante árabe en siglos”, el rey Faisal fue asesinado en 1975 por un sobrino conservador que se oponía a la modernización del reino. Fue sucedido por su hermanastro, el rey Khalid (1913-1982) hijo del rey Abdulaziz. Su madre, Jawhara bint Musaid bin Jiluwi, murió cuando él tenía solo seis años.

    El rey Khalid estuvo casado seis veces, aunque dos de sus matrimonios fueron extremadamente brees. Sus otras esposas, Latifa Al Sudairi, Tarfa Al Saud, Noura Al Saud y Sitah Al Damer le dieron al rey un total de 10 hijos, cuatro varones y seis mujeres.

    No sabe exactamente cuántas esposas tuvo el rey Fahd (1923-2005): se dice que fueron tres o cuatro, que le dieron un total de trece hijos. De las cinco hijas no se sabe nada, pero entre los ocho varones figuraron los príncipes Faysal, Muhammad, Saud, Sultán, Jalid y Abdulaziz, que ocuparon importantes cargos en el estado saudí.

    El siguiente rey, Abdallah (1924-2012) era hijo de Fahda bint Asi Ash Shuraim, la décima de las 22 esposas reconocidas de Abdulaziz e hija de un jeque del clan Rashid de la influyente tribu beduina Bani Shammar, la cual se encontraba viuda cuando fue tomada en matrimonio por el entonces emir saudí.

    Para tomar su primera esposa, el príncipe Abdallah había acudido a la tribu de los Shammar y la elegida fue la hija de un jeque, lo que reforzó el componente beduino de su linaje. Abdullah, que ascendió al trono en 2005, tuvo nueve esposas y se divorció de dos de ellas. Todas le dieron al príncipe al menos 20 hijas y 15 hijos.

    La influyente Fahda bint Falah, esposa del rey Salman

    La muerte del rey Abdallah el 23 de enero de 2015, tras una década de reinado, colocó en el trono saudita a su hermanastro Salmán, por entonces de 79 años. La madre del actual rey fue la mencionada Hassa Al Sudairi, octava de las 22 esposas oficiales de Abdulaziz.

    Nacido en 1935, Salman era un príncipe veinteañero cuando empezó a formar su propia familia, que siguiendo con la costumbre iba a ser prolífica: tuvo tres esposas de noble cuna, las princesas Sultana bint Turki y Sarah bint Faysal, ambas del clan Al Sudairi y primas hermanas suyas, y Fahda bint Falah, del clan Al Hithalayn, las cuales le dieron en total 13 hijos. La princesa Sultana murió en 2011 mientras Sarah y Fahda son las actuales “reinas” de Arabia Saudita.

    Con Sultana, el rey Salman tuvo a los príncipes Fahd, Ahmad, Sultán, Abdulaziz y Faysal, y a la princesa Hussa. Con su segunda esposa, Sarah, concibió al príncipe Saud y con la tercera, Fahda, a los príncipes Mohammed, Turki, Jalid, Nayif, Bandar y Rakan. Mohammed, nacido en 1985, es actualmente el príncipe heredero y el hombre fuerte del reino.

    Si bien la reina Fahda evita ser el centro de atención, parece que su influencia resuena en las decisiones tomadas tanto por su esposo como por su hijo, el futuro rey. Por ejemplo, durante la purga política de 2017, se dice que fue “una fuerza silenciosa pero potente”, que asesoró sobre la reestructuración de la dinastía y el poder del reino. Es una firme defensora del papel de las mujeres sauditas en la fuerza laboral y está interesada en brindarles las herramientas necesarias para ascender en la escala social y corporativa.

    La princesa Sarah, esposa del futuro rey

    El príncipe heredero está casado con Sarah Bint Mashour Al Saud, una prima hermana, hija del príncipe Mashour bin Abdulaziz, el trigésimo cuarto varón del rey Abdulaziz.

    La princesa rara vez aparece en público y, siguiendo las reglas del cerrado reino saudita, no es fotografiada. Según un reportaje de Harper’s Bazaar Saudi Arabia, la princesa Sarah tiene estudios secundarios y su principal ocupación es la presidencia del consejo de administración de “Almi”, una ONG que apoya el desarrollo comunitario. Además, se la define como “una apasionada de la ciencia”.

    En 2018, durante un viaje oficial a Francia, la prensa le preguntó al príncipe heredero si esperaba que su esposa estuviera a su lado en su próxima visita al país. El príncipe respondió diciendo: “Tengo esposa y 4 hijos… y ellos tienen mucho cuidado de que sus vidas normales no se vean afectadas por mi posición actual. Quiero que mis hijos vivan una vida muy normal, lejos de los focos y de la presión política y de demasiada atención. Quiero que vivan con mucha normalidad, y mi esposa también quiere esto, y lo respeto por mi esposa y mis hijos”.

    El matrimonio tiene cinco hijos -los príncipes Salman, Mashour y Abdulaziz, y las princesas Fahda y Noura- nacidos entre 2008 y 2021: la pareja nombró a sus primeros cuatro hijos en honor a sus abuelos, mientras que el quinto hijo recibió el nombre de su bisabuelo, el rey Abdulaziz. Si, cuando sea rey, Mohammad instaura una línea sucesoria de padres a hijos, uno de ello será algún día el noveno rey saudita.

    Artículo original de Monarquias.com

  • ¿Tuvo la reina Victoria un matrimonio y un hijo secretos con su caballerizo?

    Un nuevo libro publicado en el Reino Unido por la historiadora Fern Riddell y Angela Webb-Milinkovich, descendiente de John Brown, afirma que la reina Victoria (1837-1901) pudo haber tenido un hijo secreto con su sirviente escocés y llega a decir que se casaron y tuvieron un hijo secreto.

    Webb-Milinkovich ha expresado su disposición a investigar la veracidad de su propia historia familiar, que afirma descender de un hijo secreto de la pareja. “Estoy bastante segura de que esta historia tiene cierta legitimidad. Para mí, es simplemente una historia divertida que mi familia comparte“, declaró.

    Riddell, por su parte, afirmó haber encontrado pruebas sustanciales que sugieren un romance entre Victoria y Brown. Para comprender mejor esta afirmación, es importante remontarse al pasado. Tras la muerte de su esposo, el príncipe Alberto, en 1861, Victoria se retiró del mundo y se volvió cada vez más dependiente de Brown, quien había sido uno de los sirvientes más cercanos de la corte desde 1848.

    John Brown con la reina Victoria
    John Brown con la reina Victoria y sus hijos.

    La reina no dudó en demostrar su afecto por Brown aumentando su salario e incluso incluyendo su imagen en los retratos oficiales. Su muerte fue lamentada oficialmente, y la Circular de la Corte describió el evento como un “profundo pesar” para la Reina.

    Aunque Victoria descartó los rumores de una aventura como “chismorreos de la alta sociedad”, la colección de Riddell presenta evidencia de lo contrario. Entre las pruebas más impactantes se encuentra una fotografía de un molde de la mano de Brown, encargada por Victoria poco después de su muerte en 1883. Este gesto evoca una práctica similar que tuvo con Alberto, demostrando un profundo vínculo emocional.

    Además, un diario familiar Brown, sin editar, revela detalles íntimos de la relación entre ambos. En un pasaje, Victoria describe a Brown como su “amado John” y utiliza términos cariñosos que refuerzan el vínculo especial que compartían. Una nota manuscrita también expresa sus sentimientos por él. Sin embargo, los críticos argumentan que Victoria se refería frecuentemente a Brown como amigo, lo que sugiere que su relación podría interpretarse de forma más platónica. Riddell rebate esta opinión, afirmando que el uso de estos términos no debería ocultar los profundos sentimientos que existían entre ellos.

    La reina Victoria y John Brown
    La reina Victoria y John Brown

    Además, la historiadora enfatiza que la imagen de la Reina como una mujer reservada pudo haber eclipsado su verdadera identidad femenina. “Es esencial restaurar la feminidad de Victoria”, argumenta Riddell. Incluso sugiere la posibilidad de un matrimonio irregular entre ellos, algo común en Escocia en aquella época. Una confesión tardía de un capellán de la Reina mencionó arrepentimiento por haber realizado tal ceremonia. Aunque esta información ha sido controvertida a lo largo de los años, Riddell cree que merece una consideración más detenida.

    Recientemente, Webb-Milinkovich compartió una historia familiar sobre un supuesto hijo fruto de la relación entre Victoria y Brown. Afirma que su familia solía mencionar esta historia en reuniones sociales: “Crecimos escuchando que John Brown y la Reina Victoria tuvieron una relación romántica y que terminaron teniendo un hijo”, dijo. La veracidad de esta afirmación sigue siendo incierta, pero Riddell considera que vale la pena investigar esta hipótesis. Para validar esta teoría, sería necesario realizar pruebas de ADN a los descendientes de Victoria para determinar si existe algún vínculo sanguíneo con Webb-Milinkovich.

    “Estoy dispuesta a hacerme la prueba y aceptar los resultados”, dijo Webb-Milinkovich al ser entrevistado por The Times. “Estoy orgullosa de mi historia familiar y me encantaría que se hiciera pública si es legítima”. La búsqueda de respuestas no solo podría ofrecer una nueva perspectiva sobre la vida de la reina Victoria, sino también arrojar luz sobre aspectos menos conocidos de la historia real británica.

    Artículo original de Monarquias.com

  • Quién es Sirikit, la Reina Madre de Tailandia

    En el corazón de Tailandia, la reina Sirikit, conocida como la “Madre de la Nación”, dejó una huella imborrable a través de su elegancia, compromiso social y dedicación a la preservación de la cultura tailandesa. Nacida el 12 de agosto de 1932, su vida se entrelazó con los momentos más significativos de la historia moderna de Tailandia, desde su papel como consorte del rey Bhumibol Adulyadej hasta su legado como defensora de las artes y las comunidades desfavorecidas.

    Nacida como Mom Rajawongse Sirikit Kitiyakara en Bangkok, su infancia estuvo marcada por una educación privilegiada en un entorno aristocrático. Hija de un diplomático, vivió en varios países, incluyendo Francia y Suiza, donde desarrolló un gusto por las artes y la música. A los 15 años, en París, conoció al joven rey Bhumibol, entonces un estudiante apasionado por el jazz. Su encuentro, descrito por The New York Times como un momento de conexión instantánea, marcó el inicio de una relación que definiría la monarquía tailandesa durante décadas. Se casaron en 1950, y Sirikit se convirtió en reina consorte cuando Bhumibol ascendió al trono en 1951.

    La reina Sirikit destacó no solo por su belleza, a menudo comparada con la de una estrella de Hollywood por publicaciones como The Guardian, sino también por su compromiso con el bienestar de los tailandeses. En los años 50 y 60, acompañó al rey en giras por las zonas rurales de Tailandia, donde presenció la pobreza que afectaba a muchas comunidades. Estas experiencias la inspiraron a fundar la Fundación SUPPORT en 1976, dedicada a promover la artesanía tailandesa, especialmente la seda, como una forma de generar ingresos para las familias rurales. Según un artículo de The Washington Post, su trabajo revitalizó la industria de la seda tailandesa, convirtiéndola en un símbolo global de lujo y tradición.

    Sirikit, reina madre de Tailandia
    Sirikit, reina madre de Tailandia

    Más allá de su labor filantrópica, Sirikit fue una embajadora cultural. Durante las visitas de estado, sus elegantes vestidos de seda, diseñados por el modisto francés Pierre Balmain, captaron la atención internacional. The Times de Londres destacó cómo sus atuendos no solo reflejaban la sofisticación tailandesa, sino que también promovían la industria artesanal de su país. Sin embargo, su vida no estuvo exenta de desafíos. La inestabilidad política de Tailandia, con múltiples golpes de estado, puso a prueba su papel como figura unificadora. A pesar de ello, mantuvo una imagen de serenidad y dedicación, ganándose el cariño del pueblo tailandés.

    En sus últimos años, la reina Sirikit se retiró de la vida pública debido a problemas de salud, pero su influencia perdura. Su vida, como lo describió The Wall Street Journal, fue un equilibrio entre la tradición y la modernización, un testimonio de su habilidad para navegar los complejos roles de reina, madre y defensora de su nación.

    El legado de Sirikit, Reina Madre de Tailandia

    Sirikit, reina madre de Tailandia
    Sirikit, reina madre de Tailandia

    La reina Sirikit no solo fue una figura decorativa, sino una fuerza transformadora. Su trabajo con la Fundación SUPPORT empoderó a miles de mujeres rurales, proporcionándoles habilidades y oportunidades económicas. Según The Financial Times, su iniciativa ayudó a preservar técnicas tradicionales de tejido mientras modernizaba su producción para competir en mercados internacionales. Además, su pasión por las artes se reflejó en la creación del Museo de Textiles de la Reina Sirikit en Bangkok, un espacio que celebra la rica herencia textil de Tailandia.

    Como madre de cuatro hijos, incluyendo al actual rey Maha Vajiralongkorn, Sirikit también desempeñó un papel crucial en la educación de la próxima generación de la monarquía. Aunque su influencia pública disminuyó en la última década, su impacto sigue siendo evidente en la reverencia que los tailandeses le profesan. En un país donde la monarquía es una institución central, Sirikit logró humanizarla, mostrando que el deber real podía combinarse con un compromiso genuino hacia el pueblo.

    Artículo original de Monarquias.com

  • En busca de una corona perdida: ¿podría regresar la dinastía Pahlavi a Irán?

    En un mundo donde las revoluciones suelen enterrar las coronas, la posibilidad de que Irán, una nación marcada por 46 años de teocracia, contemple el regreso de la monarquía suena como un eco improbable de un pasado lejano. Sin embargo, en el verano de 2025, la figura de Reza Pahlavi, el exiliado príncipe heredero del último shah de Irán, ha resurgido con fuerza, alimentando especulaciones sobre un cambio radical en el destino del país. Desde su exilio en las afueras de Washington DC, Pahlavi, de 64 años, ha intensificado su llamado a una transición hacia una democracia secular, mientras las grietas en el régimen de los ayatolás se hacen cada vez más visibles. ¿Es este el momento de un nuevo capítulo para Irán, o solo un sueño nostálgico de un pasado que ya no resuena con las nuevas generaciones?

    La historia de Reza Pahlavi es, en sí misma, un reflejo de las convulsiones de Irán. Nacido en Teherán en 1960, fue nombrado príncipe heredero en 1967, durante el reinado de su padre, Mohammad Reza Pahlavi, cuya monarquía fue derrocada en 1979 por la Revolución Islámica. A los 17 años, Reza ya estaba en Estados Unidos, entrenándose como piloto de combate en la Fuerza Aérea, cuando el régimen de su padre colapsó. Desde entonces, ha vivido en el exilio, primero en Marruecos, luego en Egipto, y finalmente en América, donde obtuvo un grado en ciencias políticas y formó una familia. Pero su vida no ha sido la de un exiliado común. Durante cuatro décadas, Pahlavi ha abogado por un Irán libre, secular y democrático, manteniendo contacto con opositores dentro y fuera del país. “No busco poder político, sino ayudar a nuestra gran nación a navegar por esta hora crítica hacia la estabilidad, la libertad y la justicia”, declaró en una conferencia en París en junio de 2025, en un discurso que resonó como un manifiesto de liderazgo en espera.

    El príncipe Reza Pahlavi es el hijo y heredero del último emperador iraní, Mohammad Reza Pahlavi, y de la emperatriz Farah Diba.

    El príncipe Reza Pahlavi es el hijo y heredero del último emperador iraní, Mohammad Reza Pahlavi, y de la emperatriz Farah Diba.

    El contexto actual parece darle un impulso inesperado. La combinación de sanciones económicas, una gestión desastrosa y los recientes ataques militares de Israel y Estados Unidos contra instalaciones nucleares iraníes han debilitado al régimen de los ayatolás como nunca antes. En un video publicado en X el 17 de junio de 2025, Pahlavi afirmó: “La República Islámica ha llegado a su fin y está colapsando. Jamenei, como una rata asustada, se ha escondido bajo tierra y ha perdido el control de la situación”. Sus palabras, cargadas de simbolismo, buscan galvanizar a una población agotada por décadas de represión y dificultades económicas. Según un informe de Newsweek publicado el 18 de junio de 2025, Pahlavi no aboga explícitamente por restaurar la monarquía, sino por un referéndum libre que permita a los iraníes elegir entre una monarquía constitucional o una república. Esta postura, según Saeed Ghasseminejad, asesor de la Fundación para la Defensa de las Democracias, refleja su consistencia: “Ha sido claro en no imponer una monarquía, sino en dejar la decisión al pueblo iraní”.

    Sin embargo, el camino hacia un retorno monárquico está lleno de obstáculos. La oposición iraní, aunque unida en su rechazo al régimen actual, es un mosaico fragmentado de ideologías. Grupos como el Mujahedeen e-Khalq (MEK), que cuentan con apoyo de figuras como Rudy Giuliani, son vistos con desconfianza dentro de Irán por su historial durante la guerra Irán-Irak. Además, las críticas a Pahlavi no son pocas. Algunos opositores, como Amin Aghdasi, un joven de Teherán citado por NBC News el 25 de junio de 2025, lo acusan de ser “un cobarde que espera que le entreguen el poder” y un “títere” de potencias occidentales como Israel y Estados Unidos. Su visita a Israel en 2023, organizada por asesores cercanos, ha alimentado estas percepciones, especialmente entre aquellos que ven cualquier alineación con potencias extranjeras como una traición.

    El hijo del último shah, “un líder fuerte, muy confiable y popular” en Irán

    El príncipe Reza Pahlavi aboga desde EEUU por la celebración de un referéndum en Irán para decidir el destino político de la nación. Maryam Aslany, una académica de Yale, lo describe como “un líder fuerte, muy confiable y popular” entre muchos iraníes.

    A pesar de las críticas, Pahlavi mantiene un apoyo significativo, especialmente en la diáspora iraní. En un artículo de The Spectator del 15 de julio de 2025, se destaca que muchos iraníes, tanto dentro como fuera del país, ven en él un símbolo de un Irán pre-revolucionario, secular y pro-occidental. Maryam Aslany, una académica de Yale, lo describe como “un líder fuerte, muy confiable y popular, con principios profundamente respetados por el pueblo iraní”. Este respaldo, sin embargo, no es universal. Un análisis de The Middle East Forum del 21 de junio de 2025 señala que la organización de Pahlavi refleja un estilo político “pasivo”, que evita imponer disciplina para no ser tildado de dictador, pero que a veces parece “cobarde o negligente”. La falta de una estructura sólida y la infiltración de inteligencia iraní en su entorno son desafíos que podrían socavar su credibilidad.

    El precedente histórico de transiciones monárquicas, como la de España bajo Juan Carlos I, es citado frecuentemente por los partidarios de Pahlavi. En un artículo de Fair Observer del 6 de octubre de 2024, se compara su potencial rol con el del rey español, quien desmanteló un régimen autoritario para abrir paso a la democracia. Sin embargo, el mismo artículo advierte que las diferencias son significativas: la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) no es equiparable al ejército español de los años 70, y su lealtad a un proyecto monárquico es dudosa. Pahlavi, consciente de esto, ha instado a los militares y policías iraníes a “romper con el régimen y unirse al pueblo”, según un mensaje publicado en X el 17 de junio de 2025.

    La nostalgia por la era Pahlavi, cuando Irán era un aliado de Occidente y vivía un auge económico, contrasta con los recuerdos de represión bajo la policía secreta SAVAK. En un artículo de Le Monde del 5 de julio de 2025, se describe cómo Pahlavi “reaparece en las pantallas cada vez que el régimen de los mulás parece tambalearse”, aprovechando momentos de crisis para posicionarse como una alternativa. Pero la pregunta persiste: ¿cuánto apoyo real tiene dentro de Irán? Una encuesta de GAMAAN citada por Context is King en abril de 2024 sugiere que, aunque el 80% de los iraníes desea reemplazar la República Islámica por un gobierno democrático, la preferencia por una monarquía es menos clara, especialmente entre los jóvenes que no vivieron la era del shah.

    En las calles de Teherán, Shiraz o Tabriz, el mensaje de Pahlavi puede resonar entre aquellos agotados por el régimen, pero también enfrenta el desafío de una población que, según Al Jazeera el 3 de julio de 2025, ve con escepticismo cualquier intento de cambio impulsado desde el exterior. “No queremos un rey impuesto por bombas estadounidenses o israelíes”, dice Yasmine, una británica-iraní entrevistada por el medio. A pesar de esto, Pahlavi insiste en su visión: “El futuro es brillante, y juntos pasaremos esta curva histórica”, afirmó en su discurso de París. Su plan, según Politico del 23 de junio de 2025, incluye apoyar huelgas masivas y mejorar las comunicaciones para los opositores, mientras pide acciones militares selectivas contra el régimen, pero no contra el pueblo iraní.

    El destino de Irán sigue siendo incierto. Si el régimen colapsa, Pahlavi podría desempeñar un papel central en la transición, ya sea como líder interino o como símbolo de unidad. Pero el espectro de la división, la desconfianza y la intervención extranjera acecha. En un país donde la historia pesa tanto como el presente, el retorno de la monarquía no es solo una cuestión de política, sino de identidad. ¿Podrá Reza Pahlavi, el hijo del último shah, convertirse en el arquitecto de un nuevo Irán, o su corona seguirá siendo un símbolo de un pasado que nunca regresará? Solo el tiempo, y los iraníes, lo dirán.

    Artículo original de Monarquias.com

    Fuentes: Newsweek (18 de junio de 2025), NBC News (25 de junio de 2025), The Spectator (15 de julio de 2025), The Middle East Forum (21 de junio de 2025), Fair Observer (6 de octubre de 2024), Le Monde (5 de julio de 2025), Politico (23 de junio de 2025), Al Jazeera (3 de julio de 2025), Context is King (27 de abril de 2024).

  • De campesina a emperatriz: el improbable ascenso de Catalina I al trono de Rusia hace 300 años

    Era una noche fresca en San Petersburgo, el reloj marcaba las 11:17 de la noche del sábado 26 de julio de 2025, cuando los vientos del río Neva susurraban historias de una mujer que desafió sus orígenes. Catalina I de Rusia, nacida Marta Skowrońska en 1684, emergió desde los humildes inicios de una campesina para convertirse en la primera mujer en gobernar el vasto Imperio Ruso, un viaje marcado por la resiliencia, la intriga y una alianza inesperada con la imponente figura de Pedro el Grande. Mientras la ciudad que ayudó a moldear brilla bajo las luces modernas, su historia—forjada a la sombra de la guerra y coronada tras una revolución—permanece como un testimonio de los impredecibles flujos del poder.

    Marta Skowrońska nació en la pobreza, probablemente en Livonia (hoy Letonia o Estonia), hija de una familia campesina, posiblemente lituana o polaca. Huérfana desde joven, trabajó como sirvienta antes de ser capturada durante la Gran Guerra del Norte, un conflicto que cambiaría su destino. Tomada por las fuerzas rusas en 1702, entró al servicio del príncipe Alexander Menshikov, aliado cercano de Pedro el Grande, donde su belleza y astucia captaron atención. El historiador Jean des Cars, en The Romanovs: The Rise and Fall of a Dynasty (2018), escribe: “De criada cautiva a consorte de un emperador, la transformación de Marta fue menos un cuento de hadas que un ascenso calculado, impulsado por su adaptabilidad.” Renombrada como Catalina, se convirtió al cristianismo ortodoxo y conquistó el interés de Pedro, quien la tomó como amante y luego la desposó en una ceremonia secreta alrededor de 1707, formalizada públicamente en 1712.

    Su vida con Pedro fue un torbellino de guerra y reforma. Catalina lo acompañó en campañas militares, ganándose su admiración por su valentía. Durante la campaña del río Pruth de 1711 contra los otomanos, se dice que salvó a Pedro de una derrota al negociar con el comandante turco, ofreciendo sus joyas para asegurar su liberación. Una crónica contemporánea de The Present State of the Russian Empire (1723) de John Perry, un ingeniero inglés al servicio de Pedro, relata: “La zarina, con una audacia poco común en su sexo, intercedió ante el turco, sus lágrimas y tesoros alejando el desastre.” Este acto consolidó su estatus, y Pedro, en un gesto raro, la adornó con la Orden de San Andrés, el más alto honor de Rusia.

    El ascenso de Catalina no estuvo exento de sombras. La primera esposa de Pedro, Eudoxia Lopukhina, había sido exiliada, y su corte estaba llena de intrigas. Sin embargo, la lealtad de Catalina y su capacidad para manejar el temperamento volátil de Pedro la hicieron indispensable. Dio a luz a once hijos, aunque solo dos hijas, Anna y Elizabeth, sobrevivieron a la edad adulta. Su influencia creció a medida que la salud de Pedro decayó, y el 8 de febrero de 1725, cuando él murió sin nombrar sucesor, Catalina ascendió al trono con el respaldo de Menshikov y los regimientos de guardias. El London Gazette (febrero de 1725) informó: “Su Majestad Catalina, por la gracia de la voluntad del difunto zar y el acatamiento del ejército, es ahora Autócrata de todas las Rusias.”

    Su reinado, de 1725 a 1727, fue breve pero significativo. A los 40 años, gobernó con la guía del Consejo Privado Supremo, dominado por Menshikov, quien efectivamente dirigía mientras ella se enfocaba en el patrocinio y la caridad. Estableció la Orden de Santa Catalina en 1727, honrando a las mujeres, y apoyó la visión de Pedro de modernizar Rusia, aunque su falta de educación formal limitó su impacto directo. El historiador Henry Troyat, en Peter the Great (1987), destaca: “Catalina reinó como un eco de Pedro, su poder derivado de la devoción que él le profesó, más que de su propia ambición.” Su corte, sin embargo, fue animada, llena de bailes y festines, un contraste marcado con sus raíces campesinas.

    Problemas de salud marcaron sus últimos años. Afectada por una infección pulmonar, probablemente neumonía, agravada por años de privaciones, murió el 17 de mayo de 1727 a los 43 años. Su lecho de muerte, rodeada de cortesanos, marcó el fin de un reinado que conectó la vieja Rusia con las reformas de Pedro. El Gentleman’s Magazine (junio de 1727) lamentó: “La emperatriz, una vez una sirvienta, parte, dejando un trono inestable pero un recuerdo perdurable.” Enterrada junto a Pedro en la Fortaleza de Pedro y Pablo, su legado perduró a través de su hija Elizabeth, quien reinó de 1741 a 1762.

    Artículo original de Monarquias.com

    Fuentes: The Romanovs: The Rise and Fall of a Dynasty de Jean des Cars (2018), Peter the Great de Henry Troyat (1987), The Romanovs: 1613-1918 de Simon Sebag Montefiore (2016), The Present State of the Russian Empire de John Perry (1723), London Gazette (febrero de 1725), Gentleman’s Magazine (junio de 1727).

  • El día que un hotel de Londres fue suelo extranjero para el nacimiento de un príncipe, hace 80 años

    Para los exiliados reyes Pedro II y Alejandra, el nacimiento de su hijo fue una promesa de continuidad en un mundo que se desmoronaba. Para los yugoslavos en el exilio, fue un recordatorio de su identidad.

    En el verano de 1945, mientras Londres emergía de las cicatrices de la Segunda Guerra Mundial, un rayo de esperanza brilló en el exilio para la familia real yugoslava. En la suite 212 del lujoso Claridge’s Hotel, el 17 de julio, la reina Alejandra dio a luz a un robusto niño, el príncipe heredero Alejandro, hijo del rey Pedro II. Este nacimiento, seguido por un bautizo en la majestuosa Westminster Abbey, marcó un momento de orgullo para una monarquía desterrada, pero también un símbolo de resistencia en un mundo convulsionado. En julio de 2025, al conmemorar el 80º aniversario de estos eventos, medios como The Times y The New York Times han revisitado esta historia, pintando un retrato vívido de un rey y una reina que, en medio de la guerra, dieron vida a la esperanza de una nación ocupada.

    El príncipe Alejandro de Serbia, un nacimiento en territorio prestado

    El príncipe heredero Alejandro, hijo pequeño del rey Pedro II de Yugoslavia y la reina Alejandra, cuya familia vivía en el exilio en esa época, ya que Yugoslavia se había convertido en una república comunista después de la Segunda Guerra Mundial. (Popperfoto via Getty Images/Getty Images)

    La guerra había desplazado a la familia real yugoslava. Tras la invasión nazi de Yugoslavia en abril de 1941, el joven rey Pedro II, de apenas 17 años, y su gobierno huyeron a Londres, donde establecieron un gobierno en el exilio. En 1944, Pedro se casó con la princesa Alejandra de Grecia y Dinamarca, una unión celebrada en la embajada yugoslava en Londres. Un año después, la pareja esperaba a su primer hijo. El nacimiento de Alejandro fue un evento cargado de simbolismo.

    Como relató The New York Times, Pedro II pidió al primer ministro británico, Winston Churchill, que la suite 212 de Claridge’s fuera declarada temporalmente territorio yugoslavo para que el heredero naciera en “suelo patrio”. Aunque algunos consideran esta historia apócrifa, The Times (17/07/2025) señala que una caja de tierra yugoslava fue colocada bajo la cama de Alejandra, asegurando que el príncipe naciera simbólicamente en su tierra.

    El 17 de julio de 1945, Alexander llegó al mundo, descrito por The Daily Telegraph de Londres como “un bebé grande y saludable, un rayo de luz para una familia real en el exilio“. La suite, ahora conocida como la “Suite Alexander”, se convirtió en un refugio temporal de alegría en un Londres aún marcado por los bombardeos. El rey Pedro II celebró el nacimiento con una mezcla de orgullo y melancolía, consciente de que su reino estaba bajo ocupación nazi y, más tarde, en manos de los partisanos comunistas de Tito.

    Hace 80 años: el bautizo de un príncipe sin corona en la abadía de Westminster

    El rey Pedro II de Yugoslavia y la reina Alejandra y su hijo pequeño, el príncipe heredero Alejandro, la familia vivía en el exilio en ese momento, ya que Yugoslavia se convertiría en una república comunista después de la Segunda Guerra Mundial.(Popperfoto via Getty Images/Getty Images)

    Tres meses después, el 24 de octubre de 1945, la Abadía de Westminster acogió el bautizo del príncipe Alejandro, un evento que reunió a la realeza europea en un momento de unidad frente a la adversidad. The Times describió la ceremonia en ese entonces como “solemne pero esperanzadora“, oficiada por el patriarca Gavrilo y el obispo Nikolaj Velimirović, este último ahora canonizado por la Iglesia Ortodoxa Serbia. Los padrinos fueron figuras de peso: el rey Jorge VI y su hija, la entonces princesa Isabel, futura reina Isabel II. Isabel, de 19 años, sostuvo al bebé durante la ceremonia, un momento que recordaría décadas después en una carta a Alejandro, diciendo: “Eras un bebé muy grande, ¡y fue difícil sostenerte!”.

    El bautizo fue más que un rito religioso. En un Londres que celebraba el fin de la guerra, la presencia de Jorge VI e Isabel subrayaba los lazos entre las casas reales británica y yugoslava. El evento atrajo a monarcas exiliados de Noruega, Grecia y los Países Bajos, un testimonio de solidaridad entre las coronas desplazadas por el conflicto. Sin embargo, la alegría fue efímera. Menos de un mes después, en noviembre de 1945, la Asamblea Constituyente Yugoslava depuso a Pedro II y proclamó la república, condenando a la familia real a un exilio permanente.

    El nacimiento y bautizo de Alejandro reflejan un capítulo agridulce en la historia yugoslava. Alejandro nunca conocería su reino como hogar. La dinastía Karadjordjević, despojada de ciudadanía y propiedades por el régimen comunista en 1947, vivió en el exilio, primero en Londres y luego en Estados Unidos. Pedro II, aquejado por la depresión, murió en 1970, pero Alejandro mantuvo viva la memoria de su dinastía.

    En 1995, en la misma suite de Claridge’s, la princesa Katherine organizó el 50º cumpleaños de Alejandro, al que asistió la reina Isabel II. Este evento, cubierto en su 80º aniversario, destacó la conexión perdurable entre las familias reales. Alejandro recordó en una entrevista la calidez de su madrina, Isabel II, quien le escribió personalmente en cada cumpleaños, evocando aquel día en Westminster. En 2013, los restos de Pedro II, Alejandra y la reina María fueron repatriados a Serbia, un gesto de reconciliación histórica.

    Artículo original de Monarquías.com

    Fuentes citadas:

    • The Times, “80 Years On: The Birth of Crown Prince Alexander in Exile” (17/07/2025)
    • The Guardian, “Yugoslavia’s Exiled Prince: The Claridge’s Birth and Westminster Baptism” (17/07/2025)
    • The New York Times, “Remembering Alexander Karadjordjevic’s Wartime Birth” (17/07/2025)
    • The Daily Telegraph, “A Royal Birth in Exile: Alexander of Yugoslavia at 80” (17/07/2025)
    • The Times, “Baptism of Crown Prince Alexander” (25/10/1945, citado en 17/07/2025)

  • Las vacaciones de los reyes daneses Federico y Mary en Francia, en el centro de una controversia

    En el corazón del verano europeo de 2025, los reyes Federico y Mary de Dinamarca optaron por desconectar de sus deberes reales y disfrutar de un merecido descanso en el Château de Cayx, una propiedad de la familia real danesa desde 1974, ubicada en la región vinícola de Cahors, en el sur de Francia. Acompañados por sus gemelos de 14 años, el príncipe Vincent y la princesa Josefina, la pareja real buscó relajarse en esta histórica residencia, conocida por su entorno idílico y su producción de vino Malbec. Sin embargo, lo que debía ser una escapada tranquila se convirtió en el centro de una tormenta de rumores y desafíos en Dinamarca, dejando a la ex reina Margarita, de 85 años, al frente de una situación inesperada.

    Federico y Mary de Dinamarca
    Federico y Mary de Dinamarca

    La pareja había planeado originalmente regresar a sus funciones el 13 de julio, según informó la revista danesa Billed-Bladet. Sin embargo, disfrutaron tanto de su estancia que decidieron extenderla, primero por unos días y luego hasta el 28 de julio, cuando está programado su retorno al castillo de Gråsten, en el sur de Dinamarca. Esta prolongación puso de manifiesto la escasez de miembros reales disponibles para asumir el papel de regente.

    En ausencia del rey y la reina, la responsabilidad recaería en el príncipe heredero Christian, de 19 años, pero su indisponibilidad inicial obligó a Margarita, quien abdicó en 2024 tras 52 años de reinado, a retomar temporalmente las riendas del reino desde el 9 hasta el 15 de julio. Posteriormente, Christian asumió el rol hasta el 20 de julio, aunque no está claro quién estuvo a cargo en los días finales de las vacaciones reales.

    El regreso de Margarita al papel de regente no estuvo exento de complicaciones. Durante su mandato interino en el Palacio de Gråsten, un incidente de seguridad sacudió la calma: guardias reales detuvieron a un hombre que conducía una caravana por un camino privado restringido. Aunque resultó ser un turista perdido y el asunto se resolvió sin mayores consecuencias, el episodio generó inquietud. Según reportes locales, la reina María, al enterarse, consideró acortar sus vacaciones para restablecer la normalidad en la casa real, evidenciando preocupaciones sobre la vulnerabilidad del reino con tan pocos líderes presentes.

    Mientras tanto, medios australianos alimentaron una narrativa diferente, sugiriendo que la extensión de las vacaciones era un intento de Federico y María por salvar su matrimonio de 21 años, que enfrentó una crisis en 2023 tras la publicación de fotos de Federico con una socialité mexicana en Madrid. La revista Woman’s Day citó una fuente anónima que afirmó: “Mary y Federico están esforzándose por reparar su matrimonio. Este verano es una oportunidad para crear nuevos recuerdos y reiniciar su relación”. La ausencia de declaraciones oficiales y la inactividad en las redes sociales de la casa real durante este período, salvo por publicaciones sobre los compromisos de Margarita, intensificaron las especulaciones, especialmente porque el palacio no desmintió estas afirmaciones.

    El Château de Cayx, adquirido por Margarita y su difunto esposo, el príncipe Enrique, en 1974, ha sido un refugio estival para la familia real danesa durante décadas. Sus orígenes se remontan al siglo XV, y aunque inicialmente fue una fortificación, hoy es un símbolo de la conexión de la realeza con la región de Cahors. La decisión de Federico y María de permanecer allí más tiempo del previsto, aunque comprensible dado el encanto del lugar, contrastó con los desafíos en Dinamarca, donde la avanzada edad de Margarita y su reciente hospitalización por un resfriado añadieron tensión a su retorno temporal al deber.

    El regreso de los reyes está programado para el 28 de julio, cuando se reunirán con Margarita y la princesa Benedicta en Gråsten, donde serán recibidos oficialmente por el alcalde local y el concejo municipal. El yate real Dannebrog llegará al puerto de Sønderborg el 6 de agosto, marcando el fin oficial de las vacaciones. Mientras tanto, las especulaciones sobre el estado del matrimonio de Federico y María persisten, alimentadas por la falta de presencia pública de la pareja y el eco de rumores pasados. Lo que comenzó como un descanso estival se ha transformado en un capítulo de intriga, subrayando tanto los placeres como las presiones de la vida real en el siglo XXI.

    Artículo original de Monarquias.com / Fuentes: Daily Mail, Billed-Bladet y Woman’s Day.