En un año marcado por la controversia, la familia real noruega enfrenta uno de sus mayores desafíos desde hace décadas. Marius Borg Høiby, el hijo mayor de la princesa heredera Mette-Marit de un matrimonio anterior, fue formalmente acusado de 32 delitos graves, incluyendo cuatro violaciones, maltrato en relaciones cercanas, amenazas, daños a la propiedad y grabaciones no consentidas de áreas íntimas de mujeres. Estos cargos, que abarcan un período desde 2018 hasta 2024, han sacudido no solo la esfera judicial, sino también la percepción pública de la monarquía. El juicio está programado para mediados de enero de 2026 y podría durar unas seis semanas, con una posible pena máxima de diez años de prisión.
Marius, de 28 años, no es un miembro oficial de la casa real, pero ha sido una parte integral de la familia real desde que su madre se casó con el príncipe heredero Haakon en 2001. Nacido en 1997, Høiby creció bajo el escrutinio público, participando en eventos familiares y apareciendo en producciones como la serie “Skam“. Sin embargo, su vida ha estado marcada por desafíos personales, incluyendo problemas de abuso de sustancias y salud mental, que él mismo ha admitido en declaraciones públicas. Según VG, Høiby ha confesado haber cometido actos de violencia bajo la influencia de alcohol y cocaína en al menos un incidente en el distrito de Frogner en Oslo, aunque niega la culpabilidad en las acusaciones más graves, como las violaciones.
Los casos involucran a ex parejas, como Nora Haukland y Juliane Snekkestad, quienes han relatado episodios de violencia física y emocional, incluyendo asfixia, bofetadas y destrucción de propiedades. Uno de los incidentes investigados ocurrió incluso en el yate real durante unas vacaciones familiares en el norte de Noruega en 2020, lo que añade una capa de complejidad al involucramiento familiar.
El caso contra Marius Borg, el mayor problema de la historia de la monarquía noruega

El impacto en la familia real ha sido profundo. El príncipe heredero Haakon ha descrito la situación como “desafiante y difícil” durante una visita a la feria Aqua Nor en Trondheim. En declaraciones recientes, Haakon enfatizó que el caso ahora está en manos de los tribunales y que la familia se enfoca en cumplir con sus deberes públicos, a pesar del dolor personal. “Hemos estado trabajando durante mucho tiempo para asegurarnos de que Marius reciba ayuda, rehabilitación y tratamiento”, afirmó, destacando el apoyo continuo a su hijastro en temas de adicciones y salud mental.
La princesa Mette-Marit, madre de Høiby, permaneció en gran medida en silencio sobre la acusación formal, celebrando su cumpleaños 52 en privado, este 19 de agosto. Pero en la Navidad pasada, el príncipe heredero y su esposa emitieron un comunicado conjunto reconociendo que han recibido “ayuda profesional del sistema de salud durante un largo período“, refiriéndose al año como “extremadamente duro”. Según reportes del diario Aftenposten, la familia no será llamada a testificar, una decisión que alivia la presión directa sobre ellos, pero no mitiga el escrutinio mediático.
Más allá de las declaraciones familiares, se implementaron cambios prácticos que reflejan el distanciamiento institucional. Høiby fue despojado de su pasaporte diplomático, una medida confirmada por el Ministerio de Asuntos Exteriores. Además, su perfil fue eliminado de las categorías oficiales en el sitio web de la Casa Real, lo que indica un esfuerzo por delimitar la distinción entre la familia privada y la institución real. Expertos citados en TV2, como la ex cortesana Tove Taalesen y el analista Johan T. Lindwall, elogian la calma de Haakon al manejar la prensa, pero advierten que la estrategia de silencio parcial podría ser riesgosa, ya que la transparencia es clave para mantener la confianza pública.
La imagen pública de la corona sufrió un golpe significativo. Una encuesta reciente de Norstat para NRK, realizada entre el 10 y el 13 de diciembre de 2024 con 1006 participantes, revela que el 45% de los noruegos tiene ahora una visión más negativa de la casa real, un aumento del 9% desde agosto. Este declive se atribuye principalmente al caso de Høiby, aunque otros factores, como la boda de la princesa Martha Luisa y la venta de derechos fotográficos a revistas internacionales, también contribuyen.
A pesar de esto, el apoyo a la monarquía se mantiene estable en el 64%, lo que la comentarista de Dagens Næringsliv, Eva Grinde, describe como una muestra de su resiliencia en Noruega comparada con otros países europeos. Sin embargo, columnas en los diarios Aftenposten y Dagbladet subrayan que el caso es “peor de lo esperado” y representa una “gran escándalo” que podría erosionar la imagen de neutralidad e integridad de la monarquía. El periodista Trond Norén Isaksen argumenta que la familia real no es un ente privado y debe rendir cuentas, mientras que otro periódico califica la situación como “enormemente destructiva” para toda la institución.
En última instancia, este caso pone a prueba los límites de la monarquía moderna en Noruega. Mientras Høiby enfrenta un proceso judicial como cualquier ciudadano —sin trato preferencial, como insistió el fiscal estatal Sturla Henriksbø—, la familia real navega por un equilibrio delicado entre el apoyo privado y la responsabilidad pública. Con el juicio acercándose, el futuro de la percepción monárquica dependerá de cómo se maneje esta crisis, pero por ahora, el consenso entre los observadores es que expuso vulnerabilidades profundas en una institución tradicionalmente venerada.
Artículo original de Monarquias.com