La princesa Ana cumple 75 años como un pilar de estabilidad para la corona británica

El Reino Unido celebra este 15 de agosto un hito significativo: el 75º cumpleaños de la Princesa Ana. Alejada del glamour mediático que a menudo rodea a otros miembros de la realeza, la Princesa Real se ha labrado una reputación como el pilar silencioso y trabajador de la monarquía, una figura cuya incansable dedicación y sentido del deber son más cruciales que nunca para el reinado de su hermano, el rey Carlos III.

A menudo referida como “la royal más trabajadora”, Ana ha mantenido un ritmo de compromisos envidiable. Como señaló el corresponsal real de The Telegraph, Camilla Tominey, en una de sus columnas, la princesa es conocida por su enfoque pragmático y su aversión a la ostentación

Ana de Inglaterra
Retrato oficial de la princesa Ana de Inglaterra publicado por el palacio con motivo de su 75 cumpleaños.
Retrato oficial de la princesa Ana de Inglaterra publicado por el palacio con motivo de su 75 cumpleaños.
Retrato oficial de la princesa Ana de Inglaterra publicado por el palacio con motivo de su 75 cumpleaños.

Su agenda, que regularmente encabeza la lista de los miembros de la realeza con más actos públicos, refleja una dedicación que ha sido un sello distintivo de su vida. Esta consistencia es un activo inestimable para el rey Carlos III, quien, en sus primeros años de reinado, se apoya en la experiencia y la estabilidad de su hermana.

La princesa Ana no solo es una figura de apoyo, sino también una fuerza por derecho propio. Su trabajo abarca una amplia gama de causas, reflejando sus pasiones y compromisos. Es presidenta de más de 300 organizaciones, entre las que destacan su labor con Save the Children, de la cual ha sido presidenta durante más de 50 años. 

También es patrona de la Carers Trust, que apoya a cuidadores en el Reino Unido, y de Transaid y Riders for Health, organizaciones que mejoran el acceso al transporte en países en desarrollo. Su compromiso con las Fuerzas Armadas, donde ostenta numerosos rangos militares honoríficos, también es profundo, un eco de la tradición de servicio que ha caracterizado a su familia.

Su vida privada, si bien menos publicitada que la de otros miembros de la realeza, ha sido igualmente fascinante. 

Ana de Inglaterra
Retrato oficial de la princesa Ana de Inglaterra publicado por el palacio con motivo de su 75 cumpleaños.
Ana de Inglaterra
Ana de Inglaterra y el rey Carlos III el día de la coronación

Nacida el 15 de agosto de 1950 como la segunda hija de la reina Isabel II y el duque de Edimburgo, Ana comenzó sus compromisos oficiales a los 18 años, inaugurando un centro educativo en Shropshire en 1969.

Su trayectoria como jinete de élite la llevó a ganar una medalla de oro en el Campeonato Europeo de Concurso Completo de 1971 y a competir en los Juegos Olímpicos de 1976, un hito que la convirtió en la primera royal británica en hacerlo. 

Su pasión por los caballos la ha mantenido como vicepatrona de la British Horse Society y presidenta de la Riding for the Disabled Association, asistiendo a eventos como los Campeonatos Nacionales de la RDA en Hartpury en julio de 2024. Además, como miembro del Comité Olímpico Internacional desde 1988, aporta su experiencia como la primera royal británica en competir en los Juegos Olímpicos.

En 1987, fue nombrada Princesa Real, un título que refleja su estatus como la hija mayor del monarca. En 1990, se convirtió en la primera miembro de la familia real en visitar la Unión Soviética, como invitada del presidente Mijaíl Gorbachov. Ha representado al Reino Unido en eventos internacionales, como el 20º aniversario del genocidio de Srebrenica en 2015 y el 75º aniversario de la Operación Dervish en Arkhangelsk en 2016. 

Su enfoque práctico, descrito por Vanity Fair como “una contradicción entre la disciplina del protocolo y una ocasional ruptura de las reglas”, incluye rechazar estrechar manos en caminatas públicas y conducir ella misma a sus compromisos, lo que le valió dos multas por exceso de velocidad.

Su matrimonio con el Capitán Mark Phillips, con quien tuvo a sus hijos Peter Phillips y Zara Tindall, fue un evento de gran interés público, aunque terminó en divorcio. Posteriormente, se casó con el Vicealmirante Sir Timothy Laurence en 1992. 

Los medios británicos a menudo han destacado su pragmatismo y su discreción, incluso en los momentos de mayor escrutinio. El diario ha relatado en varias ocasiones cómo la princesa Ana ha preferido mantener un perfil bajo, priorizando el trabajo sobre la publicidad.

En un momento de transición para la monarquía, la princesa Ana representa la continuidad y el deber. Su lealtad inquebrantable a la Corona, demostrada a lo largo de décadas de servicio público, la ha posicionado no solo como un miembro respetado de la familia real, sino como un activo vital para la institución. 

Con su 75º cumpleaños, no solo se celebra a una princesa, sino a un pilar fundamental que, con su trabajo discreto pero incansable, sigue garantizando la estabilidad y la relevancia de la monarquía británica en el siglo XXI. Su vida es un testimonio de la dedicación al servicio, una cualidad que, como ha señalado The Times, la ha convertido en la “princesa trabajadora” por excelencia.

La princesa ha rechazado celebraciones extravagantes, optando por un foro de caridad en el Palacio de Buckingham que reunió a más de 200 representantes de sus organizaciones. Según The Times, Ana planea “reducir un poco” su carga de trabajo a los 80 años y retirarse de los compromisos públicos a los 90, siguiendo el ejemplo de su padre, el duque de Edimburgo, quien se retiró a los 96 . 

Un amigo cercano citado por el Scottish Daily Express afirmó: “Ella dijo que haría cosas por cumpleaños con ceros, no con cincos”. Esta decisión refleja su enfoque práctico y su deseo de evitar el protagonismo personal, priorizando el servicio sobre la celebración.

Su legado, como escribe el diario The Independent, es el de una princesa que “simplemente se pone manos a la obra”, una figura cuya dedicación ha moldeado no solo la familia real, sino también las vidas de innumerables personas a través de sus organizaciones benéficas. Mientras planea un retiro gradual, la Princesa Real permanece, en palabras de Vanity Fair, como “un faro de servicio público a la antigua usanza”, lista para continuar su labor.

Artículo original de Monarquias.com